domingo, 12 de noviembre de 2017

Hola y hasta luego

El hola es porque quería saludar, y el hasta luego porque no tengo ni idea de cuándo volveré a actualizar. Que no es que vaya a cerrarlo ni a comentar a bombo y platillo lo obvio, que llevo más de medio año sin actualizar, pero es que, sencillamente, no tengo tiempo ni ganas. No quiero cerrar el blog porque le sigo viendo la utilidad de página web personal para vagos, ni lo migro a Wordpress porque me obligaría a echarle unas cuantas horas de las que no dispongo, ni lo reconvierto porque tres cuartos de lo mismo. Así que dejémoslo en que actualizaré cuando pueda, si puedo y me apetece.

¿Qué ha pasado en el mundo real mientras no actualizaba? Unas cuantas cosas.

Nos hemos mudado. Gentrificados. A saco. No podíamos pagar los precios actuales de un alquiler en Barcelona ciudad y nos hemos comprado un piso en L'Hospitalet de Llobregat, a solo dos paradas de metro, por la mitad de lo que vale ahora mismo un piso de esas características en el distrito de Sants-Montjuïch, y por un precio por que que, en Sants-Montjuïch, solo podríamos comprar un ático de veinticinco metros cuadrados. Ah, claro, y nos hemos fundido la herencia de mi madre para asegurarnos una hipoteca ventajosa: comprar en el extrarradio solo es posible si eres competitivo con respecto a los inversores que pagan en mano. O sea, nos damos con un canto en los dientes porque hemos conseguido comprar un piso cerca del colegio de Mireia (esa era nuestra prioridad: no cambiarla de cole y trastocarle la infancia lo menos posible) por un precio asequible, aun a pesar de habernos quedado sin ahorros y, sin ir más lejos, renunciar a un dinerillo que teníamos guardado por si, qué cosas, a la chiquilla se le ocurría estudiar una carrera universitaria o a alguno de nosotros se nos ocurría tener problemas de salud que requirieran soluciones o tratamientos caros. Planazo, ¿eh? Pues sí. Y, no obstante, hemos tenido suerte, para lo que hay.

La vida en el extrarradio, empero, no está mal. No hay barberías para hipsters, ni tiendas de cookies, ni panaderías chic, pero tenemos el tranvía cerca, el colegio de Mireia al lado, seis compañeros de clase de Mireia en un radio de tres manzanas, y hay bares con tapas gratis, cosa impensable en Barcelona ciudad. Estoy por afirmar que los putos agentes gentrificadores nos han hecho un favor.

La cosa indepe. Genial todo: he perdido amistades con la tontería. Y por defender a gente con cuyo punto de vista al respecto no coincido; supongo que esto no me pone en el lado de los indepes versus unionistas sino en el de los catalanes versus la catalanofobia en general. Paso de hacer más comentarios al respecto. Solo por eso, ya me parece un loose-loose en toda regla, acabe la cosa como acabe.

Trabajo. Como estamos comprando piso, me he metido en una espiral insensata de trabajo. Bueno, no es que tenga muuuuucho más trabajo que antes, porque el mercado editorial no da para mucho más, pero he estado aceptando cosas que no habría aceptado en condiciones normales, por la sencilla razón de que necesitaba facturar para afrontar los gastos extraordinarios de compra del piso, tasas e impuestos, mudanza, reparaciones y demás; todas esas cosas con las que hay que contar cuando te metes en estos berenjenales. A lo que iba. He facturado mucho, a costa de estar trabajando prácticamente a jornada completa, cuando a lo mejor podía disponer de una media jornada, como mucho. ¿Cómo se concilia eso? Exacto: durmiendo dos horas en víspera de entrega, y cuatro o cinco en días de diario. Y eso, si no tienes a Mireia enferma o hay huelga y te piden que no los lleves al cole. Me reafirmo en que trabajar con Orciny es una de las mejores cosas que me están pasando estos años, igual que en tiempos lo fue trabajar con NGC! Las editoriales independientes de ciencia ficción son un puñetero regalo para el aficionado; pensad en eso antes de gastaros los cuartos.

Salud. Éramos pocos y parió la abuela. Lo que, en mi caso, se traduce en que la pierna mala, la de la trombosis, me vuelve a dar por saco, y ¡tachán, tachán! tengo que hacerme un implante gingival. En cristiano: no me queda encía en unas cuantas piezas, al estar el hueso al descubierto aumenta el riesgo de contraer infecciones porque las bacterias no tienen ni que tomarse la molestia de horadar tejido y, en resumen, que ahí va un mes de ganancias en una operación que consistirá en quitarme parte del paladar e insertarlo donde antaño hubiera encías. Bueno, podría ser peor, podría... Ja, ja, por los cojones voy a decir nada, que seguro que luego nos pasa.

Vicio y subcultura. No voy a ir a la hispacón porque no tengo un puto duro, pero de todos modos no habría podido ir porque el viernes 17 daré una charla sobre Gattaca en la biblioteca de Gavà, en el marco de la Semana de la Ciencia. Dicho queda. Además, contento de haber publicado un par de cuentos durante 2016, triste porque el proyecto para el que había escrito otro cuento está un poco parado y esperanzado porque le veo buenas perspectivas de publicación durante 2018, pero no antes. El resto de mi forzosamente dosificada agenda pasa por sendos prólogos: el de la antología de cachava y boina que va a editar Cerbero en breve, y el de la segunda entrega de las antologías de los premios Ignotus que va a editar Sportula en breve. Ah, claro, y otro libro de Sportula, en el que participo con un ensayo colectivo, pero no tengo muy claro si puedo hablar de eso en público, así que guardaré prudente silencio. Todo esto puede parecer la Gran Cosa, pero la verdad es que no lo es. Gracias, gentrificación, me has cortado el ritmo de escritura durante al menos seis meses, justo cuando parecía que arrancaba. Debo un libro de ensayo para una editorial muy molona, sigo teniendo apalabrados un recopilatorio de ensayos y otro de relatos para otra editorial muy molona, y bueno, les debo cuento a Equinox, SuperSonic y Orciny. No llego, de verdad que no llego.

Ocio. Esta es buena. Pues nada, leo más que nunca... a la hora de contarle el cuento a Mireia. O sea, estoy leyendo toda la literatura infantil que no me leyeron con tres, cuatro y cinco años. Series ya no sigo, salvo Juego de tronos, aunque he visto un par de veces el 3x08 de Twin Peaks. La mudanza me ha dejado como resultado un despacho mucho mejor distribuido que el que teníamos en el otro piso, la minicadena está ahí y, bueno, me paso el día redescubriendo cedés que tenía muertos de risa. Ahora tengo una fase de música clásica, a lo mejor dentro de unos meses me da por el jazz o el flamenco, yo qué sé.

Chiquito de la Calzada ha muerto y estoy tan triste que me duele el finstro diodenal. Lo demás es silencio.

Y esto es todo, de momento. Calculo que aquí va una veintena de entradas que no he llegado a escribir durante estos meses. Sí, vale, hablo de estas cosas en mi cuenta de Facebook, pero sigue sin ser lo mismo.

Nada más de momento. Volveré cuando tenga tiempo y ganas. Solo me asomaba para saludar, y mira.

viernes, 21 de abril de 2017

Sugerencias para la papeleta de los Premios Ignotus 2017




 JUANMA, ERES UN PUTO PLASTA CON LOS IGNOTUS
 Y LO SABES


Como todos los años por estas fechas desde los tiempos del Nevermind y el Out of Time, la AEFCFT convoca los Premios Ignotus. En esta edición de 2017 se premian los mejores contenidos aparecidos durante el año 2016. Desde hace unos años no es necesario ser socio de la AEFCFT para votar los Ignotus: basta con apuntarse en el censo de votantes. Aquí te explican cómo tienes que hacerlo.

Cada vez me aburre más el cabildeo previo a la votación, esos privados en plan "Vótame, paaaayo". No sé si los autores se están reservando para cuando empiece oficialmente el período de votaciones, o a lo mejor es que estoy perdiendo capacidad como influencer, pero el caso es que este año os estáis cortando bastante conmigo. Sin embargo, leo por Facebook que, en general, la peña está perdiendo bastante las formas, mandando privados para poco menos que exigir el voto. De verdad, chicos y chicas, no veo la necesidad de que hagáis el ridículo, entre otras cosas porque ese tipo de marketing agresivo es contraproducente. Yo, por lo menos, no solo no me planteo votar a la gente que hace eso sino que, aun en el supuesto de que me estuvieran proponiendo un contenido votable, dejaría de hacerlo, solo por no alimentar al trol. Tiene el mismo sentido que si os llamaran a todas horas de Jazztel para pedir que los votárais en Mejor Representación Audiovisual. Pero yo que sé, que igual soy yo, que me estoy volviendo un viejo cascarrabias. Vosotros, a lo vuestro. Si os hace ilusión...

Y bueno, ya ha hay herramientas bastante más útiles que este blog para ver posibles candidatos. Sin ir más lejos, esta wiki, incompleta pero en crecimiento. No es en modo alguno una long list con carácter oficial, y desde luego que faltan algunos posibles candidatos (¿dónde están Valdemar o Canino?), pero ahí reside la gracia del asunto: si echáis algo en falta, os apuntáis y lo recomendáis. Sigue faltando animación en las categorías "marginales", pero es una buena iniciativa, y espero que no sucumba al spam y el phishing de los pesaos de turno. Vamos, que parece que la gente va de buena fe y no propone contenidos propios, sino lo que realmente considera votable. Lo cual es de agradecer.

Como suele sucederme de unos años a esta parte, cada vez estoy más perdido y menos al día de la realidad del mundillo, hasta el punto de que voy a condensar mis tradicionales dos entradas (autobombo y heterobombo) en una sola, porque no doy para más. Recomendaré pocas cosas, pero creo que de pata negra todas ellas. Y recordad: nadie está obligado a votarlo todo en la primera fase, sobre todo si acaba votando de oídas para rellenar categorías. No es un concurso de ver quién ha leído o visto más cosas.

Dicho todo esto, procedo a detallar el material propio que considero votable y las categorías en que tiene encaje.


AUTOBOMBO

Mejor relato español

"Son ilusiones"
En Guillem Sánchez (coord.), Retrofuturo. Una mirada a los años 70, Ed. Cazador de Ratas
Aparte de inventarme el nonainopunk y coquetear peligrosamente con el tipo de delitos que la Audiencia Nacional juzga de un tiempo a esta parte (¡sí, hay una alusión a Carrero Blanco!), "Son ilusiones" es una gamberrada con toneladas de música española setentera, posmodernismo y crítica política a partes iguales, imágenes bastante bizarras y, según Cristina Jurado, estructura de película de Quentin Tarantino. Retrofuturo es una antología muy consistente que no está teniendo el eco que creo que merece, lo que supongo que de entrada les resta algo de visibilidad y posibilidades a los relatos incluidos en ella (al menos uno de ellos tendría que ser finalista porque es de lo mejor que he leído en años, y no refiero al mío, so listos), pero sería bonito que alguno entrara en la papeleta final. Votadme, paaaaayos.

"Lástima que fuera una puta"
En Cristina Jurado y María Leticia Lara (eds.), WhiteStar, Ed. Palabaristas
Supongo que está feísimo echarse flores con contenidos propios, pero es que lees reseñas como la de Origen Cuántico en Goodreads y no tienes más remedio que creerte que a lo mejor este es un buen cuento. Lo cierto es que mezcla dos cosas que me interesan mucho, el cáncer y David Bowie, tenía historias que contar con respecto a ambas y, como suele decirse, eché el resto, no hice ni una sola concesión y, sin proponérmelo, escribí el cuento ideal para cerrar una antología que es como mi cuento: visceral, contundente y con toneladas de sentimiento por la pérdida de un referente. Le he leído reproches al título, pero, en primer lugar, es el título de la canción de Bowie en que me inspiré para escribir el relato (esa era la condición que nos pusieron) y, en segundo lugar, el título es indisoluble del final (y, además, del mensaje implícito) del cuento, no puede ser otro. Preveo que WhiteStar sí tiene verdaderas posibilidades de entrar en la papeleta final en unas cuantas categorías (antología, ilustración, cuento extranjero, poema y relato), así que tal vez, solo tal vez, "Lástima que sea una puta" tenga más posibilidades que "Son ilusiones". 

También tengo otro cuento efímero-bizarro protagonizado por Leticia Sabater y el pequeño Nicolás, pero os libraré del mal rato y no lo recomendaré. Podéis seguir en la ignorancia. Y también hay por ahí un pequeño adelanto de La Gran Novela del Fandom, que no sé si, bases en mano, se podría considerar relato; pero oye, que si os gusta y no se os ocurren cinco candidatos mejores, por mí genial si lo votáis.

Mejor artículo

Aquí tengo una candidatura y media que recomendar, procedente del ensayo colectivo dirigido por Sergi Grau: Richard Matheson: El maestro de la paranoia, Ed. Gigamesh.

"El hombre menguante: Un viaje de dos metros al interior de la conciencia", de Carlos Díaz Maroto y Juan Manuel Santiago
Vaya por delante que el autor principal del artículo es Carlos y que mi aportación se limita a desarrollar las fuentes literarias de inspiración de la novela de Matheson, por lo que, hablando en propiedad, la autoría estaría repartida en un 75/25, pero me parece un buen artículo y le veo nivel como para optar a entrar en la papeleta, como casi todos los textos de este estupendo ensayo colectivo.

"Otros mundos: Richard cogió su fusil"
Este artículo sí es mío al cien por cien. En él desgloso los méritos, defectos y circunstancias relacionadas con Otros mundos, la última novela fantástica de Matheson, un texto menor pero muy potente y dotado de una gran carga emocional, ya que el autor presiente la inminencia de la muerte y se regala y nos regala toda una declaración de amor.


Para completar el triplete de posibles candidatas, tenemos "Revista Hélice: Diez años que saben a poco", publicada en el número 21, vol. III de la revista Hélice. Trato de contextualizar los orígenes de la mejor revista española de crítica académica especializada en género fantástico, con el despliegue de rigor de batallitas que cabe esperar en un artículo mío que va precisamente de eso, de contar batallitas para celebrar el décimo aniversario de la revista.


Y esto es todo en lo tocante a autobombo; como digo, estoy poco prolífico, aunque, por otra parte, he retomado la escritura de ficción, y hasta me la publican, por lo que me da la impresión de que en futuros listados de autobombo para los Ignotus voy a recomendaros más cuentos y novelas cortas que artículos.
Pues lo dicho. En cuanto al

HETEROBOMBO, 

he leído poquita cosa, así que poco es lo que puedo recomendaros. Por eso os ruego que no interpretéis este listado como algo cerrado, sino como una relación de los contenidos de 2016 que han pasado por mis manos y que, a mi juicio, tienen nivel para entrar en una papeleta de los Ignotus. Vale, también añado algunos que, a tenor de lo que he leído acerca de ellos, me da la impresión de que también están bien y tienen posibilidades. No pretendo hacer un resumen del año, tan solo hablar de lo que me ha gustado y lo que creo que podría gustarme.

Así pues, pista, que voy.

Novela


La lógica dice que Guillem López, ganador del último Ignotus con Challenger (Ed. Aristas Martínez) y bastante probable ganador del Ignotus 2018 con Arañas de Marte (Ed. Valdemar), será finalista seguro con La polilla en la casa del humo (Aristas Martínez). Vendría así a refrendar que la suya ha sido la irrupción más potente en la primera división cienciaficionera española desde Emilio Bueso, con tres novelones seguidos. Este señor weird subterráneo crea toda una imaginería y nos regala un protagonista fascinante, paradigma del narrador poco fiable, que ya es por derecho propio uno de los personajes inolvidables del género escrito en España. No digo que Guillem vaya a ganar tres Ignotus seguidos, peeeroooo...

 "Hola, me llamo Guillem. ¿Qué premio dices que no he ganado todavía?"

Aunque, si tenemos que ser sinceros, hay dos novelas que, a fecha de hoy, tienen bastantes números para hacerle la competencia. No me atrevo a darlas como finalistas seguras porque no están en el epicentro del fandom que vota los Ignotus y esto va como va, pero sus autores me parecen de lo mejorcito que se puede leer hoy en día en España, con independencia del género.

Lo de El barbero y el superhéroe (Colectivo Juan de Madre, Ed. Aristas Martínez) es de traca. Por decirlo muy a lo burro, juega en la misma división que el Kavalier y Clay de Michael Chabon, pero si la hubiera escrito el hijo friki del Umberto Eco de El péndulo de Foucault y la Susan Sontag que pulula por Fantomas contra los vampiros multinacionales, de Julio Cortázar. Y, además de aprender filosofía, te ríes. De lo mejorcito que le ha pasado al género.
La que para mí es La Terna de 2016 se cierra con El gran imaginador, o la fabulosa historia del viajero de los cien nombres, de Juan Jacinto Muñoz Rengel (Plaza & Janés), que deja en casi anecdóticos los (muchos) méritos de El asesino hipocondríaco y El sueño del otro, y no debería tener problemas para rascar bola en la temporada de premios, como hizo De mecánica y alquimia y su momento. Muñoz Rengel se marca un novelón en todos los sentidos, lleno de imaginación, referencias, homenajes y encanto. La mención a José María Merino y Félix J. Palma en los agradecimientos no es casual: Rengel toma el testigo de estos y tal vez lleve su visión del fantástico algo más lejos. Es el típico libro que a lo mejor no es ni finalista del Ignotus pero que si lo traducen al inglés entra en la papeleta final del World Fantasy Award.

Hasta aquí, las que doy como fijas en mi papeleta. Entre las que probables, destaco las siguientes.
Róndola, de Sofía Rhei (Minotauro), porque, como sabéis, gracias a la paternidad estoy en una fase de rescate de los cuentos infantiles que, de manera inevitable, ha conducido a ponerlos en cuestión y plantearme si era posible contarlos de otra manera. Sofía demuestra que sí.
Contra los lobos, de Alberto Torres Blandina (Aristas Martínez), porque es una novela inclasificable, que juega como quiere con el lector y consigue interesar durante sus apenas doscientas páginas.
Las puertas del infinito, de Víctor Conde y José Antonio Cotrina (Fantascy), porque me lo pasé muy bien corrigiéndola, jugando a adivinar qué parte había escrito cada cual y, en un plano más literario y temático, es una novela compleja y con una imaginería muy, muy potente.

Y hasta aquí lo que he leído. Entre mis lecturas pendientes, han hecho mucho ruido Hijos del dios binario (David B. Gil, Suma de Letras) y El dios asesinado en el servicio de caballeros (Sergio S. Morán, Fantascy), pero supongo que el hecho de ser best-sellers juega en su contra en un premio como el Ignotus, de modo que las que parten con ventaja son Fractura (Dionisio Arroyo, Apache Libros), porque el autor empieza a hacer ruido, la temática está de moda y Apache Libros ha irrumpido con mucha fuerza en el panorama editorial español friki; Lo que ves cuando cierras los ojos (David Jasso, Apache Libros), porque el autor es un valor seguro que ya sabe lo que es ganar un Ignotus (y más de uno), y Laberinto Tennen (David Luna Lorenzo, El Transbordador), porque El Transbordador es otra de las nuevas editoriales que han entrado a saco, y además el autor está arrasando en el mundillo de los premios literarios frikis de una manera que no se veía desde César Mallorquí.
Once novelas. No está mal. Y eso, porque cosas tan majas como Nunca digas vodka, nunca jamás, de Sergi Álvarez (Orciny), no me parecen de género fantástico aunque hayan aparecido en colecciones especializadas. Seguro que me dejo muy buen material.

Novela corta

Como habréis comprobado, mi recapitulación sobre las novelas nos retrotrae al Campo de Nabos que ha sido siempre la CF española. ¿Estoy puenteando el fenómeno de la consolidación de la CF española escrita por mujeres? En absoluto, amiguitos: seguid leyendo, que esto no se ha acabado.
Todo apunta a que Felicidad Martínez va a hacer doblete o triplete en esta categoría, y tal vez la gane, ya que La mirada extraña (Sportula) contiene muy buen material. Supongo que "Fuego cruzado" tiene más posibilidades, pero valdría cualquiera de las cuatro.
No obstante, el instinto arácnido me dice que, si Felicidad no gana, lo hará El ojo de Dios, de David Luna (Apache), finalista del Alberto Magno, CF muy a saco y, como digo, editorial emergente y autor absolutamente en racha. Y Javier Castañeda de la Torre lleva ya unos años estando en la pelea, así que Horror vacui (Apache) podría ser la que por fin le dé un monolito. La cosa debería estar entre ellos tres.
A título de recomendación personal, Zenobia y el rey (Rodolfo Martínez, AEFCFT) tiene un lugar fijo en mi papeleta. Es difícil hacer un buen pastiche de Conan; pero hacerlo cojonudamente bien, con un estilo propio y siendo absolutamente fiel a Robert E. Howard tiene muchísimo mérito, y Rudy lo ha hecho.


Relato

Aquí sí que no albergo dudas: tengo el pálpito de que va a ganar una autora. Hay donde elegir, y la calidad de los relatos de 2016 que he leído fue excepcional.

Apuesto sin duda por Cristina Jurado, que, de hecho, juraría que va a hacer, como mínimo, un doblete en la papeleta, ya que tiene al menos tres relatos brillantes."La segunda muerte del padre", en Cuentos desde el otro lado. Antología de nueva literatura extraña (Concepción Perea, ed., Fábulas de Albión), resulta escalofriante por el nivel de confesión y sinceridad que se desprende de sus páginas, y nos dapara un ejercicio de catarsis personal que, además, está muy, muy bien escrito. "Inchworm" es uno de los platos fuertes de la ya mencionada WhiteStar y, sin bajar el pistón, la autora sabe cuadrar muy bien lo personal y la temática de la antología, con una imagen poderosísima extraída del videoclip de "Ashes to Ashes", de David Bowie. Por último, "Haitzlurra" (en Retrofuturo) le da un meneíto la mar de interesante a la temática de una Euskadi independiente, con unos niveles de seriedad que solo le he leído a José Ramón Vázquez o Iban Zaldua. No me he leído Vanith, así que a lo mejor podríamos estar hablando de cuatro posibles finalistas.


Sofía Rhei también tiene un par de cuentos perfectamente nominables: "La máquina de los deseos" (en Retrofuturo) e "Informe de aprendizaje" (Alucinadas II, Palabaristas). Sin movernos de Retrofuturo, los relatos de Marian Womack ("Piedras"), Nieves Delgado ("Ego te absolvo") y, sobre todo y muy especialmente, Tamara Romero ("Hospital Clarence Halliday para juguetes enfermos") y Layla Martínez ("Crónicas de la ciudad de Kowloon"), podrían optar al monolito.
¿Y qué opinan los chicos? Bueno, pues supongo que la irrupción fulgurante de David Luna pasa por una candidatura de su relato "El prisionero" (Sucesos extraños, José del Río, ed., Apache Libros), Israel Alonso podría entrar con alguna candidatura (mi favorito al respecto sería "WhiteStar" (en WhiteStar), Alfredo Álamo, Jesús Cañadas y Colectivo Juan de Madre se marcaron relatos muy potentes en Retrofuturo, y Guillem López podría entrar también en esta categoría con "Vacaciones", también de Retrofuturo. Víctor Miguel Gallardo tiene un par de relatos destacables en su recopilación personal Lo que significa tu nombre (Esdrújula): me quedo con "Mammut", una ucronía con nazis realmente estimable. Y "El analista", el cuento de César Mallorquí que la AEFCFT regaló a los socios en primavera del año pasado, es una distopía bastante maja.
¿Me dejo a alguien? Pues sí. Dejo para el final a Francisco Jota-Pérez, cuyo "Trabante" (en Retrofuturo) me parece, por calidad, el único aspirante serio a "arrebatarle" el monolito a Cristina Jurado. Pérez parece empeñado en dejarme sin palabras cada vez que escribe un relato, prólogo, ensayo o lo que sea. Solo diré que, ahora mismo, me parece la cabeza mejor amueblada que hay en el frikerío, que sus límites solo se los pone él y que, amigos, este cuento es dinamita pura. Si no entra con este cuento, tal vez lo haga con "Carnografía" (SuperSonic 4).
Y claro, también está Edmundo Paz Soldán, que ya sorprendió hace un par años con su novela Iris (Alfaguara) y ahora la complementa con una deliciosa colección de relatos, Las visiones (Páginas de Espuma), ambientados en su mismo universo referencial. El nivel es tan uniforme que cuesta decantarse por un solo relato, lo que me imagino que le resta posiblidades de entrar en la papeleta, lo cual sería la segunda de una serie de injusticias que espero no tengan tercera parte. Puestos a destacar alguno, me quedaría con "Las visiones" o "El próximo movimiento", pero yo qué sé, hay al menos media docena de relatos brillantes.
Me faltan lecturas, llevo WhiteStar a medias, tengo que darle un repaso en profundidad a las SuperSonic y solo he leído algunos contenidos de Alucinadas II, Cuentos desde el otro lado y Sucesos extraños, así que seguro que me pierdo candidatos muy serios. Pero vaya, que lo que he leído no está nada mal.


Antología
Con esta categoría tengo un problema: creo que habría que escindirla en antología (cuentos de varios autores) y recopilación (cuentos de un solo autor), porque la dinámica de los últimos años tiende a premiar a la primera y olvidarse de la segunda. Como sé que estoy casi solo en esta apreciación, no insisto con el asunto, pero cuando se plantee el debate de verdad, recordad que yo ya estaba avisando.
Whatever. La verdad es que creo que ya he mencionado todas las que considero importantes: por motivos personales, Retrofuturo y WhiteStar; por inmersión en sus páginas por motivos varios (una presentación y un prólogo, respectivamente), Las visiones y Lo que significa tu nombre; y, por el impacto que he percibido en los lectores potencialmente votantes, Cuentos para Algernon IV (Marcheto), Dieciocho engranajes (Nieves Delgado, Ed. Adaliz), Alucinadas II, Sucesos extraños, La mirada extraña y Verbum (Fata Libelli).
 
Aunque es un libro inclasificable, supongo que esta es la categoría en la que habría que proponer Alcasseriana (Antipersona), una perturbadora visión del asesinato de las niñas de Alcàsser en la que, cómo no, está metida gente como Francisco-Jota Pérez, Layla Martínez y Frank G. Rubio.
EDITO: Meec, omisión imperdonable: Hipermatrònic, l’hiperbreu que va sorgir de l’espai profund, de Sergi G. Oset (Orciny Books, col. Tar nº 6), nada menos que 111 relatos ultracortos paridos originalmente en catalán. Orciny no solo está destacando por descubrirnos el género bizarro, sino también por su labor subversiva y reivindicativa de la ciencia ficción en catalán. Y es que muchas veces nos olvidamos de que los Ignotus no premian solo obras en castellano, sino también en las demás lenguas oficiales del Estado Español (y de las mujeres, y de la novela juvenil, y de...).


Libro de ensayo
Salvo sorpresa, creo que no hay duda: va a ganar En regiones extrañas, de Lola Robles (Palabaristas), que, como su propio subtítulo indica, es "un mapa de la ciencia ficción, lo fantástico y lo maravilloso". Me gustaría que Richard Matheson: El maestro de la paranoia le diera un poco de emoción al asunto, o incluso que hubiera un ex aequo entre ambos. Quisiera insistir en que se trata del estudio más exhaustivo jamás realizado a nivel mundial sobre la obra del autor neoyorquino.

Una apuesta personal mía es un título que corregí, Las fábulas mecánicas. Guillermo del Toro, editado por Juan A. Pedrero Santos (Calamar Ediciones), que efectúa un recorrido exhaustivo por la filmografía y universo particular del (no solo) cineasta mexicano. Las monografías son interesantes, pero la entrevista de casi ochenta páginas es monumental, y los extras son una pasada.
¿Y los otros dos títulos que entrarán en la papeleta? Ni idea, porque no los he leído, pero, por pura lógica, Francisco-Jota Pérez tendría que estar con su Homo Tenuis (GasMask), y tal vez El Libro de Satán. Todo sobre el culto al Diablo, de Carlos Aguilar y Frank G. Rubio (Hermenaute), porque ambos son valores seguros, y tendríais que concienciaros de que la mera idea de ver a Frank dando un discurso de aceptación de los Ignotus justificaría las existencias de todos los que estáis leyendo esta entrada. (EDITO: Me chivan por Facebook que la obra de Aguilar y Rubio es reedición, por lo que no podría optar a premio. Una lástima. No quito el comentario porque me reitero en lo dicho: habría que darle un Ignotus a Frank G. Rubio, no solo porque se lo merece, sino porque su discurso de aceptación --o no-- sería antológico.)
Artículo
Comienzo a abreviar, que a este paso no acabo en la vida. Muy en resumen: no habría que olvidarse de Hélice ni de C, el hijo de Cyberdark, dos de las mejores fuentes de contenidos que hay en la actualidad, aunque tal vez hayan perdido visibilidad. Si el ignotusólogo que llevo dentro no ha perdido el toque, tendría que haber festival de finalistas de SuperSonic y de Sense of Wonder. He aquí mis recomendaciones:
"Los idiotas del horror", Ismael Martínez Biurrun (en C, 14 de marzo de 2016)
"Algunos apuntes sobre Stranger Things y el papel de la mujer en la ficción de horror", Ismael Martínez Biurrun, C, 10 de octubre de 2016  
"El sable láser del rey: Los cuentos siempre vuelven", Daniel Pérez Navarro, C, 2 de mayo de 2016 Recomendación de Juanma Santiago
"La ciencia ficción en la universidad española: Las barreras deben caer", Sara Martín (incluido en Hélice n.º 7, vol. III)  
"Prólogo", Francisco-Jota Pérez, en Ciudad revientacráneos (Jeremy Robert Johnson, Orciny, col. Midian n.º 3)
"Entrevista a Guillermo del Toro", de Juan Andrés Pedrero Santos (en Las fábulas mecánicas. Guillermo del Toro)
"¿De qué hablamos cuando hablamos de paranoia?", de Sergi Grau (en Richard Matheson: El maestro de la paranoia)
"En los orígenes del mito especulativo del hombre menguante: 'El doctor Hormiguillo" (1890-1891)' / 'El doctor Menudillo' (1914), de José Zahonero", de Mariano Martín Rodríguez, en Fuimos los primeros: El "Evangelio del Fariseo" y otras historias españolas pioneras (La Biblioteca del Laberinto)

Ilustración

A lo mejor acabasteis un poco hartos de la minipolémica del año pasado en torno a la candidatura del babero de la Calçotada Friki, pero no dejó de ser un poco como cuando un diputado de Compromís pregunta al gobierno si tiene pensado hacer algo en caso de apocalipsis zombi: lo que importa no es tanto la aparente gilipollez del hecho en sí (una pregunta estúpida en sede parlamentaria, la nominación de un contenido claramente menor) como lo que intenta denunciar (la escasa calidad de las respuestas del gobierno a preguntas serias, el ninguneo de casi diez años a la obra de uno de nuestros mejores ilustradores). A mí lo que me hastió fue que la percepción del asunto se quedara en que solo se trató de un troleo, cuando, al menos por mi parte, solo fue una sugerencia en plan "Ya que no sois capaces de nominarlo por obras serias, vamos a ver si os animáis por productos de usar y tirar". Y mira tú por donde, al bueno de Corominas le supuso su primera nominación en casi diez años. Y lo mejor de todo: ni siquiera quedó en última posición.
Lo bonito habría sido que la hispacón de 2017 se celebrara en Valladolid, como estaba anunciado, para que Corominas se aprovechase del factor campo (que juega en casa, vamos) y ganara por fin el monolito. Pero, como Valladolid se ha descolgado del tema y la hispacón se va a celebrar en Madrid, Corominas parte en igualdad de condiciones. Así pues, veamos solo tres contenidos sobresalientes por los que merecería ser nominado.


Ilustración de cubierta de Incrustados, y otros delirios racionalistas, de Ian Watson (Gigamesh)
Ilustración de cubierta de Futuros perdidos, de Lisa Tuttle (Gigamesh)
Portada e ilustraciones interiores de Zenobia y el rey, de Rodolfo Martínez (AEFCFT)
Pero vamos, que si este año tampoco moja el churrito ignoto, ya contraatacaré el año que viene con otras sugerencias, como la de Kirinyaga, de Mike Resnick.
Quitando a Corominas, mi debilidad absoluta de 2016 en este apartado es la ilustración de cubierta de La casa de arenas movedizas, de Carlton Mellick III (Orciny), obra de Pol Abran / Branca Studio.

¿Qué más ilustraciones propongo? Hay un montón, pero, por cuestiones puramente personales, barreré hacia casa: las tres en las que aparecían contenidos míos nominables: Retrofuturo, de Iván Ruso; WhiteStar, de Ana Díaz Eiriz, y Richard Matheson: El maestro de la paranoia, de Alfredo Esteban Arroyo. Ah, sí, y la de Las visiones, de Rebeca Cygnus.

 

 
Pero hay muchas más. En esta categoría puede pasar cualquier cosa. Hasta que vuelva a salir nominado un babero de la Calçotada Friki. ;)

Obra poética

No suelo opinar sobre esta categoría, porque tengo el oído muy duro con la poesía, a pesar de que mi padre tenía muchos poemarios y prácticamente he crecido entre ellos. De todos modos, recomiendo tres poemas, o canciones si se quiere, que se pueden encontrar en WhiteStar y que muy bien podría haber cantado David Bowie en persona, porque tienen nivel:

"It's Only Forever", de Sofía Rhei 
"Space Oddity", de Carmen Moreno
"Llegué a Marte un miércoles", de Loli Molina Muñoz
Revista
En esta categoría no hay ningún misterio: SuperSonic (que con el monolito de noviembre empezará un período hegemónico de unos cuantos años), Barsoom, Delirio y, por lo que a mí respecta, Hélice, que merece recuperar  el peso específico que tuvo en tiempos. Mariano Martín Rodríguez y Mikel Peregrina trabajan muy bien en ese sentido, aunque entiendo que el enfoque ya claramente académico pueda resultar disuasorio.
Novela extranjera
Aquí sí que estoy perdido, casi no he leído nada, estoy desconectadísimo y solo puedo recomendar títulos que me leí por dinero; es decir, porque los corregí o los informé. 
Corregir para Orciny Books es de lo mejor que me ha pasado en la faceta friki de mi vida profesional. Gracias a la editorial de Hugo Camacho estoy conociendo ese tremendo testimonio de nuestra vida actual que es el género bizarro. En 2015, la colección Midian arrancó con la estupenda Fantasma, de Laura Lee Bahr, que fue finalista en todos los premios gordos. Pues bien, en 2016 hay ración doble de novelones bizarros de la colección Midian. Esto es como cuando te preguntaban de pequeño a quién quieres más, si a tu padre o a tu madre. "Pues oiga, ¿y usted, a su pareja o a su amante?", daban ganas de contestar.
La casa de arenas movedizas, de Carlton Mellick III (Orciny)


Ciudad revientacráneos, de Jeremy Robert Johnson (Orciny)


Entre los demás trabajos que corregí, me gustó bastante Futuros perdidos, de Lisa Tuttle (Gigamesh).
 

Y, de los libros que informé, aunque no me hicieron caso por los motivos que fuera y lo dejaron correr, me quedo con El problema de los tres cuerpos, de Cixin Liu o Liu Cixin, que al final apareció en Nova y ha tenido una acogida más tibia de lo que me esperaba, supongo que porque hay mucho hater suelto.


Y, de verdad de la buena, ya no puedo recomendar nada más porque no leí mucho más. Supongo que este año la cosa apunta a Luna, de Ian McDonald (Nova), Seveneves, de Neil Stephenson (Nova), La gracia de los reyes, de Ken Liu (Runas), Relojes de hueso, de David Mitchell (Mondadori) y la ración habitual de Abercrombies, así que ya me las leeré para la segunda vuelta.
EDITO: Agüita, que, reglamento en mano, Gestarescala, de Philip K. Dick (Cátedra), es nominable, ya que es la primera vez que se edita en España (la traducción original era en una edición argentina). Pues ya lo sabéis: Dick podría ganar su primer Ignotus. :-D


Relato extranjero

A la espera de que la antología Bienvenidos al bizarro (Orciny) la líe en la próxima edición, el panorama es peor aún que en novela extrajera: solo leí un buen relato extranjero, "Héroes", de Lavie Tidhar, en WhiteStar, así que no puedo recomendar ningún otro. Pena.


Y eso es todo. Hay más categorías, pero no opino, ya que estoy todavía más perdido que en las categorías literarias. Espero que de aquí podáis sacar algunas ideas para vuestra papeleta. He vuelto a habilitar los comentarios, así que todas las sugerencias serán bienvenidas... siempre que no sean spam descarado.
Besitos.

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martes, 24 de enero de 2017

"Revista Hélice. Diez años que saben a poco", artículo en el número 21 de "Hélice"

Congratulémonos: Hélice, la revista decana de crítica en la red sobre género fantástico, cumple diez años. Para celebrarlo ha lanzado un número muy majo (que podéis leer pinchando sobre este enlace), cuyos platos fuertes son la entrevista que Mariano Martín le hace a Ian Watson, una monumental bibliografía de todos los estudios relacionados con el género fantástico que se han publicado en España, y un magnífico ensayo de Sara Martín sobre la ciencia ficción española y el mundo académico.

Además, y por lo que al título de esta entrada respecta, se nos invitó a Fernando Ángel Moreno y a mí a escribir sendos artículos sobre el significado del decenio que cumple la publicación. Mi ensayo se titula "Revista Hélice. Diez años que saben a poco". En él trato de contextualizar el papel fundamental de Xatafi en el fándom de mediados de la primera década del siglo XXI, cómo Hélice tuvo cierta continuidad con las por aquel entonces recién finiquitadas Gigamesh y Solaris, cómo es de flipante que, a pesar de los premios que recibió, ninguno fuera a parar a los artículos de Julián Díez, y cómo ha llegado a convertirse en una de las revistas de referencia sobre estudios fantásticos.

Feliz lectura. Y enhorabuena a Mariano Martín, Mikel Peregrina y Antonio Rómar, por hacer posible que la hélice siga girando. Como digo en el artículo, nos leemos en 2026, cuando celebre su vigésimo aniversario.



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viernes, 20 de enero de 2017

Presentación de "Retrofuturo" en la librería Gigamesh: las pruebas gráficas

En la anterior entrada os convocaba para la presentación de la antología Retrofuturo. Esta tuvo lugar ayer, quedó francamente maja y aquí la tenéis.



La frase para enmarcar la pronunció Francisco J. Pérez: "La nostalgia es un cáncer cultural". Y básicamente la presentación fue de eso. Y de muchas cosas más. Ya lo veréis.

Muchas gracias a los asistentes, tanto virtuales como presenciales.


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domingo, 15 de enero de 2017

Presentación de "Retrofuturo" el 19 de enero en la librería Gigamesh

El jueves que viene, día 19 de enero de 2017, a las 19:00 horas y en la librería Gigamesh, tendrá lugar la presentación de la antología Retrofuturo. Una mirada a los años 70, seleccionada por Guillem López y editada por Cazador de Ratas. En el cartel están los datos más relevantes. La presentación se emitirá por streaming, como siempre, y luego se colgará por el canal de YouTube de la librería Gigamesh. Esa misma noche o el viernes actualizaré el blog enlazándola, no os libráis.



Si no llevo mal la cuenta, será la presentación más concurrida de las tres que se habrán celebrado hasta ese momento (Madrid, Valencia y esta de Barcelona, aunque ahora me quedo con la duda acerca de si ha habido más presentaciones), nada menos que con cinco autores de los doce que participamos; casi la mitad. Mejor: así habrá más variedad. 
Sofía Rhei (cuya Róndola va a estar en todos los listados de novelas españolas finalistas de premios especializados) nos hablará de "La máquina de los deseos", protagonizado nada menos que por la ahora muy de actualidad Angela Carter (esa edición de sus cuentos por Impedimenta es uno de los acontecimientos literarios de los últimos años). 
Colectivo Juan de Madre, responsable de El barbero y el superhéroe (uno de los títulos capitales del género en 2016, al margen de nacionalidades), hablará de "Los ojos" (obligatoria para fans de la Joy Division). 
Francisco Jota Pérez (otro de los valores que, sin prisa pero sin pausa, han pasado a la primera línea del panorama editorial español en general, como demuestran Polybius y su participación en Alcasseriana) defenderá "Trabante", un cuento muy personal para él que nos remite a la lucha obrera de los años setenta en la cementera de Vallcarca.
Tamara Romero (de la que acabo de corregir un cuento durante estos días, y hasta ahí puedo contar... hasta dentro de un par de meses, claro) explicará por qué mezcló a las muñecas Barbie con la llegada a la Luna en "Hospital Clarence Halliday para juguetes enfermos" (¡y por qué le sale tan bien!).
Y servidor, pues bueno, comentará todo lo que ustedes querían saber sobre "Son ilusiones", mi aportación nonainopunk al conjunto.
Echaremos de menos la presencia del resto de los autores implicados en el proyecto: Jesús Cañadas, Marian Womack, Cristina Jurado, Nieves Delgado, Alfredo Álamo, Layla Martínez y, por supuesto, Guillem López. No se confirma ni desmiente la presencia de la responsable de la editorial, Carmen Moreno, pero doy por hecho que vendrá.
Espero no echar de menos vuestra presencia en la presentación.
Hasta el jueves.

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Bola extra. Venga, acá va un adelanto del cuento, que no se diga.

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SON ILUSIONES


Ah, no, sin vivir en Madrid no lo entenderás.
Burning[1]

josé y alfonso

Van a salirse de la calzada aérea. Caerán sobre un descampado colindante con un bloque de viviendas de auxilio social, cien metros más abajo. «Esto sí que tiene guasa», canturrea José mientras da un volantazo en el último momento. Las voces de Diego y el Jeros se elevan por encima de la imitación con corriente alterna de riffs de guitarra de bobina eléctrica. Su mirada hace un loco barrido. El camión al que trataba de adelantar por la derecha; el ángel custodio que remata un hito kilométrico en sentido El Escorial; el camión que se aleja; la enorme cruz que se acerca; el tráfico que viene en sentido contrario; el ángel custodio que, ochenta metros más a la izquierda, remata el hito kilométrico en sentido Madrid; el quitamiedos que se lleva por delante la capa de pintura de la puerta del copiloto; y la pota que acaba de soltar Alfonso mientras aferra el volante y, sin dejar de potar, endereza la trayectoria del automóvil. Dejan atrás las furgonas de la bofia y se incorporan al carril rápido. Los aeróstatos de la benemérita vuelven a la carga, cada uno por un flanco, a una distancia prudente mientras transitan por la Via Triunfalis, y sin el menor miramiento desde que se incorporan a la ronda de los Hospitales. Dejan y dejan a un lado la inmensa torre del cerro Garabitas y se acercan al Gómez Ulla. El aeróstato lanza incontables ráfagas de ametralladora que se sobreponen a la música:

Lo que hacemos en la vida
luego de nada nos vale.[2]

José le da un relevo a Alfonso, quien puede buscar por fin un pañuelo con el que limpiarse los restos de vómito que cuelgan de la hirsuta melena y de las tachuelas de la chupa. Una esquirla producida por el impacto de una bala de ametralladora sobre la superficie de la calzada rebota contra la carrocería como un baquetazo seco que marcase el final del verso y el principio del siguiente.

Todo es una mentira…,

Un nuevo golpe seco, idéntico a los que producían las pedradas que lanzaban contra el tren de alta velocidad en su infancia a su paso por el barrio, anuncia que otra esquirla ha hecho blanco, esta vez sobre la luna trasera. Oyen un croc y un crieeeec, y el vidrio se viene abajo.

… todo se lo lleva el aire.

La canción se confunde con el vendaval. No puede ir más rápido, el acelerador está bloqueado. Una mirada por el retrovisor confirma sus temores: el aeróstato que viene por su lado les ha dado alcance. El otro maniobra para situarse encima de ellos. Distingue a un guardia civil que asoma con un rifle polifásico, ajusta la mirilla y busca posición de tiro. José entrecierra los ojos para conjurar el chorro de aire. Qué limpio es todo, qué insonoro y aséptico. Con su viejo cuatro latas todo habría sido un festival de tubos de escape desprendiendo gasógeno, derrapes, frenazos y acelerones poniendo a prueba la capacidad de desgaste de las llantas de caucho. Se va matar a doscientos por hora, pero sin un puto ruido. Maravillas de la corriente alterna.

Hay veces que me pregunto
pero no sé contestarme.

«¿Cómo hemos llegado hasta aquí? ¿Toda esta movida para robar un armatoste que suena peor que un payo tratando de enseñarte a tocar flamenco?»
Los designios de Diego son inescrutables; pero el Jeros es el Jeros: se merece eso, y más. Aunque sea de Vallecas. Aunque pertenezca a otra banda. Pero estaban juntos en esto. Ha merecido la pena, solo por verle la cara al baranda. Daba risa, el gachó. «Esto sí que tiene guasa», vaya si la tiene.
Ambos aeróstatos disparan al unísono. La megafonía proclama algo parecido a «…gan el …vor de …cionar en …rcén». Sí, sí, detente, aparca y enséñame los papeles, pero el francotirador bien que sigue ajustando la mirilla y buscando el momento más oportuno para dejarlo frito. José piensa a toda prisa mientras los acordes se arrastran con ese sostenido enervante, capaz de despertar a un muerto… o de algo aún peor, si hay que creer lo que le dijo Diego.



[1] Burning (letra y música), «Madrid», Madrid. Ocre-Belter, 1978.
[2] Chichos, Los (letra y música), «Son ilusiones». Achilipú Dijcos, 1977.

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martes, 10 de enero de 2017

David Bowie, año uno: BlackStar en WhiteStar

Hoy hace un año que David Robert Jones, también conocido como David Bowie, se desprendió del disfraz de terrícola y, de paso, inauguró la sección de necrológicas del ya tristemente famoso año 2016 que se nos fue hace diez días. 
Casi sobre la marcha, Cristina Jurado puso en marcha una antología de cuentos, poemas y artefactos varios, titulada WhiteStar (en clara --no pun intended-- alusión a su último disco, BlackStar), y cuya finalidad era doble: por un lado, servir de homenaje al universo Bowie y, por otro, ayudar a la lucha contra el cáncer, ya que la recaudación íntegra del libro se donaría a la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC).
De este modo, WhiteStar vio la luz hace un mes, editada en formato de libro electrónico por Palabaristas. Se puede adquirir a través de la plataforma Lektu, siguiendo este enlace  https://lektu.com/l/palabaristas/whitestar/6215, y soltar la pasta mediante la modalidad de pago social; es decir, pagar lo que consideréis conveniente, aunque partiendo de un precio recomendado, que en este caso son 2,99 euros. Mirad qué portada más bonita ha realizado Ana Díaz Eiriz.


Entre los contenidos (treinta y dos relatos y poemas de gente variada, valiosa y multinacional, más un prólogo del crítico Rafa Cervera) se ha colado un relato mío que, por aquello de la cronología interna, es el último del libro. Se titula "Lástima que sea una puta", por aquello de que en teoría se basa en la canción "It's a Pity She Was a Whore", aunque en la práctica también incluye referencias a "Sue (Or In a Season of Crime)", "Rock and Roll Suicide" y "Moonage Daydream". 
No sé aún, porque acaba de editarse, cuál será el tono general de las reseñas y críticas de WhiteStar, pero, a tenor de la recepción que ha tenido en Goodreads, parece que va a ser una de las antologías de la temporada. Se lo merece, de largo. Yo le auguro unas cuantas nominaciones a los Ignotus; al menos, en las categorías de antología, poema (Carmen Moreno y Sofía Rhei entrarán fijo en la papeleta) y espero que cuento, cuento extranjero (Lavie Tidhar) e ilustración.
No os puedo detallar todas las razones por las que deberíais leeros WhiteStar, pero sí puedo compartir parte de mi relato, "Lástima que fuera una puta". Espero que os guste y, sobre todo, os anime a comprar el libro. Es por una buena causa.
Feliz cumpleaños con retraso, David. El domingo habrías cumplido setenta años.

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LÁSTIMA QUE FUERA UNA PUTA


A todos los que lo han padecido, en carne propia o ajena.


La divergencia fue lo de menos, supongo. Lo importante era que me habían diagnosticado un cáncer, llevaba todo el verano muerto de asco en la planta de Oncología del Gómez Ulla y sobrellevaba la quimioterapia poniendo el discman que mi primo Josele me había regalado por mi cumpleaños, junto con unos cuantos títulos de su discográfica. Mi hermano Pablo apareció un día por el hospital con un cedé de The Rise and Fall of Ziggy Stardust and The Spiders From Mars, y así fue como entré en el bucle. Suero fisiológico, adriamicina, bleomicina, vinblastina, dacarvacina y Ziggy Stardust. La quimioterapia fue llevadera hasta que dejó de serlo y se convirtió en una pistola de rayos apuntando a mi cabeza, una mujer fatal que emergía de las sombras. La extravasación fue desagradable, porque uno de los componentes de la quimio se me salió de la vena y me achicharró la articulación de la muñeca izquierda, justo en el sitio donde los suicidas se abren las venas en canal y, los que preferiríamos morir lentamente, nos abrochamos el reloj. Me quedó un moretón permanente con la tonalidad de una manzana pocha. El tiempo y la marca del reloj se han encargado de hacer llevaderas las secuelas. Pero la visión del brazo hinchado como un globo con forma de perrito salchicha me acompañará mientras viva. Y también la quemazón, un torrente de lava nauseabunda campando a sus anchas por el flujo sanguíneo, primero, y los tendones, después.
Después se me infectó un colmillo. Si estás sano, este tipo de contratiempos se resuelven con una visita al dentista. Pero no: yo estaba inmunodeprimido, sujeto al mantra de suero fisiológico, adriamicina, bleomicina, vinblastina, dacarvacina y Ziggy Stardust y la infección se manifestó con una inflamación realmente espectacular. En apenas dos días, mi rostro era una parodia del Hombre Elefante. Una pistola de rayos apuntando a mi cabeza, un rostro del espacio presionando junto al mío. No olvidemos que estaba ingresado en un hospital militar, y que el tratamiento fue todo lo drástico y poco empático que cabía esperar.
Hablando en plata: me pidieron una interconsulta para Estomatología y allí estaba yo, abriéndole la boca a un mad doctor en toda regla: bata raída, gafas de cuello de botella y unas tenazas que parecían sacadas del atrezo de una película de Roger Corman. A juzgar por su edad, debía de haber sido alumno de mi padre, antiguo profesor de la Academia de Sanidad Militar. Mi padre lo habría frenado en seco y le habría exigido que se limitase a curarme la infección. Pero, cosa sorprendente, el bueno del doctor Lores no había llegado aún al hospital, por lo que tuve que vérmelas a solas con aquel matasanos.
Al menos tuvo la decencia de anestesiarme antes de extraerme la pieza a las bravas.
Y ahí fue donde se jodió todo.

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lunes, 21 de noviembre de 2016

La Gran Novela del Fandom: adelanto exclusivo



Uno de mis grandes clásicos es mencionar la gran novela sobre el fandom que voy escribiendo sin prisa pero con muchísimas pausas. Por supuesto, se titularía La Gran Novela del Fandom, así, con cajas altas. Desde que la idea se me ocurrió (aunque tampoco es que se me ocurriera: siempre se dio por hecho que, dada mi condición de historiador extraoficial del fandom, algún día acabaría escribiéndola) ha derivado de muchas maneras, se ha retorcido y ha llegado a muchos callejones sin salida. En mis momentos más estupendos, la tenía planeada como un tochazo de no menos de ochocientas páginas, más unas doscientas de apéndice documental (un quién es quién, con minifichas de todo friki, viviente o no, que hubiera estado en el ajo en los años noventa), pero, dado mi ritmo de escritura, aquello no me iba a llevar menos de diez años, por lo que desistí. Cuando se lo comenté a Elia Barceló, ella pragmática, me sugirió que me dejara de chorradas y escribiera una novela breve, de unas doscientas páginas, secuencial y con trama. Es decir, más o menos lo que había llegado a escribir antes de abandonar el proyecto, pero sin irme por las ramas.
Luego llegó la realidad y me cortó el rollo. Al leer El fondo del cielo, de Rodrigo Fresán, se me cortó un poco el rollo, porque esa era más o menos la idea que yo manejaba, aunque aplicada al fandom español. Después me animé con "Yo sobreviví a las guerras del fandom", la conferencia que di en la hispacon de Montcada i Reixac, y que, dos años después, puedo afirmar sin lugar a dudas que es la mejor conferencia que he dado, con el mejor texto de apoyo que he escrito para una conferencia. Pero sucedió lo que tenía que suceder: que alguien que escribe mejor se animó a la tarea y escribió un texto mejor y más interesante que el que yo habría escrito: Está lleno de estrellas. Memorias de una afición, las memorias de fandom de Rafael Marín, que aprovecho para recomendar vivamente. Y ahí fue cuando terminé de ver claro que Elia tenía razón: La Gran Novela del Fandom, si la consigo terminar, debería ser una novela de corte clásico, con sus personajes y sus argumento; tal vez algo en plan Asesinato en la convención, de Isaac Asimov. 
Y vuelvo al tema: justo la dirección en la que apuntaba el intento más fructífero que he acometido. Llegué a comenzar la novela, pero me di cuenta de que la novela me estaba vacilando, que iba por donde quería y, de repente, sin comerlo ni beberlo, me encontré con un muerto con el que no contaba, que debería ser el leitmotiv pero que dejaba cabos sueltos. Porque, cuanto más lo releía, más cuenta me daba de que algo no cuadraba, de que el personaje que se suicida no puede haberse suicidado, que eso tiene que ser un asesinato. Y de ahí para arriba. Total, que en vez de tomármelo como un golpe inesperado que había que aprovechar, me cabreé por la manera en que la novela me había vacilado, y desistí.
Lo cual, ya digo, es un pena, porque en realidad es un buen punto de partida. Pero no el de La Gran Novela del Fandom. Para mí es una vía muerta y, si la retomo, va a ser partiendo de cero. Pero lo escrito, escrito está y, teniendo en cuenta que este textito está condenado a quedarse inédito, no sé si para bien o para mal, decido compartirlo con los lectores, ya que, si algún día leéis La Gran Novela del Fandom, podéis estar absolutamente seguros de que este fragmento no formará parte de la trama.

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LA GRAN NOVELA DEL FANDOM (FRAGMENTO)


1

El otro día te contaron un chiste cojonudo.
Pregunta: ¿Cómo se suicidan los escritores?
Respuesta: Se arrojan desde lo más alto de sus egos.
A decir verdad, lo más probable es que el chiste no hablara de escritores, sino de argentinos, profesores de universidad, periodistas, abogados o directores editoriales. Da lo mismo. El caso es que te hizo gracia y te lo apropiaste; eso sí, aplicado a escritores.
En cierta ocasión conociste a un escritor que luego terminó suicidándose. A varios, en realidad, pero quien te viene a la memoria en estos momentos de zozobra es uno en concreto. No se arrojó desde lo más alto de su ego, porque para llegar hasta allí habría necesitado una lanzadera espacial. Intentó cortarse las venas; al bies, como le había dicho otro escritor en el transcurso de una charla de café y como dejó escrito en su nota de suicidio. Si te cortas las venas en diagonal resulta imposible detener la hemorragia. Así pues, el escritor a quien conociste llenó hasta los topes la bañera del piso en que vivía, aprovechando que sus padres se habían ausentado hacía diez minutos a un viaje del IMSERSO, dejó patente su desconocimiento del teorema de Arquímedes y se electrocutó en cuanto el agua de la bañera desbordada entró en contacto con un deshumidificador enchufado. Lo irónico del asunto es que un escritor de ciencia ficción pudiera hacer semejante alarde de desconocimiento de las leyes físicas más elementales (¡el teorema de Arquímedes, por favor!). No consiguió abrirse en canal, que habría sido el final más apropiado para alguien como él, pero a cambio propició un apagón que dejó a oscuras media Barcelona. Para más inri, lo hizo el día de san Martín, con lo que hizo bueno el refrán.
La nota de suicidio era todo un despropósito, plagada de errores gramaticales y ortotipográficos; de hecho, se trataba de un documento casi indescifrable que, más que leer, había que saber interpretar. Aquello te lo contó uno de sus múltiples conocidos, que fue el único capaz de leer la nota de marras y el primero a quien los padres del escritor encontraron en la agenda de su teléfono móvil cuando encontraron el cuerpo de su hijo, al final de un rastro de olor insoportable a picadillo de chorizo con un ligero toque de sales de baño. En realidad, aquella última llamada no había sido lo que se dice amistosa, ya que el autor que nos ocupa se había pasado diez minutos increpando a su conocido, también escritor. Amenazas de muerte..., filípicas megalómanas…; en fin, el discurso habitual de un demente. Su conocido lo había dejado con la palabra en la boca, porque en cuanto vio de qué iba la llamada tuvo la precaución de cortar la conexión y mantener el aparato apagado durante el resto del día. En cuanto lo encendió, a última hora de la tarde, se encontró con un mensaje en el buzón de su teléfono: eran los padres del autor, hechos un manojo de nervios e implorando un poco de atención. Le contaron lo que había sucedido. Dado que él era la última persona a quien su hijo había llamado, daban por hecho que era lo más parecido a un amigo que podían encontrar. No quiso sacarlos de su error, porque lo último que debes decirle a un padre dolido por la muerte de su hijo es: «Si mi número figuraba en su agenda era porque el muy hijo de puta me acababa de amenazar de muerte. No tenía ni un solo amigo. ¿No conocían a su hijo? ¿En qué momento se les ocurrió la mera idea de que pudiera tener amigos?».
Se personó en el domicilio del autor en cuanto le fue posible. La policía aún no había hecho acto de presencia. Fue él quien la encontró. Sus padres no habían reparado en la existencia de la nota de suicidio, pero él la descubrió, por casualidad, en el primer lugar donde curiosearía un friki de la ciencia ficción amante de lo ajeno que estuviese buscando cualquier material que rapiñar: en la estantería en la que se alineaba, impoluta, toda la colección de Nueva Dimensión, los ciento cuarenta y ocho números de la mítica revista. El premio que había recogido poco antes en la convención hacía las veces de sujetalibros, y debajo de él sobresalía un voluminoso sobre apaisado con un mensaje escrito en klingon que, de hecho, era lo que mejor se entendía de aquel sindiós. Lo abrió y, en efecto, allí se hallaba, condensada, la verdad sobre todo, el legado definitivo del autor al mundo, su Yo acuso particular. El conocido del autor trató de recordar las pautas que le había suministrado un grafólogo cinco años antes, cuando por fin se le hincharon las pelotas y decidió denunciar al autor por acoso y amenazas. La demanda no había prosperado porque el autor se avino a un acuerdo extrajudicial; sin embargo, había fotocopiado el informe pericial del grafólogo, de modo que podía afirmar, sin el menor asomo de duda, que era la única persona de su entorno capaz de desentrañar la taquigrafía no euclidiana que el autor llamaba escritura. Había memorizado aquel informe, convencido de que tarde o temprano se alegraría de haberlo hecho. Y allí estaba. La nota era un delirio victimista repleto de aposiciones, anacolutos, oxímoron rebuscados y retorcidos hasta lo imposible, construcciones gramaticales con hasta cuatro adjetivos seguidos, e incluso alguna que otra sucesión de leísmos, laísmos y loísmos colocados de manera tan arbitraria como incorrecta. La nota estaba dirigida al mundo en general y a su editor en particular. También había un extenso párrafo dedicado a su corrector de estilo, que da la casualidad de que eres tú.
El autor y tú habíais salido tarifando porque en su última novela cometiste la…, ¿cómo lo definió?..., «atroz y aberrante osadía, digna de un amargado escritor frustrado, muestra viva del aserto conforme al cual “el que no folla, jode” y que no encontró más nicho ecológico que el de tachar letras, simular una especie de conocimiento arcano en forma de signos incomprensibles seguramente inventados y estropear originales con su ridículo rotulador con el único fin de vengarse de escritores con mayúsculas dotados de un concepto, ‘talento’, que tan patético individuo sólo podría comprender leyendo la definición en los diccionarios en los que se escuda para capar todo el vigor de una prosa brillante, como si dicho rotulador le concediese el poder de decidir sobre lo que está bien escrito y lo que no lo está, como un diosecillo ahíto de sangre y veneración ciega» de eliminar varias comas ubicadas entre sujeto y predicado. Cosas en plan «El Capitán, ordenó a la Tripulación de que havriera fuego contra la todopoderosísima flota Imperial», por ejemplo. El incidente había dado lugar a una amenaza de querella criminal y de rescisión de contrato que tu editor no se había tomado en serio, porque el que semejante sinsentido pudiera salir adelante resultaba a todas luces inviable. Sin embargo, aquel incidente te había costado perder varios días de trabajo porque el autor había inundado foros, blogs, listas de correo, cuentas de Twitter y frases de estado de Facebook con reelaboraciones, a cual más rebuscada y alejada de la cordura, de la caza de brujas sistemática a que la editorial estaba sometiendo a su manuscrito. Como urgía entregar las correcciones de modo que el libro entrase en imprenta a tiempo para que pudiera aparecer con motivo de la convención anual de literatura fantástica, todos los empleados de la editorial habían perdido varios días tratando de apagar el incendio con comunicados de buen rollo encaminados a tratar de serenar los ánimos y, sobre todo, tú habías cortocircuitado y, literalmente, faltaba un día para que entregases la corrección y no habías podido pasar del segundo capítulo, el editor tomó la decisión, irrevocable, de no tocar ni una coma del original, entregárselo al maquetador tal como se lo había remitido el autor, y que ocurriese lo que tuviera que ocurrir. Como es natural, le exigiste al editor que, ya que te había hecho perder varias semanas de tu vida y un par de posibles encargos, tuviese al menos la decencia de resarcirte con una compensación económica en concepto de lucro cesante. Te conformabas con que te abonasen (en negro, si podía ser) la mitad de lo que te correspondía; es decir, la tarifa que se suele estipular para los trabajos rechazados. En cualesquiera otras circunstancias podría haber colado, pero el editor estaba demasiado harto de aquel asunto, había tragado mucho y, en fin, te convertiste en su chivo expiatorio y te comiste todas y cada una de las lindezas que en realidad estaban destinadas al autor del manuscrito.
El libro se editó sin que se tocara ni una sola coma con respecto al original que había remitido el autor. Recibió los parabienes del sector de aficionados que estaban predispuestos a favor de él, le cayeron las hostias de rigor, procedentes del sector de aficionados que de todos modos lo habría masacrado a hostias, y cosechó la indiferencia más absoluta del sector de aficionados a quienes ese tipo de ficción ni les iba ni les venía. El mundo siguió girando, el autor montó la de Dios es Cristo cuando su preciada novela no llegó ni a finalista de un par de premios literarios cuyos estándares y filosofía hacían inconcebible la mera posibilidad de que alguno de los jurados pensara siquiera en votarla como candidata a finalista, la montó todavía más monumental cuando ganó el único premio que, por eliminación, sería capaz de ganar en su vida, y nada más regresar de la convención anual de literatura fantástica consiguió que cuatrocientos de sus dos mil amigos de Facebook lo bloquearan, eliminasen como amigo o denunciaran después de que se pasase un día entero enviando a toda su agenda de contactos un mensaje cada diez minutos acerca de la injusticia que se había cometido con su persona, del buen criterio de los votantes del único premio que había ganado y tal vez ganara en vida (obsérvese la cursiva enfática), de los turbios tejemanejes de la industria editorial, de las carencias sexuales de los maquetadores, ilustradores, editores y correctores de estilo, de su siguiente libro y de cómo el futuro le daría la razón, y todas las demás cosas que se dicen en estos casos. Después de semejante ordalía virtual, redactó un mensaje de correo electrónico a su editor, le adjuntó el manuscrito de su (esta vez sí) última novela, envió el mensaje, dejó la nota de suicidio en el lugar que consideraba más visible de su habitación, se desnudó, se dirigió al cuarto de baño y abrió el grifo del agua caliente.
—Con lo narcisista que era, yo me esperaba un suicidio como el de Larra —dejó caer su editor cuando te reuniste con él en la editorial. Acababa de regresar del entierro del autor, más que nada por hablar con los padres acerca de los detalles del contrato de edición, que su hijo no se había tomado la molestia de devolver firmado. La madre lo miró con auténtica inquina, trazó un garabato que denotaba una amplia experiencia en falsificar la firma de su hijo, le dijo «Hala, ahí lo tiene. Todo suyo» y regresó junto con su marido, para discutir la inminente venta del piso y, con el dinero que obtuvieran con la transacción, ir mirando residencias de ancianos donde poder acabar sus días plácidamente, sin la rémora de un hijo a quien había que darle hecho hasta el carajillo con galletas de media mañana y que no se había planteado abandonar el hogar paterno en ningún momento de sus casi sesenta primaveras. 

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