domingo, 12 de noviembre de 2017

Hola y hasta luego

El hola es porque quería saludar, y el hasta luego porque no tengo ni idea de cuándo volveré a actualizar. Que no es que vaya a cerrarlo ni a comentar a bombo y platillo lo obvio, que llevo más de medio año sin actualizar, pero es que, sencillamente, no tengo tiempo ni ganas. No quiero cerrar el blog porque le sigo viendo la utilidad de página web personal para vagos, ni lo migro a Wordpress porque me obligaría a echarle unas cuantas horas de las que no dispongo, ni lo reconvierto porque tres cuartos de lo mismo. Así que dejémoslo en que actualizaré cuando pueda, si puedo y me apetece.

¿Qué ha pasado en el mundo real mientras no actualizaba? Unas cuantas cosas.

Nos hemos mudado. Gentrificados. A saco. No podíamos pagar los precios actuales de un alquiler en Barcelona ciudad y nos hemos comprado un piso en L'Hospitalet de Llobregat, a solo dos paradas de metro, por la mitad de lo que vale ahora mismo un piso de esas características en el distrito de Sants-Montjuïch, y por un precio por que que, en Sants-Montjuïch, solo podríamos comprar un ático de veinticinco metros cuadrados. Ah, claro, y nos hemos fundido la herencia de mi madre para asegurarnos una hipoteca ventajosa: comprar en el extrarradio solo es posible si eres competitivo con respecto a los inversores que pagan en mano. O sea, nos damos con un canto en los dientes porque hemos conseguido comprar un piso cerca del colegio de Mireia (esa era nuestra prioridad: no cambiarla de cole y trastocarle la infancia lo menos posible) por un precio asequible, aun a pesar de habernos quedado sin ahorros y, sin ir más lejos, renunciar a un dinerillo que teníamos guardado por si, qué cosas, a la chiquilla se le ocurría estudiar una carrera universitaria o a alguno de nosotros se nos ocurría tener problemas de salud que requirieran soluciones o tratamientos caros. Planazo, ¿eh? Pues sí. Y, no obstante, hemos tenido suerte, para lo que hay.

La vida en el extrarradio, empero, no está mal. No hay barberías para hipsters, ni tiendas de cookies, ni panaderías chic, pero tenemos el tranvía cerca, el colegio de Mireia al lado, seis compañeros de clase de Mireia en un radio de tres manzanas, y hay bares con tapas gratis, cosa impensable en Barcelona ciudad. Estoy por afirmar que los putos agentes gentrificadores nos han hecho un favor.

La cosa indepe. Genial todo: he perdido amistades con la tontería. Y por defender a gente con cuyo punto de vista al respecto no coincido; supongo que esto no me pone en el lado de los indepes versus unionistas sino en el de los catalanes versus la catalanofobia en general. Paso de hacer más comentarios al respecto. Solo por eso, ya me parece un loose-loose en toda regla, acabe la cosa como acabe.

Trabajo. Como estamos comprando piso, me he metido en una espiral insensata de trabajo. Bueno, no es que tenga muuuuucho más trabajo que antes, porque el mercado editorial no da para mucho más, pero he estado aceptando cosas que no habría aceptado en condiciones normales, por la sencilla razón de que necesitaba facturar para afrontar los gastos extraordinarios de compra del piso, tasas e impuestos, mudanza, reparaciones y demás; todas esas cosas con las que hay que contar cuando te metes en estos berenjenales. A lo que iba. He facturado mucho, a costa de estar trabajando prácticamente a jornada completa, cuando a lo mejor podía disponer de una media jornada, como mucho. ¿Cómo se concilia eso? Exacto: durmiendo dos horas en víspera de entrega, y cuatro o cinco en días de diario. Y eso, si no tienes a Mireia enferma o hay huelga y te piden que no los lleves al cole. Me reafirmo en que trabajar con Orciny es una de las mejores cosas que me están pasando estos años, igual que en tiempos lo fue trabajar con NGC! Las editoriales independientes de ciencia ficción son un puñetero regalo para el aficionado; pensad en eso antes de gastaros los cuartos.

Salud. Éramos pocos y parió la abuela. Lo que, en mi caso, se traduce en que la pierna mala, la de la trombosis, me vuelve a dar por saco, y ¡tachán, tachán! tengo que hacerme un implante gingival. En cristiano: no me queda encía en unas cuantas piezas, al estar el hueso al descubierto aumenta el riesgo de contraer infecciones porque las bacterias no tienen ni que tomarse la molestia de horadar tejido y, en resumen, que ahí va un mes de ganancias en una operación que consistirá en quitarme parte del paladar e insertarlo donde antaño hubiera encías. Bueno, podría ser peor, podría... Ja, ja, por los cojones voy a decir nada, que seguro que luego nos pasa.

Vicio y subcultura. No voy a ir a la hispacón porque no tengo un puto duro, pero de todos modos no habría podido ir porque el viernes 17 daré una charla sobre Gattaca en la biblioteca de Gavà, en el marco de la Semana de la Ciencia. Dicho queda. Además, contento de haber publicado un par de cuentos durante 2016, triste porque el proyecto para el que había escrito otro cuento está un poco parado y esperanzado porque le veo buenas perspectivas de publicación durante 2018, pero no antes. El resto de mi forzosamente dosificada agenda pasa por sendos prólogos: el de la antología de cachava y boina que va a editar Cerbero en breve, y el de la segunda entrega de las antologías de los premios Ignotus que va a editar Sportula en breve. Ah, claro, y otro libro de Sportula, en el que participo con un ensayo colectivo, pero no tengo muy claro si puedo hablar de eso en público, así que guardaré prudente silencio. Todo esto puede parecer la Gran Cosa, pero la verdad es que no lo es. Gracias, gentrificación, me has cortado el ritmo de escritura durante al menos seis meses, justo cuando parecía que arrancaba. Debo un libro de ensayo para una editorial muy molona, sigo teniendo apalabrados un recopilatorio de ensayos y otro de relatos para otra editorial muy molona, y bueno, les debo cuento a Equinox, SuperSonic y Orciny. No llego, de verdad que no llego.

Ocio. Esta es buena. Pues nada, leo más que nunca... a la hora de contarle el cuento a Mireia. O sea, estoy leyendo toda la literatura infantil que no me leyeron con tres, cuatro y cinco años. Series ya no sigo, salvo Juego de tronos, aunque he visto un par de veces el 3x08 de Twin Peaks. La mudanza me ha dejado como resultado un despacho mucho mejor distribuido que el que teníamos en el otro piso, la minicadena está ahí y, bueno, me paso el día redescubriendo cedés que tenía muertos de risa. Ahora tengo una fase de música clásica, a lo mejor dentro de unos meses me da por el jazz o el flamenco, yo qué sé.

Chiquito de la Calzada ha muerto y estoy tan triste que me duele el finstro diodenal. Lo demás es silencio.

Y esto es todo, de momento. Calculo que aquí va una veintena de entradas que no he llegado a escribir durante estos meses. Sí, vale, hablo de estas cosas en mi cuenta de Facebook, pero sigue sin ser lo mismo.

Nada más de momento. Volveré cuando tenga tiempo y ganas. Solo me asomaba para saludar, y mira.

0 Comments:

Publicar un comentario

Links to this post:

Crear un enlace

<< Home