martes, 22 de julio de 2008

En Berlín, junto al muro...


Uno de los conciertos que, si tuviera dinero y tiempo, me hubiera permitido este verano era el de Lou Reed en Girona. Pero canceló gran parte de su gira española y sólo tocó en Málaga. No debería querer verlo: todavía recuerdo los comentarios de mis hermanos sobre el espantoso concierto que ofreció en Madrid a principios de los ochenta o finales de los setenta. Lou Reed iba muy colocado, apenas cantó y, en aquellos tiempos tan lejanos, el público se cabreaba si le tomaban el pelo (no como ahora, que no se quejan ni a hostias y aplauden todo lo que escuchan, sea bueno o malo), de modo que casi lo linchan y casi destrozan el escenario.
Pero nada, Lou Reed se ha reformado, anda con gente intelectual y, después de vivir una segunda edad de oro en un final de década de los ochenta e inicio de década de los noventa muy potente (New York, Songs for 'Drella y Magic and Loss), su creatividad parece haber ido a menos (con momentos puntuales como The Raven) y ahí tenemos a Lou Reed, recapitulando acerca de su pasado y sus fantasmas.
Unas manifestaciones más bonitas de esta recapitulación es su última gira. Envidio profundamente a los aficionados que pudieron verlo en el teatro Cervantes de Málaga. No era un concierto al uso, sino una interpretación secuencial del que tal vez sea su mejor disco (que no el más famoso) y el que, desde luego, es mi disco favorito: Berlín. La trágica historia de amor entre una prostituta alemana y un yonqui estadounidense en el Berlín del Muro.
Como mis hermanos mayores ponían a todas horas a Lou Reed, los Rolling Stones, los Beatles, los Doors, los Clash, Sex Pistols, David Bowie, Iggy Pop y Doctor Feelgood, puede decirse que llegué a la adolescencia con una base musical bastante apañá, que no se me ha ido del todo. En vez de quedar a pelar la pava en la puerta del Vips de Velázquez, comprarme polos de Lacoste e ir de discotecas pijas para emborracharme con leche de pantera (actividades que casi cualquier jovencito del barrio de Salamanca consideraría la norma), me dedicaba a comprar libros y discos, y a pasar tardes enteras en los cinestudios madrileños (el Fantasio, el Dúplex, el Griffith...). Me pasaba horas y horas en el Discoplay de Los Sótanos, o en el Madrid Rock de la calle Mayor, y allí saqueaba las series medias, las reediciones de clásicos a 595 pesetas.
De una de aquellas incursiones salí con Berlín, de Lou Reed. En casa siempre habíamos tenido el Rock 'n' Roll Animal, con esa intro tan demoledora, y alguna cosita de la Velvet. Me pasé literalmente años con una canción de la Velvet en la cabeza. No tenía ni idea de cuál era; tan sólo sabía que la cantaba una chica y que era muy sencillota, casi susurrada. Cuando me compré el primero de la Velvet, el del plátano, esperé escuchar aquella canción, pero ni modo. No era Nico. No era "I'll Be Your Mirror", ni "Femme Fatale" ni "All Tomorrow's Parties". Pero no me desanimé. Me compré una biografía de la Velvet, editada por Cátedra, y me empollé todas las letras. Y así fue como, de manera intuitiva y partiendo de recuerdos de infancia (debí de escucharla, una sola vez, con diez u once años, en casa de un amigo de mi hermano Enrique), deduje que se trataba de "Afterhours", y quien la cantaba era Maureen Tucker. Pero claro, el tercero de la Velvet no estaba en las series medias, y tuve que comprármelo más tarde, cuando me pude empezar a permitir ciertos lujos, tal vez en Escridiscos.
La música producía aquellos momentos mágicos.
Otro momento mágico se produjo cuando escuché Berlín por primera vez. La distorsión de la intro, casi experimental, daba paso a un lamento, "Berlín", con un piano desgarrador y una voz rota, rotísima. Intento ponerme en el punto de vista de los aficionados que acababan de fliparlo con Transformer, y... ¿Cómo se puede pasar de "I'm So Free", "New York Telephone Conversation" y "Goodnight Ladies" a canciones como "Berlin" o "Lady Day", de un disco para otro, en apenas unos meses? Imposible, claro. Por ese motivo, el disco se convirtió en una obra maldita, y pasó desapercibida. Y Lou Reed dejó de interpretar sus canciones, hasta que en 2006 reunió coraje para recapitular su momento musical más doloroso. De ahí nació la actual gira que lo ha llevado a Málaga, y una película de Julian Schnabel.



Años después me compré Berlin en cedé, en una caja que también contenía Transformer. La cara y la cruz. Los dos mejores discos de Lou Reed, y los más opuestos (seamos piadosos y no le tengamos en cuenta el Metal Machine Music).
Había diferencias entre el orden en el que estaban dispuestos en la edición de vinilo y la de cedé. Es más: había un tema que no aparecía en la versión de vinilo y sí lo hacía en el cedé: "The Kids". Es la historia de cómo le quitan la custodia de los hijos a Caroline, porque no es una buena madre. Los niños lloran, con un fondo musical en el que la guitarra y los vientos transmiten una tranquilidad y una seguridad impresionantes. El contraste es perverso: una de las melodías más bonitas de Lou Reed, truncada por unos lloros que parecen reales.
Antes que eso, la historia de amor, odio y drogas de Jim y Caroline ha ido produciendo momentos aterradores como "Lady Day", canciones aparentemente inocuas como "Men of Good Fortune" o "Caroline Says I", explosiones de ritmo como "Oh Jim", vueltas al espíritu de Transformer como "How Do You Think It Feels" y un cambio de ritmo en el que la historia se acelera, la música se ralentiza y nos acercamos al cataclismo final. "Caroline Says II" y su "It's so cold / in Alaska" inspiró a Olvidito Gara para adoptar el nombre de guerra por el que es conocida en la actualidad.
A continuación, "The Kids", con Caroline en estado terminal. Ya que le han arrebatado la vida, decide rematar la tarea, y de ese modo sobreviene "The Bed", la canción más dura de Lou Reed. "This is the place / where she cut her veins", comienza Reed, y termina con una polifonía que casi parece la secuencia final del 2001 de Kubrick. Después de ello se abre la última canción, "Sad Song", con unos vientos casi angelicales que ponen la piel de gallina.
No recuerdo qué edad tenía cuando compré Berlin y lo escuché, de una sentada, con los esquemas musicales cambiados ya para siempre. Debía de tener dieciocho años, año arriba, año abajo. Y ya nada volvió a ser lo mismo. Ni el Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band, de los Beatles, que hasta entonces había sido mi disco favorito. Ni el London Calling, de los Clash, ni el primero de la Velvet, ni el Born to Run de Bruce Springsteen, ni Ziggy Stardust de David Bowie. Se mantienen en lo más alto de mi jerarquía de discos fetiche (con alguna incorporación posterior, como el Revolver de los Beatles, el Wish You Were Here de Pink Floyd, el Doolittle de los Pixies, el Mezzanine de Massive Attack o el Rock Action de Mogwai), pero ningún otro disco ha podido desbancar de lo más alto al Berlin de Lou Reed.
No es un disco para escuchar en verano, ni para escuchar cuando se está de buen humor, pero es necesario. Para entender la música. Para entender a la gente. Para disfrutar de una buena historia. Para llorar. Para meditar.





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8 Comments:

Anonymous arturo said...

Lo que de su creativida ha ido ha menos es discutible. Lo que pasa es que hace cosas distintas."The raven" tenia cosasa estupendas. Willian Dafoe recitando el cuervo, Steve Buscemi leyendo el corazón delatror( ¿nervisoso yo? pregunta. Impagable), un temazo tradicional de Reed" Who I am".
Piensas en la persona que deseas ser/ luego te levantas y te enfrentas a la realidad".
El muy bonito y lirico "Vanishing act", etc.
Tiene tambien algunos temas infectos pero eso pasa con todos los discos de Reed.

23 de julio de 2008, 14:40  
Blogger Juanma said...

Sí, justo por eso pongo The Raven como excepción.

A lo mejor me faltan referentes para entender lo que hace ahora. De todos modos, he oído campanas de que su próxima gira será conjunta con Laurie Anderson. :-)

Tiene tambien algunos temas infectos pero eso pasa con todos los discos de Reed.

De hecho, a veces me pregunto si la culpa de que Transformer no fuera mi disco favorito de Lou Reed es de cosas como "Make Up". Una concesión a la sensibilidad glam de la época, supongo.

23 de julio de 2008, 15:24  
Anonymous arturo said...

Pues yo diria que por hay va: musica pensada para grandes escenarios.
Pero Reed ralmente hace lo que le da la gana.
En The raven no tuvo reparo en meter al hasta entones desconocido - y ahora estrella- antony, de hecho fue su lanczameinto. No encaja con el resto pero que más da.
Mete la colaboración con Coleman que logicamente esta marcada por las ideas de Ooleman. No llevas a Ornette Coleman al estudio y le dice como tocar el saxo. Luego los recitados sobre fondos de curedas, luego su intento de hacer punk, luego el cabaret ( hay entramos en lo infecto) y luego esta el single que parece un intento calculado de joder a las discograficas. Es pegadizo, tiene un riff guitarrero pegadizo, tiene un estribillo (relativamente) ingenioso y es incalficablemente infame.Es reed haciendo una amala imitacion de reed. A esas alturas debe de saberlo. Por esto tuvieron la prudncia de usar "the raen"

23 de julio de 2008, 18:45  
Anonymous arturo said...

Y por cierto que para mi de lo más terrible es la reflexión final de JIm:
Si no hubiera sido yo/ habría sido otro.

23 de julio de 2008, 18:48  
Blogger Juanma said...

Somebody else / would have broke / both of her arms.

Sí. Espeluznante.

El disco entero pone los pelos como escarpias.

No conocía los detalles que cuentas de The Raven. Volveré a escucharlo. :-)

23 de julio de 2008, 18:53  
Anonymous arturo said...

Aqui es donde uno queda como lo que es reconociendo que compré la edición de doble cd de the raven que es donde vienen la mayoria de los recitados. Por cierto que me costo lo suyo porque se agotó *en el día* en toda España. Me comentarón en la FNAC y me confirmaron en el Corte Inglés que la tirada completa del CD se agotó pero que era muy pequeña ( 20.000 cds). La pregunta es ¿¿Quien vende 20.000 cds en un día?? Al parecer es que la discográfica entendia que Lou Reed no tenia publico. Algo parecido me paso con el disco Late Registration de Kanye West que gano el Grammy y West fue portada de Time y que hicieron una tirada de ¡5.000 ejemplares! porque " según las discograficas el rap no le interesa a nadie"(palabras del responsable de pedidos de la FNAC) tenias que pedirlo bajo encargo.
Sorprendentemente (más bien no)cuando se editó más ampliamente meses despues fue directo al saldo ...
Si le das otra escucha al cuervo fijate en estos tres temas:
- The raven. El poema de Poe llevado al nueva york contemporaneo por Reed y recitado por William Dafoe contra un fondo de cuerda minimalista.
- Vanishing act. Tambien con un fondo de cuerda Reed canta una de las melodias más bonitas de su carrera ( al nivel de Berlin o Perfect day) con una letra agridulce: Sería bonito ser capaz de desaparecer.
- Who I am. Reed clásico con frases impagables como "
You'd love to solve the mistery of live
By cutting someone's throat or removing their heart
You'd like to see it beat
You'd like to hold your eyes
And though you know I'm dead
You'd like to hold my thighs

( por cierto que vaya cantidad de erratas. supongo que eso pasa por despertarse a las seis de la mañana)

23 de julio de 2008, 23:28  
Anonymous sherezade said...

Bueno, entre Arturo y tú, Juanma, me habeis picado pero bien con Lou Reed. He escuchado cosillas sueltas pero nunca le había prestado mucha atención, ahora no me quedan más huevos. Por ahora ando escuchando a Nick Cave como una loca.

24 de julio de 2008, 14:33  
Blogger Juanma said...

Pues si te gusta Nick Cave, lo lógico es que Lou Reed también te guste. Berlin consigue que el Your Funeral, My Trial de Nick Cave o el Curtains de Tindersticks parezcan de Georgie Dann.

Puestos a comenzar, mejor el material de la primera mitad de los setenta (Transformer, Berlin, Sally Can't Dance o Coney Island Baby).

Besos,

24 de julio de 2008, 15:19  

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