viernes, 27 de abril de 2007

Magneto ataca de nuevo

Aparezco por casa con un barreño nuevo, de color azul y algo más grande que el que teníamos. Cinco minutos después entra Laura con otro barreño de color azul, aunque algo más pequeño. Nos reímos. Los dos hemos tenido la misma idea, y hemos estado en la misma tienda. Nos hemos debido de cruzar.
¿Por qué hemos comprado los barreños? La solución es sencilla: porque rompí el que teníamos. Como dirían Cristina, Álex, Enric o cualquier otro que haya vivido o trabajado junto a mí, Magneto ataca de nuevo.
No me llaman Magneto por casualidad. Resulta proverbial la manera que tengo de romper instalaciones eléctricas, conseguir que los ordenadores dejen de funcionar y, en general, aportar mi granito de arena para la derrota definitiva de la sociedad tecnológica y el advenimiento de una nueva Humanidad postapocalíptica y liberada de los corsés impuestos por la electricidad y los avances científicos. Es digno de ver cómo las fuerzas del Orden, encarnadas en Álex, Emmanuel o Cristina, luchan contra mis tendencias entrópicas; el equilibrio cósmico termina por restablecerse gracias a sus buenos oficios, pero, entretanto, docenas de instalaciones eléctricas sufren averías inexplicables a mi paso. El día menos pensado llaman a mi puerta y es Mohinder Suresh, para comunicarme que estoy en la Lista.
Los plásticos no se escapan a esta realidad.
El caso es que llego a casa, como siempre a toda prisa, para poner una lavadora. Como siempre, voy con el tiempo justo de poner el lavado, tenderlo y largarme al máster.
La lavadora, silenciosa heroína en la que se sustenta la estabilidad de la casa, es una auténtica sufridora. Nuestra historia con las lavadoras no ha sido precisamente una relación cordial. La que teníamos en la Avenida de Madrid nos daba unos calambrazos a mala hostia, y llegó un momento en que inundaba el patio y la única manera de no electrocutarnos consistía en abrirla desde la cocina (estaba situada en el patio, ya que vivíamos en un entresuelo y nuestra terraza era en realidad el patio del vecindario), mantenernos lejos del charco que formaba, desenchufarla y, una vez abierta, ir pescando la ropa con cucharas de madera, guantes o paños, envolviéndonos las manos para no recibir una descarga.
Las de la inmobiliaria, para variar, pasaban de nosotros. Decían que llamarían a un fontanero, pero nunca lo hacían.

En la calle Arizala no nos fue tan mal, pero éramos seis personas haciendo una media de dos lavadoras semanales cada uno, con lo que el aparato terminó quemándose al cabo de un año. Y vuelta al sistema ya conocido de pescar la ropa con cucharas de madera o las manos envueltas en paños, para evitar una descarga eléctrica.
Las de la inmobiliaria nos pusieron todas las pegas imaginables para comprar una lavadora nueva: le suponíamos mucho gasto a los dueños, y no era justo. El primer año ya habíamos “abusado de su confianza” al tener que comprar una nevera nueva (la que había cuando entramos no enfriaba, por lo que la primera compra se nos pudrió), y el segundo año salíamos con la lavadora nueva. Emmanuel llamó directamente a la hermana y el cuñado del dueño, les expuso la situación y llegaron al acuerdo habitual en estos casos: la compraría Emmanuel, y nos lo deduciríamos del alquiler durante unos cuantos meses.
La lavadora está entrando en su tercer año de vida, y ahí sigue, como una campeona.
No obstante, uno de los barreños no tiene la suerte de poder decir lo mismo.
Teníamos dos barreños, uno verde y otro azul. Es normal, porque somos muchos en casa, y hay ocasiones en que haces un lavado y uno está ocupado, por ejemplo porque estemos lavando los trapos y espontex de la cocina, o porque para utilizar la lavadora hayamos tenido que desocupar el tambor, a la espera de que quien haya hecho el lavado previo repare en que tiene que tenderlo.
Como digo, llegué a casa, puse la lavadora en marcha, comí, leí el correo, escribí un poco, hablé con Wendy… Cuando el lavado hubo terminado, abrí la puerta, vacié el tambor en el barreño y, al levantarme en dirección a la terraza, se produjo la catástrofe.
El suelo del barreño cedió con todo el estrépito que puede producir un plástico al romperse, y parte de la ropa se me cayó al suelo, entre las risas de Wendy, a quien la escena le hizo gracia.

Me llevé como pude la ropa, con el asa colgando a la manera de un aura resplandeciente, el nimbo con que el barreño se convertía oficialmente en un angelito a punto de ingresar en el Cielo de los utensilios domésticos, una nueva víctima del maligno Magneto, después de la batidora, la lámpara del dormitorio de casa de Cristina, el ascensor de mi casa y tantos y tantos programas informáticos…
Una vez solucionada la primera situación de emergencia, urgía efectuar un trasplante; o, más bien, un trasvase de ropa del barreño azul al barreño verde. La operación fue delicada; no por su dificultad intrínseca, escasa, sino porque la mesa de la terraza estaba hecha un asco, y uno no hace lavados para que la ropa tendida esté más guarra que cuando la echó en la lavadora.

Cualquiera que vea esta imagen, pensará de inmediato lo mismo que Wendy: el barreño iba llenísimo (sí, lo sé: meto demasiada ropa en la lavadora, y mezclo clara y oscura), y por eso cedió de aquella manera.
Lo curioso del caso es que Wendy dice “barreño”, y no “balde”, como se dice en México. La confusión léxica está en el origen de la relación entre Ericka y Ray, de la que fuimos responsables servidor y un inocente barreño.
Me explico. Estábamos en la fiesta de inauguración de la Avenida de Madrid. Una fiesta épica, en la que llegamos a estar cuarenta personas a la vez y por la que, grosso modo, debimos de desfilar (en un momento u otro del sarao) cerca de sesenta individuos.
Me sentaron mal unas trufas rellenas de sustancias dopantes. Cualquier otro día lo explico.
En vista de que estaba en situación de K.O. técnico, me acosté en mi cama, poco antes de que una queja de los vecinos obligara a Rita a desalojarnos, con la excusa de salir a bailar.
Ericka y Ray ya estaban pelando la pava durante aquella época. Poco antes de salir, Ericka me preguntó si necesitaba algo. Con un hilillo de voz, acerté a suplicarle una cosa:
-Por favor, trae un barreño de la cocina, por si tengo que vomitar.
Tardó una eternidad, y me trajo un cubo.
Poco después, y ya restablecido de aquella noche, me enteré de dos cosas:
La primera, que Ericka y Ray se habían demorado un poco, porque coincidieron en la cocina, hablaron un poquito, se contaron lo que sentían el uno por el otro, una cosa llevó a la otra y, en definitiva, se hicieron novios, gracias a mi indisposición.
La segunda, que Ericka no tenía ni la más remota idea de lo que era un barreño, porque en México no se utiliza esa palabra. Si le hubiera pedido un balde, lo hubiera entendido a la primera. Por eso me acercó el cubo.
No obstante, la semana pasada, cuando hablé con Wendy y Laura, me entendieron. Bajé los restos del finado barreño al contenedor de plásticos, y el día siguiente, viernes, fui a comprar uno nuevo, después de pasarme media tarde yendo y viniendo a la estación de Sants a comprar dos billetes de tren para Perpignan, donde iremos a visitar a Javi, que está dando clases allí.
Un consejo: nunca compréis billetes de tren un viernes por la tarde. Os darán número para dos horas después. Y os dará tiempo a hacer infinidad de tareas durante el tiempo que perderéis esperando que os llegue el turno. La ventaja de vivir a dos paradas de metro de Sants es que puedes ir a casa, hacer tus cositas, bajar a hacer compra y, hora y media después, regresar a Sants, tener que esperar tus buenos veinte minutos y, por fin, comprarte el billete de marras.

Etiquetas: , , , ,

22 Comments:

Blogger Cristina López said...

Humanidad postapocalíptica y liberada de los corsés impuestos por la electricidad y los avances científicos

Y mientras llega...pagas tú la factura del electricista, ¿de acuerdo? :DDDDD

27 de abril de 2007, 17:32  
Blogger Juanma said...

Bueno, cabe la posibilidad de que, enlazando una factura por estimación tras otra, consiga provocar el Gran Apagón Mundial y al final nos libremos de pagar la cuenta de la luz, porque ya no habrá electricidad, ni civilización. :-PPPP

27 de abril de 2007, 17:41  
Anonymous Kotinussa said...

Bueno, a las únicas personas a las que no se les rompen cosas es a las que no las usan. Yo, por ejemplo, nunca he estropeado un coche, lo que no significa precisamente que sea una buena idea que me dejes conducir el tuyo (sólo si quieres morir joven).

27 de abril de 2007, 19:38  
Blogger Cristina López said...

Lo curioso es que Juanma es capaz de romper cosas o hacer que dejen de funcionar sólo con pasar por ahí, no necesariamente porque las esté usando. Su poder es grande, mú grande...

27 de abril de 2007, 19:44  
Blogger Rox said...

ja! tuve que bajar a ver las fotos para ver que era un "Barreño". Al parecer no aprendi bien el gachupin :P

Ya sabes que eres bienvenido cuando quieras, por aca tienes muchas casas y guías de turistas :)

28 de abril de 2007, 3:58  
Blogger Álex Vidal said...

A ver cómo te explico que, a menos que el barreño fuese metálico, tus poderes de Magneto no tienen nada que ver. Más bien fue cosa de estructura molecular expuesta a un sobreesfuerzo, en acción conjunta con nuestra amiga la gravedad ;)

Eso sí, me da miedo pensar que la semana que viene tenemos cinco horas de viaje en coche. Te estarás bien quietecito, ¿verdad? :D

28 de abril de 2007, 12:23  
Blogger Álex Vidal said...

Anda, me acabo de tropezar con esta noticia:

http://extracine.com/2007/04/28/david-goyer-dirigira-magneto/

;)

28 de abril de 2007, 12:28  
Blogger Gilmar Ayala said...

Recomienda el lugar donde compraste el nuevo barreño.

28 de abril de 2007, 13:01  
Anonymous Anónima de las 9:59 said...

Tenemos mucho en común, Juanma... Yo también me cargo aparatos electrónicos. Básicamente ordenadores. Y también les ocurren cosas raras cuando tan solo paso a su lado...

Lo que no rompo son las jofainas. Sí, yo lo llamo "jofaina", para rechifla de todo el que me oye. Son cosas de familia.

30 de abril de 2007, 9:09  
Blogger Juanma said...

Kotinussa:

Es un muy buen punto de vista. Lo utilizaré la próxima vez que me saquen el asunto de por qué no me saco el carnet de conducir. :-P

Besos. :-***

30 de abril de 2007, 9:25  
Blogger Juanma said...

Cristina:

Lo curioso es que Juanma es capaz de romper cosas o hacer que dejen de funcionar sólo con pasar por ahí, no necesariamente porque las esté usando. Su poder es grande, mú grande...

Y espera a que lo perfeccione y aprenda a dominarlo... Bzzzzzzzm, bzzzzzzzzzzm. :-PPPPP

:-************

30 de abril de 2007, 9:26  
Blogger Juanma said...

Rox:

Al parecer, barreño es un palabro muy español. Pero suena muy bien. :-)))

Besooos. :-***

30 de abril de 2007, 9:28  
Blogger Juanma said...

Álex:

Hala, ya salió el físico a chafarle todo el encanto a mi teoría. :-PPPP

Pos iré a ver la peli de Magneto. ¡Maestro!

Seré bueno en el coche, te lo prometo.

Abrazos.

30 de abril de 2007, 9:42  
Blogger Juanma said...

Gilmar:

Cómo no. Son los chinos de Avenida de Madrid, entre la carretera de Sants y la calle Arizala. Enfrente del cuartelillo de la Guardia Civil.

:-))))

Abrazotes.

30 de abril de 2007, 9:43  
Blogger Juanma said...

Anónima:

¡Jofaina! ¡Cómo mola! ¡Ideal para ponerla encima de un bargueño! :-P

Besos. :-***

30 de abril de 2007, 9:46  
Anonymous manu o.e.g.c. said...

Mr. Magneto, ¿te veo este miércoles en "Herois", TV3? ;-)

30 de abril de 2007, 12:57  
Blogger Cristina López said...

tus poderes de Magneto no tienen nada que ver

Álex, siento llevarte la contraria, pero las leyes físicas no se cumplen cuando Juanma anda cerca. El espacio-tiempo se contrae y la gravedad actúa a su voluntad. Es un nivel superior al JuanMagneto habitual en él...

30 de abril de 2007, 17:00  
Blogger Juanma said...

Manu:

Pues sí, ahí nos veremos, aunque tardo unos cuantos capítulos en aparecer... :-P

30 de abril de 2007, 18:21  
Blogger Juanma said...

Cristina:

Bzzzzzzzzzzzzzzzzm, bzzzzzzzzzzzm.

XDDDDDDDDD

:-*******

30 de abril de 2007, 18:22  
Anonymous manu o.e.g.c. said...

Por cierto, Juanma, tu sí sabes lavar la ropa sucia en público (por las afotoss)...

2 de mayo de 2007, 11:19  
Blogger Alex said...

Es curioso, Juanma. Porque a mi me ocurre lo mismo con las bombillas, las fundo siempre. En casa nunca se funden las bombillas, me las cargo yo. Si son de de las baratas no problem, pero cada vez tenemos más de las de bajo consumo, mucho más caras.

¿Tendré un poder místico-magnético como tú?

Un saludo Alex Guardiola.

2 de mayo de 2007, 14:23  
Blogger dStrangis said...

Lo que dice Alex es cierto. Me paso media existencia cambiando las bombillas del pasillo.

4 de mayo de 2007, 8:08  

Publicar un comentario

Links to this post:

Crear un enlace

<< Home