miércoles, 8 de febrero de 2012

Sigue el Camino de Tejuelos Amarillos

Últimamente he perdido la costumbre de enlazar en Pornografía Emocional las entradas que escribo para Frikitecaris, más que nada porque en los últimos meses había dejado de actualizar aquel, y corría el riesgo de convertirlo en un aviso de actualizaciones de este. Sin embargo, de vez en cuando hay entradas que me dejan especialmente satisfecho, y no puedo dejar pasar la ocasión de reseñarlas. En este caso es un cuentecito, cosa que siempre me gusta, ya que tengo bastante oxidada mi vertiente literaria.
(Antes de que preguntéis: sí, llegué a comenzar mi novela; sí, alcancé la prodigiosa cifra de tres mil palabras; sí, la hija de su padre pudo conmigo antes de que me diera cuenta de que me estaba vacilando o, más bien, en realidad estaba escribiendo otra novela, una que quería dejar para más adelante, pero no la que me interesaba escribir en aquel momento. ¿Qué pasó? Me di por vencido y aparqué el tema. Fin de la historia... de momento.)
Algunas entradas de Frikitecaris se originan en la lista interna del blog. Alguien enlaza algún contenido, en plan "¡Oye! ¡Molaría una entrada sobre este asunto!", se produce la inevitable tormenta de ideas y, en general, acaba siendo uno mismo el que termina actualizando. En esta ocasión sucedió exactamente eso: me encontré con unos marcapáginas con forma de chapines colorados de Bruja Mala del Este, nos salió el argumento general en un pim pam de mensajes, Super Furry Librarian dio con la frase definitiva ("Sigue el Camino de Tejuelos Amarillos") y, en una mañana de no excesivo trabajo, parí la actualización.
El resultado, a continuación. Vale, tiene demasiadas remisiones internas al entorno bibliotecario (y, en concreto, a la jerga que utilizamos en el blog), pero también creo que lo podrá disfrutar cualquier lector a quien le hagan gracia El Mago de Oz, las parodias literarias y los divertimentos en general. Hala, a disfrutarlo.

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Tal que así se quedó la malvada Cenutriousuaria Mala de la Sala de Lectura cuando se quedó atrapada dentro del Fichero de Autoridades con el que estaba trabajando Dorita, una simpática auxiliar de bibliotecas subcontratada que, acompañada por su becario Totó, se vio embarcada en una aventura sin igual por el maravilloso mundo de BBDD.
Pero no. Voy demasiado deprisa. Las historias hay que comenzarlas por el principio.
Dorita había entrado a trabajar en el departamento de Adquisiciones de un inmenso centro catalogador, una tarea que le aburría sobremanera. Se pasaba sus duras jornadas de trabajo soñando con una base de datos como Dewey manda, que estuviera conectada a un servidor seguro que le permitiera trabajar y, más aún, cobrar un plus de productividad; pero nunca lo conseguía, ya que las caídas del servidor eran constantes y,  por lo tanto, su productividad se resentía, ya que tenía que catalogar hasta tres veces seguidas el mismo registro, y se veía obligada a viajar varias veces al día al Fichero de Autoridades, para salir de dudas: no se fiaba de la base de datos. 
Sumida en sus sueños de encontrar una base de datos funcional más allá del ciberespacio, Dorita no reparó en aquel fallo del sistema, que ocasionó un tremendo cortocircuito. Como era la hora del café, ella era la subcontratada y todos los funcionarios habían bajado a la cafetería de su centro catalogador, el incidente la pilló por sorpresa, sin ningún informático a mano, y completamente sola, excepto por un simpático becario de Adquisiciones que le tiraba los tejos y se llamaba Totó... ¡en el Fichero de Autoridades! Se hizo la oscuridad, Dorita perdió la conciencia (tal vez por la fuerte descarga) y, cuando despertó, vio una imagen impactante: el Fichero de Autoridades se había empotrado encima de la terrible Cenutriousuaria Mala de la Sala de Lectura, que era prácticamente la dueña de aquel centro catalogador. A su lado, contemplaba la escena, anonadada, una cohorte de pequeños cenutriousuarios alumnos de un colegio, que estaban de excursión en aquel centro catalogador porque hacía demasiado frío como para llevar a cabo la excursión que realmente les apetecía hacer, un día en la sierra; además, aquí daban café gratis.
--¿Sabes? --comentó Dorita en cuanto hubo recuperado la compostura--. Me parece que esto no es Adquisiciones.
En esto se les apareció la Catalogadora Buena de Manuscritos, Incunables y Raros, quien se ofreció a ayudar a Dorita y Totó, no sin antes hacerle a esta un regalo.
--¡O ssssseaaaaa! --había gritado Dorita cuando vio los zapatitos rojos de la Cenutriousuaria Mala de la Sala de Lectura--. ¡Cóoooomo mooooolaaaaan! ¡Yoquieroyoquieroyoquierooooo!
--Dorita --le había dicho la Catalogadora Buena de Manuscritos, Incunables y Raros--, estos zapatos son mágicos, porque te permiten caminar sin que se oigan los incómodos rechinares que hace el calzado en el parqué de este centro catalogador. Por eso los apreciaba tanto la Cenutriousuaria Mala de la Sala de Lectura: nos pillaba desprevenidas a todas, y para cuando queríamos dedicarnos a nuestras cosas, ya la teníamos liada, porque ni siquiera nuestro mejor arqueo de cejas podía librarnos de su avalancha de desideratas y demandas estúpidas. Póntelos, y podrás huir de la terrible Cenutriousuaria Mala de la Sala de Música, que los quiere a toda costa.
--Pero... --le cortó Dorita-- lo que queremos es otra cosa. Teníamos un problema con la base de datos y el servidor, y, la verdad, los cenus me dan un poco lo mismo, porque trabajo en un cubículo cerrado e infecto, y no tengo que enfrentarme con ellos a diario. Digamos que mi problema es más de índole informática, y por culpa de él estoy aquí, fuera del departamento de Adquisiciones, que es donde quiero estar.
--Pues, en ese caso --dijo la Catalogadora Buena de Manuscritos, Incunables y Raros, después de reflexionar--, lo que tenéis que hacer es acudir al Mago de las BBDD, y él solucionará vuestro problema con la conexión y con el servidor. Pero tenéis que andaros con cuidado, porque es un mago terrible y justiciero.
--Y... --preguntó Dorita, aterrorizada--, ¿cómo llegaremos hasta el Mago de las BBDD?
--Muy fácil --replicó la Catalogadora Buena de Manuscritos, Incunables y Raros--: sigue el Camino de Tejuelos Amarillos. Eso sí: debes tener mucho cuidado con la Cenutriousuaria Mala de la Sala de Música, que hará todo lo posible para que tu misión sea un fracaso. Ten mucho cuidado con sus desideratas: suele acribillar con ellas a todos los bibliotecarios, y tú, que eres joven e inexperta, podrías sucumbir a sus malas artes.
--Muchas gracias, Catalogadora Buena de Manuscritos, Incunables y Raros. Totó y yo haremos caso de tus consejos.
Y, dicho esto, siguieron el Camino de Tejuelos Amarillos en busca del Mago de las BBDD.
Por no hacerlo muy largo, digamos que, en efecto, la Cenutriousuaria Mala de la Sala de Música los acribilló a desideratas, lo que los obligó a hacerse varios viajes al Depósito General y, peor aún, tramitar varios préstamos interbibliotecarios. También les lanzó un ataque de Subcontratados Voladores, que trabajaban para otra subcontrata, y que casi arruina su misión, pero Dorita descubrió que los zapatitos rojos, aparte de ser silenciosos, permitían dar unas patadas voladoras impresionantes: ni punto de comparación con las que daba ella antes. Todo esto no hizo sino acrecentar la relación entre Dorita y aquellos zapatitos, a los que cogió mucho cariño, y con los que forjó un vínculo que a ella le habría gustado que fuera eterno. 
El caso es que perdieron mucho tiempo.
Pero también ganaron tres amigos, con los que su aventura fue mucho más llevadera y enriquecedora.
El primero era un Cenutriousuario sin cerebro, a quien conocieron en la cafetería, y que también quería conocer al Mago de las BBDD para que le enseñara a utilizar los booleanos, ya que el pobre Cenutriousuario sin cerebro no tenía luces ni para hacer una búsqueda sencilla en internet, y era de los que escribían en mayúsculas y con preguntas directas, en plan: "KIERO DE SAVER KIÉN ESCRIVIÓ EL KIJOTE D LA MNXA".
Después conocieron a una Apuntófaga sin corazón, que, al igual que la Cenutriousuaria Mala de la Sala de Música, acribillaba a los bibliotecarios a desideratas, y no los dejaba trabajar. Como era una Apuntófaga un  poco repelente, quería rogar al Mago de las BBDD una herramienta de búsqueda efectiva, que le permitiera rellenar sus solicitudes sin enredarse en la burocracia exasperante del centro catalogador.
Por último se les unió un Director de Departamento sin valor para negociar personal adicional y otras mejoras que salvaran a su departamento de los recortes que amenazaban el centro catalogador. Necesitaba que el Mago de las BBDD le ayudase a rellenar una hoja de cálculo eficaz, con la que convencer a Gerencia.
Así pues, y después de recibir en la BlackBerry un extraño mensaje de la Cenutriousuaria Mala de la Sala de Música ("Ríndete @DoritaSubcontratada @TotóBecario #copónyacuántotardanloslibrosquepedí #unfollow"), consiguen que la dirección del centro le retire a esta el pase de investigadora, por cansina; la Cenutriousuaria Mala de la Sala de Música enloquece y se derrite a la vista de nuestros sorprendidos amigos. Un problema menos.
Tras unas cuantas aventuras más, nuestros amigos llegaron al cubículo del Mago de las BBDD, quien los recibió a gritos desde un ordenador encendido, en el que se lo veía a través de una pantallita de videoconferencia. Todos se asustaron menos Totó, el becario, quien se puso a trastear en el código fuente de la videoconferencia y descubrió que la IP desde la que se efectuaba esta le resultaba familiar. ¡Toma, como para no resultárselo! ¡Era el mismo ordenador desde el que trabajaba él, ergo el terrible Mago de las BBDD solo podía ser el Becario de Informática!
Una vez desenmascarado, el Becario de Informática se disculpó y procedió a explicarse. Si no fuera por toda aquella parafernalia, nadie le haría ni puñetero caso, y se arriesgaba, además, a que le rescindiesen el contrato. Sin embargo, embutido en esa figura autoritaria que infundía terror reverencial, tenía asegurada su supervivencia en el complicado engranaje de aquel centro catalogador.
Pero el Becario de Informática era un usuario majomajo, y procedió a solucionar los problemas de los simpáticos amiguitos de Dorita y Totó.
Al Cenutriousuario sin cerebro lo enseñó a utilizar un par de buscadores y, más importante aún, a utilizar los booleanos y escribir en minúsculas, con lo que no tardó en encontrar todo lo que buscaba.
A la Apuntófaga sin corazón le proporcionó la dirección de correo electrónico de Reproducción y Conservación de Fondos, así como el enlace correcto a la base de datos del centro catalogador; de este modo, ella podría efectuar sus búsquedas desde casa, economizar sus idas y venidas al centro catalogador y, más importante aún, descubrir que todas esas búsquedas tienen un valor, monetario, sí, pero también en forma de precioso tiempo, que los bibliotecarios pueden dedicar a satisfacer a otros usuarios. Por la Apuntófaga, bien, porque, al estudiar en casa y acudir al centro catalogador nada más que para recoger las fotocopias que había solicitado y tener acceso a los documentos realmente relevantes, pudo sacarse su tesis con muy buena nota, y en mucho menos tiempo del que creyera posible unos meses antes.
El Director de Departamento,  por otro lado, descubrió un programa de gestión de nóminas, y otro de contabilidad, que le facilitaron enormemente la tarea de optimizar los recursos de que disponía, ya que, desengañémonos, los recortes no dependían de su evidente ineptitud al frente del cargo, sino que se debían a algo mucho más simple: no hay dinero para cultura, pero no lo hay ni para su departamento ni para el de enfrente. Por todo ello, el Mago de las BBDD solo pudo acertar a proporcionarle herramientas para aprovechar mucho mejor los recursos disponibles.
Y, por último, a Dorita le dijo que no podía hacer nada por sus problemas informáticos, ya que, con la mierda de presupuesto del centro catalogador, la red va a pedales aquí y en la Cochinchina, y que si aquello no le gustaba, lo mejor que podría hacer era mover el currículum vítae y largarse con otra subcontrata que pagase algo mejor; de lo contrario, ajo y agua, el Fichero de Autoridades es lo que hay, y si no le mola, pues no le quedaba otra que aprender a utilizarlo, como, por otro lado, debería haber hecho desde el día en que se incorporó al trabajo. 
Llegados a ese punto, Totó, el becario, que había intimado con ella y tenía vocación de pagafantas, se ofreció a hacer algo noble por ella: hacerle él todas las búsquedas que ella necesitase, instalarle otra base de datos más eficiente, e ir al Fichero de Autoridades cuando a ella no le viniese especialmente bien. En suma, hacer más llevadero su trabajo. Total, le pagaban una mierda por trabajar a jornada completa, así que le daba más o menos lo mismo hacer dos trabajos a jornada completa con una paga de becario, si con ello se aseguraba que iba a estar todo el día cerca de la chica que le gustaba.
El Mago de las BBDD suspiró, arqueó la ceja y se contuvo de decirle nada a Totó. Solo acertó a decirles que los zapatitos rojos, aparte de ser silenciosos y facilitar unas patadas voladoras de órdago, tenían una característica más: permitían salir de aquel país de ensueño, y llegar al auténtico centro catalogador en que trabajaban Dorita y Totó.
De este modo, y después de haberse despedido del Cenutriousuario, la Apuntófaga y el Director de Departamento, Totó y Dorita partieron de vuelta a su centro catalogador. Los recibieron a gritos, como siempre. 
Un cenu que se parecía mucho al Cenutriousuario sin cerebro la perseguía para que le buscase datos sobre El coño de la Bernarda, de un tal García Loca, o algo así.
Una apuntófaga absolutamente hostiable no dejaba de darle la vara para que le avisase si llegaba algún libro relacionado con su área de investigación.
Y el director del departamento de al lado seguía dándole largas cuando ella le preguntaba si había recibido el currículum que le había enviado varios meses atrás.
La cosa fue a más cuando tuvo que reiniciar tres veces seguidas su ordenador, ya que un fallo de sistema la echaba de la sesión y, para colmo, le colaba un troyano que no sabía de dónde podía salir, porque llevaban casi todo el día sin conexión de internet.
No obstante, Dorita estaba contenta, porque Totó se ofreció a arreglarle y limpiarle el ordenador cada una de esas tres veces, de modo que ella aprovechó para echar el día en la cafetería, pelando la pava con un facultativo que trabajaba en el Depósito General y que estaba de toma pan y moja.
--Aaaaaaay --suspiró Dorita, mientras se aprovechaba de sus nuevos y silenciosos zapatitos rojos para acercarse a traición a su bibliotecarius macizorrus y comprobar, a hurtadillas, que él la estaba buscando en Facebook--, realmente no hay ningún lugar como Adquisiciones.

(Marcapáginas encontrado en esta página. Gracias a Super Furry Librarian, por sugerir el título de esta entrada.)

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jueves, 27 de agosto de 2009

Los jueves, informe de lectura: El nombre del viento, de Patrick Rothfuss


El problema de informar libros en inglés si no dominas el idioma de Shakespeare es que corres el riesgo de perderte algo importante. Conseguí leerme las casi setecientas páginas de The Name of the Wind (doscientas más en su edición en castellano) en muy poquito tiempo, absorto y atrapado, sin poder creerme que una primera novela de un autor desconocido pudiera ser tan buena. Como es lógico, realicé un informe entusiasta, aunque no sirvió para que se hiciera una primera edición conjunta entre Plaza & Janés y Círculo de Lectores; eso sí, lo contrataron igualmente, y la edición en esta segunda editorial tendrá que esperar unos meses, hasta finales de año. Pero saldrá en Círculo, y la lectura compartida promete ser la bomba. Es la lectura que más me motiva preparar. Kote es un personaje simplemente antológico.
En cuanto a la andadura comercial y la acogida por la crítica, está claro que me quedé corto, y ése es uno de los motivos por los que subo este informe al blog: los informantes también nos equivocamos. Cierto, si me hubiera leído el libro en castellano tal vez habría andado más fino, y la valoración final sería un pelín diferente. Para empezar, y a tenor de lo que llevo leído en castellano, sí me parece el mejor libro de literatura fantástica que ha aparecido a lo largo de 2009 (y mucho tendrán que cambiar las cosas para que aparezca algún título mejor a la vuelta del verano). Para continuar, la editora de Plaza & Janés, Mònica Tussell, me cuenta que ya se ha encargado la cuarta edición. Es decir: nos hallamos claramente ante la sorpresa editorial del año. No supe ver el fenómeno en toda su magnitud, y por ese motivo copio y pego mi informe de lectura tal cual lo entregué... excepto la inevitable supresión de los últimos párrafos del resumen argumental, para no desvelar detalles fundamentales de la trama.
Sí, a veces nos equivocamos. Pero da lo mismo: eso no afectó en nada mis conclusiones (era prioritario publicarlo), y el libro es taaan bueno...

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INFORME DE LECTURA

Autor del informe: Juan Manuel Santiago

Título del libro: The Name of the Wind

Autor del libro: Patrick Rothfuss

DAW Books, abril de 2007

Lengua: inglesa

662 págs.


ARGUMENTO

Se trata de la primera parte de una trilogía fantástica (Crónicas del Matarreyes) protagonizada por Kvothe, un mago y asesino. Después de convertirse en una leyenda, se retira al anonimato y se establece como posadero. En la posada de Waystone imparte clases de magia al joven Bast. Ambos rescatan al Cronista, que se ofrece a poner por escrito su vida. Kvothe accede, a condición de que el relato dure nada más que tres días, y el Cronista lo registre absolutamente todo. Cada día de narración se corresponderá con una novela, y The Name of the Wind es la primera de ellas. La segunda estaba anunciada para principios de 2008, pero el autor ya ha anunciado que se retrasará.


RESUMEN DE LA OBRA

Se nos narran los años de juventud de un personaje que se convertirá en leyenda. Estos son los años de formación de Kvothe, llamado de múltiples maneras: las más célebres, Kvothe el Sin Sangre, Kvothe el Rojo (por su cabello), Kvothe el Matarreyes y Kvothe el Arcano; pero también Kote (personalidad que adopta cuando se convierte en el posadero de la posada de Waystone) y Reshi (como lo llama su alumno Bast).

La acción comienza con una escena íntima en la posada de Waystone. El cuentacuentos Cob le narra a unos niños las aventuras de Taborlin el Grande, un mago mítico que conocía los nombres de todas las cosas y, valiéndose de un amuleto, invocó al fuego y la luz para destruir a los demonios o Chandrian con el fuego azul. Para acabar con los demonios hay tres medios: el hierro, el fuego azul e invocar el nombre de Dios, Tehlu.

Acabada la jornada, el joven Bast llama a la puerta de la habitación de Kote y éste le imparte una clase de magia; deducimos que es su alumno desde hace tiempo. Hablan de la inseguridad que está creando la guerra impulsada por el Rey Penitente. Los caminos son inseguros y están llenos de antiguos soldados que se han dado al bandidaje.

Uno de los vecinos, Graham, ironiza acerca del nombre de la espada de Kote, Tontería, y lo reconoce como Kvothe el Sin Sangre. Asimismo, otro lugareño, Caleb, comenta que hay bestias merodeando por las inmediaciones; tal vez se trate de lobos, o puede que de osos.

En paralelo a la trama de Kote, vemos al personaje del Cronista, que acude al encuentro del mago Skarpi. Es asaltado por unos bandidos, que desdeñan sus útiles de escritura pero le roban el caballo y lo abandonan a su suerte. Kote y Bast lo encuentran en el camino, lo llevan a la posada y, una vez lo curan, hablan acerca de ellos mismos. El Cronista se descubre como Devan Lochees, el autor de Los singulares hábitos de los dragones, uno de los libros de cabecera de Kote. Por otro lado, Kote se delata como Kvothe. El Cronista diserta sobre la leyenda que se ha creado en torno a él. Todo el mundo lo da por muerto, y algunos aseguran que nunca existió. Unos lo llaman héroe, y otros, asesino. Hay incluso quien asegura que es un demonio, un nuevo Chandrian. Todo esto asusta a Kvothe, quien llega a la conclusión de que el miedo es lo que marca la diferencia entre narrar la historia de uno y ser parte de la historia que se narra. Por otro lado, el Cronista medita acerca del rostro de Kvothe: acaba de ver la cara de alguien que una vez mató a un ángel.

Kvothe y el Cronista llegan al acuerdo de que el primero le contará su historia al segundo, pero con una condición: lo hará en tres días; ni uno más, ni uno menos.

El relato de Kvothe se inicia con una confesión: todo empezó la primera vez que escuchó cantar. Sus padres eran cómicos ambulantes, lo que podríamos llamar una mezcla de actores y de juglares, y pertenecían a los llamados Edema Ruh. Sus padres vivían en pecado, sin haber contraído matrimonio, y Kvothe quería ser asistir a la llamada Universidad y convertirse en un mago como Taborlin el Grande, para luchar contra los Chandrian.

Con doce años entra como alumno de Abenthy, el arcanista, quien le enseña rudimentos de botánica, astronomía, psicología, anatomía, alquimia, geología y química. También le da nociones de simpatía, que es lo que podríamos denominar magia. Adquiere el grado de E'lir o aprendiz, y la adolescencia le llega aprendiendo las leyes de la termodinámica y, sobre todo, cantando, recitando, componiendo poemas y aprendiendo el valor de las canciones y, por extensión, de la palabra y, en última instancia, de la importancia de los nombres y del porqué del nombre de cada una de las cosas y su valor como herramienta para alcanzar el conocimiento de la verdadera naturaleza de estas cosas.

El aprendizaje de Kvothe se ve suspendido de manera abrupta cuando uno de los Chandrian (los Siete, literalmente) mata a sus padres. Se trata de Haliax, la sombra, a quien identifica como el Lanre de las leyendas. También vio a Cinder, el pálido, que puede ser otro Chandrian. Después de aquello, Kvothe huye a la inmensa ciudad de Tarbean, donde pasa los siguientes tres años de su vida, hasta que tiene quince. Conoce a Skarpi y continúa con su aprendizaje de la importancia del nombre de las cosas. También aprende la importancia de la verdad, la mentira y de las medias verdades (al respecto, resulta magnífico el párrafo de las páginas 182-83).

El siguiente paso del aprendizaje de Kvothe es la Universidad, una institución en la que se enseñan los rudimentos de la Simpatía y el Arcano; es decir, lo que comúnmente se llama magia. Allí conocerá a algunos de sus mejores amigos, Simmon y Willem, pero también se labrará la enemistad de Ambrose, que lo odia a muerte y con quien acabará teniendo tropiezos harto desagradables.

La entrada en la Universidad es accidentada. Una vez dentro, es el alumno más joven, lo que lo hace ser objeto de envidias y rencores. Conoce a los diferentes profesores y sus áreas de conocimiento, pero todo su aprendizaje se resume el poder de las palabras, a través de todas sus posibles variantes: el viento (de ahí el título de la novela), los nombres verdaderos de las cosas, la música (omnipresente a lo largo del libro), la creación poética y, no menos importante, el silencio. La novela arranca y concluye con descripciones de tres tipos diferentes de silencio.

Durante sus años en la Universidad, Kvothe llega a obsesionarse con acceder a los Archivos en los que se guarda todo el saber de la institución, para así obtener todas las respuestas a sus preguntas, en particular qué y quiénes son los Chandrian. La segunda parte de la novela es una búsqueda continua de maneras ocultas de acceder a estos Archivos.

[...] El final es abrupto y abierto, con una concesión al terror y un cliffhanger que cambia la percepción del personaje de [...].


PUNTOS FUERTES DE THE NAME OF THE WIND

The Name of the Wind es una novela ciertamente original. Esto quiere decir que nos presenta un universo fantástico que, si bien posee muchos elementos clásicos del género (ambientación seudomedieval, presencia de magia y dragones), se aparta de los clichés típicos del Fantasy y produce algo nuevo. En este sentido, podría inscribirse en un fenómeno más amplio de renovación de la fantasía heroica, que está produciendo títulos tan destacables como Las mentiras de Locke Lamora, de Scott Lynch, La canción de las espadas, de Joe Abecrombie o las obras de Scott Bakker. Se trata de una fantasía heroica que toma las referencias más “literarias” del género (Fritz Leiber, como influencia más notable) y adopta un tono más realista que la fantasía al uso, en algunos casos con una finalidad claramente revisionista del subgénero. En mayor o menor medida, este proceso está siendo asumido por algunos de los autores más importantes del género, como George R. R. Martin, Andrzej Sapkowski o David Gemmell.

El lenguaje es una preocupación de Patrick Rothfuss.

En primer lugar, la utilización del lenguaje y la palabra, que se convierte en uno de los protagonistas de la obra (y, suponemos, de la serie). La novela misma gira entorno al significado de las palabras y su poder para descubrir la verdadera naturaleza de las cosas. Esta preocupación determina el tipo de magia que nos encontramos en la novela, muy inocua y poco espectacular si la comparamos con la del resto del género, pero mucho más realista. Es una magia entroncada con la alquimia medieval; de hecho, el Arcano que se enseña en la Universidad es una mezcla de alquimia medieval y de ciencias aplicadas. Asimismo, es una magia que, más que a la serie de Harry Potter, de Joanne K. Rowling, nos remite de inmediato a la de la serie de Terramar, de Ursula K. Le Guin. Algunos nombres como Tehlu (el dios principal del mundo en que transcurre la acción) parecen sacados de una novela de Le Guin.

Y en segundo lugar, el empleo del lenguaje que efectúa el autor. El estilo es rico y, sin embargo, muy fácil de leer. Los juegos de palabras y humoradas son continuos, e incluso se permite el lujo de “inventarse” un inglés fonético en el capítulo 73, de boca de uno de los personajes que se encuentran Denna y Kvothe. No es una novela humorística, pero hay golpes de humor y diálogos hilarantes, pero también frenéticos: los tribunales disciplinarios de la Universidad transcurren a una velocidad de vértigo, como una subasta en un mercado o un juicio en una serie de abogados.

Esta riqueza de lenguaje nos remite a dos grandes clásicos de la literatura fantástica, tal vez los mejores “escritores” del género: Fritz Leiber y Gene Wolfe.

La alusión a Gene Wolfe no es casual. La estructura de la serie Crónicas del Matarreyes parece similar a la de la serie emblemática de Wolfe: el Libro del Sol Nuevo. Si las andanzas del torturador Severian se prolongaban por espacio de seis novelas, cuya acción transcurría en un día cada una de ellas, la narración de esta serie sigue una unidad temporal similar: cada novela le está narrada al Cronista (y, por tanto, está transcrita por él) durante un solo día.


PUNTOS DÉBILES DE THE NAME OF THE WIND

The Name of the Wind peca de un exceso de extensión. Los pasajes de la estancia de Kvothe en la ciudad de Tarbean se hacen demasiado extensos, y tal vez no aporten gran cosa a la narración (salvo que los títulos posteriores de la serie lo desmientan), con lo que el ritmo se resiente. Otro tanto cabe decir del pasaje de la muerte del dragón, que ocurre en el tramo final de la novela y rompe el ritmo y conduce hacia un final apresurado.

El hecho de que se trate de un final abierto tampoco ayuda demasiado, ya que lo supedita todo a los siguientes títulos de la serie. Y aquí encontramos uno de los grandes defectos de la novela: la segunda parte ya va con retraso, por lo que la espera para verla traducida al castellano podría demorarse hasta bien entrado 2009.


PÚBLICO OBJETIVO DE THE NAME OF THE WIND

Aunque The Name of the Wind puede ser leída por un público juvenil, tal vez encuentre mejor acomodo entre el público adulto.

El público objetivo del libro son los lectores de Andrzej Sapkowski, George R. R. Martin, Gene Wolfe, Friz Leiber, Ursula K. Le Guin, David Gemmell o Scott Lynch. En resumen: los degustadores de una fantasía bien escrita, alejada de las franquicias pero al mismo tiempo anclada en la tradición del género. Es decir, los lectores de fantasía de calidad pero claramente perteneciente al género fantástico.

Para los lectores ajenos al género, el libro puede promocionarse como una novela de fantasía muy bien escrita, que contiene un tipo de magia “sin efectos especiales” y, por tanto, apta para el consumo de los lectores no demasiado habituados al género. Podría ser un buen libro para adentrarse en la fantasía heroica por parte de lectores ajenos al género pero con el paladar exquisito y que ya saben quién es Ursula K. Le Guin.

Sería muy interesante promocionar a Patrick Rothfuss como “el autor revelación” de la fantasía reciente. Sin tratarse de un fenómeno de masas, el libro ha funcionado muy bien entre la crítica y el público, y ésa es una baza muy favorable para la promoción del libro.


ADJETIVOS PARA DEFINIR LA NOVELA

Original, evocadora, poética, para paladares exquisitos, innovadora, pausada, el autor revelación de la fantasía moderna.


CALIDAD LITERARIA

8. Sin ser la mejor novela fantástica del año, sí es un libro muy completo y digno, de calidad y con momentos magníficos.


CALIDAD COMERCIAL

7. Aún habría que ver qué tal funcionan las continuaciones de la serie para hablar de un hito en la historia del género. De momento, puede funcionar como una buena primera novela, innovadora y con un protagonista inolvidable.


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