lunes, 4 de febrero de 2019

Algunas reseñas de "Y estoy aquí, aquí para quererte"



Pues acá va el enlace a una de las mejores reseñas que me han hecho en mi vida; no porque me pongan el libro Y estoy aquí, aquí para quererte por las nubes, que también, sino por la claridad expositiva, por la brillante argumentación, por la ecuanimidad (¡cuánto cuesta encontrar hoy en día una reseña que no empiece dándole las gracias a la editorial por el ejemplar de cortesía --señal inequívoca de que la reseña no va a ser del todo objetiva-- y que valore los pros y los contras!) y porque realmente me ha sido de utilidad. Podéis leerla en La Biblioteca de Pnakotos, que es la base de reseñas del Círculo de Lovecraft. Me ha emocionado, la verdad.

Aunque no está haciendo mucho ruido, las dos reseñas de Goodreads también están muy bien; tanto Ignacio Illarregui como Juan Pablo Fuentes (Palimp) [EDITO: que además la reseña en su blog] aportan puntos de vista interesantes y van al meollo del asunto.



En cuanto a la presentación, que tuvo lugar el pasado 18 de enero en la Librería Gigamesh, acá va, tal como se puede ver en el canal de YouTube de la librería. Disculpad mi verborrea, pero es que me dan cancha y no paro. Me encantó compartir mesa con Estela Gutiérrez, Pedro Moscatel, Óscar Navas y, por supuesto, Carmen Moreno, la editora de Cazador de Ratas. Y aprovecho también para recomendaros EspañaPunk, la antología en la que tendría que haber aparecido mi libro si no se me hubiera ido la mano con la extensión y no me hubiera columpiado con las fechas de entrega, y Yo soy aquel, de Alicia Pérez Gil, otra narración del universo EspañaPunk que no llegó a entrar en la antología. 



Como ya comentamos, EspañaPunk tendrá continuación el año que viene, pero eso es algo que Mariano Villarreal y servidor os comentaremos este mismo mes. Paciencia.



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jueves, 3 de diciembre de 2009

Artifex Cuarta Época número 4/5


Como se hace en los chistes, os voy a dar una noticia buena y una noticia mala.
La noticia buena es que por fin ha aparecido un nuevo número de Artifex Cuarta Época. Dado que el número es un puñetero exceso, hemos decidido convertirlo en un ejemplar doble, un 4/5 con el que dar salida al abundante buen material atrasado y resarcir a los lectores por la espera.
La noticia mala, al menos para mí, es que éste es el último Artifex que coordino, y que de momento no se admiten nuevos relatos. No puedo dedicar al proyecto todo el tiempo que quisiera, ello hace que mi comunicación con los autores y los plazos de respuesta no sean lo que se dice fluidos (lindo eufemismo) y, en esas condiciones, siento que no puedo aportar al proyecto todo lo que quisiera. Ha sido una decisión difícil, pero creo que necesaria. Espero que la continuidad de Artifex no corra peligro y no tarde en salir un nuevo número, tan bueno o mejor que los ya aparecidos, con otro coordinador o coordinadores. Ojalá el período de transición que se abre ahora sea lo más breve posible. De momento, y como ya he dicho, no se admiten relatos hasta que se aclare el futuro de la publicación.
El balance de estos cinco números es, sobre todo, positivo. Hemos seleccionado relatos magníficos, hemos dado a conocer nuevas voces y consolidado las ya existentes, y tan sólo lamento dos cosas: haber dejado escapar un par de relatos debido a mis continuos retrasos en las respuestas a los autores, y no haber podido contar con los relatos que ya estaban apalabrados para Artifex y que no aparecieron debido al cambio de formato. Lo lamento de veras, por la parte que me toca. Todo lo demás, insisto, ha sido más que positivo.
En cuanto a este número, veréis que hay doce relatos de once autores diferentes, ya que José Ramón Vázquez hace doblete, con un magnífico ejemplo de diésel-punk ambientado en la guera civil y con un ultracorto de ciencia ficción dura que pone los pelos como escarpias. Joserra es sólo uno de los jóvenes valores que han tomado al asalto el género de un par de años para acá y, curiosamente y junto con Sergio Mars, el único que continúa siendo fiel a la tradición cienciaficcionera y no se ha adentrado en el cada vez más sólido panorama terrorífico español. Bien por él.
También hay autores que continúan haciendo la guerra por su cuenta. Alejandro Carneiro (con el que considero su mejor cuento) y David Soriano (que emerge de sus siempre prolongados letargos creativos como sólo él sabe hacerlo: entregando una novela corta estupenda) ya tienen material suficiente como para protagonizar sendas recopilaciones de relatos.
En cuanto a la escuela terrorífica, generación NOCTE o como queráis llamarla, el nombre más conocido es Juan Díaz Olmedo, pero además resulta obligado hablar de Óscar Bribián y Alberto García-Teresa (ambos con obras en las que aparecen gatos), dos autores a quienes hay que tener muy en cuenta, igual que (cambiando al registro cienciaficcionero) a Marcelo Sáez Worsley, Alejandro González Gómez, Juanfran Jiménez o un Alberto Murcia que se marca una novela corta excesiva y apasionante a partes iguales.
Mención aparte merece Fco. Javier Pérez, una de las rara avis del género, que hace literalmente lo que quiere y como le da la gana.
Voy a echar de menos Artifex, pero la realidad es la que es: no le puedo dedicar más tiempo. Lo siento de veras. Muchísimas gracias a todos vosotros por haber por haber enviado vuestros relatos, por haber aguantado con estoica paciencia mis retrasos y, no menos importante, por haber leído la treintena larga de historias que han aparecido en sus páginas virtuales (y, desde este número, en formato de libro electrónico). Lo echaré de menos, y ya estoy deseando leer el número 6.

A continuación copio y pego la nota de prensa.

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DISPONIBLE EL NÚMERO 4/5 DE ARTIFEX CUARTA ÉPOCA… TAMBIÉN EN FORMATO DE LIBRO ELECTRÓNICO

Ya está disponible el número 4/5 de Artifex Cuarta Época, la revista electrónica consagrada a la publicación de relatos de género fantástico. Además del formato PDF, Artifex también aparece en formato de libro electrónico, con lo que se sitúa a la vanguardia de la edición de relatos de literatura fantástica en lengua española.

Como siempre, la URL de Artifex Cuarta Época es la siguiente: http://www.revistaartifex.com/

Se trata de un número doble, el más ambicioso de esta publicación en sus cuatro épocas. En sus 410 páginas encontraréis dos novelas cortas y diez relatos escritos por Óscar Bribián, Alejandro Carneiro, Juan Díaz Olmedo, Alberto García-Teresa, Alejandro González Gómez, Juanfran Jiménez, Alberto Murcia, Fco. Javier Pérez, Marcelo Sáez Worsley, David Soriano y José Ramón Vázquez (que hace doblete).

Los contenidos del número 4/5 de Artifex Cuarta Época son los siguientes:

IWTB
David Soriano
En cierto modo, «IWTB» viene a ser la tercera pieza de una trilogía no declarada (junto con «Ñ» y «Grex Christi Blues», que podría muy bien funcionar como una recopilación de novelas cortas cuya intención es escribir las historias definitivas en castellano sobre el nacionalismo, las ucronías, la religión y los viajes en el tiempo. Nos hallamos sin duda ante una de las novelas cortas más importantes de 2009, además de una lectura sumamente entretenida que abre este número de manera inmejorable.

Novedad en el Alcázar
José Ramón Vázquez
José Ramón Vázquez se atreve prácticamente con todos los subgéneros fantásticos, con muy buenos resultados. «Novedad en el Alcázar» es una pieza de diésel punk, una mezcla de steampunk, ucronía, retrofuturismo y novela histórica. Relatos como éste nos ayudan a reencontrarnos con la sensación de que se puede escribir ciencia ficción muy buena y muy original dándole la vuelta a temáticas sobre las que en principio ya se había dicho todo.

Invierno en Europa
Alejandro González Gómez
El autor cita tres influencias bastante útiles para entender mejor «Invierno en Europa». La primera, Ray Bradbury, se percibe en la cuidadosa factura de su prosa. La segunda, ¡Hagan sitio, hagan sitio!, de Harry Harrison, se aprecia en la vuelta al concepto de ciencia ficción de advertencia. La velocidad de la oscuridad, de Elizabeth Moon, es palpable en el retrato de Luis, un autista que ya es uno de los personajes mejor perfilados de la ciencia ficción española de los últimos años.

El cónclave
Óscar Bribián
El terror es el género que está tirando del carro del fantástico español en los últimos años. Óscar Bribián forma parte de la muy activa cantera de escritores de terror aragoneses y tiene dos libros pendientes de publicación. En «El cónclave» nos ofrece un notable relato de terror cuyas raíces se hunden en el Aragón profundo, y construye una versión local del american gothic realmente acertada.

No olvidarás al hermano ausente
Juanfran Jiménez
He aquí un relato de space opera con la imaginería de Aliens y Lovecraft, que nació como producto derivado de una novela de humor absurdo que todavía se encuentra en fase de borrador. El autor ha ganado dos veces el concurso de microrrelatos de El Mundo en su edición digital, y además ha sido finalista del Domingo Santos (2002 y 2008) y el Alberto Magno (2004).

El día de Afaggdu
Marcelo Sáez Worsley
En Artifex siempre hemos querido presentar nuevas voces, nuevos autores. Éste es el segundo relato publicado del autor. Licenciado en Filosofía, hasta ahora había publicado artículos académicos, y acaba de finalizar una novela de ciencia ficción. Tenemos aquí un relato de CF policíaca lleno de referencias a asuntos diversos como la New Age, la hipótesis Gaia y la superpoblación, de ágil lectura y dotado de una fuerza que nos hace suponer que éste es sólo el primer jalón en una carrera literaria prometedora.

Una valla en la eternidad
Alejandro Carneiro
Después de publicar «Al-Iksir» en el número 1, el ferrolano repite con «Una valla en la eternidad», finalista del Pablo Rido. Éste es su cuento más gallego, y tal vez el mejor, con permiso de pequeños clásicos como «En una bañera cualquiera» y «El hombrecillo de la maceta». Los protagonistas viven atrapados por la Santa Compaña, los tejemanejes de la política local y los programas esotéricos de la televisión, todos ellos masacrados por la prosa mordaz y precisa de un Alejandro Carneiro en estado de gracia.

Penumbras
Alberto García-Teresa
Alberto García-Teresa es uno de los artífices de Hélice y otras publicaciones de la Asociación Cultural Xatafi, así como uno de los ensayistas especializados en género fantástico con un futuro más halagüeño. Además es una de las realidades más sólidas de la nueva poesía española, y nos ha regalado un poemario magnífico, Hay que comerse el mundo a dentelladas. Su faceta como escritor de ciencia ficción puede parecer secundaria, pero, a la vista de este excelente relato ultracorto, no lo es en absoluto.

La cura más fácil
Juan Díaz Olmedo
La impronta de Iain Banks, Clive Barker y Poppy Z. Brite se halla presente, en mayor o menor medida, en las narraciones de Juan Díaz Olmedo. Esta apología del suicidio no deja de ser un canto a una manera de vivir en condiciones extremas, pues, ante todo, nos muestra que aquél que desea morir con todas sus fuerzas vive la vida con una intensidad mayor que la del común de los mortales. Hermosa paradoja la que contiene esta historia, una de las mejores que ha escrito su autor.

Supercerdo Antiterrorista
Fco. Javier Pérez
Francisco Javier Pérez ha protagonizado una de las irrupciones más espectaculares en el panorama literario fantástico español; ahí están los libros de relatos Dionisia Pop! y Antifuente. Para aprehender la irreverencia caótica y ácrata de este «Supercerdo Antiterrorista» hay que entender algunos datos biográficos y los gustos literarios y artísticos del autor; si, a pesar de todo, no se entiende en absoluto, tampoco hay que preocuparse: se trata de una inmejorable muestra de ciencia ficción surrealista.

Amplitud de improbabilidad
José Ramón Vázquez
El único autor que hace doblete en este número. Además de buen escritor en ciernes, es un teórico y un provocador, como demuestra con la columna «El follonero», que aparece en Literatura Prospectiva. Parte de este espíritu provocador y transgresor se percibe en esta brevísima y efectiva muestra de ciencia ficción dura, que sigue la estela del mejor Greg Egan, pero narrada con el estilo del Fredric Brown más alucinado y pasada por el tamiz de la Warner Brothers.

El espejo del mundo
Alberto Murcia
Terminamos este número con una novela corta inusitada. El periplo del protagonista por el inframundo televisivo bebe de la pesadilla burocrática de Stanislaw Lem, Memorias encontradas en una bañera, pero también de obras como El show de Truman, y toda la Nueva Carne de David Cronenberg. Alberto escribe ciencia ficción ambientada dentro de veinte minutos, como hacía Max Headroom, o tal vez aquí y ahora, como nunca dejó de hacer J. G. Ballard.

La portada y la maquetación en formatos PDF y libro electrónico ha sido de Eduardo Vaquerizo. La corrección de textos y demás tareas de apoyo son cosa del resto de la Asociación Cultural Xatafi, y el mérito, por supuesto, corresponde a los autores.
Nos leemos en el próximo Artifex.



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martes, 15 de septiembre de 2009

Finalistas del premio Xatafi-Cyberdark 2009 (1): Spanish Gothic

Como ya os conté en su momento, el verano comenzaba con la publicación del listado de finalistas del IV Premio Xatafi-Cyberdark de la crítica de literatura fantástica. El plazo de votación va a concluir dentro de unos días, ya he leído todo el material y, a falta de una relectura de los títulos que leí hace más tiempo, tengo más o menos decidido el sentido de mi voto. A lo largo de los próximos días trataré de comentar qué impresiones me han dejado las obras finalistas.
En las categorías de ficción española (libro y relato) hay un detalle significativo: todas las finalistas menos una (El mapa del tiempo, de Félix J. Palma, de la que hablaré en otra entrada, más que nada por darle cierta homogeneidad temática a esta entrada, y por tener la excusa perfecta para colaros el informe de lectura que escribí para Círculo de Lectores) están adscritas de manera inequívoca al género de terror. Pero no al terror de sustos, mestizaje de géneros y bichos profundos de dimensiones cósmicas, como sucediera el año pasado con, por ejemplo, La llave del abismo, de José Carlos Somoza, sino a un género de terror más reposado, con toques rurales, marcadamente español (pero sin perder referentes literarios anglosajones) y, en resumen, dotado de cierta unidad. Parece como si la temática predominante del año 2008, y en todo caso la que más llamó la atención a los jurados del premio Xatafi-Cyberdark, fuera la del género de terror con raíces en nuestra realidad nacional pero sin por ello caer en el sainete. Español pero no castizo, para entendernos.
Cierto es que teníamos una limitación de entrada: no se admitían como nominables las obras publicadas originalmente en Internet, lo cual dejaba fuera de competición, por ejemplo, todo el material publicado en los dos primeros números de Artifex Cuarta Época. Así pues, no veréis en el listado de finalistas ningún relato ni novela corta aparecidos previamente en el número 1 o el número 2 de esta publicación. Relatos como "El hombre de la basura", de Carlos Martínez Córdoba (que, hablo a título personal, bien podría haber sido el cuarto en discordia en esta edición del Xatafi-Cyberdark, de haberse publicado originalmente en formato papel), "Bajo estrellas feroces", de Eduardo Vaquerizo, o "El óxido del Sombrerero", de Alfredo Álamo, se merecen algún reconocimiento por parte de los aficionados, y, sinceramente, espero que les llegue en forma de nominación a los Ignotus.
Es una lástima que obras meritorias como Dionisia Pop! de Francisco Javier Pérez, El rayo verde en el ocaso, de Sergio Mars, o Paura 4 no hayan entrado en la categoría de libro, o que ninguno de los contenidos de estas tres recopilaciones haya entrado en la categoría de relato, pero la aritmética del premio, de cualquier premio, es la que es: no había sitio para todas. Y estamos aquí para hablar de los finalistas, no de los que se han quedado a las puertas.
Como decía, todo el elenco de finalistas españoles excepto una novela (la de Félix J. Palma) está adscrito al género de terror, lo cual contrasta con los finalistas extranjeros, en los que predomina la ciencia ficción. Podría deberse a una afortunada casualidad, pero lo cierto es que la presencia en el panorama de un buen Paura 4 y de dos relatos que no eran nominables por haber sido publicados en formato electrónico ("El hombre de la basura", de Carlos Fernández Córdoba, y "Un plato frío", de Manuel de los Reyes", ambos en Artifex), unida a la creación de Nocte (Asociación Española de Escritores de Terror) o la inminente celebración de la I Semana Gótica de Madrid, parecen indicar que el terror en España está atravesando un buen momento. En ese sentido, la inclusión de la recopilación de Todos los cuentos de Cristina Fernández Cubas (una de las referencias indisimulables de este nuevo terror español) en la candidatura de mejor iniciativa editorial viene a ser otro reconocimiento de esta realidad.
Como decía, el nuevo terror español (al menos, el que entra en el listado de finalistas de esta edición del Xatafi-Cyberdark) no es un terror de dimensiones descomunales. No encontraréis en él grandes catástrofes cósmicas, ni profundos surgidos de los abismos marinos. No; los verdaderos protagonistas de este nuevo terror, de este spanish gothic, son gente como vosotros o yo, personas normales que se ven envueltas en líos no excesivamente descomunales en términos cósmicos, pero no por ello menos trascendentales para ellos. Es más, parece haber un nexo común en todas estas historias: la causa o la consecuencia de los males de estos personajes, el hecho terrorífico que sirve de detonante en la mayoría de las historias suele tener apenas unos milímetros de longitud, seis patas y alas.
Recapitulemos, si no entendéis a qué nos referimos.
Rojo alma, negro sombra, del navarro Ismael Martínez Biurrun (451 Editores) parece, de entrada, una de las favoritas indiscutibles para alzarse con el Xatafi-Cyberdark, dado que viene avalada por el premio Celsius 232 que recibió en el transcurso de la Semana Negra de Gijón. En el Xatafi-Cyberdark vuelve a verse las caras con de las finalistas de ese premio (las novelas de Félix J. Palma y Jon Bilbao), y no sería de extrañar que dicha terna se las volviese a ver en la papeleta final de los Ignotus. Son, con justicia, las tres obras más destacables del género fantástico español de 2008.
El detonante del terror en la novela de Martínez Biurrun es un accidente, en apariencia banal pero que está a punto de desencadenar una tragedia. Elías es un operario que trabaja en la reforestación de un monte devastado por un incendio. En el transcurso de las excavaciones encuentra una caja de madera que contiene un espejo y una carta. Elías aparta la lata de Coca-Cola, toma asiento en un tocón y se pone a leer la carta, una y otra vez, atrapado por la bella letra de la autora. Está fechada casi veinte años antes, y fue escrita por una chica que se dirige a otra chica a quien, al parecer, cree que no volverá a ver. Quien escribe firma como Isla; su amiga, Luna. Elías oye cómo se aproxima su jefe, de modo que decide reanudar el trabajo. Hace calor y se lleva la lata a la boca, con tan mala fortuna que se traga una avispa: durante todo este tiempo ha estado sentado junto al avispero. La mala suerte quiere que la avispa esté viva y trate de defenderse. Está en la boca de Elías, quien siente el aguijonazo en la garganta. Elías se debate, nervioso, pues sabe lo que viene a continuación: una inflamación en la garganta, la obstrucción de la tráquea y, lo más probable, la muerte casi inmediata por asfixia. El jefe de Elías consigue salvarlo cuando ya está perdiendo la conciencia.
Después de este comienzo angustioso, la mejor escena de terror del año descrita en apenas cinco páginas con una intensidad y un manejo del tempo narrativo envidiables, vemos a Elías abandonando el hospital. No se ha restablecido del todo, pero su jefe tiene piedad de él y lo contrata como vigilante nocturno en un desguace de maquinaria industrial. Allí no tiene apenas trabajo que hacer, de modo que aprovecha para buscar por Internet datos que lo lleven a localizar a la autora de la carta y a su destinataria. Apenas tiene una fecha, referencias a la edad de la autora y su amiga, y el nombre de una localidad navarra. Con esos datos, Elías puede deducir que la autora ronda la treintena, y se lanza a su búsqueda. Y comienzan a ocurrir cosas raras y terroríficas, a la vez que se inmiscuyen personajes nuevos en la trama. Los principales son Roberta, una socióloga interesada por los grafitis urbanos, divorciada y madre de un niño, aterrorizada por la enfermedad mental de su ex marido, el Cazador de Tormentas, un pirado que busca la foto perfecta del relámpago perfecto. Génesis, un quinceañero hijo de familia acomodada, cuyo padre es un profesor de universidad despreciable que consigue, a golpe de autoridad mal entendida, que se fugue del hogar y recale en el desguace, donde da rienda suelta a su arte: dibuja en los vehículos abandonados unos grafitis con temática satánica que parecen salidos de la peor de las pesadillas. Y, por último, el padre Alvin, un cura mexicano aficionado al rock duro, que intenta ejercer como figura paterna alternativa del rebelde Génesis.
Los caminos de todos ellos se entrelazan de manera más que inquietante, y nos deparan una novela realmente interesante, digna de figurar entre las mejores que ha dado el género de terror en España. El manejo de los recursos literarios de Ismael Martínez Biurrun es muy sólido, aunque éstos no empañan el gran mérito de la obra: su brillantez visual y su capacidad para crear atmósferas inquietantes. Al capítulo, ya descrito, en el que un incidente en apariencia banal, la picadura de una avispa, se convierte en cuestión de vida o muerte, cabe añadir algunas secuencias memorables que convierten Rojo alma, negro sombra en una de las novelas de lectura obligatoria del pasado año.

Pasemos de las avispas a las moscas. La carrera literaria del asturiano Jon Bilbao ha despegado en apenas unos meses gracias a la novela El hermano de las moscas y a la recopilación de relatos Como una historia de terror (ambas editadas por Salto de Página en 2008, y la segunda de ellas galardonada con el premio Ojo Crítico de RTVE).
En la novela que nos ocupa, las moscas son el centro de la trama, algo que se percibe en el mismo título. El punto de partida es menos inquietante que el de la novela de Martínez Biurrun, de ahí que la transición al elemento terrorífico sea más dramática e inesperada. La novela comienza con un tono costumbrista, y plantea un conflicto familiar. Grego (nótese el homenaje a Gregorio Samsa, el protagonista de La metamorfosis de Franz Kafka) es el menor de dos hermanos no especialmente bien avenidos. Su hermano mayor, Héctor, es modélico, es un directivo en una refinería de petróleo, está felizmente casado con Sara y está a punto de tener una hija, Beatriz. Grego es todo lo contario: solitario y bala perdida, abandona durante unos días su puesto de director de una compañía de alquiler de embarcaciones de recreo en Tailandia para asistir al nacimiento de su sobrina, en la localidad atlántica donde residen Héctor y Sara. El comportamiento de Grego es extraño durante los días previos y posteriores al parto. No aparece por el hospital a ver a su hermano, su cuñada y su sobrina; en lugar de ello, se encierra en su habitación y no reaparece hasta que la familia ha regresado del hospital. Durante la ausencia inexplicable de Grego, la familia sólo ha podido ver un enjambre de moscas que surgen de la habitación del hermano pequeño. Muy a pesar de la voluntad de Sara, Héctor decide quedarse solo en la casa, pues el matrimonio la considera insegura para albergar a una recién nacida. Héctor investiga por su cuenta, se introduce en la habitación de Grego y acondiciona, pero no hace ademán de matar al enjambre. Todas las pertenencias de Grego, así como su documentación, están sobre la cama. Todos los días habla con Sara y alimenta a las moscas con leche y azúcar. Asimismo, recuerda el proceso por el que Grego se fue a vivir al Lejano Oriente. Un buen día, sin embargo, Grego reaparece, mucho más mermado que la semana anterior. Por increíble que parezca, se ha convertido en el enjambre de moscas que había invadido su dormitorio. De este modo se cierra un comienzo de escándalo, apenas treinta páginas en las que no sobra ni falta una coma, y que constituyen una pequeña novela dentro de la novela. Podría pensarse que, con estos primeros capítulos, ya está dicho todo, pero la historia continúa por nuevos derroteros, si bien es cierto que sin superar la intensidad de estas primeras treinta páginas.
La historia se desarrolla a lo largo de varios años. Comprendemos que Grego sufre esa transformación durante una semana al año, siempre en vísperas del cumpleaños de su sobrina Beatriz, y que la transformación revierte de manera tan misteriosa como comenzó. A un hecho sobrenatural (un hombre que se convierte en un enjambre de moscas) le sucede otro hecho igualmente sobrenatural (las moscas vuelven a ser un hombre), pero, cada vez que ocurre el cambio, Grego está más débil. Jon Bilbao sabe dotar de interés una historia que de otro modo no se habría tenido en pie durante más de trescientas páginas. El retrato de la decadencia de Grego deja de parecerse al del Gregorio Samsa de la novela de Kafka para recordarnos al del profesor Brundle de La mosca, pero siempre con un tono realista, contenido y tal vez demasiado frío y distante. Al mismo tiempo, asistimos al reverso de la historia, el del punto de vista de quienes padecen en su entorno: cómo Héctor no progresa en su empresa por culpa de la atadura que le supone tener un hermano enfermo (y, de hecho, el hermano de las moscas que da título a la novela es Héctor, quien de este modo se convierte en el verdadero protagonista), cómo se desarrolla la vida familiar con una Sara cada vez más recelosa de Grego pero al mismo tiempo irresistiblemente unida a él (pues éste forma parte de su destino) y la falsa relación paterno-filial que se crea entre Grego y su sobrina Beatriz. El estudio de personajes es notable, y lo que comienza como una historia de David Lynch termina pareciendo de David Cronenberg.
El panorama terrorífico español de 2008 quedaría incompleto si no habláramos de dos recopilaciones de relatos de otros tantos valores contrastados del género: Marc R. Soto y Santiago Eximeno. De El hombre divergente (Grupo AJEC) ya hablé en Hélice 10, y tengo que decir que su inclusión en la lista final del premio es a todas luces justa. Se trata de una recopilación muy sólida, en la que la deuda con este american gothic reconvertido en spanish gothic es evidente. Marc huye de los fuegos de artificio y, al igual que Martínez Biurrun y Bilbao, nos deja la impresión de que el verdadero terror ocurre aquí, al lado de tu casa, en una apacible urbanización de clase media-alta, en la caseta del vigilante de un desguace o en el piso de una maestra de escuela. Si la causante del momento de terror más intenso de 2008 (el arranque de Rojo alma, negro sombra) era una avispa, y el leitmotiv de la novela de Jon Bilbao era una mosca, los protagonistas de uno de los relatos de terror más redondos de los últimos años son los mosquitos del cuento epónimo de Marc R. Soto. En "Mosquitos", Marc nos lleva el terror a una ciudad que muy bien podría ser su Santander natal, y lo hace a través de unos pequeños seres que, bien mirados, son lo más parecido que hay en la naturaleza a los vampiros de las historias de miedo, más parecidos incluso que los murciélagos. Marc no nos habla de mosquitos, sino de vampiros psíquicos, y a lo largo de setenta páginas ofrece algunas imágenes antológicas y descripciones asquerosas que hacen de esta novela corta una clara candidata a llevarse el Xatafi-Cyberdark y, diría yo, el Ignotus. Tal vez el otro relato de Marc Soto presente en el listado de finalistas, "El hombre divergente", sea igualmente brillante, pero "Mosquitos" impresiona más.
Queda hablar del tercero de los relatos finalistas, "Lo más dulce", de Santiago Eximeno, presente en Bebés jugando con cuchillos (Grupo AJEC), una recopilación que intuyo que no ha entrado en la papeleta final debido a que apenas había tres relatos inéditos y, por tanto, se ha considerado, de manera implícita, como una obra no nominable. De esos inéditos, el más destacable con diferencia es "Lo más dulce", que, como su propio nombre da a entender, y para no desentonar de las otras narraciones mencionadas, tiene como elemento creador del elemento terrorífico la miel que producen unas abejas un tanto peculiares. Pocas veces un peluche de la abeja Maya ha sugerido tantas cosas, y tan terribles todas. Tal vez no se trate de un relato a la altura de "Origami", "Huerto de cruces" o "Días de otoño", pero confirma que Eximeno está un paso por delante de sus compañeros de generación y que la edición de Bebés jugando con cuchillos era tal vez el libro de relatos más necesario del año.


He estructurado esta entrada en torno a tres elementos comunes de las obras españolas finalistas del premio Xatafi-Cyberdark: su adscripción temática al género de terror, su adscripción ideológica a determinado tipo de terror cotidiano que podríamos definir como spanish gothic y la presencia de insectos como elemento que crea o desarrolla el componente terrorífico de las respectivas historias. Por supuesto, esta caracterización es puramente arbitraria. Podría haber hecho énfasis en otros elementos comunes. Por ejemplo, en la presencia constante de niños: en Rojo alma, negro sombra, David, Isla, Luna y otros niños sobre los que no debería hablar para no incurrir en espóilers; en El hermano de las moscas, Beatriz; en "Mosquitos", Nacho; en "Lo más dulce", Marta. O en el hecho de que tanto la ambientación de las historias como la procedencia geográfica de los autores nos lleve, casi sin excepciones (no cuento a Santiago Eximeno, aunque su relato esté ambientado en Umbría), al norte peninsular: Ismael Martínez Biurrun es navarro y la ficticia Esparza del Linares se encuentra en su comunidad natal; Jon Bilbao es asturiano pero residente en Vizcaya, y parece que la refinería y la localidad de las que habla están situadas en Asturias; Marc R. Soto es cántabro de nacimiento y tanto "Mosquitos" como "El hombre divergente" parecen estar ambientados en Santander y alrededores.
Da igual. Quedaos con el mensaje, no con la boutade. Si tenéis que creernos a mí y al resto de jurados de la última edición del premio Xatafi-Cyberdark (y creo de verdad que tenéis motivos para hacerlo), casi todas las obras españolas destacables del año 2008 son de terror, pero de un terror mucho más cercano e inmediato que el que se suele leer por estos pagos, un terror que viene a reivindicar a Stephen King más que a Clive Barker, un terror cuya premisa (y, por lo tanto, según el cual gran parte del elemento inquietante) reside en que, como decía el título de la película, esto ocurrió o pudo haber ocurrido cerca de vuestras casas, y, en resumen, un terror que viene a demostrar que puede hablar y pensar en castellano. Un terror nuestro, y puede que el principio (o la mayoría de edad) de una tendencia que llamo spanish gothic, pero que podría resumirse, lisa y llanamente, y sin calificativos promocionales, como buen terror español.


Nos falta una obra, la novela de Félix J. Palma El mapa del tiempo. Por temática (es ciencia ficción) y por recursos narrativos (apenas hay insectos), no era ésta la entrada más apropiada para hablar de ella, pero no os preocupéis: hablaré de ella en la entrada del jueves, pues toca informe de lectura.

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miércoles, 10 de septiembre de 2008

Hélice nº 10 ya disponible

Se subió a la red la semana pasada, así que ya os podéis hacer una idea de lo liado que ando. Las correcciones de ensayos acojonantemente largos sobre la guerra y manuales de técnicas de relajamiento muscular es lo que tienen...
En esta ocasión hay una crítica mía (favorable, favorable) de El hombre divergente, de Marc R. Soto. Por cierto, es un libro muy recomendable para todos los amantes del terror.

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Hélice nº 10 ya disponible
El décimo número de la revista Hélice: Reflexiones críticas sobre ficción especulativa ya está disponible para su descarga gratuita en www.revistahelice.com .

Contiene, en el apartado de «Reflexiones»:
-"Secesión", de Julián Díez.
-"Charles Robert Maturin y la importancia de la cita", de Ana González-Rivas.
-"Lo fantástico en la literatura nigeriana: ¿género o incidencia esporádica?", de Terri Ochiagha.

En cuanto a «Críticas», cuenta con los análisis de:
-Danza de tinieblas, de Eduardo Vaquerizo, por Steve Redwood
-El juego del ángel, de Carlos Ruiz Zafón, por Alfonso Merelo.
-A vuestros cuerpos dispersos, de Philip J. Farmer, por Antonio Rómar
-La realidad oculta: Cuentos fantásticos españoles del siglo XX, por Fernando Ángel Moreno.
-La grieta, de Doris Lessing, por Iván Fernández Balbuena.

Finalmente la «Doble hélice» ofrece las críticas complementarias de:
-El hombre divergente, antología de relatos de Marc R. Soto, a cargo de Juan Manuel Santiago y Fernando Ángel Moreno.
Esperamos que os resulte interesante.

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Por mi parte, copio y pego fragmentos de la crítica de marras, que además tiene que complementarse con la lectura de la crítica de Fernando Ángel Moreno. A disfrutar del libro de Marc, que merece la pena.
Nos leemos después del puente. Ah, que en Madrid no es puente... Bueno, igualmente. Hasta la semana que viene.

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Marc R. Soto El hombre divergente
Grupo AJEC
Col. Albemuth núm. 19
183 págs.
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Marc R. Soto pertenece a un llamémosle movimiento a favor de la narrativa de terror que ha conseguido más objetivos de los que en principio podría suponérsele. Tanto Santiago Eximeno como Alfredo Álamo, Juan Díaz Olmedo, David Jasso, Carlos Martínez Córdoba y, por supuesto, Marc R. Soto supieron aprovechar que el ambiente de las fanediciones de primeros de milenio (con la precursora Qlipoth a la cabeza) era propicio para hacerse un huequito en las publicaciones especializadas, primero de la mano de Artifex y, más tarde, de un vehículo cuya importancia aún está pendiente de evaluación (y reivindicación): las antologías Paura. La perspectiva que dan los años demuestra que cuando, en la década de los noventa, los más enterados afirmábamos que la ciencia ficción española vivía un momento glorioso, en realidad no estábamos cayendo en ese reduccionismo chovinista de hermano menor pero más fuertote, ese englobar a la fantasía, la ciencia ficción y el terror en el mismo saco genérico de la ciencia ficción. La década prodigiosa marcó el cenit de la ciencia ficción publicada en España; pero nada más que de la ciencia ficción. Y el cambio de milenio se ha encargado, bien por la huida de los autores del fándom hacia otros campos, bien por una simple cuestión de mercado editorial, de hacer que el epicentro de la creatividad fantástica en España derive hacia la fantasía (y aquí el mérito o la culpa no son de nadie, excepto tal vez de Peter Jackson: es lo que hay) y hacia el eterno hermano tonto y feo, el terror. Hace varios años que publicar buenos relatos de terror en fanzines y revistas dejó de ser un lujo que sólo se podían permitir Armando Boix y dos más. Ahora lo raro es que se lean buenos cuentos españoles de ciencia ficción.
Las citadas Artifex y Paura, así como el surgimiento desde las filas del fándom de la primera generación de escritores encasillables fundamentalmente en el género de terror, llevó a otros logros, como el añadido de la T final al nombre de nuestra asociación favorita, que hasta entonces era AEFCF, y a la creación de una asociación corporativa ad hoc: NOCTE.
(...)
Como está a punto de sucederle a Santiago Eximeno y su inminente Bebés jugando con cuchillos (Grupo AJEC), Marc R. Soto ha reunido a lo largo de estos años una cantidad nada despreciable de relatos de terror, los suficientes como para llenar un volumen como El hombre divergente. Once relatos (doce, si se cuentan las dos partes en que está dividido el epónimo “El hombre divergente”) de terror en estado puro, sin desperdicio. Once ficciones descarnadas que nos acercan a una voz única. Lejos de la patada en las tripas del terror de Juan Díaz Olmedo o del perfume de flores marchitas que emana de las filigranas de Pilar Pedraza, Marc R. Soto nos acerca a un ámbito cotidiano, de capital de provincia no demasiado grande (sí, vale, Santander), en el que el mal acecha en el interior de uno mismo (como todo el mal, por otro lado) pero se manifiesta en pequeños sucesos, en pequeñas decisiones que le cambian a uno la vida, generalmente para mal.
Los lugares comunes de Marc R. Soto no son cadáveres andantes, no-muertos ni vampiros, sino gente de carne y hueso, curritos de a pie como tú y como yo (un poco más perjudicados, eso es cierto), y las situaciones aparentemente intrascendentes que tiene la vida, y que devienen en verdaderas calamidades, pero no en un plano cósmico, sino en un nivel puramente cotidiano y familiar. Cthulhu no cabe en la cosmogonía de Marc Soto. Conociendo la poética de Soto, si hay algún ser en el mundo que chupe sangre y sea capaz de poseer a un niño hasta el punto de hacerle decir y cometer verdaderas atrocidades, por supuesto que no será un vampiro, sino un humilde mosquito. Literalmente. Cualquier otra cosa sería ilógica.
(...) Para Marc R. Soto, el terror es algo tan natural que uno se lo encuentra casi porque sí, como quien no quiere la cosa, y acude a nosotros porque, bueno, al fin y al cabo no somos sino las visiones de un tarado, las divergencias de la personalidad de un ser con capacidad de hacer daño. Somos un sueño, el triste encadenado de visiones alucinadas de un currito con mala hostia. El Apocalipsis acecha en pantuflas, apresurándose porque llega tarde a la consulta de la psiquiatra, a la que le vuelca todas sus frustraciones e historias, una especie de Hombre Ilustrado de Ray Bradbury, pero sin más tatuaje que sus sueños, sus divergencias.
(...) Pese a lo que podría parecer, El hombre divergente, que en origen es una recopilación de relatos independientes aunque ambientados en un universo vagamente referencial (Santander a principios del siglo XXI), mantiene una impresión de unidad, que deriva de un truco muy sutil. Igual que ocurre en películas como Amores perros y Vidas cruzadas (¿soy el único a quien le parece que Marc R. Soto es nuestro Raymond Carver particular?), las vidas de los personajes se entrecruzan, y a lo que era un relato aparecido en Paura se le añaden las vivencias de los protagonistas de una historia publicada en Visiones (y en Ellery Queen Mystery Magazine), y poco a poco, retazo a retazo, las divergencias de Eduardo nos suenan tan familiares como si nosotros también las estuviéramos experimentando. (...)
Todo eso cabe en El hombre divergente. Historias cotidianas, sueños que no lo son, alucinaciones que nos llevan a encontrarnos con nuestro reverso oscuro, actos crueles que se nos presentan como inevitables, un mundo de gente como tú y yo en el que la insania mental es la regla… Un todo coherente (que es lo que se suele decir en estos casos) que está escrito y organizado como la realidad: con fragmentos independientes por separado, pero dotados de unidad si se leen de un tirón. Un libro importante de un autor que, sólo por el hecho de haber publicado en una de las revistas anglosajonas más importantes, ya es importante, pero que, además, reúne en un mismo volumen algunos de los relatos españoles de terror más escalofriantes (por lo sencillo y efectivo) de la última década: “Gatomaquia”, “Mosquitos”, “Bella y tierna historia de amor”, “Ratas” o “Regreso al bosque”.


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martes, 4 de marzo de 2008

Buenas noches, y que Dios nos pille confesados

Lo bueno de tener almas casi gemelas (en lo que a blogs se refiere) como Manu Díez Román es que a veces nos ahorramos mutuamente escribir según qué entradas; en este caso, es él quien me ahorra colgar un par de vídeos esclarecedores sobre Mariano Rajoy, su niña y el cómo reaprovecha lemas y recursos electorales de México, Guatemala e incluso los Estados Unidos. Así pues, enlazo la entrada de marras y paso a otro asunto. Y, para análisis en profundidad, ya escribí otra entrada no hace mucho tiempo, y a ella me remito. Aunque la escribí en precampaña, el guión de la campaña electoral está resultando tan soso y previsible que no cambiaría ni una coma.
Nunca debimos haber visto el segundo debate electoral entre Mariano Rajoy y José Luis Rodríguez Zapatero. Aparte de que nos aburrimos solemnemente, pocas novedades ofreció con respecto al primero, excepto que renovaron el repertorio de acusaciones mutuas. El esquema seguido por ambos fue el mismo: yo te doy donde más te duele, en aquellos temitas sobre los que no me puedes replicar porque son indefendibles, y a cambio te respondo lo que me venga en gana cuando tú me das cera sobre los asuntos en los que no tengo defensa posible. El caso es que la estrategia les ha funcionado, a juzgar por el entusiasmo con que han sido valoradas sus intervenciones entre sus votantes ya convencidos. A los que no somos ni carne ni pescao (una cuarta parte del electorado, no lo olvidemos), la cosa nos pareció aburrida, autorreferencial, cobarde y con escasos momentos divertidos que nos hicieran continuar el debate hasta el final y no cambiar a C.S.I. Miami. Llegué a echar de menos a Horatio Caine: por lo menos, reparte hostias como panes y no esconde la mano. No sé si me explico.
Con todo, hubo momentos brillantes, como la réplica de ZP a Rajoy acerca de la inmigración. Sí, eso de que gracias a los impuestos que pagan los inmigrantes tenemos ingresos suficientes para garantizar un millón de pensiones. O toda la discusión acerca de política antiterrorista. En general, vi que Rajoy le hizo pupa a ZP en asuntos económicos, y que ZP ganó de calle en lo relativo a asuntos sociales. En cuanto a la política lingüística en Catalunya, pues en fin, como se lo diría al señor Rajoy: he trabajado para un editor y librero a quien casi le cascan una multa de cien mil pesetas españolas de las antiguas, por no rotular llibreria en catalán. Aquello sucedió cuando gobernaban el PP (en el Estado español) y CiU (en Catalunya), o sea que menos gilipolleces: la política lingüística es la misma que cuando gobernaba Aznar, el del catalán en la intimidad.
En fin, que cada loco con su tema, y a agradar a la parroquia y a la prensa afín. Visto así, las referencias a la niña de Rajoy (que tal vez sea esta) y a las buenas noches y buena suerte, casi fueron simpáticas y todo.
Como debates, y teniendo en cuenta que el último se había celebrado hace quince años, ha sido una ocasión desperdiciada. En la que, insisto, faltaban candidatos. Reducirlo todo a PSOE y PP me parece muy grave, cuando hay otras fuerzas políticas representativas de la sociedad española.
Disgresiones aparte, digo que nunca debimos haber visto el debate de anoche porque ello se tradujo en un sueño demasiado chungo, que paso a relatar.
En mi sueño, yo estaba en algún lugar irreconocible, y de repente me encontraba cara a cara con Mariano Rajoy. Estaba enfrascado en una perorata llena de tecnicismos, de esos que no significan absolutamente nada pero que se emplean como argumento de autoridad para denotar que el candidato en cuestión sabe un huevo de lo que habla. Utilizaba frases y terminología que sé que es inexistente, que no se emplea ni en estadística ni en política, y, lo que es más extraño, en vez de darlo por bueno, incluso en mi sueño era consciente de que lo que estaba diciendo era una sarta de chorradas carentes de sentido, expuestas únicamente para deslumbrar a los espectadores ya convencidos.
-Les anuncio que hemos creado un sistema que nos permitirá evaluar los votos reales sobre las papeletas escrutadas en catorce provincias, aplicando como coeficiente un furflús sidagítico de treinta y uno por cincuenta y dos, con el cual...
En aquel momento, yo interrumpía a Rajoy y empezaba a darle cachetadas en los mofletes, incrementando su fuerza a medida que iba terminando mi exposición, pasando de la caricia a lo que claramente podríamos definir como una señora bofetada.
-¿Me estás diciendo que siembras dudas acerca de la legitimidad de los resultados electorales, sean cuales sean, y que el mero hecho, el simple hecho de que anuncies algo que es completamente innecesario va a deslegitimar al gobierno, porque quieras o no las elecciones van a ser limpias?
Todo esto, como digo, con la cadencia de las cachetadas en un crescendo, que terminaba prácticamente en unos bofetones.
La escena cambiaba, y me encontraba con dos Hombres de Negro del PSOE, que estaban conspirando con los datos de participación. No sé de qué hablaban, porque estaban susurrando, pero lo que yo pensaba en aquel momento era que tenía que contar en mi blog lo que acababa de hacerle a Rajoy y, por otro lado, le daba vueltas a una novela, que sería la distopía definitiva en lengua española, y que tenía que comentarle a unos cuantos editores en la hispacón.
En ese momento, me desperté. Cristina lo flipó razonablemente cuando le conté el sueño, y el susto se me pasó antes incluso de entrar en la ducha, porque los vecinos de al lado estaban haciendo demasiado ruido, y así no había quien se concentrara en intentar racionalizar el sueño que acababa de tener.
Lo dicho. Que no vuelvo a ver un debate electoral justo antes de irme a la cama. A partir de ahora veremos cosas más ligeritas y amables, que nos permitan tener sueños normales: Psicosis, El exorcista, El resplandor o El misterio de Salem's Lot, por ejemplo.

Edito:
Le he dado vueltas al asunto (por suerte, no en sueños), y ya sé cuál fue el detonante de mi pesadilla con Mariano Rajoy: la despedida del candidato popular, ese "Esa niña está en mi cabeza, es la que mueve mis sentimientos y mi corazón". La mera idea de que Rajoy, con esa mirada desencajada, tenga en su interior una niña que le habla y dicta sus movimientos, pertenece de lleno a la iconografía de la serie B, la serie Z, el giallo y cualquier otro subgénero del terror. Intento imaginarme a Rajoy en el debate electoral, mientras Zapatero le está metiendo un chorreo o diciendo alguna gilipollez, y de repente, la niña de marras irrumpe dentro de su cabeza:
-¡Mátalo, Mariano! ¡Hazlo ya!
Y es en ese momento cuando Rajoy tiene que salir por los cerros de Úbeda y prolongar la discusión sobre cuál fue la primera pregunta que le hizo a ZP... triste ejemplo protagonizado por los dos candidatos, en el que el asunto de la primera pregunta sirve para tener la última palabra.
Pero el debate sigue, y los contraplanos que muestran a Rajoy crispado, con los ojos abiertos como platos mientras saca uno de sus gráficos, en realidad nos hablan de la voz que habita en su interior, y que en esta ocasión le dice lo siguiente:
Háblalesh de mí, Mariano! ¡Dísshelo al mundo!
El debate continúa, y las excentricidades de Mariano, esa manera tan inocente, de entrar al trapo cuando Zapatero le habla de la guerra de Irak, adquieren una nueva dimensión. Rajoy necesita apartar de su cabeza la voz interior de la niña, que no deja de machacarlo. Mariano está extenuado.
-¡No dejesh que nosh arrebate la victoria en eshte debate! ¡Es nueshtra! ¡Zaplanum! ¡Zaplanum! ¡Mi tessssooooroooo!
Y Rajoy, que tiene que contraatacar a la desesperada, para arrojar fuera de sí a la niña y ofrecérnosla al resto de los españoles, un "tómala, tuya es, mía no" absolutamente catártico.
Creo que ése fue el detonante de mi pesadilla. Ahora lo veo claro.
(Gracias a Natxo por la foto de las niñas de marras.)

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