jueves, 9 de octubre de 2008

El Efecto Ragle Gumm

Que el ascensor de mi casa funciona como le da la gana no es ningún secreto a estas alturas: para bien o para mal, estoy marcado por un incómodo incidente que se produjo hace dos Navidades. Por suerte, lo han medio arreglado (i.e.: ya sólo está jodido una de cada cinco veces que lo utilizo) y está equipado con toda suerte de artilugios encaminados a garantizar la seguridad y rápida evacuación en caso de que vuelva a quedarme tirado en él: el interfono funciona correctamente, y la última vez que se escaralló conmigo dentro, el ascensor no tardó ni dos minutos en arrancar.
En otra ocasión fue más chungo: Cristina y yo nos quedamos colgados en el ascensor con el vecino del segundo. Por suerte, el hombre trabaja como conserje, está acostumbrado a estas situaciones y mantuvo la calma en todo momento. Todo fue tan tonto como que, de manera automática, pulsé el botón del cuarto piso, sin reparar en el hecho de que él se bajaría antes. Una vez en el cuarto, pulsé el del segundo, para que él bajara antes que nosotros... y entonces nos quedamos tirados entre dos pisos. No obstante, el pánico no duró ni medio minuto: bajamos a la planta baja, una vez allí abrimos la puerta, la volvimos a cerrar, subimos de nuevo, y todo fue bien. Lo peor del lance fue la sensación de que hubiéramos tardado menos tiempo de haber subido por las escaleras.
Pero el ascensor es como es, al parecer mi condición de Magneto le afecta y no deja de ser un ascensor de un inmueble de más de cuarenta años que no está muy bien conservado. Por más que medio funcione, ya nunca se escapará a la primera parte de la definición: medio. Es un enfermo crónico con salud de hierro. Está en las últimas de manera permanente.
La primera vez que me ocurrió lo atribuí a un error mío. La segunda, me acordé de Tiempo desarticulado, de Philip K. Dick. La tercera, ayer, me convenció de que el ascensor está como le sale de los cojones, que a lo mejor el problema es mío y que ni la primera ni la segunda ocasiones habían tenido nada de casual ni de dickiano. No obstante, como explicarlo así es tirando a soso, durante los últimos dos meses me he decantado por la interpretación dickiana, que tiene más chicha.
¿Habéis leído Tiempo desarticulado, de Philip K. Dick? La pregunta es retórica: si sois friquis, lo más probable es que sí, y si no lo sois, lo más probable es que no. El caso es que trata de Ragle Gumm, un señor que tiene una forma de vida muy peculiar: todas sus ganancias salen del hecho de que, día tras día, gana un concurso del periódico: "¿Dónde estará la próxima vez el hombrecillo verde?". Todos los días lo gana. Como es lógico (y, mucho más, en una novela de Dick), llega un momento en el que se pregunta qué coño está pasando, hasta que descubre toda la verdad. Como tampoco quiero joderos la novela a quienes no la habéis leído (es de las mejores del autor, lo cual es tanto como decir de las mejores de la ciencia ficción), baste decir que su idea central es la misma que la de El show de Truman, y no porque lo diga yo: existe consenso al respecto. Claro está que hablo de la idea central, no del argumento. Y otro detallito: la parte paranoica de Una mente maravillosa (sí, cuando Russell Crowe lo flipa en colorines con la que están liando los Hombres del Gobierno en la casita de su jardín) está casi, casi, extraida del espíritu (que no la letra) de Tiempo desarticulado.
Pues bien. Como en toda novela de Dick, la cosa va de lo siguiente: la realidad no es lo que parece. En el caso de Ragle Gumm, el protagonista que se gana la vida resolviendo el "pasatiempos del periódico", hay algún detalle que le pone sobre aviso y le va haciendo darse cuenta de que no vive en el mundo real tal como lo conocemos. Uno de ellos, el más conocido, es un periódico en el que aparece Marilyn Monroe, que no es famosa en su mundo. ¿De dónde ha salido ese periódico? El otro, menos espectacular (por carecer del guiño al lector que supone introducir a un famoso en una trama), me llegó al fondo del alma, y lo recordé el otro día, recién bajado de mi díscolo ascensor. Ragle va al cuarto de baño e intenta tirar del cordón con el que se enciende la lámpara que ilumina el espejo; pero allí no hay ningún cordón. Después de mirar un poco, descubre un enchufe, con el que enciende la luz del cuarto de baño. No obstante, se queda con el mosqueo a cuestas: "¿Por qué narices habré hecho eso?", parece pensar Ragle Gumm. "que este cuarto de baño no tiene cordón, sino un enchufe. ¿A qué se debe, pues, lo que he hecho?" Evidentemente, se trata de un déjávu de lo que nosotros, lectores, y Dick, autor, consideraríamos la realidad, el mundo real, el mundo intersubjetivo o como queráis llamarlo.
La vida cotidiana está llena de momentos como éste. En ocasiones abrís la nevera buscando los huevos de manera automática, y sacáis la leche. Este error no debería tener nada de particular en un mundo euclidiano y no-dickiano, porque normalmente se debe a causas explicables: no hace mucho tiempo que cambiaste la distribución de la nevera y aún no te has acostumbrado a ella..., en realidad estás buscando los huevos en el estante en el que los guardan en la nevera de casa de tus padres..., tu inconsciente te ha jugado una mala pasada porque en el momento de buscar los huevos estabas pensando en un vaso de leche..., te perdiste el capítulo de Barrio Sésamo en el que Coco explicaba la diferencia entre huevos y leche... Cualquier cosa, pero explicable.
En otras ocasiones, la situación es tan cómica, ridícula, angustiosa o surrealista que te niegas a aceptar explicaciones razonables y acudes al pensamiento mágico o, si eres un friqui, a los referentes literarios, cinematográficos o comiqueros. Ya están los putos duendecillos cambiándome las cosas de sitio..., ya salió el alemán ése cuyo nombre no recuerdo..., el Gobierno ha conseguido cambiarme de manera inadvertida las dosis de antipsicóticos que introduce en el agua mineral y socava la pureza de mis fluidos corporales..., mi mujer o mis compañeros de piso me están haciendo luz de gas para encerrarme en un manicomio y de este modo poder quedarse con todos mis Nueva Dimensión..., esto mismito lo leí hace unos cuantos años en Tiempo desarticulado..., Magneto contraataca...
Por algún motivo, no atribuí la última cantada de mi ascensor al Efecto Magneto (del que ya he dado sobradas muestras en numerosas ocasiones), sino al Efecto Ragle Gumm.
La primera vez no tuvo nada de particular. Me subí al ascensor, cuando bajé vi que no estaba en mi planta, me llamó la atención y bajé los dos pisos por las escaleras, no fuera a ser que el ascensor siguiera haciendo cosas raras.
La segunda vez fui consciente de ello, y me asusté, porque la puesta en escena fue dickiana. Subo al ascensor, pulso el botón del cuarto piso (o creo que lo hago), abro la puerta del ascensor, saco la llave, intento introducirla y... nada, que no entra. Ahorraos la metáfora sexual. En ese momento entro en ataque de pánico. "Mierda, pero si pagamos el alquiler y las pedorras de la inmobiliaria llevan tiempo sin darnos el coñazo", es mi primer pensamiento. "Ya está, algún ex compañero de piso la ha liado, ha aprovechado que todavía tiene llaves para entrar y éstos han cambiado la cerradura de un día para otro", es mi segundo pensamiento.
Hasta aquí, la fase racional.
Pero miro a la derecha de la puerta y en el descansillo hay un tiesto monísimo, y hay demasiada luz. Aquí entra en funcionamiento el pensamiento mágico. "Hostia puta, las pastillas", o bien: "¿A que estamos en el año 2012, hace tres años que me fui del piso de Arizala, acabo de salir de un episodio de amnesia y no tengo ni puta idea de por qué coño he vuelto a mi ex piso, en el que ya ni siquiera viven Emmanuel y Wendy, en vez de ir a buscar al niño a la guardería?".
Por último, miras encima de la puerta y ves un insultante letrerito que señala que estás en el sexto piso, y no en el cuarto, tu piso. Y aquí entra en funcionamiento el Efecto Ragle Gumm: "¡Esto pasaba en Tiempo desarticulado! ¿Qué habrá querido decirme mi subconsciente? ¿A qué se ha debido este déjávu? ¿Quién soy en realidad, y por qué he pulsado el botón del sexto piso, cuando quería pulsar el del cuarto, y no tengo nada que ver con nada ni nadie que esté en un sexto piso?".
La paranoia sigue su curso mientras bajo las escaleras, deseando que ningún vecino me salga al encuentro. (El del quinto es realmente desagradable, el tipo que te da la espalda en el portal y, si dejas la ventana abierta por las noches, te grita porque no lo dejas dormir, con lindezas del tipo "¡Yonquis de mierda! ¡Sudacas de los cojones! ¡Ya está bien de hacer ruido!") Y, una vez en casa, te distraes con la última caída de la red o con la última emergencia casera a la que hay que hacer frente (lavadora rota, comienzo de cásting o lo que sea).
El problema, y la solución, llegaron ayer por la tarde. Subo al ascensor, pulso el botón correspondiente al cuarto piso y, cuando calculo que debo de estar llegando, me dispongo a salir. No obstante, el ascensor pasa de largo. Ya se acerca al quinto piso. En ese momento, miro al pilotito, y, como me temía, la luz que está encendida es la del cuarto piso. Con esto descarto el Efecto Ragle Gumm y el mero despiste. El ascensor pasa de largo por el quinto piso, y ya sé adónde me voy a dirigir. En efecto, se detiene en el sexto. Si esto fuera un cuento de Santi Eximeno, está claro qué es lo que no debería hacer y, sin embargo, haría: llamar al timbre, y que ocurriera lo que Poe y Lovecraft quisieran, porque no dejaría de ser mi (chungo y sangriento) destino. No obstante, bajo las escaleras hasta la cuarta planta. Acabo de comprobar la realidad: que el Efecto Ragle Gumm no deja de ser una ficción calenturienta propia de lectores de Philip K. Dick, y que la única certeza que tengo es que el universo está sometido a realidades mucho más aterradoras: el puto ascensor vuelve a estar en las últimas (como tantas otras cosas en la calle Arizala) y, como no podía ser menos, Magneto contraataca.

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27 Comments:

Blogger Cristina said...

Magneto, ni se te ocurra acercarte a mi lavadora, secadora, microondas, nevera, tele o cualquier otro electrodoméstico...:p

9 de octubre de 2008, 11:18  
Blogger Juanma said...

¿Lo dices porque el otro día la lavadora no arrancaba? :-PPPP

9 de octubre de 2008, 11:19  
Blogger Cristina said...

Sí. Te voy a hacer pagarme un plus de peligrosidad por vivir ambos en menos de un radio de cuarenta metros...

9 de octubre de 2008, 11:22  
Blogger Juanma said...

Vaya manera tan sutil de proponerme que nos vayamos a vivir al palacio de Buckingham o a un latifundio... XDDDDD

9 de octubre de 2008, 11:23  
Blogger Cristina said...

Hombre, con una finca como la Jasienda -de momento- me conformo. Además, por allí hay menos cosas que podrías "atacar" con tu magnetismo personal...

9 de octubre de 2008, 11:24  
Blogger Juanma said...

Las puestas de sol sobre los campos de Castilla... el cielo lleno de estrellas... la Vía Láctea... las hormigas gigantes... :-P

9 de octubre de 2008, 11:28  
Anonymous Lowery said...

Efectivamente, es el ascensor: la realidad está bien. No te preocupes, todo es real. Recuerda resolver los sudokus. Todo es real.

9 de octubre de 2008, 11:38  
Blogger manu said...

Querido Magento, tú y yo lo que necesitamos es que de una puñetera vez ganemos un concurso del periódico, o la lotería o el euromillón...

9 de octubre de 2008, 23:14  
Blogger Juanma said...

De hecho, con lo que sobró en la última frikitecena, hemos comprado un número para el sorteo especial de la ONCE (diez kilitos de euros) y una apuesta para el Euromillón de hoy (veintinueve kilitos). De ésta nos retiramos. :-D

10 de octubre de 2008, 10:10  
Blogger Juanma said...

lowery:

Sí, sí, pero ya no me motiva tanto eso de resolver sudokus: me salen todos a la primera, y, lo que es más raro, todos los días gano el concurso de sudokus de La Vanguardia... Mu raro, pa mí que hay gato encerrado... :-P

10 de octubre de 2008, 10:12  
Anonymous Nosotros said...

Que no te enteras.

El ascensor lo habiamos trucado nosotros para que al llegar al sexto piso "recordases" y te iluminases. Pero ni con esas... Si vas a seguir racionalizandolo todo nunca vamos a conseguir que hagas un despertar zen y hagas que la realidad vuelva a ser como era.

Firmado: Nosotros (aunque tu nos conoces como Ellos.

10 de octubre de 2008, 10:59  
Blogger Anna said...

Boníssim...

al parecer mi condición de Magneto le afecta

Ahora puedo dar fe del efecto JuanMagneto... Lo vi con mis propios ojos contra una puerta metálica de un restaurante.... "ahora cierro, ahora me paro...ahora cierro, ahora me encallo.."

10 de octubre de 2008, 11:01  
Anonymous Nosotros said...

Lo de nosotros es por mi personalidad múltiple más que nada, sinó seria sólo yo. :P

(Me habia olvidado de poner el enlace para que sepas quien soy y no te infartes) :D

10 de octubre de 2008, 11:03  
Blogger Juanma said...

Nosotros:

Debí de ssssuponerlo: la culpa es de nossssotrossss. Ahora tendremossss que ssssalir del cerebro de JuanMagneto y buscar otra víctima, sssssíii. :-P

10 de octubre de 2008, 11:04  
Blogger Juanma said...

Anna:

Lo vi con mis propios ojos contra una puerta metálica de un restaurante.... "ahora cierro, ahora me paro...ahora cierro, ahora me encallo.."

Y todo eso con sólo mirarla. Imagínate que llego a concentrarme en ella, la que se podría haber liado... :-PPP

10 de octubre de 2008, 11:04  
Blogger Blackonion said...

Na, que no consigo que salga el enlace poniendo otro nombre.

El de antes era yo.


Al menos eso me han ordenado que te diga.

10 de octubre de 2008, 11:05  
Blogger Cristina said...

Lo vi con mis propios ojos contra una puerta metálica de un restaurante.... "ahora cierro, ahora me paro...ahora cierro, ahora me encallo.."

Y la que lió ayer porque hizo que un sms que os envié a Ferran y a ti, al primero le llegara veinte minutos tarde...Tampoco te cuento el susto que le dio a mi lavadora el otro día, se puso -literalmente- con las luces de todos los colores.

Na, que no consigo que salga el enlace poniendo otro nombre.

Juanmagneto atacando a los otrossss...zzzum zzzzum...

10 de octubre de 2008, 11:49  
OpenID batzk said...

Que risa Juanma, cada que vengo a tu blog es una historia loca que me hace pensar y reir. Lo curioso es que siempre te tengan que pasar estas cosas a ti! Quiza sea por leer excesivamente... demasiadas ideas en la mente, jajaja.
Saludos!

13 de octubre de 2008, 22:45  
Blogger Juanma said...

Bueno, de hecho ayer el incidente con el ascensor lo tuvieron otros.

Vinieron a traernos la lavadora nueva y, cuando la estaban subiendo al segundo intento (primero nos trajeron una lavadora de otra marca, que no era la que habíamos comprado, y considerablemente mejor), el ascensor se fue al sexto piso. Una vez allí, el técnico intentó bajar a nuestro piso, pero sólo consiguió subir más aún, hasta el ático. Le recomendé a gritos que bajara hasta la planta baja y, una vez allí, volviera a pulsar el botón del cuarto piso. Y entonces sí que llegó al nuestro.

Homérico, de verdad. :-P

Besooos. :-***

14 de octubre de 2008, 16:35  
Blogger perenquén said...

No obstante, el pánico no duró ni medio minuto: bajamos a la planta baja, una vez allí abrimos la puerta, la volvimos a cerrar, subimos de nuevo, y todo fue bien.

Juanma, no quiero que te alarmes, pero tu forma de actuar en este caso no deja lugar a dudas: tú NO eres Juanma Santiago, No tienes ninguna relación con la literatura ni el mundo editorial, ni siquiera eres friki ni te gusta PDK. Todos tus recuerdos te han sido implantados...

En realidad - insisto en que tu reacción concreta ante el problema ascensor averiado te ha delatado - eres informático y trabajaste en un oscuro proyecto, trucando el programa PADRE para que la declaración les saliera negativa a los judeomasones y filomarxistas que apoyan al gobierno desde las sombras.

Sólo a un informático se le ocurriría arreglar un ascensor averiado saliendo y volviendo a entrar en él.

Ésa es la aterradora realidad.

15 de octubre de 2008, 11:09  
Blogger Cristina said...

Sólo a un informático se le ocurriría arreglar un ascensor averiado saliendo y volviendo a entrar en él.

No, qué va. Sólo se le podría ocurrir a un portero, porque el que iba en el ascensor con nosotros lo era. Yo, y lo digo en serio, quería bajarme a toda costa, pero él no me dejó y me barró el paso. Tal como lo cuenta Juanma tiene gracia, aunque se ha olvidado que subimos y bajamos dos veces (cuatro en total) hasta llegar bien, pero yo estuve a un tris de entrar en pánico e iba musitando gentilezas a la familia del portero acompañante..

15 de octubre de 2008, 12:04  
Blogger Juanma said...

Ya sabes que mi mayor problema cuando se joroba un ascensor conmigo dentro es, precisamente, que no pierdo los nervios. Por eso me tiré dos horas hace un par de Navidades: si me hubiera liado a gritar, me habrían sacado antes...

15 de octubre de 2008, 12:08  
Blogger perenquén said...

También podrías haber pulsado el timbre de emergencia... :-P

15 de octubre de 2008, 12:20  
Blogger Xanadú said...

perenquén dijo...

También podrías haber pulsado el timbre de emergencia... :-P

El día menos pensado van a venir los bomberos a "rescatarnos" del ascensor (que funciona estupendamente) como el perenquén siga dándole a la alarma (que le chifla, como si tuviera 5 años... en fin).

Besitos y suerte con el ascensor.

PD: ¿No será que han modificado los cables de los llamadores y donde está el cuarto realmente es el sexto y al revés? Esas cosas pasan ;-))))

15 de octubre de 2008, 15:26  
Blogger perenquén said...

La culpa es de la empresa instaladora por poner un timbre con un sonido tan gracioso. Además, estoy completamente convencido de que, si hay alguien realmente en esa central de alarmas, se sentirá reconfortado y un poco menos solo en este mundo cada vez que escucha ese corto y dulce sonido... y vale, soy como un niño :-P

PD: ¿No será que han modificado los cables de los llamadores y donde está el cuarto realmente es el sexto y al revés?

Puede, pero la pregunta es quién ha modificado los cables y con qué objeto. Tal vez, nosotros, osea ellos... bueno, no sé... ¡Blackonion! tenga la respuesta.

Taninoninoniiiii tururururu

(Sintonía de Expediente X, para los que no sepan leer música)

15 de octubre de 2008, 15:53  
Blogger Juanma said...

¿No será que han modificado los cables de los llamadores y donde está el cuarto realmente es el sexto y al revés?

No es tan fácil, Xanadú. Si pulso el botón del cuarto piso, me manda al sexto piso una vez de cada cuatro, pero las otras tres me deja en el cuarto. Desconcertante... Tal vez la explicación sea la de Perenquén: algo o alguien los manipula en momentos concretos con una finalidad específica. ¿Qué hay en el sexto piso? Tinuninuníiiiii. :-P

20 de octubre de 2008, 15:29  
Blogger perenquén said...

Yo sé lo que me digo ô_Ô

27 de octubre de 2008, 17:06  

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