miércoles, 6 de agosto de 2008

Pros y contras

Cada uno de nuestros actos tiene su lado bueno y su lado malo. Polaridad, multiperspectivismo, yin-yang, acción-reacción... Llamadlo como queráis.
Ser autónomo es un coñazo cuando no te queda otra que trabajar en agosto y, además, no puedes contar para vivir con el dinero que realmente ganas, sino que tienes que deducirle la cuota de la seguridad social y los gastos de gestor. Es decir, para seguir siendo un mileurista necesito ganar 1.300 euros al mes. Lo cual me obliga a trabajar más.
Por contra, no tienes jefe, puedes poner la música que te apetece (iba a poner "a toda hostia", pero tampoco es eso: si no, no me concentro) y, para mí mucho más importante en días de canícula como los que estamos viviendo, puedes trabajar en bermudas y sin camiseta. Total, nadie te está viendo, y quedas la mar de interesante si dices que sueles trabajar semidesnudo. (En invierno ya será otra cosa; pero, de momento, a disfrutar.)

Ser Juanmagneto tiene grandes inconvenientes. Te cargas cosas y objetos. Desmagnetizas redes informáticas. Fundes relojes.
Pero también tiene ventajas. Sin ir más lejos, y casi coincidiendo con que la semana pasada me cargué mi reloj digital de pulsera de toda la vida, el otro día Cristina me regaló un magnífico reloj Citizen de titanio, con cristal de zafiro y, agarraos, sin pilas: la criatura es solar. No hace gasto, ni se rompe. Es a prueba de Juanmagnetos. Y precioso, además. ¡Graciaaaas!
Por otro lado, pone demasiado elevado el listón de Juanmagneto. Porque, vamos a ver, si hasta ahora me he cargado relojes y redes de cajeros automáticos por el mero hecho de entrar en interacción con ellos, ¿alguien duda de que, al tener un reloj solar, mi próximo objetivo va a ser nada menos que el Astro Rey?
Yo que vosotros iría mirando el cielo todos los días. Si notáis algo raro en el Sol (aumento de las tormentas solares, brusco descenso de temperaturas, que amanezca por Poniente, entrada súbita e inexplicable en fase de nova...), a lo mejor es cosa mía. Yo aviso.

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viernes, 10 de agosto de 2007

El signo de los tiempos

El signo de los tiempos es asín de brutal.
Hace unos años, cuando los ideales no le importaban una mierda al personal, hablabas de Gandhi y todo el mundo (incluso los que habíamos sobrevivido a la película de Richard Attenborough) sabía a quién nos referíamos.
Cualquier persona con un mínimo de formación lo consideraba un ejemplo a seguir, un modelo de convivencia, el apóstol de la no violencia, una de las razones para creer en la humanidad y una de las personalidades más destacables de un siglo que nos había deparado a Hitler, Franco, Mussolini, Mao, Stalin o Pol Pot.
Sin embargo, ahora, con el fin de la historia, el pensamiento débil, el proceso actual de desideologización a marchas forzosas y la mercantilización de absolutamente todo (pero, ¡por favor!, si una de las industrias punteras de Cuba es la de estampado de camisetas del Che...), hablas de Gandhi y la gente te lo va a identificar inmediatamente con este señor:
(Por cierto, ¿podríais hacer el favor de no gritar tan alto? Os he oido desde aquí, y todavía me está retumbando el tímpano.)
Pues sí. Uno de los fenómenos del verano, gracias al anuncio de Dolce & Gabanna, amenaza con pulverizar récords de venta de las tiendas Zara. Como si Amancio Ortega lo necesitara...
Para que luego digáis que la pornografía emocional es aburrida, o que sólo pongo fotos de atrevidas activistas en top less... Bueno, de hecho, también he puesto otro post veraniego deportivo de fotos de futbolistas guapetones...
Buen finde a todos y haced como David Gandy en la foto de abajo, que los aires acondicionados son muy malos, y, si no os cubrís las zonas estratégicas de vuestros cuerpos, podéis pillar un resfriado.
(Iba a titular este post "Los milagros del Photoshop", pero seguro que unos cuantos me ibais a acusar de ser un envidioso, y ando tan sobrado de talante que me sale por las orejas, de modo que le he cambiado el título a última hora.)

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