viernes, 30 de marzo de 2007

Escenas de un cásting VII

Agosto del 2006

Como ahora tengo tooodo el tiempo del mundo, no me importa tanto enseñar las habitaciones.
Quedo con Katarína para la devolución de la fianza, aunque aún no ha entrado Jonathan (nombre figurado). Jonathan (nombre figurado) se merece una actualización aparte, así que no incidiré mucho en el tema.
Espero a Katarína en la puerta de la casa de su hermana, en el Paralelo. Llego un poco tarde, porque llevo una mañana de locos: vengo de arreglar los papeles del paro. No voy con el mejor talante para liquidar un negocio, porque soy capaz de negarme a devolverle el importe de la fianza si por algún motivo no me quiere firmar un papelito como el que tuve que hacerle.
Nos tomamos un cafelito en la puerta del Bagdad. Raquel Meller arroja violetas metálicas, mientras añora un poco de actividad en El Molino y se pregunta qué le han hecho a su Paralelo.
Katarína no se ha ido por lo que yo pensaba. No hablamos de su pareja, sino de su cuñado; o, mejor dicho, de su ex cuñado. No entra en detalles, pero supongo que la movida que tuvo con él debió de ser muy desagradable. Ahora que su hermana lo ha echado de la casa, Katarína puede regresar.
Saco el dinero y un folio. Escribo otro recibito, tan irregular e ilegal como el que le había expedido justo un mes antes. De muy buen rollo. Está mucho más relajada que cuando entró en la habitación. De verdad que tiene que haberle cambiado la vida.


Jennifer se va a ir de la casa. Creo que no hemos conversado ni una sola vez. Su novio no habla ni media palabra de castellano, y ella no parece muy locuaz.
Tampoco es que me apetezca mucho hablar con alguien que entra en la casa y a los cuatro días dice que se larga.
El mes de agosto transcurre de la peor manera: no conseguimos alquilar la habitación. Es la primera vez que nos quedamos todo un mes sin alquilar. Y el desfile de friquis se sucede. Llego a perder la cuenta de quién ha venido o dejado de venir. Los rostros se me olvidan, y los nombres. Ninguno deja huella: vienen como de paso (cuando se molestan en venir), miran la habitación y se van.
Igual soy yo, que no trasmito.


El mes avanza, Jennifer se ha ido y seguimos sin encontrar compañero de piso.
Vuelta al minué.


Este tiene un acento extranjero que no puede con él. Ya ni recuerdo cómo se llama. Me pregunta cómo se va a la casa: está conectado desde un cibercafé de la Rambla de Brasil. Como no terminamos de entendernos, decido salirle al encuentro.
Después de estar diez minutos dando vueltas como tonto, desde la Avenida de Madrid hasta la Carretera de Sants, y de llamarnos como dos o tres veces para identificarnos, veo a alguien que podría ser él. Es él.
Es alto, rubio y lleva una bicicleta plegable.
Mientras vamos a casa, le pregunto de dónde es.
-Soy surafricano.
-Anda, de eso no hemos tenido todavía.
Me ha faltado preguntarle: “¿Y el apartheid, qué tal? ¿A cuántos zulúes está matando ahora mismo tu papá bóer?”
Viene a hacer un curso, y tiene la opción de que lo terminen contratando. Podría estar en casa hasta finales de año, más o menos.
Ve la habitación, me confiesa que es lo mejor que ha visto hasta ahora, le aseguro que podrá dejar la bicicleta en el pasillo, que no habrá ningún problema, y, cuando parece que todo está atado y bien atado, extrae una agenda de la mochila, empieza a garabatear unas cuantas anotaciones y me pregunta por una calle bastante cercana, en Collblanc. Tiene que ver otra habitación. Le doy indicaciones relativamente precisas, y me dice que me llamará.
Lo hace, un par de horas después. Para comunicarme que se queda con la otra habitación.
Pues hala, con Dios. Dale recuerdos a Orzowei.
Aunque, por lo menos, este ha llamado para decir que pasaba de nosotros.


Una parejita de gafapastas. Arquitectos ambos. Como el contacto lo hizo Emmanuel, le toca enseñar la habitación. Wendy ya está en casa, pero los del consulado de España en Guadalajara (Jalisco, México) son tan simpáticos que no le han tenido el visado a tiempo, motivo por el que tiene que regresar dentro de unos días, a recogerlo. Mil y pico euros, le va a costar la broma.
Los arquitectos gafapastas encuentran pequeña la habitación, porque necesitan una mesa de trabajo y mucha luz.
-¿Podemos ponerla aquí?
Se refieren al salón. Junto a la cristalera que da acceso a la terraza.
Nos quedamos muy sorprendidos, pero Emmanuel les da vagas promesas de que se podría hablar con el resto de los compañeros.
A partir de ese momento, y por algún extraño motivo, la visita se acelera.
Estos ni siquiera llaman para confirmar que la habitación no les interesa.
Mi reflexión del día es: Si la habitación está anunciada como individual y lo que quieres es una doble, ¿para qué coño vienes a hacerme perder el tiempo, joder?


De esta no recuerdo el nombre ni la nacionalidad; puede que argentina. Lo que se me queda grabado a fuego es el gesto. Ha visto la habitación, le he enseñado el resto de la casa, incluso hemos estado marujeando un poco, en plan relajado, lo cual da muchos puntos: ya se ha generado el clima de confianza.
Lo que me impresiona no es que extraiga el listado de ofertas de la web (todos lo hacen, a estas alturas), ni que acto seguido saque la agenda (la costumbre está implantándose, convertida ya en moda). No. Lo que me flipa de esta chica es que saca una hoja que contiene una tabla, un remedo manual de una hoja de Excel, y empieza a calificar los aspectos más destacables de la casa y de la habitación. No me lo puedo creer.
El final de la visita ya no es tan cálido. Igual soy yo, que no transmito, o me estoy quedando demasiado anticuado para enseñar habitaciones.
Por otro lado, no parece mala idea. Igual empiezo a llevar hojas de Excel para calificar a los aspirantes. Cuando acabe el cásting, sacaré la media aritmética, y el que obtenga la nota más elevada se quedará con la habitación. Los siguientes podrían entrar en la lista de interinos.
Una lista de espera para entrar de realquilado en una habitación. Qué idea más grandiosa. Mejor que la de montar un quilombo de camas calientes. Dónde va a parar.


Jonathan (nombre figurado) nos está saliendo más chungo de lo que yo creía, y voy a terminar por darle la razón a Cristina: fue una mala idea dejarlo entrar en la casa.
Cinta no tiene por qué saberlo. Parece bastante legal. Y, por suerte, Jonathan (nombre figurado) no está presente en la casa cuando Cinta viene a ver la habitación.
Cinta es de Tortosa (y el caso es que se da un aire a Aleix: deben de compartir genotipo, sin duda), pero ha vivido varios años en Londres y ahora regresa a Barcelona. Está dando clases de inglés, pero ahora que termina el verano la colocarán de recepcionista. Su marido es albanés y, mientras le arreglan el visado, ella está preparando el terreno. Cuando él pueda venir a Barcelona y encuentre algún trabajo, alquilará algo para los dos. Con un poco de suerte, vendrá a finales de año.
Los fines de semana, Cinta estará en Tortosa o en Londres.
Y lo mejor de todo es que la habitación le gusta.
Nos intercambiamos números de teléfono.
No obstante, seguimos enseñando la habitación. Ya estoy un poquito harto de que nos dejen colgados a última hora, así que prefiero tener un plan B, por lo que pueda ocurrir. Mejor pasarme de cabrón que de pringado.
Pero todos los demás planes B sacan agendas y hojas seudoexcel, y te tratan como el departamento de Recursos Humanos de una agencia inmobiliaria. Cinta no lo ha hecho, así que se queda con la habitación. Parece mejor persona que todo eso, y el caso es que lo demuestra sobradamente durante los dos meses que se queda en la casa.

(Continuará.)

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6 Comments:

Blogger Cristina López said...

Igual empiezo a llevar hojas de Excel para calificar a los aspirantes.

Pues no sería mala idea...quizá los Jonathan de este mundo no se os colarían. ¿Y qué puntuarías? ¿higiene personal?¿cantidad de arrugas en la camisa?...:DDD

30 de marzo de 2007, 10:16  
Blogger Juanma said...

Uy, las arrugas en la camisa serían mal criterio: jamás se me ocurriría poner criterios de acceso por los cuales yo mismo me quedaría sin poder entrar en la casa. XDDDDD

:-******

30 de marzo de 2007, 10:26  
Anonymous Anónima de las 9:59 said...

Jonathan, me tiene intrigada.

¡Siguem Juanma! ¡Sigue! ¡Sigue!

;-)

30 de marzo de 2007, 10:55  
Blogger Gilmar Ayala said...

¡Qué impresión! No cabe duda que ese piso tiene un cierto misticismo y un aire de "hoy se renta, mañana quién sabe"... Sigue, Juanma, sigue...

30 de marzo de 2007, 14:02  
Blogger Juanma said...

Otra gran idea, al nivel de lo de hacer listas de interinos para vivir en el piso. Podríamos anunciarlo como un alquiler zen: "Deja fluir a los inquilinos. Be rent, my friend".

XDDDDD

30 de marzo de 2007, 17:47  
Blogger Errantus said...

Oye, Juanma, a ver si me pasas los datos del piso, que tengo una familiar que anda pensando en ir a Barcelona una temporada. Igual y se queda más de 2 meses.

30 de marzo de 2007, 18:54  

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