jueves, 18 de julio de 2019

Cazador de Ratas convoca la antología "BarrioPunk", seleccionada por Juan Manuel Santiago y Mariano Villarreal



EN 2020 LLEGARÁ…

BARRIOPUNK



En 2018 apareció EspañaPunk, una antología de terror seleccionada por Carmen Moreno con la que Cazador de Ratas pretendía rendir homenaje a los dos artistas más rompedores que ha tenido España: Raphael y Rocío Jurado. Además de sus trece relatos (obra de M. A. Contreras, Andrea Díaz, J. M. Fernández Aguilera, Sonia González, I. S. Guinaldo, Pedro Moscatel, Óscar Navas, Zahara Ordóñez, Jesús Relinque, Ana Saiz, Kristina Yanavichyute, David P. Yuste y Haizea M. Zubieta), aparecieron otras dos narraciones que, por diversos motivos, no habían podido entrar en la antología: las novelas cortas Y estoy aquí, aquí para quererte, de Juan Manuel Santiago, y Yo soy aquel, de Alicia Pérez Gil. Con estas historias quedaba oficialmente inaugurada toda una corriente literaria: el EspañaPunk.



Sin embargo, ya había un precedente, editado por Cazador de Ratas en 2016: la antología Retrofuturo, seleccionada por Guillem López. En sus doce relatos (firmados por Alfredo Álamo, Jesús Cañadas, Colectivo Juan de Madre, Nieves Delgado, Francisco Jota-Pérez, Cristina Jurado, Guillem López, Layla Martínez, Sofía Rhei, Tamara Romero, Juan Manuel Santiago y Marian Womack) se ofrecía, como muy bien indicaba el subtítulo, «una mirada a los años 70». Algunas de las historias estaban ambientadas en una España alternativa y setentera, en la que la lucha obrera del tardofranquismo coincidía con persecuciones a ritmo de los Chichos por las calles de una Madrid teslapunk o alegorías casi dignas de José Saramago en las que Valencia se desgajaba de España. En cierto modo, algunos de los relatos de Retrofuturo ya eran EspañaPunk antes de que se acuñase el concepto de EspañaPunk.



De hecho, a poco que el lector afinara el radar, descubría que se publicaba más EspañaPunk, tal vez sin que los editores ni los autores lo supieran. Un ejemplo: «Todo el mundo te quiere cuando eres bi», de Rubén Guallar, aparecido en la antología Valores familiares, de Orciny Books, en 2018, tiene todos los elementos definitorios del EspañaPunk tal y como aparecía en el material editado por Cazador de Ratas. Pero, cuanto más ahondamos en la historia de la ciencia ficción española, más relatos sospechosos de EspañaPunk aparecen: «Uñas», de Jesús Palacios, o «Cualquier noche puede salir el sol», de Manel Díez Román, eran historias ciberpunk (tal como este se entendía en los años 90) en las que el barrio y la multiculturalidad se adueñaban de la narración. «Gracia», de Susana Vallejo, era una distopía ambientada en el barrio de Sants, por aquel entonces marcado por el traumático desalojo de Can Vies, un edificio okupa que vertebraba buena parte de las iniciativas sociales de las que el Ayuntamiento se había desprendido. Por su parte, el retrato tenebroso en clave bizarre-noir que Juan Díaz Olmedo hizo en su novela Zombi convierte esta especie de El Club de la Lucha sevillano en clave poligonera en una obra que, si bien no es estrictamente fantástica, tiene muchos de los elementos del EspañaPunk.

Ya teníamos dos antologías, la de 2016 y la de 2018. Y un concepto que funcionaba entre los lectores. Y habíamos cubierto los años 70.

La consecuencia era inevitable: Cazador de Ratas tenía que editar otra antología EspañaPunk en 2020, convertir el universo EspañaPunk en una franquicia bienal. Si en 2016 apareció Retrofuturo. Una mirada a los años 70 y en 2018 se editó EspañaPunk, 2020 será el año de…

BARRIOPUNK

Por ese motivo procedemos a anunciar la

CONVOCATORIA OFICIAL DE LA ANTOLOGÍA
BARRIOPUNK,
UNA INICIATIVA DE
CAZADOR DE RATAS

Por la presente, la editorial Cazador de Ratas convoca la antología BARRIOPUNK de relatos fantásticos adscritos al subgénero EspañaPunk. Ahora bien, antes de llegar a las bases de la convocatoria, conviene aclarar qué es el EspañaPunk y qué queremos que sea el BarrioPunk.

¿QUÉ ES EL ESPAÑAPUNK?

Puede parecer de cajón, pero para entender lo que es el EspañaPunk debemos hablar de «España» y de «Punk».

Por supuesto, España, entendida no solo como el territorio que conforma el Estado español hoy en día, sino también como concepto; es decir, España como realidad social, política, geográfica y mental. ¿Se puede conciliar el EspañaPunk con el Procés catalán? ¿Y con el antiguo imperio colonial? ¿Con los exiliados políticos o laborales? ¿Acaso con sus leyendas (urbanas o rurales) y mitos? ¿Y desde Españas alternativas que no son exactamente la que conocemos? Por supuesto que se puede, e incluso se debe. El EspañaPunk nace con la intención de reescribir, reinterpretar y reciclar la realidad española y adaptarla a las necesidades de la narración. Debe mostrar un desnudo frontal e integral de España, y hacerlo por exigencias del guion. No hay símbolo que no pueda deconstruirse para ser carne de EspañaPunk. Y esto se puede hacer tanto desde postulados posmodernistas como desde la ficción crítica, desde la horterada kitsch o desde la reivindicación de las coderas de pana. Todos los elementos de la cultura pop y de la cultura oficial son susceptibles de formar parte del universo EspañaPunk, y aquí nos valen la tecnología, la música, el cine y televisión, la radio, la literatura, la historia o la geografía urbana. Si un fenómeno como el grupo Parchís puede dar pie a una serie paródica de ficción y a un documental de Netflix, ¿qué no podría hacerse sobre ellos en clave fantástica?



Y, claro está, Punk. El punk no solo no está muerto, sino que goza de una magnífica salud en sus dos vertientes.

La primera, la fantástica, esa desinencia que sirve para definir todos los futuros posibles que plantea el género desde los años 80, nos habla de un retrofuturo, es decir un pasado posible, pero también de unos futuros probables. Existen el ciberpunk, el steampunk, el dieselpunk, el teslapunk, el atompunk, el solarpunk, el biopunk, el elfpunk, el greenpunk, el afropunk, el silkpunk, el sandalpunk, el hopepunk y el bitpunk. ¿Por qué no normalizar el EspañaPunk y todos sus posibles derivados, como el nonainopunk, el francopunk, el delibespunk, el cachavapunk o, claro está, el BarrioPunk? Con esta convocatoria aspiramos a definir un subgénero del fantástico centrado en elementos relacionados con España.

La segunda acepción, la cultural, nació a mediados de los años 70 en el marco de la contestación social y la lucha contra el orden establecido, y se puede resumir en tres elementos: crítica, inconformismo y ruptura. Con el tiempo, este punk, que en origen significaba «basura», trascendió el ámbito cultural y se extendió también al socio-político, cruzó el Canal de la Mancha y los retratos de un Londres en llamas para afincarse en territorio español. En este sentido, recomendamos vivamente el visionado del documental Lo que hicimos fue secreto, de David Álvarez, que refiere el afianzamiento de la escena punk en un Madrid por aquel entonces dominado por aquella fiesta de veinticuatro horas diarias que fue la Movida.



Ambas definiciones de punk parecen no tener nada en común. Así pues, pongamos en marcha nuestra imaginación. ¿Qué mejor ocasión de hacer punk en el sentido futurista que retrotrayéndonos a los años de oro del punk cultural, es decir a los años 70 y, sobre todo, 80?

Por todo esto, proponemos una antología de relatos cuyas acciones transcurran en este EspañaPunk anclado en los valores estéticos, sociales e ideológicos del punk, y, de ser posible (ya aclararemos este punto en las bases), en los años 80. Ya sabemos lo que el EspañaPunk nos puede ofrecer cuando hace introspección sobre los años 70 o los universos particulares de Raphael y Rocío Jurado. Ahora os proponemos algo diferente: el BarrioPunk.


¿QUÉ ES EL BARRIOPUNK?


Vivís en cuatro paredes, agobiados por el mal olor
de aceite de comida barata que se adhiere al narizón.
Soportáis las cuatro paredes. Soportáis el mal olor.
Soportáis pagar impuestos. Soportáis la humillación.
¡Vivís en la ciudad satélite! La gente a todo confort.
El metro al lado de casa, pero de barro hasta el pantalón.

«Venid a las cloacas», La Banda Trapera del Río

El término BarrioPunk consta de dos elementos: «Barrio» y «Punk».

El Barrio es el centro de socialización por excelencia, y no solo en España, tanto en núcleos urbanos como en núcleos rurales, con algunas constantes que, en nuestro caso, ya estaban presentes en tiempos de los romanos. Es, pues, una realidad social desde hace cientos, por no decir miles, de años. El barrio funciona desde siempre, tanto en un sentido vertical (en toda ciudad hay barrios ricos y barrios pobres, zonas altas y barrios bajos) como horizontal (determinada por las labores que se desempeñen en él, desde los oficios medievales hasta la división actual en barrios comerciales e industriales, turísticos y residenciales, financieros y administrativos). Un barrio puede crearse de la nada o puede convertirse en barrio cuando lo absorbe un núcleo urbano mayor. Puede ser una construcción artificial en la que los vecinos apenas se conocen o un elemento de cohesión, socialización y solidaridad. Es una realidad cambiante, sobre todo con el tiempo.

Porque, en efecto, el barrio ha sufrido cambios severos en los últimos años. De hecho, el mismo concepto de barrio está en peligro de extinción. Del barrio mítico de los años 70 y 80, caracterizado por un urbanismo caótico producto de la especulación de tiempos del desarrollismo, una imposible proliferación de descampados llenos de jeringuillas y torres de alta tensión, repleto de cines y videoclubs, rascacielos que convivían con las últimas tierras de labor, apenas queda nada hoy en día. Las drogas y los planes urbanísticos dieron paso en los años 90 a un barrio trazado con tiralíneas, presidido no por un parque sino por un centro comercial, no por la fábrica centenaria sino por el polígono industrial: un barrio más domesticado, en resumen; o, al menos, en apariencia. En los últimos años, la gentrificación y la turistificación han terminado de darle el tiro de gracia al barrio tradicional. Peligran las grandes redes de ayuda mutua, presentes desde los movimientos de oposición a las absorciones de finales del siglo xix, el obrerismo y los ateneos libertarios de comienzos del siglo xx, los movimientos vecinales del tardofranquismo y la transición, la cultura okupa del último cuarto de siglo y, por no extendernos demasiado, las protestas surgidas con el 15M, los huertos urbanos, los yayoflautas y las luchas contra los desahucios. Las casas de apuestas, los narcopisos, la mal llamada economía colaborativa y las agencias inmobiliarias son los caballos de Troya de un nuevo modelo de barrio sin vecinos, solo transeúntes, donde la solidaridad y la comunidad centenarias ya no pueden contrarrestar a las burbujas inmobiliarias por la sencilla razón de que aquellos que solían protestar ya han sido expulsados del barrio, de la ciudad, de la provincia incluso.



Sevilla tiene dos partes,
dos partes bien diferentes:
una, la de los turistas,
y otra, donde vive la gente.
Y en la calle principal
hay toda clase de ciegos:
unos que venden cupones
y otros que se rascan los huevos.

«Rock del Cayetano», Pata Negra

El barrio, que ha sido uno de los grandes motores de transformación política y social en los últimos dos siglos, está herido de muerte. Hay aldeas galas, casos de resistencia numantina que se permiten alguna victoria momentánea, pero los hechos son los que son: el barrio se muere, ya solo es un parque temático o el lugar donde malviven los falsos autónomos que trabajan en tus aplicaciones favoritas de VTC o comida a domicilio. ¿Qué quedará de los actuales Lavapiés, Vallecas, Carabanchel, el Cabañal, el Raval, Nou Barris, las Tres Mil Viviendas, Otxarkoaga o La Magdalena de aquí a, pongamos, diez años? ¿Algo, poco, nada?



Desde Santurce a Bilbao, vengo por toda la orilla.
Somos ratas en Bizkaia,
somos ratas contaminadas
y vivimos en un pueblo
que naufraga, que naufraga, fraga, fraga,
Fraga, naufraga.

«Ratas en Bizkaia», Eskorbuto

Por todo esto, porque en el fondo nos hallamos ante un proceso cíclico (si bien con muy mala solución esta vez), porque las causas de la degradación y más que previsible fin del concepto de barrio ya se habían dado en otros momentos, y siempre había salido adelante, proponemos viajar a la edad de oro del barrio: los años 70 y, sobre todo, 80. Eso sí: no queremos pediros que escribáis un Cuéntame cómo pasó, sino más bien vuestro Cuéntame cómo debería haber pasado particular.

Y aquí es donde, de nuevo, entra el concepto de Punk. La subversión contra el orden establecido, si recurrimos a su definición política, social y cultural. Pero también el juego de espejos, posible gracias al recurso a los géneros fantásticos, con la realidad tal como la conocemos, con la intención de reescribir, reinterpretar y reciclar nuestra historia, la historia de vuestro barrio, para crear la historia que deseáis contar.


Los enfoques en clave de punk, entendido en este sentido, son más antiguos de lo que parece. Ya los encontramos en los años 60, en novelas como Las noches lúgubres, de Alfonso Sastre, o Donde la ciudad cambia su nombre, de Francisco Candel, o incluso en películas como El verdugo, de Luis García Berlanga y, por supuesto, toda la cultura ye-yé que tanto le debe al desarrollismo y al turista un millón novecientos noventa y nueve mil novecientos noventa y nueve. En los años 70, esa España artificial del No-Do da paso a la crudeza del tardofranquismo, nacen el rock urbano y el flamenco rock, y en ocasiones el realismo pasa por un tamiz distópico, caso de «Vallecas 1996», de Topo, que es un BarrioPunk de libro, tanto por el espíritu como por la letra.



Vivir en Vallecas es todo un problema en 1996.
Sobrevivimos a base de drogas
que nos da el Ministerio del Bienestar.
La televisión funciona siempre,
nos proyecta un mundo irreal,
nos hace olvidar la verdad de las calles.
Bendita televisión.
Santa televisión.
Querida televisión.

«Vallecas 1996», Topo

En cuanto a los años 90, fenómenos como el techno y el rap ofrecen una ruptura con el panorama anterior, preludio de lo que nos ofrecerá el siglo xxi. Las mujeres se consolidan como caras visibles del barrio: el hip-hop de la Mala Rodríguez, la Juani de Bigas Luna y la cultura choni han dado paso al trap o el reguetón, Rosalía es nuestra artista más internacional y, al mismo tiempo, el barrio como concepto se muere, víctima de la especulación feroz.



Echar un vistazo a los años 80 se antoja necesario para saber cómo hemos llegado a esto. Las drogas, las bandas, la guerra sucia policial, la okupación, el cine quinqui desmitificador de la Movida, el Rock Radikal Vasco, los videoclubs, los billares, los grafitis, los polígonos, los Seat 131, las casetes, los calentadores, los descampados, las torres de alta tensión, el tráfico incesante de las rondas de circunvalación o el ferrocarril, las melenas, el chándal y los tacones, los botellines y las jeringuillas forman parte de una historia que no por mitificada es menos real. Solo entendiendo la configuración del espacio urbano durante los años 70 y 80, esa resistencia soterrada al franquismo conformada por clase obrera, curas rojos y mujeres empoderadas, se entienden los movimientos vecinales de hoy en día. La memoria de esa época deja atrás los mitos que considerábamos intocables y acude al encuentro de la verdad, que pasa de manera ineludible por los barrios. Y esta verdad es más punk de lo que dábamos por hecho. Álex de la Iglesia produce un documental sobre Eskorbuto, al tiempo que La 2 estrena el ya mencionado Lo que hicimos en secreto. Rosendo Mercado recibe la llamada de una comunidad religiosa de Australia para tocar en el centenario de su fundador, un gallego también llamado Rosendo. El Coleta está reescribiendo los años 80 en sus hilarantes letras y videoclips, muchos de ellos abiertamente BarrioPunk. El día menos pensado, alguien dirigirá nuestra Bohemian Rhapsody protagonizada por Las Grecas, Camela o Estopa. El concepto de BarrioPunk flota en el ambiente, está en el mundo real, porque los años 80 están más presentes que nunca. Porque, como decía la canción de Radio Futura, «hay tribus ocultas cerca del río». Por ello nos parece pertinente convocar esta antología.



Dicho todo esto, procedemos, ahora sí, a publicar las

BASES DE LA ANTOLOGÍA BARRIOPUNK


  1.  BarrioPunk tendrá 12 relatos (4 de autores invitados y 8 elegidos mediante concurso).
  2. Los seleccionadores de esta antología serán Juan Manuel Santiago y Mariano Villarreal.
  3.  Las obras deben ser de temática BarrioPunk, entendida esta como aquella que se centra en los conceptos de barrio (como elemento de cohesión social) y punk (en su doble vertiente de factor de protesta o cambio y de subgénero del fantástico).
  4.  Las obras serán de género fantástico en todas sus acepciones (fantasía, terror, ciencia ficción y afines). Dada la naturaleza de la convocatoria, se valorará que tengan, además, elementos costumbristas, policíacos o políticos.
  5. En principio, el BarrioPunk es un acercamiento en clave fantástica a los barrios españoles de los años 80, por lo que se valorará que estén ambientados en esa época. Sin embargo, la libertad en este aspecto es total: se puede escribir BarrioPunk ambientado en el siglo XIX, hoy mismo o en el siglo XXXV. La referencia a los años 80 es orientativa.
  6. Se valorarán los acercamientos a sensibilidades ajenas al heteropatriarcado tradicional. Es decir, si se recibe un relato ma-ra-vi-llo-so en el que se cuenten en clave BarrioPunk las batallitas testosterónicas que vivió el autor en los años 80, este relato será seleccionado, pero nos gustaría leer relatos BarrioPunk escritos en clave de género, minorías, culturas y subculturas varias. Queremos leer relatos BarrioPunk de autoras racializadas, descubrir a nuestro autor gitano de ciencia ficción favorito o cómo se percibe el barrio desde las comunidades latinas, magrebíes, subsaharianas u orientales.
  7. La extensión de los relatos oscilará entre las 5.000 y las 8.000 palabras. Es una extensión orientativa: si damos con EL relato BarrioPunk, lo publicaremos tanto si tiene 4.628 palabras como si se va a las 8.774; pero si recibimos un tocho de 20.000 palabras con suficiente nivel como para entrar en la antología, plantearemos alternativas como la publicación en la colección Bolsilibro.
  8. Los relatos deben entregarse en Word, a ser posible con un tamaño de letra legible (un Times New Roman 11 o 12, por ejemplo) y el mayor respeto a la ortografía, la gramática y las normas básicas de presentación de originales.
  9. Se remitirán bajo seudónimo a concursocazadorderatas@gmail.com.
  10. La fecha tope de entrega será el 31 de diciembre de 2019.
  11. Los relatos serán publicados por Cazador de Ratas en un volumen titulado BarrioPunk, que aparecerá a lo largo del año 2020.


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