miércoles, 12 de septiembre de 2007

Asesinos natos, matones jubilados y cintas de narcocorridos

En la última actualización de la Quinta Columna de Bibliópolis hablo de mi buen amigo Bernardo Fernández y de su última novela, Tiempo de alacranes. Si la incluyo en la sección La Quinta Columna es porque se trata de una incursión en el género negro, que tal vez no sorprenda a quienes se han enganchado a su obra a raiz de la lectura de Gel azul, pero sí a quienes consideren a Bernardo como un escritor exclusivamente ligado al género de ciencia ficción. Es una buena novela policíaca, que recomiendo a los lectores que tengan la suerte de conseguirla, ya que sigue inédita en España. Si la columna sirve para que alguna editorial descubra esta novela, y se anime a publicarla por aquí, pues tanto mejor.

Como de costumbre, transcribo los primeros párrafos de la columna. A disfrutarla:

Me va a disculpar David Panadero, pero hoy le voy a invadir un poco el terreno y hablaré de un libro que, si estuviera editado en España, ya habría merecido un comentario en Cosecha Roja. Pero la mezcla de géneros es lo que tiene, y, en ciertas ocasiones, secciones como esta carecen de sentido; no al hablar de esta novela en particular, pero sí al abordar la obra de determinados autores, como por ejemplo Bernardo Fernández y, por extensión, otros escritores mexicanos que iniciaron su andadura en la literatura fantástica y que, paulatinamente, han ido escorándose hacia el género policíaco.
La visión que tenemos de la ciencia-ficción mexicana, tal como le llega al fandom español, es forzosamente sesgada e incompleta. Apenas existe flujo de autores y contenidos, salvo alguna obra o relato puntuales: Patricia Flores Figueroa y En tierra cruenta (Minotauro), Gabriel Benítez y Fluyan mis lágrimas (Grupo Editorial AJEC) Bernardo Fernández y Gel azul (Parnaso), algún relato de José Luis Zárate, Mauricio-José Schwarz, Gerardo Sifuentes o Paco Ignacio Taibo II... Ni que decir tiene que Gerardo Porcayo, Arturo César Rojas y Alberto Chimal, como si no existiesen... Cosa que nos perdemos, porque son buenos narradores... Poco más encontrará el lector español, salvo que empiece a rastrear las publicaciones especializadas y descubra ensayos de Miguel Ángel Fernández Delgado y Gabriel Trujillo Muñoz, de quien, por cierto, el año pasado apareció un libro en España, Mexicali City Blues, editado por Belaqua, y del que tarde o temprano hablaré en esta sección.
No obstante, y a tenor de lo poco que se ha podido leer de estos autores por estos pagos, me temo que la mayoría entraron con fuerza en el terreno de la ciencia-ficción, porque, a finales de los ochenta y principios de los noventa, era la manera más válida de plasmar la realidad mexicana (como dice Bernardo Fernández, pocas ciudades hay más ciberpunks que México D.F.), pero, con el tiempo, la ciencia-ficción ha dejado de ser el instrumento idóneo para denunciar las desigualdades sociales y reflejar el proceso de cambio existente allí, y en su lugar ha irrumpido con fuerza la literatura policíaca. Si, como decía Sabina, las niñas ya no quieren ser princesas, me da la impresión (insisto: sesgada, por las escasas obras que llegan a España) de que los autores mexicanos que cultivan los géneros literarios ya no quieren ser William Gibson ni Bruce Sterling, sino Henning Mankell y Yasmina Khadra. O, simplemente, ellos mismos, y para ello se encuentran más cómodos en el terreno de la novela negra.
Dudo que a este fenómeno sean ajenos dos tipos de mestizaje: el intrínseco a la sociedad mexicana, por supuesto, y el cultural, esa mezcla de géneros tan diversos como el fantástico y el policial que están propiciando acontecimientos como la Semana Negra de Gijón. Bajo el mecenazgo de Paco Ignacio Taibo II, y aprovechando la existencia de editoriales que publican a ambos lados del Charco, los autores mexicanos de género policíaco han empezado a llegar a España, y han irrumpido con una fuerza que los ha llevado a disputarse con Argentina y Cuba la hegemonía de la novela negra latinoamericana. Una buena muestra de este fenómeno es la concesión del premio Hammett a Cadáveres de ciudad, de Juan Hernández Luna, en la presente edición de la Semana Negra... o el Memorial Silverio Cañada, concedido a la mejor primera novela policíaca del año, que se llevó Tiempo de alacranes, de Bernardo Fernández, en la Semana Negra del 2006.


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lunes, 11 de junio de 2007

Sociedades secretas quintacolumnistas


En la actualización de la semana pasada de Bibliópolis se puede leer (si se quiere, por supuesto) una nueva entrega de mi sección La Quinta Columna. En esta ocasión, le toca el turno a Una historia de las sociedades secretas españolas, de León Arsenal e Hipólito Sanchiz (Zenith).
Los primeros párrafos de la actualización son los estos:

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Algunos de los elementos más valiosos del boom que experimentó el género fantástico español durante los años noventa parecen estar buscando nuevos horizontes y se lanzan a otros ámbitos. César Mallorquí se ha consolidado como autor de novela juvenil, alguna de las cuales aparecerá reseñada en esta sección. Elia Barceló reparte el tiempo entre el policíaco, el fantástico y el juvenil. León Arsenal parece decantarse últimamente por la novela histórica y, caso que hoy nos ocupa, el ensayo histórico.
En todos los casos citados era una decisión lógica. Sus preocupaciones exceden el ámbito estrictamente fantástico, las publicaciones de fandom les han servido para ir puliendo el estilo antes de dar el salto a otros campos y, al mismo tiempo, han reflejado esas preocupaciones en su manera de escribir literatura fantástica. Para Elia Barceló, la problemática del punto de vista y el narrador son instrumentos narrativos que hace valer tanto en sus cuentos de ciencia-ficción como en sus novelas policíacas. César Mallorquí reproduce su estilo literario claro y conciso en todas sus obras, independientemente de la temática. Y León Arsenal es capaz de plasmar su obsesión por la búsqueda del término preciso y sus conocimientos enciclopédicos tanto en un space-opera posmoderno (por ejemplo, "En las fraguas marcianas") como en una novela histórica (Las bocas del Nilo).
Con Una historia de las sociedades secretas españolas, León Arsenal nos ofrece una buena muestra de trabajo en equipo (no hay que olvidar la coautoría de Hipólito Sanchiz y la colaboración de Fernando Prado), pero también una narración amena y muy bien escrita, al mismo tiempo que un compendio de prácticamente todas las anécdotas que León ha ido relatando a lo largo de quince años de tertulias. Se intuye que con esta obra desvela algunas de las fuentes que lo llevaron a escribir obras tan aparentemente dispares como la fantasía épica innovadora que es Máscaras de matar (premio Minotauro 2004) o un thriller esotérico-visigótico como El espejo de Salomón (Minotauro, 2006).

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El resto, como de costumbre (una vez al mes), lo podéis leer en Bibliópolis.

Por lo que a mí respecta, dándole al proyecto de fin de máster, intentando quitarme marrones varios, metiéndome en otros nuevos (de los que hablaré en su momento) y conteniendo la respiración antes de acometer la tercera entrega del Heridas y Cicatrices correspondiente a mis hermosas quemaduras de hace tres años. O sea, como de costumbre. Proactivo y sinérgico, que dicen en las ofertas de empleo.

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