viernes, 5 de septiembre de 2008

Greetings from La Jasienda, AV

Nuestras vacaciones madrileñas son un tanto extrañas; de hecho, cabría preguntarse si realmente son vacaciones. Sea como fuere, este año han sido mucho más llevaderas que las dos anteriores, entre otras cosas debido a que, antes de meternos en faena (o sea, pasarnos el día con mi madre), decidimos hacer una escapadita de unos días, lejos del territorio comanche en que se están convirtiendo los meses de agosto, cuando hay que cuadrar calendarios para ver cómo nos turnamos.
El caso es que estuvimos un par de días a nuestra bola. Comenzamos dando una vueltecita por el Retiro, uno de nuestros lugares inevitables de paseo cuando vamos a Madrid.

Aquí estoy haciendo gala de simpatía por el Diablo, aunque no exenta de cierta falta de respeto.
Para que Cristina viera un poco del Madrid que aún no he conseguido enseñarle (por si no lo he dicho, los veranos madrileños tienen un efecto que nos limita mucho la vida social y turística: dependemos de que alguien vaya por casa de mi madre para darnos un relevo, con lo que nuestra franja horaria para hacer turismo es de algo así como dos horas por la mañana y dos por la tarde; de ahí que este año decidiéramos ir un par de días antes y ver la ciudad), es decir, el eje de la Castellana hasta la estación de Chamartín. Un paseo en el 27, viendo el paisaje del Madrid del siglo XX y principios del siglo XXI.
Esta humorada estuvo a puntito de hacernos perder el tren a Ávila. Llegamos a Chamartín taan justos de tiempo que tuvimos que ir directos al tren, y pagar allí el billete. Además, hicimos medio viaje en el pasillo, ya que en Villalba aparecieron los legítimos detentadores de los asientos que habíamos ocupado.
No obstante, el viaje fue agradable. Es lo que tiene ir por la única ruta bonita y llena de naturaleza de acceso a Madrid.
Teníamos apenas un par de horas para ver Ávila. Entre palacios e iglesias, pudimos ver algún resquicio de esa España profunda que, pese a las leyes de memoria histórica, no termina de erradicarse. Atención al texto de esta placa:

FRANCO
En esta ciudad, cuna de Santa Teresa de Jesús y capital de la provincia que vio nacer a la gran reina Isabel la Católica, no se tolerarán ofensas a la moral de Cristo bajo ningún pretexto.
Ávila es leal, no traicionará a los caídos durante la Cruzada gloriosa por Dios y por España.
Ávila, mayo 1941.
¡Arriba España! ¡Viva Cristo Rey!

Vamos, muy democrático.
También había calles con nombres realmente bonitos.
A la hora convenida quedamos con Julián en el palacio de los Velada, que en la actualidad es un hotel maravilloso. Cristina y Julián prosiguieron con su lavado de cerebro en plan "Juanmita, vivir en una ciudad grande es un coñazo", alabamos las excelencias del lugar y nos marchamos a hacer la compra al Mercadona.
De allí partimos para La Jasienda, el chalecito que Julián tiene a unos kilómetros de Ávila. Mientras, nos puso al día del accidente del avión de Spanair. Días después, mi hermana, que es forense, me contó detalles de lo que a ella le había tocado ver e identificar. No queréis saberlos. De verdad.
Justo antes de llegar a La Jasienda hicimos un alto en uno de esos campos de Castilla, entre machadianos y delibesianos, donde Julián suele ver unos atardeceres acojonantes. Sobran las palabras.
Ya en la Jasienda, bajo una encina centenaria, pudimos disfrutar de la compañía de Rosa y la pequeña Celia.
Como en el Mercadona ya no quedaban fandomitas a los que sacrificar para cargarnos el fándom y acelerar de una vez por todas el proceso de dominación mundial (que ya lleva cierto retraso con respecto al plan inicial), tuvimos que conformarnos con comprar muuucho pescado y hacer una barbacoa acojonante. Las hormigas argentinas se encaramaban a la mesa con gran alegría, pero ello no nos impidió disfrutar de una cena genial.
Después, un lujazo: apagamos todas las luces y nos dedicamos a ver esas estrellas que no se ven en la gran ciudad, en un silencio casi absoluto que sólo se rompía cuando pasaba algún tren en la lejanía. La Vía Láctea se veía con relativa claridad, que habría sido mayor si no hubiera estado a punto de salir la luna llena. Me emocioné porque, además de la Osa Mayor, también distingo Sagitario. Cuando salió la luna llena, sacamos el telescopio y nos pusimos a mirar cráteres. Acojonante.
Fue un momento de relajamiento antes de afrontar una semana de cuidados intensivos en Madrid. Lo necesitábamos, de verdad. Muchas gracias a Julián, Rosa y Celia.

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13 Comments:

Blogger Cristina said...

"Juanmita, vivir en una ciudad grande es un coñazo"

Repite conmigo: Juanmita, vivir en una ciudad grande es un coñazo, viver en una ciudad grande es un coñazo, vivir... :)

hacer una barbacoa acojonante

Ah, ese salmón...tengo mono...qué recuerdos de la velada, por favor...

Julián, te cambio la jasienda por mi pisito en bcn, ¿sí? o mejor aún ¿me adoptáis como parte del paisaje de la jasienda? :D

Muchas gracias a Julián, Rosa y Celia

Sí, de veras que sí. Espero que algún día os podamos corresponder ni que sea una pequeña parte de lo que significó la velada para nosotros.

Y gracias igualmente a nuestros otros anfitriones madrileños, Geekteca y Grine, que son un auténtico cielo! no sois consciente de lo que habéis hecho por nosotros ;)

5 de septiembre de 2008, 11:15  
Blogger Juanma said...

Imposible tener mejores anfitriones, desde luego. :-)

Y sí, vivir en una ciudad grande es un coñazo, vivir en una ciudad grande es un coñazo, vivir... :-PPP

:-****

5 de septiembre de 2008, 11:34  
Blogger Julián said...

A vosotros por venir, chicos, claro está. Y a repetir cuando se pueda.

Pero de cambio por el pisito, nada de nada. Que el futbolín no me cabe, y yo sin futbolín ya no soy nadie...

5 de septiembre de 2008, 12:14  
Blogger Cristina said...

Que el futbolín no me cabe, y yo sin futbolín ya no soy nadie...

Bueeeno, si es por el futbolín, se entiende. Si yo lo he intentado, pero ya me parecía a mí...;)

5 de septiembre de 2008, 12:17  
Blogger Rox said...

Me ubiera gustado conocer avila en verano. Nevando partió madres eso si.

un abrazo :)

5 de septiembre de 2008, 16:45  
OpenID kotinussa said...

Apoyo a Cristina en lo de que vivir en una ciudad grande es un coñazo. Para mí, Cádiz tiene un tamaño ideal. También tiene sus inconvenientes, como la escasez o falta de muchas cosas. Pero eso de vivir en una casi isla, rodeadada de mar por todas partes excepto por una estrecha carretera de salida, con un clima estupendo, y eso de ir andando a todos lados, me lo compensa con creces.

Siempre voy a Madrid una semanita en la segunda quincena de agosto, porque eso de ir al teatro de momento, y encontar entradas, o llegar al Prado y entrar del tirón porque no hay cola, es una maravilla.

Este año disfruté muchísimo con la exposición "El retrato en el Renacimiento", en el Prado. Y también con la representación de "Las troyanas", según versión de Mario Gas (aunque tengo algún pero que ponerle). En fin, que he disfrutado un montón.

5 de septiembre de 2008, 22:12  
Blogger Batz said...

Un lujo poder ver las estrellas de vez en cuando. Que disfruten mucho estos días de vacaciones para volver con la pila bien cargada.
Besos a los dos.

5 de septiembre de 2008, 23:35  
Blogger Small Blue Thing said...

Yo no soy partidaria de la retirada, nunca lo he sido. Es más, pondría otra debajo con el curriculum del tirano y los crímenes cometidos en, este caso, Ávila.

Incluida la visita papal clementiana, ya en Democracia XDD

7 de septiembre de 2008, 16:42  
Blogger Raven said...

A mí, los campos de Castilla siempre me han recordado a Cormac McCarthy... Tenemos un auténtico paraíso en exteriores naturales y nuestro cine no hace más que desaprovecharlos con película si, película también ambientadas en entornos urbanos.

Eso sí, el campo está bien para mirar, pero no para vivir. Que está muy eso de ver estrellitas, y la tranquilidad y la paz del campo, pero sin cines, con infraestructuras de telecomunicaciones deficientes cuanto menos, y librerías (cuando las hay), con volúmenes ramplones y manidos a más no poder... Nada, nada, yo me quedo con Madrid.

8 de septiembre de 2008, 14:49  
Blogger Julián said...

El campo ya no es lo que era.

-Telecomunicaciones. Acaban de abrir en el pueblo junto al mío un cibercentro con diez ordenadores a toda pastilla. Gratis total, seis horas al día. Si quieres ponerte adsl en casa, sin problemas. Ah, el cibercentro tiene biblioteca también. Pequeña, pero los de la zona contribuimos poco a poco a mejorarla.
-Librerías. Yo compro casi todo ya por internet, puesto que en sitios como La Casa del Libro o la Fnac sólo tienen grandes pilas de lo mismo, ya no hay fondo. Y si quiero ir alguna vez a las buenas librerías de Madrid, total, tomo un tren y voy.
-Cines. Vale: en Ávila sólo hay nueve salas. Pero para lo que yo voy al cine con una niña... Las de dibujos las estrenan a la vez que en Madrid. Y las otras llegan en dvd al mismo tiempo en todas partes.

Nada, que las cosas cambian a toda velocidad, también por esos sitios. La cuestión es si el trabajo te permite eludir desplazamientos diarios al centro de la ciudad.

9 de septiembre de 2008, 10:51  
Blogger Cristina said...

La verdad es que estoy de acuerdo con Julián.
Lo único que me tiraría para atrás estar en un pueblo pequeñito sería, en todo caso, la cobertura sanitaria: la distancia de un hospital y los médicos especialistas en la zona. Que si ya es difícil encontrar un buen -pongamos- traumatólogo en ciudades medianas, la cosa se puede convertir en odisea en pueblecitos. Y cuando uno es joven, vale, pero luego...

Aún así, sigo en mis treces de lavarle el cerebro a Juanma ;)

9 de septiembre de 2008, 11:02  
Anonymous Anónima de las 9:59 said...

Ops. Yo soy urbanita. Me encanta el campo y las estrellitas y tal y cual, pero a los pocos días se me encharcan los pulmones con el aire puro.

(No me convenceis, chicos. Ni con el adsl, el tren, las bibliotecas... -Debe ser genético lo de respirar aire envenenado-).

Me alegro de esta parte de vuestras vacaciones. :)))

Julián: Ops. Me hace ilusión haber visto tu foto. -De una manera u otra todos acabamos en Ávila en agosto-.

9 de septiembre de 2008, 12:30  
Blogger Raven said...

Bueno, pues igual soy yo, pero cada vez que vuelvo a Zaragoza -que no es precisamente un pueblucho de 50 habitantes- para fisitar a la familia y tal, noto la diferencia. Y mucho. No digamos ya en una aldea perdida de la Meseta.

Ya que estamos, ¿alguien sabe de algún pueblo fantasma perdido en el monte que tenga una torre (lo más alta posible) en buenas condiciones de conservación?

10 de septiembre de 2008, 22:55  

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