viernes, 5 de mayo de 2006

Escenas de un casting (Tercera parte)

Marzo del 2005

No nos habla en castellano ni a hostias. Lluis y yo le enseñamos el piso y luego la habitación. Alto, fuertote y con perilla. Se llama Jordi, es de la provincia de Tarragona y está estudiando una ingeniería en la UPC; además, trabaja en atención al público en una oficina, en la Diagonal. La zona le viene muy bien, porque puede ir en bici al trabajo y a clase.
-Puc pujar la bici?
-Pues claro. Déjala donde quieras.
-I vosaltres qué feu?
-Pues yo trabajo en una editorial, Lluis estudia Sociología y nuestro otro compañero, que es mexicano, está haciendo un doctorado en la UPC.
Para mi sorpresa, dice el nombre de uno de los compañeros mexicanos de doctorado de Emmanuel.
-¿Lo conoces?
-És el meu cosí.
-¡No jodas que es tu primo! ¡Qué pequeño es el mundo!
La Humanidad se divide en primos del compañero de doctorado de Emmanuel y amigos suyos. A partes iguales, aproximadamente. Una rama de la familia emigró a México y la otra se quedó en la provincia de Tarragona. El amigo de Emmanuel siempre nos hablaba de sus primos los de la provincia de Tarragona. Y resulta que Jordi es uno de ellos. Qué gracia. Admitido, inmediatamente.

Mayo del 2005

Jordi es un puntazo. Nos reímos con él como no lo hacíamos desde que estaba Aleix. Majísimo. Aunque siempre está emporrado. Cuando se va a clase, puede llevar tres o cuatro porros encima, y se va a eso de las diez de la mañana. Está medio enamorado de Esther, una compañera de trabajo, pero no se decide a decírselo. Lo animamos.
Por las tardes llega del curro, agarra la bici y se va a hacer escalada.
Cuando llega, se pone a ver el programa de Buenafuente y se fuma un par de porros antes de irse a dormir.
-Saps que el Buenafuente també és de la provincia de Tarragona?
Qué pequeño es el mundo. Y Ariel Santamaría también es de esa comarca. Ariel Santamaría es un porrero de pro, que montó un partido cuyo programa electoral se resumía en «Plantemos hierba en los parques locales». Se encargó personalmente de empapelar la ciudad con carteles electorales. Estuvo a punto de salir elegido concejal. Seguro que, de haber sido elegido, a estas alturas la ciudad estaría hermanada con Jamaica. Qué estrechez de miras, la de los votantes.
En mayo y junio suele venir Amalia, la madre de Emmanuel. Siempre se trae a una hermana. En el 2004 le toca a Delia, la de Los Angeles. En el 2005, a Ofelia, la de Indianapolis.
Jordi está sentado frente a la tele. Sujeta una lata de Coca Cola.
-¿Te gusta la Coca? –le pregunta Ofelia.
Jordi pega un respingo.
-¡No señora! ¡Coca, no! ¡Sólo hachís! ¡Nada de coca!
Está clarísimo: somos pueblos hermanos separados por una lengua común.
A mediados de mayo nos dice que se irá de la casa en julio. Y lo dice así, como quien no quiere la cosa. Pagaba demasiado por la habitación. Es comprensible. Qué pena. Me lo he pasado muy bien con él.

Junio del 2005

Se me ha olvidado cómo se llamaba. Así pues, llamémosla Sigmunda Jung.
Sigmunda tiene unos treinta y tantos. Es barcelonesa, pero ha vivido varios años en Buenos Aires, donde ejercía la psicología clínica. Al separarse de su pareja, ha regresado a Barcelona.
Ve la casa, y su vista se posa inmediatamente en las humedades que hay en el salón. Aunque la fuga se reparó en cuanto llegamos a casa y luego pintamos, lo cierto es que la humedad se sigue notando. Cuando Ricardo y Adriana vivían en la casa no había problema, porque ese era el rincón donde estaba el terrario de Iguana y Tortuga. Pero al irse ellos, la humedad quedó al descubierto. Parece que tenemos una cara de Bélmez. O un test de Rorschach, que nos delata como jóvenes descuidados y mangoneables.
Apenas se detiene a ver la habitación. Ataca directamente:
-A ver. Yo no puedo pagar cuatrocientos euros. La habitación tampoco los merece. Y necesitáis un poco de limpieza. Mi oferta son trescientos. Tenedla en cuenta.
-Sigmunda, no sacamos ningún provecho económico con la habitación: la estamos alquilando a su precio. No podemos reducirte el alquiler a costa de pagar más por unas habitaciones la mitad de pequeñas que esa.
-Mi oferta es trescientos. Yo que vosotros no la rechazaría.
Y si la rechazamos, ¿qué nos harás? ¿Nos despertaremos con la cabeza de Freud chorreando en la cama?
-Tened en cuenta mi oferta –se despide Sigmunda.
-Joder, en Loquo cada vez nos los mandan peores -comento, cuando Sigmunda se ha ido y se nos pasa el ataque de risa.
-Lo que nos faltaba: una psicóloga en la casa –apostilla Lluis.
-Bueno, un poco de terapia no nos vendría mal, según y cómo.

Junio del 2005

Estoy en la oficina. Suena el móvil, por enésima vez en lo que va de día. Decir que me interrumpe el trabajo es casi un eufemismo, dado que llevo todo el día en modo teleoperador.
-Bueeenas, que llamo pa la habitacióoon.
-Pues la habitación tiene esto y aquello y tal y…
-Que no es pa míii, que es pa mi nooovio… Bueno, yostoy en Madriiizzz, pero iría más adelante. Es pa mi nooovio, que también es de Madriiiz, pero trabaja en el hojpital de Valdebróoon.
-Ah, pues de puta madre. La casa no está cerca, pero está bien comunicada. Tendría que ir en la línea 3 de metro hasta Les Corts, y va directo.
-Pero que nooo. Que él iría en coooche. Ejque dices unas cooosas…
-Dabuten. Entonces tendría que salir a la Ronda, y desde allí en coche tendría que hacer un tramo… qué te digo yo… como desde Méndez Álvaro hasta el puente de Ventas, si vas en la M30…
-¡Aaanda, míalooo! ¡Pero si conocej Madriiizzz!
-Soy de Madrid.
Cuando digo «Madrid» delante de un madrileño o un catalán procuro decirlo con la de bien marcada, lo más neutro posible, para evitar las coñitas del tipo «Mira, cómo dice Madrit: ya te han abducido los polakos» o «Ya salió el fascistilla español: cuatro años en Barcelona y todavía dice Madrizzz». Yo ya me entiendo.
-¡Aaanda, un paisaaano!
Esto promete. Qué bien nos lo vamos a pasar.
-Cuéntame algo del piiiso.
-Pues tiene cuatro dormitorios, uno de ellos de matrimonio, que es el que vosotros ocuparíais. La cocina tiene nevera, lavadora y cocina; tendríais los mismos derechos y deberes que todos los demás. Hay televisión, red inalámbrica de Internet…
-¿Interneeez? ¿Y pa qué quiero yo Interneeez?
-Bueno, yo trabajo en una editorial y hay dos estudiantes y necesitan conex…
-¿Interneeez? Pero en habiendo una cama ya nos baaasta… Tú… tú… Se nota que no tienes nooovia, ¿verdazzz?
-Bueno, yo te cuento lo que hay. –A mi lado, el doctor House exudaría buen rollo por los cuatro costados-. Dale mi número de móvil a tu novio, y que me llame para concretar detalles y que venga a ver la habitación cuando le venga bien.
Por supuesto, nunca más se supo. El caso es que hubieran dado bastante juego.

Junio del 2005

Andrés saca la cinta y se pone a tomar medidas de la habitación.
Esta es nueva.
«¿Cómo hemos podido llegar a esto?», me pregunto.
Es el segundo día que viene a ver la habitación. El primero la estuvo viendo, escrutador, silencioso, y manifestó que estaba interesado.
Vuelve a llamar, y está más locuaz. Va a venirse a vivir con la Eli, su novia. Él es informático; ella, periodista. Hoy han venido los dos, para terminar de asegurarse de que el piso les interesa. Ella está pendiente de que la operen; por eso no vino el primer día.
El plan de actuación está bastante claro: Emmanuel se ocupa de Andrés y yo de Eli. Andrés es bastante reservado, y a Eli se la ve más extrovertida. Emmanuel y Andrés hablan de informática y yo le enseño mi revista a Eli. Resulta que trabaja en El Periódico de Catalunya. Cree que conoce a Cristina, nuestra compañera del taller de Jorge, aunque reconoce que Mireia no le suena. También conoce a Ricard Ruiz, pero de pasada. Hace la sección de tiendas de El Periódico, y resulta que uno de sus primeros trabajos fue sobre Gigamesh, pero no pudo sacar fotos porque el día que mandaron al fotógrafo coincidió con la inundación de la librería, y aquel día no estábamos para tonterías: la zona de rol parecía Venecia con aqua alta, y tampoco se trataba de asustar a los lectores.
Vuelven a la habitación y los dejamos solos, hablando, como hacemos cuando viene alguien que realmente nos interesa; si no, hacemos la típica visita panorámica, y arreando.
Una cinta métrica. Bueno, tampoco es tan mala idea.
Hablan un rato.
Les interesa.
Nos alegramos.
-Pero una cosa –interrumpe Andrés cuando ya estamos a punto de darles el número de cuenta corriente-. ¿Tenemos que firmar algún contrato?
Meeec. ¿Por qué me pregunta eso? El otro día no hizo ninguna pregunta. Todo le parecía genial. ¿Por qué tiene que empezar a hacer preguntas comprometidas justo cuando estamos cerrando un trato?
-Bueeeno. No entraríais en el contrato, porque tendríamos que firmar un nuevo contrato y entonces nos subirían el alquiler, pero podemos ver la manera de solucionarlo, por supuesto.
-Es que a lo mejor nos interesa figurar en el contrato, para desgravarnos en la declaración de la renta.
-Mira, pues igual a mí también me interesa hacerlo. La verdad es que debería hacerlo.
Se van a ir. Siguen interesados en la habitación. Ya nos dirán algo, porque ahora lo prioritario es la operación de Eli, pero en principio les interesa.
-Otra cosa…
Ya verás tú.
-Sí, dime.
-El terrado… ¿Se puede usar el terrado?
-Ah, pues ni idea. Nunca lo hemos preguntado. Pero hay tendedero en el patio, y en la terraza tenemos un tendedero portátil. Por eso no os preocupéis.
-No, pero si es por dejar la bici y por salir a tomar el sol.
-Bueno, pues preguntaré.
Días después, le preguntamos a la portera y nos dice que en principio se puede usar el terrado, pero que nuestro casero era un trasto cuando era crío y a lo mejor al presidente de esta nuestra comunidad (a quien daré en llamar Joan Costa) no le hace mucha gracia la idea.
Al final, Andrés y Eli se quedan la habitación. Es jueves y estoy cenando con Lily en casa de Rita. Andrés me llama y no puedo ocultar mi satisfacción. A Eli la operan el día siguiente y no puede entrar en la casa de momento, pero les interesa.
Sólo un mes y medio después, se compran un piso y anuncian que se van en octubre. Me jode un montón: son los mejores compañeros de piso que uno puede desear. Él, socarrón y con un sentido del humor muy interesante y macabro, director de películas en Súper 8 y fanático de Joaquín Sabina; ella, encantadora, simpática, con grandes dotes interpretativas (es actriz de teatro; de hecho, conoció a Andrés en una gira que hizo su compañía en Rusia), una voz acojonante y una conversación prácticamente ilimitada. Al igual que me sucede con Rita, no pienso en ella como si fuera mi hermanita: realmente es mi hermanita.
Aún no se han ido, porque siempre tienen retrasos con los albañiles. Primero se iban a ir en octubre; luego, en diciembre, pero Emmanuel les pidió que retrasaran su salida, porque en diciembre y enero él suele estar en México. A la vuelta de Navidades fijaron el mes de abril como fecha definitiva, pero nuevamente se truncó debido a los retrasos en la obra de la casa que se han comprado. El día que regresaba de devolverle la fianza a Lluis me dijeron que se iban en mayo, pero otra vez se ha cruzado el albañil en sus planes. Ahora parece que se van en julio. Al final estarán un año, tal vez un poco más. Lo suficiente para ser los inquilinos más longevos de la «habitación del pánico», a la que habría que empezar a pensar en cambiarle el nombre, porque hace ya muchos meses que no es motivo de pánico. Todo lo contrario.

Marzo del 2006

Lluis se va, por una serie de motivos que van desde el frío que pasamos en invierno por culpa de la caldera hasta la masificación de la casa: somos cinco, y entiendo que le cortemos el rollo cuando viene con Montse, porque no disponen de toda la intimidad que quisieran.
Paso unos días muy malos, que culminan un jueves a mediodía, cuando me largo de la oficina pegando un portazo. Tardo varios días en serenarme.
Pero el espectáculo debe continuar. Volvemos a enseñar la habitación. Y cuando digo «Volvemos» es porque esta vez no me encargo yo en exclusiva. Y porque un día se me va la olla y dejo plantado a un visitante con quien tenía concertada cita; menos mal que había alguien en casa para enseñársela.
Como ya ni siquiera me molesto en registrar los nombres de los candidatos, supongamos que esta se llama Mirta. Es argentina, bajita y se le adivina un carácter de padre y señor mío. Estudia y trabaja. Debe de haber salido ahora mismo del trabajo, porque viene elegantísima, con camisa, falda, medias, zapatos y chaqueta negras.
Protagonizamos una Conversación Estándar.
-Vale, pues la habitación es así y asá. La cama se va, porque Lluis se la lleva, pero si quieres, compramos una. Con cargo a la casa. No tendrías que pagar nada; por eso no te preocupes.
-Y la fianza, ¿cuántos meses son?
-Dos.
-Es mucho, ¿no?
Todos. O sea, todos me salen con las mismas. Esto es nuevo: nunca antes había habido quejas con la fianza. Y en este casting llevamos tres de ocho... Bueno, tres de tres, porque los otros cuatro ni han aparecido a la hora concertada, ni se han molestado en avisar de que no venían. Porque esa es otra: nunca habíamos tenido tanto absentismo en un casting. A lo mejor soy yo, que no transmito ninguna confianza por teléfono: estoy cansado, muy cansado, y muy desmotivado. Y a lo mejor eso se nota.
-No lo sé. El problema es que cuando entramos en la casa tuvimos que pagar dos meses de fianza, y eso es lo que le tenemos que devolver a Lluis. Si por mí fuera te cobraría sólo un mes de fianza, pero tenemos que devolverle dos meses a Lluis…
«Y lo que no puede ser es que, ya que no hacemos negocio a tu costa, encima tengamos que poner de nuestros bolsillos», es el significado implícito de los puntos suspensivos.
-¿Y por qué se va Lluis?
Todos. Y esto también es nuevo: todos los que han venido preguntan lo mismo. Y es la primera vez que nos encontramos con esta pregunta.
-Somos muchos en la casa. Se echó novia y quería más intimidad.
Para qué mentir. Y para qué contar toda la verdad.
«Es que tenemos un casero yonqui y las zorras de la agencia llevan dos años jugándose una denuncia a la Oficina de Mobbing Inmobiliario.»
-Todavía tengo que visitar unas cuantas habitaciones, así que en dos o tres días te digo algo.
-De acuerdo. Como todavía tenemos que enseñar la habitación, tienes toda esta semana de margen.
Lo correcto hubiera sido acortar los plazos que ella me ha dado, pero es que no me apetece regatear. La triste realidad es que salimos a casi dos plantones por visita, y aún no hemos visto a nadie que merezca la pena.
La acompaño a la entrada. Por romper el hielo, le pregunto.
-¿Y qué eres, de River?
-De Boca.
«Lo mismito que tú. Yo soy de Boca y tú eres un Bocas. ¿Te haría gracia si te pregunto si eres del Real Madrid?», parece querer decir con su tono cortante.
Andrés ha entrado en la casa mientras le enseñaba la habitación a Mirta. Está en la cocina. Los presento.
-Este es Andrés… Esta es Mirna…
-Mirta –replica, con tono más cortante aún. Como me pondría yo si me llamaran José Manuel. Lo mismito.
Ni me molesto en acompañarla. Para qué.
A lo mejor el problema soy yo.

Marzo del 2006

Sólo le falta gritar «¿Qué passsa, neeeng?» Es un crío. Look de quillo. Tiene las orejas y las cejas llenas de perforaciones, y el rostro aún es un hervidero de granos. Como se haya escapado de casa, la liamos. Lo que nos faltaba.
-¿Y tú qué haces? ¿Estudias o trabajas? –le pregunto, ya en el ascensor.
-Estoy estudiando para mosso d’esquadra. Ahora empiezo las prácticas.
No parece mala opción. Por lo menos vamos a estar protegidos. Y nos podrá denunciar él mismo si montamos una fiesta salvaje.
El piercing de oro va brillando por toda la habitación.
Sólo podría estar hasta julio o agosto, que es cuando terminará la academia.
-Una pregunta... ¿Por qué se va vuestro compañero?
¿Pero qué coño les pasa esta vez? ¿Me he perdido algo durante los ocho meses que llevo sin enseñar la habitación?
Le suelto el rollo típico de la Conversación Estándar.
-Y lo de los dos meses de fianza... ¿no es mucho?
Me empieza a parecer que el problema no soy yo.
No me pone muchas pegas cuando le comento que Lluís se lleva la cama y que si quiere le compramos una.
La Conversación Estándar continúa por sus derroteros habituales.
-Vale. Pues te digo algo antes del fin de semana. Todavía tengo que ver un par de habitaciones esta tarde.
-De acuerdo. Todavía tienes un par de días de margen.
Y el piercing de oro le vuelve a brillar.
En cuanto se va le escribo un sms a Yolanda. Esto es muy chungo: un aprendiz de mosso. Más o menos, el nicho ecológico que nos quedaba por meter en la casa. Bueno, no del todo: Ricardo había sido paracaidista, así que tenemos precedentes de cuerpos armados en la casa. Pero un mosso con piercings de oro... El concepto es nuevo.
Recibo un sms de Yolanda, como réplica al mío:

¡Ese! ¡Ese! Seguro que tiene la mejor droga. :-)

El caso es que no le falta razón: mi hermano Pablo estuvo viviendo un año con un policía municipal que se subía a casa con el hachís que incautaba en la calle y se lo fumaba con sus compañeros guindillas.
Pasan los días y no da señales de vida. Ni me acuerdo de cómo se llamaba. Xavi, Jordi o algo así.

Marzo del 2006

Del nombre de esta sí me acuerdo, pero digamos que prefiero mantenerlo en secreto. Llamémosla Irma la Douce. Es francesa. A ver si nos sale mejor que la otra francesa, Amélie Poulain, la que nos dejó plantados a las ocho de la mañana.
Me escribe un email para concertar visita. Hasta aquí, todo bien.
Cuando ya estoy en casa, me escribe otro email para decirme que no puede venir, porque ha tenido que acompañar a una amiga a Urgencias del Clínico.
No pasa nada. Es fuerza mayor. Le deseo a su amiga que mejore.
Me da su número de móvil.
La llamo. No me responde.
Me llama. Me pilla en mal momento, pero concertamos otra visita.
Viene a ver la habitación.
Es menudita y redondita, aunque también puede ser porque lleva varias capas de ropa. Se va a descojonar, como tengamos otro invierno como el último.
-Me iría a finales julio. Es cuando acabo el curso.
No me viene nada bien que se vaya a finales de julio, porque voy a estar fuera casi todo el mes, y Emmanuel también, y no sé si Andrés y Eli, y paso de dejarle la casa a unos desconocidos y ponerme de castings en cuanto llegue de vacaciones. Si ya vamos achuchados cuando tenemos un mes entero para enseñar la habitación, con diez días, y encima en verano, esto va a ser la locura. Mis preferencias están claras: chica (son más responsables, y de camino suavizan el ambiente), trabajadora (estoy hasta las mismas narices del rollito estudiante: quiero tranquilidad en mi casa) y de larga duración (un año como mínimo, o hasta que se nos termine el contrato y tengamos que buscarnos la vida cada uno por su cuenta). Uno de tres.
-Bueno, vale. No hay problema. ¿Eres Erasmus?
-Sí.
-¿Qué estudias?
-Filología Hispánica.
Le suelto el rollo de Conversación Estándar. No tiene el menor inconveniente en que le compremos una cama.
-Una cosa... ¿Por qué se fue el chico que estaba en la habitación?
En ocasiones tengo déjàvus.
Tiene una voz tierna, y una mirada de gatito desamparado. La veo y parece que estoy ante el Gato con Botas de Shrek 2.
-¿No podéis rebajarme la fianza? Es que dos meses...
No, explicación descartada. No es que tenga déjàvus: es que hay un error en Matrix. Tiene que ser eso.
-No, porque... –y aquí continúo con la Conversación Estándar.
-¿De verdad que no podéis?
Está utilizando La Voz. Tengo que mirarle las uñas, a ver dónde tiene el gom jabbar.
-No. Lo siento.
-Otra cosa... ¿Puedo traer amigos a dormir?
-Ah, pues claro. A la habitación o al sofá del salón. Claro que sí. ¿Por qué no?
-Es que en otras habitaciones no permiten.
-No me lo puedo creer. Lo que haga cada uno es cosas suya.
Aquí nos apartamos de la Conversación Estándar. Qué original.
-Vale, pues la habitación me interesa. Todavía tengo que mirar algunas habitaciones, pero te digo algo mañana por la noche.
-Muy bien.
No es la mejor opción, pero por lo menos quiere quedarse.
Pasa el día siguiente y el otro, y no tengo noticias de Irma la Douce. Y seguimos registrando un récord de incomparecencias. Empiezo a desentenderme del asunto.
Estoy en el trabajo y recibo un sms.
Es Irma, que se queda con la habitación.
Por sms. Qué huevos. Ovarios, quiero decir.
La llamo. No me contesta. Estará en clase.
Por sms.
Pasa un par de días y sigo sin saber nada de ella. Continúo enseñando la habitación, cuando se presenta alguien.
Una argentina a la que no le viene bien, porque el trabajo está lejos de casa, aunque bien comunicado. Es muy buena opción: estudia y trabaja (o sea, va a estar poco tiempo en casa), se quedaría indefinidamente y es chica. Ya es una putada: podría llamar a Irma y decirle que, mientras no daba señales de vida, nos hemos decidido por otra persona. Pero, finalmente, me escribe un email para decirme que ha alquilado otra habitación. El factor decisivo han sido los dos meses de fianza. Una pena.
Una mexicana preciosa; pero preciosa, preciosa. Apenas puedo mirarla a los ojos mientras le enseño la habitación. Y muy cordial. Hasta que sale a colación el asunto de la fianza y me pregunta (¿lo adivináis?) por qué se va Lluis. Respiro tranquilo cuando se va; más que nada, por Emmanuel: Wendy lo mata si le cuenta que va a entrar una mexicana preciosa en la casa.
Llamo a Irma, a meterle un poco de prisas. Me estoy poniendo histérico.
Está en el autobús. No puede hablar. Me llama más tarde.
Me acuesto cerca de la una de la madrugada. Ni rastro de Irma.
Por la mañana, me encuentro un email de Irma, escrito a las dos de la madrugada. Que perdone, pero los martes y los jueves son días malísimos. A ver si podemos ir comprando la cama. Quiere empezar a traer cosas a casa. Y lo mejor de todo: que va a entrar a mediados de abril, por lo que quiere saber si tiene que pagar todo el mes, o sólo dos semanas.
Le respondo, con mi mejor talante, que Lluis se va el primero de abril y que necesita la fianza, para poder pagar la de la habitación a la que entra. Que no nos había dicho nada de entrar a mediados de mes, en todo momento dio la impresión de que quería entrar sobre la marcha, y si va a dejar cosas ya a finales de marzo, lo lógico es que pague todo el mes, independientemente de cuándo entre en la casa.
La réplica es para enmarcarla. Que le dé un número de teléfono fijo, porque está sin saldo y no puede llamarme. Así hablamos de la cama, las llaves y la fianza. Ah, y que la perdone por no haber aclarado que entraba a mediados de mes.
Lluis ya ha encontrado habitación; de hecho, la encontró al primer intento, a primerísimos del mes de marzo. Ya se lo ha llevado todo, excepto la cama. Estamos a martes, y el viernes 31 de marzo se lleva la cama y tenemos que devolverle la fianza.
Irma me llama al teléfono fijo.
Que hay un problema: me puede ingresarnos la fianza, pero no la mensualidad, porque en la casa en la que está viviendo suele pagar a finales de mes y ahora mismo está sin un euro. Le digo que tenemos que pagar a primerísimos de mes, que nuestros caseros son unos bordes y además no vamos a poner de nuestros bolsillos todos los meses.
-Pero tienes que entenderlo, Juanma.
El Gato con Botas, mirando con ojos de animalillo desprotegido. La Voz. Está utilizando la Voz.
-Ya, pero entiéndeme tú a mí, Irma.
-Pero si te entiendo. Lo único que te pido es que comprendas la situación en la que estoy.
Estoy cediendo. Pero me controlo.
-La comprendo. Pero comprende tú la nuestra.
-Que sí. Pero es que ahora no puedo pagarte el mes de abril.
-Pero es que tenemos que pagarlo el viernes como muy tarde. Y la fianza de Lluis.
-Pero es que acabo de pagar en la otra casa.
-Lo siento mucho, Irma. Para mí esto es muy duro, pero no puedo pagar de mi bolsillo. Y tenemos que pagar ya.
-Pero entiéndelo, Juanma. No tengo dinero.
-Si te entiendo, Irma. Pero es que primero me dices que entras a mediados de mes, ahora me dices esto... No puedo hacer nada.
Pausa. Larga.
-Está visto que no nos entendemos, y que no vamos a cambiar de opinión. No nos vamos a poner de acuerdo.
-Lo siento mucho, Irma, pero es así.
-Bueno, pues nada. Lo he intentado.
«Y has estado cerquiiita, muuuy cerquita.»
Estamos a martes, tengo tres días de margen y hay que volver a empezar a enseñar la habitación. Qué cojonudo.
Al final, la solución llega como un deus ex machina, por adjudicación directa y sin pasar por el casting. La elegida es Bere, la amiga mexicana de Emmanuel, que ya había estado viviendo en la casa con su ex novio Rodrigo (compañero de Emmanuel en la Universidad de Guadalajara) cuando Ricardo y Adriana se fueron de luna de miel. Ya había llamado a Emmanuel interesándose por la habitación, pero se pasó todo el mes de marzo sin dar señales de vida. A última hora aparece, interesada de nuevo. Y le decimos que la habitación sigue libre. Se va a quedar hasta finales de julio, pero es una buena opción: ya la conocemos, es responsable y agradable, hay buen rollo y Emmanuel responde por ella. Así que nada: salvados por la campana.
Pero qué casting más chungo, joder.
De modo que termino la semana de muy buen rollo. El viernes quedo en el Arran (ahora, Terra d’escudella) para devolverle la fianza a Lluis. Como ya tenemos resuelto el asunto de la habitación, se me ha quitado toda la tensión de encima. Lluis es encantador y me lo paso bien. Hacemos un alto en la conversación vertiginosa para hacer cuentas (facilísimo: los dos meses de fianza, tal cual: no hay que descontarle nada) y continuamos bebiendo y hablando. Llega Montse, y seguimos hablando. Nos despedimos dispuestos a seguir viéndonos. Por mi parte, desde luego que sí. Por la de ellos, también.
Subo a casa, tranquilo por primera vez en tres meses. Vaya invierno de mierda, entre la caldera, el ordenador del trabajo, las pedorras de la inmobiliaria, los caseros y los castings. Ahora, un vasito de leche caliente con galletas y a dormir. A veces es el mejor plan para un viernes por la noche.
En cuanto llego a casa aparecen Andrés y Eli. Estoy en la cocina. Andrés se me acerca. Eli queda en un segundo plano, más callada que de costumbre.
-Juanma, te quería decir una cosa... Que creo que nos vamos a lanzar a la piscina: nos vamos en mayo.
Mientras improviso una respuesta coherente (que hacen muy bien, porque no tiene el menor sentido llevar cerca de un año simultaneando un alquiler y una hipoteca), me da por pensar que, aunque esto no lo he vivido, tengo un déjàvu muy claro; en concreto, de los quince minutos finales de El cabo del miedo. Cuando crees que todo vuelve a la normalidad te llevas un nuevo susto. Supongo que la vida es esto. Pero coño, que por lo menos me dejen respirar algo más de quince minutos. Bueno, veinte. Ese ha sido todo el periodo de tranquilidad que he tenido: veinte minutos.

(Fin... por el momento.)

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18 Comments:

Anonymous Haakon said...

Llevo siguiendo tus aventuras con los castings (nada que ver con los de Indonesian Idol), y no sé si reirme, compadecerte, o enviar a una legión de mis mejores Sardaukar a acabar con todos ellos. En cualquier caso, tienes el cielo ganado. Un cásting más y un par de partidos en el Calderón, y vas de lleno a la beatificación (rima, y juega feliz...).

Bueno, me voy a comer al hospital (otra experiencia digna de ser narrada, con los flamenquines vivientes y los temibles gatvaires, de dudosa apariencia).

Saludos!

Haakon

5 de mayo de 2006, 14:04  
Blogger Juanma said...

La opción de los sardaukar me parece legítima. Todos deberíamos exigir una legión de sardaukars para salvaguardar nuestros contratos de arrendamiento de inmuebles. ;-P
Ánimo con el hospital.
Abrazoteeeees.

5 de mayo de 2006, 14:20  
Anonymous Dalla said...

Juanma, retiro lo dicho, estos ni en una convención de Star Trek...Opino igual que Haakon: ya tienes tu parcelita en el cielo asegurada. Ahora sólo hace falta que aaaaaaaames a Laura, digo... a Cristina, y vamos, te conviertes en el próximo San Pedro, al laíto de Dios (¿existe un San Juan Manuel?).

Besitos

5 de mayo de 2006, 16:51  
Blogger Juanma said...

Pos claro que sí: San Juan Manuel Bueno, mártir, el patrón de los inquilinos.
XDDDD
(Lo que me faltaba por ver: humor intelectual para unamunianos. Si ejque los viernes por la tarde son mu malos.)
Claro que amo a Cristina. Y no hemos ejperado hasta el matrimonio. ;-p
Besooooooooooooooooos.
:-*********

5 de mayo de 2006, 17:49  
Blogger Álex Vidal said...

Bueno, creo que ya te lo han dicho unas cuantas veces: menos blog y más novela :) Eso sí, dejarías a unos cuantos ciberlectores sin su ración de bitácora de qualité.

Supongo que lo que voy a decir lo has hecho a propósito, a tenor de la cantidad de referencias a Dune, Amélie y otras películas:

Y en este casting llevamos tres de ocho... Bueno, tres de tres, porque los otros cuatro ni han aparecido a la hora concertada, (...)

El que falta, ¿era un replicante? :D

5 de mayo de 2006, 19:07  
Blogger Juanma said...

Pues deben de ser replicantes, porque si no, no se explica... A alguno lo hubiera retirado, sí. :-)
A ver si en breve solucionamos eso de la novela... ;-P
Abrazotes y buen findeeeee.

5 de mayo de 2006, 19:20  
Blogger Kotinussa said...

Cuánto sufrimiento para una sola vida...

5 de mayo de 2006, 20:55  
Blogger Kotinussa said...

Perdón, he acabado el comentario sin querer y ni me he despedido ni nada.

Vuestras aventuras inmobiliarias realmente parecen una película de miedo. No tenía ni idea de que fuera un tema tan complicado.

Besos y hasta pronto.

5 de mayo de 2006, 20:58  
Blogger Rox said...

orales! pues con que no te salga una ulcera, gastritis o similares es ganancia.

Saluditos :)

8 de mayo de 2006, 8:44  
Anonymous Anónima de las 9:59 o de los jelly bellies said...

Oye, según lo leía pensaba lo mismo que Alex: Es una entrada de las que puede ir casi directa a la novela.

Además, mira tú por dónde, en el futuro hará un retrato de la sociedad actual que ya quisieran muchos literatos saber hacer. (Yo, por ejemplo) :P

8 de mayo de 2006, 9:13  
Blogger Juanma said...

Rox: Es que cuando uno entra a compartir vivienda, la renta debería incluir gastos en ansiolíticos, antidepresivos y antiulcerosos. :-)
Porque tú también tuviste lo tuyo en Madrid... Es lo que digo: no echo de menos no haber hecho el servicio militar: ya comparto piso.
:-)
Besoooos. :-****

8 de mayo de 2006, 9:57  
Blogger Juanma said...

Anónima de los jellibellys: Lo que pasa es que me leéis con buenos ojos.
:-)))
Pues a lo tonto, a lo tonto, he hecho recuento de palabras y los tres posts sobre el casting ocuparían unas cuarenta páginas de un libro de Gigamesh... Vamos, que hay base para una novela.
Besoooos. :-***^***

8 de mayo de 2006, 9:59  
Blogger Álex Vidal said...

Pues ya sabes: a ponerte con ella.

(Ah, por cierto, entre tú y yo: nuestro malvadojefe me dijo el otro día que se lee casi a diario tú blog y el mío. Es lo que tiene el volver al Matrix. Así que ojito con lo que decimos... :D)

8 de mayo de 2006, 13:41  
Blogger Juanma said...

El Gran Jefe nos vigila... Mola... Suena... no sé... orwelliano.
:-D

8 de mayo de 2006, 13:50  
Blogger Batz said...

Que pesadilla el casting...
He compartido piso solo en dos ocasiones, y ha ido bastante bien.. igual nunca he estado del lado del responsable de conseguir quien ocupe habitacion...
Animo, que no tengas que hacerlo de nuevo.. si te vuelve a tocar, piensa que seguramente tienes muchos lugares en el mundo donde tendras algun conocido al cual pedirle unos dias de asilo en vacaciones =)

8 de mayo de 2006, 17:29  
Blogger Juanma said...

Batz: Sí, a veces dan ganas de pedir asilo político. :-/
A veces me dejo llevar y cuento los aspectos más negativos, pero vivir en un piso compartido tiene más pros que contras y en general es una experiencia interesante. Incluso los castings. Aprendes mucho acerca de la especie humana.
:-)
Besos. :-***

8 de mayo de 2006, 17:57  
Anonymous Manu o el terrorista catódico said...

Juaaanma, que ya te lo he dicho muchas veces, no se puede ser tan buena persona como tú. Que te ven con el lirio en la mano y se aprovechan de tu buena fe.

Vamos, repite conmigo, voz profundo, gesto de mala ostia (piensa en la cantidad de veces que está saliendo el Barça por la tele celebrando la Champions, jejeje), "estás nominado para abandonar la casa", "estás nominado...

19 de mayo de 2006, 12:58  
Blogger Juanma said...

Va a ser eso. ;-)
Pero lo que dices tiene sentido: así podremos sentar las bases de un nuevo concurso televisivo, El Gran Inquilino, y de camino nos sacamos un pastón. :-D
Abrazotes.

19 de mayo de 2006, 13:08  

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