viernes, 16 de septiembre de 2016

El problema de los tres cuerpos, de Cixin Liu



Una de las novelas de ciencia ficción del año es El problema de los tres cuerpos, de Cixin Liu. Una verdadera maravilla. Ganó el premio Hugo, más que nada por el fuego cruzado de los peligrosísimos Sad Puppies, ya que había entrado de rebote en la papeleta final. Ni caso: bien ganado está. Y al lorito, porque lo tiene todo para llevarse el Ignotus del año que viene. Es una muy buena novela, y al parecer las continuaciones son mejores aún.
Por todo eso me parece procedente hablar de ella, aunque no escribiré reseña, sino un informe de lectura que elaboré hace tiempo para otra editorial. Esta desestimó la publicación de la novela por equis motivos, supongo que por el coste desmesurado de una traducción directa del chino y porque se trata de la primera novela de una trilogía, pero desde luego no fue porque mi informe fuese negativo. Como no me suelen poner problemas para colgar informes, lo hago, aunque, desde luego, eliminando referencias a la editorial y desvelando spoilers muy sangrantes. Eso sí, aviso: CONTIENE SPOILERS.
Y por último: no, no leo chino. El informe estaba elaborado a partir de la traducción de Ken Liu al inglés, que además dicen los entendidos que deja bastante que desear; ahí ni entro ni salgo.



TÍTULO:
The Three Body Problem (三体, en chino).

AUTOR:
Liu Cixin.

NUM.PÁGINAS:
304.



LECTOR Y FECHA LECTURA:
Juan Manuel Santiago. 18 de diciembre 2014.






- Resumen:

Primera parte: Primavera silenciosa.
Esta primera parte abarca de los capítulos 1 al 3 de la novela, funciona a modo de prólogo y se desarrolla en tiempo pasado (1967 a 1969).
En el primer capítulo asistimos a una dura escena de la Revolución Cultural en su apogeo en 1967: los guardias rojos están ajusticiando a Ye Zetai, un profesor universitario de la Universidad de Tsingua acusado de contrarrevolucionario. Su hija Ye Wenjei, astrofísica, ha sido testigo, y más tarde se enterará de que su hermana, Ye Wenxue, participó en el linchamiento. Es un verdadero auto de fe, al más puro estilo inquisitorial, y lo ajustician basándose en que las enseñanzas de la física occidental son reaccionarias y atentan contra la Revolución.
Ye Wenjei es enviada a un campo de reeducación en el nordeste de China. Está en una zona boscosa limítrofe con Siberia; de hecho, la crisis sino-soviética de 1969, que estuvo a punto de convertirse en una guerra abierta (¡y nuclear!) entre ambas potencias, se gesta en esta región llena de alerces y abetos. Ye Wenjei se hace con un ejemplar de Primavera silenciosa, de Rachel Carson, el primer ensayo que alertaba sobre la conciencia medioambiental. Parece una encerrona de su camarada Bai Mulin, pues al descubrirle el ejemplar a Ye, el comisario político toma represalias y la confina en el observatorio del Pico del Radar, que todo el mundo sabe que es una base militar. Este hecho cambia la historia de la humanidad, según nos advierte el autor, ya que Ye Wenjei comienza a trabajar en el Pico del Radar y sienta las bases de la búsqueda de vida extraterrestre y el primer contacto con los trisolarianos.
Así pues, Ye comienza a trabajar en la llamada Costa Roja, el proyecto relacionado con SETI que tratará de buscar vida extraterrestre en las radiaciones de fondo detectadas por el radiotelescopio de Pico del Radar. Allí conoce a Yang Weining, un matemático superdotado pero inútil en el trato humano, con quien acabará casándose por conveniencia.

Segunda parte: Tres Cuerpos.
Esta segunda parte abarca de los capítulos 4 al 20 y se desarrolla en tiempo presente (2007, momento en que transcurre el grueso de la acción) y en forma de flashback a 1969 y la década de 1970 (las investigaciones de Ye en la Costa Roja).
Treinta y ocho años después, en 2007, Wang Miao es un físico especializado en nanotecnología a quien se convoca a una reunión ultrasecreta con altos mandos del ejército chino, pero también de la OTAN y de la CIA. Se le encomienda una misión: infiltrarse en Fronteras de la Ciencia, una extraña organización compuesta por físicos que está derivando hacia postulados casi anticientíficos (postula la inexistencia de la ciencia) y que está sufriendo una epidemia de suicidios en sus filas.
Fronteras de la Ciencia parece un grupo de físicos e investigadores teóricos demasiado enfrascados en discusiones bizantinas (las teorías del tirador y del granjero, capítulo 6). Sin embargo, un buen día Wang empieza a percibir cosas raras. Ve series de números en los negativos de las fotografías que saca él con su cámara Leica; el fenómeno no se produce si quienes sacan las fotos son su mujer o su hijo. Llega a la conclusión de que es un aviso, y se trata de una cuenta atrás, aunque no sabe de qué se trata. Sufre ataques de pánico que le impiden trabajar en condiciones. Todo ello lo lleva a hablar con Shen Yufei, una brillante física. La visita en su casa y la ve enfrascada en un juego de realidad virtual: Tres Cuerpos. Entra en el juego.
Tres Cuerpos es una especie de videojuego en clave alegórica: siempre aparecen científicos destacados (Einstein, Newton, Von Neuman…) y el jugador interactúa con otros dos personajes, con los que mantiene charlas de un elevado nivel teórico. ¿Adónde va a parar Tres Cuerpos? Necesita varias partidas para intuirlo. En ellas se habla de Eras Caóticas y Eras Estables. Se trata de dilucidar cómo se evitan las primeras. Acabamos descubriendo que en realidad los personajes son los trisolarianos, habitantes de un planeta del sol triple de Alfa Centauri amenazados por una catástrofe medioambiental que los exterminará, por lo que deben huir del planeta; para ello entran en contacto con la humanidad, y Tres Cuerpos parece uno de los medios a través de los cuales se comunican.
Wang conoce a Ye Wenjie, que ahora es una anciana y es la madre de Yang Dong, uno de sus contactos. Ella lo insta a viajar a varios radiotelescopios. En ese momento descubre los mensajes que están llegando de los trisolarianos. Ye le cuenta a Wang lo que sucedió en la Costa Roja, cómo le contaron la verdadera naturaleza de sus investigaciones, en el marco del proyecto SETI, y cómo se trabó el primer contacto con extraterrestres. Las señales que enviaban recibieron una respuesta desalentadora: los humanos no debían responderlas, pues se trataba de una celada para determinar si había vida inteligente en la Tierra y, en tal caso, proceder a invadirla.
Wang sigue jugando a Tres Cuerpos, hasta que descubre la verdadera naturaleza del juego y puede pasar al segundo nivel. Wei Cheng le cuenta su historia, con homenajes varios al Arthur Conan Doyle de Estudio en escarlata, y se nos expone el llamado problema de los tres cuerpos, un enigma matemático enunciado por Henri Poincaré y que hasta ahora no ha sido resuelto.
Se produce un asesinato, y todas las pistas llevan a Pan Han, un fanático de la lucha contra el cambio climático. En este punto aparecen la ETO (Organización Tierra-Trisolarianos), que está detrás de Tres Cuerpos, fue fundada por Mike Evans, un naturalista que resulta ser heredero de un magnate petrolero, y que vive una auténtica guerra civil entre dos facciones: adventistas y redencionistas. Es prácticamente una secta que cree en el carácter casi divino de los trisolarianos, también llamados el Señor. Las comunicaciones recibidas informan de que ya están en marcha hacia la Tierra y que faltan cuatro siglos para su llegada. En este punto, los miembros de la ETO difieren acerca de lo que deben hacer al respecto, aunque el sentido es el mismo: han perdido la fe en la especie humana, que está destrozando el planeta, y entienden que deberían hacer todo lo posible para que los trisolarianos nos impongan sus sistemas de valores.

Tercera parte: El crepúsculo de la humanidad.
Esta tercera parte abarca de los capítulos 21 al 34 y también se desarrolla en tiempo presente (año 2007) y con flashbacks a la década de 1970…, así como con unos capítulos finales en que vemos por fin a los trisolarianos.
(Y hasta aquí puedo contar. Si queréis saber qué pasa, os la leéis.)



- Trama:
Es la historia de los prolegómenos de una invasión extraterrestre narrada desde los puntos de vista de los científicos encargados de los diferentes proyectos que se suceden a lo largo de cuarenta años para tratar de comunicarse con los trisolarianos, una cultura alienígena oriunda del sistema de Alfa Centauri, a cuatro años luz de la Tierra, que ha sido víctima de una catástrofe medioambiental que la obliga a buscar un nuevo mundo donde habitar.
A lo largo de las trescientas páginas del libro vemos los pormenores de las investigaciones sobre la búsqueda de vida extraterrestre, así como un elemento de ciencia ficción dura, el problema matemático de los tres cuerpos, que resulta fundamental para entender la trama. El juego homónimo es una manera que tiene el ETO de captar adeptos, pero también de intentar resolver este problema y, de paso, averiguar cuáles son las intenciones de los trisolarianos.
Lo que se nos presenta al principio como las historias yuxtapuestas de dos generaciones de astrofísicos chinos acaba convirtiéndose en una novela de invasiones extraterrestres, de catástrofes y elementos de thriller, con organizaciones secretas casi terroristas y muchas reflexiones sobre la senda autodestructiva de la Tierra por los propios humanos, las diferencias entre las mentalidades occidental y oriental, y las diferencias entre la mentalidad humana y la mentalidad trisolariana. El final abierto nos deja en las puertas de [omito el SPOILEEEEEERACOOOO] las siguientes dos novelas de la trilogía: El bosque oscuro y Callejón sin salida.
En el fondo, la novela versa acerca de la búsqueda del conocimiento, tanto científico como humano.

- Género:
Es una novela de ciencia ficción transhumanista con guiños a la ciencia ficción dura, de primer contacto y de invasiones extraterrestres. También tiene elementos de novela histórica (de la historia de la Revolución Cultural), extrapolación sobre el fenómeno de las sectas y el terrorismo de última generación, no pocas pinceladas de inquietudes medioambientales y, en resumen, un delicadísimo equilibrio en torno a temáticas new age o directamente “magufas”, en las que el autor no cae porque conserva todo el rigor científico, pero que, si se lee de manera apresurada, sí se podría caer.



Opinión del lector
 -Valoración literaria (de 1 a 10):
9
Se trata de una de las mejores novelas de ciencia ficción que se han publicado en los últimos diez años, en general y sin distinción de subgéneros ni de procedencia geográfica. A pesar de algunos altibajos (el final aparece un tanto forzado [aquí contaba OTRO SPOILER, LALALALÁAA]), y de que se ven con claridad algunas hechuras (el viejo método de que alguien muy instruido en una materia le hace una explicación profusa a un lego, con lo que se explica al lector una teoría científica, por ejemplo), se puede decir que es una novela casi redonda, con un estilo aparentemente sencillo pero con una gran complejidad que, no obstante, no entorpece la lectura.

-Valoración comercial (de 1 a 10):
8
[...] Si se realiza una promoción que insista en el factor diferencial, el hecho de ser LA novela de ciencia ficción china (y, por ende, LA novela de ciencia ficción no anglosajona o no occidental), puede ser una sorpresa.
Si se le da un tratamiento indiferenciado del resto de novelas publicadas en el sello, tiene elementos de sobra para defenderse por sí sola: es una buena novela [...] y el boca oreja puede funcionar muy bien para promocionarla.
El autor y la obra son lo suficientemente interesantes como para intentar traerlo a España de gira promocional. Aseguraría prensa y podría ser cabeza de cartel en eventos como la Semana Negra, Celsius o alguna posible nueva edición de Kosmopolis. De hecho, el autor sería más vendible entre medios generalistas que entre medios especializados.
Se trata de la primera parte de una trilogía. Parece ser que la tercera parte es aún mejor que esta, por lo que lo ideal sería que apareciese íntegra [...]. Esto entraña riesgos comerciales y de planificación, ya que no solo habría que pensar en esta novela, sino también en las dos siguientes.




 -Comentario crítico:
Esta novela puede suponer el descubrimiento de una ciencia ficción no anglosajona, la china, aunque está escrita de una manera apta para el consumo de lectores occidentales.
El problema de los tres cuerpos se puede adscribir a partes casi iguales a las corrientes de la ciencia ficción dura (la primera parte) y la ciencia ficción transhumanista (la segunda parte), lo que la convierte en un nexo entre dos maneras de entender el género que no siempre han corrido en paralelo ni se han llevado bien. Es, pues, una novela interesante para comprender hacia dónde va el género en la segunda década del siglo xxi.
La ambivalencia entre lo occidental y lo oriental aparece de manera explícita en muchos pasajes del libro (en el juego Tres Cuerpos aparecen físicos y científicos occidentales, como Einstein o Newton, que les dan las claves necesarias a los protagonistas chinos, pero también vemos a un occidental como Evans que idea el ETO gracias al influjo oriental del budismo. Todo ello acentúa la idea de yin y yang, así como la interrelación entre dos mundos, Oriente y Occidente, que se nos suelen vender como compartimentos estancos. Liu Cixin dedica varios comentarios, a título de narrador pero también en bocas de sus personajes, a esta ambivalencia.
Como ciencia ficción, El problema de los tres cuerpos es impecable, aunque tal vez pierda algo de fuelle en los últimos capítulos [SPOILEEEER de dos párrafos que quito].
El pulso narrativo del autor es firme, y produce momentos deslumbrantes, como las descripciones de las purgas de la Revolución Cultural o algunas escenas dentro del juego de Tres Cuerpos. Liu Cixin escribe algunas de las páginas más apasionantes de la ciencia ficción mundial de los últimos diez años, y merece la pena darlas a conocer al lector español.


 -Sensación epidérmica:
Se trata de una muy buena novela, que lógicamente queda un tanto incompleta, ya que es la primera parte de una trilogía. Ofrece, de manera consecutiva, muy buenas descripciones de la Revolución Cultural, la situación del científico en China (y, por extensión, la figura del científico solitario), el funcionamiento del juego Tres Cuerpos, los pormenores del funcionamiento de la ETO y, por último, una aproximación a los trisolarianos, los verdaderos protagonistas de la novela.


 -¿Lo regalarías? (si es que sí, ¿a qué tipo de persona?)
Sí. A interesados en ciencia ficción en general (me temo que sería uno de los libros importantes del año, incluso posible finalista de los Ignotus), pero también a gente interesada en el Lejano Oriente en general y en China en particular. Y, por supuesto, a físicos, astrofísicos y amantes de los problemas matemáticos.
- Comparación con otros autores / libros:
Autores de ciencia ficción dura ambientada en época actual y que hagan énfasis en la problemática del científico: el Gregory Benford de Cronopaisaje, o de las obras de David Brin o Robert Sawyer.
Ciencia ficción transhumanista, una de las corrientes principales del género ahora mismo, gracias a la inspiración de Arthur C. Clarke, la renovación que supuso Greg Egan y los trabajos actuales de Peter Watts.
La ciencia ficción clásica recibe numerosos homenajes, el más evidente de todos a “La bola de billar”, un cuento de Isaac Asimov que se encuentra en su antología Estoy en Puertomarte sin Hilda y que, en resumen, expone el problema de los tres cuerpos que da título a esta novela.
Stanislaw Lem. La misión de Wang Miao es parecida, en un primer momento, a la del protagonista de La investigación: tiene que investigar una serie de muertes que no se sabe si son asesinatos, ni si tienen móvil u oportunidad.
La ciencia ficción de última generación. Está en la misma onda que los autores que están marcando el paso de la nueva década, como Aliette de Bodard o, claro está, Ken Liu, quien además es el traductor de esta novela al inglés.
Al igual que sucedió hace tiempo con Años de prosperidad, de Chan Koonchung, este título puede trascender las fronteras del fandom precisamente gracias a la procedencia china del autor. La CF oriental puede deparar sorpresas como Liu Cixin o el japonés Yasutaka Tsuitsui. Fuera del ámbito occidental, podemos ampliar a lo que escribe Ben Okri en África.
Novelas “de primer contacto”, desde Contacto de Carl Sagan hasta el ya citado David Brin o el Stanislaw Lem de Solaris.
A tenor de lo que se lee en los últimos capítulos y las referencias disponibles de los otros dos títulos de la trilogía, la obra se enmarca en la ciencia ficción catastrofista y “de invasiones extraterrestres”, desde el H. G. Wells de La guerra de los mundos hasta las series televisivas V y Falling Skies, pasando por el clásico más pesimista del subgénero: Los genocidas, de Thomas M. Disch, que parte de la misma premisa (apenas somos unos insectos molestos para los invasores extraterrestres).
El retrato que efectúa Liu Cixin de las discusiones sectarias entre adventistas y redencionistas, así como algunas otras soluciones literarias del autor al describir el entorno del ETO y sus connotaciones sectarias y “platilleras”, remiten a novelas como La posibilidad de una isla, de Michel Houellebecq.
La manera en que juega con los problemas matemáticos (el de los tres cuerpos) la hace muy recomendable, por un lado, para lectores aficionados a los pasatiempos lógico-matemáticos (a lo Martin Gardner), pero, por otro, a los interesados en esta materia en un plano profesional (físicos y matemáticos con inquietudes literarias).
Hay un homenaje muy evidente a Estudio en escarlata, de Arthur Conan Doyle, lo que podría emparentar esta novela, de manera leve pero consistente, con Sherlock Holmes.
La parte del juego Tres Cuerpos tiene elementos casi de película wuxia (para entendernos, cine a lo Tigre y dragón).

- Público al que va dirigido: 
Lector de ciencia ficción dura (pero sin pasarse), como el Gregory Benford de la ya citada Cronopaisaje.
Lector de ciencia ficción transhumanista.
Lector que quiera estar a la última de lo que es ahora mismo la ciencia ficción.
Amantes de la ciencia ficción “exótica” no anglosajona. Ya hemos hablado de Chan Koonchung.
Aficionados a novelas de ciencia ficción (o no) en las que los juegos o videojuegos formen parte fundamental de la trama. La referencia implícita en algunos pasajes es El juego de Ender, de Orson Scott Card, aunque luego deriva por otros derroteros.
Lectores de novelas “de primer contacto”, desde Carl Sagan hasta el ya citado David Brin o el Stanislaw Lem de Solaris.
Lector de ciencia ficción catastrofista y “de invasiones extraterrestres.
Fuera del género fantástico, la novela puede ser una lectura muy valiosa para interesados en China, la cultura china, la historia china reciente (en particular, la Revolución Cultural).
Aficionados a pasatiempos matemáticos y problemas matemáticos en un nivel más serio. Matemáticos, físicos y astrofísicos.

- ¿Lo publicarías?
Sí. Es una novela magnífica, nos abre las puertas de la ciencia ficción china (de la que apenas ha aparecido material en España) y, por las referencias que manejo, la tercera de la trilogía es aún mejor, lo que haría aconsejable publicar el ciclo completo.


- Propuestas de título: El problema de los tres cuerpos está bien, ya que los lectores aficionados a los problemas matemáticos entenderán a qué se refiere, aunque no cuadra mucho con el nombre del juego que es determinante en la novela, por lo que tal vez habría que dejarlo en Tres cuerpos a secas (o Tres Cuerpos, si el criterio de la editorial es que los nombres de videojuegos vayan en caja alta). También sería conveniente esete título si tenemos en cuenta que los siguientes títulos de la trilogía serían El bosque oscuro y Callejón sin salida, mucho más concisos que El problema de los tres cuerpos. Aun así, la primera opción parece mejor.


Cuestiones particulares:
- Problemas de traducción/adaptación/edición:
Se trata de una novela escrita originalmente en chino, lo que complica la posible traducción. En el informe hemos trabajado a partir de la traducción al inglés que efectuó Ken Liu, uno de los autores de referencia de la ciencia ficción actual. Su mera presencia en esta edición es un factor que puede ayudar a venderla (de hecho, sería interesante conservar la nota final del traductor, aunque al final se traduzca directamente del chino).
No obstante, Liu Cixin ha publicado un relato en la antología Terra Nova 3, aparecida en Fantascy. Se tradujo directamente del chino, y el traductor de ese relato, Javier Altayó, parece la persona más indicada para traducir esta obra. También sería interesante publicar una nota del traductor similar a la de Ken Liu, lo que le daría un valor añadido a la obra. La obra contiene numerosas referencias históricas, pero también mucha ironía, por lo que la traducción puede ser difícil, pese a la facilidad con que se lee la obra. También complicaría las tareas de revisión del texto.
Mariano Villarreal comenta que fue toda una odisea contratar en cuento de la antología ya citada. Cabe suponer que ese escollo a la hora de la gestión de los derechos ya se ha superado, y que hay línea directa con el agente o representante del autor, lo cual facilitaría la contratación de esta obra.

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martes, 12 de julio de 2011

Cómo ser corrector

De un tiempo a esta parte me da la sensación de que me estoy convirtiendo en el gurú editorial de  bastantes de mis amigos y algunos de mis contactos en redes sociales. Raro es el mes en que no recibo mensajes privados de gente que me solicita asesoramiento acerca de cuestiones editoriales más o menos pertinentes. Suelo contestar con relativa rapidez, demasiada verborrea y, por lo general, creo que consejos útiles.
La temática de las consultas es muy variada. Una de las más repetidas es la siguiente: "Quiero ser corrector de estilo. ¿Qué tengo que hacer?".
Llegados a este punto suelo aclarar que no me considero exclusivamente un corrector de estilo, ya que realizo otras actividades. Digamos que la corrección de estilo y ortotipográfica supone el 60 por 100 de mis ingresos, la moderación de foros friquis de Internet asciende al 25 por 100, y el 15 por 100 restante se lo reparten las bibliotecas, los informes de lectura, los cotejos, y los cursos y conferencias, no necesariamente en este orden.
Aclarado esto, digamos que sí, que vale, que acepto corrector de estilo como ocupación principal. Solo entonces puedo responder algunas de las preguntas que me formulan.

¿Cómo se convierte uno en corrector de estilo?
Hay muchas maneras y, por supuesto, no puedo generalizar.
En mi caso llegué más o menos por casualidad, o por eliminación. Ya estaba acostumbrado a corregir textos de las revistas que dirigía. A lo largo del máster de edición me quedó más o menos claro que la corrección de textos era una de las tareas en las que destacaba y, mientras estaba trabajando como becario en dos editoriales, me saqué algunos ingresos extraordinarios encargándome de correcciones de galeradas. Envié el currículum vítae a dos empresas de servicios editoriales, gracias a sendos chivatazos de Santy y Cristina. En la primera no me cogieron porque acabaron dándole el puesto a una persona que tenía un perfil mucho más adecuado que el mío, y en la segunda hice rematadamente mal las pruebas de idioma y de negociación. No obstante, les gustaron mis pruebas de corrección, y comenzaron a encargarme trabajos. Cuando las cuentas me salieron, me di de alta en el régimen de autónomos. Fin (o, más bien, principio) de la historia.
En resumen, no es que quisiera hacerme corrector de estilo, ¡es que no me quedó más remedio!


¿Hace falta alguna titulación concreta para ejercer como corrector?
No existe ningún grado universitario de corrección de textos, si es eso lo que preguntas. Más que titulación, lo que hace falta es, por un lado, tener una buena base gramatical y ortográfica de las lenguas en las que vayas a corregir (en mi caso, español) y, por otro, ser un buen lector. Esto último es más importante de lo que parece. Cuando estaba en Gigamesh oía decir que la corrección de estilo es en gran parte una corrección "de sentido común". Hay que preguntarse continuamente cuál es el sentido de lo que estás leyendo, leer en voz alta, pensar en posibles alternativas y, sobre todo, ser riguroso. Saber ver, en resumen, cuándo una frase es un desastre desde el punto de vista gramatical, o si crea posibles ambigüedades, o si es un calco lingüístico de algún otro idioma (o no lo es, aunque lo parezca). ¿Y cómo se hace esto? Con la práctica, por supuesto, pero también con muchas lecturas a cuestas y sólidos conocimientos de tu idioma.
Huelga decir que lo primero viene solo, lo segundo no tiene nada que ver con tu formación académica (hay correctores rematadamente buenos que han estudiado biología o físicas, así que no es necesario ser "de letras" para trabajar como corrector) y lo tercero es más fácil si cursaste alguna filología. Así pues, digamos que el hecho de haber estudiado filologías, traducción o periodismo te hace ligeramente más fácil la tarea de ser corrector, ya que todas ellas incluyen asignaturas que te serán muy útiles a la hora de desempeñar tu trabajo. 
No obstante, los conocimientos sobre cómo corregir un texto son insuficientes si no sabes qué estás corrigiendo. Y aquí es donde los titulados en historia, biblioteconomía, derecho, psicología, filosofía, magisterio, empresariales o ingeniería agrícola podemos tener nuestra oportunidad. Deja muy claro en tu currículum vítae que eres capaz de corregir libros acerca de tal o cual temática (por supuesto, mucho mejor si esta tiene que ver con tu titulación, porque se presupondrá que entiendes de la materia, aunque no sea cierto), ya que en muchas ocasiones, si tu cliente sabe hacer bien su trabajo, te ofrecerán correcciones precisamente porque eres titulado en tal o cual materia. Conservo a uno de mis clientes porque soy "el que sabe de arte", y comencé a trabajar con otro porque era verano, estaban en cuadro y necesitaban urgentemente a alguien que tuviese nociones de historia antigua. Y así fue como el hecho de ser licenciado en historia comenzó a serme de utilidad... quince años después de haber terminado la carrera. Nunca es tarde.
Ten en cuenta que no existe ninguna titulación homologada que habilite para ejercer como corrector, aunque llevo tiempo oyendo que no tardará en crearse un grado universitario específico. Verás que hay cursos, como los que ofrecen Cálamo & Cran, los diferentes gremios de editores y libreros (estos últimos, orientados a trabajadores del sector) o algunos profesionales como Silvia Senz o Pilar Comín. Todos estos cursos son útiles, ya que te permiten adquirir o ampliar conocimientos, pero no te convierten en corrector: eso viene con la práctica. ¿Y cómo se adquiere esta? Trabajando. Las bolsas de empleo que ofrecen los cursos pueden ser una buena manera de comenzar a trabajar como corrector, pero no son la única. Mueve el currículum vítae.


¿A quién hay que enviar el currículum vítae?
"Esta es fácil", te dirás. A las editoriales, ¿verdad?
Pues sí, pero no. 
El sector editorial está sufriendo la crisis, como cualquier otro sector económico, pero con un doble agravante: por un lado, está desorientado por la llegada del libro electrónico, que puede poner el sector patas arriba (aunque su implantación está resultando tan lenta y errática que a veces parece que no es un factor relevante), y, por otro, la crisis se ha traducido en despidos, que han llevado a que las editoriales externalicen determinados trabajos como la maquetación y la corrección. 
"Claro, a colaboradores autónomos", pensarás.
Pues lo siento, pero la respuesta es, de nuevo, que sí pero no. 
Las editoriales han externalizado el trabajo a las llamadas empresas de servicios editoriales, que son las intermediarias entre el corrector y el editor. Cada una de estas empresas de servicios trabaja con determinadas editoriales o grupos editoriales, aunque en teoría no hay ningún tipo de exclusiva: he corregido libros de la misma editorial a través de dos empresas diferentes. 
No sé cómo funcionan las empresas de servicios editoriales en Madrid, así que solo puedo hablar de las de Barcelona y, en concreto, de los trabajos que me han encomendado en función de mis conocimientos: no puedo hablaros de quién corrige libro técnico de ingeniería industrial, pero sí de cómo funcionan los libros de ficción, historia o psicología. La empresa A es la subcontrata de casi todo el Grupo Planeta, mucho Grup 62, buena parte de RBA y Belaqva, y bastante Urano. La B trabaja con Crítica, Ariel y Gedisa.  La C, con Taschen y Parragon. La D se encarga de algunas colecciones de Planeta, y la E hace libros de Urano, por poner cinco ejemplos. Seguro que hay más empresas de servicios editoriales en Barcelona, pero no he trabajado con ellas y, por lo tanto, no sé qué editoriales las contratan.
A pesar de lo que he dicho, también se puede trabajar directamente con las editoriales. ¿Cómo? En mi caso he comprobado que echarle morro suele salir a cuenta: "Hola, nos conocemos de Facebook y tengo que hacerte una proposición absolutamente indecente: trabajemos juntos" y variantes. No es mi manera favorita de presentarme, pero creedme si os digo que a veces funciona. Todo depende del interés mutuo... y de que lo hagas con cierta gracia, claro está. Como mínimo, te responden.
El contacto directo también influye. Créate tu propia red de contactos. Llegados a este punto, lo recomendable es ser generosos: si hoy te tiras el rollo por un amigo, es más que probable que mañana se lo tire él por ti. Si no puedes hacerte cargo de una corrección, sé sincero y, en vez de estar en varios trabajos a la vez, di que no te va bien pero que a Fulanito o Menganita sí, y pásales sus datos. Quid pro quo. Me he quedado sin un par de clientes por intentar abarcar más de lo que podía. La finalidad de una buena corrección de textos es que no se note que has metido mano, y el original se pueda leer de corrido y sin necesidad de detenerse. Sin embargo, un texto mal corregido llama la atención de inmediato. Aprende a rechazar o, mejor aún, derivar trabajo.
Cuando envíes el currículum vítae no te olvides de una cosa: especifica qué tipo de material quieres y, sobre todo, eres capaz de corregir. No te encabrones si te remiten una prueba de corrección: por mucha experiencia que acredites, es lógico que el cliente no se fie de ti a ciegas, y quiera hacerse una idea de cómo trabajas. Hazla lo mejor que puedas, ya que será tu carta de presentación, lo que puede marcar la diferencia entre que comiences a trabajar con ese cliente o no.
No te olvides de redes sociales como LinkedIn o Ediciona: son más útiles de lo que crees, aunque a veces recibirás propuestas surrealistas en tu buzón. Pero no pasa nada: estamos hablando del sector editorial, en el que todo es posible.

¿Tengo que ser autónomo para trabajar en el sector?
Depende de cuánto cobres. Si es una actividad marginal y te va a suponer unos ingresos testimoniales, pues no. Si aspiras a comer de ello, pues sí.
Para trabajar con algunas empresas de servicios editoriales es muy recomendable que te hayas dado de alta como autónomo, ya que suelen pedirte un certificado de contratista (un documento que expide Hacienda, por el que acredita que estás dado de alta en el Impuesto de Actividades Económicas) para asegurarte de que vas a pagar el IVA que te corresponde. Pero no todas estas empresas te lo van a exigir. Habla con ellas y, en función de cuál sea tu situación fiscal, decide con cuál te interesa colaborar. 
¿Cómo haces esto? Fácil: echa cuentas. Si te das de alta en autónomos y tienes la base mínima de cotización vas a pagar algo más de 250 euros al mes en concepto de cuota de la Seguridad Social. ¿Te compensa trabajar a cambio de lo que factures por tus colaboraciones menos el 18 por 100 de IVA menos el 15 por 100 de IRPF (o el 7 por 100, si llevas menos de dos años como autónomo) menos tu cuota de la Seguridad Social? ¿Sí? Entonces, bienvenido al club de los free-lances. ¿No? Pues bueno, alguna solución habrá.
Ten en cuenta que gracias al maravilloso mundo de los autónomos te puedes desgravar algunos gastos relacionados con tu actividad profesional (si eres corrector, todos los libros y manuales necesarios, que son unos cuantos... y bastante caros), pero también tienes la obligación de presentar una declaración trimestral de IVA, que es lo que debería estar haciendo en vez de escribir esta entrada. Puedes recurrir a un gestor o hacerla por tu cuenta, dependiendo de lo diestro que seas con los números.
En todo caso, suerte, y no te asustes mucho si algunos trimestres te sale a pagar alguna cantidad de cuatro dígitos: eso es señal de que has facturado mucho, ¿no?

¿Con qué tarifas trabajo?
Este es un asunto delicado, ya que las tarifas no están unificadas. Muchas veces te vas a encontrar con que el cliente te pregunta cuál es tu tarifa. Lo más habitual y recomendable es que preguntes a alguien que trabaje en el sector. La Unión de Correctores (UniCo) tiene unas tarifas recomendadas que suelen incumplirse de manera sistemática. Es más, de un tiempo a esta parte las tarifas no solo no han aumentado sino que hay clientes que las han rebajado; en la mayoría de los casos me consta que esta rebaja se debe a la presión de las editoriales, ya que, nos guste o no, el colaborador externo es siempre el eslabón más débil de la cadena de producción, y la alternativa a la rebaja de tarifas es que prescindan de corregir textos (cosa que alguna editorial ha comenzado a hacer).
Dicho esto, antes de aceptar el trabajo conviene aclarar con el cliente cómo vas a tarifar sin salir tarifando, si me permitís el juego de palabras. Puedes hacerlo por horas o por número de caracteres. No esperes encontrarte con que la corrección de textos es un chollo. Si quieres ser mileurista, me temo que vas a tener que trabajar más de cuarenta horas semanales, aunque decir esto y no decir nada...
Ten en cuenta también que hay tarifas especiales de urgencia y de fin de semana. Y, por supuesto, que no es lo mismo corregir una novela que un libro técnico. En este último sector las tarifas aumentan, si bien es cierto que no todo el mundo está capacitado para corregir según qué cosas. Tienes que ser consciente de tus limitaciones.
Por último, trata de ser honesto. Si ves que lo normal es trabajar por tal tarifa, no ofrezcas menos, amparándote en que "estás empezando" o "el mercado está fatal", porque lo único que vas a conseguir es que nos rebajen la tarifa a todos. Tampoco te pases de listo y pidas una barbaridad, porque a lo mejor te arriesgas a que nadie quiera trabajar contigo. Ah, las leyes de mercado...
Edito: En esta página podéis encontrar tarifas recomendadas para varios países de lengua española. Son bastante razonables y, si contactáis con algún posible cliente que no tenga tarifas propias, tratad de moveros en torno a estas cifras.


Por supuesto, me dejo muchas cosas en el tintero, pero más o menos creo que aquí están todas las respuestas a las dudas generales que me plantean en privado. Quiero dejar claro que se trata de una interpretación personal, basada en mi experiencia concreta, y que no pretendo sentar cátedra: tan solo estoy resumiendo las preguntas más frecuentes que recibo y el sentido de mis respuestas.
Espero que esta entrada os haya resultado útil. Si os ha gustado, a lo mejor escribo más.

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miércoles, 1 de diciembre de 2010

Los jueves, informe de lectura: Los presidentes en zapatillas, de M.ª Ángeles López de Celis


Ya lo sé, hoy es miércoles, pero esta sección se titula como se titula y no voy a cambiarla por un detalle sin importancia. Así pues, continúo con la publicación de los informes de lectura que suelo escribir para Círculo de Lectores. En esta ocasión no sé si editarán Los presidentes en zapatillas porque aún no se ha celebrado la reunión en la que se decide sobre su publicación, pero creo que tiene bastantes posibilidades, ya que reúne todo lo que se le puede pedir a un libro de estas características: es veraz, bien documentado, está escrito por una experta en la materia (ha trabajado más de treinta años en el palacio de la Moncloa) y, sobre todo, respetuoso y ameno. La promoción en medios ha ido más a lo anecdótico, pero el ensayo va más allá y nos ofrece un retrato más que interesante de la democracia española posfranquista, desde el punto de vista de alguien que está en el epicentro mismo del poder. Lo cierto es que es muy recomendable. 

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INFORME DE LECTURA
Juan Manuel Santiago


Autora: M.ª Ángeles López de Celis
Título: Los presidentes en zapatillas. La vida política y privada de los inquilinos de La Moncloa
Editorial: Espasa
Páginas: 269
Fecha de edición: 2010
ISBN: 978-84-670-3316-8


IMPRESIÓN GENERAL
Los presidentes en zapatillas es un libro ameno, sincero y nada efectista que, como apunta José Oneto en el prólogo, resultaba necesario. En él se efectúa un retrato muy interesante y didáctico del funcionamiento del día a día en el Palacio de la Moncloa, así como las relaciones entre el los presidentes del Gobierno de España y el personal adscrito a su departamento. Desde su puesto de trabajo, M.ª Ángeles López de Celis ha sido una testigo privilegiada de la evolución política de España, y esboza una historia alternativa de la España democrática, desde 1977 hasta la actualidad.
Destaca la gran objetividad de la autora. Como indica Oneto en el prólogo, resulta inevitable entrever cuáles son las simpatías personales de López de Celis, aunque se cuida mucho de hacerlo de manera expresa. Se dejan ver el atractivo de Adolfo Suárez, la inteligencia de Leopoldo Calvo-Sotelo, la personalidad arrolladora de Felipe González, la antipatía que generan José María Aznar y Ana Botella, o los modales políticos desconcertantes de José Luis Rodríguez Zapatero.
Con todo, el mejor activo del libro son las digresiones sobre aspectos poco conocidos del funcionamiento de Moncloa, o las curiosidades sobre los personajes secundarios que no aparecen en los libros de historia pero que han resultado determinantes para que la España actual sea como es; en concreto, los jefes de gabinete y ayudantes de Presidencia, algunos de ellos con costumbres muy exóticas. Por encima de todo ello, destaca el papel que da la autora a las esposas y los hijos de los presidentes. En este aspecto realiza unas descripciones tiernas, aunque no exentas de acidez.
En el aspecto negativo, el tono a lo Cuéntame que emplea la autora cuando trata de poner en contexto los principales logros de las respectivas presidencias. Son unos resúmenes históricos necesarios, para comprender lo que sucede durante el período que comenta, pero en ocasiones se apartan demasiado del tono del libro, y son demasiado irregulares. Sin embargo, los epílogos de cada capítulo, en los que relata el periplo vital de los presidentes después de haber dejado el cargo, son muy interesantes.

 

RESUMEN
En el prólogo, José Oneto destaca el hecho de que el retrato que efectúa López de Celis se parece excesivamente a las impresiones que él ha extraído a lo largo de más de treinta años de contactos con nuestros cinco presidentes del Gobierno. También alaba el tono comedido que se emplea en el texto, lo cual es rigurosamente cierto.
A continuación la autora relata su infancia y juventud en el Madrid de finales del franquismo, y cómo llegó a la Moncloa prácticamente por azares del destino. Había comenzado a estudiar Psicología en la Universidad Autónoma de Madrid, pero sus padres la presionaron para que trabajara, pues los ingresos familiares no eran precisamente abundantes. Por ello recala como auxiliar administrativa en la Secretaría General del Movimiento, que por aquel entonces dirigía Adolfo Suárez. Eran los convulsos momentos posteriores a la muerte de Franco, en los que no estaba del todo claro que España fuese a consolidar la democracia o si, por el contrario, se perpetuaría el franquismo después de Franco, con esos subsecretarios con bigotillo fascista y la pistola escondida debajo de la mesa. Gracias a la mediación de una amiga, la autora solicita una plaza en Presidencia del Gobierno, bajo las órdenes de Adolfo Suárez.
Tras este prólogo, López de Celis dedica un capítulo a cada uno de los cinco presidentes del Gobierno que ha tenido la España democrática, basándose sobre todo en sus recuerdos personales, pero también en la documentación a la que tenía acceso por razón de su cargo; eso sí, haciendo gala siempre de una auténtica prudencia. 
 De Adolfo Suárez destaca la ilusión y el ambiente de equipo que reinaba en los primeros tiempos. Suárez era prácticamente uno más, e incluso cogía el teléfono y anotaba los recados. La autora ordenó y puso en marcha un archivo con el que se pudo salir al paso de la improvisación que imperaba en aquel momento. Esboza el origen del Palacio de la Moncloa. También describe la distribución de sus dependencias, y el descubrimiento de la famosa Bodeguilla, que era en origen la mantequería real. Relata que su primera misión fue prestar atención por si encontraba «el papelito», una hoja que supuestamente escribió Adolfo Suárez cuando era gobernador civil de Segovia, en los años sesenta, y en la que esbozó al entonces príncipe Juan Carlos cuáles debían ser los pasos a seguir cuando muriese Franco. Las últimas páginas del capítulo narran de manera dolorosa los últimos momentos de Suárez en Moncloa, atenazado por la creciente presión del PSOE, las discrepancias internas de la UCD y la presión militar. Reconoce que Suárez no recibió el menor apoyo del rey Juan Carlos en vísperas de su dimisión televisada, que describe de una manera magistral y emocionada. También narra algunos aspectos relevantes que pueden ayudar a entender mejor el 23-F, así como las conversaciones que tenía con su vicepresidente, el teniente general Gutiérrez Mellado, quien, por cierto, consiguió enchufar al entonces novio de la autora para que realizara el servicio militar de la manera menos traumática posible. 

 De Leopoldo Calvo-Sotelo destaca su absoluta brillantez intelectual y exquisitez personal, así como sus indudables dotes de pianista. La autora se lamenta del papel que se le atribuye, que en su opinión raya el ninguneo. Pese a que sólo ejerció durante año y medio, y por lo tanto no puede hablar de él con el conocimiento de causa con que habla de González o Suárez, se deja entrever que la autora le profesa más respeto que simpatía, pues hace hincapié en su carácter tímido pero, no obstante, brillante. Es prácticamente un capítulo de transición, como su presidencia.

 Sin embargo, de Felipe González sí habla, en ocasiones con un entusiasmo que deja entrever sus filias personales y políticas. En cuanto al entorno familiar, destaca la independencia de Carmen Romero, así como la adolescencia conflictiva de sus dos hijos varones, Pablo y David, tal vez los niños más rebeldes que hayan pisado La Moncloa. Destaca asimismo el gusto de Felipe González por la orfebrería y el cuidado de bonsáis. El retrato que efectúa de González es casi el de un místico con demasiado carisma, y se complementa muy bien con el que realiza de Alfonso Guerra. Destaca que resultaba fácil trabajar con ellos, aunque no deja en muy buen lugar a Javier Solana, a quien retrata en términos nada amables y remata con comentarios incluso condescendientes. Tampoco puede dejar de hacer constar la intimidad existente entre González y Rosa Conde, y cómo se encerraban en el despacho presidencial con el pestillo echado. También se relata el ambiente que imperaba en la Bodeguilla, donde se reunía la flor y nata de la intelectualidad española de la época. Con todo, lo más llamativo del capítulo es el retrato del búnker de alta seguridad que se construyó en Moncloa durante estos años, detallado e impresionante, pues parece sacado de una película de espionaje. La autora hace énfasis en la entrada de España en el Mercado Común, la problemática que generó el referéndum de la OTAN, el respeto que sentía Ronald Reagan hacia González, los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992, los preparativos de la Cumbre Árabe-Israelí de Madrid y la presidencia europea de 1995, y los dos aspectos que lastraron su presidencia y, en última instancia, determinaron su derrota en 1996: la corrupción y los GAL (aspecto en el que entra en detalles no demasiado escabrosos pero muy llamativos, como el papel que desempeñó Baltasar Garzón).  

 El capítulo dedicado a José María Aznar destaca por la manera en que la autora deja de lado la discreción que había caracterizado sus tres capítulos anteriores y entra al trapo al describir los exóticos usos de la familia Aznar Botella. Convierte en protagonistas a los dos perros cocker de la familia, Zico y Gufa, que se orinaban en las alfombras, le tenían verdadera inquina a Álvarez-Cascos y estuvieron a punto de provocar un incidente diplomático con Polonia. Destaca los modales ásperos de la jefa de gabinete, Milagros Rodríguez Falcón, a quien retrata como una integrista religiosa con graves desequilibrios emocionales y tal vez mentales, que consiguió hacer de la vida de los trabajadores de Moncloa un auténtico infierno. El pasaje dedicado al exorcismo que ordenó realizar en Moncloa es tremendamente surrealista. Tampoco deja en muy buen lugar a Ana Botella, quien consigue llevar la vida cortesana de Moncloa a su máximo esplendor (y, en este aspecto, resulta obligado referirse a la boda de Ana Aznar Botella con Alejandro Agag) y tenía una fijación especial por las alfombras, de las que cubre el Palacio de la Moncloa hasta extremos inauditos. La autora tiene muy buen concepto de Rodrigo de Rato y, sobre todo, del pequeño de la familia, Alonso Aznar, de quien efectúa un retrato muy tierno y simpático. En este capítulo se comentan algunos asuntos de protocolo, como la disposición de las mesas y comensales en las cenas y comidas oficiales, con absoluto lujo de detalles, lo cual le da pie para comentar sus gustos culinarios. Destaca de Aznar sus conocimientos enológicos (ampliamente acreditados), así como su costumbre de tomar siempre dos bolas de helado de chocolate como postre. También se relatan las duras jornadas del 11-S de 2001 y el 11-M de 2004. El retrato de la primera legislatura de Aznar es positivo pese a sus claroscuros (se despacha a gusto con Miguel Ángel Rodríguez y otros miembros del Clan de Valladolid) y abunda en detalles con respecto a la prepotencia de la segunda legislatura de Aznar. No tiene desperdicio el pasaje en que habla de la visita del matrimonio Rajoy, en vísperas de las elecciones del 14-M de 2004, para enseñarles la que debía haber sido su residencia después de los comicios. Finaliza el capítulo describiendo la deriva ideológica y personal que ha sufrido Aznar después de haber dejado la presidencia, hecho del que la autora se lamenta.

 La descripción de la presidencia de José Luis Rodríguez Zapatero arranca como un reencuentro: el del personal de Moncloa con el equipo político de «fontaneros» de Felipe González, un reencuentro feliz que sucede a los últimos años de Aznar, en los que se deja entrever que pudo haber habido un intento de depuración de personal por motivos políticos o que, al menos, se intentó. Destaca el carácter de Zapatero como un hombre tranquilo, más tímido de lo que parece, y con un punto enigmático. También se destaca el disgusto de Sonsoles Espinosa con la vida en la Moncloa, así como el carácter de las dos hijas del matrimonio, y sus intentos por llevar a cabo una auténtica vida familiar, con rutinas impuestas por Sonsoles que intentan conseguir que Zapatero saque todo el tiempo posible para ella y las niñas. En este capítulo se efectúa una completísima descripción del funcionamiento del Consejo de Ministros, que resulta en extremo instructivo. Como es obligado, la autora habla largo y tendido sobre las consecuencias del 11-M y desacredita las teorías conspiratorias de la derecha mediática sirviéndose de un artículo aparecido en El Mundo pocas semanas después de los atentados, en el que se deja claro que no pudieron haber sido obra de ETA. La autora destaca la legislación de la primera legislatura, sobre todo en materia de matrimonio homosexual, memoria histórica, igualdad y la Ley de la Dependencia. También se destaca el papel de María Teresa Fernández de la Vega, quien, como vicepresidenta primera, ha sido la primera mujer que ha ejercido como presidenta del Gobierno de manera interina. La autora destaca como un gran logro personal una conversación con Zapatero en la que, en nombre de todo el personal de Moncloa, le pedía que se les concediera la Cruz de la Orden del Mérito Civil. Con todo, el episodio más surrealista que se retrata es la visita del líder libio Muammar Al-Gaddafi en diciembre de 2007. A modo de conclusión, la autora se detiene a analizar el famosísimo «síndrome de La Moncloa», que ha afectado a todos los presidentes del Gobierno excepto a Calvo-Sotelo (quien no gobernó tanto tiempo como para contraerlo), y que consiste en la pérdida de contacto con respecto a la realidad circundante, así como con un aumento de la suspicacia y la prepotencia; según ella, afecta a todos los presidentes, aunque cada uno lo manifiesta a su manera: Suárez, al pensar que el modelo español de transición se podía exportar a Oriente Medio o al pensar que el Rey le rechazaría la dimisión; González, con su vocación caudillista y de «líder mundial»; Aznar, con su mesianismo despótico y egocéntrico, y Zapatero, por su intolerancia a escuchar críticas. Uno de los últimos episodios destacables que recoge la autora es el recibimiento, de pie y con aplausos unánimes, con que el Consejo de Ministros recibió a Pedro Solbes después de vencer con claridad a Manuel Pizarro en el debate económico de la campaña electoral de 2008; retrato que contrasta con el tono con que se narra el primer cara a cara entre González y Aznar en 1993: el día antes, el avión que llevaba a González a las Canarias había estado a punto de tener un accidente, y nadie se explicaba que el presidente pudiese mantener la compostura ante las cámaras.
Por último, la autora realiza un epílogo en el que transmite sus opiniones personales sobre el innegable avance que ha experimentado España durante los años de democracia, y la suerte inmensa que ha tenido al poder vivirlos tan de cerca desde el puesto de trabajo que ha desempeñado en Moncloa. Concluye el libro con un índice onomástico indispensable para seguir la narración.



ASPECTOS POSITIVOS
 Es un libro ameno e interesante. Apenas hay párrafos de relleno, y la estructura parece muy meditada.
Esboza un tipo de historia, centrado en los personajes secundarios de la Historia con mayúsculas, que resulta novedoso en España.
La autora es respetuosa con los presidentes y su entorno, y en muy pocas ocasiones se deja llevar por sus filias y fobias personales, lo cual ayuda a incrementar la imagen de objetividad.
La documentación que maneja es impecable, pues la conoce de primera mano, por haber trabajado con ella durante todos estos años.
Los detalles relativos a las familias de los presidentes son muy de agradecer, pues nos permiten efectuar un relato en clave íntima y familiar, muy acorde con el subtítulo de la obra («vida política y privada de los inquilinos de La Moncloa»).
La manera en que intercala detalles sobre la organización de tareas en Moncloa hace muy fácil la lectura: en todos los capítulos introduce un par de páginas sobre determinados asuntos, que sabe combinar muy bien con la narración. Así pues, la estructura de la narración no es exactamente cronológica y, por lo tanto, no es predecible.

 
ASPECTOS NEGATIVOS
 Los lectores que busquen «carnaza» se van a llevar una gran decepción, dado el exquisito respeto de la autora a los presidentes y su entorno. De hecho, los pasajes más llamativos o picantes ya han sido reproducidos por los medios de comunicación, y bien se podría decir que son los únicos que aparecen en el libro (en concreto, la más que sugerida relación entre Felipe González y Rosa Conde).
A pesar de su evidente objetividad, es cierto que la autora carga demasiado las tintas en el capítulo correspondiente a José María Aznar, lo que tal vez pueda restarle algunos lectores entre los más afines al PP o los lectores católicos practicantes. El retrato de Milagros Rodríguez Falcón es especialmente agrio, aunque tiene momentos de auténtico humor, como el del exorcismo que ordenó para ahuyentar malos espíritus del personal de La Moncloa.
En algunos pasajes del libro se echa en falta una buena corrección de estilo.



VALOR LITERARIO
7
La autora escribe con soltura, aunque a veces le perjudica el exceso de adoctrinamiento. No obstante, consigue plasmar a la perfección el retrato de una época fundamental en la historia de España, contagiando al lector la ilusión y el privilegio que suponen trabajar en Presidencia del Gobierno. El retrato de las intimidades de las familias presidenciales tiene gran valor, pues nunca se había hecho de la manera en que lo efectúa la autora: con objetividad, y comparando las cinco familias que han vivido hasta ahora en Moncloa. Hay momentos muy divertidos, y ello es posible gracias, sobre todo, al desparpajo con que López de Celis sabe transmitir la multitud de anécdotas que relata.


VALOR COMERCIAL
8
Pese a algunos defectos menores, es un libro idóneo para cualquier aficionado a la historia reciente de España, así como para interesados en política. Puede ser asequible tanto para el telespectador de Cuéntame como para el estudiante de Historia Contemporánea, aunque el primero pueda perderse en las descripciones del funcionamiento de Moncloa y al segundo le puedan sobrar los retratos de personajes. Sin embargo, es un libro apto para todos los públicos, y toca un asunto que no pasa de moda, por lo que sus ventas de fondo pueden ser constantes.



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