domingo, 29 de octubre de 2006

Gel azul y otras visiones extremas

Víctor Miguel Gallardo, Charlotte y Bernardo Fernández “Bef” me dieron a mediados de este verano la mayor alegría editorial que he recibido desde que Ursula K. Le Guin accedió a que Gigamesh publicara tres ensayos suyos. Nada menos que el prólogo de Gel azul, la última obra de Bernardo, y primera que presenta en España, que está a puntito de salir de imprenta y que el propio autor presentará en el transcurso de la hispacón de Dos Hermanas, a la que acude como invitado de honor.
Conocí a Bernardo durante la hispacón del 2000, la primera AsturCon, que se celebraba en Gijón. Ya había leído relatos suyos y de otros autores mexicanos en diversas publicaciones como SUB (que él mismo editaba), Umbrales o A Quien Corresponda; todas ellas en barbecho o desaparecidas, salvo que alguien me corrija el dato. Agustín Jaureguízar me las proporcionaba, para que las reseñara en su boletín bibliográfico Uribe.
La ciencia ficción mexicana de los años noventa era una caja de sorpresas. Más bienintencionada que bien escrita (salvo honrosas excepciones, como el propio Bernardo), parecía salir de un letargo de un par de décadas, en un fenómeno paralelo al que habíamos experimentado en España. Si aquí teníamos los premios Ignotus, Aznar y UPC, allí tenían los Puebla y Kalpa. Si aquí vivíamos un hervidero de actividad en Madrid, Gijón y Cádiz, allí ocurría lo propio en el D.F., Puebla y Tamaulipas. Si aquí se intentaba editar la enésima encarnación de la revista Asimov, allí también.
En poco tiempo apareció una generación de buenos autores y críticos, que en ocasiones conseguían dar el salto a este lado del Charco y ganar premios. José Luis Zárate y Alejandro Mier aparecían en el palmarés del UPC; Gerardo Sifuentes, en el del Philip K. Dick.
Todos parecían estar especialmente interesados por el ciberpunk. Una tierra llena de contrastes, en la frontera entre el siglo XXI y el XIX, sólo podía producir ciberpunk, no ya como expresión genuina de una ciencia ficción con raíces, sino como literatura pura y simplemente realista. Cuenta Bernardo que William Gibson quedó boquiabierto cuando visitó el D.F. Aquello sobre lo que había estado escribiendo durante veinte años se le presentó de repente, como un jarro de agua fría.
¿Qué escritores mexicanos querrían escribir una novela fantástica titulada Neuromante?
Nadie, porque sería una novela realista, y los meterían en el mismo saco que a Pérez Galdós y Clarín.
Durante aquella época (de 1997 al 2000) me empapé de ciencia ficción mexicana. Quien desee obtener una visión más completa del movimiento, que intente agenciarse dos antologías imprescindibles: Más allá de lo imaginado (1991) y Los mapas del caos (1998). Si no las consiguen, invito a algún editor español a asumir el riesgo de darlas a conocer, o bien a confeccionar ex profeso alguna antología con lo más relevante de la ciencia ficción mexicana reciente.
Descubrí a ensayistas como Miguel Ángel Fernández y Gabriel Trujillo, a quienes posteriormente publicaría en la revista Stalker. Redescubrí a Mauricio Schwarz, de quien ya habíamos publicado un relato en Núcleo Ubik. Me enamoré de un relato que espero que el próximo director de Gigamesh, sea quien sea, mantenga en cartera: “El que llegó al metro Pino Suárez”, de Arturo César Rojas. Un auténtico pasote. Me familaricé con las novelas de luchadores enmascarados de José Luis Zárate, con los parajes ciberpunk de Gerardo Sifuentes y Gerardo Horacio Porcayo. Entendí el concepto de vida en la frontera gracias a relatos de José Luis Ramírez.
Y luego estaban Bernardo Fernández “Bef” y Pepe Rojo, que editaban SUB, una revista primorosa en cuanto a concepto y contenidos.
Y los conocí en persona, durante la AsturCon/hispacón/Semana Negra del 2000.
Con rasgos inequívocamente mexicanos el primero, totalmente güerito el segundo, Bef y Pepe paseaban sus fisonomías contrapuestas pero complementarias por los alrededores del Molinón, llevando bajo el brazo un pack compuesto por sus libros de relatos y una careta de luchador mexicano, que vendían a un precio módico.
Les solicité sendos ejemplares de sus libros, para reseñarlos en Gigamesh, me los dieron muy amablemente y las críticas aparecieron en el número 28, el correspondiente a diciembre del 2000. Las transcribo a continuación:


Pepe Rojo. Yonke.
Ed. Times.
México.
105 págs.

Que durante la década de los noventa la cf mexicana ha experimentado un considerable salto de nivel cualitativo es algo fuera de toda duda, si se está más o menos al tanto de lo que se escribe por allá. Libros como este Yonke demuestran las contradicciones de un género aún joven que, en su vertiente más, digamos, vanguardista, se funde hasta el extremo de lo irreconocible con la vida cotidiana, formando una amalgama en que realismo sucio, tremendismo, ciberpunk y costumbrismo se hacen indistinguibles. A una sociedad cambiante corresponde una literatura inquieta, ¿no?
Como muestra, el relato que abre el volumen. “Ella se llamaba Sara” podría estar protagonizada por los hijos de los personajes de Los olvidados de Buñuel, o ser un ciberpunk a lo Ambiente o bien, como dijo el autor durante la presentación de esta antología en la Hispacón de Gijón, ser cf que se desarrolla veinte minutos en el pasado. La peculiar relación entre dos chicos marginales, él protector, ella consciente de que un trastorno psicopático hereditario puede arruinarle la vida, nos presenta al mismo tiempo una estampa de un futuro catastrofista y de un presente catastrófico, y consigue dejar al lector con un nudo en la garganta. Juventud y sufrimiento, sometimiento y no-hay-futuro parecen ser las consignas de estos relatos, con una mención especial para “Del deseo y su cura” y “Conversaciones con Yoni Rey”. Más inmerso en un registro de cf, el último relato, “Para-Skim”, viene a ser el compendio de todas las preocupaciones ya enunciadas, en clave ciber, pero no por ello menos urgente, menos real.
En resumen, una antología no apta para leer en un día particularmente optimista, pero de las que te deja pensando. Y un buen punto de partida para comprender lo que es la literatura mexicana actual (y no sólo la fantástica).

Bernardo Fernández BEF.
¡¡Bzzzzzzt!! Ciudad Interfase
Times Editores. México
128 págs.

Afirmación radical: en México, ciencia ficción y contracultura, literatura fantástica y subversión aún están unidas, algo que no se puede decir del género en España desde por lo menos veinte años. Ahora bien, que esto sea o no útil o necesario, ya es otro cantar. Pero lo que importa es lo siguiente: BEF ha escrito una antología de relatos plena de visiones peligrosas de un mundo que, sin ser el nuestro, no nos es del todo ajeno; de una sociedad efervescente en la que, al igual que Yonke de su compatriota y amigo Pepe Rojo, no sabes si estás en el presente, el futuro o veinte minutos en el pasado.
Desde el punto de vista literario, sin embargo, nos hallamos ante una antología un tanto lastrada por el chiste fácil (en los demasiado abundantes ultracortos), un estilo a veces demasiado monocorde y una cierta querencia por el efectismo. No obstante, podemos destacar un par de relatos muy por encima de la media de lo que se escribe por México, caso de “El pedazo más grande”, historia que no deja de ser el típico ciberpunk de hacker con lealtades divididas y que, sin embargo, funciona a la perfección gracias a la espontaneidad en el retrato de personajes y la inmediatez en las descripciones del ambiente que nos lo hacen ver como algo real, incluso posible. Otro tanto podría decirse de “Sólo salimos de noche”, si no fuera porque la temática vampírica lo convierte en demasiado obvio. Con todo, el relato más satisfactorio es “Wonderama”, una arriesgada mezcolanza entre ciberpunk, realidades virtuales y crítica política (muy dura, por cierto), que nos ilustra, mejor que ningún otro relato mexicano que yo haya leído, la afirmación con que iniciaba este comentario.


Después de ¡¡Bzzzzzzt!! Ciudad Interfase (1998), Bef publicó una segunda recopilación de sus relatos fantásticos, El llanto de los niños muertos (2004). Pule defectos, depura el estilo y gana en intensidad. “Las últimas horas de los últimos días” narra la historia de lo que deberían haber sido los protagonistas de Asesinos natos, si hubieran tenido la certeza de que el fin del mundo los esperaba a la vuelta de la esquina y, ante el chaparrón que se avecinaba, la única solución existencial válida era añadirle un poquito de ética y buenos sentimientos al nihilismo al que estaban condenados. “Siete escenarios para el fin del mundo y un final final” parece un descarte de La exhibición de atrocidades, de J. G. Ballard: el cinismo lúdico que despliega Bernardo es del mismo tipo que el que usa el maestro. “Leones” es una fábula que se diría arrancada de los fotogramas de Doce monos. “Ojos de lagarto” es, más que una fábula, un cuento, tal como nos lo contarían los reality shows de sábado por la noche. “La virgen ahogada conoce al monstruo de Frankenstein” ahonda en la dicotomía entre arquetipos del cuento clásico de terror y medios de comunicación social. “Las entrañas elásticas del conquistador” prefigura el universo referencial de su siguiente libro, Gel azul, la disyuntiva entre megacorporaciones (globalizadoras y uniformizadoras) y vestigios en retirada de la idiosincrasia autóctona. “La bestia ha muerto” tiene elementos ucrónicos y mucho efecto Connery. También hay cuentos de repertorio, pero Bernardo encuentra por primera vez una voz propia, que ya no abandona, y mejora hasta la brillantez en su primera novela, Tiempo de alacranes.
Inédita en España (no por mucho tiempo, por lo que me comenta Bernardo), Tiempo de alacranes (Joaquín Moritz, 2005) es una incursión en el género policíaco; como tal, el lenguaje de la calle es su punto fuerte. Escrita en jerga mexicana, narra las andanzas del Güero, un matón que se niega a cumplir un encargo (liquidar a un sicario) y se ve envuelto en el asalto al banco en el que pensaba devolver el anticipo que le había adelantado su jefe y la posterior huida por unas carreteras que parecen puro Barry Gifford. Sus acompañantes/secuestradores, Obrad y Lizzy, resultan conmovedores de puro pardillos. El Güero es el típico personaje maltratado por la vida que termina cayendo simpático. Y la novela es un prodigio de uso del lenguaje. Gana el Premio Nacional de Novela “Una vuelta de tuerca” y el Memorial Silverio Cañada a la mejor primera novela policíaca del año, que otorga la Semana Negra. Allí coincidimos de nuevo en julio del presente año, y volvemos a departir largo y tendido.
Poco después, aún en verano, recibo el encargo de prologar Gel azul, su primera publicación en el mercado español (Ed. Parnaso). Leo con deleite las novelas cortas “Gel azul” (un muy buen policíaco de futuro cercano en un abigarrado México D.F.) y “El estruendo del silencio” (un space opera que había sido finalista del UPC) y, con no menos deleite, me lanzo a escribir el prólogo prometido.

GLORIA EN LA INTERFASE DE LAS MARAVILLAS

El gel azul que da título a este libro no es otra cosa que la materia de la que están hechos los sueños virtuales, esa realidad alternativa que nos acecha desde hace tiempo, va ganándole terreno a la prisión corpórea en que nos hallamos sumidos y terminará por convertirse en nuestro refugio y liberación.
En torno a una tanqueta de gel azul pueden acaecer los sucesos más denigrantes o sublimes. La violación de una rica heredera, en una especie de feroz remedo del Hable con ella almodovariano que hubiese sido adaptado y recrudecido por David Cronenberg. El asesinato de la criatura resultante de esa violación. Una serie de macabras amputaciones de miembros, como si el espíritu del Limbo de Bernard Wolfe se hubiera adueñado de las decisiones que adoptan las todopoderosas megacorporaciones. La toma de conciencia y posterior rebelión de un ser biomecánico destinado a ser una mera herramienta.
El gel azul es muerte: resulta irrespirable para nuestros pulmones, es sólo un medio para que los intrépidos aventureros de la realidad virtual conserven intactos sus cuerpos mientras huyen del mundo intersubjetivo. Una huida que puede ser interior, como en el caso de la novela epónima, o exterior, como en “El estruendo del silencio”. Si respiras el gel azul, mal asunto; pero si no te refugias en él para huir de la violencia que terminará por matarte (si no lo ha hecho ya), mal asunto también. El gel puede ser un catalizador del dolor.
Porque Bernardo Fernández, Bef, no hace sino hablar del dolor y la muerte, en esta su primera obra publicada en España. En sus dos recopilaciones de relatos anteriores, ¡¡Bzzzzzt!! Ciudad Interfase (1998) y El llanto de los niños muertos (2004), nos trasladaba a parajes desolados de la Ciudad de México y alrededores. Imágenes a medio camino entre Doce monos, J. G. Ballard y el imaginario popular mexicano. Parques atestados de leones huidos del zoo, dragones raptores de doncellas que protestan por la cobertura mediática de su acción, monstruos enamorados, parejas que viven al límite en el peor momento para vivir al límite; para vivir, a secas. En los relatos de Bef (y ni “Gel azul” ni “El estruendo del silencio” son excepciones), los personajes están dotados de vínculos invisibles que no hacen sino acrecentar las implicaciones de sus actos. Cualquier acto tiene sus consecuencias, y en el universo literario del autor estas consecuencias generan mucho dolor en los personajes. En “Gel azul”, el detective Crajales necesita reencontrarse con el periodista Salgado para descubrir que sus pesquisas van más allá de lo que sus sentimientos y recuerdos pueden tolerar. En “El estruendo del silencio”, la relación de amor-odio no declarada entre dos máquinas, Ká y MaReL, esconde otra relación, mucho más cruel y dolorosa.
Pero Bernardo Fernández también nos habla de su sociedad viva. Como la gran mayoría de los autores de ciencia ficción adscritos al movimiento ciberpunk, Bef escribe literatura realista acerca del futuro que nos espera dentro de veinte minutos, ese que ya llegó hace tiempo pero a veces nos cuesta ver porque no estamos lo suficientemente entrenados para ello, sobre todo en determinados países, como Japón y México, en los que se desarrollan las acciones de estas dos novelas cortas. Al igual que ocurre con el realismo mágico, en lugares como México resulta difícil discernir fantasía y realidad, realismo y ciencia ficción. El charco formado en un oscuro callejón puede devolvernos el reflejo de un ganapán surgido de Los olvidados, de Luis Buñuel. El libro de relatos rabiosamente modernos (haber editado SUB es algo que marca) junto con el que se obsequia con una careta de Santo o cualquier otro luchador mexicano (tesitura en la que conocí al autor, durante la hispacón del año 2000 en Gijón). Con esta materia prima, Bernardo Fernández puede escribir, sin apenas cambiar de registro, la novela policíaca más desoladora (Tiempo de alacranes, galardonada con el premio Memorial Silverio Cañada a la mejor primera novela en la Semana Negra del 2006) y el relato posciberpunk definitivo en lengua castellana (“Gel azul”). El habla de los personajes de Bef es la misma en ambas obras: la de los mexicanos de la calle, los parias que vuelven a serlo después de haber intentado llevar una vida digna y los ricos muy ricos que dominan el país a su antojo. Es su punto fuerte, y lo que hace imprescindible este libro, cualquiera de sus libros. Leo a Bernardo Fernández y me encuentro con un fresco vivo de la sociedad mexicana actual, un muralista a lo Diego Rivera embutido en el mono de trabajo y pintando a un Cuauhtémoc moderno y mestizo (de mexicanos y japoneses), una serpiente emplumada con forma de alacrán robotizado, una Malinche mancillada en la cubeta de gel azul desde la que huye a mundos mejores en pos del sentido de la vida y un Hernán Cortés con andares de abogado de prestigio. Las pirámides ya no son templos religiosos, sino indicadores de ascenso social. Los sacrificios no se realizan con cuchillos de obsidiana, sino a golpe de pistola y talonario. Las naves que quema el Conquistador se embarcan en viajes de varias generaciones. Y el muralista, consciente de los tiempos que corren, prescinde de los colores clásicos y llena su paleta de tonos azul cobalto. Metal hurlant.
El futuro, el presente y el pasado.
Un baño en gel azul.
Y nos invita a sumergirnos.
Y resulta imposible no hacerlo.
Y cruzamos al otro lado del espejo.


Hemos vuelto a coincidir. Hace un par de semanas, en Barcelona. Bernardo venía a una boda familiar, acompañado por la igualmente encantadora Rebeca. Como siempre, hablamos sobre lo divino y lo humano, descubrimos afinidades comunes y sospechamos que podríamos entendernos en lo relativo a las afinidades no comunes. Me cuentan su proyecto de boda, para el año que viene, y sería una lástima no cruzar el Charco para asistir a ella: promete ser la bomba. Los dejo en la puerta de la Sagrada Familia, no sin antes darles indicaciones acerca de lo que deberían ver de Barcelona y Madrid. No podremos vernos en Dos Hermanas, pero seguro que su conferencia sobre la ciencia ficción mexicana resultará apasionante. Y Gel azul, todo un descubrimiento para los asistentes a la hispacón.

3 Comments:

Blogger Víctor Miguel Gallardo said...

:) Pues primicia para los lectores de PornografíaEmocional: el libro ya ha salido de imprenta. Ha quedado muy bonito... pero claro, yo soy el padrino y todos mis ahijados me parecen preciosos.

Te estamos muy agradecidos, Juanma, de corazón, máxime el poco tiempo con el que contaste (échale la culpa a la HispaCon... parece la excusa fácil, pero entre pitos y flautas se nos fueron olvidando ciertas cosas tales como las que nos intentan dar de comer, curioso). En todo caso, y sobre todo viniendo de ti, valoramos muy positivamente lo que dices del libro. A nosotros nos encanta. A mí, especialmente la novela corta que da título al libro, me dejó boquiabierto.

En fin, que ya me encargaré yo de que tengas cuanto antes un ejemplar firmado, que para eso nos reunimos aquí en Granada con Bef y Rebeca pasado mañana. El miércoles por la tarde mismo ya estará en el buzón, así que con un poco de suerte, aparte de nosotros y ellos, serás el primero en tenerlo en tus manos el mismo viernes, antes de que lo pongamos en el stand de Parnaso de la HispaCon.

No me enrrollo más: mil gracias por tu contribución al que, vaticino, será el primero de otros muchos libros de Bernardo publicados en España.

30 de octubre de 2006, 4:03  
Anonymous Manu o.e.g.c. said...

Juanma, prologuista de pro, ESCRIBE tu novela ya.

30 de octubre de 2006, 14:02  
Blogger Bef said...

Juanma,

Me vas a hacer llorar. Muchas gracias por tu generosidad, en el mundo real y el virtual.

Te mando un abrazo, recién llegado al DF. Rebeca te manda saludos también. Ya nos veremos pronto. Por ahora, un saludo y de nuevo gracias, eres una persona magnífica, algo muy escaso en esta planeta.

Un abrazo,

B.

9 de noviembre de 2006, 21:54  

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