lunes, 18 de mayo de 2020

Resultados de la convocatoria "BarrioPunk", de Cazador de Ratas


Cazador de Ratas se complace en anunciaros los relatos que compondrán BarrioPunk, la tercera antología de relatos ambientados en el universo EspañaPunk, tras Retrofuturo. Una mirada a los años 70 (2016) y EspañaPunk (2018).
Seleccionada por Juanma Santiago y Mariano Villarreal, BarrioPunk constará de 15 relatos (o, más bien, 14 relatos y una novela corta) centrados en los conceptos de barrio (como elemento de cohesión social) y punk (en su doble vertiente de factor de protesta o cambio y de subgénero del fantástico). Se valoraba el acercamiento en clave fantástica a los años 80, aunque este no era un elemento obligatorio.
La convocatoria especificaba que las obras debían ser de género fantástico en todas sus acepciones (fantasía, terror, ciencia ficción y afines) y que se valorarían los elementos costumbristas, policíacos o políticos. También se establecía una extensión orientativa de entre 5.000 y 8.000 palabras.
Hemos recibido un total de 44 relatos, con una calidad media elevadísima, lo cual nos ha puesto realmente difícil tomar una decisión. Muchísimas gracias por vuestra creatividad y por vuestro magnífico hacer literario: habéis superado todas nuestras expectativas. Sois los mejores.
En cuanto a las temáticas, en general os habéis ceñido a las bases de la convocatoria, pero también nos habéis demostrado que el BarrioPunk es algo mucho más amplio de lo que creíamos al definir la temática. Tenemos acercamientos en clave fantástica a los años 80, sí, y muchas referencias musicales y culturales, y ucronías FrancoPunk y dramáticas evocaciones de los años de las drogas y las bandas callejeras, que era lo que sugerían las bases; pero también relatos prácticamente realistas que conviven con historias de futuro lejano o incluso limítrofes con el terror rural. Sin embargo, el barrio y el punk aparecen en ellas en mayor medida y, como decíamos, han ensanchado los límites del universo EspañaPunk. Hay de todo, y muy variado, pero el resultado es coherente.
Otro elemento que nos gustaría destacar es la amplitud geográfica. Nos temíamos que la antología derivase en una especie de CarabanchelPunk y, si bien es cierto que la presencia de relatos ambientados en Madrid en general y en Carabanchel en particular ha sido elevada, nos han llegado historias cuya acción transcurre en prácticamente todos los puntos de la geografía española, aunque también en otros países e incluso planetas, todo ello sin dejar de ceñirse a los elementos barrio y punk. En BarrioPunk tendremos relatos ambientados en Madrid, Euskadi, Castilla y León, Andalucía, Cataluña, Asturias y Aragón.
En lo relativo a la extensión, hemos recibido relatos muy breves pero estupendos, así que los incluimos, pero también alguna que otra novela corta; una en concreto nos ha encantado, de modo que nos hemos liado la manta a la cabeza y también aparecerá en el sumario de BarrioPunk.
Dicho esto, anunciamos los relatos de que consta la antología BarrioPunk:

«La noche de las cucharas», de Rocío Tizón
«La mitad muerta», de Javier Font
«La fatiga del Esquelas», de Pablo Bueno
«Majarí», de Patricia Richmond
«La cofradía de los muertos», de Adrián Osorno Hernández
«Marica de terciopelo», de Alicia Sánchez
«Y yo con estos pelos», de Zahara Ordóñez
«El pozo», de Josema Amigó y Pablo Loperena
«Que se muera la bruja», de Alicia Pérez Gil
«Paisajes», de Ekaitz Ortega
«Cucarachas», de Pedro Pablo González Bravo
«El día en que enterraron a la Pasionaria», de Carlos Gómez Gurpegui
«Hijos de la rabia», de Ignacio S. Guinaldo
«Pongamos que hablo de Madrid», de María Robledo Catalán
«El triunfo de la alquimia», de Ludo Bermejo

Enhorabuena a todos ellos, y también a los autores que no han llegado a la selección final: el nivel ha sido muy elevado y nos ha resultado muy difícil confeccionar el sumario definitivo. Muchísimas gracias de corazón.
BarrioPunk aparecerá en los próximos meses. Esperamos que el resultado os encante tanto como a nosotros nos ha encantado seleccionarlo, y nos vemos en próximas convocatorias de relatos EspañaPunk editadas por Cazador de Ratas.
Abrazos para todos.

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lunes, 11 de mayo de 2020

Sugerencias para los premios Ignotus 2020

Como cada año, la Asociación Española de Fantasía, Ciencia Ficción y Terror (AEFCFT) convoca los premios Ignotus, que galardonan los mejores contenidos de género fantástico aparecidos en España a lo largo del año. Los premios Ignotus 2020 se entregarán en la hispacón de 2020 y valoran los mejores contenidos aparecidos en 2019. Ahora comienza la primera fase, la de remisión de propuestas. Los socios de la AEFCFT y asociaciones afines, junto con los inscritos previamente como votantes, envían un máximo de tres candidaturas por categoría, y tienen de plazo hasta el 30 de mayo. Una vez realizado el recuento y comprobada la procedencia de las propuestas, el administrador del premio, Juan José Parera, da a conocer el listado de finalistas, con lo que comienza la segunda fase. Las opciones más votadas ganan el monolito. Con diferentes cambios reglamentarios, esta dinámica se sigue de manera ininterrumpida desde 1991, año de la primera edición. Son unos premios consolidados y una buena fuente histórica para estudiar la evolución del género.


Como casi cada año, tengo material propio que me gustaría que valorasen los votantes. Así pues, entro en materia y me ciño al esquema habitual de estas entradas.
(Edito: Todas las sugerencias de esta entrada están convenientemente incorporadas a la wiki de recomendaciones de los Ignotus que Elías Combarro, Odo, puso en marcha hace unos años y que varios socios de la AEFCFT han reflotado durante estos días. Es una herramienta orientativa y la gracia es que cuanta más gente opine, mejor, para ofrecer un panorama lo más amplio posible y que el votante maneje la mayor cantidad de información de calidad. Registrarse es fácil, así que no tenéis excusa.)


Autobombo

En 2019 publiqué libro de ensayo con bastantes contenidos inéditos, por lo que tengo más material que en otras ediciones. Desglosando por categorías:

Libro de ensayo

Cazador de Ratas, de la simpar a la vez que necesaria Carmen Moreno, editó Moriremos por fuego amigo. Crónicas de la ciencia ficción española de los años noventa... y más allá. Lo podéis adquirir aquí y, si quieres llevarte todo el Bundle Ignotus de la editorial, aquí


El libro es una recopilación de treinta y cinco ensayos, siete de ellos inéditos, en los que analizo sobre todo (aunque no solo) la ciencia ficción española de los años noventa y dos mil. Hay toneladas de batallitas, listados de recomendaciones, prólogos y recomendaciones de lectura. Es eso que se suele llamar la labor de una vida, ya que llevo casi treinta años dando la matraca con este asunto, así que en algún momento había que detenerse a recapitular y colmar lagunas. No sé si lo he conseguido. Eso os corresponde valorarlo a vosotros, los lectores.

Artículo

En Moriremos por fuego amigo hay unos cuantos contenidos inéditos que cumplen con las condiciones estipuladas por las bases y podrían entrar en la papeleta de Mejor artículo. Son los siguientes:

"Introducción"
En ella elaboro un marco general no solo para el libro, sino también para la ciencia ficción española y el fandom del período 1991-2010, que es en el que se centra el ensayo. Tiene su valor como resumen y declaración de intenciones.

"No, no voy a hablar de tu cuento. Cincuenta relatos para un siglo naciente"
Aquí contextualizo el género fantástico español de los años dos mil, analizo cuáles fueron los autores y las publicaciones más destacadas y elaboro un listado de cincuenta relatos que considero necesarios para entender lo que supuso aquello, además de desglosarlos por años y publicaciones. Spoiler: mi podio particular está compuesto por Rafael Marín, Cristina Fernández Cubas y Enrique Vila-Matas.

"Cinco autoras, cinco relatos"
En este artículo indago acerca de la presencia femenina en las publicaciones especializadas, desde su participación casi testimonial (o tal vez no, y en parte el artículo va de eso) en los primerísimos años del boom de los noventa hasta la situación actual en la que son el motor del género. Valoro cinco relatos que en mi opinión son sobresalientes y que no han aparecido en ninguna de las antologías retrospectivas del género. Las autoras en las que me centro son Karim Taylhardat, Adolfina García, Patricia Suárez, Jimina Sabadú y María Concepción Regueiro. Lo colgué en este blog, por si le queréis echar un vistazo.

"Algunos libros que me gustaría prologar"
Más que lo que dice el prólogo, repaso algunas carencias llamativas del sector editorial fantástico español (¿cómo es posible que David Soriano o José Antonio del Valle no hayan publicado recopilaciones de relatos?) y ofrezco pistas sobre posibles proyectos a los que me apuntaría con los ojos cerrados. 

"Entrevista a Sergio Parra"
"Entrevista a Javier Negrete"
Dos entrevistas inéditas que me aparecieron en el disco duro mientras confeccionaba el sumario de este libro y que he rescatado, dado su interés.

"Anexo: Los 200 relatos más importantes de los años noventa"
"Anexo: Los 250 relatos más importantes de los años dos mil"
No sé si cuentan como artículos, pero son contenidos inéditos. Son los listados largos a partir de los cuales elaboré los listados cortos de relatos recomendables de los años noventa y dos mil; vaya, los datos en bruto que luego refiné en forma de artículos.

Sí, decía que en el libro hay siete artículos inéditos pero podéis leer ocho recomendaciones. ¿Dónde está el desfase? Obvio: no conté la introducción como artículo, pero ahora voy y la recomiendo. Ay, si no fuera por estas contradicciones...

Pero tengo más artículos:

"Juan García Atienza, Cuentos escogidos", en Hélice, vol. V, n.º 1, primavera-verano 2019
Ensayo sobre esta recopilación, seleccionada por Mariano Martín (Biblioteca del Laberinto), que rescata lo más destacado de la obra de uno de los autores fundamentales de la generación de Nueva Dimensión, hoy lamentablemente poco valorado.




"Philip K. Dick: El beatnik que escribía novelas de desamor", en A Quemarropa, 12 de julio de 2019
Artículo sobre Philip K. Dick escrito para la Semana Negra 2019. ¿Se puede añadir algo a la abrumadora hagiografía publicada sobre Dick? Pues yo creo que sí; de lo contrario, no habría escrito el artículo.



Cuento

"La inversa no es cierta", en VV. AA., Actos de F. E. Vol. 1. El hambre (Cerbero)
No tengo elogios suficientes para esta antología de Cerbero, que recomiendo para la categoría de Antología y de la que seguramente salga algún que otro finalista en la de Cuento, ya que hay muy buen nivel, tanto de ideas como literario. Mi aportación, más allá de la premisa de la antología (proponer soluciones reales para el problema del hambre en el mundo), salda una cuenta pendiente con mi padre y con sus proyectos de cooperativas, aunque trasvasado a una Girona de diez o veinte años en el futuro, en la que tras una catástrofe socioeconómica que pone el mundo patas arriba (no, no era el coronavirus, pero las escenas de pillaje en los supermercados las clavé, por desgracia) se sientan las bases de una futura sociedad más sostenible y justa. Le tengo mucho cariño a este cuento y, como todos los de esta antología, ahora tiene niveles de lectura más interesantes que cuando lo publicamos hace casi año y medio.


Heterobombo

Para variar, he corregido algunas cosillas que considero dignas de entrar en la papeleta de finalistas. No hablaré de todas, porque hay contenidos sobre los que no puedo hablar en público (política editorial manda, y que conste que no es una crítica), pero son de pata negra todas ellas y aprovecho para recomendarlas.

Novela extranjera
El Núcleo del Sol, de Johanna Sinisalo (Rocaeditorial; traducida por David Tejera)
Marea tóxica, de Chen Qiufan (Nova CF; traducida por David Tejera)
Un dios de paredes hambrientas, de Garrett Cook (Orciny Press; traducida por Hugo Camacho)


 


Cuento extranjero
Matrioshka, de Carlton Mellick III (Orciny Press; traducido por Hugo Camacho)




"Gato oreja", de Carlton Mellick III (en VV. AA., Valores familiares, Orciny Press; traducido por Hugo Camacho)
"Otra vez Hinterkaifeck", de Nick Antosca (en Valores familiares)


"La ciudad que nació grandiosa", de N. K. Jemisin (en La ciudad que nació grandiosa y otros relatos, Nova CF; traducido por David Tejera)
"Cuisine des Mémoires", de N. K. Jemisin (en La ciudad que nació grandiosa...)

Antología
La ciudad que nació grandiosa y otros relatos, de N. K. Jemisin (Nova CF; traducida por David Tejera)
Valores familiares, de Varios Autores (Orciny Press)
Actos de F. E., de Varios Autores (Cerbero). No la he corregido, pero he participado en ella aportando un relato, razón por la que la incluyo en estas recomendaciones.

Novela corta
Endo, de Francisco Jota-Pérez (Orciny Press)


Cuento
Nunca fui para ti un hombre, sino un alienígena, de Rubén Guallar (Orciny Press)


Y los cuentos españoles de Valores familiares, que son los siguientes:
"¡Tentáculos!" y "Abraxas al vapor", de Sergi Álvarez
"¡Gas! ¡Gas! ¡Carnivore!" y "El gólem de Hueso", de Sergi G. Oset
"El acuario" y "Bajo el puente en agosto", de Alejandro Marcos Ortega
"Esther, nuestra inmaculada genocida", de Takeshi García-Ashirogi (o a lo mejor va en cuento extranjero, no lo tengo claro)
"Todo el mundo te quiere cuando eres bi", de Rubén Guallar
"Un altar", de Francisco Jota-Pérez
"Transcomunicación Bovina", de Hugo Camacho
"Toonland", de Alfredo Álamo

Libro de ensayo
Folk Horror, coordinado por Jesús Palacios (Hermenaute)
Apocalypse domani, coordinado por Ángel Sala (Hermenaute)




Ya iré actualizando con otras recomendaciones. De momento, con esto tenéis para ir abriendo boca. Si os da tiempo a comprar estos títulos, genial; si ya los tenéis y no los habéis leído, aprovechad estas semanas de fases 0 y 1; si los habéis leído, sirvan de recordatorio.
Muchas gracias y nos leemos. Abrazos.

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domingo, 8 de marzo de 2020

Cinco autoras, cinco relatos

Quisiera celebrar el 8-M compartiendo este ensayo aparecido en mi libro Moriremos por fuego amigo (Cazador de Ratas, 2019). Es uno de los contenidos inéditos del recopilatorio, y en él quise incidir en cinco relatos que considero especialmente significativos de la ciencia ficción, fantasía y terror españoles y en español que se publicaron durante los años noventa y dos mil, seleccionados con una doble premisa: en primer lugar, escritos por mujeres y, en segundo lugar, no reeditados (aunque con la excepción del último relato).
No me extiendo más. Disfrutad del ensayo, o no, y en todo caso leed los cuentos que analizo: todos ellos son magníficos y me parece incomprensible que no se hayan reeditado.

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Cinco autoras, cinco relatos

En Cuatro autores, cuatro relatos, un ensayo mío aparecido en 2012 en Literatura Prospectiva, reivindiqué algunas historias de ciencia ficción, fantasía o terror españolas aparecidas en los años noventa, a las que en su momento no presté demasiada atención y que, sin embargo, no han hecho sino ganar con el tiempo y convertirse en pequeños clásicos. Escribí acerca de relatos de César Mallorquí, Armando Boix, Carlos Pavón y León Arsenal.
No había ninguna autora, aunque en la declaración de intenciones citaba a Elia Barceló entre los escritores punteros del género que no incluía en el listado, pues habían comenzado a publicar en los años ochenta y ya estaban suficientemente reivindicados y asentados en el canon. Barceló es una presencia recurrente en todas las antologías históricas del género, con relatos como Mil euros por tu vida, La mujer de Lot y, muy en especial, La estrella. Aunque este último es su relato paradigmático, los dos anteriores se reeditaron, respectivamente, en dos antologías muy atractivas: Historia y antología de la ciencia ficción española, recopilada por Fernando Ángel Moreno y Julián Díez para Cátedra en 2014, y Distópicas. Antología de escritoras españolas de ciencia ficción, recopilada por Lola Robles y Teresa López-Pellisa para Libros de la Ballena en 2018. La estrella es el relato en el que se suele pensar cuando acude a nuestra mente el nombre de Elia Barceló, pero lo cierto es que no es el único suyo que se ha editado en recopilaciones de carácter histórico. 


 Porque lo cierto es que ahí residía el hecho diferencial: ninguno de los cuatro relatos que proponía en aquel ensayo había sido reeditado en ninguna de las ya por entonces habituales antologías históricas del género; como mucho, en las Fabricantes de Sueños que la por aquel entonces AEFCF ofrecía a modo de resumen de lo mejor del año. Cierto, los de César Mallorquí, Armando Boix y León Arsenal habían aparecido en recopilaciones personales de relatos, y solo el de Boix había aparecido en más de un recopilatorio; de hecho, ninguno de ellos se ha reeditado en los últimos años. En cuanto al de Carlos Pavón, apenas unos meses después de aparecer mi ensayo se incluyó en Prospectivas. Antología del cuento de ciencia ficción española actual, que Fernando Ángel Moreno seleccionó para Salto de Página en 2012.
En lo relativo a las autoras de ciencia ficción, fantasía y terror españolas o latinoamericanas que publicaron contenidos con editoriales, fanzines o revistas españoles, parece como si, en lo tocante a los años noventa, solo hubiera existido La estrella, de Elia Barceló. Y lo cierto es que esa década no fue especialmente prolífica en cuanto a género escrito por mujeres. En el ensayo Cincuenta relatos para una década mencionaba un listado de mis cincuenta relatos favoritos de los años noventa que elaboré en el año 2000, y solo había dos mujeres: Elia Barceló (con La estrella, en el séptimo puesto; Oscuro, como un cristal, en el 43, y Ritos, en el 45) y Adolfina García (con La casquería, en el 34). En el anexo de ese ensayo, Los doscientos relatos más importantes de los años noventa, incluía el listado completo y aparecían, además de otros cuentos de Elia Barceló (Estreno, en el 103; Loca, en el 124; El día más feliz, en el 157, y Cobarde, en el 180) y Adolfina García (Gandamo, en el 136, y De postre, en el 172), autoras como Karim Taylhardat (Cinerario, en el 57), Luna García (Ladrona, en el 130), Mariarita Pennington Evans (Leitmotiv, en el 176), Susana Vallejo (Estar tres, en el 198) y Elena Pérez (La hucha de Sara, en el 199). Siete autoras y quince relatos; es decir, el siete y medio por ciento del total.

 Elia Barceló es una referencia ineludible para la ciencia ficción española actual.

¿De verdad que solo el siete y medio por ciento de los buenos relatos de los años noventa aparecidos en publicaciones del fandom estaba escrito por mujeres? ¿Había un sesgo por mi parte o, en efecto, el fandom raquítico y eminentemente masculino de los años noventa se traducía en que no solo había pocas mujeres en las convenciones o tertulias, sino también en los sumarios de las revistas o fanzines? Supongo que mitad y mitad, aunque hay datos tan elocuentes como que el único Ignotus de toda la década que ganó una obra de ficción española escrita por una mujer fue el de La estrella, de Elia Barceló, quien también fue finalista en las categorías de novela (Consecuencias naturales, en 1995), novela corta (El mundo de Yarek, en 1994) y cuento (Loca, en 1993). Si salimos de las categorías de ficción, tanto Elia Barceló (La inquietante familiaridad, en el año 2000) como Pilar Pedraza (Máquinas de amar, en 1995) fueron finalistas al mejor libro de ensayo. Todo esto, mientras en las categorías de ficción extranjera Connie Willis se hinchaba a ganar Ignotus (seis en este período) y Lois McMaster Bujold a perderlos frente a Connie Willis (cinco en toda la década).
¿Cabría, pues, hablar de un sesgo por parte de los premios populares? Tal vez. Veamos qué sucede con los premios con jurado.
El UPC tan solo ha registrado una victoria femenina española (El mundo de Yarek, de Elia Barceló, en 1993) y dos menciones especiales (Puede usted llamarme Bob, señor, de Mercè Roigé, en 1992, y Teorema, de Irene da Rocha, en 2002) en veinticuatro ediciones, a las que hay que añadir las dos menciones obtenidas por Kristine K. Rusch.
El Alberto Magno muestra otra única victoria femenina (Jardín de infancia, de Sara Sacristán, en 2011), un segundo puesto (La verdadera vida de Cordwainer Smith, de Begoña Pérez Ruiz, en 2018), dos accésits UPV/EHU (Tximeleta mezularia, de Gotzone Barandika, en 2004, y Dioses del metal, de Irantzu González, en 2008) y tres menciones (Lluvia amarilla, de Sonia Pereyra, en 1999; Sueño profundo, de Laura Quijano, en 2009, y División Seis: Príncipes de hielo, de Marisa Villalón, en 2011) en treinta ediciones.
El Domingo Santos es un tanto peculiar, ya que en no todas las ediciones se publicitaron los nombres de los finalistas, por lo que no podemos extraer información sobre la autoría de los relatos. Aun así, los datos disponibles son más demoledores aún que en los dos premios anteriores: no ha ganado ni una sola autora, y no empezó a haber mujeres finalistas (salvo que las actas de las cuatro ediciones anteriores que no publicitaron los nombres de los finalistas desmientan este hecho) hasta 2010, en el que se reconocieron los trabajos de Julia R. Robles (Aeternitas, que también consta como finalista del premio Andrómeda de ficción especulativa 2011), Carmen del Pino (El pueblo fantasma) y Ana Martínez Castillo (Sofisticación). En la edición de 2011 fueron cuatro las mujeres finalistas: Carmen del Pino (El otro que soy), Natalia Viana (El peso de la culpa), Laura López Alfranca (Muerte por compasión) y Luisa Fernández (Trece latidos en la noche). Es imposible efectuar el seguimiento de las siguientes ediciones, ya que en ninguna de ellas se abrieron plicas para comprobar la identidad de los finalistas no premiados y, de hacerlo, no consta en ninguno de los medios que he consultado. El hecho de que las ediciones de 2010 y 2011 registrasen tres y cuatro mujeres finalistas hace suponer, por extrapolación, que no se trató de un hecho casual sino de una tendencia y que en las siguientes convocatorias ha habido más.
En cuanto al Aznar/Pablo Rido, y con eso termino el análisis de los cuatro premios que conformaron el grand slam durante los años noventa y buena parte de los años dos mil, solo ha premiado a una mujer (Nuria C. Botey, por Dancing with an Angel, en 2003) y distinguido a otras tres con la condición de finalistas (María Dolores Gema Galván, por Retrato de mujer, en el año 2000; Carmen Falguera, por La colonia, en 2002, y María Belén Díaz (El laberinto de los impenitentes, en 2004). Es cosa sabida que un contertulio que se sentaba junto a Galván en la cena oficial del año 2000 le espetó que el Rido era un premio profundamente machista, como demostraba el hecho de que ella fuera la primera finalista en nueve ediciones, y también es cosa sabida que ese estupendo (doy fe de ello: fui prejurado en aquella edición) relato se quedó inédito: primero, porque nadie se lo pidió, y segundo, porque, después de aquel comentario, nunca más volvió a la tertulia ni, hasta donde sé, trabó contacto alguno con el fandom.

 Nuria C. Botey es una de las voces incontestables del terror actual escrito en español.

Sé que esto solo es una anécdota y que, a partir de ella, no se puede inferir el funcionamiento del fandom español de toda una década, la de los noventa, y tal vez de parte de los años dos mil, pero parece una evidencia que los años noventa fueron un páramo en lo que a publicación de autoras se refiere. Ni siquiera hay relatos de esa década en el díptico de Libros de la Ballena que conforman Distópicas y Poshumanas. ¿Tendríamos, pues, que dar por bueno el consenso en torno a que, en cuanto a mujeres escritoras de ficción de género fantástico que publicaron en medios especializados surgidos del fandom, los años noventa fueron un auténtico campo de nabos que se podría resumir en Elia Barceló y dos más? Los datos parecen apuntar en esta dirección, pero ya en el año 2000 dejé constancia de que hubo al menos otras seis autoras que publicaron relatos destacables. A diferencia del listado que presento en No, no voy a hablar de tu cuento: Cincuenta relatos para un siglo naciente y su anexo (Los 250 relatos más significativos de los años dos mil), solo recogía relatos de fanzines y revistas especializadas. En el mundo real había más material de primer orden. No me cabe duda de que, si tuviera que reelaborar ese listado de los años noventa basándome en lecturas procedentes de publicaciones y editoriales generalistas, la presencia femenina sería más numerosa y ocuparía algunos de los puestos nobles; estoy pensando, de manera particular, en dos relatos de Cristina Fernández Cubas: El ángulo del horror, de 1990, y La mujer de verde, de 1994.

Cristina Fernández Cubas, la maestra indiscutible del relato de terror.


Ya que he mencionado los ensayos relacionados con los mejores relatos de los años dos mil, en esa década el panorama, aunque sigue resultando un tanto desolador, cambia para bien: frente a los catorce relatos de siete autoras del listado largo de doscientas obras de los años noventa, en el listado largo de doscientos cincuenta hay treinta relatos de veintitrés autoras (por orden alfabético: Elia Barceló, Pilar Barba, Nuria C. Botey, Daína Chaviano, Eva Díaz Riobello, Patricia Esteban Erlés, Cristina Fernández Cubas, Laura Gallego, Paula Grañeda, Felicidad Martínez, Alejandra Medina, Rosa Montero, Julia Otxoa, Pilar Pedraza, Tábata Peregrín, Cristina Peri Rossi, Laura Ponce, María Concepción Regueiro, Paula Ruggeri, Jimina Sabadú, Marta Sanz, Patricia Suárez y Anabel Zaragozí) y cinco relatos de otras tantas autoras en el listado de cincuenta (por orden alfabético: Elia Barceló, Nuria C. Botey, Daína Chaviano, Cristina Fernández Cubas y María Concepción Regueiro). Todo apunta a que el crecimiento será exponencial en los años dos mil diez, y quienes investiguen esta década bien podrían encontrarse con una paridad o incluso un predominio femenino, escenario inédito hasta ahora en España y muy en línea con lo que está sucediendo en los países anglosajones.

 Daína Chaviano tiene recopilaciones de relatos de obligada lectura.

Los años dos mil aportan sendos relatos a Distópicas (Nuevo animal de compañía, de Pilar Barba) y Poshumanas (El error, de Rosa Montero) y otro más a Historia y antología de la ciencia ficción española (Mil euros por tu vida, de Elia Barceló). Sigue siendo un bagaje más bien pobre, pero es que estamos hablando única y exclusivamente de ciencia ficción. ¿Cambia el panorama si añadimos los géneros afines? En la antología histórica más representativa del género de terror español, Aquelarre, editada por Antonio Rómar y Pablo Mazo para Salto de Página en 2010, aparece también un único cuento: Círculo Polar Ártico, de Care Santos (original de 2009); si ampliamos la búsqueda a los años noventa, tenemos el ya citado El ángulo del horror, de Cristina Fernández Cubas (aparecido en 1990). En cuanto a la fantasía, analizada en la Perturbaciones de Juan Jacinto Muñoz Rengel en 2009, parece que tenemos más suerte, pues aparecen cinco relatos: La mujer de verde, de Cristina Fernández Cubas (1994); El juicio final, de Cristina Peri Rossi (2000); Cantalobos, de Patricia Esteban Erlés (2008); Diario, de Julia Otxoa (2009) y La obsesión de la alimaña, de Elia Barceló (2009).



Reconozcámoslo: Denis Villeneuve tendría que haber pasado del guion de Blade Runner 2049
y haber adaptado a Rosa Montero.

¿Qué se publicaba en las revistas y fanzines señeros del género? Los datos nos vuelven a decir que más bien poco. Hablaré de las iniciativas que conozco mejor, por haber sido director, coeditor, parte de la mente colmena editora y seleccionador, respectivamente: la revista Gigamesh, el fanzine Núcleo Ubik y las antologías Artifex Cuarta Época y Visiones 2002.
En cuanto a la primera, la presencia de autoras españolas o latinoamericanas en las secciones de no ficción era constante (Elia Barceló y Susana Vallejo fueron colaboradoras asiduas, o bien con ensayos o bien con reseñas; Adolfina García siempre fue uno de los activos más potentes de Gigamesh, en todas sus etapas, gracias a sus desopilantes reseñas de libros; María Beatriz Cóceres ganó el premio Gigamesh de ensayo y fue finalista en otra edición, al igual que Mayte Aguilar, y prácticamente en todos los números aparecían reseñas firmadas por mujeres), pero ¿cuántos relatos escritos por mujeres de lengua española se publicaron en los cuarenta y cuatro números de la revista aparecidos entre 1991 y 2007? Exactamente dos: Balneario, de Pilar Pedraza, en el número 9 (dedicado a ella), y Chop suey, de Angélica Gorodischer, en el 28 (un especial CF latinoamericana). Para más inri, ambos relatos eran reediciones. 

 Resulta incomprensible que Angélica Gorodischer no haya ganado el Premio Cervantes.

El segundo, editado entre 1994 y 1995, aporta la misma cantidad de relatos escritos por mujeres, dos, si bien lo hicieron en solo dos números y, en esta ocasión, sí eran inéditos: El día más feliz, de Elia Barceló, en el número 1, y Gandamo, de Adolfina García, en el 2/3. Elia, además, tradujo relatos y escribió una sección para el fanzine.
Las terceras, publicadas entre 2008 y 2009, arrojan una cifra muy triste: ninguno de los treinta y dos relatos aparecidos en sus 4/5 números vino firmado por mujeres. Conservo los registros de los relatos remitidos para los dos primeros números y en ellos solo consta uno escrito por una mujer, pero esta lo retiró al cambiar de manera sustancial las condiciones del proyecto, de antología en formato papel a publicación electrónica. Supongamos que no lo hubiera retirado; en tal caso, habríamos tenido un relato sobre treinta y tres. Si hacemos historia, los precedentes de esta publicación mantuvieron una tendencia al alza en cuanto a presencia femenina: una sola autora (Fuensanta Rabadán) en los catorce números de El Fantasma (denominación que Luis G. Prado le dio a su fanzine desde 1993 hasta 1997); otra en los seis números de Artifex Primera Época (Elia Barceló, con Oscuro, como un cristal) que ocuparon el bienio 1997-1998; tres en los trece números de Artifex Segunda Época que coeditó junto con Julián Díez de 1999 a 2004 (Elia Barceló, Sue Burke y Tábata Peregrín) y cuatro en las cuatro antologías Artifex Tercera Época que Díez y García Prado lanzaron entre 2005 y 2006 (Nuria C. Botey, Raquel González, Blanca Martínez y Jimina Sabadú). La publicación hermana de Artifex Tercera Época, la antología Paura de terror, publicó cinco relatos de cuatro autoras (Nuria C. Botey, que hizo doblete, más Elia Barceló, Eva Díaz Riobello y Pilar Pedraza) en los cuatro números que editó de 2004 a 2008. 

 Pilar Pedraza es lo mejor que le va a pasar nunca al género fantástico español. Punto.

Con la cuarta sí parece que la proporción es más satisfactoria. Tres de los catorce relatos del Visiones 2002, que seleccioné para la AEFCF, están firmados por mujeres: Ahora puedo oír tu llanto, de Paula Grañeda; Hamburgo Sur, de Patricia Súarez, y Ojo en el cielo, de Paula Ruggeri. En cuanto a los relatos remitidos, había nueve de setenta y cinco. Uno de ellos lo encargué ex profeso: el de Paula Grañeda, quien no se movía en círculos fandomitas pero era asidua en el palmarés del Concurso de Cuento de la Universidad Autónoma de Madrid, por lo que me pareció que podía aportar un relato que se apartara de su registro habitual, cosa que hizo, y con resultados notables. Esas tres autoras de catorce no eran las ocho de trece del Visiones 2018 seleccionado por Israel Alonso y Nieves Delgado, ni las seis de quince del Visiones 2000 seleccionado por Juan Miguel Aguilera, ni las cinco de quince del Visiones 2016 seleccionado por Lola Robles y María Concepción Regueiro, ni las tres de tres del Visiones 2007 seleccionado por Antonio Gorinkai Rivas, ni las cuatro de dieciséis del Visiones 2008 seleccionado por la Tertulia Valenciana, pero tampoco eran el cero absoluto registrado en cinco ediciones de los años noventa y dos de los años dos mil. 

Todo esto, con independencia del enfoque que se quiera adoptar, nos dice algo muy evidente con respecto a la ciencia ficción, la fantasía y el terror de los años noventa y dos mil: se publicaron pocos relatos de autoras en editoriales e iniciativas especializadas y, salvo un par de excepciones notables, ni el público lector ni los jurados de los concursos ni los editores ni los antologistas les prestaron demasiada atención. No cabe hablar de ninguneo, al menos en los años dos mil, pero sí de cierto desinterés: del mismo modo que me moví para buscar autoras para el Visiones 2002, bien podría haberlo hecho para Gigamesh o Artifex Cuarta Época. Por otra parte, las estadísticas también eran adversas, aunque el aumento de la cantidad de mujeres que publicaron en los años dos mil se traduce en que ganan más premios o aportan más relatos finalistas, se las edita más, y también, y esta es la materia de este ensayo, aportan más narraciones a las recopilaciones históricas, es decir, al canon de la literatura española de género fantástico.
Y con ello delimitamos el ámbito de estudio de este ensayo: los buenos relatos de ciencia ficción, fantasía o terror publicados o bien por autoras españolas en cualquier medio o bien por autoras latinoamericanas que publicaron en territorio español, pero que, a pesar de ser buenos, no se han reeditado en ninguna de las antologías históricas que están comenzando a proliferar. El criterio es el mismo que el que presentaba en Cuatro relatos, cuatro autores, solo que añadiendo los años dos mil. Así pues, en este ensayo hablaré de cinco relatos de los años noventa y dos mil que me parecen merecedores de una reedición, o bien en próximas antologías históricas, o bien en antologías temáticas… o, incluso, formando el sumario de una antología. Son los siguientes.


Cinerario, de Karim Taylhardat



Karim Taylhardat es un caso típico de autora que vino, no debió de quedarse muy convencida con lo que vio y desapareció. Cinerario apareció en el número 23 de BEM, con fecha de agosto-septiembre de 1992. Era un ultracorto potente, críptico y desasosegador, muy visual y con una prosa firme y experta. El relato pasó de puntillas, apenas fue comentado (todas las referencias que he encontrado en internet me llevan a artículos y prólogos míos) y, en resumen y de manera nada sorprendente, la autora no volvió a colaborar con ninguna publicación del fandom.




Lo cual no quiere decir que no haya tenido una carrera prolífica. En la base de datos de la Biblioteca Nacional de España constan nueve obras de su autoría, tanto biografías como guiones de cómic (ha colaborado con Jesús Cuadrado en numerosos proyectos), libros de relatos y novelas. Esta venezolana afincada en España es, pues, una autora profesional con una sólida carrera, bisnieta de editora (Concepción Acevedo de Taylhardat, la primera editora venezolana de revistas, allá por 1885) y columnista de eldiario.es con una sección sobre universo animal, una faceta que le interesa de manera especial, como se puede colegir del ensayo Perrillos del Halda (Ed. Huerga y Fierro, 2016) y las múltiples referencias que aparecen en internet a una investigación suya sobre el perro en el cine mudo. Entre sus ensayos sobre cómic, parece destacar La pequeña Lulú. La grumete huérfana (Ed. Sinsentido, 1999), consagrado a la figura de Marge Henderson, y, entre sus guiones, una adaptación de El corazón de las tinieblas de Joseph Conrad (Ed. Sinsentido, 2002). También ha publicado sendos ensayos biográficos sobre la fotógrafa alemana Emmy Klinsch: El Madrid de Emmy Klimsch. 1919-1940: Archivo inédito de una fotógrafa alemana (Ed. Temporae, 2011) y Ribadesella. 1920: Fotos inéditas de Emmy Klimsch (Ed. Temporae, 2013). Asimismo, se debe mencionar la novela Las silentes de Guanamito (Edicions de Ponent, 2000), ganadora del I Premio de Narrativa Fundación Rey Alfonso XIII. En 1994 editó una recopilación de relatos, Arracadas (Ed. Horas y Horas), en la que ignoro si se rescata este Cinerario.




En resumen, este relato podría ser un magnífico candidato a reedición en cualquier antología histórica de los años noventa. Su calidad lo merece, y la trayectoria posterior de la autora hace suponer que este cuento no fue un acierto aislado, sino un eslabón más de una carrera sólida e interesante. 



La casquería, de Adolfina García



Si Karim Taylhardat es un ejemplo paradigmático de autora que, en vista de la nula repercusión de un buen relato suyo, desapareció por donde había venido, Adolfina García es el paradigma de la periodista que ha vivido en carne propia el final del modelo tradicional de prensa escrita, y cómo esta circunstancia ha condicionado e incluso determinado la que podría haber sido una carrera brillantísima en los años noventa y dos mil y le ha proporcionado un regreso por todo lo alto en los compases finales de los años dos mil diez. Carlos Saiz Cidoncha hablaba de las Tres M para referirse a los motivos por los que los fans de los años setenta y ochenta abandonaban el fandom: (servicio) mili(tar), muerte y matrimonio. Pero claro, hablamos de un fandom eminentemente masculino e incel. Los años noventa, aparte de vivir la desaparición del servicio militar obligatorio y un aumento de la cantidad de mujeres presentes en el fandom, añadieron otro motivo, aunque no empezaba por M: el trabajo. Con la crisis de finales de los años dos mil, además, había que sumar la emigración o expatriación, como se prefiera. Adolfina ha vivido ambas circunstancias. Una vez terminada la carrera de Ciencias de la Información, comenzó a trabajar en Diario 16, de donde pasó a 20 Minutos. Llegó a ser jefa de sección de esta cabecera hasta que se convirtió en una víctima más del peculiar funcionamiento de la prensa generalista en el siglo xxi. En la actualidad reside en Noruega y ha relanzado su carrera literaria, como acreditan 50 % poliéster, 50 % algodón, uno de los dos o tres relatos más destacables de la ya de por sí destacable antología de fantasía de cachava y boina No son molinos (Ed. Cerbero, 2017), y, sobre todo, su primera novela, Planeta Dónald (Ed. Alberto Santos, 2018), una digamos distopía con invasión extraterrestre que destaca por su planteamiento audaz y se lee muy bien.




Pero no adelantemos acontecimientos. Adolfina García comenzó a publicar ficción antes de convertirse en una de las piezas fundamentales de la sección de reseñas literarias de la revista Gigamesh que por aquel entonces dirigía Julián Díez. Los aficionados talluditos recordamos con especial cariño las críticas que hacía del ciclo del Centro Galáctico, de Greg Benford: su estilo desenfadado, desbordante de humor ácido, te hacía leer a carcajada limpia las reseñas de unos libros que, en el fondo, sabías que eran mucho más aburridos e intragables de lo que se sugería en la reseña y, desde luego, no leerías por nada del mundo, aunque las reseñas de Adolfina te dejaban con la duda razonable: «¿Y si merecieran la pena?». En este sentido, fue precursora del estilo de otro periodista friki forjado en las páginas de Gigamesh: Alberto Cairo. Mi llegada a la dirección de Gigamesh, un cargo que encajaba mucho mejor con su perfil profesional pero que no podía asumir debido a que en aquella época era jefa de sección en 20 Minutos, coincidió con un bajón en su producción ensayística, aunque llegamos a publicarle algunas reseñas. Durante los primeros años dos mil publicó, de manera cada vez más esporádica, reseñas en Gigamesh, Solaris o Jabberwock. Esta es la Adolfina García que seguramente les suene a los aficionados que llegaron al género gracias al auge de internet.
Por todo ello, lo más probable es que la inmensa mayoría de los frikis que están en esto desde los tiempos de los foros y las listas de correos solo conozcan a la Adolfina García reseñadora, del mismo modo que para los miembros del nuevo fandom solo es la autora de una buena novela y un relato extraordinario, ambos de muy reciente aparición. Sin embargo, lo más seguro es que no sepan que, entre 1992 y 1995, publicó cinco relatos, tres de ellos excelentes. Su primer vuelo, El jorobado, aparecido en el boletín Pórtico de la AEFCF en 1992, es un ultracorto que nos deja entrever a una adolescente con muy buenas ideas aunque todavía mucho margen de mejora. El relevo, aparecido en el Visiones propias de Julián Díez (1992), tiene un tono a lo Dino Buzzati que nos permite hablar de un relato más logrado. De postre, publicado en el Visiones propias II de Elia Barceló (1993), ya es un muy buen cuento de terror rural, en el que Adolfina comienza a dar rienda suelta a las que serán sus marcas de fábrica: un acabado formal casi perfecto, una increíble mala leche y una querencia por la estética feísta rayana en el gore. Gandamo, otro terror rural, es su aportación al primer número de Núcleo Ubik (1994) y resulta aún mejor. Fiel a su entrega anual, en 1995 publica el que hasta aquel momento era su mejor cuento, y también fue el último en más de veinte años: La casquería. Es una lectura agobiante, desagradable y claustrofóbica, ambientada en un edificio residencial que en aquel momento parecía una versión macarra de la Delicatessen de Jean-Pierre Jeunet y Marc Caro y ahora parecería una versión (más, mucho más) gore de La comunidad de Álex de la Iglesia. El cuento te conmovía hasta los cimientos, te revolvía las tripas y te dejaba con la impresión de hallarte ante un pequeño clásico. Recuerdo que Julián Díez me telefoneó solo para decirme que el de Adolfina iba a ser el primer cuento español que iba a aparecer en las páginas de Gigamesh; en concreto, en el número 4, su estreno como director. El valor de este relato, pues, va más allá de lo literario: también es un hito. No olvidemos que, en aquel momento, Gigamesh era la única publicación especializada que pagaba contenidos, lo que convertía a Adolfina García en autora profesional.





En una conversación con Lola Robles manifesté mi extrañeza ante la ausencia de La casquería en Distópicas o Poshumanas, sus dos antologías históricas de ciencia ficción española escrita por mujeres. Lola me respondió que lamentaba profundamente no poder incluir a García en los sumarios de las antologías, pero que estas estaban dedicadas a la ciencia ficción, y todos los cuentos de la autora cordobesa eran de fantasía o de terror; de hecho, Planeta Dónald es su primera incursión en la ciencia ficción. Por supuesto, añadía, en cuanto Teresa López-Pellisa y ella editen alguna antología histórica del terror o la fantasía escritas por mujeres en lengua española, Adolfina García estará ahí. Y lo hará con todo merecimiento, porque La casquería es, sin duda, uno de los cuentos importantes del terror español de los años noventa, y solo ha sido reeditado en una ocasión; en concreto, en el número 93 de la revista mexicana A Quien Corresponda (1999). 



Hamburgo Sur, de Patricia Suárez



Como ya he comentado, en el Visiones 2002, que seleccioné, aparecían tres relatos escritos por mujeres. Ahora puedo oír tu llanto, de Paula Grañeda, era un muy solvente relato de venganza sobrenatural e imposible escrito a lo Edgar Allan Poe. Ojo en el cielo, de Paula Ruggeri, era una divertidísima parodia del estilo dickiano, muy en la línea de los homenajes literarios que escribe la autora. Por último, Hamburgo Sur, de Patricia Suárez, era una delicadísima y compleja historia que, desde el reduccionismo apresurado y la manía del etiquetado fácil, podríamos llamar cortazariana acerca de una reunión familiar que no termina de concretarse y de unas visiones, cuya naturaleza no terminamos de saber si tiene un elemento fantástico o es el producto de la imaginación del protagonista, que proporcionan un bien trabado giro argumental final. Se trataba de un relato magnífico, que fue uno de los más aplaudidos en las reseñas de aquel Visiones y que, huelga decirlo, no se ha reeditado en España, al menos hasta donde he podido rastrear, ya que, como sucedía con el relato de Karim Taylhardat, todas las búsquedas que he efectuado me llevan sin remedio a artículos míos. 
 


El caso es que, a la altura de 2002, Patricia Suárez era una firma consolidada en el mundo editorial argentino, lo cual se nota en la maestría de su estilo y en el ritmo perfecto que le imprime a la historia. Es un placer leerla y, al llegar al final, releerla para recapitular. Es lo que se suele llamar una pieza de orfebrería en la que todo encaja. De hecho, Suárez es profesora de talleres de escritura y ha publicado obras al respecto, como La escritura literaria: cómo y qué leer para escribir (Homo Sapiens, 2007). En cuanto a su maestría como narradora en extensiones breves, baste decir que su recopilatorio El árbol del limón (Algaida, 2013) ganó el IX Certamen Iberoamericano de Relatos Cortes de Cádiz, y que no es su único galardón en la materia. Con todo, los dos campos en los que parece sentirse más a gusto, al menos a tenor de la cantidad de volúmenes publicados, son el teatro y la literatura infantil. En la base de datos de la Biblioteca Nacional de España constan catorce registros de obras suyas, repartidos a partes iguales entre narrativa breve, teatro y novela infantil. En Argentina ha publicado más de una docena de novelas para público infantil y juvenil, además de media docena de poemarios. Es, pues, una autora de obra extensa y de alta calidad, que se ha adentrado de manera tangencial en el género fantástico pero lo ha hecho con relatos tan sobresalientes como este Hamburgo Sur, cuya reedición en alguna antología histórica sería un acto de justicia.


Monstruos marinos, de Jimina Sabadú


 Cuando Jimina Sabadú publicó Monstruos marinos, su primer relato, en el número 2 de Artifex Tercera Época (2005), su nombre no era en absoluto desconocido. Habitual en las páginas del mítico fanzine Mondo Brutto, colaboraba tanto en radio como en prensa escrita. Sabadú encarna el nuevo fandom de los años dos mil, criado entre referentes frikis y posmodernos, para los que el lolitismo, el manga y el cosplay son referentes tan válidos como Luis García Berlanga o las series infantiles de los años ochenta, y al mismo tiempo dotado de un sólido bagaje teórico y práctico (imparte clases de dramaturgia y literatura creativa en la Universidad Camilo José Cela). Sus colaboraciones con Jordi Costa en el videoblog Otaku y Carcamal, por ejemplo, son tan divertidas como rigurosas, y son solo un eslabón más de una cadena que la ha llevado a trabajar en televisión y en radio (por ejemplo, para la recientemente clausurada radio municipal madrileña, M21). Además de tener en su haber el cortometraje Fiat Homo (2010), ha sido guionista de los largometrajes La máquina de bailar, de Óscar Aibar (2006), y Faraday, de Norberto Ramos del Val (2013), que dejan bien claro, a modo de declaración de principios, su amor por la cultura popular de los años ochenta y noventa, del que Monstruos marinos es un buen exponente. El hecho de que sea la prologuista de Guía de Sensación de vivir para el teenager de hoy, de Pilar Baena (Diábolo, 2015) es cualquier cosa menos casual.



El relato que nos ocupa fue su primera obra publicada de ficción. En él plantea algunas de las constantes que desarrollará en sus novelas Celacanto (Lengua de Trapo, 2010), con la que ganó el XVI Premio Lengua de Trapo de Novela, y Los supervivientes (Algaida, 2015), que ganó el XX Premio Ateneo Joven de Sevilla. 


 La recurrencia de una infancia «de las de antes» como territorio mítico y al mismo tiempo indeseable, los guiños frikis y la presencia en la trama de elementos de la cultura pop y kitsch de los años ochenta convierte este relato y las dos novelas en una especie de universo compartido, aunque son independientes y ni siquiera comparten personajes, tan solo arquetipos y alusiones casuales. Un ejemplo es el celacanto que da título a su primera novela y que aparece de manera tangencial en este relato: nos vale como símbolo de la pervivencia e interferencia de esa infancia ya casi prehistórica en nuestro mundo adulto. Asimismo, el leitmotiv de Monstruos marinos es una vuelta de tuerca sobre la temática de Frankenstein, de Mary Shelley: la capacidad humana de crear vida artificial, representada en este caso no por los dinosaurios que tanto apasionan a la pandilla protagonista del relato, ni por un ser humano construido a partir de retazos de cadáveres, sino por esas quisquillas revenidas que se vendían por correspondencia en los años setenta y ochenta como si fueran los mismísimos Reyes de la Arena del relato epónimo de George R. R. Martin. Jugar a ser Dios es un juego de niños, de manera literal, solo que las circunstancias de la víctima, una maestra de primaria (perdón, EGB), le añaden a la historia una dimensión casi ballardiana («Quizá los monstruos marinos nos querían explicar que aquello de vivir fuera del tiempo era solo un estado mental»); por otro lado, esa pandilla tan disfuncional que está condenada a desaparecer tras el fin de la infancia nos remite no solo al nudo argumental de Celacanto, sino también a otras obras definitivas sobre esta temática como Mystic River (la de Dennis Lehane o Clint Eastwood, como prefiera la lectora) o El cuerpo/Cuenta conmigo (y, de nuevo, puede elegir, esta vez entre Stephen King o Rob Reiner). 
 Monstruos marinos se erige, en resumen, como un relato definitivo sobre la infancia perdida y los riesgos que entraña jugar a ser un demiurgo, solo un punto por debajo del Arrebato de Iván Zulueta en cuanto a crudeza y capacidad evocadora, y al mismo tiempo es un buen preludio de las dos novelas que Sabadú ha publicado posteriormente, tan recomendables como este relato pero que, por cuestiones de extensión, quedan fuera del ámbito temático de este ensayo. Es otra de las historias de género fantástico creado por autoras españolas que no termino de entender por qué no se ha reeditado.


Erundina salvadora, de María Concepción Regueiro



Y llegamos al final de esta retrospectiva con uno de los relatos que más me sorprendieron cuando formé parte del comité seleccionador del Fabricantes de Sueños de 2008, que recopilaba los mejores relatos aparecidos durante 2007. Publicado en el número 14 de Erídano, era una de las primeras obras notables de la gallega María Concepción Regueiro, una autora que alterna la escritura en gallego y en castellano, por lo que su presencia aquí es un recordatorio de la literatura fantástica escrita en eso que, a veces de manera peyorativa, se define como «otras lenguas del Estado». No poseo el bagaje suficiente como para abarcar y juzgar el género escrito en catalán, euskera, gallego o asturiano, pero está claro que es una asignatura pendiente en libros como este, más predispuestos a analizar relatos escritos a diez mil kilómetros que otros cuyos autores muy bien podrían vivir en el mismo barrio que los autores; pared con pared, como quien dice.



Regueiro comenzó publicando una novela adulta, Tempos agradables (Edicións do Cumio, 2002) antes de dar el salto a la literatura infantil en gallego, con títulos como Un marciano neste mundo (Ed. Baía, 2004) y O tesouro das ánimas (Ed. Baía, 2006). Aun sin abandonarlo del todo (vuelve a la lengua gallega en A herdanza do marqués, de 2009, y A cerna do segredo, de 2014), no tarda en comenzar a escribir en castellano. De este modo, durante el primer lustro de los años dos mil se labra una reputación de autora solvente con relatos como San Antonio (2003) o La sangre de los inocentes (2005), que va publicando en las antologías de relatos presentados al premio El Melocotón Mecánico de Grupo AJEC (en las ediciones de 2003 y 2005) o en recopilatorios como Razas estelares (2004), de Mundo Imaginario. Todo esto se traduce en un primer libro de relatos, La estirpe de Tordón (Mundo Imaginario, 2005) y la publicación de más historias en el circuito de revistas electrónicas como Parnaso o Alfa Eridani que dominó los años centrales de la década pasada. Para cuando apareció Erundina salvadora, en 2007, Regueiro estaba a punto de publicar su primera novela de ciencia ficción en castellano, La moderna Atenea (Ed. Grupo AJEC, 2008), que fue finalista del Ignotus, y dar por lo tanto un salto cualitativo. 
 


La nueva década la convirtió en una de las autoras de referencia, en particular tras la publicación del recopilatorio Historias del Crazy Bar y otros relatos de lo imposible (Stonewall, 2013), escrito a medias con Lola Robles, que la sitúa como una de las cabezas visibles de la emergente escena fantástica LGBTI+, que tal vez alcance su máximo exponente en la novela ¿Hogar? (Café con Leche, 2018). También junto a Lola Robles selecciona la antología Visiones 2016 de la AEFCFT y aparece en la recopilación histórica Distópicas (2018). Asimismo, publica relatos en antologías indispensables como La canción de Orfeo y otros relatos de viajes interestelares (Ed. Cápside, 2016) y la ya mencionada No son molinos (Ed. Cerbero, 2017).
Llegados a este punto, Regueiro experimenta un nuevo salto cualitativo: se inventa nada menos que un subgénero, el llamado delibespunk, que consiste en mezclar parafernalia de ciencia ficción levemente steampunk con una ambientación en el mundo rural, de lo que resulta una muy personal mezcla de cachava y boina, realismo mágico, realismo y retrofuturismo. Hasta ahora, los jalones más significativos de esta vertiente son el relato Isla Faraday (SuperSonic Magazine 7, 2017) y las novelas cortas Los espíritus del humo (Ed. Cerbero, 2017) y La refulgencia (Ed. Cerbero, 2019).


 
Y aquí quería llegar yo. El delibespunk, tal como lo enuncia Regueiro en el ciclo narrativo que está publicando con la editorial Cerbero, ya se veía venir en Erundina salvadora. En él se nos narran las vicisitudes de Desiderio Ibáñez, un programador informático avant-la-lettre que, tras la deserción de Mario, hereda una máquina a la que llama Erundina. Esta es un desarrollo del motor diferencial que ideó Charles Babbage en el siglo xix y que ha protagonizado buena parte de la literatura steampunk desde Bruce Sterling hasta nuestros días. Pero Erundina no es un ordenador al uso: tiene la capacidad de planificar estrategias, y su concurso puede ser fundamental para ganar la Guerra Civil. Porque, en efecto, estamos en la Barcelona de finales de 1938, con el bando republicano enfrentado en un conato interminable de guerra civil dentro de la Guerra Civil, los anarquistas por un lado y los socialistas de Negrín por otro, y las tropas franquistas a punto de romper el frente del Ebro y precipitar el final de la contienda. Desiderio se encuentra con varios milicianos anarquistas, que representan el español medio, al margen de los intereses que dictan la alta política y el cálculo estratégico; es decir, todo aquello que simboliza Erundina. A los milicianos los mueve el factor emocional, o eso aseguran. Han perdido hijos o amigos en la guerra: ya no es una cuestión ideológica, es algo personal, como corresponde a toda contienda fratricida. El relato concluye con una vuelta de tuerca en clave ucrónica.
Leído en su momento, daba la impresión de que Erundina salvadora, de haberse publicado un par de años antes, habría entrado sin problemas en la antología Franco: Una historia alternativa, seleccionada por Julián Díez para Minotauro en 2006, y que no dudo en considerar la mejor antología temática española de los años dos mil. Releída ahora, doce años después de su primera publicación, parece que la urgencia es otra: bien podría servir de base para una segunda antología temática sobre lo que doy en llamar francopunk, esas historias, no necesariamente ucrónicas, en las que Franco o el franquismo desempeñan un papel relevante. Cierto es que, aunque la coyuntura ha devuelto al dictador a la primera plana de la actualidad nacional, las circunstancias legales no son favorables, con leyes mordaza que ven delitos de odio donde no los hay y un poder judicial digamos que demasiado susceptible con el asunto; pero, mientras existan la libertad de expresión y las editoriales, independientes o no, siempre se podrá soñar con una segunda entrega de Franco: Una historia alternativa. Como digo, el relato de Regueiro podría ser uno de sus platos fuertes. Y, de no ser posible, siempre nos quedarán las antologías históricas. Por calidad, Erundina salvadora tendría que estar en una de ellas.


A modo de conclusión, solo he ofrecido cinco sugerencias, pero por supuesto podría haberme extendido hasta la docena. Nombres como Susana Vallejo siguen hoy vigentes e incluso han ido a más, tras unos años noventa y dos mil en los que desaparecieron del mapa por motivos varios, para regresar por todo lo alto en los años dos mil diez. Si bien no alcanza el nivel de las novelas que ha escrito de diez años para acá, por ejemplo Switch in the Red (Edebé, 2009) o Calle Berlín, 109 (Plaza & Janés, 2013), un relato como el ya citado Estar tres va más allá del propósito para el que se escribió: los deberes del taller literario que Elia Barceló impartió en Andorra en verano de 1993, consistentes en escribir un relato de ciencia ficción con sexo en gravedad cero y un loro; de hecho, es una historia que, releída hoy en día, conserva toda su frescura y merece un rescate. Sin embargo, ¿qué habrá sido de Georgina Burgos, Luna García, Susana García, Alejandra Medina o Elena Pérez, que en su momento escribieron relatos más que meritorios y luego desaparecieron del fandom sin dejar rastro? La primera es hoy en día una auténtica eminencia en su campo profesional, la sexología, y, además de ser finalista del premio La Sonrisa Vertical, ha autoeditado algunas novelas de ciencia ficción, lo cual significa que el frikismo, aquello que la llevó a las publicaciones de género, sigue ahí, algo más que latente, pero ¿qué ha sucedido para que no haya regresado a las publicaciones del fandom? El mundillo ya no tiene que ver con el que era en los años noventa. Tal vez sea buena idea localizarlas, reeditar algunos de esos relatos que forman parte de la historia de la ciencia ficción, la fantasía y el terror españoles y, quién sabe, descubrir que el talento y la predisposición siguen ahí, y contar con nuevas historias inéditas suyas. Si este ensayo es solo un primer paso para conseguir este propósito, o el germen de alguna antología histórica, o una fuente de información para editores con buen ojo clínico, bienvenido sea.

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