jueves, 30 de octubre de 2008

Escenas de un cásting (Octava parte): Catalan History X

A lo tonto, a lo tonto, he aquí la entrada número 300 de Pornografía Emocional. Para celebrarlo he decidido que no haré el típico refrito de entradas más destacables de la centuria anterior (que, por otra parte, y lo reconozco, ha sido la más flojita del blog) y, vale, pondré un montón de enlaces a algunos highlights indiscutibles de esta bitácora, pero con un motivo claro: me apetece continuar con las entrañables Escenas de un Cásting. Como hace mucho tiempo que no actualizo esta vertiente tan emocionante del blog, os pongo en antecedentes, por si sois nuevos o habéis caído en las redes del alemán ése que esconde las cosas. No soy de Barcelona, pero me vine a vivir aquí en julio de 2002, por motivos laborales. Fui a parar a casa de una tía con la que estuve dos meses, antes de que la cosa acabara como el rosario de la aurora, de modo que no tuve más narices que lanzarme al apasionante mundo de los pisos compartidos, que por aquel entonces estaban muy de moda gracias a la película Una casa de locos, que iba, precisamente, de erasmus compartiendo piso en Barcelona. Con los primeros compañeros de piso compartido (calle Valencia) conecté muy bien, de modo que cuando la casera echó a uno de ellos, Emmanuel, el resto nos fuimos con él y comenzamos una convivencia de año y pico en otros dos pisos compartidos: en la Avenida de Madrid (todo 2003) y en la calle Arizala (en 2004). Pero el grupo original (Emmanuel, mexicano; Aleix, catalán; Rita, portuguesa; Ricardo, gallego, y yo, madrileño) se fue disgregando, como si de unos Beatles cualesquiera se tratara. Se cruzaron cambios personales trascendentales para algunos de los implicados y, en definitiva, en el transcurso de 2004 ya sólo quedábamos dos de los primeros integrantes del piso compartido: Emmanuel y yo. Por primera vez, cambiamos el rol de pringadetes que buscaban piso por el de caseros que ponían habitaciones en alquiler, con resultados sumamente desiguales y, casi siempre, pintorescos. Todo eso se explica en esta entrada.
Después de que la primera pareja de chilenos se fuera del piso, y con un nuevo compañero estable, Lluis, tuvimos a un colombiano que sólo nos pagó la fianza, se pasó dos meses sin poner un duro y puso muy alto el nivel de surrealismo de nuestras vidas. A continuación, un catalán que resultó ser primo lejano de un amigo mexicano del doctorado de Emmanuel, y que es todo un encanto. Después de irse éste de la habitación de matrimonio, que para aquel entonces ya empezábamos a denominar "la habitación del pánico", entraron unos compañeros de piso que, de hecho, a día de hoy son dos de mis mejores amigos: Andrés y Eli. Durante unos meses reinó la tranquilidad en la casa, con un quintento estable, bien avenido y sólo amenazado por nuestras siempre intrigantes agentes inmobiliarias, que se pasaron los dos primeros años malmetiéndonos con los propietarios para sacar tajada. Todo eso lo cuento en esta otra entrada. Y en estas otras dos (esta y esta otra).
El resumen de los años dorados de la convivencia (de 2002 a 2006) está en esta otra entrada.
Y, como digo, en un momento dado ocurrieron dos cosas: una buena (empecé a salir con Cristina) y otra mala (la búsqueda de compañeros de piso dejó de tener ni puta gracia). Empezaron a vivirse momentos feos, los inquilinos se sucedían a velocidad de vértigo y, en vez de hacer lo que alguien sensato hubiera hecho (largarse del piso e irse a vivir con la novia), me encontré con un despido muy inoportuno que retrasó mis planes vitales cerca de dos años y que, unido al hecho de que las movidas en el piso se dispararon, me proporcionó uno de los veranos más surrealistas de mi vida. Ahora, por fin, ya estoy incorporado al apasionante mundo de los trabajadores autónomos, dentro de muy poquitos meses me iré a vivir definitivamente con Cristina, he terminado de aceptar que mi situación en el piso es un tanto pintoresca (no duermo aquí desde hace meses, y sin embargo lo utilizo como oficina) pero me quedo con lo que importa (tengo aquí buenos amigos), llegó un momento en el que me desentendí de enseñar la habitación a nadie (ya llegaremos a eso) y, en definitiva, ahora nos hallamos inmersos en un nuevo proceso de cásting para buscar compañero de habitación que, si todo va bien, debería resolverse... hoy o mañana. Por ese motivo resucito esta línea temática, que en realidad fue uno de los motivos decisivos que me impulsaron a abrir el blog, hace ya casi tres años.

Verano de 2006

Como ya han pasado más de dos años, ya ni me acuerdo de quién más vino a ver la habitación, ni de si había más chicos que chicas, ni si de tuvieron alguna manía particular como preguntar por qué poníamos dos meses de fianza o preguntar si les podíamos dar un recibo. Ni me acuerdo ni, creo, me importa a efectos narrativos.
El caso es que Jonathan (nombre figurado) apareció una tarde de finales de agosto. Se le veía un chico joven, de veintipocos años y un poco demasiado quillo, pero en fin. Iba con bermudas, que dejaban ver unos tatuajes en las pantorrillas: letras y símbolos de parafernalia futbolera. También tenía tatuajes en los antebrazos. Un deje de mirada altiva. Y una corrección exquisita.
Vino, vio la habitación, le pareció bien, hablamos un poco y quedamos en que nos llamaríamos. Lo de siempre, vamos.
Jonathan estaba en el paro, pero hasta hacía nada había estado trabajando de empaquetador en una empresa papelera y le había quedado un finiquito ganso, lo que nos garantizaba solvencia económica, y parecía un chaval centrado, razonable y muy educado. Lo de los tatuajes no era de por sí un elemento alarmante, aunque me confesó su afición desmedida por el deporte balompédico y, en concreto, su adscripción a una de las hinchadas exaltadas de uno de los equipos emblemáticos de la ciudad. Como el sabía que yo era madrileño, porque se lo había contado en el ascensor, me vi en la obligación moral de confesarle que soy del Atlético de Madrid, lo cual, sin duda, ayudó a relajar el ambiente.
-Ah, pues vuestros hooligans molan. Son los únicos de España con los que nos llevamos bien.
¿Debería habérmelo tomado como un cumplido?
Al cabo de un rato llamó para confirmar que la habitación le interesaba. Pues qué bien, oye. No sólo eso, sino que nos ingresó la fianza sobre la marcha. El cásting no había durado mucho tiempo, teniendo en cuenta lo caóticos que habían sido los anteriores. Recordemos que llevábamos varios días con la habitación vacía (era la que dejaba libre Katarína después de su fugaz estancia de un par de semanas, récord aún hoy no superado), Emmanuel y yo estábamos poniendo dinero de nuestros bolsillos y yo, con el finiquito aún sin cobrar y mucha inseguridad con respecto a mi futuro laboral, pasaba de andarme con gilipolleces a la hora de mirar quién entraba.
-Pero... Juanma -me comentó Emmanuel aterrado, cuando le describí a Jonathan-, ¿estás seguro de que hacemos bien metiéndolo en la habitación?
-Ya estoy hasta las mismísimas gónadas de niñas monas que luego resultan ser unas malquedas -no dije; el sentido de mi respuesta fue éste, si bien su plasmación gráfica fue más drástica, menos perifrástica e incluyó connotaciones animales peyorativas-. Éste, por lo menos, paga.
Y así comenzó la cosa.

Estamos en agosto, la temporada futbolística aún no ha comenzado y Jonathan busca trabajo. Como yo me he pasado varios días en Madrid y, además, duermo en casa de Cristina, no me entero de la misa la media. Mis contactos con la realidad del piso se reducen a las mañanas que me paso haciendo lavadoras, conectándome a Internet, haciendo envíos postales del copón para remitirle el currículum a la mitad de las editoriales de Barcelona y leyendo libros para reseñas varias.
Mi primer encuentro con la sexualidad desbordante de Jonathan es tal que así.
Jonathan me ve por el pasillo, se acerca a mí, me da lo que interpreto como la versión resumida del saludo ritual de la hinchada exaltada de uno de los equipos emblemáticos de la ciudad y, con toda la espontaneidad del mundo, me suelta.
-¡No veas lo buena que está la compañera de la habitación de al lado, nen!
Sí, nos referimos a Jennifer, la francesa que no llegó a superar el récord de permanencia efímera de Katarína, pero sí pulverizó la ratio de permanencia tras un preaviso: de las tres semanas que pasó en casa, dos transcurrieron después de que nos dijera que se iba. Contaba con una beca de estudios que, finalmente, no le concediero, ergo se tuvo que volver a Francia.
A todo esto, con el novio adosado en la habitación. Y sin que él pusiera ni un chavo.
-...
-Es que no veas, la pava, nen. Llego la otra noche aquí y estaba ella con la puerta de la habitación abierta, porque su novio estaba en el lavabo.
-... -Esto se pone interesante.
-Y va la tía y no sólo no cierra la puerta de la habitación sino que se abre de piernas.
-... -Lo animo a que termine la historia: me tiene en un sinvivir.
-Pero nada. Bla bla bla, bla bla bla. -Y se me pone a hablar de sus cosas.

Sus cosas. Claro. Este asunto es interesante.
Llego un día a casa y Jonathan no está. Estará trabajando. Llega Jonathan, como a media mañana.
-Pues no veas. He empezado hoy a trabajar en un hotel en una conocida calle turística barcelonesa -nótense las muchas perífrasis de esta entrada- y no me jodas, me querían hacer cargar cajas y cajas. Y su puta madre, a mí nadie me pone a cargar nada.
-...
-Así que me he despedido hoy mismo, nen.
Será joven, pero tiene las ideas claras.

Otoño de 2006

Otro día. Lleva una semana lloviendo. Llego a casa y, cosa rara, está Jonathan.
-... -Lo miro, cuando entro en mi habitación. Tiene la puerta de la suya abierta. Nos damos el saludo de rigor.
-No veas tú, nen. Ayer me dio pereza levantarme a trabajar, porque paso de ir con el ciclomotor a la Zona Franca -ahora trabaja ahí, cargando no sé qué-. Total, que fui a ver a una amiga mía, que es médico, y me arregló una baja. He dicho que me caí de la moto.

Otro día. Llego a casa y Jonathan está por ahí. Nos saludamos.
-¿Sigues de baja?
-Qué va, nen. Me he despedido. Ahora trabajo en bla bla bla,bla bla bla.
Después de treinta y seis años empiezo a entender los datos de la Encuesta de Población Activa, y cómo es posible que se creen tantos puestos de trabajo. Gracias a gente como Jonathan, el Gobierno puede alardear cada tres meses de que se están creando la hostia de puestos de trabajo. Qué ironía.

Otro día. Llego a casa y veo a Cinta, nuestra nueva compañera de piso. La que ha entrado en lugar de Jennifer. Es de la provincia de Tarragona. Vivía en Londres con su marido, que es albanés, pero ahora va a trabajar en una academia de idiomas durante el verano, hasta que consiga los papeles de su marido. Es muy buena chica, muy tranquila y... tiene como compañero de piso, pared con pared, a Jonathan.
-¿Qué tal con Jonathan?
-...
-¿Bien?
-...
-Me alegro, me alegro.
Esto marcha. Cinta está contenta con Jonathan, aunque...

... La Liga ha comenzado. Y todo se jode.
Llego a casa y todos los días veo amasijos de pelos largos en el lavabo. Nunca son del mismo color, pero comparten algo: son pelos largos. No parecen de Cinta, que tiene el cabello más rizado y corto. Entre Cinta y Emmanuel me cuentan que Jonathan se trae casi cada noche a una amiga diferente, pero con un nexo común: todas ellas son amigas de su novia.
-¿Y qué opina su novia de todo eso? -pregunto, por si tienen una relación liberal, un poliamor o algo así.
-Ah, ni le ha dicho dónde vive. No quiere que ella sepa la dirección.
Meses después me entero de que Cinta vivió aterrada durante los tres meses que estuvo en casa, que constantemente pensaba en irse de la casa y que dejaba medio atrancada la puerta de la habitación, por lo que pudiera ocurrir. No entiendo cómo pudo aguantar tanto tiempo aquí, pendiente de un visado (el de su marido) que al final no llegó, y con la incertidumbre de qué iba a oir esa noche tras la pared de al lado. La necesidad, supongo.

Como digo, la Liga ya ha comenzado, y Jonathan se pone un poco disparado. Sus saludos cada vez son más rápidos y elaborados.
Llego a casa y la música está sonando a toda hostia. Montajes makineros del "We are the champions" y cosas así.
Pero no sólo eso.
Un día llego a casa y oigo, a toda hostia, el viejo himno que hacían cantar en tiempos de Franco.
Llego otro día y oigo, a toda hostia, el himno catalán.
-Jonathan...
-...
-Pero vamos a ver, que yo lo entienda. ¿No te das cuenta de que escuchas cosas incompatibles, y que el primer himno representa una cosa y el segundo simboliza prácticamente lo contrario?
Jonathan pone cara de póker.
-Me gustan los himnos.
Le ha faltado el "¿Pasa algo?", pero claro, no es madrileño.
¿Cómo coño responder a eso? Lo dejo estar.

Llego otro día a casa. Aparte de la música a toda hostia, suenan incontables ventanas del Messenger. Jonathan está expansivo.
-Mira, mira, nen, te voy a presentar a mis amigos... Éste ha estado en la cárcel, acusado de asesinato, pero es un tío legal, no veas cómo mola.
Muy guay, sí. Los demás amigos no van a la zaga.
Quien tiene un amigo, tiene un tesoro.

Emmanuel está con una sonrisa de oreja a oreja mientras me ofrece una botella de vino francés. Pone esa cara de pícaro que sólo pone cuando me quiere emborrachar (ya le he dejado claro que dentro de diez minutos salgo a recoger a Cristina, o sea que o me emborracha rápido u otra vez será) o me quiere contar algo divertido.
-Ayer emborraché a Jonathan y un amigo suyo de la hinchada exaltada de uno de los equipos emblemáticos de la ciudad.
Les sacó una botella de tequila, y se la chingaron en diez minutos, entre los tres. Pero Emmanuel los dejó tumbados enseguida, y ellos se pusieron a vomitar casi sobre la marcha.
-No tienen ningún aguante. Van de duros, y luego esto.
Me sonrío. Supongo que todo esto encierra alguna metáfora.

De repente hay más aparatos en la habitación de Jonathan.
Nos saludamos. Tiene una sonrisa de oreja a oreja. Está claro que, pese a todo, nos caemos bien mutuamente, y le apetece contarme un secretito.
-Nada, ayer fui de compras al céntrico barrio barcelonés donde me crié, nen. Hoy vuelvo. ¿Quieres algo?
-Bueno, la verdad es que ahora mismo no necesito nada... -Me acabo de cargar un disco duro externo de 128 megas que me había regalado Cristina (y, más grave, el disco de arranque; me perdí la lección de Coco sobre no intentar doblar objetos rígidos), pero bueno, un momento Magneto lo tiene cualquiera, y Jonathan no tiene por qué saberlo...
-Pues nada, cuando quieres, ¿vale?
-Sí, sí, claro.

Al día siguiente, la habitación de Jonathan parece el Gran Bazar. Me empiezo a preguntar si en realidad está chateando con sus amigos o montando una Teletienda.
-Pues anoche estuve en el céntrico barrio barcelonés donde me crié, y no veas cómo se enrolla mi amigo.
Y me enumera lo más parecido que he visto al Escaparate Final de El precio justo, o la Subasta del Un, dos, tres.
-Mira, me compré esta torre de ordenador por trescientos pavos... No veas, va como un tiro... Y, además, por cincuenta pavos, estos altavoces, que son mucho mejores que los otros... Y, de regalo, el casco para la moto, que cuesta más que todo esto junto.
Sólo le falta el apartamento en Torrevieja, Alicante.
Este fin de semana me lo llevo todo a mi piso.
-... -Uy. Repite eso, por favor.
-Me estoy comprando un piso en mi tierra natal del sur de la geografía catalana. Allí vive mi hermana con mi cuñado. Me la estoy comprando, y me llevaré las cosas allí. Aquí no caben.
-Pero... Jonathan... ¿qué edad tienes?
-¿Yo? Diecinueve.
-¿Y te estás comprando un piso?
-Sí, claro.
Joer, qué rápido suben.

El caso es que Jonathan me cae bien, y yo a él, y él a Cristina, y Cristina a él. Por lo general es un chico muy ordenado, limpia el pasillo todas las semanas, limpia el cuarto de baño cada vez que lo usa y, después de los compañeros que hemos llegado a tener, el piso está limpio y ordenado.
No se demora con el pago de la habitación y, siempre que nos vemos, me saluda efusivamente y me cuenta sus andanzas, ya sea con las pavas con las que anda, ya sea con su novia, con sus amigos de la hinchada exaltada de uno de los equipos emblemáticos de la ciudad, o lo que sea.
Curiosamente, cuando está Cristina, Jonathan se corta y está bastante modosito.
Ayer hubo fútbol. Competición europea, además.
-Pero una cosa que no entiendo, Jonathan -le suelto de golpe-. ¿Qué garantías tengo de que si voy por la calle un día de partido y me cruzo con tus amigotes no me van a partir la cara?
Jonathan reflexiona unos segundos y me responde, con el tono que pondría un padre de familia al explicarse al niño de cinco años lo de la semillita de papá y la barriguita de mamá:
-Vamos a ver... Tú imagínate un combate de boxeo, ¿vale?... Lo que me dices es como suponer que uno de los boxeadores va a liarse a hostias con el público, ¿vale? Pues no: el boxeador se va a liar a hostias con el otro boxeador. El público no tiene nada que ver.
Toma aire, mientras proceso la información.
-Aunque, bueno, si vemos a una familia de aficionados del equipo rival, no te digo que no los vayamos a insultar y acojonar un poquito, pero sólo para divertirnos. Las hostias sólo nos las vamos a dar con hooligans.
Me quedo muchísimo más tranquilo.

La temporada avanza. Ya apenas aparezco por casa, porque por las mañanas estoy en un curso del paro, y sólo estoy en casa por las tardes. Además, empiezo a irme a Girona en fines de semana alternos, a casa de los padres de Cristina.
Estoy en Girona, durmiendo, un sábado por la noche, a las tantas. Atruena el Himno de Riego, que tengo como politono en el teléfono móvil.
-¿Mñññññsí?
-Juanma, soy Jonathan. ¿Estás en casa?
-Ehmmmm... No, estoy en Girona, en casa de los padres de Cristina.
-No, es que tengo un problema que no veas, ¿vale?
A ver por dónde me va a salir éste...
-¿Algo grave?
-No, no es grave, nen, pero es una putada que no veas. No consigo abrir la puerta del piso.
-Jorl. Eso pasa siempre que se cierra con llave. Como cambiamos el tambor de la cerradura cuando entramos aquí, porque no nos fiábamos de nuestro casero, el trabajo lo hizo un amigo de una ex compañera de piso y, bueno, fue un tanto cutre... Tienes que girar de tal manera y tal otra... ¿Sí?
-A veeer... Sí, ya está.
-Y ahora de esta otra hasta que oigas un clic. ¿Lo oyes?
-Sí, sí. Ya está. -Se oye un ruido de abrir y cerrar una puerta-. Joder, nen, muchas gracias. Buenas noches, y perdona el susto.
-Naaaada. Adeu.
Son algo así como las tres de la mañana. Dentro de lo que cabe, es un chico bueno que llega pronto a casa. Y muy educado.

Estoy, como siempre, en casa de Cristina. Nos acabamos de acostar. Tengo que madrugar porque el curso está donde Cristo perdió el gorro.
Suena el Himno de la República.
-¿Digaaaa?
-Hola, nen, soy Jonathan... Queeee... mira... me he dejado las llaves dentro de casa. ¿Me podrías prestar las tuyas, o abrirme la puerta?
-Bueno, estoy acostado. Mira, vamos a hacer una cosa. Tengo un juego extra de llaves de la casa, por si pasa algo como lo que te ha ocurrido. Me pongo el chándal y te salgo al encuentro. ¿Por dónde andas?
-Por la calle de Sants. Voy con la moto.
-Vaaale. Pues te espero en la esquina de tal calle con la calle de Sants.
No le digo el número de la calle porque, por algún motivo, no me apetece que sepa dónde vivimos exactamente.

Llego por la tarde a casa. La música suena a toda hostia y del pasillo emana un tufo a cigarrillos. No lo he contado, pero Jonathan fuma como un auténtico carretero. Los ceniceros se acumulan, llenos, por toda su habitación. Eso sí, nunca fuma en las zonas comunes; como mucho, se sale a la terraza. Suele fumar en su habitación.
-Joer, Jonathan, te va a dar un cáncer como sigas fumando así.
Me pone una cara que es una mezcla de "Vamos, anda, no me jodas" y "Como si no me fueran a matar en una pelea antes de que me dé un cáncer".
-Cómo mola Emmanuel, nen. Bla bla bla bla bla bla -y me cuenta anécdotas de Emmanuel. Se detiene un buen rato en la noche en que Emmanuel los emborrachó. Luego, de repente, suelta un comentario despectivo con respecto a unos suramericanos.
-Pero vamos a ver, Jonathan, ¿no te das cuenta de que si no conocieras a Emmanuel y Wendy, y te cruzaras con ellos por la calle, los llamarías sudacas y les darías de hostias?
Jonathan reflexiona unos instantes y me vuelve a poner cara de "y entoooonces papá puso la semillita en la barriguiiiita de mamá".
-Ah, no. Emmanuel y Wendy han venido aquí a trabajar, y yo eso lo respeto, nen. Es que no veas la gente que viene aquí a no hacer nada y bla bla bla, y toma perífrasis sobre la inmigración procedente del Magreb, y tal y cual.
-Pero no, también hay gente que ha venido a trabajar. Mis madre fue inmigrante, de Córdoba a Madrid, pero inmigrante al fin y al cabo, y bla bla bla.
-Juanma, que no. Tú no has crecido en un barrio en el que la inmigración se ha disparado. Yo he visto cosas que tú no has visto. Yo sé cómo son estas cosas, y tú no. No me hacen falta discursos políticos en un sentido o en otro. Te estoy contando lo que he vivido y lo que he visto.
Definitivamente, a Jonathan no lo voy a pillar en la vida si sigo con el discurso políticamente correcto.

Llego una tarde a casa.
-Juanma, nen. -Saludo de rigor-. ¿Has visto qué chupa más guapa?
-Sí que lo es.
-Me la ha regalado mi novia. Discutimos, la mandé a tomar por culo y, para hacer las paces, me la ha comprado. Como trabaja en una tienda de objetos deportivos de una conocida cadena...
Qué bonito es el amor. Y qué ciego. Porque los pelos del lavabo siguen proliferando, y cada día de un color, pero siempre largos.

Llego una tarde a casa, y Jonathan está cagándose en la televisión. Aparece el presidente de su equipo de fútbol.
-Menudo hijo de puta. No nos quiere dejar entrar al estadio. Será cabrón, nen. Y a mí me tiene denunciado y con orden de alejamiento.
Sigue desfogándose un ratito, mientras dura la noticia relativa a su equipo.
-Menudo hijo de puta, nen. Está puteado con nosotros porque lo hemos amenazado de muerte y, cada vez que habla en público, vamos todos a reventarle los discursos.
No le respondo que hay gente con muy mal perder y muy rencorosa, porque en fin.

Una mañana de lunes o martes no voy a clase y me encuentro a Jonathan. Está muy serio. Hacemos el saludo ritual, pero él está como desganado. No me hace falta preguntarle, porque me lo cuenta.
-Pues no veas la que montamos la otra noche, nen. Estábamos en la discoteca, casi a punto de cerrar, y nos liamos a hostias con unos gilipollas que estaban de despedida de soltero. Un hijo de puta se metió con uno de mis amigos de la hinchada exaltada de uno de los equipos emblemáticos de la ciudad y no tuve más remedio que partirle el pómulo. Acabé en comisaría y, no veas, nen, me piden dos años de cárcel.
Me acojono de veras. Creo que el gesto es inequívoco. Jonathan saca a relucir su instinto paternal para tranquilizarme.
-Pero no te preocupes por mí. Como es el primer delito por el que me pillan, no iré a la cárcel.

Jonathan está más taciturno. Las tres competiciones están en marcha, de modo que se pasa casi todo el día en el fútbol. Una tarde me cuenta lo que le acaba de ocurrir en la calle.
-Pues nada, voy y atropello aquí debajo a un gilipollas que estaba cruzando por donde no debía. Ni lo vi venir. Y el muy hijo de puta me quería denunciar, así que le dije "¿Cuánto quieres?", y me acerqué a un cajero y se lo di. No quiero que me denuncien ahora...
-Por lo del juicio pendiente, ¿no?
-Bueno, sí, eso también. No, es que mi moto no tiene papeles.
A todo esto, Jonathan lleva como mes y pico sin trabajar.

Un buen día, Jonathan suelta la bomba.
-Me voy de aquí.
-¿Y eso?
-Nada, que he decidido vender la casa que me estoy comprando en mi tierra natal del sur de la geografía catalana. Y me iré a vivir a Alemania, con mis amigos los hooligans del Schwartz-ist-scheiße de Macarrenburgo.
-Pero..., pero..., pero...
-Lo del piso no es ningún problema. Ya lo he hablado con mi hermana y mi cuñado, y me pueden guardar las cosas en su casa, mientras estoy fuera. Sólo me iría un tiempo, hasta que prescriba el delito. Ya estamos con los papeles para liquidar la hipoteca.
-¿Y tu novia qué dice de esto?
-Ella me apoya a muerte. Me ha regalado un forro polar y un par de botas muy gansas. Allí hace frío.
-Pero..., pero..., pero... -consigo centrarme y verbalizarlo-. A ver, Jonathan, quiero decir. Son alemanes. Te vas a Alemania. Eres bajito, moreno y con el pelo negro. Ellos son xenófobos, racistas y, en condiciones normales, hostiarían a alguien como tú si lo vieran por la calle...
Me vuelve a mirar con la, creo, condescendencia del que le tiene que explicar todo al niño tonto. "Y la semilliiiiiita...".
-Qué va. Son hooligans. Son amigos. Son legales.

Total, que comenzamos el cásting. Desde el principio nos decantamos por Guadalupe (nombre figurado), mexicana ella, que nos parece realmente legal. Llego a hacerle una putada seria a un candidato con el que ya teníamos apalabrada la habitación (llegaré a eso en la próxima entrada de esta serie), pero la vemos muy buena onda y es nuestra candidata, a falta de que confirme si quiere o no quedarse con la habitación. Por fin nos lo confirma. Jonathan ya está desmontando el chiringuito y, en principio, no hay problema. Jonathan es educado, ha dado el preaviso en plazo y ya hemos encontrado nueva compañera de piso. Todo en orden, pues.
Me voy a Girona a pasar el fin de semana. Cristina anima a sus padres a que nos lleven a buscar setas, tarea a la que nos dedicamos con ahínco. Estamos en medio de la naturaleza, y hasta un urbanita recalcitrante como yo se siente en paz en los parajes boscosos del Gironès, tan cerca de Girona pero en un monte tan salvaje. No me extraña que los maquis operaran en esta zona. A unos metros de donde estamos buscando setas se está produciendo la caza de un jabalí. Vemos a los perros ir y venir y, a lo lejos, se oye el grito ancestral de la criatura salvaje que clama por no perecer ante las dentelladas de la civilización. Por otra parte, le estoy cogiendo gusto a lo de coger setas, y descubro algunas de las piezas más vistosas que nos comeremos más tarde. Nada puede romper esta sensación de armonía con la naturaleza; las putas zarzas y yo, fundidos en un solo ser.
Suena el Himno de Riego. Me tengo que quitar los guantes, hurgar entre la ropa y eludir la maleza, pero consigo contestar antes de perder la llamada.
-Juanma, soy Emmanuel. ¿Qué crees?
Cada vez que Emmanuel dice eso es que se avecina movida.
-Que Jonathan dice ahora que no se va.
-No me jodas.
-Fue a la comisaría, a notificar que se iba del país, pero le han impedido salir de España porque tiene un juicio pendiente.
Intento asimilar eso. El problema de Jonathan es que, pese a pertenecer a la hinchada exaltada de uno de los equipos emblemáticos de la ciudad y hacer cosas censurables, es un buen chico y está muy bien educado. Puedo imaginarme la cara de perplejidad de la policía al introducir los datos de Jonathan, ver su historial y decirle, seguramente con un tono indisimulado de sorna: "Pero dónde vaaaas, chaval. Tú de aquí no te mueves".
-Le he dicho que no puede ser, que Guadalupe ya ha pagado la fianza y que estamos comprometidos con ella. Él sacó un fajo de billetes y me dijo que eso no era problema, que nos indemnizaría por los inconvenientes sufridos... ¿Qué hacemos ahora, Juanma?
Comprendo que están cargando el peso de la decisión sobre mis espaldas. Pero llevo toda la mañana agachado, llevo la cesta llena de setas y, como siga en medio de este zarzal, me va a dar un ataque de lumbago.
-Dile que ni de coña. Que hemos dado nuestra palabra a Guadalupe, y que Guadalupe se queda con su habitación.

Los últimos días de Jonathan en la casa son extraños. La tensión se corta en el ambiente. No nos dirige la palabra, pero continúa limpiando lo que le corresponde y haciendo sus tareas domésticas. Se retira a su habitación a fumar. Los tres ceniceros siempre están rebosantes de tabaco. Poco a poco va desmontando el chiringuito. Se va a vivir a casa de unos amigos, en el mismo barrio de Sants. Seremos más o menos vecinos. Como ya no recuerdo si le devolví la fianza, doy por hecho que lo hizo Emmanuel.
La despedida es fría. Eso sí, con su saludo ritual. Pero es una despedida fría. La magia se ha perdido. Jonathan parece mucho mayor. Ha cambiado. La temporada se acerca al ecuador, el equipo sigue vivo en las tres competiciones, y aún quedan muchos partidos que jugar, muchas broncas al presidente, y muchos combates de boxeo con los hooligans de aficiones rivales.

Un día, al poco de llegar al piso, Jonathan me contó cómo se había hecho miembro de la hinchada exaltada de uno de los equipos emblemáticos de la ciudad.
-Yo tenía once años, nen. Mis padres van cada uno a lo suyo, así que mi infancia en el céntrico barrio barcelonés en el que me crié fue un coñazo, y prácticamente he crecido con mi hermana y mi cuñado, en mi tierra natal del sur de la geografía catalana. Mi cuñado es bastante mayor que yo y era como un padre. Él me empezó a llevar al fútbol. Pertenecía a la hinchada exaltada de uno de los equipos emblemáticos de la ciudad, y yo iba con ellos, adonde estaban ellos. Poco a poco fui metiéndome, y mira, hasta ahora. Somos como una familia, nos protegemos los unos a los otros y nos ayudamos siempre que podemos. A mí no me ayudaban en casa, y ellos sí me ayudaban. Eran mi casa y mi familia. Son mi familia. Son mis amigos. Son todo lo que tengo.

NOTA: Edito el título de esta entrada: ¡en realidad, ya había una séptima parte de Escenas de un Cásting! Vaya despiste el mío. Así no os pillará por sorpresa cuando suba la siguiente entrega y sea la novena, no la octava.

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24 Comments:

Blogger Cristina said...

Me caía bien, claro que yo no vivía pared con pared...a saber qué será de él a estas alturas...

31 de octubre de 2008, 13:26  
Blogger Lourdes said...

Felicidades por la entrada 300!

31 de octubre de 2008, 13:30  
OpenID unquepassava said...

Oiga, muchas entradas, sí, felicidades y todo eso, peroooo... y la pornografía para cuando, eh, eh? :-p

Felicidades!

31 de octubre de 2008, 13:44  
Blogger Juanma said...

a saber qué será de él a estas alturas...

Pues, sinceramente, espero que esté más tranquilo. Era un tío realmente valioso, y me jodería que hubiera terminado de caer en el lado oscuro, aunque iba camino de ello...

31 de octubre de 2008, 16:39  
Blogger Juanma said...

Felicidades por la entrada 300!

¡Graciaaaas! :-)))

31 de octubre de 2008, 16:39  
Blogger Juanma said...

Oiga, muchas entradas, sí, felicidades y todo eso, peroooo... y la pornografía para cuando, eh, eh? :-p

Bueno, saco pelos negros retorcidos en el lavabo y una francesa despampanante abierta de piernas. ¿Qué más quieres?

¡No respondas! ¡Era una pregunta retórica! XDDDD

Graciaaas. :-)))

31 de octubre de 2008, 16:41  
Blogger Grine said...

Jo, qué bien os lo pasáis con los cástings, qué sería de la vida sin estos ratitos tan divertidos...

Y felicidades por la entrada número 300, espartano.........

31 de octubre de 2008, 17:38  
Blogger Juanma said...

Gracias, gracias. En cuanto a lo de espartano, sólo puedo decirte que esta noche haremos un cásting en el infierno. ;-) XDDD

31 de octubre de 2008, 18:14  
Blogger Álex Vidal said...

¡Ole, ole y ole! Qué bien me lo he pasado con la lectura, y no sólo, desde luego no sólo, por los hechos.

¡Que te pongas a escribir la novela ya de una vez, leñe!

Equipo emblemático de la ciudad: pues sólo puede ser el Barça :)

31 de octubre de 2008, 19:19  
Anonymous Anónimo said...

Que risas!

Ya se echaban de menos las escenas del casting. Y esta es especialmente buenas, da para una temporada de "Els joves", un estudio de sociología y un libro. Todo a la vez...

Saludos
Kaoss

31 de octubre de 2008, 21:19  
Blogger manu said...

Me ha gustao lo de Catalan History X.

Congratuleisons por los 300.

¿Qué personaje de "Els joves" sería Juanma? :DDDDDDDD

31 de octubre de 2008, 23:33  
Anonymous ripleyz said...

felicidades por la entrada, por los 300 y por todo :)

1 de noviembre de 2008, 10:23  
Anonymous Anónimo said...

Felicitats, neeeng! :-)

Yolanda

2 de noviembre de 2008, 20:35  
Blogger Juanma said...

Álex:

No des pistaaaas. Puede ser cualquiera de los dos equipos emblemáticos de la ciudad... :-PPPP

A lo tonto, a lo tonto, con las entradas de los cástings ya tengo una novela de unas 120 páginas. Con un editing en condiciones, hasta la puedo mover y todo. :-)))

3 de noviembre de 2008, 12:36  
Blogger Juanma said...

Kaoss y Manu:

Qué potra tenéis: en "España" no emitían "Els joves" o, al menos, no recuerdo la serie. A ver si algún alma caritativa me la puede pasar... :-)

Más que nada, en esta entrada me iba acordando de "How I Met Your Mother", pero un poco pasada de rosca, claro. :-PPPP

3 de noviembre de 2008, 12:39  
Blogger Juanma said...

Ripleyz y Yolanda:

¡Graciaaaaas! :-)))

B77s. :-***

3 de noviembre de 2008, 12:42  
Blogger Álex Vidal said...

¿Y cuál es el otro equipo emblemático de la ciudad? El Europa, ¿verdad? ;)

3 de noviembre de 2008, 14:36  
Blogger Juanma said...

Y no te olvides del Sant Andreu, que gracias a su presidente Joan Gaspart está haciendo un pedazo de temporada, y ahora mismo está en puestos de promoción de ascenso a Segunda A. Poquita broma. :-P

3 de noviembre de 2008, 16:22  
Blogger Juanma said...

Edito el título de esta entrada. Ya había una séptima entrega de las Escenas de un Cásting.

http://juanmasantiagoblog.blogspot.com/2007/03/escenas-de-un-csting-vii.html

4 de noviembre de 2008, 11:40  
Blogger Rox said...

Me ENCANTAN estas entradas de Castings!

Te mando un abrazo y otro para Emmanuel :)

6 de noviembre de 2008, 17:17  
Blogger Juanma said...

¡Graciiaaaaaas! :-))))

Otro abrazo muy grandote para ti y para Beto.

Besitos. :-****

6 de noviembre de 2008, 18:04  
Blogger Jose Antonio del Valle said...

Aunque como castings prefiero los de Pierre Woodman, la verdad es que me parto con estos. Coño, la novela ya, que la esperamos como agua de mayo.

7 de noviembre de 2008, 10:33  
Blogger Replicant said...

Felicitats pel post, el 300 eh?.

Aunque alguna cosa de esta historia me suena ;)...

10 de noviembre de 2008, 21:41  
OpenID batzk said...

Ya extra~aba las entradas sobre el casting. Perfecto para celebrar el 300! Felicidades y que sigan .. =)
Besos

10 de noviembre de 2008, 23:19  

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