viernes, 22 de diciembre de 2006

Un pingüino en el ascensor

El crimen no sale a cuenta; y hacer la campana (irse de pellas, para los madrileños), mucho menos, como veréis a continuación.

6:50 AM. Amanezco con el propósito firme de faltar al curso de las mañanas, con la intención de acercarme por casa para hacer lavadoras, pasarle la fregona a mi habitación y empezar a preparar la maleta para volver a casa, volver, por Navidad.

8:10 AM. Salgo de casa de Cristina, que estos días se va antes porque tiene que ir a rehabilitación, por su problema de cervicales.

8:17 AM. Llego a mi casa, cargado con la ropa que voy a lavar, mientras pienso en qué libros llevaré hoy al máster: Winifried nos ha pedido que llevemos algún libro que nos guste o nos parezca interesante a efectos de diseño, para hablar de ellos en clase.

8:18 AM. Me subo al ascensor y pulso el cuatro. Estoy de cara al espejo, inmerso en mi fértil mundo interior, y de repente noto que el ascensor se ha detenido y las puertas se abren.

8:19 AM. Supongo que he cerrado mal la puerta, de modo que hago el ademán de intentar cerrarlas. A veces ocurre: el ascensor está muy cascado, lleva tres reparaciones en lo que va de mes y por un instante me lamento de no haber subido andando, ahora que soy joven y puedo permitírmelo.
Pero no: el ascensor se ha quedado colgado entre dos plantas. El principal y el primero.
Qué de puta madre.

8:20 AM. Miro el reloj. Son las ocho y veinte.
No pierdo los nervios. Sería contraproducente haberle dedicado tanto tiempo y parné a la meditación zen y a las inmersiones en mi espacio interior, y que luego me pusiera a berrear por una simple avería de un ascensor que, por lo demás, falla más que una escopeta de feria.
Ya lo decían Siniestro Total: "Ante todo: mucha calma".
Ni sudo. O sea, voy bien. No estoy nervioso.
Tampoco se me ha acelerado el pulso, ni respiro de manera desacompasada.

8:22 AM. Me quito el abrigo, porque no sé cuánto va a durar esto.

8:25 AM. Empiezo a pulsar el timbre que hay en la cabina del ascensor.
Siempre me he preguntado quién escucha esos timbres. Si hubiera un interfono, podría hablar con quien fuera, pero no: sólo hay un timbre. Somos pocos vecinos, el ascensor está un poco anticuado, hay propietarios morosos que impiden que se hagan reformas (mi casero, sin ir más lejos). Así que nada, esto es lo que hay: un ascensor cutre y estropeado, con un timbre que suena como si fuera la Gracita Morales de los servicios de emergencia.

8:27 AM. Han pasado dos minutos, y aquí no aparece ni dios.
Sigo sin perder la calma.
Total, ¿qué puede pasarme? ¿Una muerte espantosa de hambre y anoxia?
Hay aire suficiente y puro, entra cierta corrientita y no creo que el ambiente vaya a viciarse mucho si respiro tranquilo y estoy aquí menos de doce horas.
En cuanto a la comida, no tengo motivos de preocupación: Cristina me pidió que me llevara a casa un par de paquetes de guisantes congelados que no vamos a usar: teníamos la idea de descongelar el frigorífico hoy o mañana.
Y, por si fuera poco, en el amigo invisible que hicimos anoche en la cena del máster me tocó una taza, de modo que no tendría que comerme los guisantes a puñados.
Joder, si es que bien mirado hasta estoy bien en el ascensor. Está bien iluminado, respiro sin problemas, no hace calor, tengo un espejo y comida... Coño, si es que estoy por realquilarlo si salgo de esta. ¡Todo son ventajas! Y la anunciaría como Luminosa e Ideal parejas. Esto sí que es una vivienda digna.
Cambiando de tema: igual sí que empieza a faltarme aire. No sé, es una impresión que tengo, acaso sin fundamento.

8:32 AM. Noto pasos en la escalera. Me he quedado atrapado de tal manera que mis piececitos se ven desde el principal. Mi presencia no pasará inadvertida y alguien llamará al técnico, supongo.

8:33 AM. Pero qué coño. Pasan de largo. Cotocloc cotocloc cotocloc, ruido de pasos bajando por las escaleras, efecto Döppler y los pasos se pierden en la distancia.

8:34 AM. Vuelvo a pulsar el timbre de alarma. Casi oigo el "¡Señoriiitooo!", pero con cierto aire a Millán Salcedo.

8:35 AM. Curioso. No estoy sudando. Ni nervioso. Sé que alguien me sacará de aquí. Pero es una certidumbre así como abstracta, del mismo tipo que la certeza de que dos y dos son cuatro, a todos los cerdos le llega su San Martín, no hay rival pequeño y sólo por la pijada de haberme quedado atrapado en un ascensor el Universo hará justicia y me tocará la lotería. Por aquello de compensar las pequeñas desgracias, digo.

8:40 AM. Otro vecino o vecina baja por las escaleras. Vuelvo a pulsar el timbre, y toco de manera rítmica la puerta. Este o esta sí que me descubrirán. ¿Que no?

8:41 AM. La puerta del portal se cierra. El o la hijo o hija de puta ha pasado de largo.
Ánimo: si hay nueve vecinos, aún me quedan siete balas en la recámara.
Hablo de un modo figurado.

8:42 AM. Está claro que aquí hay un error de procedimiento. Pulso suavemente el timbre.

8:45 AM. Más ruidos de vecinos bajando por las escaleras.
Si tuvieran que subir, nos ha jodido que echarían en falta el ascensor. Ergo he elegido mal la hora para quedarme atrapado: a mediodía hubiera quedado mejor. O a las nueve de la noche.
Invoco a Gracita Morales y aporreo un poco la puerta del ascensor, para que se note que estoy dentro.

8:46 AM. Sea quien sea, mi vecino pasa de mí como de la mierda.

8:48 AM. Tal vez el error sea de actitud. Aporreo el timbre un buen rato.
Pero sigo sin ponerme nervioso. Eso que quede clarito.

8:49 AM. Hasta aquí hemos llegado: tengo que hacer algo. Entro en modo Heinlein: si nadie mueve el culo por ti, hazlo por ti mismo. Ya que estamos, saco el móvil e intento llamar al teléfono de la compañía, ese que siempre ves en la chapita que hay junto al justificante de la inspección y que siempre te preguntas si realmente te servirá de algo. Claro, todavía no son las nueve e igual no hay nadie. Pero llamo.
Error de conexión.
En el ascensor no tengo cobertura.
Lo he intentado.

8:50 AM. Sigo llamando. Y lo mismo: error de conexión.

8:51 AM. Ya que tengo el móvil a mano, me dedico a sacar fotos artísticas.

Qué apañao, el espejo. Sin él no hubiera podido sacar estas fotos.
Esto no es el parking de la ratonera de Pixie y Dixie, sino la entrada del principal vista desde la cabina del ascensor.
Aquí se puede observar que realmente me he quedado atrapado entre dos plantas. O sea, no estoy más en el principal que en el primero, ni viceversa: estoy justo en medio. Discretito y ponderado hasta para esto.
Y aquí, aparte de notárseme concentradísimo, se ve que voy tranquilo, tengo el pulso firme y se me están empezando a hinchar las pelotas.

8:55 AM. Aporreo un poco más el timbre y, visto lo visto, me pongo a leer La Torre de la Golondrina, de Andrzej Sapkowski. Voy más o menos por la mitad, y acabo de llegar a un diálogo bastante acojonante de Geralt con un alguacil.

8:58 AM. Hablando de alguaciles, mira tú la asociación de ideas que me ha salido, así a lo tonto: Juan Alcaide, nuestro ex profe de Photoshop, nos vendió lotería, y el sorteo está a punto de empezar. Ays, qué nervios. ¿Me convertiré en millonario? ¿Saldré de este ascensor?

9:05 AM. Abandono la lectura y, durante unos minutos, las tentativas de llamar por el teléfono móvil (sigue sin haber cobertura) y los timbrazos.

9:08 AM. El de "La cabina" era José Luis López Vázquez, ¿no?

9:10 AM. Pasos en las escaleras. Cotocloc cotocloc cotocloc. Timbrazo y golpecito a la puerta. Silencio. Cotocloc cotocloc cotocloc. Conversación entre Margarita, la portera, y una chica que no tardo en identificar como Mónica, mi nueva compañera mexicana de piso. Conviene aclarar lo de nueva, porque con "mi compañera mexicana de piso" no hubiéramos ido muy lejos: ahora mismo, soy el único no mexicano que vive en casa. Bueno, que paga alquiler en casa. O, más bien, que hace lavadoras en casa. Y que deja guisantes medio descongelados en el congelador de casa. Vaya, mis gayumbos y pantalones sucios siguen aquí. Y los guisantes que me ha dado Cristina. Como esto siga así, tendré que empezar a pensar en comérmelos. Los guisantes, me refiero.

9:11 AM. Margarita asoma por el huequecito de la ventana. Me acuclillo, para poder hablar con ella. Como es obvio lo que sucede, no entro en detalles. Me promete refuerzos. Bueno, ayuda, sin más.

9:25 AM. Resumen de la situación, así me ahorro la chorrada de ir poniéndole hora y minutos a todos los sucesos de este lance, que si no no acabo esta entrada.
Margarita ha subido al sobreático, a intentar hablar con la presidenta de esta nuestra comunidad, pero se ha ido a trabajar, de modo que ha bajado al ático, a hablar con el vicepresidente. No, no es que en esta casa confundan la pirámide social con que el presi viva arriba del todo, pero mira, ha dado la casualidad.
Total, que la vecina del primero tiene una llave de apertura manual del ascensor. Margarita llama y llama, pero ni madres.
Mónica se ha ido a clase, pero por lo menos ha notado que había alguien atrapado en el ascensor, y que ese alguien era yo.
El vicepresi, un anciano que hasta nos suele saludar y todo, ha asomado la cabecita un par de veces, para comprobar que no me vengo abajo y que sigo vivo.
-Tranquilo, ¿eh? -me dicen Margarita o el vicepresi, según quién me interpele.
-No, pero si estoy tranquilo. Lo que estoy es cabreado -"porque vuestros putos vecinos son una panda de insolidarios incapaces de llamar a la compañía de reparación de ascensores", quiero añadir, pero me corto- porque he estado llamando pero no tengo cobertura.
-Lo que tendríamos que hacer es pedir otra llave, para que al menos algún vecino más la tenga si ocurren estas cosas, ¿eh? -comenta el vicepresi.
No podría estar más de acuerdo.

9:40 AM. Nuevo resumen de la situación.
Han llamado a la compañía, y va alguien de camino.
La del primero ha abierto la puerta. Que estaba bañando a la niña y no escuchaba el teléfono ni los timbrazos (en su puerta: los del ascensor ni los tengo en cuenta). Claro.
Intentan abrir la puerta, pero no saben y no lo consiguen.
Eso nos ha planteado una duda logística. Estoy tan bien calado entre las dos plantas que, lo intente por donde lo intente, salir de la cabina va a ser un puto problema, porque cabré justito, por los pelos: apenas hay dos palmos de espacio.
Pero ná, al final no han conseguido abrir la puerta.

9:50 AM. ¡Al fin libre! El chico de reparaciones ha llegado rapidísimo, sube al cuarto de máquinas y, poquito después, la puerta de la cabina se cierra, el ascensor baja y vuelvo a la planta baja. Menos mal: ya me estaba empezando a poner nervioso con tanto llamamiento a la tranquilidad. Y porque esto estaba durando demasiado. Hora y media no está mal.
Margarita y el vicepresi bajan, y estamos hablando un rato, mientras el técnico intenta arreglar el ascensor, al parecer sin mucho éxito: cada vez que parece que lo pone en marcha, se queda atascado entre la planta baja y la entreplanta.

10:10 AM. Hablamos de todo lo divino y lo humano. De lo moroso que es mi casero. De lo capullos que éramos cuando entramos en casa y dejábamos abierta la puerta del ascensor. De cómo Margarita se quedó una atrapada en el ascensor, pero con la particularidad de que este no dejaba de subir y bajar, y ella entró en ataque de histeria. De cómo Margarita pilló a seis chicas del tercero (¿cuándo fue eso? ¿Qué me he perdido?) bajando, borrachísimas, del ascensor: meritorio, dado que en el ascensor sólo caben tres personas.
Volvemos a hablar de mi experiencia, sobre todo cuando la comparamos con la de Margarita. Estamos de acuerdo en que parte del problema de la tardanza en descubrir que estaba atrapado en el ascensor estriba, curiosamente, en que no me puse nervioso: si hubiera pegado cuatro voces desde el principio, habrían advertido antes mi presencia y me habrían rescatado un ratito antes.
-Has pecado de exceso de prudencia, tal vez -me dice el vicepresi.
Tomaré nota para la próxima vez que me quede atrapado en un ascensor. A berrido limpio, me voy a comportar.

10:20 AM. El ascensorista ha salido a aparcar bien el coche, porque esto está durando demasiado, y yo me estoy empezando a poner de mal rollo, porque Margarita y el vicepresi llevan como diez minutos dándole vueltas a cómo están pagando sus entierros o los de sus deudos, quién se ha muerto o dejado de morir, y yo lo único que quiero en esta vida es que me toque la lotería, que reine la paz en el mundo (aunque haya que forzarla de ciertas maneras), que me dé tiempo a poner la lavadora y que no se me descongelen los guisantes. Así que, visto lo visto, me despido cortésmente, reparto agradecimientos de todo corazón, subo a casa, llamo a Cristina y me pongo a ver el sorteo de la lotería.
Me da mal rollo, porque en mis tiempos tocaban premios de "cientoveinticinco miiiiil peseeeetas", y ahora son de "miiiil eeeeuros". Nos recuerdan que somos mileuristas hasta para eso, cagontó.
Obviamente, no me ha tocado nada. Ni justicia divina ni hostias.

Y ahora, después de esto, os dejo con dos videoclips alusivos a mi encierro de esta mañana, y un capítulo de Shin Chan que guarda bastantes analogías con la experiencia vivida. Menos mal que iba solo en el ascensor.







Feliz solsticio de invierno a todos y, a quienes hayáis rascado algo en el sorteo de esta mañana: ya invitaréis a algo, ¿no?

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15 Comments:

Blogger Cristina López said...

Pingüinito mío, de veras que lo siento, pero cómo me he reido :)... se me están saltando las lágrimas de la risa, podiós...

22 de diciembre de 2006, 13:23  
Blogger Zapardiel said...

Siento el trago, colega, pero qué risas cuando has empezado a poner las fotos artísticas :D

22 de diciembre de 2006, 14:28  
Blogger Juanma said...

Cristina y Zapardiel: Si esa es la idea: que ya que me he comido ese marrón, por lo menos que me lo pase bien un rato, y os lo haga pasar bien.

:-))))

:-******

22 de diciembre de 2006, 17:27  
Blogger cloudXXI said...

Jeje. Bueno, te explico un poco ya que trabajo en una empresa de ascensores.

Primero, si quereis un teléfono, no teneis más que pedirlo...¡y pagarlo! Que las empresas de ascensores no vivimos del aire.

Segundo. La gente cuando va en el ascensor se aburre mucho, algunos les da por tocar la alarma del ascensor. Lo cual conlleva que luego la gente no le haga ni caso. El metodo correcto es berrear hasta que alguien te escuche.

Tercero. El de la empresa de ascensores fue bastante rápido, ten en cuenta que, a saber donde estaba. Igual estaba rescatando a otra persona, o en la otra punta de Barcelona.

Cuarto. TODOS los vecinos tendrías que tener una copia de la puerta del ascensor. Ir a la ferretería más cercana y hacer copias.

Quinto. TODOS los vecinos tendrías que aprender como hacer un rescate. Es facilisimo. Decirle al operario que va cada mes que se lo explique al presidente, y luego el presidente os lo explica a los demás.

Sexto. Los ascensores tienen ventilación, no te vas a quedar afixiado.

Séptimo. Los ascensores no se caen. Y menos cuando se quedan parados. Sí, todos conoceis el caso del ascensor de Bellvitge, pero ¿cuánto ha pasado desde aquello? Tienes más posibilidad de morir por un rayo que dentro de un ascensor.

Octavo. Lo siento, macho, te ha tocado. Estas cosas pasan.

Un saludo. Y en representación del gremio, disculpe las molestias XD

Féliz Navidad

22 de diciembre de 2006, 20:11  
Anonymous natxo said...

Muy bueno, Juanma.
Y las fotos, un puntazo.
Te cuento: una vez me quedé encerrado en el sótano segundo (el último)de un edificio, el timbre sonó, y la gente lo oyó, tardaron un huevo en venir a buscarme. ¿Por qué? Pues porque estaban buscando al portero. Y adivina quién era el portero. PREMIO: Yo. Moraleja: si alguna vez curras de portero suplente, como yo, mejor ve por las escaleras.

23 de diciembre de 2006, 20:53  
Anonymous Kaoss said...

Muy gracioso, no he podido evitar echarme unas risas, inmaginándote alllí atrapado con dos bolsas de guisantes congelados :)

24 de diciembre de 2006, 15:09  
Anonymous AMS said...

Los guisantes congelados siempre son una salvación para estas ocasiones. Tengo que acordarme de llevarlos en el bolsillo mas a menudo :)
Felices felicidades a todos y que no os quedeis atrapados en 2007. Y que nos toque la primitiva y no trbajemos mas, que cuerno.

25 de diciembre de 2006, 11:22  
Blogger Blackonion said...

Juasss.
Has llegado al momento enfermizo de todo blogero de analizar las cosas que te pasan como futuros post y reirte desde el punto futuro en el que ya ha pasado el mal trago, en vez de pasarlo mal desde el momento en el que estás.

Que bueno. :D

25 de diciembre de 2006, 16:51  
Anonymous Anónimo said...

Ains, lo que hay que sufrir para que salgan post tan divertidos... ¡No hay derecho!

Pero es que, claro, te sobró Zen. XDDDDDDDDDDDD

26 de diciembre de 2006, 13:40  
Blogger Juanma said...

Zapardiel y Kaoss: Pues sí, ahora me río (y en el momento en que lo escribí, lo reconozco), pero en su momento iba más cabreado que tranquilo, por la gran solidaridad que estaban demostrando mis vecinos.

Está visto que sale más a cuenta ponerse a aporrear las puertas y gritar «¡¡Fuegooo!!».

Besitos y abrazazos. :-*****

26 de diciembre de 2006, 17:27  
Blogger Juanma said...

Cloud: Jorl, qué despliegue de erudición y savuá fer. Es muy interesante todo lo que cuentas, en especial eso de que todos los miembros de la comunidad deberían tener llaves del ascensor y estar instruidos sobre la evacuación en caso de emergencia.

Me ha encantado tu comentario.

Me quedo con el punto octavo, que en realidad es el resumen de todo este episodio: me ha tocado. Pero, por suerte, todo fue bien, y no hace falta que te disculpes en nombre del gremio: el ascensorista fue rapidísimo y muy diligente.

Cuando lo llamaron, claro. El problema es la hora y pico que tardaron en llamar.

Abrazotes. :-))))

26 de diciembre de 2006, 17:31  
Blogger Juanma said...

Alfonso: Vaya, no hubo suerte con la lotería, a ver con el Niño...

Y sí, siempre es recomendable ir con guisantes congelados en los bolsillos. Para comerlos en los ascensores, en caso de quedar atrapado, pero también por si nos perdemos en medio de un bosque, en plan Pulgarcito.

Abrazotes. :-))))

26 de diciembre de 2006, 17:33  
Blogger Juanma said...

Natxo: Menuda historia, y nuevamente ya le vale a los vecinos.

:-(

Abrazoteees. :-))))

26 de diciembre de 2006, 17:34  
Blogger Juanma said...

Blackonion: La verdad es que un poco enfermizo sí es, pero por suerte es una de esas situaciones de las que tienes claro que vas a salir y que, por tanto, es una entrada clarísima e incruenta del blog. Pero sí, un poquito me has calado... :-PPPPP

Abrazoteeees. :-))))

26 de diciembre de 2006, 17:35  
Blogger Juanma said...

Pily: Pues sí, me sobraron zen y actitud. Lo que digo, a partir de ahora, a grito pelado, que es menos zen pero por lo menos sirve para que se den cuenta de que te has quedado encerrado. :-P

Besoooos. :-****

26 de diciembre de 2006, 17:36  

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