martes, 1 de diciembre de 2020

Informe de lectura: "La jornada laboral de 4 días", de Tim Ferriss

 Parece ser que toda la derecha mediática anda llamando de todo a Íñigo Errejón por proponer una práctica socialmente aceptada en el primer mundo (véase Nueva Zelanda): la jornada laboral de cuatro días. No termino de ver qué interés puede haber a estas alturas de vida y de pandemia para tener al personal atado a una oficina cincuenta o sesenta horas a la semana, más allá de la ineptitud del empresario y de la falsa sensación de prestigio. El debate no solo no es nuevo, sino que ya tiene unos añitos, y, como digo, en estos tiempos de pandemia parece haber reflotado. Más País se apunta un tanto al volver a plantearlo, ya que viene a complementar las medidas que el gobierno está adoptando en el sentido de fomentar el teletrabajo. En el fondo, se trata de que la vieja pretensión que llevó a establecer la jornada laboral de ocho horas (ocho horas para trabajar, ocho horas para descansar, ocho horas para dormir) no sea un mero eslogan que demuestre que hace un siglo vivíamos mejor que ahora. Digo yo que conciliar tendría que ser una opción. Pero qué sabré yo, que soy autónomo y me estoy acostando, de media, a las dos de la madrugada, porque es la única manera de cumplir con mis clientes.

A lo que iba, este debate abre un melón que ya tiene sus añitos. Allá por 2009 realicé un informe de lectura de un libro que iba precisamente de algo parecido: La jornada laboral de 4 horas. No hace falta trabajar más, de Timothy Ferriss (RBA). No es exactamente el asunto, pero en el fondo va de lo mismo: racionalizar el horario de trabajo tiene consecuencias positivas; trabajar por trabajar, pues no. Por supuesto, muchas de las afirmaciones del autor son objetables, pero tendría gracia que una de ellas fuera criticar que base su argumento en la economía marginalista y el óptimo de Pareto, máxime teniendo en cuenta que las críticas a la propuesta de Errejón vienen sobre todo de Chicago Boys y fandom vario de la Escuela de Viena. Acá va el informe. Que os guste.



Autor: Timothy Ferriss

Título: La semana laboral de 4 horas. No hace falta trabajar más

Título original: The 4 Hour Workweek

Editorial: RBA, col. Nueva Empresa

Páginas: 367

Fecha de edición: Mayo de 2008

ISBN: 978-84-98672053

 

 

IMPRESIÓN GENERAL

 

Es un libro bien escrito y muy entretenido acerca de lo que Timothy Ferriss denomina Diseño Vital, una disciplina encaminada a optimizar el tiempo de trabajo y librarse de las ataduras de la jornada laboral que tradicionalmente se desarrolla en una oficina.

Basándose en su experiencia personal, Ferriss esboza las características que debe tener un Nuevo Rico (entendiendo el término sin los matices peyorativos que adquirió el término la época del “pelotazo” en España), concepto al que opone el de Aplazador. La diferencia entre unos y otros está clara: los primeros son los que consiguen amasar una fortuna y se pueden dar a la buena vida alternando sus compromisos laborales con largos períodos vacacionales (momento en el que Ferriss acuña otro de los conceptos sobre los que gira el libro, el de minijubilación), mientras que los segundos son los que viven para trabajar, confiando en que dentro de muchos años llegará la recompensa a toda una vida de esfuerzos: la jubilación tradicional. Entre una y otra opciones, Ferriss se queda con la primera, y la considera mucho más inteligente. Dedica el resto del libro a explicar cómo se puede alcanzar ese objetivo.

El estilo es muy ameno, y está lleno de experiencias personales y ajenas, al más puro estilo del libro estadounidense sobre empresa. Sin embargo, son varios los elementos que lo hacen diferente de los libros de empresa al uso.

En primer lugar, la edad y la experiencia del autor. Uno de los reclamos más evidentes de La semana laboral de 4 horas estriba en que Ferriss tiene sólo veintinueve años, y no sólo ha conseguido poner en marcha un próspero negocio de suplementos alimenticios para cadenas de gimnasios, sino que es un auténtico trotamundos y ha aprovechado la vida al máximo (gracias a los métodos que propone en el libro), en disciplinas tan variadas y dispares como el aprendizaje de idiomas, el kickboxing o el tango.

En segundo lugar, por la cantidad de recursos que utiliza el autor poco habituales en los libros de empresa. Hay varios momentos, en particular en el último capítulo, en el que La semana laboral de 4 horas no parece un libro de empresa, sino un libro de viajes. El resultado final queda algo cojo, porque, como el mismo autor reconoce, la última parte no guarda relación con el resto de la obra, pero se puede leer de manera independiente, como lo que es: una serie de consejos y de páginas web destinadas a optimizar unas vacaciones prolongadas en cualquier parte del mundo.

En un momento como el presente, en el que la Unión Europea está planteándose aumentar la jornada laboral semanal hasta un máximo de 65 horas, La semana laboral de 4 horas podría ser un buen punto de partida para generar un debate de ideas en torno a la propuesta comunitaria. La conclusión de Ferriss no puede estar más alejada de la de la Unión Europea.

 

 

RESUMEN

 

La semana laboral de 4 horas comienza con un relato en primera persona. En él, Ferriss nos cuenta cómo se las apañó para ganar el campeonato del mundo de tango después de haberse preparado en apenas unas semanas. A continuación, nos desgrana su currículum, en el que se mezclan los éxitos empresariales con los deportivos, en un batiburrillo de experiencias que nos permiten hablar de un culo de mal asiento, un emprendedor (o Nuevo Rico) de menos de treinta años que ha consagrado la vida a ganar el máximo de dinero con el menor trabajo posible, con una finalidad clara: alternar el trabajo con largos períodos de vacaciones, que él llama minijubilaciones.

Ferriss propone una regla mnemotécnica muy simple para conseguir este objetivo: DEAL (trato, en inglés). Asimismo, se hace cargo de que, en el caso de los trabajadores por cuenta ajena, resulta muy difícil llevar a cabo su propuesta, motivo por el que cambia el orden de los elementos, de modo que su fórmula se resume en DELA; no obstante, a estos últimos los enseña a dar los primeros pasos  para conseguir un objetivo en absoluto descabellado: trabajar desde casa, después de haberle enseñado a sus jefes que la presencia del trabajador en su puesto de trabajo no siempre es necesaria, ni, en ocasiones, rentable.

En todo caso, los elementos son los mismos, y a ellos les dedica el resto del libro.

 

D de Definición.

Ferriss define Nuevos Ricos como lo opuesto de Aplazadores. Las actitudes de ambos grupos no pueden ser más contrapuestas: mientras que la meta de los primeros es ganar dinero y luego dedicarse a vivir trabajando lo menos posible, la de los segundos es trabajar a lo loco durante treinta o cuarenta años para, una vez alcanzada la jubilación, disfrutar de un merecido descanso, que normalmente termina en un retroceso socioeconómico o en el aburrimiento más absoluto.

Asimismo, el autor desmonta varios tópicos acerca del hacerse rico por hacerse rico. Considera la riqueza como algo relativo, un concepto que, en la más pura línea de los marginalistas del siglo xix, depende tanto de factores objetivos (el salario ingresado) como subjetivos (el placer que el consumo –o, en este caso, el dinero– le produce al individuo). Así pues, considera más rico (y, por tanto, más proclive a ser un NR) al individuo que gana 40.000 dólares anuales trabajando 20 horas semanales que al que gana 500.000 trabajando 80 horas semanales. El primero tiene libertad para disfrutar de su tiempo libre; el segundo está atado a su trabajo. El libro enseña a desprenderse de estas ataduras.

A continuación, Ferriss nos cuenta cómo ganó el campeonato de China de kickboxing con un estilo pésimo, sin dar ni una sola patada y gracias a dos vacíos legales que encontró en el reglamento de la competición. Con ello nos introduce en los principios que deben guiar la actuación del NR: trabajar menos no es ser un vago, sino optimizar el tiempo; es mejor tomar la iniciativa y cometer errores que paralizar la cadena de producción por estar esperando una orden del superior, que a veces no llega; en vez de perder tiempo puliendo errores, hay que invertirlo en fomentar las virtudes propias; la meta no es ganar dinero, sino emplearlo para proporcionarse placer (en resumen, la gente no quiere ser rica porque sí, trabajar por trabajar [TxT], sino porque de este modo pueden acceder a la buena vida que se le presupone a los ricos, y que Ferriss enseña a encontrar, tal vez sin haber ganado un montón de dinero); a aprovecharse del estrés bueno o eustrés, que es lo que impulsa a la gente a ser competitiva y trabajar por luchar sus objetivos; a saber identificar los miedos relacionados con el trabajo y, por tanto, vencerlos; y, por último, a plantearse lo que el autor denomina onirograma, un gráfico en el que se pueda plasmar de manera realista el diseño vital encaminado a aprovechar al máximo los deseos y posibilidades del individuo, y que responde a una serie de preguntas básicas (cuáles son los sueños factibles, los ingresos mínimos para conseguirlos, y los plazos más razonables para lograrlos).

 

E de Eliminación.

Es un capítulo más teórico que el anterior. Juega con los conceptos de productividad, eficacia y eficiencia, que a veces andan reñidos. Ferriss vuelve a los marginalistas; en concreto, al denominado “óptimo de Pareto”, que, en su explicación, viene a querer decir que el 80 por ciento de los beneficios procede del 20 por ciento de los clientes, o que el 80 por ciento de los resultados será posible gracias al 20 por ciento del trabajo realizado. La enseñanza de este análisis del 80/20 es clara: hay que eliminar el trabajo y los clientes superfluos, los que hacen perder tiempo y dinero, y centrarse en los verdaderamente rentables. Ello se consigue aprovechando los siguientes elementos: publicidad, venta por Internet, horarios flexibles (en este apartado es muy mordaz con la jornada laboral tradicional) y la ley de Parkinson (según la cual las tareas más importantes son las que se realizan con un plazo perentorio, mientras que las que se postergan tienden a ser las menos relevantes). Si se acorta el tiempo de trabajo, sólo quedarán las tareas realmente importantes; si se limita la cartera de clientes, sólo nos quedaremos con los realmente importantes. Todo nos lleva al mismo punto.

Para perfeccionar esta fase, Ferriss propone limitar el acceso a información superflua (leer el correo electrónico una sola vez al día, por ejemplo), simplificar al máximo las instrucciones a los subordinados (reducirlas a encargos directos, con instrucciones concretas, realizables en un plazo perentorio) y prescindir de las reuniones de trabajo (hasta conseguir gestionar los asuntos importantes mediante correos electrónicos). Con todo ello, se reducirá la dependencia del trabajador con respecto al puesto físico de trabajo, así como la dependencia de la empresa con respecto a las decisiones del jefe, lo que facilitará la consecución de la siguiente fase.

 

A de Automatización.

Una vez lograda la eliminación de trabajo superfluo, estará más cerca la automatización del mismo, de modo que el individuo pueda prescindir del puesto de trabajo físico y teletrabajar (en el caso de los trabajadores por cuenta ajena que lean este libro) o lanzarse a la primera de una larga serie de minijubilaciones alrededor del mundo (si se es un Nuevo Rico). El objetivo es liberar tiempo para dedicarse a cosas más enriquecedoras.

Eso sí, el elemento necesario para lograr la automatización es la subcontratación de trabajadores o ayudantes virtuales que realicen las tareas que el NR llevaba a cabo en su puesto, y no siempre es fácil de ejecutarse. Ferriss recomienda subcontratar en la India, por una serie de motivos: no existe barrera idiomática, están cualificados y los horarios laborales son complementarios con los de los Estados Unidos, por lo que, literalmente, las tareas urgentes se puede llevar a cabo desde la India mientras el NR está durmiendo en la Costa Oeste.

Las tareas a subcontratar deben ser las más mecánicas, los trabajos engorrosos que requieran la presencia física del NR: mantenimiento de páginas web, programación de reuniones, compras por Internet, redacción de documentos, preparación de presentaciones...

Ferriss vuelve a insistir en la necesidad de dar instrucciones precisas, así como realizables, y plazos concretos, y exige como contrapartida la confirmación por parte del ayudante virtual de que ha entendido las instrucciones, con la recomendación de realizar parte de la tarea inmediatamente después de haber recibido las órdenes, para comprobar que efectivamente son unas tareas a su alcance. En la vida cotidiana suele ser frecuente encomendar tareas sin haber comprobado la capacidad real del trabajador para llevarlas a cabo.

En este punto, el libro se vuelve más práctico. Ferriss habla de modelos de negocio concretos que se pueden poner en marcha mediante estos parámetros. Todos ellos tienen elementos comunes: buscar el nicho de mercado adecuado, encontrar ideas para posibles productos antes de efectuar la primera inversión (y, para ello, se pueden licenciar, crear o distribuir), ensayar el producto (mediante pedidos en páginas web, de modo que el producto no se fabrique hasta que haya una cantidad determinada de solicitudes en firme), ser mejor que la competencia y lanzar el producto.

Una vez alcanzado este objetivo, se puede simplificar aún más la estructura de la empresa y, sobre todo, la presencia física del NR en la misma. Es el momento de hacerse con los servicios de un ayudante personal, persona de máxima confianza que toma decisiones relevantes en ausencia del dueño del negocio. Asimismo, se automatiza la toma de decisiones y se fija un tope económico por debajo del cual algunas operaciones no requieren del visto bueno del propietario.

 

L de Liberación.

En el caso de los trabajadores por cuenta ajena, el punto anterior se puede dejar para el final; en tal caso, lo prioritario es alcanzar esta fase antes que la automatización. Ferriss nos ofrece un caso práctico en el que, mediante negociaciones continuas con el jefe, un empleado puede alcanzar el objetivo de teletrabajar desde su domicilio. Hay que realizarlo de manera escalonada, dejando siempre la capacidad última de decisión en manos del jefe, y apoyándose en los resultados, la capacidad de negociación y la elaboración de guiones de trabajo que exponerle al jefe. Ferriss ofrece modelos de conversación y palabras clave, que no sólo serán útiles para negociar el teletrabajo, sino también para cualquier otro aspecto de la vida laboral. La meta es hacerse imprescindible, pero demostrando que el rendimiento aumenta fuera del centro de trabajo.

Ferriss enseña a afrontar los miedos e inseguridades que esta decisión tan importante puede generar en el trabajador: no tiene por qué ser una decisión irrevocable (siempre hay que dejar una puerta abierta, por si la experiencia no es positiva), ni tiene por qué afectar a los ingresos económicos, ni a la cotización para la jubilación, ni al currículum (y en este punto, Ferriss ofrece recursos muy variados para convertir este elemento en una ventaja en una hipotética entrevista de trabajo).

A continuación, Ferriss desarrolla el concepto de minijubilación, largos períodos de vacaciones, que el trabajador disfruta y, en ocasiones, compatibiliza con el trabajo. No deben ser viajes estresantes, ni circunscribirse a las rutas habituales; más bien, deben ser estancias en lugares concretos, de modo que nos dé tiempo a conocer su idiosincrasia. Ferriss propone desprenderse de las ataduras materiales, y programa el proceso desde los tres meses anteriores al viaje. Hay que viajar con el menor equipaje posible; ya habrá tiempo de comprar ropa en el lugar de destino.

Por último, se citan varias páginas web de interés para el viajero. Más que un libro de empresa, en este punto la obra se parece a la Guía del trotamundos. Los recursos citados están bastante actualizados, por lo que el lector podrá sacarles el máximo provecho, independientemente de que esté embarcado en una minijubilación o no. El broche final lo ponen algunas reflexiones personales de Ferriss acerca de la vida, el universo y todo lo demás (a modo de resumen) y un listado de lecturas recomendadas.

 

 

ASPECTOS POSITIVOS

 

El libro no es estrictamente una guía sobre cómo tener éxito en los negocios, sino que se convierte en una serie de consejos sensatos acerca de cómo aprovechar el tiempo al máximo. No siempre se podrá cumplir la regla de DEAL (o DELA), pero se pueden aprender bastantes buenos hábitos para mejorar la calidad de vida en el trabajo. 

La semana laboral de 4 horas es un libro eminentemente práctico. Las secciones Preguntas y acciones y Trucos y utensilios plantean ejercicios realizables por cualquier lector mínimamente interesado, fáciles de ejecutar y que sin duda repercutirán en beneficio del mismo, aunque no se haga rico ni consiga trabajar desde casa.

El lenguaje es muy accesible, está lleno de jerga juvenil y con no pocos golpes de humor. Se lee de manera muy agradable, casi de un tirón, y, aunque en ocasiones las anécdotas autobiográficas de Ferriss pueden llegar a ser excesivas, lo cierto es que se agradecen, y el libro termina pareciendo una conferencia escuchada de viva voz que un ensayo escrito.

La última parte es casi un libro de viajes, que será de utilidad a lectores jóvenes y emprendedores.

La bibliografía recomendada del final del libro parece interesante. En algunos casos no está editada en español, por lo que no sería descabellado plantearse la edición de alguno de estos títulos como primicia.

La obra puede generar un debate mediático muy interesante, como ya se ha comentado. La reciente iniciativa de la Unión Europea para alargar la jornada laboral hasta las 65 horas semanales puede utilizarse como herramienta promocional de La semana laboral de 4 horas. El impacto mediático del libro podría ser razonablemente elevado si se plantean estrategias de comunicación en este sentido.

El autor es joven, extrovertido, habla español y, a juzgar por su trayectoria profesional y vital, podría dar mucho juego de cara a una campaña de presentación del libro en España, que incluyera entrevistas, apariciones en medios de comunicación y conferencias.

 

 

ASPECTOS NEGATIVOS

 

Ferriss no cuenta nada nuevo. El grueso de su teoría proviene de la escuela marginalista y los economistas de la escuela de Ginebra (Pareto, entre ellos), aunque el esfuerzo por ponerlos al día (la teoría marginalista data del tercer tercio de siglo xix) es encomiable.

La edición deja bastante que desear, tanto en la traducción como en la maquetación. Sin ser un desastre, se nota que el libro ha sido editado a toda prisa. Sería de agradecer una revisión en profundidad de la traducción.

Los recursos online a los que se refiere Ferriss no siempre están disponibles en lengua española, por lo que sería interesante añadirles un pequeño listado de páginas web en lengua española y de empresas españolas o latinoamericanas de temáticas similares a las mencionadas por el autor.

Las referencias a la página web del autor http://www.fourhourworkweek.com son continuas, y de hecho la convierte en un recurso tan importante como el propio libro, de modo que forman un conjunto. Se podría negociar con el autor una traducción al español, o bien la creación de un CD o DVD con parte de sus contenidos, como valor añadido para la edición.

El libro está pensado para determinados sectores, como los aspirantes a dar el pelotazo, o, en última instancia, los trabajadores por cuenta ajena con trabajos repetitivos que pueden automatizarse y simplificarse, pero hay sectores completos de actividad que no podrán sacar ningún beneficio del mismo. Por ejemplo, los escritores, correctores de estilo, autores de informes de lectura, traductores y diseñadores gráficos... es decir, casi todo el sector editorial.

La última parte desentona demasiado con el resto del libro, y casi parece un libro de viajes. No obstante, es un defecto estructural, pues la intención de Ferriss es llevarnos a este capítulo, en el que se demuestra que un NR puede trabajar a miles de kilómetros del centro de trabajo, o disfrutar de unas vacaciones de varios meses.

 

 

VALOR LITERARIO

7

Aunque el esquema del libro está claro, y el estilo es muy ágil, el último capítulo parece estar metido con calzador, y de hecho se podría considerar otro ensayo completamente diferente. Todo ello termina lastrando el resultado final; no obstante, es un buen libro de empresa, y está muy bien escrito.

 

VALOR COMERCIAL

8

El título es un reclamo perfecto, por lo que, a poco que se afine con los textos promocionales y se incida en la trayectoria vital del autor, La semana laboral de 4 horas puede trascender el ámbito de los lectores de libros de empresa y funcionar realmente bien entre el público lector asalariado.

 

 

 

viernes, 21 de agosto de 2020

Reseña de "Moriremos por fuego amigo" en C

El amigo Nacho Illarregui ha publicado una estupenda reseña de Moriremos por fuego amigo en su página C. La podéis encontrar pinchando sobre este enlace. Poco puedo añadir: como es habitual en él, creo que apunta a la perfección los defectos y las virtudes del libro, y que toda ella es atinada. Reseñas así lo animan a uno a seguir escribiendo ensayos sobre estas cosas que, al parecer, solo nos importan a cuatro frikis trasnochados pero que considero necesario poner por escrito, para que quede constancia en el futuro y el lector que no vivió el fandom español de los años noventa y dos mil se haga una composición de lugar lo más veraz posible. 

Como ya he contado en este hilo de Twitter (otro día cuento por qué me he borrado de Facebook), no será el único ensayo histórico sobre ciencia ficción española que voy a publicar: ya hay, al menos, otros dos en la recámara, uno de ellos en febrero de 2021 y otro en una fecha indeterminada, aunque confío en que sea también a lo largo del año que viene.


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lunes, 18 de mayo de 2020

Resultados de la convocatoria "BarrioPunk", de Cazador de Ratas


Cazador de Ratas se complace en anunciaros los relatos que compondrán BarrioPunk, la tercera antología de relatos ambientados en el universo EspañaPunk, tras Retrofuturo. Una mirada a los años 70 (2016) y EspañaPunk (2018).
Seleccionada por Juanma Santiago y Mariano Villarreal, BarrioPunk constará de 15 relatos (o, más bien, 14 relatos y una novela corta) centrados en los conceptos de barrio (como elemento de cohesión social) y punk (en su doble vertiente de factor de protesta o cambio y de subgénero del fantástico). Se valoraba el acercamiento en clave fantástica a los años 80, aunque este no era un elemento obligatorio.
La convocatoria especificaba que las obras debían ser de género fantástico en todas sus acepciones (fantasía, terror, ciencia ficción y afines) y que se valorarían los elementos costumbristas, policíacos o políticos. También se establecía una extensión orientativa de entre 5.000 y 8.000 palabras.
Hemos recibido un total de 44 relatos, con una calidad media elevadísima, lo cual nos ha puesto realmente difícil tomar una decisión. Muchísimas gracias por vuestra creatividad y por vuestro magnífico hacer literario: habéis superado todas nuestras expectativas. Sois los mejores.
En cuanto a las temáticas, en general os habéis ceñido a las bases de la convocatoria, pero también nos habéis demostrado que el BarrioPunk es algo mucho más amplio de lo que creíamos al definir la temática. Tenemos acercamientos en clave fantástica a los años 80, sí, y muchas referencias musicales y culturales, y ucronías FrancoPunk y dramáticas evocaciones de los años de las drogas y las bandas callejeras, que era lo que sugerían las bases; pero también relatos prácticamente realistas que conviven con historias de futuro lejano o incluso limítrofes con el terror rural. Sin embargo, el barrio y el punk aparecen en ellas en mayor medida y, como decíamos, han ensanchado los límites del universo EspañaPunk. Hay de todo, y muy variado, pero el resultado es coherente.
Otro elemento que nos gustaría destacar es la amplitud geográfica. Nos temíamos que la antología derivase en una especie de CarabanchelPunk y, si bien es cierto que la presencia de relatos ambientados en Madrid en general y en Carabanchel en particular ha sido elevada, nos han llegado historias cuya acción transcurre en prácticamente todos los puntos de la geografía española, aunque también en otros países e incluso planetas, todo ello sin dejar de ceñirse a los elementos barrio y punk. En BarrioPunk tendremos relatos ambientados en Madrid, Euskadi, Castilla y León, Andalucía, Cataluña, Asturias y Aragón.
En lo relativo a la extensión, hemos recibido relatos muy breves pero estupendos, así que los incluimos, pero también alguna que otra novela corta; una en concreto nos ha encantado, de modo que nos hemos liado la manta a la cabeza y también aparecerá en el sumario de BarrioPunk.
Dicho esto, anunciamos los relatos de que consta la antología BarrioPunk:

«La noche de las cucharas», de Rocío Tizón
«La mitad muerta», de Javier Font
«La fatiga del Esquelas», de Pablo Bueno
«Majarí», de Patricia Richmond
«La cofradía de los muertos», de Adrián Osorno Hernández
«Marica de terciopelo», de Alicia Sánchez
«Y yo con estos pelos», de Zahara Ordóñez
«El pozo», de Josema Amigó y Pablo Loperena
«Que se muera la bruja», de Alicia Pérez Gil
«Paisajes», de Ekaitz Ortega
«Cucarachas», de Pedro Pablo González Bravo
«El día en que enterraron a la Pasionaria», de Carlos Gómez Gurpegui
«Hijos de la rabia», de Ignacio S. Guinaldo
«Pongamos que hablo de Madrid», de María Robledo Catalán
«El triunfo de la alquimia», de Ludo Bermejo

Enhorabuena a todos ellos, y también a los autores que no han llegado a la selección final: el nivel ha sido muy elevado y nos ha resultado muy difícil confeccionar el sumario definitivo. Muchísimas gracias de corazón.
BarrioPunk aparecerá en los próximos meses. Esperamos que el resultado os encante tanto como a nosotros nos ha encantado seleccionarlo, y nos vemos en próximas convocatorias de relatos EspañaPunk editadas por Cazador de Ratas.
Abrazos para todos.

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