miércoles, 1 de diciembre de 2010

Los jueves, informe de lectura: Los presidentes en zapatillas, de M.ª Ángeles López de Celis


Ya lo sé, hoy es miércoles, pero esta sección se titula como se titula y no voy a cambiarla por un detalle sin importancia. Así pues, continúo con la publicación de los informes de lectura que suelo escribir para Círculo de Lectores. En esta ocasión no sé si editarán Los presidentes en zapatillas porque aún no se ha celebrado la reunión en la que se decide sobre su publicación, pero creo que tiene bastantes posibilidades, ya que reúne todo lo que se le puede pedir a un libro de estas características: es veraz, bien documentado, está escrito por una experta en la materia (ha trabajado más de treinta años en el palacio de la Moncloa) y, sobre todo, respetuoso y ameno. La promoción en medios ha ido más a lo anecdótico, pero el ensayo va más allá y nos ofrece un retrato más que interesante de la democracia española posfranquista, desde el punto de vista de alguien que está en el epicentro mismo del poder. Lo cierto es que es muy recomendable. 

----------------------




INFORME DE LECTURA
Juan Manuel Santiago


Autora: M.ª Ángeles López de Celis
Título: Los presidentes en zapatillas. La vida política y privada de los inquilinos de La Moncloa
Editorial: Espasa
Páginas: 269
Fecha de edición: 2010
ISBN: 978-84-670-3316-8


IMPRESIÓN GENERAL
Los presidentes en zapatillas es un libro ameno, sincero y nada efectista que, como apunta José Oneto en el prólogo, resultaba necesario. En él se efectúa un retrato muy interesante y didáctico del funcionamiento del día a día en el Palacio de la Moncloa, así como las relaciones entre el los presidentes del Gobierno de España y el personal adscrito a su departamento. Desde su puesto de trabajo, M.ª Ángeles López de Celis ha sido una testigo privilegiada de la evolución política de España, y esboza una historia alternativa de la España democrática, desde 1977 hasta la actualidad.
Destaca la gran objetividad de la autora. Como indica Oneto en el prólogo, resulta inevitable entrever cuáles son las simpatías personales de López de Celis, aunque se cuida mucho de hacerlo de manera expresa. Se dejan ver el atractivo de Adolfo Suárez, la inteligencia de Leopoldo Calvo-Sotelo, la personalidad arrolladora de Felipe González, la antipatía que generan José María Aznar y Ana Botella, o los modales políticos desconcertantes de José Luis Rodríguez Zapatero.
Con todo, el mejor activo del libro son las digresiones sobre aspectos poco conocidos del funcionamiento de Moncloa, o las curiosidades sobre los personajes secundarios que no aparecen en los libros de historia pero que han resultado determinantes para que la España actual sea como es; en concreto, los jefes de gabinete y ayudantes de Presidencia, algunos de ellos con costumbres muy exóticas. Por encima de todo ello, destaca el papel que da la autora a las esposas y los hijos de los presidentes. En este aspecto realiza unas descripciones tiernas, aunque no exentas de acidez.
En el aspecto negativo, el tono a lo Cuéntame que emplea la autora cuando trata de poner en contexto los principales logros de las respectivas presidencias. Son unos resúmenes históricos necesarios, para comprender lo que sucede durante el período que comenta, pero en ocasiones se apartan demasiado del tono del libro, y son demasiado irregulares. Sin embargo, los epílogos de cada capítulo, en los que relata el periplo vital de los presidentes después de haber dejado el cargo, son muy interesantes.

 

RESUMEN
En el prólogo, José Oneto destaca el hecho de que el retrato que efectúa López de Celis se parece excesivamente a las impresiones que él ha extraído a lo largo de más de treinta años de contactos con nuestros cinco presidentes del Gobierno. También alaba el tono comedido que se emplea en el texto, lo cual es rigurosamente cierto.
A continuación la autora relata su infancia y juventud en el Madrid de finales del franquismo, y cómo llegó a la Moncloa prácticamente por azares del destino. Había comenzado a estudiar Psicología en la Universidad Autónoma de Madrid, pero sus padres la presionaron para que trabajara, pues los ingresos familiares no eran precisamente abundantes. Por ello recala como auxiliar administrativa en la Secretaría General del Movimiento, que por aquel entonces dirigía Adolfo Suárez. Eran los convulsos momentos posteriores a la muerte de Franco, en los que no estaba del todo claro que España fuese a consolidar la democracia o si, por el contrario, se perpetuaría el franquismo después de Franco, con esos subsecretarios con bigotillo fascista y la pistola escondida debajo de la mesa. Gracias a la mediación de una amiga, la autora solicita una plaza en Presidencia del Gobierno, bajo las órdenes de Adolfo Suárez.
Tras este prólogo, López de Celis dedica un capítulo a cada uno de los cinco presidentes del Gobierno que ha tenido la España democrática, basándose sobre todo en sus recuerdos personales, pero también en la documentación a la que tenía acceso por razón de su cargo; eso sí, haciendo gala siempre de una auténtica prudencia. 
 De Adolfo Suárez destaca la ilusión y el ambiente de equipo que reinaba en los primeros tiempos. Suárez era prácticamente uno más, e incluso cogía el teléfono y anotaba los recados. La autora ordenó y puso en marcha un archivo con el que se pudo salir al paso de la improvisación que imperaba en aquel momento. Esboza el origen del Palacio de la Moncloa. También describe la distribución de sus dependencias, y el descubrimiento de la famosa Bodeguilla, que era en origen la mantequería real. Relata que su primera misión fue prestar atención por si encontraba «el papelito», una hoja que supuestamente escribió Adolfo Suárez cuando era gobernador civil de Segovia, en los años sesenta, y en la que esbozó al entonces príncipe Juan Carlos cuáles debían ser los pasos a seguir cuando muriese Franco. Las últimas páginas del capítulo narran de manera dolorosa los últimos momentos de Suárez en Moncloa, atenazado por la creciente presión del PSOE, las discrepancias internas de la UCD y la presión militar. Reconoce que Suárez no recibió el menor apoyo del rey Juan Carlos en vísperas de su dimisión televisada, que describe de una manera magistral y emocionada. También narra algunos aspectos relevantes que pueden ayudar a entender mejor el 23-F, así como las conversaciones que tenía con su vicepresidente, el teniente general Gutiérrez Mellado, quien, por cierto, consiguió enchufar al entonces novio de la autora para que realizara el servicio militar de la manera menos traumática posible. 

 De Leopoldo Calvo-Sotelo destaca su absoluta brillantez intelectual y exquisitez personal, así como sus indudables dotes de pianista. La autora se lamenta del papel que se le atribuye, que en su opinión raya el ninguneo. Pese a que sólo ejerció durante año y medio, y por lo tanto no puede hablar de él con el conocimiento de causa con que habla de González o Suárez, se deja entrever que la autora le profesa más respeto que simpatía, pues hace hincapié en su carácter tímido pero, no obstante, brillante. Es prácticamente un capítulo de transición, como su presidencia.

 Sin embargo, de Felipe González sí habla, en ocasiones con un entusiasmo que deja entrever sus filias personales y políticas. En cuanto al entorno familiar, destaca la independencia de Carmen Romero, así como la adolescencia conflictiva de sus dos hijos varones, Pablo y David, tal vez los niños más rebeldes que hayan pisado La Moncloa. Destaca asimismo el gusto de Felipe González por la orfebrería y el cuidado de bonsáis. El retrato que efectúa de González es casi el de un místico con demasiado carisma, y se complementa muy bien con el que realiza de Alfonso Guerra. Destaca que resultaba fácil trabajar con ellos, aunque no deja en muy buen lugar a Javier Solana, a quien retrata en términos nada amables y remata con comentarios incluso condescendientes. Tampoco puede dejar de hacer constar la intimidad existente entre González y Rosa Conde, y cómo se encerraban en el despacho presidencial con el pestillo echado. También se relata el ambiente que imperaba en la Bodeguilla, donde se reunía la flor y nata de la intelectualidad española de la época. Con todo, lo más llamativo del capítulo es el retrato del búnker de alta seguridad que se construyó en Moncloa durante estos años, detallado e impresionante, pues parece sacado de una película de espionaje. La autora hace énfasis en la entrada de España en el Mercado Común, la problemática que generó el referéndum de la OTAN, el respeto que sentía Ronald Reagan hacia González, los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992, los preparativos de la Cumbre Árabe-Israelí de Madrid y la presidencia europea de 1995, y los dos aspectos que lastraron su presidencia y, en última instancia, determinaron su derrota en 1996: la corrupción y los GAL (aspecto en el que entra en detalles no demasiado escabrosos pero muy llamativos, como el papel que desempeñó Baltasar Garzón).  

 El capítulo dedicado a José María Aznar destaca por la manera en que la autora deja de lado la discreción que había caracterizado sus tres capítulos anteriores y entra al trapo al describir los exóticos usos de la familia Aznar Botella. Convierte en protagonistas a los dos perros cocker de la familia, Zico y Gufa, que se orinaban en las alfombras, le tenían verdadera inquina a Álvarez-Cascos y estuvieron a punto de provocar un incidente diplomático con Polonia. Destaca los modales ásperos de la jefa de gabinete, Milagros Rodríguez Falcón, a quien retrata como una integrista religiosa con graves desequilibrios emocionales y tal vez mentales, que consiguió hacer de la vida de los trabajadores de Moncloa un auténtico infierno. El pasaje dedicado al exorcismo que ordenó realizar en Moncloa es tremendamente surrealista. Tampoco deja en muy buen lugar a Ana Botella, quien consigue llevar la vida cortesana de Moncloa a su máximo esplendor (y, en este aspecto, resulta obligado referirse a la boda de Ana Aznar Botella con Alejandro Agag) y tenía una fijación especial por las alfombras, de las que cubre el Palacio de la Moncloa hasta extremos inauditos. La autora tiene muy buen concepto de Rodrigo de Rato y, sobre todo, del pequeño de la familia, Alonso Aznar, de quien efectúa un retrato muy tierno y simpático. En este capítulo se comentan algunos asuntos de protocolo, como la disposición de las mesas y comensales en las cenas y comidas oficiales, con absoluto lujo de detalles, lo cual le da pie para comentar sus gustos culinarios. Destaca de Aznar sus conocimientos enológicos (ampliamente acreditados), así como su costumbre de tomar siempre dos bolas de helado de chocolate como postre. También se relatan las duras jornadas del 11-S de 2001 y el 11-M de 2004. El retrato de la primera legislatura de Aznar es positivo pese a sus claroscuros (se despacha a gusto con Miguel Ángel Rodríguez y otros miembros del Clan de Valladolid) y abunda en detalles con respecto a la prepotencia de la segunda legislatura de Aznar. No tiene desperdicio el pasaje en que habla de la visita del matrimonio Rajoy, en vísperas de las elecciones del 14-M de 2004, para enseñarles la que debía haber sido su residencia después de los comicios. Finaliza el capítulo describiendo la deriva ideológica y personal que ha sufrido Aznar después de haber dejado la presidencia, hecho del que la autora se lamenta.

 La descripción de la presidencia de José Luis Rodríguez Zapatero arranca como un reencuentro: el del personal de Moncloa con el equipo político de «fontaneros» de Felipe González, un reencuentro feliz que sucede a los últimos años de Aznar, en los que se deja entrever que pudo haber habido un intento de depuración de personal por motivos políticos o que, al menos, se intentó. Destaca el carácter de Zapatero como un hombre tranquilo, más tímido de lo que parece, y con un punto enigmático. También se destaca el disgusto de Sonsoles Espinosa con la vida en la Moncloa, así como el carácter de las dos hijas del matrimonio, y sus intentos por llevar a cabo una auténtica vida familiar, con rutinas impuestas por Sonsoles que intentan conseguir que Zapatero saque todo el tiempo posible para ella y las niñas. En este capítulo se efectúa una completísima descripción del funcionamiento del Consejo de Ministros, que resulta en extremo instructivo. Como es obligado, la autora habla largo y tendido sobre las consecuencias del 11-M y desacredita las teorías conspiratorias de la derecha mediática sirviéndose de un artículo aparecido en El Mundo pocas semanas después de los atentados, en el que se deja claro que no pudieron haber sido obra de ETA. La autora destaca la legislación de la primera legislatura, sobre todo en materia de matrimonio homosexual, memoria histórica, igualdad y la Ley de la Dependencia. También se destaca el papel de María Teresa Fernández de la Vega, quien, como vicepresidenta primera, ha sido la primera mujer que ha ejercido como presidenta del Gobierno de manera interina. La autora destaca como un gran logro personal una conversación con Zapatero en la que, en nombre de todo el personal de Moncloa, le pedía que se les concediera la Cruz de la Orden del Mérito Civil. Con todo, el episodio más surrealista que se retrata es la visita del líder libio Muammar Al-Gaddafi en diciembre de 2007. A modo de conclusión, la autora se detiene a analizar el famosísimo «síndrome de La Moncloa», que ha afectado a todos los presidentes del Gobierno excepto a Calvo-Sotelo (quien no gobernó tanto tiempo como para contraerlo), y que consiste en la pérdida de contacto con respecto a la realidad circundante, así como con un aumento de la suspicacia y la prepotencia; según ella, afecta a todos los presidentes, aunque cada uno lo manifiesta a su manera: Suárez, al pensar que el modelo español de transición se podía exportar a Oriente Medio o al pensar que el Rey le rechazaría la dimisión; González, con su vocación caudillista y de «líder mundial»; Aznar, con su mesianismo despótico y egocéntrico, y Zapatero, por su intolerancia a escuchar críticas. Uno de los últimos episodios destacables que recoge la autora es el recibimiento, de pie y con aplausos unánimes, con que el Consejo de Ministros recibió a Pedro Solbes después de vencer con claridad a Manuel Pizarro en el debate económico de la campaña electoral de 2008; retrato que contrasta con el tono con que se narra el primer cara a cara entre González y Aznar en 1993: el día antes, el avión que llevaba a González a las Canarias había estado a punto de tener un accidente, y nadie se explicaba que el presidente pudiese mantener la compostura ante las cámaras.
Por último, la autora realiza un epílogo en el que transmite sus opiniones personales sobre el innegable avance que ha experimentado España durante los años de democracia, y la suerte inmensa que ha tenido al poder vivirlos tan de cerca desde el puesto de trabajo que ha desempeñado en Moncloa. Concluye el libro con un índice onomástico indispensable para seguir la narración.



ASPECTOS POSITIVOS
 Es un libro ameno e interesante. Apenas hay párrafos de relleno, y la estructura parece muy meditada.
Esboza un tipo de historia, centrado en los personajes secundarios de la Historia con mayúsculas, que resulta novedoso en España.
La autora es respetuosa con los presidentes y su entorno, y en muy pocas ocasiones se deja llevar por sus filias y fobias personales, lo cual ayuda a incrementar la imagen de objetividad.
La documentación que maneja es impecable, pues la conoce de primera mano, por haber trabajado con ella durante todos estos años.
Los detalles relativos a las familias de los presidentes son muy de agradecer, pues nos permiten efectuar un relato en clave íntima y familiar, muy acorde con el subtítulo de la obra («vida política y privada de los inquilinos de La Moncloa»).
La manera en que intercala detalles sobre la organización de tareas en Moncloa hace muy fácil la lectura: en todos los capítulos introduce un par de páginas sobre determinados asuntos, que sabe combinar muy bien con la narración. Así pues, la estructura de la narración no es exactamente cronológica y, por lo tanto, no es predecible.

 
ASPECTOS NEGATIVOS
 Los lectores que busquen «carnaza» se van a llevar una gran decepción, dado el exquisito respeto de la autora a los presidentes y su entorno. De hecho, los pasajes más llamativos o picantes ya han sido reproducidos por los medios de comunicación, y bien se podría decir que son los únicos que aparecen en el libro (en concreto, la más que sugerida relación entre Felipe González y Rosa Conde).
A pesar de su evidente objetividad, es cierto que la autora carga demasiado las tintas en el capítulo correspondiente a José María Aznar, lo que tal vez pueda restarle algunos lectores entre los más afines al PP o los lectores católicos practicantes. El retrato de Milagros Rodríguez Falcón es especialmente agrio, aunque tiene momentos de auténtico humor, como el del exorcismo que ordenó para ahuyentar malos espíritus del personal de La Moncloa.
En algunos pasajes del libro se echa en falta una buena corrección de estilo.



VALOR LITERARIO
7
La autora escribe con soltura, aunque a veces le perjudica el exceso de adoctrinamiento. No obstante, consigue plasmar a la perfección el retrato de una época fundamental en la historia de España, contagiando al lector la ilusión y el privilegio que suponen trabajar en Presidencia del Gobierno. El retrato de las intimidades de las familias presidenciales tiene gran valor, pues nunca se había hecho de la manera en que lo efectúa la autora: con objetividad, y comparando las cinco familias que han vivido hasta ahora en Moncloa. Hay momentos muy divertidos, y ello es posible gracias, sobre todo, al desparpajo con que López de Celis sabe transmitir la multitud de anécdotas que relata.


VALOR COMERCIAL
8
Pese a algunos defectos menores, es un libro idóneo para cualquier aficionado a la historia reciente de España, así como para interesados en política. Puede ser asequible tanto para el telespectador de Cuéntame como para el estudiante de Historia Contemporánea, aunque el primero pueda perderse en las descripciones del funcionamiento de Moncloa y al segundo le puedan sobrar los retratos de personajes. Sin embargo, es un libro apto para todos los públicos, y toca un asunto que no pasa de moda, por lo que sus ventas de fondo pueden ser constantes.



Etiquetas: , , , , , , , ,

1 Comments:

Anonymous Palimp said...

Lo vi en buenafuente y me llamó la atención, pero después de este informe me lo apunto sin dudar.

2 de diciembre de 2010, 15:31  

Publicar un comentario

Links to this post:

Crear un enlace

<< Home