lunes, 7 de julio de 2008

Muere Thomas M. Disch (1940-2008)

Desayuno, como quien dice, con una pésima noticia: el escritor estadounidense Thomas M. Disch se ha suicidado en su domicilio de Nueva York, el 4 de julio. No pudo superar la pérdida de su pareja, Charles Naylor, ni la amenaza de desahucio que pesaba sobre su apartamento. Tenía 68 años. Muere, valga la imagen grosera y morbosa en circunstacias como ésta, como podría morir uno de los personajes de la que tal vez sea su obra cumbre: 334.

Nacido en Des Moines, Iowa, estudió en colegios católicos de Minneapolis y se aficionó a la poesia, la música clásica, la ópera y el ballet. En Nueva York trabajó como extra en la Metropolitan Opera, guardarropa en un teatro de Broadway, agente de seguros, corrector de estilo, empleado de pompas fúnebres... Todo esto se puede ver en otra de sus grandes novelas: En alas de la canción.

En 1962 publicó su primer relato, "The Double Timer". Viajó alrededor del mundo con el también escritor John Sladek. Durante aquel viaje (o gracias a las experiencias derivadas de aquel viaje) escribió varios cuentos magníficos como "Casablanca" y "La costa asiática", un pequeño clásico de factura delicada, trasfondo onírico y descripciones maravillosas de una Estambul espectral. Sigo pensando que es el mejor contenido que apareció en el fanzine que Julián Díez y yo editábamos en los años noventa, Núcleo Ubik, y estaba empeñado en reeditarlo en un Gigamesh especial Thomas M. Disch que no llegó a aparecer, del que sólo quedan unas casillas en una hoja de cálculo y que muy bien podría haber estado rematado con otros dos contenidos de auténtica traca: "Understanding Human Behaviour" (que, creo, sigue inédito en castellano) y El cardenal se desintoxica. Arturo Villarrubia estuvo en contacto con el autor, que lo hizo partícipe de numerosas confidencias: sí, por supuesto que le ilusionaba la idea de un número especial de la revista; no, por desgracia no podría acudir a la Semana Negra, a la que estaba invitado, ya que se encontraba sumido en una fuerte depresión debida a problemas personales.

Durante su viaje alrededor del mundo, Disch escribió Los genocidas (1965, en México), The House That Fear Built (1966, en Casablanca), The Puppies of Terra y Eco alrededor de sus huesos (1967, en la Costa del Sol) y Campo de concentración (1968, en el Tirol). Son obras sombrías y maduras, novelas de un estadounidense que escribe como un británico. La primera es una de las novelas de invasión extraterrestre más sombrías que se han escrito jamás. La última es una advertencia contra los totalitarismos y la utilización de reclusos con tratamientos experimentales en investigaciones gubernamentales. Los totalitarismos: una de las constantes de Disch. La historia de un recluso de conciencia a quien se le inocula una enfermedad para comprobar si repercute en su inteligencia estremece, pero estremecen más esas apostillas, frases sueltas anotadas aquí y allá, que la hacen más coherente, incluso. Una de ellas no se me ha borrado desde que leí la novela, en mi adolescencia: "Cada vez que escucho la palabra 'inteligencia', descorro el seguro de mi pistola".

De vuelta a Nueva York, Disch escribe guiones para la serie televisiva El prisionero, publica poesía (Highway Sandwiches, 1970, junto con Charles Platt y Marilyn Hacker), libros infantiles (The Brave Little Toaster, 1986, que apareció en Nueva Dimensión como "El pequeño tostadorcito" y fue llevado al cine por Disney, como La tostadora valiente), teatro (El cardenal se desintoxica, 1990, que fue retirada de la cartelera de Nueva York por su contenido anticlerical... y estrenada no hace mucho en el circuito de teatros independientes de Madrid; de nuevo, Arturo os podrá dar más datos al respecto, ya que conoce al director del montaje) y ensayos (The Dreams Our Stuff Is Made Of, 1998, premios Hugo y Locus; y On SF, 2005).

Más tarde, Disch se apartó de la ciencia ficción catastrofista de sus inicios para centrarse en una literatura del futuro más cotidiano (334, 1972, tal vez una de las mejores distopías escritas por un autor surgido de las publicaciones especializadas, y una de las más sencillas y cotidianas; y En alas de la canción, 1979, premio J. W. Campbell y finalista del National Book Award, en la que escribía acerca de la represión de la homosexualidad y las tendencias artísticas del protagonista en unos Estados Unidos totalitarios gobernados por el sector duro de la derecha del Medio Oeste) y, en sus últimos años, en el género de terror, con El ejecutivo (1984), Doctor en medicina (1991) y su homenaje a la novela gótica, El cura (1994), fallida pero con algunos momentos realmente brillantes, que le valieron ser finalista de la última edición del premio Xatafi-Cyberdark.

La muerte de Disch nos aleja de esa ciencia ficción cotidiana y de advertencia, de esas patadas al hígado que ahuyentaban a los lectores y que ya sólo vienen de fuera del fándom, en forma de La carretera, de Cormac McCarthy, o Futureland, de Walter Mosley. 334 fue uno de los títulos menos vendidos de Gran Super Ficción de Martínez Roca, del mismo modo que En alas de la canción es uno de los menos vendidos del catálogo de Bibliópolis. Grandes novelas de las que nadie quiere oir, puesto que nos hablan de una realidad dura, y nosotros no queremos eso, ¿verdad?, somos escapistas por naturaleza. O Los genocidas, uno de los pocos clásicos que siguen sin reeditarse, perdida ya en el tiempo la edición de Nebulae Segunda Época. ¿Nunca le perdonaremos a Disch el que nos comparara, a la brillante humanidad, con una plaga de insectos molestos a los que hay que exterminar? ¿A qué espera Edhasa para rescatarla?
Disch nos deja solos con nuestro negro futuro y nuestras falsas esperanzas. Ya casi no nos queda nadie para recordárnoslos.
¿Qué tal si se organiza un justo homenaje a su vida y obra en la próxima hispacón de Almería? ¿O en la Semana Negra que comienza esta semana, y a la que ya no podrá asistir?



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9 Comments:

Blogger manu said...

Gran autor.
Qué malo es hacerse mayor.

7 de julio de 2008, 12:59  
Blogger Álex Vidal said...

Gran autor. Gran pérdida. Grandísima putada.

Y qué mala es la depresión, por dios.

Descanse en paz.

7 de julio de 2008, 15:02  
Blogger Alfonso Merelo said...

Joer, que putada. Era un autor mas que interesante.
Las depresiones tienen que ser horribles.

7 de julio de 2008, 15:50  
Anonymous Anónima de las 9:59 said...

Uj. En efecto, "desayunamos" con una mala noticia.

Hipótesis: Hemos de pensar que precisamente una personalidad dada a la depresión (¿oscura?), era la que hizo surgir ese tipo de obras...

Vida y obra suelen ir unidas, ¿no? Y... en fin. Es triste.

7 de julio de 2008, 16:22  
Blogger Alfonso Merelo said...

Pues es una intesante teoría. En Alas de la canción, sin emabargo, es una novela en el que la adaptabilidad es su principal cualidad. No parece cuadrar demasiado con un cuadro neurótico depresivo. Aunque tiene muchos años y probablemente el autor evolucionaría en su fobias filias y agobios.

7 de julio de 2008, 16:29  
Blogger Palimp said...

Muy mala noticia, no hay duda.

7 de julio de 2008, 18:07  
Blogger Juanma Sincriterio said...

Descanse en paz, sin duda ha sido uno de los más grandes. Y pensar que hace tan solo un par de semanas presentaba su última obra derrochando buen humor...

7 de julio de 2008, 18:11  
Anonymous arturo said...

vale pero lo del suicio es "suicido aparente" y francamente yo lo pongo entre comillas hasta que haya (si llega a haber) más información.
Tambien lo dicieron de Heath Ledger cuando era ridiculo. Tambien dijeron de Tino Casal, buen amigo de mi hermano Alvaro, que habia jeringuillas cuando se estrelló su coche. Y era las jeringuillas de las transfusiones.
Y no, anonima, no hemos de pensar que fue una personaldiad depresiva lo que hizo surgir sus obras. Fue el talento puro y duro. El trabajo y el esfuerzo.
Y sus obras se caracterizan por el humor negor. Humor.
Por otra parte, de los comentarios que he leido. Todo el mundo ha dicho que aunque pasaba momentos dificiles en los ultimos meses estaba mucho mejor.

7 de julio de 2008, 19:28  
Anonymous arturo said...

vale pero lo del suicio es "suicido aparente" y francamente yo lo pongo entre comillas hasta que haya (si llega a haber) más información.
Tambien lo dicieron de Heath Ledger cuando era ridiculo. Tambien dijeron de Tino Casal, buen amigo de mi hermano Alvaro, que habia jeringuillas cuando se estrelló su coche. Y era las jeringuillas de las transfusiones.
Y no, anonima, no hemos de pensar que fue una personaldiad depresiva lo que hizo surgir sus obras. Fue el talento puro y duro. El trabajo y el esfuerzo.
Y sus obras se caracterizan por el humor negor. Humor.
Por otra parte, de los comentarios que he leido. Todo el mundo ha dicho que aunque pasaba momentos dificiles en los ultimos meses estaba mucho mejor.

7 de julio de 2008, 19:28  

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