viernes, 8 de junio de 2007

Heridas y cicatrices (IV): Más quemado que el palo de un churrero (Segunda parte)

El caso es que quedamos, en la Plaça de Espanya. Su novio vivía cerca de allí, y para mí era una excursión de un cuarto de hora en el 56, el 57 o el 157. Suponía que daríamos una vuelta por Montjuïc, o nos iríamos a tomar algo al centro. Incluso estaba pensando qué ruta turística hacerle, porque esa es una de mis debilidades, tanto cuando viene gente a Barcelona como cuando quedo en Madrid con gente de fuera: hacer de guía turístico. Se me da bien, aunque a lo mejor me paso.
Pero no estaba preparado para lo que me dijo Luz:
-Juanma, he pensado que podemos ir a la playa.
-Eh... Bueno.
Soy blanquito, ya digo, y la playa no es una de mis prioridades, aunque hacía muy bueno. Era el primer fin de semana de junio, pero ya hacía bastante calor, un tímido avance del infierno en que se habría de convertir aquel verano, el peor que he vivido en Barcelona, con diferencia. Soporto muy bien el calor madrileño: si estás a cuarenta grados, te escondes bajo una sombra y ya está. Pero no puedo con el calor húmedo de Barcelona: no te deja ninguna escapatoria posible. Si estás a veintiocho grados y la humedad es elevada, quieres morirte; si la temperatura pasa de los treinta grados, deseas no haber nacido nunca.
No recuerdo cómo llegamos, supongo que en el 57.
Ya en la Barceloneta. La playa estaba muy concurrida, para no ser ni las doce del mediodía de un domingo. Echamos a andar por la playa de Sant Sebastià. Al principio, sorteando domingueros; después, un poco más relajados, porque la gente aún no había llegado.
En un momento dado, empecé a reparar en que la ropa de baño de aquel verano era realmente parca en tela, por decirlo fino. Muchas chicas en top-less, y, más sorprendente, muchos chicos con tanga bronceando sus posaderas.
Algunos metros más adelante, la certeza se transformó en una duda. ¿Aquel año se llevaban bañadores más pequeños que de costumbre, o estábamos en una playa nudista? Los dos nos miramos, con la misma interrogante clavada en los ojos, y decidimos detenernos allí mismo.
Otro elemento llamativo: hacía sus buenos cincuenta metros que no veíamos a ninguna chica.
Definitivamente, nos quedamos allí mismo. Mejor no avanzar más.
Un par de valientes chapoteaban en el agua. Me mojé los pies. Estaba helada. Regresé a mi sitio.
Estaba empezando a hacer calor.
-Pero Juanma, quítate la camisa.
-No, que me quemo enseguida.
-Que no te vas a quemar, que te lo digo yo.
Y me quité la camisa.
Luz es de piel bastante oscura, de modo que no necesita bronceadores.
Estaba expuesto al sol, y sin una crema protectora.
Nos pusimos a hablar. Ella me contaba sus movidas con Juan Antonio; y yo, mis no-movidas amorosas. Hablamos de los amigos comunes, de Madrid y de la facultad; de su pueblo, de su sobrino y de mi madre.
De vez en cuando, me ponía de espaldas, para tomar algo de sol. Me quitaba las gafas, para que no se me hiciera marca en la cara.
Debimos de estar un par de horas así, sin parar de hablar, y aventurándonos cada cierto tiempo a tomar un baño de pies.
También comentábamos las jugadas que se sucedían a nuestra derecha, en la zona nudista de la playa. Nos habíamos quedado en el límite, y se veía a algún que otro cincuentón barrigudo haciendo ostentación de su cuerpo Litoral.
A eso de las dos, empecé a sentir molestias. Me estaba empezando a picar.
-Luz, vámonos a tomar algo.
-Qué va. Se está muy bien.
A las dos y cuarto me puse la camiseta. Mejor que no me diera más el sol en la espalda.
A las dos y media volví a la carga.
-Luz, vámonos a comer.
-Todavía no. Cómo se nota que aquí tenéis playa y no pensáis en los que no la tenemos.
Las tres.
-¡Luz, vámonos de aquí!
-¡Que me dejes!
Las cuatro.
-Juanma, empiezo a tener hambre. ¿Nos vamos dentro de un cuarto de hora?
-Vale.
Desmontamos el chiringuito y nos fuimos a comer a uno de los restaurantes del Passeig Joan de Borbó. Sí, de esos en los que el plato principal es el cliente estafado.
Comer bajo un toldo fue una experiencia refrescante. Me seguía picando la espalda, y empezaba a sentir molestias en la pierna izquierda. Al acomodarnos en la playa, me había quitado la media elástica con que me tapo la pierna, herencia de mi trombosis del año 2000, y, como llevaba una bermuda larga, el sol me había dado en esa pierna. Curiosamente, no sentía ninguna molestia en la otra pierna.
Cuando nos fuimos de allí, las molestias ya eran persistentes. Me costaba caminar erguido, porque notaba como si algo o alguien tirase de mi piel en todas las direcciones, una especie de lifting, pero a lo bestia.
Seguimos hablando de nuestras historias, y aquello me hacía más llevaderas las molestias. Después de despedirnos, en la puerta de la casa de Juan Antonio, me costó llegar a la parada del 56.
Una vez en casa, me quité la camiseta. Tenía la espalda toda rojita. Dicen que en estos casos lo mejor es meterse una ducha templada (nunca fría), y eso fue lo que hice.
Por la noche, tenía la espalda llena de pequeñas vesículas, como si fueran bolitas de plástico, de esas que revientas compulsivamente cuando no tienes nada mejor que hacer.
(Continuará)

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12 Comments:

Blogger Rox said...

la playa de barcelona esta fea pero pase momentos chidos alli

besitos :)

9 de junio de 2007, 6:17  
Anonymous natxo said...

Joe.... Juanma... No sé si leer la tercera parte. Que este verano pretendo ir a la playa, y entre la psicosis de las medusas y tus ampollas....

9 de junio de 2007, 19:19  
Blogger Cristina López said...

Pero mira que eres bestia..cuatro horas tirado tomando el con esa piel blancurriona...Deberías aprender a imponerte un poco más :DDDDD

9 de junio de 2007, 20:02  
Blogger Juanma said...

Rox:

Pues sí, la playa de Barcelona es muy fea, pero peor estaba hace quince años, que era una escombrera. :-/

Besos. :-***

9 de junio de 2007, 20:08  
Blogger Juanma said...

Natxo:

Uy, de medusas no tengo ninguna historia que contar (por el momento).

:-D

Bueno, el sábado que viene voy a la playa, ya veremos. ;-)

9 de junio de 2007, 20:09  
Blogger Juanma said...

Cristina:

Pues no sé imponerme, no. Pero ¿y el juego que doy?, ¿eh? :-PPPP

:-*********

9 de junio de 2007, 20:10  
Anonymous Anónima de las 9:59 said...

Se acerca la escena gore... Ya me lo huelo (a quemado).

stoy con Cristina: ¡a imponerte! Sobre todo cuando te va la piel en ello. -No es una metáfora-

11 de junio de 2007, 10:04  
Blogger manu said...

-Que no te vas a quemar, que te lo digo yo.
Y me quité la camisa.

Alma de cántaro. Tú ves haciendo caso a pies juntillas a las mujeres... XDDD

11 de junio de 2007, 10:35  
Blogger manu said...

Se acerca la escena gore... Ya me lo huelo (a quemado).
Yo le vi... pero no pienso desvelar el final de tan edificante historia.

11 de junio de 2007, 10:38  
Blogger Cristina López said...

Yo le vi... pero no pienso desvelar el final de tan edificante historia

Y yo suelo ver el resultado sempiterno de la desdicha de ir haciendo caso a las mujeres, pero no vamos a desvelar nada...

11 de junio de 2007, 12:46  
Anonymous manu said...

Semos una tumba.

11 de junio de 2007, 14:03  
Blogger Juanma said...

Lástima que no haya fotos. O mejor que no las haya, brrr.

Al final, hoy me ha pillado el toro y actualizo con otra cosa. Pero stay tuned: a lo largo de la semana, la conclusión de estas Heridas y Cicatrices.

11 de junio de 2007, 18:27  

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