miércoles, 30 de julio de 2008

La magnetosfera contra Juanma

Confirmado: los cinturones de Van Allen no los produce el magnetismo terrestre, sino yo en persona.
Es cosa sabida que mi puesto de trabajo natural no es el de reparador de electrodomésticos, precisamente. En Gigamesh me llamaban Magneto (y Álex sigue haciendo), debido a mi singular habilidad para cargarme el equipo de la empresa. No es que me lo cargara-cargara, pero ya me entendéis: ordenadores que de pronto enlentecen su marcha cuando me acerco a menos de un metro, cafeteras Nespresso que empiezan a fallar y al no coger bien la pastilla sólo producen aguachirri, aire acondicionado que comienza a hacer aguas por todos lados o a soltar una nubecilla tóxica...
En casa, el asunto no va mucho mejor. Son legendarios (que diría Barney) mis problemas con mi ordenador portátil y mi conexión a Internet, que no va ni a hostias (literalmente) y, por decirlo de una manera suave, hay días en los que pierdo más tiempo mentándole a la madre a mi ADSL que utilizando mi ordenador con fines laborales.
De mi ascensor, mejor ni hablamos.
La situación no es mucho mejor en mis relaciones con la Administración. Bueno, mis relaciones con la Administración son como las de cualquier otro: sólo nos vemos por asuntos de dinero. Pero tenemos que vernos. La última fue durante el segundo trimestre. Me acababa de hacer autónomo, y dos de mis clientes principales me exigían un certificado de subcontratista, sin el cual no podía enviarles facturas. Era, por tanto, una condición sine qua non. Mientras esperaba la llegada de los certificados, prácticamente estaba trabajando por la cara, porque no podía emitir facturas.
Así que el primer día de actividad, justo cuando me acababa de dar de alta en IAE, encargué los certificados de marras.
A las dos semanas me llegaron sendas negativas: yo no constaba como dado de alta en IAE.
Viaje a Hacienda. Me explicaron que las altas tardan un par de días en subir al ordenador central de Hacienda; lo más probable es que en mi oficina vieran mi solicitud, buscaran mis datos y, al no verlos, consideraran que yo no estaba dado de alta en IAE y, por lo tanto, decidieran denegarme la solicitud.
Es lógico. Me volvieron a tramitar las solicitudes. Y, en vista de que tardaba un montonazo en llegarme la respuesta, el primer trimestre de 2008 sólo emití una factura, a un cliente que no me exigía certificado de subcontratista. Por un importe de 300 euros; es decir, lo justo para recuperar mi cuota de la Seguridad Social y mis gastos de gestoría. Empezaba bien como autónomo.
Después de esperar cuatro semanas exactas (el primer certificado tardó un par de semanas), a finales de abril me llegaron sendos certificados. Denegaciones, ambas.
Agarré el cabreo del siglo y volví a Hacienda. Allí comprobaron mis datos y no encontraron nada extraño, pero, por si acaso, volvieron a darme de alta en IAE y me recomendaron, eso sí, que tardara un par de días en volver para pedir los certificados, pues de lo contrario me exponía a que me sucediera lo mismo que la primera vez.
Les hice caso. Regresé un par de días después, solicité los certificados y volví a esperar.
Cuatro semanas, de nuevo.
Me llegaron los certificados. No podían ser negativos, porque lo había hecho todo bien. Y yo ya estaba empezando a tener problemas con los dos clientes que me los solicitaban (con unos, porque el retraso les había producido un descuadre contable de la leche; y con otros, porque estaban a punto de cerrar el proyecto y me arriesgaba a que no me pagaran). De camino, le pregunté a la funcionaria de Correos cómo era posible que un certificado urgente tardara cuatro semanas en llegar a destino, no una sino dos veces; por supuesto, le echó la culpa a Hacienda.
Así pues, abrí los sobres y me encontré con que... efectivamente... los certificados eran... denegatorios.
Berrinche. Tentativa de borrarme de autónomos. Cristina parándome los pies. Se me estaba pasando mi segundo trimestre de actividad, y no sólo no había facturado ni un duro, sino que podía decirse que llevaba unos cuantos meses trabajando por la cara y, lo que es peor, me arriesgaba a que uno de mis clientes ni siquiera me pagara.
Vuelta a Hacienda. Les conté mi caso, y no entendían nada. Mis datos constaban en el ordenador central. Todo estaba en orden. No entendían cómo podía haber ocurrido aquello. Ni siquiera perdieron la compostura cuando les solicité un impreso para hacer una queja formal; en vez de hacerme caso, me pidieron que mantuviera la calma e hicieron lo único que se puede hacer cuando Juanmagneto está bloqueando toda la red informática de Hacienda: introducir los cambios a mano. En efecto, amiguitos: si conseguí los certificados de marras y ya he cobrado esas colaboraciones (con lo que estoy dentro de la ley) se debió a que una funcionaria tuvo la feliz idea de "engañar" al ordenador central de Hacienda y abrir un desplegable en el que figuraban mis datos como aceptados. Hecha esa trampa, pude obtener la firma del director de la oficina de Hacienda, con lo que conseguí mis certificados, aquel mismo día.
Por una vez, la inteligencia humana (y funcionarial, valga el oxímoron) consiguió desactivar mis tropelías magnéticas.
En vez de quedarse aquí la cosa, ha ido a más. No sé si es el verano, si soy yo, que estoy demasiado estresado porque no paro de trabajar, o qué, pero el caso es que a lo largo del mes de julio he tenido los siguientes percances electromagnéticos:
-A primeros de mes conseguí joder la red de cajeros de Caja Madrid. Necesitaba sacar dinero, ese mismo día, y el cajero me empezó a escupir la tarjeta con el siguiente mensaje, que nunca antes había visto: "El cajero no reconoce su tarjeta". Llevo un año igual con mi libreta, pero con no usarla y operar con tarjeta ya me va bien. Quedarme sin tarjeta ya es otra cosa. Entré en la oficina, y me ocurrió lo mismo. Total, que el empleado de la oficina tuvo que darme el dinero. Estaban teniendo problemas con los cajeros, me explicó, pero no tantos como para que los dos cajeros me rechazaran la tarjeta. Al día siguiente regresé al mismo cajero, y tuve el mismo percance. Acojonado ante la perspectiva de quedarme sin liquidez, me arriesgué a pagar con tarjeta un par de días después, y no tuve ningún problema. Pero con ese cajero volví a tener incidentes una tercera vez. Ahora ya puedo sacar dinero sin problemas, pero fue un aviso bastante chungo.
-Mi portátil se está cascando a ojos vista. Salgo a uno o dos pantallazos azules por día; de hecho, como la corrección que estoy realizando ahora es sobre papel, en cuanto actualice aprovecharé la mañana para copiar y pegar toooodo mi disco duro en el magnífico disco duro externo de 256 gigas que me regaló Cristina el año pasado. No vaya a ser que un día tenga un apagón fatal.
-La conexión a Internet va más a pedales que nunca. Por pura ley de Murphy, se suele quedar colgada justo cuando tengo que hacer un envío importante, espero un correo urgente o estoy en medio de una conversación inaplazable sobre un asunto relevante. El viernes pasado tuve la friolera de una hora de conexión durante toda la mañana. Con el agravante de que tenía que entregar un trabajo. Estuve a punto de bajarme al locutorio a terminar la corrección y enviarla al cliente. Es una opción razonable, por supuesto, pero no me vale: estoy pagando Internet en casa para tener Internet. Por primera vez en años, el berrinche dio paso a un ataque de histeria, y digamos que todavía me duele el dorso de la mano, de los puñetazos que pude llegar a dar. Lo peor fue el dolor de cabeza, que me duró un par de días. En fin, un día de furia lo tiene cualquiera.
-Esa misma tarde se me murió mi relojo digital. Vale, tiene casi veinte años (me acompaña desde la Universidad) y todos los años había que cambiarle la pila, pero el viernes, apenas un par de horas después del episodio de ira magnética descontrolada, el reloj hizo plof. Lo llevé a la relojería en la que me suelen cambiar las pilas, y el lunes por la tarde me encontré con que no pudieron hacer nada por salvarlo. Kaputt.
-Ahora el que me está empezando a hacer cosas raras es el teléfono móvil. No tiene tanto tiempo como para estar tan cascado, así que me empiezo a temer que la cosa no sea atribuible únicamente a la fatiga de los materiales. Ayer se me quedó colgado durante toda la tarde. Lo normal es que se muera, sin previo aviso ni causa aparente, una vez cada tres meses. La solución es tan simple como abrirlo, volver a colocar la tarjeta SIM o la pila (que suele haberse aflojado o soltado), y santas pascuas. Pero lo de estos días no tiene explicación: me bloquea el teclado si intento contestar una llamada, con lo que tengo que apagarlo, volver a encenderlo y efectuar yo la llamada. Imposible ajustar la hora, una vez he tenido que reiniciarlo: no puedo teclear nada, o teclea todo por duplicado. La pantalla empieza a llenarse de ceros, a un ritmo incontrolable, y tengo que apagarlo y volver a encenderlo... Llevo así dos días, aunque ahora parece que está bien.

¿Soluciones? Pues no sé. Sólo se me ocurre recurrir a métodos naturales,
pero tengo entendido que no sirven de gran cosa. Así que nada, a tranquilizarme, tomarme las cosas con menos estrés, y el magnetismo de ese enorme cinturón de Van Allen que es mi aura remitirá solo.
Por si las moscas, voy a empezar a buscar trabajo: le ofreceré mis servicios a compañías informáticas y de alta tecnología, para sabotear las instalaciones de la competencia.
O eso, o empezar a buscar gente igual que yo. Tal vez haya más de las que creo.

Etiquetas: , ,

16 Comments:

Blogger Cristina said...

XDDDDDDDDD

Te ruego que el próximo sábado que nos levante a las 8 de la mañana el puto martillo hidráulico de las obras de enfrente, te pasees por delante del operario a ver si le deja de funcionar y se jode un rato el colega...

30 de julio de 2008, 10:31  
Blogger Juanma said...

Eso está hecho. XDDDDD

30 de julio de 2008, 10:34  
Blogger Alfonso Merelo said...

Juas, ¿Magneto?
Esas cosas no deben de decirse nunca en público que despues se quedan en el inconsciente colectivo :)

30 de julio de 2008, 15:42  
Blogger JAVIER said...

Efectivamente, hay gente como tú. Si quieres, te presentaré a mi hermano; objeto electrónico que se compra, muere en cuestión de días.Si viene a mi casa y se pone a ver cosas en el ordenador, éste casca a los pocos minutos. Su banco le está cobrando a él mis cuotas sindicales, después de pagar la comunidad de su piso para todo el año (uno de los pocos que lo ha hecho), en la siguiente reunión sale como que no ha pagado hasta la fecha...
etc,etc

30 de julio de 2008, 19:53  
Blogger Jafma said...

¿¿A las ocho de la mañana??? ¿Y no podrías pasarte por aquí por Málaga a hacer lo mismo con nuestros respectivos operarios de la construcción, que tienen jornada intensiva y nos despiertan a las 7:30?

Anda, que te invitamos luego a algo ;D

31 de julio de 2008, 10:05  
Blogger Cristina said...

nos despiertan a las 7:30?

¡¡¡¡¿Un sábado también???!!! Pá matarlos.
Aquí estuve luego mirando las ordenanzas municipales, y el horario (a menos que el ayuntamiento de bcn les apruebe otra cosa, que puede pasar) es de 8 a 22h. Y como el sábado es laboral, pues...

31 de julio de 2008, 11:13  
Blogger Jafma said...

No, los nuestros los sábados se cortan (o no hay dinero para pagarles, que también puede ser). Pero acabamos de tomarnos vacaciones y nos va a chinchar igual que lo hagan los lunes, así que necesitamos a super-magneto :-D

31 de julio de 2008, 21:07  
Blogger Juanma said...

Pues nada, si queréis me voy de Magnetotour, adonde me digáis. Estaré dondequiera que haya que desactivar un martillo neumático que haga ruido en horas de descanso. :-)

1 de agosto de 2008, 9:49  
Blogger Juanma said...

Alfonso:

No te preocupes: ya están en el inconsciente colectivo. La próxima vez que coincidamos los dos y esté Álex presente, espérate a ver la sonrisa que pone si se escacharra algún aparato electrónico y yo estoy a menos de dos metros de distancia. :-P

1 de agosto de 2008, 9:51  
Blogger Juanma said...

Javier:

Dioss, tengo que conocer a tu hermano. ¡Un alma gemela! Lo que no sé es si el mundo está preparado para que coincidamos en la misma habitación... ;-)

Abrazos.

1 de agosto de 2008, 9:52  
Anonymous Kaoss said...

Por si acasaso hacedlo lejos, o podría ser como el final de "2013: Rescate en LA" :-P

1 de agosto de 2008, 21:43  
Blogger Batz said...

Huy, si que deberías de poner en alquiler tus servicios, :)
Y mantenerte bien alejado de mi marido que le arruinarías todo su trabajo, jejejeje

Que historias tan locas tienes...

2 de agosto de 2008, 2:35  
Blogger Álex Vidal said...

La próxima vez que coincidamos los dos y esté Álex presente, espérate a ver la sonrisa que pone si se escacharra algún aparato electrónico y yo estoy a menos de dos metros de distancia. :-P

Va, ahora cuéntales cómo, el día que en la estación del Bicing del Hospital Clínic, te acercaste y bloqueaste la única bicicleta que se iba a llevar otro usuario, y que, cuando te apartaste, me llevé :) cosa que te agradezco infinitamente. Si sólo es cuestión de ver el lado brillante de la vida ;)

2 de agosto de 2008, 23:22  
Blogger manu said...

Está claro que Hacienda trasmite malas vibraciones...

5 de agosto de 2008, 14:34  
Blogger Charlotte said...

Amatista. Se supone que sirve para ello, y si es en geoda, a lo bestia, mejor ;)

1 de octubre de 2008, 0:50  
Blogger Juanma said...

¡Eh, tú sí que sabes! :-D

1 de octubre de 2008, 11:50  

Publicar un comentario

Links to this post:

Crear un enlace

<< Home