La vida, ráfagamente
Así que ahí nos veis, buscando taxi desesperadamente por la zona casi alta de Barcelona, para no volvernos locos cargando la caja por media ciudad.
El taxista debe de tener como unos sesenta años, cabello cano y una incontinencia verbal digna de película de Almodóvar. Ejemplo:
-Es que el gobierno autónomico lo está haciendo molt malament y blablablá, y con respecto a esto, no hay más que ver que...
-Sí, ayer ya lo decía Cuní, que...
-y blebleblé y blibliblíii, y esto y aquello y lo de más allá...
-Justo ayer, en las noti...
-y tal y cual pasqual y no sé qué no sé cuantitos...
-Ayer, en la tele...
-y bloblobló y blublublú y unos días llueve y otros cae chaparrón y...
-A colación de lo que usted acaba de decir, en Matins de TV3 comentaban ayer...
-y tacatí y tacatá, loren ipsum dolor sit amet, consectetur adipiscing elit, sed eiusmod tempur incidunt ut labore et dolore magna aliqua...
-Claro, claro.
-Pues eso.
Y así, aproximandamente durante veinte minutos.
Acabados el repaso a la actualidad política y un breve (apenas cinco minutos) comentario acerca de qué ruta debemos seguir para llegar a casa sin que nos pille el atasco que hay en la Diagonal a la salida de los comercios, al taxista le da la vena sentimental. Va a llevarnos justo al lado de la casa en la que nació y se crió. En Sants. Resulta que la confluencia de la carretera de Sants y lo que ahora es la Rambla de Brasil (la Ronda, vamos) era en tiempos la plaza del ayuntamiento del antiguo municipio de Sants, y la presidía una fuente enorme de un niño, el Ninyu. Pero los tiempos modernos y las obras del Cinturón de Ronda obligaron a derribar aquella plaza, y la fuente se reubicó en los jardines de Can Mantega, en la calle de Joan Güell.
-Anda, pero si pasamos mucho por esa plaza. No sabíamos que había estado allí...
Pero la cosa no acaba aquí. En cierta ocasión, una clienta subió al taxi y le dio una dirección, muy próxima a la nuestra.
-¿Vive usted allí? -le preguntó el taxista.
-Sí, es mi casa.
-Si no es indiscreción, ¿puedo preguntarle en qué piso vive?
-En el principal primera.
-Pueeees... no se lo va a creer... pero ése es justo el piso en el que nací y me crié.
-Aaaanda. Pues no lo tengo visto, a usted.
-Es que no vivo allí desde hace cuarenta años. Pero nací y me crié allí.
Nos maravillamos ante la anécdota, muy interesante, casi de cuento de Félix J. Palma o de novela de Elia Barceló.
-Pues a esa calle vamos de vez en cuando, a comprar pollos asados, y allí montan las mesas para el bingo en las fiestas de Sants...
Esto último no lo escucha el taxista, embarcado en un soliloquio sobre esto, aquello y lo de más allá.
En un momento dado, comienza a despotricar contra la política autonómica en materia de regadíos y de ahorro de agua. Por supuesto que el trasvase del Ródano hubiera sido una solución. Y concluye su argumento con una razón muy sólida:
-Porque el otro día en la radio escuché ráfagamente que...
Y durante sus siguientes seis o siete líneas de texto de soliloquio (que omito, por no hacer muy pesada esta entrada), me maravillo por el neologismo. Ráfagamente. A ráfagas, claro, pero adverbializada. El hombre ha convertido en adverbio acabado en -mente una expresión como "a ráfagas".
Sigo absorto en la construcción gramatical de este taxista, en su hallazgo involuntario, y veo su pauta y sus implicaciones, del mismo modo en que Gödel podría disparar su capacidad asociativa al escuchar una cantata de Bach.
Cuando regreso, la conversación está centrada en el GPS del taxi, y en cómo detecta los radares instalados a lo largo de la Ronda. Comoquiera que pasamos por superficie, pero a pocos metros del túnel, el GPS se chiva de todos y cada uno de los radares. Y volvemos a despotricar contra el gobierno, pero esta vez contra el municipal, y de común acuerdo, por el anuncio de que se va a limitar la velocidad de entrada y salida de Barcelona.
La cosa no da para más porque llegamos a destino. Nos despedimos del taxista y, no bien ha arrancado, Cristina y yo comentamos lo mismo, casi al unísono:
-Ráfagamente...
Lo decimos a bocajarro, casi sin darnos tiempo a pensar en ninguna otra cosa. Ráfagamente.
Bueno, pos hasta aquí ha llegado Pornografía Emocional en 2008. Mañana me voy de vacaciones (relativas: me llevo trabajo a Madrid) y, salvo que me dé una ventolera, no creo que actualice el blog antes de la llegada de 2009. Así que sed buenos durante estas fiestas, comed mucho turrón, bebed mucho cava y, sobre todo, sed muy felices.
¡Felices fiestas!
Etiquetas: navidad, ráfagamente, vida cotidiana






