martes, 12 de julio de 2011

Cómo ser corrector

De un tiempo a esta parte me da la sensación de que me estoy convirtiendo en el gurú editorial de  bastantes de mis amigos y algunos de mis contactos en redes sociales. Raro es el mes en que no recibo mensajes privados de gente que me solicita asesoramiento acerca de cuestiones editoriales más o menos pertinentes. Suelo contestar con relativa rapidez, demasiada verborrea y, por lo general, creo que consejos útiles.
La temática de las consultas es muy variada. Una de las más repetidas es la siguiente: "Quiero ser corrector de estilo. ¿Qué tengo que hacer?".
Llegados a este punto suelo aclarar que no me considero exclusivamente un corrector de estilo, ya que realizo otras actividades. Digamos que la corrección de estilo y ortotipográfica supone el 60 por 100 de mis ingresos, la moderación de foros friquis de Internet asciende al 25 por 100, y el 15 por 100 restante se lo reparten las bibliotecas, los informes de lectura, los cotejos, y los cursos y conferencias, no necesariamente en este orden.
Aclarado esto, digamos que sí, que vale, que acepto corrector de estilo como ocupación principal. Solo entonces puedo responder algunas de las preguntas que me formulan.

¿Cómo se convierte uno en corrector de estilo?
Hay muchas maneras y, por supuesto, no puedo generalizar.
En mi caso llegué más o menos por casualidad, o por eliminación. Ya estaba acostumbrado a corregir textos de las revistas que dirigía. A lo largo del máster de edición me quedó más o menos claro que la corrección de textos era una de las tareas en las que destacaba y, mientras estaba trabajando como becario en dos editoriales, me saqué algunos ingresos extraordinarios encargándome de correcciones de galeradas. Envié el currículum vítae a dos empresas de servicios editoriales, gracias a sendos chivatazos de Santy y Cristina. En la primera no me cogieron porque acabaron dándole el puesto a una persona que tenía un perfil mucho más adecuado que el mío, y en la segunda hice rematadamente mal las pruebas de idioma y de negociación. No obstante, les gustaron mis pruebas de corrección, y comenzaron a encargarme trabajos. Cuando las cuentas me salieron, me di de alta en el régimen de autónomos. Fin (o, más bien, principio) de la historia.
En resumen, no es que quisiera hacerme corrector de estilo, ¡es que no me quedó más remedio!


¿Hace falta alguna titulación concreta para ejercer como corrector?
No existe ningún grado universitario de corrección de textos, si es eso lo que preguntas. Más que titulación, lo que hace falta es, por un lado, tener una buena base gramatical y ortográfica de las lenguas en las que vayas a corregir (en mi caso, español) y, por otro, ser un buen lector. Esto último es más importante de lo que parece. Cuando estaba en Gigamesh oía decir que la corrección de estilo es en gran parte una corrección "de sentido común". Hay que preguntarse continuamente cuál es el sentido de lo que estás leyendo, leer en voz alta, pensar en posibles alternativas y, sobre todo, ser riguroso. Saber ver, en resumen, cuándo una frase es un desastre desde el punto de vista gramatical, o si crea posibles ambigüedades, o si es un calco lingüístico de algún otro idioma (o no lo es, aunque lo parezca). ¿Y cómo se hace esto? Con la práctica, por supuesto, pero también con muchas lecturas a cuestas y sólidos conocimientos de tu idioma.
Huelga decir que lo primero viene solo, lo segundo no tiene nada que ver con tu formación académica (hay correctores rematadamente buenos que han estudiado biología o físicas, así que no es necesario ser "de letras" para trabajar como corrector) y lo tercero es más fácil si cursaste alguna filología. Así pues, digamos que el hecho de haber estudiado filologías, traducción o periodismo te hace ligeramente más fácil la tarea de ser corrector, ya que todas ellas incluyen asignaturas que te serán muy útiles a la hora de desempeñar tu trabajo. 
No obstante, los conocimientos sobre cómo corregir un texto son insuficientes si no sabes qué estás corrigiendo. Y aquí es donde los titulados en historia, biblioteconomía, derecho, psicología, filosofía, magisterio, empresariales o ingeniería agrícola podemos tener nuestra oportunidad. Deja muy claro en tu currículum vítae que eres capaz de corregir libros acerca de tal o cual temática (por supuesto, mucho mejor si esta tiene que ver con tu titulación, porque se presupondrá que entiendes de la materia, aunque no sea cierto), ya que en muchas ocasiones, si tu cliente sabe hacer bien su trabajo, te ofrecerán correcciones precisamente porque eres titulado en tal o cual materia. Conservo a uno de mis clientes porque soy "el que sabe de arte", y comencé a trabajar con otro porque era verano, estaban en cuadro y necesitaban urgentemente a alguien que tuviese nociones de historia antigua. Y así fue como el hecho de ser licenciado en historia comenzó a serme de utilidad... quince años después de haber terminado la carrera. Nunca es tarde.
Ten en cuenta que no existe ninguna titulación homologada que habilite para ejercer como corrector, aunque llevo tiempo oyendo que no tardará en crearse un grado universitario específico. Verás que hay cursos, como los que ofrecen Cálamo & Cran, los diferentes gremios de editores y libreros (estos últimos, orientados a trabajadores del sector) o algunos profesionales como Silvia Senz o Pilar Comín. Todos estos cursos son útiles, ya que te permiten adquirir o ampliar conocimientos, pero no te convierten en corrector: eso viene con la práctica. ¿Y cómo se adquiere esta? Trabajando. Las bolsas de empleo que ofrecen los cursos pueden ser una buena manera de comenzar a trabajar como corrector, pero no son la única. Mueve el currículum vítae.


¿A quién hay que enviar el currículum vítae?
"Esta es fácil", te dirás. A las editoriales, ¿verdad?
Pues sí, pero no. 
El sector editorial está sufriendo la crisis, como cualquier otro sector económico, pero con un doble agravante: por un lado, está desorientado por la llegada del libro electrónico, que puede poner el sector patas arriba (aunque su implantación está resultando tan lenta y errática que a veces parece que no es un factor relevante), y, por otro, la crisis se ha traducido en despidos, que han llevado a que las editoriales externalicen determinados trabajos como la maquetación y la corrección. 
"Claro, a colaboradores autónomos", pensarás.
Pues lo siento, pero la respuesta es, de nuevo, que sí pero no. 
Las editoriales han externalizado el trabajo a las llamadas empresas de servicios editoriales, que son las intermediarias entre el corrector y el editor. Cada una de estas empresas de servicios trabaja con determinadas editoriales o grupos editoriales, aunque en teoría no hay ningún tipo de exclusiva: he corregido libros de la misma editorial a través de dos empresas diferentes. 
No sé cómo funcionan las empresas de servicios editoriales en Madrid, así que solo puedo hablar de las de Barcelona y, en concreto, de los trabajos que me han encomendado en función de mis conocimientos: no puedo hablaros de quién corrige libro técnico de ingeniería industrial, pero sí de cómo funcionan los libros de ficción, historia o psicología. La empresa A es la subcontrata de casi todo el Grupo Planeta, mucho Grup 62, buena parte de RBA y Belaqva, y bastante Urano. La B trabaja con Crítica, Ariel y Gedisa.  La C, con Taschen y Parragon. La D se encarga de algunas colecciones de Planeta, y la E hace libros de Urano, por poner cinco ejemplos. Seguro que hay más empresas de servicios editoriales en Barcelona, pero no he trabajado con ellas y, por lo tanto, no sé qué editoriales las contratan.
A pesar de lo que he dicho, también se puede trabajar directamente con las editoriales. ¿Cómo? En mi caso he comprobado que echarle morro suele salir a cuenta: "Hola, nos conocemos de Facebook y tengo que hacerte una proposición absolutamente indecente: trabajemos juntos" y variantes. No es mi manera favorita de presentarme, pero creedme si os digo que a veces funciona. Todo depende del interés mutuo... y de que lo hagas con cierta gracia, claro está. Como mínimo, te responden.
El contacto directo también influye. Créate tu propia red de contactos. Llegados a este punto, lo recomendable es ser generosos: si hoy te tiras el rollo por un amigo, es más que probable que mañana se lo tire él por ti. Si no puedes hacerte cargo de una corrección, sé sincero y, en vez de estar en varios trabajos a la vez, di que no te va bien pero que a Fulanito o Menganita sí, y pásales sus datos. Quid pro quo. Me he quedado sin un par de clientes por intentar abarcar más de lo que podía. La finalidad de una buena corrección de textos es que no se note que has metido mano, y el original se pueda leer de corrido y sin necesidad de detenerse. Sin embargo, un texto mal corregido llama la atención de inmediato. Aprende a rechazar o, mejor aún, derivar trabajo.
Cuando envíes el currículum vítae no te olvides de una cosa: especifica qué tipo de material quieres y, sobre todo, eres capaz de corregir. No te encabrones si te remiten una prueba de corrección: por mucha experiencia que acredites, es lógico que el cliente no se fie de ti a ciegas, y quiera hacerse una idea de cómo trabajas. Hazla lo mejor que puedas, ya que será tu carta de presentación, lo que puede marcar la diferencia entre que comiences a trabajar con ese cliente o no.
No te olvides de redes sociales como LinkedIn o Ediciona: son más útiles de lo que crees, aunque a veces recibirás propuestas surrealistas en tu buzón. Pero no pasa nada: estamos hablando del sector editorial, en el que todo es posible.

¿Tengo que ser autónomo para trabajar en el sector?
Depende de cuánto cobres. Si es una actividad marginal y te va a suponer unos ingresos testimoniales, pues no. Si aspiras a comer de ello, pues sí.
Para trabajar con algunas empresas de servicios editoriales es muy recomendable que te hayas dado de alta como autónomo, ya que suelen pedirte un certificado de contratista (un documento que expide Hacienda, por el que acredita que estás dado de alta en el Impuesto de Actividades Económicas) para asegurarte de que vas a pagar el IVA que te corresponde. Pero no todas estas empresas te lo van a exigir. Habla con ellas y, en función de cuál sea tu situación fiscal, decide con cuál te interesa colaborar. 
¿Cómo haces esto? Fácil: echa cuentas. Si te das de alta en autónomos y tienes la base mínima de cotización vas a pagar algo más de 250 euros al mes en concepto de cuota de la Seguridad Social. ¿Te compensa trabajar a cambio de lo que factures por tus colaboraciones menos el 18 por 100 de IVA menos el 15 por 100 de IRPF (o el 7 por 100, si llevas menos de dos años como autónomo) menos tu cuota de la Seguridad Social? ¿Sí? Entonces, bienvenido al club de los free-lances. ¿No? Pues bueno, alguna solución habrá.
Ten en cuenta que gracias al maravilloso mundo de los autónomos te puedes desgravar algunos gastos relacionados con tu actividad profesional (si eres corrector, todos los libros y manuales necesarios, que son unos cuantos... y bastante caros), pero también tienes la obligación de presentar una declaración trimestral de IVA, que es lo que debería estar haciendo en vez de escribir esta entrada. Puedes recurrir a un gestor o hacerla por tu cuenta, dependiendo de lo diestro que seas con los números.
En todo caso, suerte, y no te asustes mucho si algunos trimestres te sale a pagar alguna cantidad de cuatro dígitos: eso es señal de que has facturado mucho, ¿no?

¿Con qué tarifas trabajo?
Este es un asunto delicado, ya que las tarifas no están unificadas. Muchas veces te vas a encontrar con que el cliente te pregunta cuál es tu tarifa. Lo más habitual y recomendable es que preguntes a alguien que trabaje en el sector. La Unión de Correctores (UniCo) tiene unas tarifas recomendadas que suelen incumplirse de manera sistemática. Es más, de un tiempo a esta parte las tarifas no solo no han aumentado sino que hay clientes que las han rebajado; en la mayoría de los casos me consta que esta rebaja se debe a la presión de las editoriales, ya que, nos guste o no, el colaborador externo es siempre el eslabón más débil de la cadena de producción, y la alternativa a la rebaja de tarifas es que prescindan de corregir textos (cosa que alguna editorial ha comenzado a hacer).
Dicho esto, antes de aceptar el trabajo conviene aclarar con el cliente cómo vas a tarifar sin salir tarifando, si me permitís el juego de palabras. Puedes hacerlo por horas o por número de caracteres. No esperes encontrarte con que la corrección de textos es un chollo. Si quieres ser mileurista, me temo que vas a tener que trabajar más de cuarenta horas semanales, aunque decir esto y no decir nada...
Ten en cuenta también que hay tarifas especiales de urgencia y de fin de semana. Y, por supuesto, que no es lo mismo corregir una novela que un libro técnico. En este último sector las tarifas aumentan, si bien es cierto que no todo el mundo está capacitado para corregir según qué cosas. Tienes que ser consciente de tus limitaciones.
Por último, trata de ser honesto. Si ves que lo normal es trabajar por tal tarifa, no ofrezcas menos, amparándote en que "estás empezando" o "el mercado está fatal", porque lo único que vas a conseguir es que nos rebajen la tarifa a todos. Tampoco te pases de listo y pidas una barbaridad, porque a lo mejor te arriesgas a que nadie quiera trabajar contigo. Ah, las leyes de mercado...
Edito: En esta página podéis encontrar tarifas recomendadas para varios países de lengua española. Son bastante razonables y, si contactáis con algún posible cliente que no tenga tarifas propias, tratad de moveros en torno a estas cifras.


Por supuesto, me dejo muchas cosas en el tintero, pero más o menos creo que aquí están todas las respuestas a las dudas generales que me plantean en privado. Quiero dejar claro que se trata de una interpretación personal, basada en mi experiencia concreta, y que no pretendo sentar cátedra: tan solo estoy resumiendo las preguntas más frecuentes que recibo y el sentido de mis respuestas.
Espero que esta entrada os haya resultado útil. Si os ha gustado, a lo mejor escribo más.

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martes, 28 de julio de 2009

Momentos estelares de Facebook (6)

Juanma Santiago… acaba con los falsos amigos.

22 de mayo a las 11:02


(... que estaba encontrando en una mala traducción que estaba corrigiendo.)


Juanma Santiago… trata de pensar en qué pasa por la cabeza de un traductor cuando cree que conseguirá colar "bloqueo anti-piratas" en vez de "cortafuegos", "sistema de posicionamiento global" en vez de "GPS", o "dirección del protocolo de internet" en vez de "IP". ¿Que cobrará más cuantos más caracteres entregue? Puede ser. No sería la primera vez que alguien lo intenta.

07 de junio a las 19:13


(Ya no me acuerdo, pero tal vez se tratase de la misma corrección.)

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lunes, 27 de julio de 2009

Momentos estelares de Facebook (5)

Juanma Santiago… se descojona cuando lee críticas exacerbadas al intrusismo profesional: ha sido director de revistas sin ser periodista, documentalista sin tener la titulación, y editor y corrector de estilo sin ser filólogo. Como decía Heinlein, la especialización es para los insectos.

19 de mayo a las 8:33


(Para contextualizar esta entrada, léanse esta carta de una estudiante airada de Biblioteconomía, y esta entrada alusiva de Frikitecaris.)

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martes, 18 de noviembre de 2008

El último vuelo de Ícaro

Esta entrada os la puede traer floja a los lectores del blog que no tenéis ninguna relación con el género fantástico ni con el sector editorial, pero incide de lleno en uno de los viejos vicios del negocio: la piratería editorial. Desde siempre se ha recurrido a pequeñas argucias para evitar pagar derechos de autor o traducciones, sin que, hasta hace poco tiempo, aquello hubiera merecido más que comentarios condescendientes o resignados. Es de sobra conocida la práctica, casi ancestral, de hacer firmar como "M. Blanco" ('mirlo blanco') las traducciones que se habían realizado sin permiso ni contrato, o que directamente se habían pirateado.
Al fin y al cabo, la piratería a pequeña escala tampoco era un fenómeno privativo del sector editorial. Por ejemplo, en el sector musical tenemos una muestra muy significativa en la expresión "D. R.". Cuando catalogaba casetes en la Biblioteca Nacional, prácticamente en todas las cajas me aparecían algunos ejemplares en los que la mención de responsabilidad tenía que ser ese "D. R.", que no era otra cosa que "derechos reservados". No se trataba de un acto de piratería en sí mismo, pero, según y cómo, podría llegar a serlo. Tal como nos lo contaban al catalogar, significaba que se reconocía que no se había podido contactar con el propietario de los derechos, pero que el material se editaba igualmente, y se creaba un fondo en una cuenta bancaria, destinada a abonar el pago de los derechos en el caso de que el autor o el agente aparecieran y los reclamaran. En realidad es más complicado, pero, para lo que nos interesaba (hacer constar "D. R." en el campo de mención de responsabilidad), ya era suficiente.
Ahora, corred todos al armario en el que guardáis vuestras casetes de gasolinera y comprobad cuántas tienen como autor del "Yesterday" de los Beatles o el "Paquito el chocolatero" al señor D. R.
Estas prácticas se consentían sin concederles mayor importancia.
Hasta que alguien la lió muy bien liada.
En 2003 se destapó el que sigue siendo el mayor fraude editorial que ha conocido el mundillo de la literatura fantástica: el caso PulpEdiciones. Publicaron cerca de medio centenar de títulos sin pagar derechos, recauchutaron traducciones ya existentes (y, ¿homenaje o cara dura?, acreditando como autor de algunas de las mismas a "M. Blanco"), organizaron una buena bronca que se extendió a los foros de Internet e incluso a las relaciones personales de las partes implicadas (la tontería me costó un par de amistades) y, en resumen, inutilizó durante una buena temporada medio centenar de títulos que, debido a la competencia desleal y posterior saldo de existencias de PulpEdiciones, quedaron marcados como "no publicables" durante unos cuantos años. Porque, al fin y al cabo, ¿quién de vosotros se compraría por 20 euros un título que puede encontrar 4 euros en la estantería de al lado, la de los saldos?
¿Por qué no se denunciaba la situación? Pues por una razón muy simple: no salía a cuenta. A los afectados (traductores, sobre todo, y algún autor) se les debían cantidades que, en el mayor de los casos, no superaban los 2.000 euros. Para entablar acciones legales contra la editorial había que mandar un procurador a la provincia en la que radicaba la actividad de Pulp, Guadalajara. Y un procurador, en un juicio, puede salir por un pastón. Así pues, casi nadie se metió en juicios, porque existía la casi certeza de que la broma les costase más dinero del que se les adeudaba.
Que yo recuerde, sólo dos autores consiguieron llegar a acuerdos extrajudiciales en virtud de los cuales se les compensaba económicamente. Y eso, porque uno de los autores había sido notario y amenazó con entablar una querella criminal.
Al resto, ni eso. Y, para mayor recochineo, algún afectado que otro recibió el certificado de retenciones del IRPF, con lo que tuvo que declarar (y pagar) un trabajo que ni había contratado ni había cobrado.
El caso Pulp puso de manifiesto muchas carencias del mundillo editorial fantástico, en el que conviven autores felizmente profesionalizados con una mentalidad que para según qué cosas aún sigue anclada en el desarrollismo. El compadreo y la buena fe siguen siendo la tónica general (total: todos nos conocemos... hasta que dejamos de conocernos), y en el camino se nos olvida algo tan simple como que, según la legislación vigente sobre propiedad intelectual, todos los contratos de edición tienen que figurar por escrito, pues de lo contrario no son válidos. Ya no vale el compromiso verbal: todo tiene que figurar en un contrato escrito. Algunos de los afectados por el caso Pulp (y no sólo por él) creyeron que bastaba con un "venga, vale, edítalo", y no es así.
Un resumen inmejorable de la situación, que tuve el honor y el placer de editar en la revista Gigamesh, fue el reportaje de Alberto Cairo, "Pulp Ediciones: ¿piratería o 'descuido'?". También apareció en la página web de Bibliópolis, con otro título, en la versión que podéis leer si pincháis sobre el enlace.
¿Qué conclusiones se podían extraer del asunto Pulp? Como todo en esta vida, unas cuantas buenas y otras malas.
Entre las buenas, que se podían realizar acciones concretas para "filtrar" títulos cuyos derechos vulneraban manifiestamente el juego limpio que cabe presuponer en el negocio. Algunas librerías como Gigamesh retiraron de la venta los títulos de Pulp Ediciones.
El ruido generado en foros de Internet terminó resultando positivo, ya que destapó el escándalo y permitió retratarse a quienes favorecían estas prácticas ilícitas.
El hecho de que un autor amenazase con querellarse contra la editorial supuso que éste recibiera una compensación económica por daños y perjuicios, pero también venía a refrendar el reconocimiento implícito por parte de Pulp de que habían editado un título de este autor no sólo sin contrato sino sin su conocimiento: se enteró de que su novela había sido editada porque la vio saldada en una página web de venta de libros y discos.
Entre las conclusiones negativas, quedó la impresión de que el fándom estaba claramente dividido entre aquellos que eran partidarios del juego limpio (ya no se trataba de que hubiera amigos afectados, sino de que nos estábamos jugando nuestras habichuelas) y aquellos a quienes les daba lo mismo quién pagase o dejase de pagar derechos mientras los libros estuvieran disponibles en el mercado (y, por supuesto, cuanto más baratos, mejor). También llamó la atención el hecho de que los afectados no presentasen una demanda conjunta (como hemos dicho, resultaba demasiado costoso) y el que las agencias literarias pasasen ampliamente del asunto. Como digo, la tontería me costó perder alguna que otra amistad.
Pero bueno, esto ocurrió hace casi cinco años, y ya casi era agua pasada.
Hasta el mes pasado.
A finales de octubre volvieron a suceder cosas extrañas. Una nueva editorial, Ícaro Ediciones, anunció la publicación del buscadísimo y agotadísimo Tigana, de Guy Gavriel Kay. Pero también Timun Mas anunciaba su reedición. Y La Factoría de Ideas. ¿Qué estaba pasando? Surgieron las primeras acusaciones que emparentaban a Ícaro con Pulp. Ícaro desmintió este extremo. El asunto se resolvió de una manera honorable: Ícaro se desentendió de Tigana. Al fin y al cabo, no la habían contratado... Pero eran nuevos en el negocio y todo era un malentendido.
Nacho Illarregui ofrece un retrato muy ajustado de la situación en dos entradas de su blog Aburreovejas: "¿Ícaro Ediciones o Sísifo Ediciones?" e "Ícaro Ediciones".
Pero la cosa no queda aquí. Ícaro Ediciones anuncia la inminente aparición de varios títulos agotadísimos, que los aficionados esperaban como agua de mayo: A través del tiempo real, de Vernor Vinge (un ómnibus con las dos novelas de la serie), Deus Irae, de Philip K. Dick y Roger Zelazny, Órbita inestable, de John Brunner, y Misión de gravedad, de Hal Clement. Cuatro reediciones de cajón, vamos.
Y tan de cajón: en el hilo correspondiente de Sedice, Juan Carlos Poujade, director de La Factoría de Ideas, afirma que estaba negociando los derechos del título de Vernor Vinge. Además, Danny Baror, agente de Philip K. Dick, desmiente que Ícaro hubiera contactado con su agencia para editar Deus Irae. La cosa, a estas alturas, ya empieza a oler francamente mal. A alas derritiéndose abrasadas por el sol.
En el transcurso de la última semana se han sucedido las revelaciones con respecto a Ícaro. En efecto, no han pagado derechos de los títulos ya editados. Sólo figura una ficha de uno de sus libros en la Agencia Española del ISBN. Cyberdark.net devuelve los ejemplares adquiridos de sus títulos. Por último, el agente Danny Baror le impone una multa desorbitada a Ícaro, lo que prácticamente es una invitación a que desista de contratar el título y a que destruya toda la tirada.
Julián Díez lo explica muy bien en este otro artículo, "Publicar libros sin derechos ni registros", que ha aparecido hoy en el diario económico Cinco Días. Un artículo que hay que complementar con un par de párrafos que, por motivos de espacio, no han cabido en la edición en papel. Julián los ha colgado en el hilo alusivo en Sedice, y no puedo evitar citarlos a modo de conclusión:

Gutiérrez admite igualmente que en la editorial afirma en su web que reeditarían libros con versión del argentino Carlos Gardini, un reputado traductor al que “se olvidó” contactar para pedirle permiso para usar su trabajo. Siempre según Ícaro, se encuentran en negociaciones con Gardini.

La historia viene a incidir en la pobre imagen del sector editorial español puesta de manifiesto por uno de los agentes más importantes del mundo, Andrew Wylie, que en una reciente entrevista en El País calificó el sector nacional como “un lugar bastante corrupto”, aludiendo a las dificultades para conseguir acuerdos con garantías con editoriales y agencias locales.

Por ejemplo, es una práctica frecuente que este tipo de casos se resuelvan con una firma de contrato a posteriori, pero en la que la fecha bajo la que se rubrica es previa a la publicación, con el fin de evitar cualquier complicación.


Edito. Parece que el asunto Ícaro no es el único que está levantando ampollas durante estos días. Además hay que añadir otro presunto pufo protagonizado, al parecer, por Grup Senar. La noticia me ha llegado gracias a un email de David Mateo. Más información en este hilo de Sedice. Si alguien sabe algo más, que avise.

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martes, 30 de septiembre de 2008

Informes de lectura

Ya os lo había prometido en alguna que otra ocasión, pero aprovecho la concesión del Ignotus a Alejandro Magno y las Águilas de Roma, de Javier Negrete (a quien felicito desde aquí), para subir un ejemplo práctico de informe de lectura.
La cosa no tiene mayor misterio. Lo normal es que las editoriales y agencias literarias no den abasto con los originales que reciben y externalicen su lectura con colaboradores versados en las materias acerca de las que tratan los originales y cuyos criterios son relativamente fiables. La otra vertiente, cutre, es tirar de becarios en prácticas o del último mono del escalafón de la editorial. Pero bueno. Para lo que nos interesa, un informe de lectura es un documento que una editorial o agencia le encarga a un colaborador (generalmente externo) para evaluar hasta qué punto encaja dentro del plan editorial o la política de la agencia en cuestión.
Un informe es una herramienta, no un fin en sí mismo. Es raro que la sola lectura del informe termine por decidir al editor o al agente, pero, si está bien hecho, puede resultarle una herramienta muy valiosa para sopesar los pros y los contras del original recibido. Puedes tener un informe cojonudo, pero si el libro no encaja en tu política editorial o los títulos anteriores del autor no han funcionado en el mercado, su publicación se desestima, sin más. Y a la inversa: un informe tibio o negativo puede terminar de decidir al editor a publicar el original, por los motivos que sea (temática, comercialidad o llámalo equis).
En las editoriales pequeñas, lo normal es que el informe lo haga alguien de dentro y, además, lo haga por la cara: es parte de su sueldo. En estos niveles funciona muy bien el boca oreja, el comentario entre colegas, que, dicho sea de paso, es una herramienta verdaderamente insustituible y suele producir descubrimientos de valor incalculable.
En las editoriales y agencias más grandes tiran de becarios (si son muy cutres) o de colaboradores externos (si saben lo que se traen entre manos). Gracias al máster de edición de Editrain he hecho algunos contactillos y, de hecho, ahora mismo escribo informes de lectura para una editorial (Círculo de Lectores) y una agencia literaria (Sandra Bruna). Hay que aclarar que ser lector para una editorial o una agencia no es ni mucho menos un chollo (se cobra entre 30 y 60 euros por informe, dependiendo del cliente y de la extensión del original), pero es una muy buena manera de iniciarse en el fascinante mundo editorial, proporciona un bagaje de lecturas considerable, permite apreciar las tendencias del mercado (lo cual viene bien si aspiráis a publicar cuando seáis mayores) y, sobre todo, supone que puedas cobrar por una tarea que se puede realizar en el tren, el metro, el autobús o dondequiera que soláis leer... por supuesto, sin contar con el tiempo que lleva escribir el informe propiamente dicho (que puede oscilar entre una hora y una tarde).
Ahora bien, si alguna vez os adentráis en el mundo de los informes de lectura, tened en cuenta que no son un informe vinculante, ni nada parecido: es el editor quien tiene la última palabra, no vosotros. No os encariñéis en exceso con un libro ni os ofusquéis si no lo publican: tan sólo se trata de un medio para que los editores se hagan una idea de las posibilidades comerciales del original, y si encaja en su plan editorial. Si el libro no va a funcionar, da igual cómo lo queráis adornar en el informe: no se publica. Me temo que el índice Nielsen manda sobre cualquier otra consideración. ¿Qué es eso del índice Nielsen? Pues el principal medidor de tendencias y de indicadores de consumo. En el mercado editorial, tan sólo algunas editoriales, las más grandes, se pueden permitir estar suscritas, y de este modo se enteran de cuántos ejemplares vende realmente cada título, ya que no se basan en cifras declaradas de ejemplares distribuidos, sino en ejemplares realmente vendidos en comercios. El índice Nielsen es el verdadero listado de libros más vendidos. Y es el que manda, a partir de ciertos niveles.
Otra cosa: no intentéis apabullar ni luciros. No servirá de nada: se trata de que los editores o agentes se hagan una idea general de la temática e interés comercial del libro, así como de sus puntos fuertes, puntos débiles y posibles estrategias de comunicación para promocionarlo. No es una crítica. No es un artículo. No es un ensayo. No es una autobiografía encubierta. No es una loa para hacerle la pelota a un amigo. Es un informe, y su finalidad es sobre todo útil: ayudar a un cliente a determinar si le sale a cuenta invertir un pastón en producir un título concreto. Como digo, la última palabra la tienen los editores.
Pero precisamente por eso hay que tener en cuenta una dura realidad: cuando llegue el momento en el que el agente se reúna con su autor, o el editor tenga que defender sus títulos ante el comité editorial para elaborar el calendario de publicaciones del año siguiente, cabe la posibilidad (que varía en función de la editorial, pero, para qué vamos a engañarnos, existe) de que no se hayan leído el original. Por este motivo es recomendable que un informe de lectura entre en la mayor cantidad posible de detalles sobre el argumento de la obra, sin miedo a los espóilers: como digo, no es una crítica ni un ensayo, sino un "como seguramente no le puedes dedicar una semana a leerte este librico de quinientas páginas, te lo cuento por encima para que tardes quince minutos en enterarte de qué va".
¿Cuánta extensión debe tener un informe de lectura? Lo normal es que ocupen dos o tres páginas: es el límite de lo que puede procesar un editor que tiene encomendados diez títulos y que tiene que darse de hostias con otros nueve editores para publicar, en el mejor de los casos, la quinta parte de los originales que les han llegado. No obstante, podéis iros hasta las tres o cuatro páginas tranquilamente y sin que os dé la impresión de que estáis dedicándole más esfuerzos de los necesarios.

Dicho todo esto, veamos las partes de las que debe constar un informe de lectura:

Valoración general. Consiste en trazar un resumen general de lo que os ha parecido el libro. Es lo que vais a desarrollar más adelante, pero conviene que el editor o agente lo lea antes de continuar. Tenéis que valorar todos los aspectos positivos y negativos, trama y, sobre todo, la impresión general que os ha producido el original en cuestión.

Resumen. Lo recomendable es que contéis todo el libro, de arriba abajo. De vuestra capacidad de enrollaros dependerá lo mucho que os ocupe esta parte, pero nunca es conveniente que paséis del folio o folio y medio. Es interesante para que el editor o agente se hagan una idea general, pero no es lo fundamental.

Aspectos positivos y negativos. Por supuesto, hay que desarrollarlos y justificarlos. Da igual que el libro os haya encantado u os haya parecido un truño: siempre hay aspectos positivos y negativos, y vuestra obligación, como buenos lectores, es hacerlos constar en el informe. Tendréis que hacer de abogados del diablo en muchas ocasiones, y buscar valores positivos en un libro que os haya parecido abominable pero al que le veis posibilidades, o viceversa.

Definición de la obra con uno o más adjetivos. Son los argumentos de venta de toda la vida. Es la parte que los departamentos de comunicación y de márketing exprimirán para dar con las frases promocionales adecuadas. Si ya les habéis facilitado la tarea poniéndolos sobre la pista correcta, pues tanto mejor para todos.

Género. Llegados a este punto, algunos editores o agentes aún no saben dónde situar el original. Por eso siempre viene bien hacer un pequeño apartado en el que se detalle a qué género o corriente está adscrito, cómo es él, a qué dedica el tiempo libre, etc.

Valor literario y valor comercial. Aquí tenéis que mojaros y ser sinceros. Podéis cargaros un libro en el primer apartado y ponerle la calificación más alta en el segundo; de hecho, no es infrecuente. Eso sí, tenéis que justificarlo. Qué menos que dedicarle un parrafito a cada apartado.

Hasta ahora estoy hablando de originales recibidos por la editorial o agencia. También existe otra posibilidad: que trabajéis para una editorial que se dedica a reeditar libros que ya están en el mercado. Es mi caso cuando trabajo para Círculo de Lectores: excepto una ocasión en la que realicé informes de lectura sobre las obras recibidas para su concurso de novela, lo normal es que me encarguen libros ya editados. En este caso hay que indagar un poco acerca de la trayectoria del título o el autor, ver qué tal han funcionado sus anteriores obras, comprobar si ya se han publicado en Círculo (lo cual puede favorecer o perjudicar las posibilidades del libro, dependiendo de cómo funcionaran esas obras anteriores) y, en general, realizar cierta labor de investigación. También influyen las prisas o el interés que ponga el editor, que normalmente suelen ser muchos: nadie intenta colar en Círculo libros que no hayan funcionado en sus editoriales, de ahí que si intentan publicarlo allí es porque se trata de sus título más vendido o de una apuesta importante. En algunos casos se plantea la publicación como primicia, de modo que las primeras ediciones en Círculo y la otra editorial sean conjuntas. No es lo habitual, pero es una estrategia muy interesante.
Como nada de esto se puede entender sin un ejemplo ilustrativo, acá va el mío: un informe de lectura de Alejandro Magno y las águilas de Roma, de Javier Negrete. Por casualidad, lo tenían disponible en el departamento de ficción, y me lancé de cabeza a informarlo.

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INFORME DE LECTURA

Juan Manuel Santiago

Autor: Javier Negrete

Título: Alejandro Magno y las águilas de Roma

Editorial: Minotauro

Páginas: 526

Fecha de edición: mayo de 2007

ISBN: 978-84-450-7648-4


IMPRESIÓN GENERAL

Se trata de una novela fácil de leer y muy entretenida, que tiene como punto de partida una hipótesis de historia alternativa: Alejandro Magno no falleció en Babilonia en el año 323 a.C., como sucedió en nuestro mundo real, sino que sobrevivió al intento de envenenamiento que casi acaba con su vida, y se lanza a la conquista de Arabia y de Roma. Alejandro Magno y las águilas de Roma narra los pormenores de la campaña italiana del emperador, desde los puntos de vista macedonio y romano, a la vez que introduce un elemento inesperado, la amenaza de impacto de un meteorito, que pende sobre las cabezas de los personajes durante toda la novela.

Es una buena novela de género fantástico y una correcta novela histórica. El elemento fantástico queda prácticamente diluido por el rigor con que Negrete aborda la trama histórica. Así pues, para el aficionado a la literatura fantástica es una de las obras más destacadas del autor más destacado del género en España en su vertiente adulta, mientras que para el aficionado a la novela histórica se trata de una osadía bastante bien culminada, y, para el aficionado a los juegos de estrategia y de campañas militares, nos hallamos ante una novela muy entretenida. En los tres casos funciona.

Como único inconveniente serio digno de destacar, mencionaremos el final, tal vez demasiado precipitado y abierto. Lo cual es comprensible, ya que el autor ha anunciado una continuación, El último viaje de Alejandro Magno.


RESUMEN

En el mundo tal como lo conocemos, en mayo del año 323 a.C. Alejandro Magno se encuentra en el cénit de su poder. Su imperio abarca desde Grecia hasta el río Indo, y, en su ambición, planea la conquista de Arabia. No obstante, fallece inesperadamente en Babilonia, por causas que aún se desconocen, si bien la historiografía baraja como las más probables unas fiebres, una indigestión, el alcoholismo o un envenenamiento. En pocos años, su imperio se desmiembra en varios reinos independientes.

Sin embargo, en el mundo que plantea Javier Negrete, Alejandro Magno no muere en el año 323 a.C. Roxana (esposa del emperador) y Perdicas (jefe de caballería de su ejército) conspiran para envenenar a Alejandro en el transcurso de un banquete. Cuando Alejandro ya ha ingerido la copa de vino envenenada, aparece un médico enigmático, Néstor, que asegura haber sido enviado por el oráculo de Delfos para salvar al emperador de la muerte.

A continuación se nos relata el proceso de curación de Alejandro, cómo este se lanza a la conquista de Arabia y de la Península Itálica y la manera en que Roxana y Perdicas elaboran su coartada para seguir manteniendo su capacidad de influencia.

Pese a que Alejandro ha contraido matrimonio con Agatoclea, la hija del rey de Siracusa, la conquista de Italia no resultará tarea fácil, pues surge un escollo inesperado, que anula todas sus alianzas: Roma. Las tropas romanas vencen a las macedonias en una escaramuza, en la que es la primera derrota del ejército de Alejandro Magno en muchos años. Además, Agatoclea y Néstor son tomados rehenes por los romanos.

A diferencia de los ejércitos a los que Alejandro Magno se había enfrentado hasta entonces, Roma se presenta como un enemigo temible: muy motivado, disciplinado, bien organizado y poseedor de unas tácticas bélicas más adecuadas que las utilizadas por las falanges macedonias, en particular en el combate cuerpo a cuerpo. El ejército romano será un quebradero de cabeza para Alejandro y sus generales, entre ellos Perdicas.

Pero en Roma hay disensiones. Gayo Julio César, tribuno de la Segunda Legión, es el responsable de la victoria sobre los macedonios, pero sus aspiraciones políticas son cortadas de raíz tras el nombramiento de Lucio Papirio Cursor como dictador de la ciudad, para defenderla de Alejandro. Papirio se muestra como un rival encarnizado, más pendiente de oponerse a Gayo Julio que a los macedonios. No obstante, Gayo Julio César cuenta con una ventaja: tiene en su poder a Agatoclea y a Néstor, con quien no tarda en congeniar y a quien le encomienda la curación de su pequeña hermana Lila, gravemente enferma.

Por otra parte, la corte de Alejandro es una bomba a punto de estallar. Roxana ejerce un ascendiente considerable sobre Alejandro Ego, su hijo primogénito, y heredero del Imperio, una criatura cruel, manipuladora, consentida y de muy mala calaña. Los generales empiezan a enfrentarse entre ellos, a medida que va haciéndose patente la endeble salud de Alejandro, que no ha hecho sino empeorar desde el prendimiento de Néstor. Y los augurios no pueden ser peores: el autista Euctemón, un mercenario griego que sirve a las órdenes de la mujer del comandante Gorgo, ha calculado la trayectoria del cometa Pegaso, y vaticina que impactará en breve contra la Tierra, por lo que se prevé una catástrofe de consecuencias mucho más devastadoras que la guerra que va a enfrentar a Grecia y Roma.


ASPECTOS POSITIVOS

El aspecto más destacable de Alejandro Magno y las águilas de Roma es la verosimilitud con que presenta un enfrentamiento que no se produjo en el mundo tal como lo conocemos, pero que podría haberse desarrollado según las coordenadas que facilita Negrete: en el siglo IV a.C., Roma aún era una potencia emergente y no hacía muchos años que había sido derrotada por los samnitas y por las incursiones galas. No era, pues, la máquina de guerra que terminaría siendo. Por otro lado, las falanges macedonias resultaban más pesadas que las legiones romanas y dependían en exceso del genio táctico de Alejandro Magno, y, en una escaramuza como la narrada en la novela, contaban con desventaja. Las sarisas, enormes lanzas de los macedonios, no podrían hacer frente a las espadas cortas romanas, en caso de combate cuerpo a cuerpo. Javier Negrete conoce muy bien el mundo clásico, en particular el griego (es profesor de griego en un instituto, y casi todas sus obras –sean o no de género fantástico– contienen referencias a mitos clásicos), y crea un mundo consistente y verosímil, con el mismo nivel de rigor con que se plantearía una novela histórica.

Otro aspecto positivo es la combinación de géneros. Negrete es el autor español de literatura fantástica más completo de su generación, y con novelas como La espada de fuego (publicada por Círculo en 2005) ya ha demostrado que se defiende bien en obras ambiciosas y extensas como la presente. Al mismo tiempo, Negrete escribe una novela que funciona bien como novela histórica, independientemente del componente fantástico que entraña el hecho de que Alejandro Magno no falleciera en el año 323 a.C. Negrete ha escrito una de las ucronías (o novelas de historia alternativa) más sólidas y destacables que se han publicado originalmente en lengua castellana, a la altura de En el día de hoy, de Jesús Torbado (premio Planeta 1976) o “El coleccionista de sellos”, de César Mallorquí.

El renombre de Negrete en el campo de la literatura fantástica (es uno de los autores que mejor vende en Minotauro, y está muy bien considerado tanto por la crítica como por el público lector), así como la corrección con que aborda una novela de temática histórica, pueden atraer lectores de ambos géneros, el histórico y el fantástico, así como de los aficionados a la estrategia militar.

El estilo narrativo es funcional. La novela está bien escrita, y se lee con facilidad.


ASPECTOS NEGATIVOS

La construcción de personajes es un aspecto negativo que juega en contra de la novela. Pocos personajes están desarrollados o son intensos; los mejor construidos, Euctemón y Alejandro Ego, apenas pasan de ser secundarios. No tenemos mucha información acerca de Néstor, cuya caracterización resulta demasiado simple: sólo sabemos de él que lo ignora todo acerca de su pasado. Roxana, Perdicas, Alejandro y Gayo están retratados sin demasiados detalles, y en ocasiones con líneas de diálogo bastante tópicas. Sin ser un defecto que dificulte la lectura, lo cierto es que el retrato de personajes deja que desear, aunque podría haber sido el punto fuerte de la novela (dado que se trata de una obra coral).

La mezcla de géneros podría desorientar a algunos lectores: quienes no conozcan la obra previa de Negrete pueden sentirse engañados si abordan la lectura de la novela pensando que está adscrita al género histórico, y a algunos aficionados al género fantástico les puede resultar demasiado complicada. En todo caso, habría que especificar en los textos promocionales el carácter de novela de fantasía histórica.

Para los muy aficionados a la historia o la novela histórica, la premisa puede resultar polémica. Nunca ha estado clara cuál fue la verdadera causa de la muerte de Alejandro Magno, pero las teorías conspiratorias parecen estar perdiendo terreno a favor de la muerte por enfermedad. Asimismo, el retrato de Alejandro Magno como un alcohólico empedernido se está poniendo en entredicho. Sin ser un punto negativo (todas las hipótesis que plantea Negrete cuentan con buenos valedores, tanto en el campo de la historiografía como en el de la novela histórica), podría causar una imagen negativa de la novela entre los lectores más puristas.

El final de la novela es demasiado abierto; de hecho, el autor se refiere en los agradecimientos a la segunda parte, aún sin escribir: El último viaje de Alejandro Magno. Dada la solvencia de Negrete, es de suponer que la continuación resultará tan satisfactoria como Alejandro Magno y las águilas de Roma, pero, si su publicación se demora, tal vez la espera genere descontento entre los lectores.


DEFINICIÓN DE LA OBRA CON UNO O MÁS ADJETIVOS

Atrevida, innovadora, entretenida, de final precipitado, con personajes no siempre creíbles, muy documentada, fluida, inteligente.


GÉNERO LITERARIO

Alejandro Magno y las águilas de Roma está adscrita al subgénero fantástico conocido como ucronía; es decir, narraciones de historia alternativa, que tienen como base un hecho histórico diferente de la historia tal como la conocemos. Por motivos políticos, oportunistas y sociológicos, las ucronías más frecuentes en lengua española tienen como temática principal la guerra civil española; al respecto, resulta muy recomendable la lectura de Franco: Una historia alternativa, seleccionada por Julián Díez (Ed. Minotauro), en la que el propio Negrete publicó una novela corta, “El Ángel Rojo”. Otras temáticas que han despertado interés son la guerra de Cuba (en particular, con Fuego sobre San Juan, de Pedro A. García Bilbao y Javier Sánchez Reyes, Ed. B) y desarrollos alternativos del Imperio de los Habsburgo (Danza de tinieblas, de Eduardo Vaquerizo, Ed. Minotauro). La presente novela, aparte de ser una de las ucronías más ambiciosas y logradas que se han escrito en España, es la primera que aborda esta temática concreta.


VALOR LITERARIO

7

La novela está perfectamente estructurada (excepto en el final, que, como se ha dicho, es demasiado abrupto, debido a que el autor ha anunciado una continuación) y, excepto en la construcción de personajes, algo planos, maneja con soltura todos los resortes de la narración, arma perfectamente las tramas, introduce las dosis justas de explicaciones históricas sin llegar a aburrir y consigue entretener, todo ello con un estilo muy depurado que, sin llegar a ser brillante, facilita la lectura.


VALOR COMERCIAL

8

Javier Negrete es el autor español de fantasía adulta que mejor vende en el catálogo de Minotauro. Así pues, su obra carece de riesgos comerciales. Además, la temática de la obra podría conseguirle un nuevo público lector, el de la novela histórica.


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Una vez entregado el informe (que, normalmente, es para pasado mañana, o para dentro de dos semanas como mucho), la editorial decide. En este caso concreto, decidieron no publicar la novela de Negrete, ya que La espada de fuego no había funcionado muy bien en la edición de Círculo, y ni siquiera llegaron a editar El espíritu del mago. Hay títulos que funcionan muy bien en la editorial original pero no terminan de arrancar en Círculo, y la primera novela de Tramórea fue uno de esos casos. También se da el caso inverso, novelas que no funcionan del todo bien en su primera edición pero dan el golpe cuando aparecen en Círculo (el ejemplo paradigmático es Desde mi cielo, de Alice Sebold).
Sea como sea, realizar informes de lectura es una tarea interesante (siempre que el original acompañe, por supuesto), es una muy buena manera de introducirse en el mundillo editorial, aclara muchas ideas acerca del funcionamiento del mercado editorial y os puede ayudar a ser buenos lectores y, por supuesto, escritores.

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jueves, 27 de septiembre de 2007

Cuellos de botella

Si veis que no actualizo, no temáis, no me he aburrido del blog, ni nada parecido: lo que sucede es que estoy hasta las cejas de trabajo. No en nómina, por desgracia para mí, pero, en todo caso, en tareas muy interesantes, que me tienen muy ocupado. Como ocurre con el colesterol, que lo hay del bueno y del malo, estoy en un pico de estrés del bueno.
En primer lugar, empecé una extensión de las prácticas del máster. Es todo un privilegio asistir al nacimiento de una editorial, sobre todo cuando tienes la certeza de que va a ser un proyecto de éxito. Así pues, por las mañanas trabajo en Plataforma Editorial, el nuevo proyecto de Jordi Nadal. Va a lanzar aproximadamente treinta títulos al año, en sus cuatro colecciones: Actual, Testimonio, Policíaca e Histórica. Seguiremos informando, pero mi lado friqui policíaco me dice que voy a engancharme a la serie del comisario Süden, del alemán Friedrich Ani (que vamos a promocionar como la alternativa a Henning Mankell).
Además de las tareas propias de las prácticas, me estoy llevando trabajo a casa, una especie de ensayo para sopesar la posibilidad de convertirme en colaborador externo cuando las prácticas terminen. Hasta ahora, he corregido uno de los títulos del primer lanzamiento: El dolor incomprendido, de Lucía Sutil y Eduardo E. Lázaro, un estremecedor tratado acerca de la atención a las víctimas del terrorismo. Supongo que era divertido y desconcertante vernos a Cristina y a mí enfrascados en nuestras respectivas tareas (ella, estudiando; yo, corrigiendo) durante nuestro último fin de semana en Girona.
Por si fuera poco, tengo que atender el foro de Fantasy Círculo. Ya hemos convocado la primera lectura compartida: Los hijos de Húrin, de J. R. R. Tolkien. Empezaremos el martes.
Pero no se vayan todavía: ¡aún hay más! Realicé una prueba de corrección para una empresa de servicios editoriales, y, aunque no me contrataron para el puesto al que aspiraba, no debí de hacerlo tan mal, pues me han dado a corregir un tocho de quinientas páginas que tengo que entregar entre mañana y el lunes. El libro es una verdadera pasada: Noticias desde un universo desconocido, de Franz Schätzing, una especie de Cosmos a la alemana, que traza una visión exhaustiva, divulgativa y entretenidísima del origen, desarrollo y perspectivas de futuro de la vida en el mar, que es tanto como decir de la vida en el planeta Tierra. Parafraseando a Douglas Adams, es un libro que trata acerca de la vida, el universo y todo lo demás.
En mis ratos libres (¡ja!) estoy ultimando los prólogos para las antologías de los premios Ignotus que publicará Bibliópolis, con Rodolfo Martínez en plan "Isaac Asimov presenta los premios Hugo". Y leyendo material para la Quinta Columna de Bibliópolis. Y preparando las reseñas que le debo a Hélice y C, el hijo de Cyberdark.
Ah, también me apunté a clases de catalán, por aquello de tener el papelito (que nunca se sabe cuándo va a ser necesario) y adquirir la base gramatical que necesito para soltarme a hablarlo en público. Empiezo el martes.
Vamos, que si no asomo por el blog es porque no tengo mucho tiempo, que digamos. Tenedme paciencia. La semana que viene habré salido del cuello de botella, y podré actualizar con algo más de diligencia.

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lunes, 2 de julio de 2007

Otro blog...

...y con este ya van cuatro.
Durante los últimos días del máster surgió la idea de realizar un blog conjunto, para seguir en contacto después del fin de las clases, pero también para traficar con información valiosa sobre el mundo editorial y todo aquello que nos une: comida, libros y rocanrol.
Como coña particular, estaba clarísimo desde el principio que el nombre debía contener las palabras Bodoni y Blog y, obviamente, los contenidos tenían que estar escritos en letra Bodoni.
El resto ya lo iremos improvisando. La idea es que los dieciséis compis de máster seamos administradores y actualicemos cuando nos venga en gana, con los contenidos que nos apetezca.
La idea, como digo, es mantener en contacto a un grupito de amigos, pero también darle un poco de vidilla para todos aquellos interesados por el negocio editorial, los libros y lo que se tercie.
Seguro que va a estar divertido.

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viernes, 29 de junio de 2007

Ideas de negocio

Una de las expresiones más utilizadas durante los últimos días del máster ha sido «hacer la reflexión». Ayer, en la puesta en común final entre profesores y alumnos, convinimos en que pararse a reflexionar no es frecuente en el sector editorial (ni en la empresa, en un sentido amplio), y la reflexión y la coherencia, bienes escasos en general, son muy necesarios en las editoriales.
Dicho esto, nuestra última reflexión, realizada mientras andábamos de cabeza durante toda la semana debido a la proximidad de la fecha de entrega de los proyectos, nos lleva a una idea insistente, que tiene que ver con todos esos conceptos que hemos visto a lo largo del año, tanto en clase (coherencia, coordinación, tiempo, dinero, futuro, tendencias, ilusión, imaginación) como fuera de ella (multitareas, proactividad, sinergias y externalización de servicios).
Y esta idea no es otra que montar una editorial. Por supuesto, no lo vamos a hacer (aunque igual a mí me subvencionan, por aquello de las primas a desempleados que se hacen autónomos), pero la idea de negocio está ahí, y la comparto con vosotros, por si alguien le pudiera sacar algún provecho. Además, predigo que puede ser el inicio de una nueva tendencia en el sector.
Nuestra editorial se llamaría BECARI LLIBRES (Bodoni Books es demasiado autorreferencial), y estaría compuesta íntegramente por becarios, como se corresponde con la realidad actual del sector. ¿Todos becarios? En realidad, no. Teníamos la duda de qué hacer con el personal de limpieza, pero finalmente nos decantaríamos por buscarlos a través de subcontratas: garantizan mejor servicio.
El director general sería un becario del ESADE, huelga decirlo. En seis meses tendría tiempo suficiente para poner en marcha el proyecto, garantizar su viabilidad económica y prever eventuales cambios de orientación del negocio, por ejemplo la importación-exportación de chorizos culares. Nadie notaría la diferencia en la cuenta de explotación.
El encargado de producción podría salir de las prácticas que proporcionan las escuelas de formación reglada, o bien los cursos para desempleados. Como la producción es la tarea más fácil de externalizar, se limitaría a saber distinguir los tipos básicos de papel, tener cierta idea de manejo de hojas Excel y hacerle de vez en cuando preguntas inteligentes al impresor con el que trabajemos. Del palo: «Pero te asegurarás de que el papel no vaya a contrafibra, ¿verdad?» o «¿Qué me aconsejas, un papel de mano 1,25 o de una mano mayor?». De nuevo, nadie notaría la diferencia.
El departamento de contabilidad se puede reclutar sin problemas en cualquier módulo de FPII. Con tener rudimentos de Contaplús vamos que chutamos, y total, seríamos becarios, por lo que el cálculo de nóminas y facturas se simplificaría al máximo.
Las traducciones no supondrían el menor problema: podrían realizarlas alumnos de último curso de Filología, por la cara o bien pagando tarifas de becario. 3 euros la página, y para de contar. Por supuesto, tres o más traductores como mínimo, a razón de 100 páginas por traductor, no vayan a no tener tiempo para estudiar los exámenes finales y la beca termine resultándoles contraproducente. En un momento dado, y para abaratar costes, se podrían editar directamente las pruebas de traducción que recibiríamos de los aspirantes que nos enviasen sus C.V. Con darle una pequeña corrección de estilo, nadie notaría las incoherencias.
Los correctores saldrían de academias especializadas y cursos del gremio. Al trabajar para nosotros bajo la modalidad de prácticas, tampoco les pagaríamos las tarifas habituales en el sector.
El departamento editorial se podría reducir a un becario diseñador, encargado del diseño básico y del mantenimiento de los programas del paquete Acrobat (sin licencia, huelga decirlo), y un becario maquetador.
La adquisición de derechos no debería ser problema, y de hecho se podría prescindir tranquilamente del departamento y dejarle la responsabilidad a los editores concretos de cada título (pues cada becario editor trabajaría en proyectos concretos, al margen del resto de títulos de la editorial), así como al director general y los becarios de secretariado. La idea sería publicar títulos libres de derechos (por ejemplo, El hombre que fue Jueves, de Chesterton), o con algún tipo de licencia Creative Commons que saliese lo más baratito posible (se podría demostrar la ausencia de ánimo de lucro), o bien utilizar como equipo de redacción a los propios miembros de la editorial, con lo que todos los gastos se imputarían a la estructura interna de la editorial y no habría que soltar ni un pavo en concepto de derechos. Para los libros ilustrados, habría un becario encargado de bajárselas de Internet, y el trámite del pago a la Vegap se podría obviar, o dejárselo al director general o al becario encargado de cada proyecto. En cuanto a los autores espontáneos, se les podría liar para trabajar bajo la modalidad de joint venture, de modo que no hubiese que pagarles derechos si el libro funcionase medio mal.
Las escuelas de informática se dan de leches por colocar a sus alumnos en prácticas gratuitas en empresas, así que no tendríamos problema en este aspecto.
En cuanto a las estrategias de mercadotecnia y comunicación, optaríamos por cosas sencillitas, márketing viral o de guerrilla, y no nos gastaríamos ni un euro. Con hacer un brainstorming de vez en cuando y rellenar un DAFO por proyecto, daríamos el pego.
Las escuelas de secretariado también se esmerarían en enviarnos gente preparada para llevar el asunto de la atención telefónica y las llamadas implorantes a imprentas, agencias literarias, distribuidoras y librerías. Con sus miradas de Gatito con Botas, se harían cargo de que somos una editorial joven, que estamos empezando, y nos perdonarían nuestras cantadas, a la par que nos proporcionarían consejos valiosos de cara al futuro.
Como los eventos abundan en Barcelona, también solucionaríamos el asunto del cátering y la alimentación. Un par de presentaciones semanales, y mataríamos dos pájaros de un tiro: la presencia y la cena.
Para los envíos y notas de prensa, no habría problema: las harían los becarios de los medios de comunicación correspondientes. Nos fiaríamos de su capacidad creativa.
Por supuesto, todos trabajaríamos desde nuestros respectivos domicilios, y estaríamos conectados permanentemente a través del Messenger o el Google Talk, para resolver cualquier eventualidad o problema de coordinación. No necesitaríamos sala de juntas para las reuniones del comité editorial: con tener localizados un par de bares chinogalaicos, ya tendríamos solucionada esa contingencia.
Para reuniones con posibles clientes, pues nos lo jugaríamos a suertes: ¿Quién tiene la casa más vistosa o presentable?, o bien (póngase mirada de Gatito con Botas): «Abuelita, ¿me puedes prestar el salón de tu casa durante esta tarde?». Ni que decir tiene que ganaríamos puntos si la abuelita viviera en Sarriá o el Eixample. Total, ya nos prestaba la casa cuando montábamos la timba de póker o la partida de rol...
Como digo, nadie, absolutamente nadie notaría la diferencia con respecto a una editorial normal.
Como me lo piense dos veces, soy capaz de tomarme la idea en serio.

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