Pros y contras
Cada uno de nuestros actos tiene su lado bueno y su lado malo. Polaridad, multiperspectivismo, yin-yang, acción-reacción... Llamadlo como queráis.
Ser autónomo es un coñazo cuando no te queda otra que trabajar en agosto y, además, no puedes contar para vivir con el dinero que realmente ganas, sino que tienes que deducirle la cuota de la seguridad social y los gastos de gestor. Es decir, para seguir siendo un mileurista necesito ganar 1.300 euros al mes. Lo cual me obliga a trabajar más.
Por contra, no tienes jefe, puedes poner la música que te apetece (iba a poner "a toda hostia", pero tampoco es eso: si no, no me concentro) y, para mí mucho más importante en días de canícula como los que estamos viviendo, puedes trabajar en bermudas y sin camiseta. Total, nadie te está viendo, y quedas la mar de interesante si dices que sueles trabajar semidesnudo. (En invierno ya será otra cosa; pero, de momento, a disfrutar.)
Ser Juanmagneto tiene grandes inconvenientes. Te cargas cosas y objetos. Desmagnetizas redes informáticas. Fundes relojes.
Pero también tiene ventajas. Sin ir más lejos, y casi coincidiendo con que la semana pasada me cargué mi reloj digital de pulsera de toda la vida, el otro día Cristina me regaló un magnífico reloj Citizen de titanio, con cristal de zafiro y, agarraos, sin pilas: la criatura es solar. No hace gasto, ni se rompe. Es a prueba de Juanmagnetos. Y precioso, además. ¡Graciaaaas!
Ser autónomo es un coñazo cuando no te queda otra que trabajar en agosto y, además, no puedes contar para vivir con el dinero que realmente ganas, sino que tienes que deducirle la cuota de la seguridad social y los gastos de gestor. Es decir, para seguir siendo un mileurista necesito ganar 1.300 euros al mes. Lo cual me obliga a trabajar más.
Por contra, no tienes jefe, puedes poner la música que te apetece (iba a poner "a toda hostia", pero tampoco es eso: si no, no me concentro) y, para mí mucho más importante en días de canícula como los que estamos viviendo, puedes trabajar en bermudas y sin camiseta. Total, nadie te está viendo, y quedas la mar de interesante si dices que sueles trabajar semidesnudo. (En invierno ya será otra cosa; pero, de momento, a disfrutar.)
Ser Juanmagneto tiene grandes inconvenientes. Te cargas cosas y objetos. Desmagnetizas redes informáticas. Fundes relojes.
Pero también tiene ventajas. Sin ir más lejos, y casi coincidiendo con que la semana pasada me cargué mi reloj digital de pulsera de toda la vida, el otro día Cristina me regaló un magnífico reloj Citizen de titanio, con cristal de zafiro y, agarraos, sin pilas: la criatura es solar. No hace gasto, ni se rompe. Es a prueba de Juanmagnetos. Y precioso, además. ¡Graciaaaas!
Por otro lado, pone demasiado elevado el listón de Juanmagneto. Porque, vamos a ver, si hasta ahora me he cargado relojes y redes de cajeros automáticos por el mero hecho de entrar en interacción con ellos, ¿alguien duda de que, al tener un reloj solar, mi próximo objetivo va a ser nada menos que el Astro Rey?Yo que vosotros iría mirando el cielo todos los días. Si notáis algo raro en el Sol (aumento de las tormentas solares, brusco descenso de temperaturas, que amanezca por Poniente, entrada súbita e inexplicable en fase de nova...), a lo mejor es cosa mía. Yo aviso.
Etiquetas: Magneto contraataca, pajas mentales, verano, vida cotidiana







