lunes, 21 de julio de 2008

El futuro mata la ciencia ficción

Así de sensacionalista se muestra el titular del Babelia del sábado. En las páginas interiores, la verdad, el tono es mucho más ponderado y se marcan un muy interesante dossier sobre los cambios que está experimentando la ciencia ficción, hasta qué punto no ha sabido adaptarse al futuro y, en resumen, el repaso que le está metiendo la fantasía. El especial se puede leer pinchando sobre este enlace.
El primero de los contenidos del dossier es un extenso artículo de Jacinto Antón, "Una galaxia que se apaga", que recoge varias reflexiones de Miquel Barceló y nos confirma que la cosa está muy malita. ¿Es esto verdad, con novelones recientes como (dicen) Spin, de Robert Charles Wilson, y autores como Alastair Reynolds, Peter Hamilton o China Miéville? Pues, en mi modesta opinión, sí. Por un lado, por supuesto que se sigue haciendo buena ciencia ficción, es una cuestión de estadística (la famosa ley del diez por ciento enunciada por Sturgeon. De lo que estamos discutiendo es de otra cosa: la ciencia ficción ha perdido la notoriedad y el impacto mediático que tenía hace veinte años, no parece que se esté adaptando al mundo real en la medida en que sí lo estaba en los años cincuenta o setenta (las dos edades de oro del género, y momentos de mayor comunión entre género y gran público) y da la impresión de que la fantasía y la hibridación de géneros se la ha comido con patatas (y aquí incluyo a China Miéville y el New Weird).
Si Jacinto Antón arma su artículo a partir de las quejas de Miquel Barceló, Ricard Ruiz Garzón hace lo propio en "La era de las mutaciones", pero en un plan más coral: quienes nos quejamos somos Elia Barceló, Javier Negrete, Pepe López Jara, Julián Díez, Luis G. Prado y servidor. Me consta que el bueno de Ricard las pasó canutas elaborando este artículo, porque buscaba un punto de vista optimista sobre el estado del género, y no lo encontró. Buscaba que le encontráramos el lado bueno al asunto, máxime teniendo en cuenta noticias objetivamente esperanzadoras, como el que José Carlos Somoza sea finalista del premio J. W. Campbell con Zigzag, o que Félix J. Palma acabe de ganar el premio Ateneo de Sevilla (noticia que, por cierto, aún no he visto en ningún foro: así le pagamos los servicios prestados a uno de los mejores autores de relatos que dio la "edad de oro" de la CF española de los noventa). Y sólo le dimos lloros y lamentos, por no decir duelos y quebrantos.
El texto del artículo es el siguiente:

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REPORTAJE: EN PORTADA - Literatura española

La era de las mutaciones

RICARD RUIZ GARZÓN 19/07/2008

La ciencia-ficción española explora fórmulas mestizas para un género que se encuentra en plena metamorfosis

La ciencia-ficción ha muerto, ¡viva la ciencia-ficción! Con sus temas de actualidad y su modus operandi, en cambio, obligado por la crisis a mutar, el género menos enchufado de la narrativa española parece decidido a desoír las trompetas del apocalipsis. Para ello, sus autores exploran, clonan, rediseñan... Los optimistas incluso dan píldoras de ánimo: la reciente nominación de Zigzag (Plaza & Janés), de José Carlos Somoza, al prestigioso Premio John W. Campbell; la concesión del Ateneo de Sevilla a Félix J. Palma por El mapa del tiempo, cuyo regreso al futuro con H. G. Wells rezuma steampunk; la aparición de sellos (Omicrón, Quantum) o revistas (Historias Asombrosas)... Según el crítico Julián Díez, coordinador en Minotauro de la excelente Antología de la ciencia ficción española (1982-2002), "el género aún es una herramienta poderosa. Sus temas son más pertinentes que nunca, aunque anden camuflados en obras como La carretera, de McCarthy, o Nunca me abandones, de Ishiguro. La ucronía y la distopía siguen vivas, lo que decae es su versión cientifista".

"La ucronía y la distopía siguen vivas, lo que decae es su versión cientifista", afirma el crítico Julián Díez

Sin tradición ni lectores, es cierto, la ciencia-ficción purista suena hoy tan trasnochada como el Coronel Ignotus. Ningún autor de la generación de oro de los noventa -Rafa Marín, Javier Negrete, Elia Barceló, León Arsenal, Juan Miguel Aguilera, Rodolfo Martínez- la ha cultivado esta década (a excepción de Martínez en El sueño del Rey Rojo, en Gigamesh) y muchos, tras borrar del disco duro la space opera y el ciberpunk, han preferido saltar a la fantasía, la historia o el género juvenil, como el hiperdotado César Mallorquí. Gracias a ello, con todo, la ciencia-ficción se está enriqueciendo con fórmulas mestizas. Lo ilustra Marín, que tras su irrupción con la mítica Lágrimas de luz, de 1982, ha mutado en varias líneas hasta urdir Juglar (Minotauro), una cuidada fusión de cantar de gesta y ucronía. De igual calidad, éxitos como La locura de Dios (Ediciones B), donde Aguilera sitúa a Ramon Llull ante una civilización de prodigiosa tecnología, o El secreto del orfebre (Lengua de Trapo), donde Barceló convierte un amor de posguerra en un poético viaje temporal, evidencian que la experimentación podría llevar a la ciencia-ficción mestiza a años luz de la actual.

Negrete, también en plena mutación con su ciclo sobre Tramórea, lo deja claro: "En mi obra aún hay ciencia-ficción, pero ahora hago fantasía razonada y ucronía... El género puro está obsoleto, suena freak". Tras admitir que la etiqueta crea rechazo, el madrileño declara: "Me da igual si Michael Chabon escribe o no ciencia-ficción; lo parece, pero no lo leo por eso, sino porque es bueno". Más dura, la respetada Elia Barceló añade: "Aunque los nostálgicos protesten, hoy manda la fusión, la hibridación, la búsqueda libro a libro. Y si para eso hay que ir a editoriales generalistas, se hará, le guste o no al fandom [mundillo de los aficionados]". Igual lo ve Díez, quien cree imparable el salto al mainstream: "Si un autor de género ve que un generalista gana un respeto que a él, por publicar en sellos especializados, le está vetado, es normal que desee cambiar de aires".

Cual cyborgs con prótesis de género, mientras, los colonos siguen llegando: del reincidente Somoza a Ray Loriga, Suso de Toro, Rosa Montero, Eduardo Mendoza o, esta temporada, Iban Zaldua (Porvenir), Palma o José María Merino (Las puertas de lo posible), los narradores más desprejuiciados han aprendido a infiltrar la ciencia-ficción en editoriales antes reacias, aunque sea a costa de eufemismos como fantasía especulativa, narrativa futurista, utopía científica... De confirmarse la tendencia, con todo, ¿se acentuará la crisis en las colecciones de género? ¿Se alargará la sombra de la extinta Miraguano en sellos especializados como Parnaso, Equipo Sirius, Grupo AJEC o las asentadas Gigamesh, Nova o La Factoría? "Vivimos de la fantasía, nadie pasa su mejor momento", reconoce Luis G. Prado, editor de Alamut/Bibliópolis; "muchos sólo traducen o publican a autores menores del fandom para contentar a los incondicionales". Sabedor de que best sellers como su buque insignia Andrzej Sapkowski o George R. R. Martin en Gigamesh se restringen a la fantasía extranjera, Prado pide resurgir con un cambio: "Los fans tipo Star Wars no lo son todo, los editores serios quizá deberíamos buscar otra denominación para el resto de la fantasía científica, que sí que interesa al gran público".

Menos seguro, el editor de Minotauro, José López Jara, reorienta el análisis: "Ante este cambio de ciclo, los autores han de entender que hay una ciencia-ficción que sí gusta: la del thriller científico a lo Frank Schätzing, la de la ecología y los riesgos del avance tecnológico". Inquieto porque a la editorial llegan pocos originales así (el Premio Minotauro no ha laureado en seis años ni una obra de ciencia-ficción), López Jara admite que es difícil crear cantera, como intentó hacer su predecesor Francisco García Lorenzana, pero anuncia que en 2009 lanzará Aquamarin, una novela sobre chips de la española de origen bielorruso Vera Parkhutic. "Por ahí", dice, "el género todavía tiene futuro".

Mientras, el núcleo duro prefiere mimar al autor del fandom, surja de premios y eventos o de unas publicaciones cada día más online. "De ahí sale poco talento, pero es casi el único", cree el crítico Juanma Santiago, seguro de que promesas como Eduardo Vaquerizo, José Antonio Cotrina o David Mares se forjaron en tales foros. Aun así, advierte: "El fandom con cerebro desaparece, internet clona a los fans y ya hay más escapismo que espíritu admonitorio, así que el caldo de cultivo corre peligro".

Habrá que vigilar: de ser así, las mutaciones, como en todo entorno hostil, seguirán multiplicándose... -

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Lo dicho: pese al tono jeremíaco, Babelia ha publicado un buen repaso del género, una aproximación seria y respetuosa, que tal vez confirme aquello de que uno (y con esto me refiero al género) tiene que estar con medio pie fuera de la Unidad de Paliativos para que empiecen a hablar bien de él, o que tal vez nos retrate como una panda de cantamañanas que nos quejamos de vicio ahora que empiezan a hablar bien de nosotros. Claro que, bien mirado, las excusas para que Babelia le dedique seis páginas a la ciencia ficción son la inauguración de una exposición sobre los mundos de J. G. Ballard, el que Somoza sea finalista del Campbell y el que Palma haya ganado en Ateneo de Sevilla. Los autores de cabecera del fándom de toda la vida, vamos.

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16 Comments:

Blogger manu said...

Si Jacinto Antón arma su artículo a partir de las quejas de Miquel Barceló
Acabáramos. MB, una opinión "objetiva" donde la haya...

21 de julio de 2008, 10:41  
Blogger Jafma said...

Totalmente de acuerdo en que la CF como negocio se va a tomar viento... (como tantos otros en la historia de la humanidad). Pero hay varios puntos de vista que tienden a mezclarse aquí.

El primero es el del autor. La CF es literatura (o debería serlo). Los escritores que sí quieren vivir de escribir efectivamente dejarán la CF, porque no venderán mucho por ahí, pero si son escritores tendrán interés en la literatura en general (si sólo les interesa la CF no los veo yo como escritores, sino como aficionados), así que eso no será problema. Por supuesto, si no tienen necesidad de vivir de esto, también podrán seguir con un género como la CF que no vende, simplemente porque es lo que más le gusta a uno como escritor. Eso sí: ambas cosas no serán posibles, pero en esta vida no se puede tener todo :-)

El segundo punto de vista es el del aficionado lector. Éste puede perder el acceso a buenos libros del tipo que le gustan, porque la CF no vende. Pero si la CF vende poco es porque hay pocos aficionados... Un problema de falta de demanda, pero que afectará a poca gente.

El tercer punto de vista es el del editor. Los editores que hayan apostado exclusivamente por la CF tendrán problemas. Pero como empresarios que son, tendrán que adaptarse como cualquier otro empresario cuando el producto que vende deja de interesar, y deberían tener las herramientas para eso. Si conocen bien su oficio, lo superarán, porque antes que editores de CF deberían ser editores.

En fin, que la CF puede cambiar de nombre y entonces vender mucho, o puede mezclarse con otras cosas para sobrevivir (e incluso ser redescubierta por otro público), o puede desaparecer, o puede quedarse en obras gratuitas porque no haya otra forma de darlas a conocer. Y será que tengo el día optimista, pero no me parece preocupante ninguna de esas cosas :-)

21 de julio de 2008, 16:31  
Blogger Jafma said...

Y perdón por el rollo (me acabo de dar cuenta cuánto me he enrollao... :-O)

21 de julio de 2008, 16:31  
Anonymous arturo said...

¿La hibridación de generos?
¿Digamos una mezcla de policiaco y cf? Ya lo hizo Asimov.
¿Digamos una mezcla de cuento de fantasmas victoriano y cf? Lo hizo Clarke.
¿Una mezcla de espada y brujeria y cf? Lo hizo Heinlein.
No. Algo nuevo. Un cuento de cf ambientado en el mundo de la moda.Asimov.
¿Una racionalización de las historia de espada y brujeria con base cientifica? Paul Anderson quiere deciros algo.
¿Erotismo y cf? ¡Señor Farmer, preguntan por Usted!
Puedo seguir todo el día.
La cf siempre ha sido un genero hibrido, al igual que el western. La hibridación es una vuelta a la normalidad. Incluso la novela hard más hard de todas las hard, "Mision de gravedad" tiene referencias directas ( Hal Clemente dixit) a "Las mil y una noches".
Quien se queja por la hibridación de la cf y todo eso es porque no concoe el genero.

21 de julio de 2008, 20:33  
Anonymous kaoss said...

De la entrevista a Barceló me hace gracia lo que dice de internet, que está quitando lectores porque ya no tienen tiempo de leer...

Yo creo que más que desaparecer, la CF se difumina entre el resto de géneros, porque la literatura y el audiovisual han adoptado muchos de sus postulados. Si hasta Eduardo Mendoza ha escrito no una sino dos novelas de ciencia ficción...

21 de julio de 2008, 22:06  
Anonymous Jeg said...

Para mí que muchos autores, editores y lectores de ciencia ficción se ha agarrado a una etiqueta hasta convertirla en losa o en algo peor: su DNI, su "hecho diferencial". Su excusa.

Yo no veo tanta hibridación ni tanta fuga de talentos hacia terrenos más rentables. Creo que se trata más de que cada vez hay autores más desacomplejados y con ganas de buscar nuevas formas de contar las cosas que se encuentran con editores y léctores cada vez más abiertos de mente (me hace gracia que en ese artículo nadie mencione a los nocillos, por cierto)

Y la ciencia ficción "pura" no tendría porqué quedarse fuera de esto, pero el caso es que si se divorcia voluntariamente del marco cultural del que forma parte --y esto es algo que parece que se lleva haciendo desde el ocaso del cyberpunk, y en España desde siempre-- pues más bien está pidiendo a gritos su eutanasia.

21 de julio de 2008, 22:29  
Anonymous Rudy said...

No, no creo que la ciencia ficción esté muriéndose.

Pero quizá sí que lo está haciendo la etiqueta comercial o editorial denominada "ciencia ficción".

Son cosas distintas.

De hecho, que José Carlos Somoza se permita el lujo de escribir una novela totalmente lovecraftiana ambientada en un remoto futuro y aparezca como si nada en una colección no especializada de una gran editorial es una muestra de que la CF, como hecho literario, no sólo goza de buena salud, sino quizá de la mejor salud que ha tenido en mucho tiempo.

La CF como etiqueta, por el contrario...

23 de julio de 2008, 14:51  
Blogger Juanma said...

Tu matización es muy pertinente. La CF como etiqueta va a menos, pero ahora parece que a todo el mundo le mola escribirla, y "los de fuera" están consiguiendo obras magníficas: Ishiguro, McCarthy, Roth... Nos ponemos de moda justo cuando exhalábamos nuestro último suspiro...

23 de julio de 2008, 15:21  
Anonymous arturo said...

Un matiz.
Esto de gente de fuera escribiendo una buena novela de cf no es nuevo. Pso en España con "La nave", paso fuera con "La naranja mecánica" o "Los herederos". Un poco antes "En la playa" que es ballardiana *avant la lettre*.
Martin Amis escribió "La flecha del tiempo" al principio de su carrera y supongo que podria buscar más ejemplos como Updike.

23 de julio de 2008, 23:37  
Anonymous Fran said...

Y no olvidéis Hijos de hombres, de P. D. James.

Mirad si no que, hace diez o quince años, un tío como Al Gore convirtiéndose en estrella mediática por 'anticipar' el cambio climático era impensable.

De todas formas, todo este tema me produce una terrible sensación de déjà vu...

23 de julio de 2008, 23:44  
Blogger Kaplan said...

Señor Martínez...

24 de julio de 2008, 0:00  
Anonymous Rudy said...

Señor Kaplan...

Por seguir con el asunto. A lo mejor nuestra vieja queja de que a la CF no se le deja salir del gueto ha sido mal formulada todos estos años.

A lo mejor la CF lleva saliendo del gueto un montón de tiempo. Ya está fuera.

Y el problema es que son los escritores de CF los que no quieren o pueden salir del gueto.

Dos cosas muy distintas.

24 de julio de 2008, 6:32  
Blogger Kaplan said...

Yo estoy un tanto perplejo. Ya lo dije en Hélice: en mi opinión, la cf vive uno de los mejores momentos, si no el mejor, de su historia. Por fin se ha conseguido aquello por lo que se ha llorado durante años, la dignidad, el reconocimiento de la cf fuera. Mientras que la fantasía ha salido de su círculo convirtíéndose en artículo de regalo en tapa de lujo para críos y adolescentes, la cf lo ha hecho en la pluma de eternos candidatos al Nobel. Si eso no es triunfar escandalosamente, que venga Seldon y lo vea. Lo que empiezo a sospechar es que mi idea de triunfo (que la cf sea un género utilizado con normalidad por los mejores escritores del planeta, que deje de ser el bicho raro que era) no es la misma que la del fandomita medio. Empiezo a sospechar que lo que algunos pretendían era que el mundo literario reconociera como obras maestras las Fundaciones, Dune o El juego de Ender; que el mundo cultural doblara las rodillas ante el magisterio de Benford, Sawyer o Heinlein; que, en resumen, la inteligencia literaria mundial confesara al unísono que sí, que se ha marginado sin razón alguna a esas novelas de incuestionable calidad con las que ese aficionado medio se toca mentalmente en su sofá.
Eso, que se vaya bajando de la burra, no sucederá jamás.

24 de julio de 2008, 10:59  
Blogger Kaplan said...

Y, por completar innecesariamente, y al margen de los ilustres acercamientos archimencionados (Roth, Ishiguro, Lethem, Chabon, Houellebecq), quisiera recordar que el último premio Nobel es Doris Lessing, escritora, entre otras cosas, de cf; que el último Príncipe de Asturias es Margaret Atwood, escritora, entre otras cosas, de cf; que el penúltimo premio Pulitzer fue para La carretera, de Cormac McCarthy, novela de cf (en el último, el de Junot Díaz, me llegan noticias de que hay afectos más que evidentes).
En fin, que si esto no es normalización, ya no sé qué cojones puede serlo. Desde luego, es mil veces más de lo que yo llegué a soñar en mis sueños más húmedos.

24 de julio de 2008, 11:22  
Anonymous Rudy said...

Totalmente de acuerdo, señor Kaplan.

Qué le vamos a hacer.

24 de julio de 2008, 11:40  
Anonymous arturo said...

Una par de apuntes más en la misma linea: las novelas de cf de Gore Vidal ( Duluth,Kalki,En directo desde el Golgotha y alguna más). Y otra cosa, que he comentado varias veces, Borges incluyo a Heinlein en su historia de la literatura norteamericana.
Y hablando de Heinlein. Heinlein según te enteras por Grumbles from the grave estaba perfectamente al tanto de lo que se cocia en la literatura mainstream del momento. Era admrador de Giles Goathboy nada menos. Stephen King siempre ha dicho que el libro de terror que le gustaria haber escrito es El señor de las moscas (Por cierto que Golding que tambien escribió cf ya habia ganado el Nobel).
La separacion desde luego donde no existe es en los autores del genero.

24 de julio de 2008, 11:43  

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