Sugerencias para la papeleta de los premios Ignotus 2016: (I) Algo de autobombo
Dicho esto, acá van mis contenidos nominables, por categorías:
- "Blanca como la arena", en Junto a la hoguera (Equinox)
- "Prólogo" de Trece monos, en César Mallorquí, Trece monos (Fantascy)
- "Mirar al futuro para comprender el presente. Novela contemporánea española de ciencia ficción crítica", en colaboración con Alberto García-Teresa, en David Becerra Mayor (coord.), Convocando al fantasma. Novela crítica en la España actual (Tierradenadie Ediciones)
- "Hasta aquí ha llegado el fandom. Ahora es el turno de los académicos", en Hélice volumen II, n.º 5
Escribir tiene mucho de francotirador y de solitario, pero veo una nota común en todas mis aportaciones del año 2015: son fruto de colaboraciones directas o indirectas, partes de trabajos en equipo que van más allá del ensayo o el cuento escrito para uno mismo o porque se han limitado a pedírtelo y tú te limitas a escribirlo. Así que nobleza obliga, hay que ser agradecidos. Por supuesto, con Cristina, que me aguanta a diario las neuras e inseguridades, y Mireia, que lucha con toda su entropia infantil para que papá no esté pegado al ordenador haciendo frikadas y haga el favor de contarle un cuento o salir a jugar con ella.
"Blanca como la arena" habría sido imposible sin el estímulo que me ofrecieron en su momento Eduardo Vaquerizo (es el desarrollo de una trama secundaria de un cuento que no entregué en plazo para su antología Memorias de tinieblas), Rodolfo Martínez (como editor de Sportula, por haber valorado de forma positiva las páginas que llevaba escritas de ese relato inacabado, lo cual me hizo confiar en mis posibilidades de desarrollarlo a mi ritmo) y Luis G. Prado (por hacerme una oferta imposible de rechazar, que también me ha dado la motivación extra que necesitaba para seguir escribiendo), y que hace unos meses me dieron Noelia Montalbán y Tania Giménez, coordinadoras de Equinox, a quienes agradezco la confianza y los flujos de ideas.
El prólogo de Trece monos habría sido imposible sin los relatos y la personalidad de César Mallorquí, y sin los ánimos incesantes de Ricard Ruiz, quien me hizo la persona más feliz del mundo al ofrecerme precisamente este prólogo, el que he hecho con más ganas y convicción, cosa que creo que se nota. También debo destacar el trabajazo que Emilia Lope, primero, y Natalia Rodríguez, ahora, llevan a cabo en Fantascy. Y, claro está, el capote que me echó Susana Vallejo al cubrir mi baja de última hora en el acto de presentación del libro en Gigamesh.
En cuanto a la colaboración con Alberto García-Teresa, llevaba cosa de quince años sin escribir a cuatro manos y, aunque no dejo de repetir que el peso de la redacción final del artículo es de él, la fase de tormenta de ideas y de selección de los textos sobre los que íbamos a hablar ha sido un proceso realmente enriquecedor que me ha hecho descubrir muchos libros magníficos que no entiendo cómo podían estar fuera del radar del núcleo duro del fandom. Además, el ensayo colectivo en el que aparece publicado es de lectura obligada.
Y por último, el nuevo equipo de Hélice, comandado por Mariano Martín, Mikel Peregrina y Antonio Rómar, mantiene el buen hacer de esta publicación y la convierte en uno de los lugares más apetecibles donde publicar ensayos sobre el género. También tengo que darle las gracias a Ana Belén Ramos y Javier Fernández, de Cátedra, a Sara Martín y Alejo Cuervo, por esa charla de presentación en Gigamesh, y por supuesto a Julián Díez y Fernando Ángel Moreno, por haber hecho realidad uno de los libros más importantes que se han publicado en España sobre la ciencia ficción española.
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