jueves, 24 de julio de 2008

¿Fetichista yo?

¿Fetichista yo?
Bueno, sí. Y un poquito friqui.
No asistí a la Semana Negra: no tengo pelas. Tampoco lo hice a la charla que George R. R. Martin ofreció en la biblioteca Jaume Fuster de Barcelona: estaba en clase, en un curso de corrección de estilo. Al día siguiente no me acerqué por la sesión de firmas que Martin estaba ofreciendo en el hotel NH Podium: tenía mucho trabajo. Y, por la noche, no me pasé por la cena en su honor: demasiado mogollón como para rematar para la semana que llevaba.
No me quedaban días para conocer al señor Martin. Y pedirle que me firmar algún libro.
Por suerte, Círculo de Lectores y Gigamesh llegaron a un acuerdo para que Martin se pasara por el Foro Fantasy y ofreciera una charla en línea con los usuarios.
El acto fue muy relajado. Estábamos en una sala de juntas de la planta octava. La conexión nos dio algún que otro susto, y durante varios momentos de la charla nos temíamos que no llegase a funcionar, de modo que ello repercutió en que tardábamos bastante en picar las respuestas de Martin.
La dinámica fue un poco diferente de lo habitual en las charlas con autor. Previamente habíamos impreso las preguntas, que se habían traducido al inglés (excepto las que estaban formuladas directamente en inglés, claro). Anne Vial, del departamento de Ficción, se las comentaba a Martin; éste comentaba de viva voz. Marta Font, de Informática, picaba las respuestas sobre la marcha, a la espera de que Anne tradujera los detalles y Alejo Cuervo y yo precisásemos algunos detalles sobre la obra de Martin (grafía correcta de algunos nombres, terminología de acuerdo con la traducción y cosas de ésas). Adelina Plana y Cristina Castro, de Círculo, y Álex Vidal, de Gigamesh, observaban la charla, y de vez en cuando Álex y yo hacíamos algún comentario friqui.
La charla, como digo, discurrió de una manera muy plácida, y supongo que Martin lo agradeció. En vista de que hubo pocas preguntas, apenas estuvimos un poco más de una hora, que es lo habitual en los encuentros virtuales de los diarios de mayor difusión, aunque está claramente lejos de las cerca de cinco horas que se tiró Laura Gallego en la charla que había mantenido hace un par de meses en el mismo foro Fantasy de Círculo de Lectores.
Antes de que comenzara la charla, mientras el fotógrafo de Círculo tomaba instantáneas del evento, apareció un empleado de Círculo con dos ediciones de Juego de tronos: una de Gigamesh y la de Círculo. Martin se las firmó encantado.
Cuando terminó la charla, fui yo quien se acercó con material. Como no podía llevarle todas las obras suyas que tengo en casa, decidí ser un poquitín original y llevarle libros no demasiado encontrables.

Canciones que cantan los muertos es una de las recopilaciones de un solo autor más potentes que se han publicado en España, al menos de género de terror. Contiene tres relatos que, a mi molesto entender, son auténticas obras maestras de la literatura fantástica: "Los reyes de la arena" (que, aparte de ser un gran relato de terror, se podría interpretar como una cruel metáfora de las relaciones entre un autor consagrado y sus aficionados más exaltados), "El tratamiento del mono" (el cuento que debería leerse en todas las salas de espera de clínicas de adelgazamiento) y "Recordando a Melody" (cuento de notable mal rollo, por contar lo que cuenta con un enfoque tan cotidiano). Así que, sin discusión posible, lo metí en la talega.
Evidentemente, el Gigamesh número 40, especial George R. R. Martin. Que, cierto, no es el mejor Gigamesh que dirigí, pero sin ninguna duda es el único que tuvo unas ventas aceptables. Tan aceptables como que hubo que reeditarlo sobre la marcha. Sigue siendo un punto de referencia para entender la obra de Martin y todo lo que la rodea: traducción, ilustración y, sobre todo, biografía (¡qué grande es "El corazón de un niño pequeño"!).
Y, claro está, Muerte de la luz, que sigue siendo mi Martin favorito. Llevé dos: uno, para que se lo dedicara a Cristina; y el otro, la edición de Edhasa, para mí. Martin se llevó una sorpresa muy agradable:
-Nice book!!!
-Yes. It's my treasure -aunque debería haber dicho "my precioussss", que hubiera quedado más friqui.
Mi Muerte de la luz de Edhasa, como podéis ver en la firma, data de 1988. En aquella época, esa edición estaba más que agotada desde hacía años. Simplemente, no se encontraba. Era uno de los Nebulae Segunda Época más buscados, y, por supuesto, uno de los mejores. Fue uno de los primeros títulos de ciencia ficción que me recomendaron, y yo llevaba tres o cuatro años buscándolo como loco por todas partes. La guerra interminable, El invencible y algún que otro libro difícil de encontrar fueron cayendo, sucesivamente, ya fuera en la Cuesta de Moyano, ya fuera en la Feria del Libro Antiguo y de Ocasión, e incluso en algún que otro saldo en el Vips. Pero Muerte de la luz se me resistía.
Por eso, el corazón me dio un vuelco cuando lo vi donde menos me esperaba: en una Feria del Libro. No en la del libro antiguo, sino en la del libro "moderno", la del Retiro. Hasta donde puedo deducir por la fecha de la firma (Feria del Libro 1988), debía de haber terminado las clases de C.O.U. y estaba esperando a examinarme de Selectividad.
Como el Retiro está cerca de casa de mi madre, todo fue tan fácil como dar un paseíto. Entraba por la esquina de O'Donnell con Menéndez Pelayo. Seguramente el día era apacible, una de esas encantadoras mañanas madrileñas de primeros de junio. Aún no hace mucho calor, y el sol juguetea con las hojas de los árboles y le da mil y un tonos al color verde, algunos de ellos existentes sólo en esa zona del Retiro.
Ni siquiera tuve que rebuscar: lo vi en cuanto llegué a aquella caseta. Alargué la mano y lo cogí. No llevaba encima la cantidad que costaba (tampoco era excesivamente caro, de todos modos), así que la dependienta se ofreció a guardármelo hasta que apareciese con el importe exacto.
No dejé pasar ni un día. Esa misma tarde me acerqué a la caseta. No estaba la dependienta que me había atendido por la mañana, pero la que me cobró el libro me dijo mientras me lo daba:
-No sabes el tesoro que te llevas.
Y yo pensé: "Claro que lo sé. ¡Nos ha jodido si lo sé!".
Tuve un arrebato: en la página del título escribí una nota, por suerte a lápiz, en la que decía algo así como "Tras años de incansable búsqueda por todas las librerías de viejo y de nuevo de Madrid. Feria del Libro 1988". Años después, tuve el buen sentido de borrar la primera frase (aunque, si se afina la vista, se puede leer parte del texto) y me limité a dejar la coletilla, ese "Feria del Libro 1988", que sirve de testigo de mi letra dubitativa e irregular de adolescente, y me recuerda la época en la que buscar los clásicos impepinables del género era casi una labor de investigación; los años en los que Nueva Dimensión parecía un mito del pasado remoto, aunque apenas hacía un lustro que había chapado; los tiempos en los que ni siquiera existía la TerMa, ni la AEFCF, y hacía ocho años que no se celebraban hispacones, y todo lo que teníamos, en términos de friquismo, eran reuniones culinarias en los sucesivos pisos compartidos en los que vivía José María Faraldo. Es probable que me acercara por casa de Faraldo, y compartiera el hallazgo con Julián Díez, Susana Vallejo, Héctor Ramos y Adalberto de Osma. O tal vez lo demorara unas semanas, ya que me estaba preparando la Selectividad y no conseguía que Hegel me entrara en la cabeza.
Leí Muerte de la luz y me encantó. Sigue pareciéndome la historia de amor más bonita de la ciencia ficción (ex aequo con Solaris, por supuesto). Y la última frase, con ese final tan abierto pero abrupto, me sigue pareciendo uno de los puntos culminantes del género. No he querido releerla, porque me da miedo pensar que pueda perder algo de la magia que tuvo para mí en aquellos años; pero, por otro lado, sí he releído libros que me siguen trasladando directamente a aquellas tardes en las que aprovechaba la última luz que se filtraba por la ventana, o las noches de verano, con las ventanas de la terraza abiertas, algunas estrellas titilando por encima de mí (aún no había tanta contaminación lumínica como ahora), y me sentaba o tumbaba a leer esas Estación de tránsito, La tierra permanece, A vuestros cuerpos dispersos, El fabuloso barco fluvial, Puente mental, Los propios dioses, Ubik, Cita con Rama, Cántico a San Leibowitz, Dune, Soy leyenda, Matadero cinco, Señor de la luz, las recopilaciones de los premios Hugo de Martínez Roca, los Nueva Dimensión que encontraba en Moyano y en el Vips y, por supuesto, Muerte de la luz.
Fue eso lo que le di a Martin para que me lo firmara: el sentido de la maravilla, el amor a la ciencia ficción antes de que ésta se metiera a puta (en feliz expresión de César Mallorquí), las tardes y noches de viaje a otros mundos, la seguridad de que allí arriba había más, y más interesante, que aquí... Mi adolescencia friqui. Y, de alguna manera, Martin lo reconoció, porque, de todos los libros que le vi firmar allí, fue el único que le arrancó un comentario:
Nice book!!!
Es una manera de verlo.
Nice times!!!, podría haber dicho.
Supongo que sí, que tengo un puntito fetichista. Me viene bien para recordar lo que soy.

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11 Comments:

Blogger Cristina said...

para que se lo dedicara a Cristina

Y qué subidón cuando lo vi. No me lo esperaba ;) a ver si tengo tiempo de leerlo...
La charla estuvo muy bien, y probablemente él agradeció que no fuéramos en turba a preguntarle por la familia Tacatá que mata a la Tocotó...

25 de julio de 2008, 18:20  
Blogger Juanma said...

Ah, pues léetelo, que creo que te va a gustar. :-)

El público estuvo comedido, y hubo una mezcla razonable de preguntas friquis y preguntas inteligentes (o ambas). La del melocotón de Renly fue muy friqui. Y fue genial, por el equilibrio entre precisión y delicadeza, la respuesta en la que cuenta el espóiler más sangrante de Tormenta de espadas sin revelarle el menor detalle de la trama a quien no se la haya leído.

:-************

25 de julio de 2008, 18:25  
Blogger Álex Vidal said...

No he querido releerla, porque me da miedo pensar que pueda perder algo de la magia que tuvo para mí en aquellos años (...).

Ya sabes que leérmelo, lo que se dice leérmelo, aún no lo he hecho; pero revisándolo y maquetándolo me quedó también como una de las historias más bonitas que había leído. Ever. Así que, yo que tú, me la releía sin miedo. Lo único: se nota que no tenía todavía la experiencia que despliega en CdHyF, pero ¡qué cojones! ya me gustaría escribir una novela primeriza como esa.

Bueno, y a Dan Brown también le gustaría escribir así :D

26 de julio de 2008, 11:21  
Anonymous Rudy said...

Bueno, y a Dan Brown también le gustaría escribir así :D

O a lo mejor no. No parece que le haga falta para ganarse bastante bien los garbanzos.

27 de julio de 2008, 14:44  
Blogger Álex Vidal said...

No sé: algo me dice que si el próximo libro se vende como churros (porque se venderá, aunque haya alquilado a los monos juntaletras esos de La historia interminable) y, además, se lo alaban, su ego de escritor se lo agradecerá... ;)

27 de julio de 2008, 15:40  
Blogger Gorinkai said...

¡Fetichista!

(Sí, ya, mira quién habla, pero es igual. ;)

27 de julio de 2008, 21:22  
Blogger Juanma said...

Rudy:

O a lo mejor no. No parece que le haga falta para ganarse bastante bien los garbanzos.

Pues fíjate que yo pienso lo mismo... :-P

28 de julio de 2008, 11:16  
Blogger Juanma said...

Gorin:

¡Fetichista!

(Sí, ya, mira quién habla, pero es igual. ;)


No, si ya... Fetichistas somos, y en la sesión de firmas nos encontraremos... :-P

28 de julio de 2008, 11:17  
Blogger Juanma said...

Álex:

Así que, yo que tú, me la releía sin miedo. Lo único: se nota que no tenía todavía la experiencia que despliega en CdHyF, pero ¡qué cojones! ya me gustaría escribir una novela primeriza como esa.

Pues igual cae este verano. :-)

28 de julio de 2008, 11:18  
Anonymous Anónima de las 9:59 said...

Yo le llevé para firmar "El sueño del Fevre" (Ed. Viejuna), y también le arranqué un comentario:

-Creo que es la peor portada que haya tenido un libro mío.

Probablemente, tenía toda la razón del mundo. Juas, juas...

También llevé las "Canciones que Cantan los Muertos". Carezco de memoria para los cuentos, pero "El Tratamiento del Mono" no se me olvida.

29 de julio de 2008, 8:20  
OpenID arturovillarrubia said...

Yo no soy fetichista.
Solo tengo un libro firmado por el autor.
"Ficciones" de Jorge Luis Borges.
Bueno tambien tengo libros firmados y dedicados de Michael Moorcok y Alan Moore.
Y de...

30 de julio de 2008, 0:01  

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