lunes, 6 de noviembre de 2006

El piso compartido de los corazones solitarios

Es viernes por la noche, y duermo solo por primera vez en mucho tiempo. Cristina se ha ido a Girona y este finde he querido quedarme en Barcelona. No dormía en mi casa desde antes del verano. Y, claro, no es lo mismo habitar la casa durante las mañanas, como había hecho en verano, que un viernes por la noche. Hasta ese momento no me doy cuenta del nivel que alcanza mi extrañamiento con respecto a la casa, y de las ganas que tenía de retomar el contacto de fin de semana con mis compañeros de piso, compartir algo más consistente que cafés apresurados y una conversación más profunda que los escuetos e irónicos “¿Cómo va esa doble vida?” que me suelen dedicar.
Sergio se ha ido ya de casa, por lo que verdaderamente me apetece pernoctar aquí. Su ida fue algo tensa; ya me referiré a ella cuando hable de los castings caseros.
Es viernes por la noche y estoy solo en casa. Me acuesto relativamente pronto: quiero aprovechar el sábado leyendo y escribiendo. Ya he ordenando un poco mi habitación, que estaba manga por hombro, con las cajas de libros que Álex me ayudó a traer de la oficina cuando salí de Giga (y dejé enterrado mi corazón, podría añadir, a ritmo de Luis Aguilé). No me las había podido traer en la mudanza de Avenida de Madrid a Arizala. Las tenía por todas partes. He limpiado la habitación, pasado la fregona, ordenado la mesa de trabajo y ventilado un poco: ya está habitable. También he cambiado la ropa de cama, que no utilizaba desde hace meses.
Como digo, me acuesto, convencido de que voy a dormir hasta que el cuerpo diga basta.
Pero no.
No me acostumbro a la cama.
Doy vueltas.
Y más vueltas.
Y no me duermo.
La cama es muy pequeña. La pared me toca bastante las narices. Y la lámpara de la mesa.
Y estoy solo.
Y ya casi no me acuerdo de lo que es dormir solo.
Y sigo sin dormirme.
Me desvelo.
Leo un poco.
Me quedo medio frito.
Apago la luz.
No encuentro la postura.
Me dedico a mirar el techo. Entra un poco de luz.
Me falta algo.
Me falta alguien: Cristina.
Me desvelo.
Vuelvo a encender la luz.
Intento leer algo. No me concentro.
Echo de menos a Cristina.
En mala hora le dije que este finde me quedaba en Barcelona. Sus padres se han sorprendido cuando la han visto aparecer sola.
Sigo sin pegar ojo.
Apago la luz.
Me tapo.
Tengo calor.
Saco los brazos.
Me da frío.
Tengo calor y frío a la vez. Qué cojonudo.
Empiezo a pensar en la posibilidad de levantarme y ver un rato la tele hasta quedarme dormido.
Se oye la puerta de la calle. Alguien está entrando. Viene hacia las habitaciones de este lado del piso, con bastante prisa. Abre la puerta y se oye un clic. Como no veo la luz, deduzco que es la habitación de Cinta. Vuelve a salir corriendo. La oigo hablar por teléfono.
Son cerca de las dos.
Empieza a hablar en inglés. Durante un buen rato.
Cinta es recepcionista y profesora ocasional de inglés en una academia de idiomas. Su marido es albanés. Se conocieron en Londres, se casaron y ahora están separados: ella va para allá cuando puede. La idea a largo plazo es comprarse una casa en Albania, que ahora está tirada de precio; pero, de momento, tratan de reagruparse en Barcelona. Cuando estuvo viendo la habitación, en verano, nos advirtió de que iba a intentar traerse a su marido en cuanto le concedieran permiso de residencia en España. Eso implicaría que iba a estar poco tiempo en la casa, pero nos dio igual: Cinta parece muy responsable, con ella en casa el orden y la limpieza están asegurados, y, aunque he tratado poco con ella, parece muy buena onda.
Lo pasó muy mal por culpa de Sergio, y casi se va de la casa. Lo que me hubiera jodido muchísimo.
Cinta está en un mal momento personal. En el trabajo está en una situación precaria: a nadie le gusta que lo traten como un comodín, y mucho menos que le paguen un sueldo de recepcionista cuando en realidad está de chica para todo, incluyendo las clases de inglés. La academia no le deja tiempo libre para estudiar las oposiciones a Secundaria, que probablemente se convoquen para el verano que viene. Por otro lado, se va a Tortosa, su localidad natal, cuando puede; y, si no, a Londres, a ver a su marido. Parte de esta disyuntiva, este deber partirse en tres (y no en dos, como Silvío Rodríguez), se nota en la premura con la que habla por teléfono: frases cortas, como si le fuera la vida en ello. No me entero de lo que hablan, porque no me interesa y porque estoy lejos y nos separan varias paredes; pero trato de imaginarme todas esas escenas que me estoy perdiendo día a día, por no estar en el piso: la llegada de la noche y, con ella, la hora convenida para que Cinta y su marido puedan hablar, compartir impresiones de cómo ha ido el día, de cuánto se quieren, de cuándo podrán volver a verse… incluso de discutir. No hay nada más traicionero que una conversación telefónica: impide verse las caras, interpreta de manera errónea inflexiones de tono que inducen a creer que se ha dicho lo que no se ha dicho ni por asomo, esos terribles (y casi siempre fatales) “¿Qué has querido decir?”, esos silencios que, en persona, serían momentos de relajamiento, pero que, cuando te separan miles de kilómetros y no te ves, a veces se pueden interpretar como que no hay nada que decir, pese a la millonada que estás gastando en poder mantener la comunicación telefónica. Una relación a distancia, por teléfono, Skype o Messenger.
La sola idea de que Cinta está sola, encallada en casa, pese a que tiene una hermana en Barcelona y una madre en Tortosa, a miles de kilómetros de su anclaje con la vida deseada, me termina de desvelar.
Me acuerdo de Emmanuel. Los tres años que estuvo sin Wendy, a la que sólo veía en Navidades (cuando él iba a México) y en verano (cuando ella venía a Barcelona). A pesar de todo, consiguieron mantener la relación y, andando el tiempo, contrajeron matrimonio. Fui uno de los testigos. Este año, Wendy ha venido a Barcelona, a estudiar un posgrado en Pedagogía, su especialidad. Por fin están juntos.
Pero antes de eso, podía seguir el ritmo y la historia de esa relación. Tan sólo bastaba con medio enterarme de sus conversaciones telefónicas. Sus discusiones, sus rupturas (casi siempre irreflexivas: nada que no pudiera solucionarse quedando sobre la marcha y deshaciendo en persona el malentendido), sus reconciliaciones… Toda una relación, resumida en dos o tres conferencias telefónicas diarias, mantenidas durante más de tres años. Sereno, borracho, resacoso, estresado, tranquilo, beatífico, maldito, atareado, holgazán. De cualquier manera, pero siempre fiel al teléfono, sobre todo de noche, cuando allí es de día o por la tarde, y aquí no hay nadie despierto, salvo los corazones solitarios pegados al teléfono, en conferencias internacionales que les hagan olvidar que se han visto arrancados de sus vidas deseadas (de manera voluntaria, eso sí), las parejas que hacen el amor pared con pared (y te recuerdan tu desgracia, entre jadeos y gritos), el vecino energúmeno del quinto (que increpa y blasfema al menor ruido o cuchicheo por nuestra parte) y la promesa furtiva de una pajilla desganada (porque lo que te pide el cuerpo es otra cosa) con que te obsequian en las emisoras televisivas locales.
Tal vez me haya adormilado, porque ya no oigo a Cinta hablar con su marido. En su lugar, oigo un trajinar, pero hay más luz, proveniente del patio: debe de ser Laura, o el vecino del quinto. Los estudiantes del tercero no pueden ser, porque el piso está en venta.
Intento dormir.
No lo consigo. Todavía estoy desvelado.
La cisterna del lavabo no me deja dormir. Lleva cuatro meses jodida, pero pasamos de llamar a un fontanero, porque nos va a cobrar un pastón. (Dos semanas después de esta historia, nos llega una cuenta del agua desorbitada: lo barato sale caro.)
Me levanto a cerrar la cisterna. Por lo que me cuenta Wendy, Sergio la ha tenido abierta durante todo este tiempo, y muchas mañanas llego a casa, dispuesto a escribir, y me la encuentro goteando, o formando una torrentera. Está estropeada, y no llamamos al fontanero.
Aprovecho para orinar. Consigo arreglarla.
Voy a volver a mi dormitorio. Pero veo luz en la cocina.
Allí está Laura.
Laura ha entrado en el piso en lugar de Sergio. Es mexicana y viene a estudiar un máster en Educación. También es muy limpia y ordenada, de resultas de lo cual la casa está irreconocible. Jamás ha estado mejor.
Lleva apenas dos semanas.
Y está de pie en la cocina, apoyada contra el fregadero.
Un surco de rímel corre por sus mejillas. Aunque mantiene la voz serena.
Le cuento que este fin de semana me he quedado en casa.
Me cuenta que echa de menos a su novio.
Era un viejo amigo de la familia, pero empezaron a salir hace cuatro meses y medio. Ella le dijo que iba a venirse a hacer el máster de todos modos, y que él viera si le convenía arriesgarse.
Aceptó.
Emmanuel y Wendy se arriesgaron. Están casados, y ahora viven juntos aquí.
Ricardo y Vicky siguieron juntos aquí, y están casados.
Norberto y Aurora, también.
Pero Ray, Ericka, Adriana y Lily no tuvieron tanta suerte: cortaron con sus parejas estando ya aquí, nada más venir o unos meses después, o lo dejaron justo antes de venirse, precisamente porque se venían.
Y Laura echa de menos a su novio.
Y yo a mi novia.
Nos despedimos hasta el día siguiente. Ella va dando bandazos por el pasillo, y llega a quedarse encallada. Por un momento, temo que le vaya a dar un ataque epiléptico, o algo así, hasta que reparo en que está con una borrachera del cuatro.
Entro en mi habitación.
La oigo vomitar en el cuarto de baño. Está un buen rato.
Acto seguido, entra en su habitación. La luz está encendida. Me da pereza bajar la persiana.
Suena su teléfono móvil. Le cambia el tono de voz, muy dulce, pero también implorante.
Es su novio.
Hablan durante un buen rato. Su tono es cada vez más desesperado. Contrasta con el de Cinta, rápido y nervioso aunque firme; con el que utilizaba Emmanuel para hablar con Wendy, tranquilizador e hipnótico; con el que utilizo para hablar con Cristina cuando, como sucede este fin de semana, estamos separados: dulce, como si me hubiera tragado un bote de Mimosín (según Pau). Laura lleva veinte llamadas telefónicas de amor y un poema desesperado desde que está viviendo en casa.
La conversación cesa. La luz se apaga.
Y yo sigo en mi habitación, durmiendo solo en Barcelona por primera vez en unos cuantos meses, pensando en Cristina a cada instnate, y probablemente me quede dormido pensando en lo afortunado que soy, porque hace apenas veinte horas que no la veo, y no tardaré muchas horas más en volver a verla.
Otros no tienen esa suerte.

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35 Comments:

Blogger Pily B. said...

Qué bonito, jo, qué bonito. Y, cierto, qué suerte tienes... tenéis. Cuidaos. :-****

6 de noviembre de 2006, 18:42  
Blogger Cristina López said...

Pues yo dormí como un tronco...
:-pppppppppppppppp

Besitos

6 de noviembre de 2006, 18:55  
Anonymous Òscar said...

De nuevo, me vuelvo a identificar con tus palabras. Sandra y yo pasamos un par de meses separados, cuando ella se volvió a Brasil y yo acababa mi relación contractual en Giga (y le daba vueltas al asunto, para que nos vamos a engañar). Ahora con los locutorios y las targetas de teléfono internacionales no sale tan caro... pero no hay día que no te arrepientas de haber dicho esto o aquello, que no te haya mosqueado algo... Es jodido.

!Y me fui de Barcelona sin conocer a Cristina, mal hombre!

6 de noviembre de 2006, 21:18  
Anonymous manu o.e.g.c. said...

Sí, tú tienes suerte, bribón. La distancia de un fin de semana se recupera muy pronto.

7 de noviembre de 2006, 9:30  
Anonymous arturo villarrubia said...

Una pregunta para Manu...
¿Porque has dado por terminado el goteo?¿Juanma, ya ha empezado su novela?
Si no es asin,tendremos que empezar con metodos más,ehem, duros:
Si bien todos apreciamos
tus sinceras confesiones
lo que todos esperamos
es leer tus ficciones.
No te hagas de rogar
y anuncianos al instante
que pronto has de publicar
un bestseller fulminante.

7 de noviembre de 2006, 10:59  
Anonymous manu o.e.g.c. said...

Arturo, gracias por animarme ahora que estaba flojeando, porque -a todo esto- ¿qué ha hecho Juanma durante todo este fin de semana, hein? ¿Cuántas páginas ha escrito?

Arturo usa un brillante guante de seda. Yo emplearé mi "puño de acero": Juanma, tivoy a de enviar a mis dos pequeños ninjas de guardería durante TODO un finde como no te pongas a escribir. Es algo que ni siquiera yo, como padre suyo que soy, siempre consigo superar sin daños mentales colaterales cuasi irrecuperables.

Tas'avisao.

7 de noviembre de 2006, 12:39  
Blogger Cristina López said...

Manu, avisa con antelación, que ese finde me las piro a Girona...

¿qué ha hecho Juanma durante todo este fin de semana, hein?

Sssh, que puede haber niños leyendo...

7 de noviembre de 2006, 12:55  
Blogger Cristina López said...

PD. En caso que no avises, tipienso cobrar las horas de canguro de tus pequeninjas :D

7 de noviembre de 2006, 12:56  
Anonymous arturo villarrubia said...

Manu,
¿Tus pequeninjas conocen Girona? :)

7 de noviembre de 2006, 12:58  
Anonymous arturo villarrubia said...

Entendido, Juanma.
"Sssh, que puede haber niños leyendo... "
Te estabas documentado.
Una pregunta,
¿Has llevado alguna vez a dos niños de excursion durante el fin de semana a Girona?

7 de noviembre de 2006, 12:59  
Blogger Cristina López said...

Te estabas documentado

Por supuesto. Qué otra cosa sino iba a hacer una bibliotecaria...

Una pregunta, ¿Has llevado alguna vez a dos niños de excursion durante el fin de semana a Girona?

Arturo, ¿es una amenaza o una promesa? Juanma sólo había estado una vez en Girona, y no, no ha llevado allí a nadie de excursión. Yo he hecho de guía ocasional con personas cuya edad mental sí es juvenil...

7 de noviembre de 2006, 13:12  
Anonymous manu o.e.g.c. said...

Pos sí, mis pequeninjas conocen Girona levemente porque hasta hace unos meses allí vivían mis cuñados.

Un bonito río atraviesa la ciudad. ¿Podemos pasar a Juanma por la quilla de uno de los puentes si no se pone a de ejcribir andeyá? Se admiten votaciones.

¿Cobrar horas de canguro? JAJAJA. Me temo que no hay dinero para pagarlo ;-)

7 de noviembre de 2006, 13:24  
Blogger Cristina López said...

De hecho pasan cuatro ríos: Ter, Onyar, Güell y Galligants. Tenéis puentes donde escoger...
Ya te diré si tus pequeninjas son tan impagables cuando los conozca ;)

[Esto se está off-topiqueando cada vez más...]

7 de noviembre de 2006, 13:33  
Anonymous arturo villarrubia said...

Cristina, no era más que una humilde sugerencia ...
Juanma, piensa que felices serían esos pobre pequeninjas si pudiesen volver a esa tierra donde pasaron tantos momento entrañables con sus cuñados( Tu quietorl y no digas nada Manu).
Otra cosa sería que interfiriesen en la concentración necesaria para el proyecto de escritura creativa que estas a punto de hacer publico ...:)

7 de noviembre de 2006, 13:35  
Blogger Cristina López said...

Mmmm...juraría que los peques han pasado momentos entrañables con sus tíos, no con sus cuñados...A menos que haya por aquí enmedio alguna truculenta historia, que Manu nos podría contar y Juanma podría usar para alguna novela...
Digo yo que si seguimos mareando a Juanma, poca concentración le va a quedar para escribir nada...
Jo, con lo bonito que es el post (un post para nenas, como diría Enric) y nadie comenta nada...

7 de noviembre de 2006, 13:52  
Anonymous manu o.e.g.c. said...

Nooooorl, Cristina. Impagables lo son, sí. Me refería más bien a que yo tendría que pagar mucho dinero para que alguien los aguantara todo un finde.

La rama exgironina de la familia es muy poco truculenta. Aunque al tratarse de cirujanos sí es la más sangrienta.

Los pequeninjas interfieren en cualquier proceso creativo y del tipo que sea. ¡Pos faltaría más!

Juanma, ya sabes lo quihay. Ponte las duracell ¡que vamos a por ti!

P.D.: andevé como hemos degenerado un post tan "bodito" del Juanmix.

7 de noviembre de 2006, 14:06  
Anonymous arturo villarrubia said...

Ni idea, Cristina.
Yo escribo sin pensar.
No como Juanma que tiene que pensar lo que escribe...

7 de noviembre de 2006, 14:06  
Anonymous arturo villarrubia said...

Estoy de acuerdo, Manu.
Otra cosa es que Juanman - el superheroe blogero- publicase en primicia parte de su nuevo proyecto creativo. :)

7 de noviembre de 2006, 14:08  
Blogger Juanma said...

Pues yo dormí como un tronco...

Ya te vale...
:-P :-P :-P
XDDDDDD

:-******************

7 de noviembre de 2006, 16:51  
Blogger Juanma said...

Òscar: Cap problema, a ver si la próxima vez que vengas podemos quedar con tiempo.

Pily: Pos eso digo yo: que los dos tenemos mucha suerte. :-)))

Besooooos. :-******

7 de noviembre de 2006, 16:52  
Blogger Juanma said...

Manu y Arturo: Os recuerdo que este blog empezó con Álex dándome la plasta una y otra vez con la misma cantinela: "¡Juanma, ábrete un blog!". O sea, que realmente vais bien encaminados y terminaréis consiguiendo que escriba algo.

Venga, os dejo elegir: ¿Novela juvenil sobre cáncer y drogas? ¿Thriller a lo Tim Powers, con la Revolución Rusa de telón de fondo? ¿Novela urbana costumbrista para treintañeros con título pegajoso, en plan Sexo, mentiras y calcetines de brujita o El gafapasta que quería ser perroflauta?

:-P

7 de noviembre de 2006, 16:57  
Blogger Juanma said...

Manu y Cristina: Pos ya se está imponiendo una quedadita para que Cristina conozca a los pequeninjas. Mejor por Sants o Santa Eulália, aunque si es en Girona, pues mira, también estaría bien. :-))))

7 de noviembre de 2006, 17:01  
Blogger Juanma said...

¿qué ha hecho Juanma durante todo este fin de semana, hein?

Sssh, que puede haber niños leyendo...

----------

Eso, eso, no vaya alguien a pensar que este blog va sobre pornografía...

:-P

7 de noviembre de 2006, 17:04  
Blogger Juanma said...

Juanma, piensa que felices serían esos pobre pequeninjas si pudiesen volver a esa tierra donde pasaron tantos momento entrañables con sus cuñados( Tu quietorl y no digas nada Manu).
Otra cosa sería que interfiriesen en la concentración necesaria para el proyecto de escritura creativa que estas a punto de hacer publico ...:)


Otra alternativa sería aprovecharse del tito Juanma y ponerlo a escribir novela infantil y juvenil, que me tienta cada vez más. :-))))

7 de noviembre de 2006, 17:06  
Blogger Juanma said...

Jo, con lo bonito que es el post (un post para nenas, como diría Enric) y nadie comenta nada...

Eso digo yo.

Gracias, Cristina. Tú sí que me entiendes. :-))))

:-*****

7 de noviembre de 2006, 17:07  
Blogger Cristina López said...

Eso, eso, no vaya alguien a pensar que este blog va sobre pornografía...

Ejem, es que no quería añadir un resultado más a las búsquedas sobre poses sexuales y Cerseis desnudas...

7 de noviembre de 2006, 17:59  
Anonymous manu o.e.g.c. said...

¿Novela juvenil sobre cáncer y drogas? ¿Thriller a lo Tim Powers, con la Revolución Rusa de telón de fondo? ¿Novela urbana costumbrista para treintañeros con título pegajoso, en plan Sexo, mentiras y calcetines de brujita o El gafapasta que quería ser perroflauta?

La elección es fácil. Escribimos las opciones en un papel, los metemos en una bolsa y dejamos que un pequeninja saque uno.

8 de noviembre de 2006, 9:18  
Blogger Cristina López said...

Explotador de pequeninjas... ;) :p

8 de noviembre de 2006, 10:35  
Blogger Juanma said...

¡Eso! ¡Abusón! :-P

8 de noviembre de 2006, 15:47  
Anonymous Anónimo said...

Juanma, ¡¿pa cuándo la novela?!

:P'''

Menos cháchara y más currar, leñe. Y vosotros tres, que me lo despistáis al buen hombre >:D

8 de noviembre de 2006, 19:05  
Anonymous Anónimo said...

Ein?
Mi sugerencia:
Un cruce entre Harry Potter y Manolito Gafotas ambientando en la Barna suburbial.

9 de noviembre de 2006, 0:26  
Blogger Cristina López said...

Eeeeh, Álex...¿qué tiene de malo no currar? ¿acaso crees que con nuestra ausencia la economía mundial se hundirá? y si queremos despistar a Juanma para concentrarlo en su novela, lo haremos... :p

9 de noviembre de 2006, 10:01  
Blogger Batz said...

Las relaciones a distancia tienen que ser un tipo de castigo por malas acciones en vidas pasadas.
Yo estuve asi año y medio, hasta que convenci a mi novio de venir a Barcelona conmigo. =) Es como tener parte de mi casa y mi país, el tenerlo aca..

Y tienes razon, es muy complicado mantener una conversacion satisfactoria de esta manera. Nunca sabes que te dice en realidad, o se te quedan muchas cosas sin decir, no se... espero no tener que repetirlo nunca mas.

Besos Juanma

9 de noviembre de 2006, 14:48  
Blogger Juanma said...

Álex y Cristina: Hago ¡Chas! y aparezco a vuestro lado.
XDDDDD

Nooo, que vaaaleeee, que acabaré escribiéndola. Voluntad tengo. E ideas. Sólo falta que encuentre el momento.

:-************

9 de noviembre de 2006, 16:55  
Blogger Juanma said...

Batz: En serio, admiro la capacidad de sacrificio que tenéis, el poder mantener una relación a distancia y con muchos límites: ese no saber exactamente qué estás diciendo cuando hablas por teléfono al que te refieres, la falta de contacto físico... Es tan bonito... Sobre todo, cuando la historia llega a buen puerto y hay final feliz. (¡Enhorabuena con casi diez meses de adelanto!)

Besos. :-***

9 de noviembre de 2006, 16:58  

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