miércoles, 10 de septiembre de 2008

Hélice nº 10 ya disponible

Se subió a la red la semana pasada, así que ya os podéis hacer una idea de lo liado que ando. Las correcciones de ensayos acojonantemente largos sobre la guerra y manuales de técnicas de relajamiento muscular es lo que tienen...
En esta ocasión hay una crítica mía (favorable, favorable) de El hombre divergente, de Marc R. Soto. Por cierto, es un libro muy recomendable para todos los amantes del terror.

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Hélice nº 10 ya disponible
El décimo número de la revista Hélice: Reflexiones críticas sobre ficción especulativa ya está disponible para su descarga gratuita en www.revistahelice.com .

Contiene, en el apartado de «Reflexiones»:
-"Secesión", de Julián Díez.
-"Charles Robert Maturin y la importancia de la cita", de Ana González-Rivas.
-"Lo fantástico en la literatura nigeriana: ¿género o incidencia esporádica?", de Terri Ochiagha.

En cuanto a «Críticas», cuenta con los análisis de:
-Danza de tinieblas, de Eduardo Vaquerizo, por Steve Redwood
-El juego del ángel, de Carlos Ruiz Zafón, por Alfonso Merelo.
-A vuestros cuerpos dispersos, de Philip J. Farmer, por Antonio Rómar
-La realidad oculta: Cuentos fantásticos españoles del siglo XX, por Fernando Ángel Moreno.
-La grieta, de Doris Lessing, por Iván Fernández Balbuena.

Finalmente la «Doble hélice» ofrece las críticas complementarias de:
-El hombre divergente, antología de relatos de Marc R. Soto, a cargo de Juan Manuel Santiago y Fernando Ángel Moreno.
Esperamos que os resulte interesante.

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Por mi parte, copio y pego fragmentos de la crítica de marras, que además tiene que complementarse con la lectura de la crítica de Fernando Ángel Moreno. A disfrutar del libro de Marc, que merece la pena.
Nos leemos después del puente. Ah, que en Madrid no es puente... Bueno, igualmente. Hasta la semana que viene.

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Marc R. Soto El hombre divergente
Grupo AJEC
Col. Albemuth núm. 19
183 págs.
(...)

Marc R. Soto pertenece a un llamémosle movimiento a favor de la narrativa de terror que ha conseguido más objetivos de los que en principio podría suponérsele. Tanto Santiago Eximeno como Alfredo Álamo, Juan Díaz Olmedo, David Jasso, Carlos Martínez Córdoba y, por supuesto, Marc R. Soto supieron aprovechar que el ambiente de las fanediciones de primeros de milenio (con la precursora Qlipoth a la cabeza) era propicio para hacerse un huequito en las publicaciones especializadas, primero de la mano de Artifex y, más tarde, de un vehículo cuya importancia aún está pendiente de evaluación (y reivindicación): las antologías Paura. La perspectiva que dan los años demuestra que cuando, en la década de los noventa, los más enterados afirmábamos que la ciencia ficción española vivía un momento glorioso, en realidad no estábamos cayendo en ese reduccionismo chovinista de hermano menor pero más fuertote, ese englobar a la fantasía, la ciencia ficción y el terror en el mismo saco genérico de la ciencia ficción. La década prodigiosa marcó el cenit de la ciencia ficción publicada en España; pero nada más que de la ciencia ficción. Y el cambio de milenio se ha encargado, bien por la huida de los autores del fándom hacia otros campos, bien por una simple cuestión de mercado editorial, de hacer que el epicentro de la creatividad fantástica en España derive hacia la fantasía (y aquí el mérito o la culpa no son de nadie, excepto tal vez de Peter Jackson: es lo que hay) y hacia el eterno hermano tonto y feo, el terror. Hace varios años que publicar buenos relatos de terror en fanzines y revistas dejó de ser un lujo que sólo se podían permitir Armando Boix y dos más. Ahora lo raro es que se lean buenos cuentos españoles de ciencia ficción.
Las citadas Artifex y Paura, así como el surgimiento desde las filas del fándom de la primera generación de escritores encasillables fundamentalmente en el género de terror, llevó a otros logros, como el añadido de la T final al nombre de nuestra asociación favorita, que hasta entonces era AEFCF, y a la creación de una asociación corporativa ad hoc: NOCTE.
(...)
Como está a punto de sucederle a Santiago Eximeno y su inminente Bebés jugando con cuchillos (Grupo AJEC), Marc R. Soto ha reunido a lo largo de estos años una cantidad nada despreciable de relatos de terror, los suficientes como para llenar un volumen como El hombre divergente. Once relatos (doce, si se cuentan las dos partes en que está dividido el epónimo “El hombre divergente”) de terror en estado puro, sin desperdicio. Once ficciones descarnadas que nos acercan a una voz única. Lejos de la patada en las tripas del terror de Juan Díaz Olmedo o del perfume de flores marchitas que emana de las filigranas de Pilar Pedraza, Marc R. Soto nos acerca a un ámbito cotidiano, de capital de provincia no demasiado grande (sí, vale, Santander), en el que el mal acecha en el interior de uno mismo (como todo el mal, por otro lado) pero se manifiesta en pequeños sucesos, en pequeñas decisiones que le cambian a uno la vida, generalmente para mal.
Los lugares comunes de Marc R. Soto no son cadáveres andantes, no-muertos ni vampiros, sino gente de carne y hueso, curritos de a pie como tú y como yo (un poco más perjudicados, eso es cierto), y las situaciones aparentemente intrascendentes que tiene la vida, y que devienen en verdaderas calamidades, pero no en un plano cósmico, sino en un nivel puramente cotidiano y familiar. Cthulhu no cabe en la cosmogonía de Marc Soto. Conociendo la poética de Soto, si hay algún ser en el mundo que chupe sangre y sea capaz de poseer a un niño hasta el punto de hacerle decir y cometer verdaderas atrocidades, por supuesto que no será un vampiro, sino un humilde mosquito. Literalmente. Cualquier otra cosa sería ilógica.
(...) Para Marc R. Soto, el terror es algo tan natural que uno se lo encuentra casi porque sí, como quien no quiere la cosa, y acude a nosotros porque, bueno, al fin y al cabo no somos sino las visiones de un tarado, las divergencias de la personalidad de un ser con capacidad de hacer daño. Somos un sueño, el triste encadenado de visiones alucinadas de un currito con mala hostia. El Apocalipsis acecha en pantuflas, apresurándose porque llega tarde a la consulta de la psiquiatra, a la que le vuelca todas sus frustraciones e historias, una especie de Hombre Ilustrado de Ray Bradbury, pero sin más tatuaje que sus sueños, sus divergencias.
(...) Pese a lo que podría parecer, El hombre divergente, que en origen es una recopilación de relatos independientes aunque ambientados en un universo vagamente referencial (Santander a principios del siglo XXI), mantiene una impresión de unidad, que deriva de un truco muy sutil. Igual que ocurre en películas como Amores perros y Vidas cruzadas (¿soy el único a quien le parece que Marc R. Soto es nuestro Raymond Carver particular?), las vidas de los personajes se entrecruzan, y a lo que era un relato aparecido en Paura se le añaden las vivencias de los protagonistas de una historia publicada en Visiones (y en Ellery Queen Mystery Magazine), y poco a poco, retazo a retazo, las divergencias de Eduardo nos suenan tan familiares como si nosotros también las estuviéramos experimentando. (...)
Todo eso cabe en El hombre divergente. Historias cotidianas, sueños que no lo son, alucinaciones que nos llevan a encontrarnos con nuestro reverso oscuro, actos crueles que se nos presentan como inevitables, un mundo de gente como tú y yo en el que la insania mental es la regla… Un todo coherente (que es lo que se suele decir en estos casos) que está escrito y organizado como la realidad: con fragmentos independientes por separado, pero dotados de unidad si se leen de un tirón. Un libro importante de un autor que, sólo por el hecho de haber publicado en una de las revistas anglosajonas más importantes, ya es importante, pero que, además, reúne en un mismo volumen algunos de los relatos españoles de terror más escalofriantes (por lo sencillo y efectivo) de la última década: “Gatomaquia”, “Mosquitos”, “Bella y tierna historia de amor”, “Ratas” o “Regreso al bosque”.


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6 Comments:

Blogger Cristina said...

manuales de técnicas de relajamiento muscular

Pos a ver si lo pones en práctica, sr. estresssaaaaooooo...

10 de septiembre de 2008, 19:08  
Blogger Juanma said...

Juas.

La verdad es que corregir libros de masajes es un poco un contrasentido, porque me pongo en unas posturas que me joden vivo, de modo que prácticamente necesito que me den un masaje. Precisamente, los lectores del libro que estoy corrigiendo. :-)

De todos modos, casi que me he acojonado con este libro: la mitad de los ejercicios tienen que practicarse con mucho cuidado, porque de lo contrario puedes matar al paciente, o provocarle un aneurisma, o dejarlo lisiado. Qué responsabilidad, urg.

10 de septiembre de 2008, 19:19  
Anonymous arturo said...

¿¿Pero que me aclare,yo??
¿¿Marc Soto es bueno?? :)

10 de septiembre de 2008, 20:50  
Anonymous Anónimo said...

Aviso para navegantes: Aunque el texto del enlace es correcto, el enlace en si mismo para descargar el H10 falla.
De Rien

JA

10 de septiembre de 2008, 23:24  
Blogger Marc R. Soto said...

Y cómo andaré yo de liado que todavía no había encontrado un momento para agradecerte la (favorable, favorable) crítica que has hecho de mi libro, sobre todo porque veo que te ha gustado y, caramba, ¡que lo que uno escribe le guste al señor Santiago no es moco de pavo!

Nada, que tienes unas cañas pagadas cuando vengas a Madrid :D

11 de septiembre de 2008, 18:01  
Blogger Alex said...

El Hombre DIvergente me encantó, lo he leído recientemente y tiene momentos memorables. QUe no se diga que el fantástico español está de capa caída.

19 de septiembre de 2008, 17:22  

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