martes, 6 de marzo de 2007

¿Quintacolumnismo o doble militancia? El caso de Fredric Brown

En la actualización de Bibliópolis de esta semana me dedico a analizar una novela harto recomendable: La noche a través del espejo, de Fredric Brown.
Para la mayoría de los aficionados a la ciencia ficción y/o la novela negra que entren en este blog, seguramente se trate de una elección obvia para continuar la sección La Quinta Columna, que aparece en Bibliópolis los primeros fines de semana de cada mes; sin embargo, puede que a los no lectores habituales de género ni les suene Fredric Brown ni hayan pensado jamás en leerlo. La noche a través del espejo sería una magnífica elección, si tienen que adentrarse en la obra del linotipista borracho por antonomasia. Por desgracia, la novela está agotada y descatalogada, y sólo se puede encontrar haciendo acopio de paciencia, si uno se da buenas mañas de buscador por librerías y páginas web especializadas en venta de libros antiguos. Una lástima, porque Brown es uno de los grandes autores de literatura popular del siglo XX, y esta es una de sus mejores novelas, para mi gusto a la altura de su obra maestra de ciencia ficción, Universo de locos.
Como hice a propósito de la anterior actualización de La Quinta Columna, en la que hablaba de El castillo alto, de Stanislaw Lem, copio y pego los primeros párrafos de esta entrega.

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PESADILLA EN BROWN

La tragedia de algunos de los quintacolumnistas que veremos en esta sección estriba en que solamente lo son para quienes los juzgamos desde nuestro punto de vista fantástico, sin reparar en que sus incursiones en otros géneros no son ni mucho menos esporádicas, y, en ocasiones, ni siquiera constituye la faceta más destacada de su producción. En esos casos, el quintacolumnismo mal informado da lugar a otra realidad: la de la doble militancia.
Los militantes por partida doble pueden ocultarse de los lectores de la otra faceta literaria que cultivan, escudándose bajo un seudónimo, un poco a la manera del filósofo encarnado por Paul Newman que gana el Nobel en El premio y del que descubrimos que había cultivado la novela policíaca. Es famoso el caso de la dualidad entre Iain Banks y Iain M. Banks.
Se avergüenzan de su dualidad, o sus editores estiman conveniente disociar sus públicos lectores en aras de una mayor comercialidad o respetabilidad.
Otros quintacolumnistas embarcados en la doble militancia firman con su nombre, a cara descubierta, sin ocultar sus identidades, conscientes de que su causa es otra, bien diferente de la de defender las señas de identidad de la literatura fantástica, histórica, policíaca o costumbrista. Su terreno es la creación, sin más.
Fredric Brown es el caso más paradigmático.
Si le preguntarais a un aficionado que lleve leyendo ciencia ficción más de veinte años cuáles son sus veinte escritores, relatos o novelas favoritos del género, casi todos ellos sacarían a colación a Fredric Brown o alguno de sus escritos. Es algo que no requiere mayor explicación, por obvio.
Brown es uno de los mejores autores de ficción breve que ha dado el siglo XX. Los escritores tradicionalmente asociados a la CF que puedan rivalizar con él en cuanto a la cantidad, calidad y trascendencia de sus relatos se cuentan con los dedos de una mano: J. G. Ballard, Alfred Bester, Robert Sheckley, Theodore Sturgeon, James Tiptree, Jr. y pocos más. Cuentos como “Arena”, “Los Geezenstack”, “Ven y enloquece”, “Respuesta”, “Fin” o cualquiera de los pertenecientes a la serie de las pesadillas son modélicos en cuanto a la estructura, la gradación de la trama y el buen uso del lenguaje. En cuanto a sus novelas, poco se puede añadir a estas alturas: Universo de locos (1949) es uno de los grandes clásicos sobre universos paralelos, a la par que se erige en la primera obra de CF autoconsciente de su adscripción al género (con brillantes reflexiones sobre el entonces naciente fandom); Por sendas estrelladas (1953) es un derechazo lanzado directamente a la mandíbula de la entonces inocente y prometedora carrera espacial, y Marciano, vete a casa (1955) resulta tan hilarante como llena de mala baba con respecto a la caza de brujas del senador McCarthy.
Demos, pues, por sentado que Brown es uno de los grandes de la ciencia ficción.
Sin embargo, si le repitierais la pregunta anterior (“¿Cuáles son tus veinte escritores, relatos o novelas favoritos del género?”) a un lector añejo de novela negra, el nombre de Fredric Brown sería uno de los más citados; tal vez no tanto como Raymond Chandler, Dashiell Hammett, Chester Himes, Ross McDonald o Jim Thompson, cierto, pero sin duda aparecería entre los más citados. Casi todos los aficionados recomendarían algún título de la serie protagonizada por Ed y Ambrose Hunter (con La trampa fabulosa [1947] a la cabeza) o novelas sueltas como La bestia dormida (1956) o La noche a través del espejo (1950).
Añadámosle un hecho: el único premio que obtuvo Fredric Brown en vida fue el Edgar (el Hugo de la novela policíaca), en la categoría de mejor primera novela del año anterior, por la ya citada La trampa fabulosa.
Brown también está considerado uno de los grandes del género policíaco. Y, además, le concedían los premios que el lector de ciencia ficción siempre le escatimó.

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El resto lo podéis seguir leyendo en Bibliópolis.
Hacedme caso: si tenéis la suerte de encontrarla, La noche a través del espejo se convertirá en una de vuestras novelas favoritas.



10 Comments:

Blogger Instantón said...

Otra interesante reseña. Esa sección de Bibliópolis está resultando muy interesante.
La novela de Brown es imprescindible. Más no se puede decir.

6 de marzo de 2007, 21:34  
Anonymous José Miguel said...

Me ha gustado mucho la columna, tanto como la novela cuando me la leí;) Bravo!

6 de marzo de 2007, 23:05  
Blogger Raven said...

Yo me leí el primero de los volumenes de la antología de cuentos cortos que publicó Gigamesh. Escojonante, el hombre. Había algunos cuentos que me daban la risa floja a la primera línea (de hecho, las primeras líneas del primer cuento fueron un gran revulsivo para su compra). Otros eran más grimosos, pero el sentimiento imperante es que Brown escribía estupendas historias cómicas. Aunque la que más me gustó es "Carta a un fénix"

7 de marzo de 2007, 1:03  
Blogger Juanma said...

Instantón:

Me alegro de que la sección te esté gustando. La idea es rescatar títulos destacables pero poco leídos de autores que nos encantan, debido a que no han aparecido en colecciones especializadas.

Para quienes queráis saber algo más sobre el libro de Brown, entrad en esta anotación del blog de Instantón, que dice cosas muy interesantes sobre la novela que nos ocupa.

http://trasguprobabilista.blogspot.com/2007/01/la-noche-travs-del-espejo-fredric-brown.html

Resulta destacable que ambos dedicamos bastante espacio a hablar del giro temático de la novela: al principio parece marcadamente fantástica, y termina siendo un policíaco modélico... Es que Brown era mucho Brown. :-)

Abrazos.

7 de marzo de 2007, 9:54  
Blogger Juanma said...

José Miguel:

Me alegra que te haya gustado, pero la novela es mucho mejor que la columna, dónde va a parar... ;-P

Reenviando la columna a la lista Novelpol, especializada en novela negra, me he dado cuenta de que realmente Brown es uno de los autores más queridos de ambos géneros, el fantástico y el policíaco. Sí que es una pena que su obra policíaca esté descatalogada e inencontrable. :-(

Abrazos.

7 de marzo de 2007, 9:56  
Blogger Juanma said...

Raven:

Brown podía hacerte morir de la risa, pero también congelarte esa sonrisa y amargarte el día.

El primer tomo de los cuentos completos es más «normal», en el sentido de que contienen veinticinco historias de una extensión media. El segundo tomo es otra cosa: contiene ochenta y tantos relatos, la mayoría ultrabreves (lo que ahora llamaríamos «efímeros»), y ahí Brown está más desatado y deja auténtico mal cuerpo, sobre todo en la serie de las pesadillas. Cada uno tiene su favorita, pero a mí me dan pavor todas por igual.

Abrazos.

7 de marzo de 2007, 10:04  
Blogger José Andrés said...

No te puedo decir nada, solo que me lo he copiado para tener el texto, cerca de documentos a consultar.
Enhorabuena,
José Andrés

http://crucecables.blogspot.com

7 de marzo de 2007, 11:20  
Blogger Juanma said...

Muchas gracias, José Andrés. Es todo un honor. :-)))

Abrazos.

7 de marzo de 2007, 13:30  
Anonymous Álex said...

Excelente reseña. Hace 7 u 8 años era relativamente fácil encontrar de saldo esta genial novela (igual que el resto de libros de su colección: la deslumbrante "La mirada del observador" de Behm, las de Thompson, Westlake, etc). Tampoco me costó mucho dar con "Llama 3-1-2", "La trampa fabulosa" y "La bestia dormida". Eso sí, me encantaría que alguien hiciese con su obra policíaca lo que Gigamesh está haciendo con su ciencia ficción.

7 de marzo de 2007, 16:00  
Blogger Juanma said...

Álex:

Todas las que has citado las conseguí en su momento, de saldo o comprándolas en su momento. El Marc Behm es espectacular; los Westlake molan... y te olvidas de Stuart Kaminski y su serie del detective hollywoodiense Tobe Peters, realmente entrañable.

Pues sí, sería maravilloso que alguien se tirara a la piscina y reeditara las novelas policíacas más significativas de Brown. Si se atreviera con la obra completa, ya sería la leche.

Abrazos.

7 de marzo de 2007, 17:17  

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