lunes, 21 de noviembre de 2016

La Gran Novela del Fandom: adelanto exclusivo



Uno de mis grandes clásicos es mencionar la gran novela sobre el fandom que voy escribiendo sin prisa pero con muchísimas pausas. Por supuesto, se titularía La Gran Novela del Fandom, así, con cajas altas. Desde que la idea se me ocurrió (aunque tampoco es que se me ocurriera: siempre se dio por hecho que, dada mi condición de historiador extraoficial del fandom, algún día acabaría escribiéndola) ha derivado de muchas maneras, se ha retorcido y ha llegado a muchos callejones sin salida. En mis momentos más estupendos, la tenía planeada como un tochazo de no menos de ochocientas páginas, más unas doscientas de apéndice documental (un quién es quién, con minifichas de todo friki, viviente o no, que hubiera estado en el ajo en los años noventa), pero, dado mi ritmo de escritura, aquello no me iba a llevar menos de diez años, por lo que desistí. Cuando se lo comenté a Elia Barceló, ella pragmática, me sugirió que me dejara de chorradas y escribiera una novela breve, de unas doscientas páginas, secuencial y con trama. Es decir, más o menos lo que había llegado a escribir antes de abandonar el proyecto, pero sin irme por las ramas.
Luego llegó la realidad y me cortó el rollo. Al leer El fondo del cielo, de Rodrigo Fresán, se me cortó un poco el rollo, porque esa era más o menos la idea que yo manejaba, aunque aplicada al fandom español. Después me animé con "Yo sobreviví a las guerras del fandom", la conferencia que di en la hispacon de Montcada i Reixac, y que, dos años después, puedo afirmar sin lugar a dudas que es la mejor conferencia que he dado, con el mejor texto de apoyo que he escrito para una conferencia. Pero sucedió lo que tenía que suceder: que alguien que escribe mejor se animó a la tarea y escribió un texto mejor y más interesante que el que yo habría escrito: Está lleno de estrellas. Memorias de una afición, las memorias de fandom de Rafael Marín, que aprovecho para recomendar vivamente. Y ahí fue cuando terminé de ver claro que Elia tenía razón: La Gran Novela del Fandom, si la consigo terminar, debería ser una novela de corte clásico, con sus personajes y sus argumento; tal vez algo en plan Asesinato en la convención, de Isaac Asimov. 
Y vuelvo al tema: justo la dirección en la que apuntaba el intento más fructífero que he acometido. Llegué a comenzar la novela, pero me di cuenta de que la novela me estaba vacilando, que iba por donde quería y, de repente, sin comerlo ni beberlo, me encontré con un muerto con el que no contaba, que debería ser el leitmotiv pero que dejaba cabos sueltos. Porque, cuanto más lo releía, más cuenta me daba de que algo no cuadraba, de que el personaje que se suicida no puede haberse suicidado, que eso tiene que ser un asesinato. Y de ahí para arriba. Total, que en vez de tomármelo como un golpe inesperado que había que aprovechar, me cabreé por la manera en que la novela me había vacilado, y desistí.
Lo cual, ya digo, es un pena, porque en realidad es un buen punto de partida. Pero no el de La Gran Novela del Fandom. Para mí es una vía muerta y, si la retomo, va a ser partiendo de cero. Pero lo escrito, escrito está y, teniendo en cuenta que este textito está condenado a quedarse inédito, no sé si para bien o para mal, decido compartirlo con los lectores, ya que, si algún día leéis La Gran Novela del Fandom, podéis estar absolutamente seguros de que este fragmento no formará parte de la trama.

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LA GRAN NOVELA DEL FANDOM (FRAGMENTO)


1

El otro día te contaron un chiste cojonudo.
Pregunta: ¿Cómo se suicidan los escritores?
Respuesta: Se arrojan desde lo más alto de sus egos.
A decir verdad, lo más probable es que el chiste no hablara de escritores, sino de argentinos, profesores de universidad, periodistas, abogados o directores editoriales. Da lo mismo. El caso es que te hizo gracia y te lo apropiaste; eso sí, aplicado a escritores.
En cierta ocasión conociste a un escritor que luego terminó suicidándose. A varios, en realidad, pero quien te viene a la memoria en estos momentos de zozobra es uno en concreto. No se arrojó desde lo más alto de su ego, porque para llegar hasta allí habría necesitado una lanzadera espacial. Intentó cortarse las venas; al bies, como le había dicho otro escritor en el transcurso de una charla de café y como dejó escrito en su nota de suicidio. Si te cortas las venas en diagonal resulta imposible detener la hemorragia. Así pues, el escritor a quien conociste llenó hasta los topes la bañera del piso en que vivía, aprovechando que sus padres se habían ausentado hacía diez minutos a un viaje del IMSERSO, dejó patente su desconocimiento del teorema de Arquímedes y se electrocutó en cuanto el agua de la bañera desbordada entró en contacto con un deshumidificador enchufado. Lo irónico del asunto es que un escritor de ciencia ficción pudiera hacer semejante alarde de desconocimiento de las leyes físicas más elementales (¡el teorema de Arquímedes, por favor!). No consiguió abrirse en canal, que habría sido el final más apropiado para alguien como él, pero a cambio propició un apagón que dejó a oscuras media Barcelona. Para más inri, lo hizo el día de san Martín, con lo que hizo bueno el refrán.
La nota de suicidio era todo un despropósito, plagada de errores gramaticales y ortotipográficos; de hecho, se trataba de un documento casi indescifrable que, más que leer, había que saber interpretar. Aquello te lo contó uno de sus múltiples conocidos, que fue el único capaz de leer la nota de marras y el primero a quien los padres del escritor encontraron en la agenda de su teléfono móvil cuando encontraron el cuerpo de su hijo, al final de un rastro de olor insoportable a picadillo de chorizo con un ligero toque de sales de baño. En realidad, aquella última llamada no había sido lo que se dice amistosa, ya que el autor que nos ocupa se había pasado diez minutos increpando a su conocido, también escritor. Amenazas de muerte..., filípicas megalómanas…; en fin, el discurso habitual de un demente. Su conocido lo había dejado con la palabra en la boca, porque en cuanto vio de qué iba la llamada tuvo la precaución de cortar la conexión y mantener el aparato apagado durante el resto del día. En cuanto lo encendió, a última hora de la tarde, se encontró con un mensaje en el buzón de su teléfono: eran los padres del autor, hechos un manojo de nervios e implorando un poco de atención. Le contaron lo que había sucedido. Dado que él era la última persona a quien su hijo había llamado, daban por hecho que era lo más parecido a un amigo que podían encontrar. No quiso sacarlos de su error, porque lo último que debes decirle a un padre dolido por la muerte de su hijo es: «Si mi número figuraba en su agenda era porque el muy hijo de puta me acababa de amenazar de muerte. No tenía ni un solo amigo. ¿No conocían a su hijo? ¿En qué momento se les ocurrió la mera idea de que pudiera tener amigos?».
Se personó en el domicilio del autor en cuanto le fue posible. La policía aún no había hecho acto de presencia. Fue él quien la encontró. Sus padres no habían reparado en la existencia de la nota de suicidio, pero él la descubrió, por casualidad, en el primer lugar donde curiosearía un friki de la ciencia ficción amante de lo ajeno que estuviese buscando cualquier material que rapiñar: en la estantería en la que se alineaba, impoluta, toda la colección de Nueva Dimensión, los ciento cuarenta y ocho números de la mítica revista. El premio que había recogido poco antes en la convención hacía las veces de sujetalibros, y debajo de él sobresalía un voluminoso sobre apaisado con un mensaje escrito en klingon que, de hecho, era lo que mejor se entendía de aquel sindiós. Lo abrió y, en efecto, allí se hallaba, condensada, la verdad sobre todo, el legado definitivo del autor al mundo, su Yo acuso particular. El conocido del autor trató de recordar las pautas que le había suministrado un grafólogo cinco años antes, cuando por fin se le hincharon las pelotas y decidió denunciar al autor por acoso y amenazas. La demanda no había prosperado porque el autor se avino a un acuerdo extrajudicial; sin embargo, había fotocopiado el informe pericial del grafólogo, de modo que podía afirmar, sin el menor asomo de duda, que era la única persona de su entorno capaz de desentrañar la taquigrafía no euclidiana que el autor llamaba escritura. Había memorizado aquel informe, convencido de que tarde o temprano se alegraría de haberlo hecho. Y allí estaba. La nota era un delirio victimista repleto de aposiciones, anacolutos, oxímoron rebuscados y retorcidos hasta lo imposible, construcciones gramaticales con hasta cuatro adjetivos seguidos, e incluso alguna que otra sucesión de leísmos, laísmos y loísmos colocados de manera tan arbitraria como incorrecta. La nota estaba dirigida al mundo en general y a su editor en particular. También había un extenso párrafo dedicado a su corrector de estilo, que da la casualidad de que eres tú.
El autor y tú habíais salido tarifando porque en su última novela cometiste la…, ¿cómo lo definió?..., «atroz y aberrante osadía, digna de un amargado escritor frustrado, muestra viva del aserto conforme al cual “el que no folla, jode” y que no encontró más nicho ecológico que el de tachar letras, simular una especie de conocimiento arcano en forma de signos incomprensibles seguramente inventados y estropear originales con su ridículo rotulador con el único fin de vengarse de escritores con mayúsculas dotados de un concepto, ‘talento’, que tan patético individuo sólo podría comprender leyendo la definición en los diccionarios en los que se escuda para capar todo el vigor de una prosa brillante, como si dicho rotulador le concediese el poder de decidir sobre lo que está bien escrito y lo que no lo está, como un diosecillo ahíto de sangre y veneración ciega» de eliminar varias comas ubicadas entre sujeto y predicado. Cosas en plan «El Capitán, ordenó a la Tripulación de que havriera fuego contra la todopoderosísima flota Imperial», por ejemplo. El incidente había dado lugar a una amenaza de querella criminal y de rescisión de contrato que tu editor no se había tomado en serio, porque el que semejante sinsentido pudiera salir adelante resultaba a todas luces inviable. Sin embargo, aquel incidente te había costado perder varios días de trabajo porque el autor había inundado foros, blogs, listas de correo, cuentas de Twitter y frases de estado de Facebook con reelaboraciones, a cual más rebuscada y alejada de la cordura, de la caza de brujas sistemática a que la editorial estaba sometiendo a su manuscrito. Como urgía entregar las correcciones de modo que el libro entrase en imprenta a tiempo para que pudiera aparecer con motivo de la convención anual de literatura fantástica, todos los empleados de la editorial habían perdido varios días tratando de apagar el incendio con comunicados de buen rollo encaminados a tratar de serenar los ánimos y, sobre todo, tú habías cortocircuitado y, literalmente, faltaba un día para que entregases la corrección y no habías podido pasar del segundo capítulo, el editor tomó la decisión, irrevocable, de no tocar ni una coma del original, entregárselo al maquetador tal como se lo había remitido el autor, y que ocurriese lo que tuviera que ocurrir. Como es natural, le exigiste al editor que, ya que te había hecho perder varias semanas de tu vida y un par de posibles encargos, tuviese al menos la decencia de resarcirte con una compensación económica en concepto de lucro cesante. Te conformabas con que te abonasen (en negro, si podía ser) la mitad de lo que te correspondía; es decir, la tarifa que se suele estipular para los trabajos rechazados. En cualesquiera otras circunstancias podría haber colado, pero el editor estaba demasiado harto de aquel asunto, había tragado mucho y, en fin, te convertiste en su chivo expiatorio y te comiste todas y cada una de las lindezas que en realidad estaban destinadas al autor del manuscrito.
El libro se editó sin que se tocara ni una sola coma con respecto al original que había remitido el autor. Recibió los parabienes del sector de aficionados que estaban predispuestos a favor de él, le cayeron las hostias de rigor, procedentes del sector de aficionados que de todos modos lo habría masacrado a hostias, y cosechó la indiferencia más absoluta del sector de aficionados a quienes ese tipo de ficción ni les iba ni les venía. El mundo siguió girando, el autor montó la de Dios es Cristo cuando su preciada novela no llegó ni a finalista de un par de premios literarios cuyos estándares y filosofía hacían inconcebible la mera posibilidad de que alguno de los jurados pensara siquiera en votarla como candidata a finalista, la montó todavía más monumental cuando ganó el único premio que, por eliminación, sería capaz de ganar en su vida, y nada más regresar de la convención anual de literatura fantástica consiguió que cuatrocientos de sus dos mil amigos de Facebook lo bloquearan, eliminasen como amigo o denunciaran después de que se pasase un día entero enviando a toda su agenda de contactos un mensaje cada diez minutos acerca de la injusticia que se había cometido con su persona, del buen criterio de los votantes del único premio que había ganado y tal vez ganara en vida (obsérvese la cursiva enfática), de los turbios tejemanejes de la industria editorial, de las carencias sexuales de los maquetadores, ilustradores, editores y correctores de estilo, de su siguiente libro y de cómo el futuro le daría la razón, y todas las demás cosas que se dicen en estos casos. Después de semejante ordalía virtual, redactó un mensaje de correo electrónico a su editor, le adjuntó el manuscrito de su (esta vez sí) última novela, envió el mensaje, dejó la nota de suicidio en el lugar que consideraba más visible de su habitación, se desnudó, se dirigió al cuarto de baño y abrió el grifo del agua caliente.
—Con lo narcisista que era, yo me esperaba un suicidio como el de Larra —dejó caer su editor cuando te reuniste con él en la editorial. Acababa de regresar del entierro del autor, más que nada por hablar con los padres acerca de los detalles del contrato de edición, que su hijo no se había tomado la molestia de devolver firmado. La madre lo miró con auténtica inquina, trazó un garabato que denotaba una amplia experiencia en falsificar la firma de su hijo, le dijo «Hala, ahí lo tiene. Todo suyo» y regresó junto con su marido, para discutir la inminente venta del piso y, con el dinero que obtuvieran con la transacción, ir mirando residencias de ancianos donde poder acabar sus días plácidamente, sin la rémora de un hijo a quien había que darle hecho hasta el carajillo con galletas de media mañana y que no se había planteado abandonar el hogar paterno en ningún momento de sus casi sesenta primaveras. 

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viernes, 11 de noviembre de 2016

Leonard Cohen (1934-2016)

Así pues, una vez más se reunieron en la roca, al término del vigesimosegundo año, e Ish grabó el número 22 en la superficie lisa con el martillo y el cincel, justo debajo del 21. Como hacía un buen día y nada de frío, había acudido la comunidad entera, hasta las madres con los bebés. En cuanto el número estuvo grabado, todos, salvo los que eran tan pequeños que no sabían hablar, se desearon feliz año nuevo, según la costumbre que habían mantenido de los Viejos Tiempos.
Sin embargo, cuando Ish, siguiendo el ritual, preguntó cómo debían llamar al año, no obtuvo más respuesta que un silencio repentino.
Al final, quien tomó la palabra fue Ezra, el buen ayudante, el gran conocedor de almas.
--Este año han pasado demasiadas cosas y, le pongamos el nombre que le pongamos, siempre nos sonará mal. En cambio, los números consuelan y no traen malos recuerdos. Dejemos este año sin nombre y recordémoslo tan solo como el año 22.

George R. Stewart, La tierra permanece

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domingo, 6 de noviembre de 2016

"Estado de la CF española: ¿tradición o revolución?" en la EuroCon 2016: la mesa en sí.



Aquí está la mesa redonda sobre ciencia ficción española que hemos celebrado esta mañana en la EuroCon. Con polémicas incluidas. Como tiene que ser. 

Toda vuestra. Se admiten, es más, se imploran comentarios. 

miércoles, 2 de noviembre de 2016

"Lástima que fuera una puta" en WhiteStar



En la entrada anterior comenté que este mes de noviembre iba a hacer doblete narrativo. Pues bien, aquí está la información sobre el otro cuento que me publican; el tercero en dos años, después de quince años de parón, estoy que no me lo creo.
El relato en cuestión se titula "Lástima que fuera una puta" y aparecerá en la antología colectiva WhiteStar, que la omnipresente y necesaria Cristina Jurado ha seleccionado, y que la no menos omnipresente y necesaria Cristina Macía editará en breve en Palabaristas. De momento os enlazo la página de la antología en Facebook. Cuando aparezca el libro, prometo reseñarlo y ya entro en detalles y ofrezco enlaces al producto.
WhiteStar nació del estado de bajona generalizado que nos dio a muchos frikis cuando falleció David Bowie. Cristina Jurado, fan de Bowie y del género, tuvo la brillante idea de mezclar ambas cosas, y añadirle el componente reivindicativo: la escritora Pat Cadigan está luchando contra un cáncer de útero, quien más quien menos todos sabemos de primera o segunda mano lo que es el cáncer y, en resumen, es algo que nos motiva. Por todo eso, los beneficios que genere WhiteStar se destinarán íntegramente a la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC). En tiempo récord se cerró el plantel de colaboradores y se asignaron los trabajos, para no solaparnos: cada autor escribiría un relato de género fantástico, o una canción, o un poema (hay canciones y poemas, esta no es solo una antología narrativa) relacionados con canciones, ciclos, personajes o interpretaciones de David Bowie.
He estado a punto de hacer doblete (tenía una idea con "Fame" que creo que, de todos modos, voy a desarrollar en forma de cuento porque me hace gracia, y también me apetecía hacer algo con el Lodger, que es mi disco fetiche de Bowie), pero, como de costumbre, casi no entrego en fecha, de modo que me he atenido al plan original: escribir algo sobre "'Tis a Pity She Was a Whore" y "Sue (Or In a Season of Crime)", las dos canciones que componen el sencillo que Bowie editó en 2014, y que, con sustanciales mejoras en la producción y la instrumentación, incluye en su último disco, Blackstar, publicado apenas unos días antes de su fallecimiento.


La premisa era que el cuento se inspirase en esas canciones, no que las contase; entre otras cosas, porque para eso están las canciones originales. Por lo tanto, en "Lástima que fuera una puta" hablo de esas canciones, pero no hablo de ellas. Ya lo entenderéis cuando lo leáis, porque os hago el spoiler del siglo si cuento más. Digamos que he puesto toda la carne en el asador, me he vaciado por completo y, si bien no sé si es mi mejor cuento, puedo asegurar que es una de las ficciones en las que más me he implicado. Creo que se nota. La idea es que el cuento os siente como una chute de quimioterapia mientras escuchas un disco de David Bowie y algo se tuerce. Entre otras cosas, porque he pasado por esa experiencia, y más o menos soy capaz de transmitirlo. Más o menos.
Cómo no, también he creado una lista de reproducción de Spotify con las canciones que menciono en el relato. Que no se diga.
Acabo con dos extras: la introducción de WhiteStar (publicada con permiso de Cristina Jurado) y el sumario. 

WhiteStar:
Introducción
"Supongo que, si eliminamos toda la teatralidad, el vestuario y las capas externas de lo que hago, soy un escritor… yo escribo."
(David Bowie)


El 10 de enero de 2016 David Robert Jones, más conocido como David Bowie, fallecía en Nueva York víctima del cáncer. Tenía 69 años. Dos días antes había celebrado su cumpleaños, un hecho que hizo coincidir con la publicación del que sería su último trabajo musical, Blackstar, un álbum al que daba título el símbolo de una estrella negra. Era su álbum número veinticinco y el primero en el que no aparecía en la portada (a excepción de su segundo disco con Tin Machine, Bowie siempre se mostraba de alguna manera en las carátulas de sus trabajos). En noviembre y diciembre del año anterior, el público había podido disfrutar de dos singles, “Blackstar” y “Lazarus”, que aparecieron con sendos videoclips muy elaborados y repletos de una rica simbología.
Ahora sabemos que Bowie se estaba despidiendo.
En las horas posteriores al fallecimiento del cantante las redes sociales se encargaron de amplificar su vida y obra a través de mensajes, recordatorios, vídeos, entrevistas antiguas, fan art… El ciberespacio resultó ser un escenario ideal para recordar la figura de un artista integral que se definía así mismo como narrador de historias que, las más de las veces, cantaba, pero que también pintó e interpretó. Lector ávido y confeso, utilizaba técnicas como el cut up para elaborar las letras de sus canciones. 
¿Cómo no se nos iba a ocurrir organizar una antología de historias basadas en su exuberante universo? Él, que representó al alien visitante de la Tierra varias veces durante su vida, que encarnó a varios monstruos porque fue vampiro, Hombre Elefante y rey de los goblins, que se lanzó a las estrellas para iniciar y terminar su carrera, ha logrado crear tantos alias, tantas historias y tantas tramas tan íntimamente relacionadas con la fantasía y la ciencia ficción, que explorarlas era casi una obligación para quienes lo admiraban, por alguna razón o por muchas.
La antología que tienes entre tus manos no está compuesta por relatos convencionales porque Bowie tampoco fue un tipo convencional. Siguiendo su estela, los autores y autoras que se sumaron a la llamada que realicé, allá por enero del 2016, han tenido total libertad para imaginar mundos más allá de este que nos contempla. La premisa era sencilla: cada autor debía escoger una canción o un personaje del panteón del cantante británico en el que basar su creación. Vas a encontrar poemas, relatos de corte clásico y otros que alternan varios puntos de vista, artefactos que aúnan la imagen y el texto, y hasta singularidades, todos ellos en orden cronológico según la fecha de salida de la canción, película u obra de teatro en la que se inspiran. Vas a medirte con Ziggy, Jerome Newton, Aladdin Sane, Lazarus, Tesla y con el Comandante Tom, buscarás en el laberinto a Jareth, soportarás la inmortalidad con John Blaylock, acamparás en Marte, verás caer muros, contemplarás un desfile de seres mutantes y navegarás por las estrellas -¡Oh, sí, lo harás!- en las naves imaginarias creadas por escritores y escritoras de España, Uruguay, Argentina, Colombia y México. 
Quiero agradecer a Cristina Macía por poner a nuestra disposición su casa, que es la editorial Palabaristas, y por traducir de manera magnífica el cuento que el autor británico-israelí Lavie Tidhar escribió especialmente para este proyecto. No tengo palabras con las que expresar mi gratitud hacia Lavie que ha demostrado que, además de una extraordinario escritor, es una persona con un gran corazón. Thank you, Lavie! Ana Díaz Eiriz, fiel diseñadora, ha conseguido crear una portada espectacular que captura la esencia del Bowie camaleónico que todos admiramos. Quiero agradecer también a mi compañera María Leticia Lara Palomino por su trabajo incansable en las labores de edición, y a Israel Alonso por ayudarnos cuando nos faltaban ojos e ir más allá. Sin ellos, este libro nunca hubiera sido posible.
Rafael Cervera no lo dudó cuando le propuse escribir un prólogo que estuviera a la altura de nuestra empresa. Su profundo conocimiento sobre la obra y la figura de Bowie es el ingrediente que faltaba para que este libro cumpliera su cometido y fuese un hermoso tributo a su legado.
Si Blackstar es el testamento musical de David Bowie, WhiteStar quiere ser una celebración de su trayectoria como artista. De ahí el nombre, una imagen en positivo del título de su último álbum. Por ello, todos los beneficios que se obtengan con la venta de este libro irán a parar a la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC): ninguno de los que estamos involucrados entenderíamos nuestra participación de otra manera que no fuera solidaria ya que, desafortunadamente, todos hemos sentido en nuestras familias, grupo de amigos y conocidos, o incluso en nuestras propias carnes, el ensañamiento de esta enfermedad. 
Por eso, este libro está dedicado a Pat Cadigan, una de las autoras más importantes de ciencia ficción en la actualidad y alguien que conoce muy de cerca la lucha contra esta dolencia. La forma valiente y llena de sentido del humor con la que afronta su lucha difícil y dolorosa nos enseña que el verdadero super-poder está en mantener una actitud positiva ante las circunstancias más adversas. ¡Y ella tiene super-poderes, damos fe!
Transformemos, pues, como ella el dolor y los sentimientos negativos en algo positivo y constructivo: imaginemos historias. 
Estoy segura de que a David le hubiera gustado así.

Cristina Jurado
Dubai, septiembre de 2016

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Prólogo – Rafael Cervera
“It’s only forever” – Sofía Rhei
“Whitestar” – Israel Alonso
“Space Oddity” – Carmen Moreno
“Massenvernichtungsarchetypen. Una comedia bélica de serie B” - Luis Gámez
“Moonage daydream” –Alejandra Decurgez
“Llegué a Marte un miércoles” – Loli Molina Muñoz
“El hombre de las estrellas” – María Zaragoza
“La araña de Marte” – Ángel Luis Sucasas
“Fragmentos del Mesías Leproso” – Pablo Martínez Burkett
“Tocado por el rayo” – Juan González Mesa
“Wild is the wind” – Elisa Puerto Aubel
“La última elegía” – Ramiro Sanchiz
“La última tentación del hombre que cayó a la Tierra” – Armando Saldaña Salinas
“La gran herida” – Colectivo Juan de Madre
“Héroes” – Lavie Tidhar, trad. Cristina Macía
“Inchworm” – Cristina Jurado
“Mr. Merrick” – Eduardo Vaquerizo
Ese segundo de calma” - Concha Perea
“Putting out fire” – Guillermo Echeverría
“El hambre” – Víctor Selles
“Y eso era el amor moderno” – Iván Canet
“Merry Christmas, Mr. Bowie!” – Jorge Lacuadra
“Principiantes absolutos” – Laura Ponce
“La Olvidadera (Tu mundo se viene abajo)” - Aída Albiar García
“Playlist” – Néstor Darío Figuéiras
“I’m deranged” – Teresa P. Mira de Echeverría
“Y el caos me llama” – Francisco Jota-Pérez
“Heathen 2001” – Luis Cermeño
“En un abrir y cerrar de ojos” – Grendel Bellarouse
“Black hole/White hole” – Diana Gutiérrez
"Lazarus" - Laura López Alfranca
“Lástima que fuera una puta” – Juan Manuel Santiago

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Si queréis oírlas todas del tirón, aquí hay una lista de reproducción de YouTube en la que suenan en orden de aparición (que no es otro que el cronológico).


Lo dicho: es una antología que va a merecer la pena de todas, todas. Y, por si fuera poco, ¡habrá fiesta de presentación! El viernes 4 de noviembre, a partir de las 20:30 en Glups!, el espacio para ocio y bebercio que Norma Cómics tiene en el Passeig de Sant Joan, al lado de la librería.
Allí nos vemos. Disfrutad de la música y los relatos.




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"Son ilusiones" en Retrofuturo

Pues sí, pues sí, este mes de noviembre me publican no uno sino dos cuentos. Aquí voy a hablar del que escribí antes. Aparecerá en la antología Retrofuturo. Una mirada a los años 70, que ha seleccionado el simpar Guillem López y que edita la no menos simpar editorial gaditana Cazador de Ratas. La cubierta, de Iván Ruso, ilustra mi relato "Son ilusiones", por lo que no dejo de sentirme el chico de la portada. Es una sensación extraña, sobre todo cuando escribes ficción de uvas a peras y cuando todos tus compañeros de reparto pertenecen a la primera fila de autores de relatos de la actual ciencia ficción española: Alfredo Álamo, Colectivo Juan de madre, Jesús Cañadas, Nieves Delgado, Cristina Jurado, Guillem López, Layla Martínez, Francisco Jota-Pérez, Sofía Rhei, Tamara Romero y Marian Womack, por citarlos en orden alfabético, Soy incapaz de decidir qué relato me gusta más: el nivel medio es muy elevado, todos los relatos son muy originales, y de verdad que es una antología muy consistente, que nos hemos quedado muy a gusto escribiendo los relatos y yo apostaría a que va a ser una de las sorpresas agradables y estimulantes de esta recta final de año.



Ahora bien, ¿qué es Retrofuturo? Pues, como dice el subtítulo, una mirada a los años setenta. En clave evocadora. En clave desmitificadora. En clave mitológica. Se trata de constatar que los años setenta siempre estuvieron ahí, en la chulería, en la actitud, en lo ético y en lo estético. En la exageración. En la iconoclastia. Ahora que los años ochenta están tan de moda, gracias a fenómenos mediáticos como Stranger Things, nos hemos marcado un momento retro, en todos los sentidos del término, lo cual nos ha permitido una libertad creativa absoluta y un nivel de idas de olla fantástico, a la par que una revisión creo que coherente. Al respecto, se nota, y mucho, la labor de edición de Guillem López: sin hablar de una antología ideológica, sí queda claro que todos estábamos pensando más o menos en lo mismo, aunque, y esto es maravilloso, potenciando nuestros respectivos estilos y concepciones ideológicas de la década macarra por antonomasia.


Guillem López se ha marcado, en apenas dos años, la mejor novela de 2015, la que tal vez sea la mejor novela de 2016 y una de las antologías más potentes de los últimos años. ¿Quién da más?

En otra entrada destriparé los contenidos de la antología, aunque sin adentrarme en la crítica: queda feo, ya que soy parte interesada. Solo comentaré que el origen de este Retrofuturo viene de una ida de olla en Facebook, en la que Alfredo Álamo y Guillem López comentaban, en clave jijí jajá, cómo serían las películas de la blaxploitation setentera en plan Shaft, si estuvieran narradas en clave retrofuturista. Unos cuantos inconscientes entramos al trapo, y el resto, como se suele decir, es historia. Guillem formó equipo en tiempo casi récord, apenas hubo un par de bajas en el camino que fueron suplidas también en tiempo récord, no tardamos demasiado en encontrar editor y, a partir de ahí, fiesta.
Debo destacar la absoluta entrega de Guillem al proyecto, que ha ido más allá de lo que es una edición al uso. Lo conocí en unas circunstancias un tanto peculiares. Cisco Bellabestia y Sara Herculano, sus editores de Aristas Martínez, venían a Barcelona a presentar la magnífica revista Presencia Humana Magazine, con la que colaboré en algunos de sus cinco números. Era la época en que Mireia aún era muy pequeñita y su ritmo de sueño nos tenía locos, así que Cisco y Sara tuvieron el enorme detalle de acercarse por mi barrio para tomar unos cafés, ponernos cara y voz, y pasarme los ejemplares de cortesía de PHMgz. Los acompañaba Guillem, colaborador habitual de la revista. Le iban a sacar una novela, y también estaba preocupado por asuntos de pañales, ya que estaba a punto de ser papá. Conectamos bien, y a partir de ahí la cosa no hizo sino mejorar. Me pidió participar en la presentación de su novela Challenger, y más tarde en la de La polilla en la casa del humo. Además, me dio un cheque en blanco al pedirme participar en esta antología desde su misma concepción. No dejaba de sentirme el intruso, porque llevaba quince años sin publicar ficción (aún no había aparecido mi primer relato desde 2001, "Blanca como la arena", en el estreno de Equinox, Junto a la hoguera). Me ayudó mucho a dar con el tono del relato, a buscar el punto de vista adecuado (suya es la sugerencia de comenzar in medias res, que creo que es uno de los aciertos del relato) y, en resumen, a desbloquearme en los momentos en que parecía que no arrancaba a comenzar el relato y parecía que no iba a entregar a tiempo. En resumen, si he podido acabar "Son ilusiones" y participar en este Retrofuturo, ha sido gracias a él.
¿De qué trata "Son ilusiones"? Ya escribiré otra entrada sobre todas las claves
Por cierto, me he permitido un pequeño juego con el lector: una lista de reproducción en Spotify que contiene todas las canciones que se mencionan o sugieren en el relato. Si veis que falta alguna, me lo decís y la añado.  que se pueden contar sin incurrir en el spoiler, pero, grosso modo, es un cuento teslapunk con el que creo inaugurar el nonainopunk
Os habéis quedado como estabais, ¿verdad? Vuelvo a intentarlo. "Son ilusiones" es mi homenaje a los años setenta, que viví desde el cascarón, siendo consciente de que pasaba algo aunque demasiado pequeño como para participar en ello. Los discos que llevaban mis hermanos a casa eran cada vez más ruidosos o macarras. En la calle había cargas de los grises día sí, día también, y a mi madre le mataron a una exalumna en una manifestación. Lo que ahora nos venden en Cuéntame era una pura mandanga, ahí pasaba algo. La transición no era una canción de Jarcha o Rosa León, sino una canción de Los Chichos o de Leño. El extrarradio se movía, yo estaba tan cómodo en mi colegio de curas de barrio bien, pero porque era pequeñito y no salía. El cuento trata de esos años setenta intuidos, pasados por un barniz de certezas que adquirí con el paso de los años y, por supuesto, con lo que pedía Guillem: retrofuturismo a tope. El teslapunk llegó solo, de la mano de la arquitectura de Antonio Palacios, cuya obra al margen de sus delirios de los primeros tiempos del franquismo es en sí misma retrofuturista. Y luego le puse la banda sonora, y el componente ucrónico. Creo que no dejo nada al azar, aunque alguna inconsistencia habrá. No pasa nada, ya la desarrollaré en otras historias; de hecho, tengo una continuación apalabrada, y hasta ahí puedo contar.
Como digo, en otra entrada hablaré del resto de los cuentos, aunque sin entrar en jardines críticos literarios, solo para apuntar algunas claves interesantes. Y, cuando el libro esté a la venta, 
Lo importante: espero que compréis la antología, porque merece la pena, y la disfrutéis en su justa medida; es decir, mucho. Ya me la comentáis. Gracias y un beso.

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"Relaciones emocionales y familiares no normativas en la ciencia ficción", en la EuroCon

Pues sí, hago doblete en esta EuroCon 2016. Aparte de la mesa redonda sobre el estado de la ciencia ficción española, participo en esta otra: "Relaciones emocionales y familiares no normativas en la ciencia ficción", junto con Víctor García Tur, Silvia Vázquez y M. J. Negueruela. El acto se celebrará el sábado 5 de noviembre a las 17:30 en el Pati Manning del CCCB. 
Va a estar muy interesante. Yo en vuestro lugar no me la perdería. Lo de que no vayáis a estar en la EuroCon no es excusa: los actos se van a retransmitir por streaming. Más fácil, imposible.
Allí nos vemos.

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martes, 25 de octubre de 2016

"Estado de la ciencia ficción española: ¿tradición o revolución?", en la BCon (EuroCon 2016)

Parece que voy a ser un poco ubicuo en las próximas dos semanas. Además de lo que os comento en las entradas anteriores, el sábado 5 de noviembre hago doblete en la EuroCon.
A las 12:30 modero la mesa redonda "Estado de la ciencia ficción española: ¿tradición o revolución?", en la que habrá participantes de lujo: Cristina Martínez, Fernando Ángel Moreno y Lola Robles
El acto se celebrará en la Sala Raval del CCCB
Intentaremos abordar todos los elementos de cambio que hay en la actual ciencia ficción española, centrándonos en determinados aspectos que consideramos relevantes, y debatiremos largo y tendido acerca de si tenemos que ser tan chovinistas o tan derrotistas como siempre, o todo lo contrario. 
Si estáis por ahí, sería buena cosa que os acercarais, porque creo que va a ser un acto realmente interesante. Allí nos vemos. 

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"Stanisław Lem: una celebració del seu llegat", en el Ateneu Barcelonès

Que no decaiga: además de la charla que daré en la biblioteca Vapor Vell, el jueves 3 de noviembre a las 12:30 horas participo en otro acto sobre Stanislaw Lem. El Aula d'Escriptors del Ateneu Barcelonès (c/ Canuda, 6, 5º piso), en el marco de la EuroCon 2016 o BCon, acogerá una mesa redonda titulada "Stanisław Lem: una celebració del seu llegat". Los participantes seremos Salvador Bayarri, Antoni Munné-Jordà, Andrzej Sapkowski y servidor. Organizan la EuroCon y la Societat Catalana de Ciència-Ficció i Fantasia, con la colaboración de la Associación d'Escriptors en Llengua Catalana. 
Os esperamos a todos. 

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"Stanislaw Lem: Descubre al autor más completo de la ciencia ficción", en Biblioteca Vapor Vell

Del 4 al 6 de noviembre se celebra en Barcelona la convención europea de ciencia ficción (EuroCon). Bajo el nombre de BCon, durante tres días el Centre de Cultura Contemporània de Barcelona (CCCB) acogerá a frikis de toda Europa. Participaré en un par de actos, pero de eso ya hablaré en otra entrada.

Hoy quería hablaros de los actos paralelos a la EuroCon que ha programado el ciclo Ciència-ficció, t'agrada i ho saps (que, en traducción libre al castellano, podría decirse algo así como "Ciencia ficción, te gusta y lo sabes, ¡hey!"). Álex Vidal y el Consorci de Biblioteques de Barcelona se han currado una programación excepcional, con charlas a cargo de Hugo Camacho, Francisco Jota-Pérez, Helena Cuesta, Raúl Tudela y un humilde servidor.

En concreto, mi charla se titulará "Stanislaw Lem, descubre al autor más completo de la ciencia ficción", y tendrá lugar el próximo jueves día 27 de octubre a las 19:00 horas en la Biblioteca Vapor Vell (passatge Vapor Vell, 1, metro Plaça de Sants, L1 y L5).
Me la he planteado como una charla divulgativa menos técnica que la que habría dado en una hispacón o una eurocón ante un público especializado, lo cual, en el caso de un autor tan complejo como Stanislaw Lem, parece todo un desafío.
Por supuesto, invitados estáis. Allí nos vemos.









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jueves, 22 de septiembre de 2016

Richard Matheson, el maestro de la paranoia

Después de unos años retirado del ruedo, vuelvo a colaborar en ensayos colectivos con una aportación al fenomenal Richard Matheson: El maestro de la paranoia, que ha coordinado Sergi Grau, tal vez el mejor conocedor que hay de la obra del autor por estos pagos, y que edita Gigamesh como flamante número 1 de su colección Miscelánea.


El volumen consta de tres partes. En la primera, "Prolegómenos", Sergi Grau y Joan Renter hablan de la vida de Richard Matheson. En la segunda, "Narrativa", Lluís Vilanova, David Roas, Carlos Díaz Maroto, Álvaro San Martín, Tomás Fernández Valentí, Sergi Grau, Jordi Ardid y un servidor analizamos sus obras literarias. En la tercera, "Guiones para cine y televisión", José María Latorre, Juan Carlos Vizcaíno Martínez, Lluís Vilanova, Jordi Ardid, Joaquín Vallet Rodrigo, Tomás Fernández Valentí, Adrián Sánchez, Tonio L. Alarcón, Sergi Grau, Carlos Díaz Maroto y Álex Barba analizan a fondo la inabarcable faceta de Matheson como guionista de cine y televisión (creedme: de manera directa o indirecta, la mitad de vuestros recuerdos frikis de infancia y adolescencia tienen que ver con trabajos detrás de los cuales estuvo Matheson). En la cuarta, "Inédito en español", que a título personal es la que considero que os va a poner los dientes largos y vais a leer con una mezcla de interés y cabreo (¿cómo es posible que los westerns y policiacos de Matheson estén inéditos en español?), Adrián Sánchez, Álvaro San Martín, Sergi Grau, Lluís Vilanova, Jordi Ardid, Joaquín Vallet Rodrigo y Sergi Grau le dan un repaso al resto de la obra del autor. Y, además, como extras, la bibliografía y la filmografía del autor, cerca de veinte páginas, son de las que aturden por la cantidad y la calidad.

¿Qué puedo aportar a este volumen? Visto el nivel de los colaboradores, más bien poco. No obstante, lo he dado todo y he escrito un ensayo sobre la última novela fantástica de Matheson, Otros reinos, una interesante fantasía feérica que, cierto, es una obra menor, pero también se puede leer como un testamento literario y vital (la publicó un par de años antes de morir), y parte del ensayo sobre El hombre menguante, que es responsabilidad casi entera de Carlos Díaz Maroto.

Pero eso no es todo. Esta noche, en el marco de los fenomenales programas dobles de Phenomena (¡ese juego de palabras!), tendrá lugar la presentación del volumen, con la participación de Sergi Grau, Alejo Cuervo y parte de los autores del libro. Pero antes, proyección doble palomitera de El increíble hombre menguante y La leyenda de la mansión del infierno, para ir abriendo boca.
Sin duda, uno de los libros sobre ensayo fantástico más completos que van a salir este año. Ideal para leer en el avión. Y no será el único del que os hable en el blog. ¡Permaneced en sintonía!


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viernes, 16 de septiembre de 2016

El problema de los tres cuerpos, de Cixin Liu



Una de las novelas de ciencia ficción del año es El problema de los tres cuerpos, de Cixin Liu. Una verdadera maravilla. Ganó el premio Hugo, más que nada por el fuego cruzado de los peligrosísimos Sad Puppies, ya que había entrado de rebote en la papeleta final. Ni caso: bien ganado está. Y al lorito, porque lo tiene todo para llevarse el Ignotus del año que viene. Es una muy buena novela, y al parecer las continuaciones son mejores aún.
Por todo eso me parece procedente hablar de ella, aunque no escribiré reseña, sino un informe de lectura que elaboré hace tiempo para otra editorial. Esta desestimó la publicación de la novela por equis motivos, supongo que por el coste desmesurado de una traducción directa del chino y porque se trata de la primera novela de una trilogía, pero desde luego no fue porque mi informe fuese negativo. Como no me suelen poner problemas para colgar informes, lo hago, aunque, desde luego, eliminando referencias a la editorial y desvelando spoilers muy sangrantes. Eso sí, aviso: CONTIENE SPOILERS.
Y por último: no, no leo chino. El informe estaba elaborado a partir de la traducción de Ken Liu al inglés, que además dicen los entendidos que deja bastante que desear; ahí ni entro ni salgo.



TÍTULO:
The Three Body Problem (三体, en chino).

AUTOR:
Liu Cixin.

NUM.PÁGINAS:
304.



LECTOR Y FECHA LECTURA:
Juan Manuel Santiago. 18 de diciembre 2014.






- Resumen:

Primera parte: Primavera silenciosa.
Esta primera parte abarca de los capítulos 1 al 3 de la novela, funciona a modo de prólogo y se desarrolla en tiempo pasado (1967 a 1969).
En el primer capítulo asistimos a una dura escena de la Revolución Cultural en su apogeo en 1967: los guardias rojos están ajusticiando a Ye Zetai, un profesor universitario de la Universidad de Tsingua acusado de contrarrevolucionario. Su hija Ye Wenjei, astrofísica, ha sido testigo, y más tarde se enterará de que su hermana, Ye Wenxue, participó en el linchamiento. Es un verdadero auto de fe, al más puro estilo inquisitorial, y lo ajustician basándose en que las enseñanzas de la física occidental son reaccionarias y atentan contra la Revolución.
Ye Wenjei es enviada a un campo de reeducación en el nordeste de China. Está en una zona boscosa limítrofe con Siberia; de hecho, la crisis sino-soviética de 1969, que estuvo a punto de convertirse en una guerra abierta (¡y nuclear!) entre ambas potencias, se gesta en esta región llena de alerces y abetos. Ye Wenjei se hace con un ejemplar de Primavera silenciosa, de Rachel Carson, el primer ensayo que alertaba sobre la conciencia medioambiental. Parece una encerrona de su camarada Bai Mulin, pues al descubrirle el ejemplar a Ye, el comisario político toma represalias y la confina en el observatorio del Pico del Radar, que todo el mundo sabe que es una base militar. Este hecho cambia la historia de la humanidad, según nos advierte el autor, ya que Ye Wenjei comienza a trabajar en el Pico del Radar y sienta las bases de la búsqueda de vida extraterrestre y el primer contacto con los trisolarianos.
Así pues, Ye comienza a trabajar en la llamada Costa Roja, el proyecto relacionado con SETI que tratará de buscar vida extraterrestre en las radiaciones de fondo detectadas por el radiotelescopio de Pico del Radar. Allí conoce a Yang Weining, un matemático superdotado pero inútil en el trato humano, con quien acabará casándose por conveniencia.

Segunda parte: Tres Cuerpos.
Esta segunda parte abarca de los capítulos 4 al 20 y se desarrolla en tiempo presente (2007, momento en que transcurre el grueso de la acción) y en forma de flashback a 1969 y la década de 1970 (las investigaciones de Ye en la Costa Roja).
Treinta y ocho años después, en 2007, Wang Miao es un físico especializado en nanotecnología a quien se convoca a una reunión ultrasecreta con altos mandos del ejército chino, pero también de la OTAN y de la CIA. Se le encomienda una misión: infiltrarse en Fronteras de la Ciencia, una extraña organización compuesta por físicos que está derivando hacia postulados casi anticientíficos (postula la inexistencia de la ciencia) y que está sufriendo una epidemia de suicidios en sus filas.
Fronteras de la Ciencia parece un grupo de físicos e investigadores teóricos demasiado enfrascados en discusiones bizantinas (las teorías del tirador y del granjero, capítulo 6). Sin embargo, un buen día Wang empieza a percibir cosas raras. Ve series de números en los negativos de las fotografías que saca él con su cámara Leica; el fenómeno no se produce si quienes sacan las fotos son su mujer o su hijo. Llega a la conclusión de que es un aviso, y se trata de una cuenta atrás, aunque no sabe de qué se trata. Sufre ataques de pánico que le impiden trabajar en condiciones. Todo ello lo lleva a hablar con Shen Yufei, una brillante física. La visita en su casa y la ve enfrascada en un juego de realidad virtual: Tres Cuerpos. Entra en el juego.
Tres Cuerpos es una especie de videojuego en clave alegórica: siempre aparecen científicos destacados (Einstein, Newton, Von Neuman…) y el jugador interactúa con otros dos personajes, con los que mantiene charlas de un elevado nivel teórico. ¿Adónde va a parar Tres Cuerpos? Necesita varias partidas para intuirlo. En ellas se habla de Eras Caóticas y Eras Estables. Se trata de dilucidar cómo se evitan las primeras. Acabamos descubriendo que en realidad los personajes son los trisolarianos, habitantes de un planeta del sol triple de Alfa Centauri amenazados por una catástrofe medioambiental que los exterminará, por lo que deben huir del planeta; para ello entran en contacto con la humanidad, y Tres Cuerpos parece uno de los medios a través de los cuales se comunican.
Wang conoce a Ye Wenjie, que ahora es una anciana y es la madre de Yang Dong, uno de sus contactos. Ella lo insta a viajar a varios radiotelescopios. En ese momento descubre los mensajes que están llegando de los trisolarianos. Ye le cuenta a Wang lo que sucedió en la Costa Roja, cómo le contaron la verdadera naturaleza de sus investigaciones, en el marco del proyecto SETI, y cómo se trabó el primer contacto con extraterrestres. Las señales que enviaban recibieron una respuesta desalentadora: los humanos no debían responderlas, pues se trataba de una celada para determinar si había vida inteligente en la Tierra y, en tal caso, proceder a invadirla.
Wang sigue jugando a Tres Cuerpos, hasta que descubre la verdadera naturaleza del juego y puede pasar al segundo nivel. Wei Cheng le cuenta su historia, con homenajes varios al Arthur Conan Doyle de Estudio en escarlata, y se nos expone el llamado problema de los tres cuerpos, un enigma matemático enunciado por Henri Poincaré y que hasta ahora no ha sido resuelto.
Se produce un asesinato, y todas las pistas llevan a Pan Han, un fanático de la lucha contra el cambio climático. En este punto aparecen la ETO (Organización Tierra-Trisolarianos), que está detrás de Tres Cuerpos, fue fundada por Mike Evans, un naturalista que resulta ser heredero de un magnate petrolero, y que vive una auténtica guerra civil entre dos facciones: adventistas y redencionistas. Es prácticamente una secta que cree en el carácter casi divino de los trisolarianos, también llamados el Señor. Las comunicaciones recibidas informan de que ya están en marcha hacia la Tierra y que faltan cuatro siglos para su llegada. En este punto, los miembros de la ETO difieren acerca de lo que deben hacer al respecto, aunque el sentido es el mismo: han perdido la fe en la especie humana, que está destrozando el planeta, y entienden que deberían hacer todo lo posible para que los trisolarianos nos impongan sus sistemas de valores.

Tercera parte: El crepúsculo de la humanidad.
Esta tercera parte abarca de los capítulos 21 al 34 y también se desarrolla en tiempo presente (año 2007) y con flashbacks a la década de 1970…, así como con unos capítulos finales en que vemos por fin a los trisolarianos.
(Y hasta aquí puedo contar. Si queréis saber qué pasa, os la leéis.)



- Trama:
Es la historia de los prolegómenos de una invasión extraterrestre narrada desde los puntos de vista de los científicos encargados de los diferentes proyectos que se suceden a lo largo de cuarenta años para tratar de comunicarse con los trisolarianos, una cultura alienígena oriunda del sistema de Alfa Centauri, a cuatro años luz de la Tierra, que ha sido víctima de una catástrofe medioambiental que la obliga a buscar un nuevo mundo donde habitar.
A lo largo de las trescientas páginas del libro vemos los pormenores de las investigaciones sobre la búsqueda de vida extraterrestre, así como un elemento de ciencia ficción dura, el problema matemático de los tres cuerpos, que resulta fundamental para entender la trama. El juego homónimo es una manera que tiene el ETO de captar adeptos, pero también de intentar resolver este problema y, de paso, averiguar cuáles son las intenciones de los trisolarianos.
Lo que se nos presenta al principio como las historias yuxtapuestas de dos generaciones de astrofísicos chinos acaba convirtiéndose en una novela de invasiones extraterrestres, de catástrofes y elementos de thriller, con organizaciones secretas casi terroristas y muchas reflexiones sobre la senda autodestructiva de la Tierra por los propios humanos, las diferencias entre las mentalidades occidental y oriental, y las diferencias entre la mentalidad humana y la mentalidad trisolariana. El final abierto nos deja en las puertas de [omito el SPOILEEEEEERACOOOO] las siguientes dos novelas de la trilogía: El bosque oscuro y Callejón sin salida.
En el fondo, la novela versa acerca de la búsqueda del conocimiento, tanto científico como humano.

- Género:
Es una novela de ciencia ficción transhumanista con guiños a la ciencia ficción dura, de primer contacto y de invasiones extraterrestres. También tiene elementos de novela histórica (de la historia de la Revolución Cultural), extrapolación sobre el fenómeno de las sectas y el terrorismo de última generación, no pocas pinceladas de inquietudes medioambientales y, en resumen, un delicadísimo equilibrio en torno a temáticas new age o directamente “magufas”, en las que el autor no cae porque conserva todo el rigor científico, pero que, si se lee de manera apresurada, sí se podría caer.



Opinión del lector
 -Valoración literaria (de 1 a 10):
9
Se trata de una de las mejores novelas de ciencia ficción que se han publicado en los últimos diez años, en general y sin distinción de subgéneros ni de procedencia geográfica. A pesar de algunos altibajos (el final aparece un tanto forzado [aquí contaba OTRO SPOILER, LALALALÁAA]), y de que se ven con claridad algunas hechuras (el viejo método de que alguien muy instruido en una materia le hace una explicación profusa a un lego, con lo que se explica al lector una teoría científica, por ejemplo), se puede decir que es una novela casi redonda, con un estilo aparentemente sencillo pero con una gran complejidad que, no obstante, no entorpece la lectura.

-Valoración comercial (de 1 a 10):
8
[...] Si se realiza una promoción que insista en el factor diferencial, el hecho de ser LA novela de ciencia ficción china (y, por ende, LA novela de ciencia ficción no anglosajona o no occidental), puede ser una sorpresa.
Si se le da un tratamiento indiferenciado del resto de novelas publicadas en el sello, tiene elementos de sobra para defenderse por sí sola: es una buena novela [...] y el boca oreja puede funcionar muy bien para promocionarla.
El autor y la obra son lo suficientemente interesantes como para intentar traerlo a España de gira promocional. Aseguraría prensa y podría ser cabeza de cartel en eventos como la Semana Negra, Celsius o alguna posible nueva edición de Kosmopolis. De hecho, el autor sería más vendible entre medios generalistas que entre medios especializados.
Se trata de la primera parte de una trilogía. Parece ser que la tercera parte es aún mejor que esta, por lo que lo ideal sería que apareciese íntegra [...]. Esto entraña riesgos comerciales y de planificación, ya que no solo habría que pensar en esta novela, sino también en las dos siguientes.




 -Comentario crítico:
Esta novela puede suponer el descubrimiento de una ciencia ficción no anglosajona, la china, aunque está escrita de una manera apta para el consumo de lectores occidentales.
El problema de los tres cuerpos se puede adscribir a partes casi iguales a las corrientes de la ciencia ficción dura (la primera parte) y la ciencia ficción transhumanista (la segunda parte), lo que la convierte en un nexo entre dos maneras de entender el género que no siempre han corrido en paralelo ni se han llevado bien. Es, pues, una novela interesante para comprender hacia dónde va el género en la segunda década del siglo xxi.
La ambivalencia entre lo occidental y lo oriental aparece de manera explícita en muchos pasajes del libro (en el juego Tres Cuerpos aparecen físicos y científicos occidentales, como Einstein o Newton, que les dan las claves necesarias a los protagonistas chinos, pero también vemos a un occidental como Evans que idea el ETO gracias al influjo oriental del budismo. Todo ello acentúa la idea de yin y yang, así como la interrelación entre dos mundos, Oriente y Occidente, que se nos suelen vender como compartimentos estancos. Liu Cixin dedica varios comentarios, a título de narrador pero también en bocas de sus personajes, a esta ambivalencia.
Como ciencia ficción, El problema de los tres cuerpos es impecable, aunque tal vez pierda algo de fuelle en los últimos capítulos [SPOILEEEER de dos párrafos que quito].
El pulso narrativo del autor es firme, y produce momentos deslumbrantes, como las descripciones de las purgas de la Revolución Cultural o algunas escenas dentro del juego de Tres Cuerpos. Liu Cixin escribe algunas de las páginas más apasionantes de la ciencia ficción mundial de los últimos diez años, y merece la pena darlas a conocer al lector español.


 -Sensación epidérmica:
Se trata de una muy buena novela, que lógicamente queda un tanto incompleta, ya que es la primera parte de una trilogía. Ofrece, de manera consecutiva, muy buenas descripciones de la Revolución Cultural, la situación del científico en China (y, por extensión, la figura del científico solitario), el funcionamiento del juego Tres Cuerpos, los pormenores del funcionamiento de la ETO y, por último, una aproximación a los trisolarianos, los verdaderos protagonistas de la novela.


 -¿Lo regalarías? (si es que sí, ¿a qué tipo de persona?)
Sí. A interesados en ciencia ficción en general (me temo que sería uno de los libros importantes del año, incluso posible finalista de los Ignotus), pero también a gente interesada en el Lejano Oriente en general y en China en particular. Y, por supuesto, a físicos, astrofísicos y amantes de los problemas matemáticos.
- Comparación con otros autores / libros:
Autores de ciencia ficción dura ambientada en época actual y que hagan énfasis en la problemática del científico: el Gregory Benford de Cronopaisaje, o de las obras de David Brin o Robert Sawyer.
Ciencia ficción transhumanista, una de las corrientes principales del género ahora mismo, gracias a la inspiración de Arthur C. Clarke, la renovación que supuso Greg Egan y los trabajos actuales de Peter Watts.
La ciencia ficción clásica recibe numerosos homenajes, el más evidente de todos a “La bola de billar”, un cuento de Isaac Asimov que se encuentra en su antología Estoy en Puertomarte sin Hilda y que, en resumen, expone el problema de los tres cuerpos que da título a esta novela.
Stanislaw Lem. La misión de Wang Miao es parecida, en un primer momento, a la del protagonista de La investigación: tiene que investigar una serie de muertes que no se sabe si son asesinatos, ni si tienen móvil u oportunidad.
La ciencia ficción de última generación. Está en la misma onda que los autores que están marcando el paso de la nueva década, como Aliette de Bodard o, claro está, Ken Liu, quien además es el traductor de esta novela al inglés.
Al igual que sucedió hace tiempo con Años de prosperidad, de Chan Koonchung, este título puede trascender las fronteras del fandom precisamente gracias a la procedencia china del autor. La CF oriental puede deparar sorpresas como Liu Cixin o el japonés Yasutaka Tsuitsui. Fuera del ámbito occidental, podemos ampliar a lo que escribe Ben Okri en África.
Novelas “de primer contacto”, desde Contacto de Carl Sagan hasta el ya citado David Brin o el Stanislaw Lem de Solaris.
A tenor de lo que se lee en los últimos capítulos y las referencias disponibles de los otros dos títulos de la trilogía, la obra se enmarca en la ciencia ficción catastrofista y “de invasiones extraterrestres”, desde el H. G. Wells de La guerra de los mundos hasta las series televisivas V y Falling Skies, pasando por el clásico más pesimista del subgénero: Los genocidas, de Thomas M. Disch, que parte de la misma premisa (apenas somos unos insectos molestos para los invasores extraterrestres).
El retrato que efectúa Liu Cixin de las discusiones sectarias entre adventistas y redencionistas, así como algunas otras soluciones literarias del autor al describir el entorno del ETO y sus connotaciones sectarias y “platilleras”, remiten a novelas como La posibilidad de una isla, de Michel Houellebecq.
La manera en que juega con los problemas matemáticos (el de los tres cuerpos) la hace muy recomendable, por un lado, para lectores aficionados a los pasatiempos lógico-matemáticos (a lo Martin Gardner), pero, por otro, a los interesados en esta materia en un plano profesional (físicos y matemáticos con inquietudes literarias).
Hay un homenaje muy evidente a Estudio en escarlata, de Arthur Conan Doyle, lo que podría emparentar esta novela, de manera leve pero consistente, con Sherlock Holmes.
La parte del juego Tres Cuerpos tiene elementos casi de película wuxia (para entendernos, cine a lo Tigre y dragón).

- Público al que va dirigido: 
Lector de ciencia ficción dura (pero sin pasarse), como el Gregory Benford de la ya citada Cronopaisaje.
Lector de ciencia ficción transhumanista.
Lector que quiera estar a la última de lo que es ahora mismo la ciencia ficción.
Amantes de la ciencia ficción “exótica” no anglosajona. Ya hemos hablado de Chan Koonchung.
Aficionados a novelas de ciencia ficción (o no) en las que los juegos o videojuegos formen parte fundamental de la trama. La referencia implícita en algunos pasajes es El juego de Ender, de Orson Scott Card, aunque luego deriva por otros derroteros.
Lectores de novelas “de primer contacto”, desde Carl Sagan hasta el ya citado David Brin o el Stanislaw Lem de Solaris.
Lector de ciencia ficción catastrofista y “de invasiones extraterrestres.
Fuera del género fantástico, la novela puede ser una lectura muy valiosa para interesados en China, la cultura china, la historia china reciente (en particular, la Revolución Cultural).
Aficionados a pasatiempos matemáticos y problemas matemáticos en un nivel más serio. Matemáticos, físicos y astrofísicos.

- ¿Lo publicarías?
Sí. Es una novela magnífica, nos abre las puertas de la ciencia ficción china (de la que apenas ha aparecido material en España) y, por las referencias que manejo, la tercera de la trilogía es aún mejor, lo que haría aconsejable publicar el ciclo completo.


- Propuestas de título: El problema de los tres cuerpos está bien, ya que los lectores aficionados a los problemas matemáticos entenderán a qué se refiere, aunque no cuadra mucho con el nombre del juego que es determinante en la novela, por lo que tal vez habría que dejarlo en Tres cuerpos a secas (o Tres Cuerpos, si el criterio de la editorial es que los nombres de videojuegos vayan en caja alta). También sería conveniente esete título si tenemos en cuenta que los siguientes títulos de la trilogía serían El bosque oscuro y Callejón sin salida, mucho más concisos que El problema de los tres cuerpos. Aun así, la primera opción parece mejor.


Cuestiones particulares:
- Problemas de traducción/adaptación/edición:
Se trata de una novela escrita originalmente en chino, lo que complica la posible traducción. En el informe hemos trabajado a partir de la traducción al inglés que efectuó Ken Liu, uno de los autores de referencia de la ciencia ficción actual. Su mera presencia en esta edición es un factor que puede ayudar a venderla (de hecho, sería interesante conservar la nota final del traductor, aunque al final se traduzca directamente del chino).
No obstante, Liu Cixin ha publicado un relato en la antología Terra Nova 3, aparecida en Fantascy. Se tradujo directamente del chino, y el traductor de ese relato, Javier Altayó, parece la persona más indicada para traducir esta obra. También sería interesante publicar una nota del traductor similar a la de Ken Liu, lo que le daría un valor añadido a la obra. La obra contiene numerosas referencias históricas, pero también mucha ironía, por lo que la traducción puede ser difícil, pese a la facilidad con que se lee la obra. También complicaría las tareas de revisión del texto.
Mariano Villarreal comenta que fue toda una odisea contratar en cuento de la antología ya citada. Cabe suponer que ese escollo a la hora de la gestión de los derechos ya se ha superado, y que hay línea directa con el agente o representante del autor, lo cual facilitaría la contratación de esta obra.

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