lunes, 26 de febrero de 2007

El crepúsculo de los implantes

Llego a la clínica con unos minutos de adelanto, como todos los jueves que tengo dentista. Tengo la tremenda manía de querer ser puntual siempre que pueda. El implantólogo está con un paciente, así que me dedico a leer hasta que llega mi hora (con perdón de Sergio Leone). Cuando me ve, me saluda con un apretón de manos bastante efusivo. Hoy sí está nuestra enfermera favorita, así que la diversión está garantizada. Me muero de ganas de saber por qué fase del rito de cortejo del Dentistus Ibericus van.
-Hombre, ¿cómo va eso?
-Bien, bien.
Todavía no estoy tan aculturado como para decir “Voy haciendo”; pero al tiempo.
Me hace abrir la boca.
-¿Hoy qué toca?
-Vamos a tomarte medidas, para encargar los implantes definitivos. El próximo día te implantaremos las piezas metálicas, y el siguiente las de porcelana, y ya habremos acabado contigo.
Espero que hable en sentido figurado.
Hoy están sositos. Él tararea canciones no demasiado reconocibles, en plan “Nainonaaa” y “Parabachimpún”. Luego, cuando ya se va a poner manos a la obra, empieza a tararear “La Cumparsita”. No sé por qué, pero los visualizo como a Osgood y Jack Lemmon en Con faldas y a lo loco, aunque Osgood no lleva una rosa en la boca, sino una broca.
Tengo que dejar de ir a consultas de dentistas gore.
-¿Así que te vas a ir pronto a Madrid?
Eso me pilla de sorpresa, pero con la boca abierta, y no puedo replicarle cómo sabe que soy de Madrid.
La enfermera se me adelanta.
-Sí, en Semana Santa.
-Madrid es muy bonito. La gente es diferente que aquí. Son más… -se queda pensando en la palabra- abiertos.
Ella no dice ni sí ni no, ni sé si le hace gesto alguno, porque la tengo detrás de mi campo de visión.
-Para salir, por ejemplo –dice, mientras me desatornilla una de las bases de implante-. Aquí vas por el Borne y todo son guiris. Se nota. Allí, como todo el mundo es de fuera, no lo notas. –Y luego, a mí-: Avísame si te duele.
-Mmmm mmmm –digo, a medio camino entre Kenny (el de South Park) y la canción de los Crash Test Dummies.
Yo hubiera dicho que en Barcelona hay más gente de fuera; pero sí, algo de razón tiene: sólo conozco a tres madrileños con padres y abuelos madrileños, mientras que aquí hay más nativos, no ya de tres generaciones, sino desde hace siglos. Claro, hay más turistas y erasmus, pero más gente de la terra.
-Madrid es una ciudad muy bonita –continúa, luchando con la otra base del implante, que está dándole más guerra-. Ni mejor ni peor que esta. Pero muy bonita. -Y, a continuación, el momento esperado. Se pone a cantar-: Cuando vayas a Madrid / chatina mía
Por algún motivo, intento imaginarme la versión catalana de la canción si Agustín Lara hubiera optado por la globalización de sus textos. Podría ser algo así como:

Quan arrivis a Madrit,
txulapa meva,
jo vull fer-te
emperatriu de Rentapeus.

-Esto es un chótin, chatina. –Lo dice con cachondeo, a sabiendas de que lo dice mal-. Mañana voy a Madrid, a un curso para la clínica –me explica-. ¿Has estado en Madrid?
-M’ffoy ‘e ‘ffíii.
-¿Que eres de Madrid? –De donde se colige que: a) este hombre entiende el klingon en todas sus modalidades, o b) la función crea el hábito y, así como el farmacéutico termina por reconocer la letra del médico más recalcitrante, el dentista identifica cualquier inflexión, la procesa y la asocia a un significado-. ¿De qué parte eres? Yo voy a Las Rozas.
Eso ya es demasiado pedirme.
-Pues sí, chatina, Madrid te va a encantar. –Y luego, a mi-. Pues yo tampoco soy de aquí.
Y, ahora que lo dice, por primera vez desde que asisto a su consulta identifico su acento como vasco o navarro, pese a los “chatina” que le dedica a la enfermera.
Me inserta en la mandíbula inferior el molde que, ahuecado, servirá para encargar las piezas con las que se completarán mis implantes. Es como tragar plastilina con aroma a eucalipto. Me entran arcadas, pero las contengo. Lo peor es sentir cómo esa masilla entra en los huecos donde, hasta hace cinco minutos, tenía los tornillos que me ajustaron hace unos meses.
Cuando me extraen el primer molde, la boca se me ha llenado de babas, que rebosan. Me ofrecen una toallita y suelto tropezones verdes de plastilina, como si la Cosa del Pantano hubiera contraido la lepra.
Iluso de mi, creo que ya estoy listo para largarme de ahí, pues los implantes se limitan a la mandíbula inferior, pero qué va. Me insertan otro molde en la mandíbula superior.
El implantólogo sigue tarareando chotines, a mí me gustaría terciar para comentar que nadie baila el chotís en Madrid (sólo los madrileños, y en las fiestas de la Paloma, pero apenas quedan madrileños en las fiestas de la Paloma), que lo suyo es bailarlo sin salirse de una baldosa y que además es un baile de origen polaco, pero la enfermera reanuda la conversación:
-Pero donde te lo pasaste mejor fue en Cuba, ¿no? ¿Cuánto tiempo hace?
-Hace como siete años. El mejor año de mi vida. En todos los aspectos. –Tararea el chotis-. Sobre todo para alguien que… bueno… que no se suele comer un rosco.
Se me cae un mito. Toda esa tensión sexual que me ha amenizado los últimos meses de visitas al dentista… todo ha sido puro coqueteo. Ná de ná. Pues vaya.
-Por supuesto, sabes que todo es mentira, que nada de lo que te está pasando es verdad, pero ¿y qué? Está muy bien, mientras dura.
La mirada se le pierde, taciturno. Menos mal que me está tomando medidas, y no extrayéndome una muela enquistada. Tengo la sensación de que, perdido como se halla en sus pensamientos, me está escatimando los primeros versos de "Cuando salí de Cuba", o cualquier otra canción de Luis Aguilé.
-Ahora, saca la lengua. Asíiii. El frenillo de la lengua marca el centro exacto de la boca. No lo marcan los dientes, sino la lengua.
Termina de extraerme el segundo molde. Este no es verde y azul, sino amarillo. Todo es de color, que dirían Lole y Manuel.
-Pues esto ya está… ¿Sabes que vas a ser uno de mis últimos pacientes?
Si hubiera tenido el molde en la boca, me atraganto.
-¿Quéee?
-Que me voy de aquí.
-¡Hostia! ¿Y eso?
-Pues que son muchas horas, muchos sitios… y no compensa. Hay otras clínicas.
Que pagan una mierda, vamos. En alguna consulta anterior ya se refería a que era itinerante, y unos días trabajaba en una clínica de la provincia de Girona, y otros en una del Maresme, y otros...
-Jo. Vaya.
¿Quién me tocará la próxima vez? Igual una cirujana sin sentido del humor, ni del espectáculo, ni de nada de nada, excepto del deber. Menudo coñazo.
-Pero este trabajo te lo termino.
De repente, el perfil bajo y la falta de chispa de esta consulta adquieren sentido. Se ve que mi cirujano implantólogo favorito está triste, porque se va; tal vez, por no haberse podido trajinar a la enfermera, o por dejar de pelar la pava con alguien que le cae bien, y con quien trabaja a gusto.
-Bueno, pues ya te puedes ir. Que te vaya muy bien. –Me estrecha la mano con fuerza-. Eres uno de mis mejores pacientes.
Eso ha querido decir que no soy un histérico ni monto numeritos. Es la historia de mi vida, por otra parte: discretito hasta cuando perpetran carnicerías en carne propia.
Pero me voy con mal rollo. Nunca creía que iba a decir esto, pero echaré de menos lo bien que me lo paso cuando voy a la clínica para que me abran la mandíbula en canal, me implanten piezas metálicas donde antes había molares y, en resumen, conviertan mi cavidad bucal en un remake hispano de Hellraiser y Anatomía de Grey, así, mezcladitas y al alimón.

Curioso. Quería poner una foto de Anatomía de Grey, para ilustrar la práctica generalizada del coqueteo y las regresiones a la edad del pavo que tanto proliferan en el ejercicio de la profesión médica, y me salió esta lámina, procedente del monumental tratado conocido como Anatomía de Gray. Para que luego digan que Google tiene todas las respuestas, cagontó.

Etiquetas:

17 Comments:

Blogger Cristina López said...

ooooh, se va el implantólogo..¿por qué no le preguntas a qué clínica va y sigues con él? :DDDD

26 de febrero de 2007, 17:26  
Anonymous Anónima de las 9:59 said...

Yo creo que lo mejor es que cuando "acabe contigo" le pases la dirección de tu blog y le comentes que es el héroe de muchos de los que te leemos.

Seguro que le anima, le va bien para la autoestima, y lo más importante: seguirá repartiendo alegrías entre sus nuevos pacientes.

Aaaandaaa, haaaazlooo. ;-)

27 de febrero de 2007, 8:50  
Anonymous manu o.e.g.c. said...

Esa quijada, ¿es del hombre de Atapuerca?

27 de febrero de 2007, 11:10  
Anonymous manu o.e.g.c. said...

Tengo la tremenda manía de querer ser puntual

Me paice a mí que con manías asín no se llega muy lejos, al menos en ¡Ejpaña!

Jo, que putada lo del dentista. Con lo buenos que son estos post gore (aunque este ha sido poco sangriento).

27 de febrero de 2007, 13:26  
Anonymous Kotinussa said...

Cuando me pusieron el implante, el día que tocaban los agujeros y los tornillos, mi dentista se trajo a un colega para que le ayudara. Cada vez que recuerdo esas cuatro manazas metidas en mi boca, más bien pequeña...

Prefiero de lejos al tuyo, aunque hoy nos haya dejado un sabor de boca tristón (y no precisamente por la plastilina).

27 de febrero de 2007, 13:31  
Blogger Juanma said...

Cristina:

Pero ¿qué quieres? ¿Que mi implantólogo y yo formemos una especie de tándem Hiro-Ando, como en Heroes? En vez de una katana, podríamos usar una broca. :-P

:-*****

27 de febrero de 2007, 15:33  
Blogger Juanma said...

Anónima: Pues mira, es una idea. Montamos un gabinete odontológico y yo me encargo del marketing...

Después, iría la serie de dibujos animados, y el merchandishing, y el juego de rol...

:-****

27 de febrero de 2007, 15:34  
Blogger Juanma said...

Manu: Parece de un homo sapiens sapiens, pero total, era yanqui... Si te fijas, se nota el desgaste producido por mascar chicles compulsivamente. :-P

27 de febrero de 2007, 15:36  
Blogger Juanma said...

Manu, again: Pues sí, esta vez todo ha sido menos gore y más colorido. Pero me quedan dos sesiones, a ver si la cosa remonta y, en vez de ofreceros la versión Sin perdón de la historia (por el tono crepuscular, digo), puedo contaros la versión Grupo salvaje. :-P

27 de febrero de 2007, 15:37  
Blogger Juanma said...

Kotinussa: Uf, no le demos ideas a mi implantólogo, no vaya a ser que lea este post y en vez de traerse amiguitos, se traiga una cámara, lo grabe todo y lo cuelgue en el YouTube. :-P

:-****

27 de febrero de 2007, 15:39  
Anonymous Kaoss said...

"Eres uno de mis mejores pacientes" significa "Pregúntame a donde voy y ven a mi nueva consulta"...

Tu dentista es todo un personaje, solo superado por tus (muchos) compañeros de piso.

27 de febrero de 2007, 20:28  
Blogger Juanma said...

Podría ser; pero no pienso volver a cascarme ninguna pieza dental en los próximos años. :-P

¿La consulta de mi implantólogo o mis compis de piso? Realmente, hay gente carismática en ambos bandos. El Juanmaverso es interesante. :-)))

28 de febrero de 2007, 15:19  
Blogger Batz said...

Eso es como una relación de love and hate,no?

Las pastas esas para los moldes son terribles!

28 de febrero de 2007, 23:20  
Anonymous manu o.e.g.c. said...

Procura que en ese Juanmaverso (¡muy güeno el palabro!) no te inscribas en el club de la lucha, o volverás a arreglarte los susodichos.

1 de marzo de 2007, 10:21  
Blogger Juanma said...

Batz: Pues sí, la pasta sabe fatal, aunque por suerte dura poco tiempo. Peor es la extracción.

(Oh, vaya universo de sensaciones.)

:-)

1 de marzo de 2007, 15:34  
Blogger Juanma said...

Manu: Descuida, descuida, que soy mu pacífico. :-P

Hablando de Club de la lucha. En cierta ocasión, Luis G. Prado montó una lista de correos sobre la película, en lo que ahora se llama Yahoogroups. Hablábamos de la peli y del libro, buscando referencias cultas y compartiendo aficiones comunes.

Un buen día, Luis nos reenvió un mensaje privado que había recibido, dada su condición de moderador de la lista. Era de un pavo que quería *organizar* un club de la lucha, y buscaba gente que se uniera al club.

Lo que hay que ver. :-/

1 de marzo de 2007, 15:38  
Anonymous manu o.e.g.c. said...

El mundo está lleno de jetas y de incautos.

2 de marzo de 2007, 14:10  

Publicar un comentario

Links to this post:

Crear un enlace

<< Home