martes, 15 de septiembre de 2009

Finalistas del premio Xatafi-Cyberdark 2009 (1): Spanish Gothic

Como ya os conté en su momento, el verano comenzaba con la publicación del listado de finalistas del IV Premio Xatafi-Cyberdark de la crítica de literatura fantástica. El plazo de votación va a concluir dentro de unos días, ya he leído todo el material y, a falta de una relectura de los títulos que leí hace más tiempo, tengo más o menos decidido el sentido de mi voto. A lo largo de los próximos días trataré de comentar qué impresiones me han dejado las obras finalistas.
En las categorías de ficción española (libro y relato) hay un detalle significativo: todas las finalistas menos una (El mapa del tiempo, de Félix J. Palma, de la que hablaré en otra entrada, más que nada por darle cierta homogeneidad temática a esta entrada, y por tener la excusa perfecta para colaros el informe de lectura que escribí para Círculo de Lectores) están adscritas de manera inequívoca al género de terror. Pero no al terror de sustos, mestizaje de géneros y bichos profundos de dimensiones cósmicas, como sucediera el año pasado con, por ejemplo, La llave del abismo, de José Carlos Somoza, sino a un género de terror más reposado, con toques rurales, marcadamente español (pero sin perder referentes literarios anglosajones) y, en resumen, dotado de cierta unidad. Parece como si la temática predominante del año 2008, y en todo caso la que más llamó la atención a los jurados del premio Xatafi-Cyberdark, fuera la del género de terror con raíces en nuestra realidad nacional pero sin por ello caer en el sainete. Español pero no castizo, para entendernos.
Cierto es que teníamos una limitación de entrada: no se admitían como nominables las obras publicadas originalmente en Internet, lo cual dejaba fuera de competición, por ejemplo, todo el material publicado en los dos primeros números de Artifex Cuarta Época. Así pues, no veréis en el listado de finalistas ningún relato ni novela corta aparecidos previamente en el número 1 o el número 2 de esta publicación. Relatos como "El hombre de la basura", de Carlos Martínez Córdoba (que, hablo a título personal, bien podría haber sido el cuarto en discordia en esta edición del Xatafi-Cyberdark, de haberse publicado originalmente en formato papel), "Bajo estrellas feroces", de Eduardo Vaquerizo, o "El óxido del Sombrerero", de Alfredo Álamo, se merecen algún reconocimiento por parte de los aficionados, y, sinceramente, espero que les llegue en forma de nominación a los Ignotus.
Es una lástima que obras meritorias como Dionisia Pop! de Francisco Javier Pérez, El rayo verde en el ocaso, de Sergio Mars, o Paura 4 no hayan entrado en la categoría de libro, o que ninguno de los contenidos de estas tres recopilaciones haya entrado en la categoría de relato, pero la aritmética del premio, de cualquier premio, es la que es: no había sitio para todas. Y estamos aquí para hablar de los finalistas, no de los que se han quedado a las puertas.
Como decía, todo el elenco de finalistas españoles excepto una novela (la de Félix J. Palma) está adscrito al género de terror, lo cual contrasta con los finalistas extranjeros, en los que predomina la ciencia ficción. Podría deberse a una afortunada casualidad, pero lo cierto es que la presencia en el panorama de un buen Paura 4 y de dos relatos que no eran nominables por haber sido publicados en formato electrónico ("El hombre de la basura", de Carlos Fernández Córdoba, y "Un plato frío", de Manuel de los Reyes", ambos en Artifex), unida a la creación de Nocte (Asociación Española de Escritores de Terror) o la inminente celebración de la I Semana Gótica de Madrid, parecen indicar que el terror en España está atravesando un buen momento. En ese sentido, la inclusión de la recopilación de Todos los cuentos de Cristina Fernández Cubas (una de las referencias indisimulables de este nuevo terror español) en la candidatura de mejor iniciativa editorial viene a ser otro reconocimiento de esta realidad.
Como decía, el nuevo terror español (al menos, el que entra en el listado de finalistas de esta edición del Xatafi-Cyberdark) no es un terror de dimensiones descomunales. No encontraréis en él grandes catástrofes cósmicas, ni profundos surgidos de los abismos marinos. No; los verdaderos protagonistas de este nuevo terror, de este spanish gothic, son gente como vosotros o yo, personas normales que se ven envueltas en líos no excesivamente descomunales en términos cósmicos, pero no por ello menos trascendentales para ellos. Es más, parece haber un nexo común en todas estas historias: la causa o la consecuencia de los males de estos personajes, el hecho terrorífico que sirve de detonante en la mayoría de las historias suele tener apenas unos milímetros de longitud, seis patas y alas.
Recapitulemos, si no entendéis a qué nos referimos.
Rojo alma, negro sombra, del navarro Ismael Martínez Biurrun (451 Editores) parece, de entrada, una de las favoritas indiscutibles para alzarse con el Xatafi-Cyberdark, dado que viene avalada por el premio Celsius 232 que recibió en el transcurso de la Semana Negra de Gijón. En el Xatafi-Cyberdark vuelve a verse las caras con de las finalistas de ese premio (las novelas de Félix J. Palma y Jon Bilbao), y no sería de extrañar que dicha terna se las volviese a ver en la papeleta final de los Ignotus. Son, con justicia, las tres obras más destacables del género fantástico español de 2008.
El detonante del terror en la novela de Martínez Biurrun es un accidente, en apariencia banal pero que está a punto de desencadenar una tragedia. Elías es un operario que trabaja en la reforestación de un monte devastado por un incendio. En el transcurso de las excavaciones encuentra una caja de madera que contiene un espejo y una carta. Elías aparta la lata de Coca-Cola, toma asiento en un tocón y se pone a leer la carta, una y otra vez, atrapado por la bella letra de la autora. Está fechada casi veinte años antes, y fue escrita por una chica que se dirige a otra chica a quien, al parecer, cree que no volverá a ver. Quien escribe firma como Isla; su amiga, Luna. Elías oye cómo se aproxima su jefe, de modo que decide reanudar el trabajo. Hace calor y se lleva la lata a la boca, con tan mala fortuna que se traga una avispa: durante todo este tiempo ha estado sentado junto al avispero. La mala suerte quiere que la avispa esté viva y trate de defenderse. Está en la boca de Elías, quien siente el aguijonazo en la garganta. Elías se debate, nervioso, pues sabe lo que viene a continuación: una inflamación en la garganta, la obstrucción de la tráquea y, lo más probable, la muerte casi inmediata por asfixia. El jefe de Elías consigue salvarlo cuando ya está perdiendo la conciencia.
Después de este comienzo angustioso, la mejor escena de terror del año descrita en apenas cinco páginas con una intensidad y un manejo del tempo narrativo envidiables, vemos a Elías abandonando el hospital. No se ha restablecido del todo, pero su jefe tiene piedad de él y lo contrata como vigilante nocturno en un desguace de maquinaria industrial. Allí no tiene apenas trabajo que hacer, de modo que aprovecha para buscar por Internet datos que lo lleven a localizar a la autora de la carta y a su destinataria. Apenas tiene una fecha, referencias a la edad de la autora y su amiga, y el nombre de una localidad navarra. Con esos datos, Elías puede deducir que la autora ronda la treintena, y se lanza a su búsqueda. Y comienzan a ocurrir cosas raras y terroríficas, a la vez que se inmiscuyen personajes nuevos en la trama. Los principales son Roberta, una socióloga interesada por los grafitis urbanos, divorciada y madre de un niño, aterrorizada por la enfermedad mental de su ex marido, el Cazador de Tormentas, un pirado que busca la foto perfecta del relámpago perfecto. Génesis, un quinceañero hijo de familia acomodada, cuyo padre es un profesor de universidad despreciable que consigue, a golpe de autoridad mal entendida, que se fugue del hogar y recale en el desguace, donde da rienda suelta a su arte: dibuja en los vehículos abandonados unos grafitis con temática satánica que parecen salidos de la peor de las pesadillas. Y, por último, el padre Alvin, un cura mexicano aficionado al rock duro, que intenta ejercer como figura paterna alternativa del rebelde Génesis.
Los caminos de todos ellos se entrelazan de manera más que inquietante, y nos deparan una novela realmente interesante, digna de figurar entre las mejores que ha dado el género de terror en España. El manejo de los recursos literarios de Ismael Martínez Biurrun es muy sólido, aunque éstos no empañan el gran mérito de la obra: su brillantez visual y su capacidad para crear atmósferas inquietantes. Al capítulo, ya descrito, en el que un incidente en apariencia banal, la picadura de una avispa, se convierte en cuestión de vida o muerte, cabe añadir algunas secuencias memorables que convierten Rojo alma, negro sombra en una de las novelas de lectura obligatoria del pasado año.

Pasemos de las avispas a las moscas. La carrera literaria del asturiano Jon Bilbao ha despegado en apenas unos meses gracias a la novela El hermano de las moscas y a la recopilación de relatos Como una historia de terror (ambas editadas por Salto de Página en 2008, y la segunda de ellas galardonada con el premio Ojo Crítico de RTVE).
En la novela que nos ocupa, las moscas son el centro de la trama, algo que se percibe en el mismo título. El punto de partida es menos inquietante que el de la novela de Martínez Biurrun, de ahí que la transición al elemento terrorífico sea más dramática e inesperada. La novela comienza con un tono costumbrista, y plantea un conflicto familiar. Grego (nótese el homenaje a Gregorio Samsa, el protagonista de La metamorfosis de Franz Kafka) es el menor de dos hermanos no especialmente bien avenidos. Su hermano mayor, Héctor, es modélico, es un directivo en una refinería de petróleo, está felizmente casado con Sara y está a punto de tener una hija, Beatriz. Grego es todo lo contario: solitario y bala perdida, abandona durante unos días su puesto de director de una compañía de alquiler de embarcaciones de recreo en Tailandia para asistir al nacimiento de su sobrina, en la localidad atlántica donde residen Héctor y Sara. El comportamiento de Grego es extraño durante los días previos y posteriores al parto. No aparece por el hospital a ver a su hermano, su cuñada y su sobrina; en lugar de ello, se encierra en su habitación y no reaparece hasta que la familia ha regresado del hospital. Durante la ausencia inexplicable de Grego, la familia sólo ha podido ver un enjambre de moscas que surgen de la habitación del hermano pequeño. Muy a pesar de la voluntad de Sara, Héctor decide quedarse solo en la casa, pues el matrimonio la considera insegura para albergar a una recién nacida. Héctor investiga por su cuenta, se introduce en la habitación de Grego y acondiciona, pero no hace ademán de matar al enjambre. Todas las pertenencias de Grego, así como su documentación, están sobre la cama. Todos los días habla con Sara y alimenta a las moscas con leche y azúcar. Asimismo, recuerda el proceso por el que Grego se fue a vivir al Lejano Oriente. Un buen día, sin embargo, Grego reaparece, mucho más mermado que la semana anterior. Por increíble que parezca, se ha convertido en el enjambre de moscas que había invadido su dormitorio. De este modo se cierra un comienzo de escándalo, apenas treinta páginas en las que no sobra ni falta una coma, y que constituyen una pequeña novela dentro de la novela. Podría pensarse que, con estos primeros capítulos, ya está dicho todo, pero la historia continúa por nuevos derroteros, si bien es cierto que sin superar la intensidad de estas primeras treinta páginas.
La historia se desarrolla a lo largo de varios años. Comprendemos que Grego sufre esa transformación durante una semana al año, siempre en vísperas del cumpleaños de su sobrina Beatriz, y que la transformación revierte de manera tan misteriosa como comenzó. A un hecho sobrenatural (un hombre que se convierte en un enjambre de moscas) le sucede otro hecho igualmente sobrenatural (las moscas vuelven a ser un hombre), pero, cada vez que ocurre el cambio, Grego está más débil. Jon Bilbao sabe dotar de interés una historia que de otro modo no se habría tenido en pie durante más de trescientas páginas. El retrato de la decadencia de Grego deja de parecerse al del Gregorio Samsa de la novela de Kafka para recordarnos al del profesor Brundle de La mosca, pero siempre con un tono realista, contenido y tal vez demasiado frío y distante. Al mismo tiempo, asistimos al reverso de la historia, el del punto de vista de quienes padecen en su entorno: cómo Héctor no progresa en su empresa por culpa de la atadura que le supone tener un hermano enfermo (y, de hecho, el hermano de las moscas que da título a la novela es Héctor, quien de este modo se convierte en el verdadero protagonista), cómo se desarrolla la vida familiar con una Sara cada vez más recelosa de Grego pero al mismo tiempo irresistiblemente unida a él (pues éste forma parte de su destino) y la falsa relación paterno-filial que se crea entre Grego y su sobrina Beatriz. El estudio de personajes es notable, y lo que comienza como una historia de David Lynch termina pareciendo de David Cronenberg.
El panorama terrorífico español de 2008 quedaría incompleto si no habláramos de dos recopilaciones de relatos de otros tantos valores contrastados del género: Marc R. Soto y Santiago Eximeno. De El hombre divergente (Grupo AJEC) ya hablé en Hélice 10, y tengo que decir que su inclusión en la lista final del premio es a todas luces justa. Se trata de una recopilación muy sólida, en la que la deuda con este american gothic reconvertido en spanish gothic es evidente. Marc huye de los fuegos de artificio y, al igual que Martínez Biurrun y Bilbao, nos deja la impresión de que el verdadero terror ocurre aquí, al lado de tu casa, en una apacible urbanización de clase media-alta, en la caseta del vigilante de un desguace o en el piso de una maestra de escuela. Si la causante del momento de terror más intenso de 2008 (el arranque de Rojo alma, negro sombra) era una avispa, y el leitmotiv de la novela de Jon Bilbao era una mosca, los protagonistas de uno de los relatos de terror más redondos de los últimos años son los mosquitos del cuento epónimo de Marc R. Soto. En "Mosquitos", Marc nos lleva el terror a una ciudad que muy bien podría ser su Santander natal, y lo hace a través de unos pequeños seres que, bien mirados, son lo más parecido que hay en la naturaleza a los vampiros de las historias de miedo, más parecidos incluso que los murciélagos. Marc no nos habla de mosquitos, sino de vampiros psíquicos, y a lo largo de setenta páginas ofrece algunas imágenes antológicas y descripciones asquerosas que hacen de esta novela corta una clara candidata a llevarse el Xatafi-Cyberdark y, diría yo, el Ignotus. Tal vez el otro relato de Marc Soto presente en el listado de finalistas, "El hombre divergente", sea igualmente brillante, pero "Mosquitos" impresiona más.
Queda hablar del tercero de los relatos finalistas, "Lo más dulce", de Santiago Eximeno, presente en Bebés jugando con cuchillos (Grupo AJEC), una recopilación que intuyo que no ha entrado en la papeleta final debido a que apenas había tres relatos inéditos y, por tanto, se ha considerado, de manera implícita, como una obra no nominable. De esos inéditos, el más destacable con diferencia es "Lo más dulce", que, como su propio nombre da a entender, y para no desentonar de las otras narraciones mencionadas, tiene como elemento creador del elemento terrorífico la miel que producen unas abejas un tanto peculiares. Pocas veces un peluche de la abeja Maya ha sugerido tantas cosas, y tan terribles todas. Tal vez no se trate de un relato a la altura de "Origami", "Huerto de cruces" o "Días de otoño", pero confirma que Eximeno está un paso por delante de sus compañeros de generación y que la edición de Bebés jugando con cuchillos era tal vez el libro de relatos más necesario del año.


He estructurado esta entrada en torno a tres elementos comunes de las obras españolas finalistas del premio Xatafi-Cyberdark: su adscripción temática al género de terror, su adscripción ideológica a determinado tipo de terror cotidiano que podríamos definir como spanish gothic y la presencia de insectos como elemento que crea o desarrolla el componente terrorífico de las respectivas historias. Por supuesto, esta caracterización es puramente arbitraria. Podría haber hecho énfasis en otros elementos comunes. Por ejemplo, en la presencia constante de niños: en Rojo alma, negro sombra, David, Isla, Luna y otros niños sobre los que no debería hablar para no incurrir en espóilers; en El hermano de las moscas, Beatriz; en "Mosquitos", Nacho; en "Lo más dulce", Marta. O en el hecho de que tanto la ambientación de las historias como la procedencia geográfica de los autores nos lleve, casi sin excepciones (no cuento a Santiago Eximeno, aunque su relato esté ambientado en Umbría), al norte peninsular: Ismael Martínez Biurrun es navarro y la ficticia Esparza del Linares se encuentra en su comunidad natal; Jon Bilbao es asturiano pero residente en Vizcaya, y parece que la refinería y la localidad de las que habla están situadas en Asturias; Marc R. Soto es cántabro de nacimiento y tanto "Mosquitos" como "El hombre divergente" parecen estar ambientados en Santander y alrededores.
Da igual. Quedaos con el mensaje, no con la boutade. Si tenéis que creernos a mí y al resto de jurados de la última edición del premio Xatafi-Cyberdark (y creo de verdad que tenéis motivos para hacerlo), casi todas las obras españolas destacables del año 2008 son de terror, pero de un terror mucho más cercano e inmediato que el que se suele leer por estos pagos, un terror que viene a reivindicar a Stephen King más que a Clive Barker, un terror cuya premisa (y, por lo tanto, según el cual gran parte del elemento inquietante) reside en que, como decía el título de la película, esto ocurrió o pudo haber ocurrido cerca de vuestras casas, y, en resumen, un terror que viene a demostrar que puede hablar y pensar en castellano. Un terror nuestro, y puede que el principio (o la mayoría de edad) de una tendencia que llamo spanish gothic, pero que podría resumirse, lisa y llanamente, y sin calificativos promocionales, como buen terror español.


Nos falta una obra, la novela de Félix J. Palma El mapa del tiempo. Por temática (es ciencia ficción) y por recursos narrativos (apenas hay insectos), no era ésta la entrada más apropiada para hablar de ella, pero no os preocupéis: hablaré de ella en la entrada del jueves, pues toca informe de lectura.

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lunes, 12 de noviembre de 2007

Crítica en Hélice: Parientes pobres del diablo, de Cristina Fernández Cubas


Durante las próximas actualizaciones leeréis comentarios acerca de libros de género. El primero es Parientes pobres del diablo, de Cristina Fernández Cubas, del que hablo en el recién aparecido número 6 de Hélice: Reflexiones críticas sobre ficción especulativa.
La revista cumple un año de existencia. ¡Felicidades! Es un cumpleaños que me hace mucha ilusión, porque el proyecto está consolidado, y viene a llenar un hueco completamente necesario en este mundillo. Que siga por mucho tiempo.
El aviso de Fidel Insúa en listas de correos y foros es el siguiente:

Hélice: reflexiones críticas sobre ficción especulativa lanza su sexto número con el que se cumplirá su primer año de vida. Un número muy heterogéneo que seguro será de vuestro interés.
Analizaremos en Ayer y mañana del estudio de la ciencia ficción en España la evolución de la crítica literaria fantástica española desde sus inicios hasta el momento actual, y reflexionaremos sobre su presente y futuro de la mano de Julián Díez.
En el ensayo Christopher Priest: Amores perros de Alberto Murcia descubriremos las claves comunes de toda la obra de este autor fundamental del fantástico actual.
La novela El cura de Thomas M. Disch se someterá a una crítica enfrentada entre Alberto García-Teresa y Eduardo Vaquerizo.
Además Juan Manuel Santiago nos sumergirá en la antología Parientes pobres del diablo de Cristina Fernández Cubas; Juan García Heredero nos mostrará la cara más antibelicista de Terry Prachet en su obra Voto a bríos; Julián Díez analizará El granjero de las estrellas de Robert A. Heinlein; y Fidel Insúa nos guiará a través de China Montaña Zhang de Maureen F. McHugh.

Y mi crítica del libro de Fernández Cubas empieza tal que así:

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Si, en vez de una crítica de un libro suyo, esto fuera un relato de Cristina Fernández Cubas, lo más probable sería que comenzase con una anécdota aparentemente trivial. En este caso, bien podría ser la siguiente: Un crítico de la revista Hélice acude a un hospital barcelonés para someterse a la revisión que, con carácter anual, tiene que seguir para cumplir con el protocolo médico que se le impuso al restablecerse de una delicada enfermedad. En la sala de espera, le parece ver a una renombrada autora de relatos, acaso una de sus favoritas, y, aprovechando que ella sale al descansillo para fumarse un cigarrillo, traba conversación con ella. Salen a relucir múltiples afinidades: M.R. James, la preocupación por determinadas temáticas, el máster de edición que está cursando, la revista que dirigió, proyectos y conocidos comunes. Mantienen el contacto, y, de alguna manera, ella se siente arrastrada por las descabelladas ideas de él, o él por las de ella, o ambos viven un equívoco en torno al o la doble de uno de ellos; y lo que en apariencia era una historia rutinaria termina convirtiéndose en una trama desasosegante, debido a la irrupción de un elemento sobrenatural e inexplicable que los conduce a una espiral de trastornos de personalidad, dudas sobre las identidades propia y ajena y, en resumen, un final nada acomodaticio.
Esto es lo que hubiera ocurrido en un relato de Fernández Cubas.
En la vida real, el crítico no reúne el valor necesario para abordar a la autora: dadas las circunstancias y el lugar en que se encuentran, le hubiera parecido una frivolidad de mal gusto. Además, para su vergüenza, no consigue acordarse de cómo se titula su último libro de relatos, del que hasta ahora sólo ha leído comentarios laudatorios. De modo que deja pasar la ocasión de recordarle a la escritora lo mucho que disfrutó con Los altillos de Brumal y Con Agatha en Estambul, de agradecerle historias como “Lúnula y Violeta” o “El helicón”, de pedirle algún relato para uno de los proyectos literarios en que se Fernández Cubas describe todo aquello que nos hace sentir miedo, lo conduce al terreno de lo cotidiano y nos devuelve un macabro reflejo de nosotros mismos, de lo que somos, de lo que no somos y de lo que no nos atrevemos a ser encuentra embarcado, y de equipararla a José María Merino y Pilar Pedraza en los altares de la literatura fantástica española contemporánea. Atrapado entre la duda y la timidez, deja pasar la oportunidad: lo están llamando a la consulta del médico, un argentino joven y calvo que tiene tanto de Jorge Zentner como de Julio Cortázar. Cuando sale, aliviado por las buenas noticias relativas a su revisión, la autora ya no se encuentra en la sala de espera. Y renuncia a buscarla.
No obstante, se ha creado un vínculo casi inexistente, apenas perceptible. El crítico recuerda de súbito el título del libro: Parientes pobres del diablo. Lo adquiere poco tiempo después, lo lee con el mismo deleite con el cual devoró otras obras de la escritora y, algunos meses más tarde, lo vota y defi ende ante los demás miembros del premio Xatafi -Cyberdark de la crítica de literatura fantástica. Vence en la categoría de mejor libro de ficción español.
Ésta podría ser la base de una historia de Cristina Fernández Cubas. Tan sólo faltaría enunciar un elemento fantástico, sacar a colación la temática del doble y explicitar un conflicto entre la realidad y lo misterioso. Algo en apariencia sencillo, se podría pensar, a la vista de los resultados habituales de sus recopilaciones de relatos. No obstante, no hay que llamarse a engaño: el que parezca fácil urdir un relato modélico no quiere decir que lo sea. Hay que haberse empapado de los clásicos de la novela gótica y saber combinar sus aciertos y puntos fuertes con los de los forjadores de la fi cción breve del siglo XX. Hay que saberse de memoria el itinerario que lleva desde Edgar Allan Poe y Guy de Maupassant hasta Julio Cortázar y Jorge Luis Borges, sin dejar de recalar en Gustavo Adolfo Bécquer y M. R. James. Leyendo los cuentos de Cristina Fernández
Cubas, y sabiendo cómo se las arregla para combinar infl uencias literarias y tomar prestados recursos narrativos, uno se sentiría tentado a escribir un ensayo acerca de la historia de la literatura de terror. Algo así como la Historia natural de los cuentos de miedo, de Rafael Llopis, o Del horror en la literatura, de H.P. Lovecraft, pero en clave de ficción. Fernández Cubas describe todo aquello que nos hace sentir miedo, lo conduce al terreno de lo cotidiano y nos devuelve un macabro reflejo de nosotros mismos, de lo que somos, de lo que no somos y de lo que no nos atrevemos a ser. Y lo hace sin grandes alharacas, inmersa en una forma de narrar sucesos cotidianos, con un estilo que llamaríamos realista si no fuera porque las convenciones y estereotipos críticos lo definen como fantástico y, por tanto, no realista. Leyendo relatos como “Los altillos de Brumal” (perteneciente a la antología homónima, 1983) o “La mujer de verde” (en Con Agatha en Estambul, 1994), encontramos el componente fantástico, fantasmagórico casi, en estado puro, sin confusión posible.
El pueblo de Brumal, en el que todo está escrito del revés, se erige en uno de lugares imaginarios más evocadores de la narrativa de terror española contemporánea. Asimismo, el retrato de Anairda/Adriana marca un hito en la historia del género. La insania, la enfermedad mental y el destino doble de los personajes duplicados perduran en la memoria del lector y, como si de sueños se tratase, acuden de manera periódica a su subconsciente, para advertirle de que no todo lo que nos es dado percibir a través de los sentidos tiene una sustancia, digamos, real.

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El resto de la crítica la podéis leer en Hélice. Y, después (o antes, como prefiráis), el resto del número, que no tiene desperdicio.

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lunes, 9 de julio de 2007

Ganadores del premio Xatafi-Cyberdark 2007

Tal como anuncia Fidel Insúa en su blog, el pasado sábado se dieron a conocer las obras ganadoras de la segunda edición de los Premios Xatafi-Cyberdark de la crítica de literatura fantástica 2007.

El acta del jurado es la siguiente:

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La Asociación Cultural Xatafi en colaboración con la tienda on-line Cyberdark.net tiene el placer de dar a conocer a los ganadores de los Premios Xatafi-Cyberdark de la crítica de literatura fantástica 2007, concedido a las mejores obras de literatura fantástica, ciencia ficción y terror editadas el año anterior, según el criterio de un jurado compuesto por Ignacio Illarregui Gárate, J. Fidel Insúa, Cristobal Pérez-Castejón, Juan Manuel Santiago, Javier Vidiella, Mariano Villarreal y Arturo Villarrubia.

Ganador en la categoría de INICIATIVA EDITORIAL:
- Planeta-De Agostini, por «Biblioteca de Ciencia Ficción», de distribución en quioscos.

Ganador en la categoría de RELATO EXTRANJERO:
- "Aprendiendo a ser yo", de Greg Egan (Axiomático, AJEC).

Ganador en la categoría de LIBRO DE FICCIÓN EXTRANJERO:
- Kafka en la orilla, de Haruki Murakami (Tusquets).

Ganador en la categoría de RELATO NACIONAL,con un premio de 150€:
- "Huerto de cruces", de Santiago Eximeno (Paura 3, Bibliópolis).

Ganador en la categoría de LIBRO DE FICCIÓN ESPAÑOL con un premio de 350€:
- Parientes pobres del diablo, de Cristina Fernández Cubas (Tusquets).

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Para mí ha sido todo un placer participar como jurado en esta edición del premio. Asistir de primera mano a los entresijos de un premio es una experiencia interesantísima, tanto en la fase previa (con la propuesta de obras nominables, y las defensas de cada una de ellas) como en la fase definitiva, especialmente en las categorías más reñidas, en las que todos los jurados exponen sus argumentos, pros y contras, y uno sale con la impresión de que ha aprendido un montón sobre crítica y literatura.

En cuanto a los ganadores, creo que el listado se corresponde con lo que fue el año 2006 en el terreno fantástico. Recomiendo muy especialmente la recopilación de relatos de Cristina Fernández Cubas: le sorprenderá a más de uno. Es una autora muy reivindicable, poseedora de una trayectoria literaria muy sólida en el campo del relato breve, y resultaba un tanto incomprensible que su obra no hubiera llegado a los lectores especializados en literatura fantástica, terreno en el que se ha desarrollado la mayor parte de su producción. En estos momentos, en que el lector de fandom está más abierto que nunca a los autores que practican buena literatura de género sin importarles su procedencia, este premio puede ayudarlo a situar a Cristina Fernández Cubas en el lugar que merece, junto a José María Merino, José Carlos Somoza o Pilar Pedraza. Por decirlo con claridad, "La fiebre azul" es uno de los mejores cuentos españoles de terror de los últimos años.

La categoría de mejor iniciativa editorial refleja el estado actual de la edición especializada: esperanzador, lleno de iniciativas interesantes. Planeta De Agostini se ha llevado el premio gracias a una colección para quioscos prácticamente irreprochable, que tal vez no llegue a alcanzar las cotas de ambición y de proselitismo de la Biblioteca de Ciencia Ficción de Orbis, pero que, a su manera y para los tiempos que corren, es la mejor herramienta de que disponemos para captar a nuevos lectores.

El premio a Santiago Eximeno confirma su buen estado de forma (nada menos que dos relatos finalistas) y tal vez resulte el mejor indicador del estado de las cosas de cara a la próxima votación de los premios Ignotus. Al mismo tiempo, confirma que las antologías Paura han acabado con todos los prejuicios existentes contra la literatura de terror, al tiempo que confirman un florecimiento de este género en España. (También los relatos de Cristina Fernández Cubas están adscritos a la temática terrorífica.)

En cuanto a las categorías «extranjeras», poco que añadir. La novela de Murakami ha arrasado en la fase final, pese a tratarse de una obra relativamente menor dentro de su producción: Murakami es mucho Murakami, incluso cuando no está en plenitud de facultades. Es una obra difícil, que habría que degustar con calma, pero resulta tan adictiva que se termina leyendo de un tirón.

Otro tanto cabe decir de los cuentos de Greg Egan, cuya recopilación emblemática aparece en el palmarés gracias al mejor relato que aún quedaba inédito en España: "Aprendiendo a ser yo". Una precisión: ya había aparecido en un número del fanzine argentino Cuasar, pero las bases especificaban que debía tratarse de relatos publicados en España.

Todos los libros y relatos premiados son muy recomendables. Tal vez no quepa hablar de la excelencia de la cosecha del 2005, pero ha sido un año muy interesante. Decidir los finalistas y ganadores ha sido un verdadero suplicio, porque creo que todos los jurados hubiéramos concedido algún que otro ex aequo de buen grado. No podemos olvidarnos de grandes títulos, como las novelas de David Mitchell o Ian McDonald, la antología «franquista» seleccionada por Julián Díez o los relatos de Raphael Carter, Robert Silverberg, Cristina Fernández Cubas y Eduardo Vaquerizo. Pero sólo puede haber un ganador por categoría.

Sé que en su momento prometí ir reseñando las obras finalistas, pero al final me pudieron la pereza, la falta de tiempo y la sensación de que los posts más «literarios» no terminan de cuajar en el blog. En todo caso, tengo intención de hablar de algunos de los títulos más importantes del año pasado, ya sea en este blog, ya sea en publicaciones como Hélice. Permaneced a la escucha.

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