viernes, 20 de enero de 2012

Espejo, espejito negro

Hoy toca cross-post de mi última entrada en Frikitecaris. Con la excusa humorística y bibliotecaria del blog, aprovecho para hablar de una de esas series que están llamadas a entrar en la historia de la televisión: Black Mirror. Me ahorro la disquisición seria, porque José Ramón Vázquez la clavó en Literatura Prospectiva, y reitero mi entusiasmo ante lo que Joserra define con acierto como el Visiones peligrosas de nuestro tiempo. De hecho, y a modo de ejercicio megafriqui, me da por imaginar qué podrían hacer las cadenas comerciales como NBC si algún ejecutivo tuviera las suficientes luces como para entender la conveniencia de que el canal SyFy actualizase Outer Limits con las premisas de Black Mirror. ¿Os imagináis una docena de raciones anuales de buena ciencia ficción audiovisual, con episodios de entre cuarenta minutos y una hora basados en relatos como "El asesino infinito" y "Axiomático", de Greg Egan, "Comprende" y "Setenta y dos letras", de Ted Chiang, "No opinamos lo mismo" y "Días verdes en Brunei", de Bruce Sterling, "El continuo Gernsback", de William Gibson, "Tratando de conocerte", de David Marusek, "Paciente cero", de Tananarive Due, "Agenesia congénita de la ideación sexual, por K. N. Sirsi y Sandra Botkin", de Raphael Carter, "La costa asiática", de Thomas M. Disch,  "Russian Vine", de Simon Ings, "Los osos descubren el fuego" y "macs", de Terry Bisson (¡oh, "macs"!), "Servicio de vigiliancia", de Connie Willis, "Birth Days", de Geoff Ryman, "A Colder War", de Charles Stross, "Some Strange Desire" y "Fragments of an Analysis of a Case of Hysteria", de Ian McDonald, "Contrólate", de Paul Park", "La enciclopedia Braille", de Gran Morrison, o "El gigante ahogado", de J. G. Ballard? Hala, solo con refinar este listado hay material suficiente para un par de temporadas o, en su defecto, para que algún editor recoja el guante y elabore una antología de la hostia que, obviamente, solo podría venderse en formato de libro electrónico  porque, reconozcámoslo, no vendería nada. ¿Por qué venden tan mal las ideas prospectivas, distópicas y demás "visiones peligrosas", pero funcionan tan bien en el plano audiovisual? Quiero decir, ¿por qué sería una insensatez intentar editar estos relatos en una sola recopilación, pero estos podrían convertirse en la mejor serie de SyFy desde Battlestar: Galactica e, incluso, hacer sombra a la primera temporada de Black Mirror? Creo que la respuesta es obvia y dolorosa: porque es más cómodo.
Pero me voy por las ramas. Yo solo quería copiar y pegar mi entrada de hoy en Frikitecaris. Acá va.

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¿Qué hace de las teleseries británicas las mejores del mundo? Tres cosas: rigor, concisión y calidad. Frente a los culebrones de doscientos episodios por temporada, las mejores series británicas constan de muy poquitos capítulos por temporada (entre los tres de Sherlock y la media docena mal contada de Luther, Being Human o Misfits), un formato más parecido al del cine de toda la vida que al de la televisión clásica, y unos guiones rematadamente buenos. Ni un solo diálogo prescindible. Referencias al contexto histórico y social actual, metidas de manera tan sutil que muchas veces no nos damos ni cuenta, pero que permitirán al historiador o al espectador del futuro remoto fecharlas con un margen de error mínimo. Son series atemporales, como deben ser todas las obras maestras, pero hijas indudables de su tiempo, como debe ser toda obra de arte.
La última revelación en el campo de las teleseries es la escandalosísimamente buena Black Mirror, una reflexión, en forma de tres episodios autoconclusivos, acerca de los medios de comunicación, la tecnología y las redes sociales. El primer episodio, The National Anthem (vaya, como la canción de Radiohead), pone en la picota el papel de los medios de comunicación en las relaciones entre la política y la ciudadanía. Sin ánimo de destripar el argumento, este capítulo responde a la siguiente pregunta: ¿hasta dónde llegarías para acallar o satisfacer a tus votantes?
¿Demasiado genérico? Venga, vale, les vamos a contar los cinco primeros minutos del episodio.

A Michael Callow, primer ministro del Reino Unido, lo despierta su gabinete de crisis en plena noche para comunicarle una situación extraordinaria: alguien ha secuestrado a la princesa Susannah, una especie de lady Di y Kate Middleton, y colgado sus reivindicaciones en YouTube. Estas son insólitas: la única condición que se pone para liberar a la princesa es que el primer ministro comparezca ante las cámaras esa misma tarde... manteniendo relaciones sexuales explícitas con un cerdo. Las especificaciones técnicas que impone el secuestrador no dejan ningún margen a la manipulación: hay que rodar la escena cámara en mano y con luz natural, como si de Los idiotas o cualquier otra película de Lars von Trier o del movimiento Dogma 95 (¡homenaje!) se tratara.

A partir de aquí, como es lógico, comienza el debate. ¿Hay que rendirse al chantaje o llevar el juego hasta el final? ¿Es permisible tratar de hacer trampas? ¿Qué efectos puede tener la decisión final, sea cual sea, en la carrera política del primer ministro, la popularidad de las instituciones y los índices de audiencia? ¿Debe ceder la prensa a las presiones de la Casa Real y del gobierno, o limitarse a informar? ¿En qué lugar quedan las redes sociales, el de potenciadoras de la tragedia o el de rotura democrática de los filtros que se trata de imponer a la libertad de prensa?
El primer ministro, como es evidente, es el protagonista de este episodio, ya que se juega mucho, tome la decisión que tome: su carrera política, su matrimonio, la vida del personaje público más querido por la opinión pública británica y, llegado el caso (y su jefa de gabinete hace algo más que insinuárselo), su propia vida. Una vez que ha quedado claro que quien decide es él ("¿Y qué dice el manual que tenemos que hacer?", pregunta, a lo que le responden: "Esto es territorio virgen. No hay manual"), llegamos a la siguiente fase: ¿quién o quiénes son los chantajistas?
Por supuesto, los sospechosos habituales no tardan en aparecer: Al Qaeda o el IRA. Es decir, los grupos terroristas más interesados en desestabilizar el Reino Unido. Pero también, y a este punto queríamos llegar, se deja caer qué otros grupos o individuos podrían estar detrás del secuestro. Miren este vídeo y deténganse a los 23 segundos. Les transcribimos el desesperado soliloquio del primer ministro y, por supuesto, la cursiva y negrita son nuestras:
--¿Qué es lo que quieren? ¿Dinero? ¿Que liberemos al yihadista? ¿Condonar la deuda del Tercer Mundo? ¿Salvar las putas bibliotecas?
¡Bingo! Ladran, luego cabalgamos. Se produce el incidente más grave de la historia reciente del Reino Unido, y el primer ministro (suponemos que conservador, de los que están cargándose el sistema de bibliotecas públicas británico) culpa, en este orden, a unos chantajistas que solo quieren dinero, al terrorismo fundamentalista, al movimiento indignado y a los bibliotecarios.
¡Un poquito de por favor! Un bibliotecario jamás secuestraría a una princesa del pueblo glamurosa; por el contrario, secuestraría al propio primer ministro y lo obligaría a leerse (y, juas, juas, leer en público, ante una audiencia literalmente pegada a sus sillas, contenida la respiración) Un mundo feliz, 1984 o La naranja mecánica, no solo por culturizarse un poquito (existe la duda razonable de que un político de pura raza haya oído incluso hablar de George Orwell, aunque su día a día profesional consista en ponerlo en práctica) sino para que sus conciudadanos puedan entender un poquito mejor cómo y por qué los están manipulando. La letra con sangre entra, instruir deleitando y mano dura con guante de seda. Modales frikitecarios, en resumen. Pero ¿secuestrar a una princesita, dejarla hecha unos zorros y permitir que se le corra el rímel? ¡Anda ya! ¿Por quiénes nos toman?
De todos modos, no podemos sino agradecer a Michael Callow el piropo involuntario que dedica a nuestro colectivo profesional. Es consciente de que los bibliotecarios británicos tienen motivos para sentirse indignados. Y también es consciente de que, si se ponen, los bibliotecarios pueden llegar hasta donde haga falta con tal de hacer valer sus reivindicaciones.
Dicho sea sin ánimo de reventarles el argumento de este estupendo capítulo: no, al final el secuestro no es cosa de los putos bibliotecarios (primer ministro dixit), pero oigan, puestos a darnos ideas creativas para que nuestras protestas no caigan en saco roto...


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martes, 11 de enero de 2011

Series imposibles

La porosidad entre las redes sociales es caprichosa: uno intenta (sin éxito) liarla parda en el Twitter, pero donde la lía parda es en Facebook, cuando comenta que no ha conseguido liarla parda en Twitter y, al final, reaprovecha la parida del día para colgarla en Blogger, que al fin y al cabo es donde sale más a cuenta publicar contenidos propios. No deja de ser una metáfora de la utilidad real y el ámbito de intereses de cada red social: Twitter genera tanto ruido que es imposible destacar en él, aun queriendo (una muestra: el mismo día en que ETA declara un alto el fuego que podría ser el definitivo, y probablemente la noticia política de la década si la cosa sale bien, lo que acapara comentarios es el Balón de Oro a Messi, el politono del móvil del rey y la muerte de Juanito Navarro), Facebook genera el mayor número de comentarios (aunque con una marcada tendencia a hacer una "fiesta de la espuma" y desfasar a lo loco) y Blogger se convierte, al final, en el último recurso para hacer perdurable un hilo de Twitter o Facebook especialmente exitoso. Twitter es la tiranía que impone la obligación de estar allí en todo momento, Facebook es el patio de vecinos donde todo el mundo comenta, y Blogger es lo que le acaban leyendo a uno, aunque luego no le comenten. 
A lo que iba. Después del éxito de un divertidísimo trending topic (o asunto candente, vamos) de Twitter que llevaba por título #lessambitiousmovies (al que aporté chorradas como Quiero ser como Guti [sí, fui yo, aunque luego lo hayáis leído retuiteado por otros], Miedo y asco en Les Corts, Déjame llamar al telefonillo o El hombre que miró mal a Liberty Valance), me dije a mí mismo que por qué no mezclaba ese concepto con el de los títulos pervertidos de Gigamesh, lo aplicaba a series televisivas y, como resultado, obtenía mi propio trending topic con #series_imposibles. Dicho y hecho.
Por desgracia (o por suerte, dados el riesgo de incurrir en demasiadas idas de olla y el peligro de ampliar mi procrastinación habitual hasta límites nocivos para la salud), soy el último mono en Twitter, y el hilo apenas generó dos docenas de comentarios, brillantísimos casi todos ellos. 
Tuve más suerte en Facebook, donde la cosa acabó en modo fiesta de la espuma, como ya he dicho, y ya van más de cien comentarios, con un nivel igualmente brillante.
Y ahora lo cuelgo en este blog, donde sé que no va a haber ni una docena de comentarios, suponiendo que haya alguno, pero, al fin y al cabo, esto es lo que perdurará en el ciberespacio cuando haya chapado la cuenta de Twitter, porque sigo sin verle la gracia a los tuiteos, y si Facebook no inventa ningún medio de recuperar información y contenidos antiguos, por lo que es bastante más que probable que su inmediatez me acabe pareciendo un lastre a medio plazo. Vamos, que uno siempre vuelve a las raíces.

A lo que iba. La idea es, como ya habréis supuesto, dar títulos de series descabelladas e imposibles. Esto se puede conseguir de muchas maneras.
Por ejemplo, se puede pervertir una sola letra de su título para que dé lugar a un significado completamente diferente y, en ocasiones, contrapuesto al espíritu de la serie (How I Bet Your Mother, es decir, Cómo me aposté a tu madre, o The Big Band Theory). 
También se puede jugar a mezclar los títulos de dos series que no tengan nada que ver la una con la otra, para que el resultado final sea una perversión más o menos estimulante y/o divertida (dos ejemplos: Mr. Bean Human, que sería la mezcla de Míster Bean y de Being Human; o Ally McGyver, la improbable mezcla de Ally McBeal y McGyver). 
Asimismo cabe la posibilidad de jugar a adaptar series extranjeras a la idiosincrasia española (Life on Sants, en vez de Life on Mars, o Sexo en Nueva Numancia, en vez de Sexo en Nueva York), o jugar con ésta para ir un paso más allá en el carácter patrio de nuestras series (y, en este aspecto, resulta impagable esa acertada simbiosis que es Hospital Central Manzanares, resultante de mezclar Hostal Royal Manzanares y Hospital Central). 
Otra opción es descojonarse del espíritu de la serie y pervertir su título (ejemplo: Aquellos intrascendentes años, en vez de Aquellos maravillosos años). 
Por último, así a bote pronto, se puede pervertir el título de la serie de modo que sea aplicable a más de una serie, y mucho mejor si una es española y otra extranjera; ejemplo, Doctor en la tasca, cuyo título remite a Doctor en Alaska pero que nos lleva a pensar inmediatamente en Doctor Mateo.
Lo que no da puntos es la chabacanería, el chiste escatológico y las referencias sexuales demasiado facilonas. Twin Pricks podría ser el título de una peli porno con enanos y policías consumidores de tarta de cerezas, pero no es la serie imposible que buscamos; para eso, y ya puestos a jugar con títulos de alto voltaje, se pueden intentar cosas como Canifornication o Cadizfornication, que hasta tienen gracia y todo.

Dicho esto, comprenderéis que no reproduzca tooooodos los títulos que han surgido (¡ciento y pico!), pero no me resisto a mostraros los más divertidos, inteligentes y/o acertados. Si queréis aportar más en los comentarios, cojonudo; si os apetece votar vuestros favoritos, adelante, ya veremos la manera de hacer llegar algún premio (simbólico o no) al ganador; y si os limitáis a leer sin decir ni mú, que es lo habitual en este blog, pues nada, otra vez será.
Os dejo con tres listados: uno, el de mis propias pajas mentales; otro, el de los títulos más afortunados (indico la autoría entre paréntesis), y el tercero, con mis favoritos indiscutibles, los merecedores del premio Serie Imposible. Fuera de categoría, Antonio Martín propone un caso real: Cuéntame cómo paso, así, sin acento.
Por supuesto, muchísimas gracias a los que habéis participado. Ahora me quedo con las ganas de ver estas series, no las "de verdad".


MIS SERIES IMPOSIBLES

La abeja Maña
Ally McGyver
Anastomosis de Grey
Antinomia de Grey
Aquí no hay quien fume
Babylon 5-0
The Big Band Theory
Brokeback Empire
Canción triste de Benny Hill
Canifornication
Cadizfornication
Deep Spain Nonaino
Doctor en la tasca
How I Bet Your Mother
Los Jabugo
Life on Veronica Mars
La Masa de la pradera
Mítica o Bíblica
Mr. Bean Human
La perrera de Eva
Sabina, cosas de trujas
Sexo en Nueva Numancia
The Talking Dead
Walker Power Ranger


MOOOOOLAN

A dos metros bajo el agua (elfinsacerca)
¿Águila Roja? Volamos hacia Moscú (Álex Vidal)
El Ala Oeste de La Moncloa (Ramón San Miguel)
Anatomía de Pataky (Alfonso Merelo)
Los ángeles de Barbie (Sandroide Vulcana)
Aquel busca a su tío (Awixumayita Atiyamuxiwa)
Autopsia hacia el cielo (Antonio Martín)
Breaking Banks (Blanca Martínez)
Buffy, la caza-auditores (elfinsacerca) 
Camarera, café (Ramón San Miguel)
Catalonia (el programa humorístico de mayor éxito en Polonia) (Carles Quintana) 
Chencho en Nueva York (Antonio Martín)
Dexter in the Middle (Arturo Villarrubia)
Dirty Sexy Dexter (María)
Doctor ¿Lo Qué? (Ramón San Miguel) 
Emplumadas (Blanca Martínez)
Encontrados (María)
Fat Men (Julián Clemente)
Goofy Cazavampiros (Ramón San Miguel)
Los Gozos y las Soprano (Carneiro)
Gramática, Y griega de combate (Ramón San Miguel)
El hambre en la tierra: Paletilla ibérica (Ramón San Miguel)
El laboratorio criminal de Dexter (Ramón San Miguel)
Life on Sants (Álex Vidal)
Malcolm in the Bible (Awixumayita Atiyamuxiwa)
The Ñ-Files (elfinsacerca)
Pasión de Colombos (Carneiro)
Patadón Verbenero (Ramón San Miguel)
Podridos (Ramón San Miguel)
A Serbian Serie (Nacho Planas)
Sé Infiel (Awixumayita Atiyamuxiwa)
Los Serrano en tiempos revueltos (Carneiro)
Sexo en Alcorcón (Sandroide Vulcana)
Star Shrek (Sandroide Vulcana)
SuperGerente 86 (Ramón San Miguel)
Los tuertos vivientes (George Kaplan)
Tus muertos vivientes (George Kaplan)
¡Vaya sabanita! (Awixumayita Atiyamuxiwa)
Xena, Texas Ranger (Antonio Martín)



¡¡¡NECESITO VER ESA SERIE!!!

42 (María)
Aquellos intrascendentes años (elfinsacerca)
Benidorm Five-O (Alfredo Álamo)
The Big Breaking Bad Theory (Arturo Villarrubia)
Blossom Legal (Awixumayita Atiyamuxiwa)
La Cosa de la Pradera (¡Nunca cabrees a Michael Landon!) (Antonio Martín)
El Espantapájaros y la señora Fringe (Carles Quintana)
Hospital Central Manzanares (Antonio Martín)
Mad Max Men (Antonio Martín)
Mujeres Descerebradas (Sandroide Vulcana)
Passion Break (Ramón San Miguel)
Rex, un tiranosaurio diferente (Ramón San Miguel)
Todo el mundo quiere a Dexter (José M. Cárdenas)
True Mahou (Álex Vidal)

(PD. Estoy actualizando a medida que aportáis títulos de series imposibles. ¡Muchas gracias! Esto es muy, muy grande. Besitos.)

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miércoles, 30 de abril de 2008

V de... víboras


Los friquis muy friquis y talluditos estamos de enhorabuena: el 25 de abril se puso a la venta en DVD la serie que iluminó nuestras infancias: V (Los visitantes). Podremos volver a disfrutar con las heroicidades de Donovan y Julie, quedarnos ojipláticos con las maldades de Diana y el Líder, descojonarnos de un Robert Englund pre-Freddy Krueger, recordar por qué una generación entera de friquis empezó a considerar a Michael Ironside como uno de nuestros primeros actores fetiche, atar cabos acerca de la analogía de la lucha humana de Donovan y sus amigos con la resistencia antinazi en la II Guerra Mundial (ese logo de los visitantes era clavadiiiito a una esvástica)...

...o ver caer mitos de infancia, como esa fenomenal ingestión de roedores a palo seco por parte de una Jane Badler animatrónica que en el fondo nos estaba preparando el terreno, preadolescentes como éramos, para digerir mejor las películas de Tracy Lords y Jenna Jameson.
También podremos recordar esas tardes de sábado en las que, en vez de salir al parque a jugar, o en vez de empezar a socializar con gente de nuestra edad, nos quedábamos pegados a la tele, mientras amenizábamos los intermedios con los libritos azules y plateados de la Biblioteca Orbis de Ciencia Ficción.

Las características técnicas del DVD quitan el hipo:
  • Contenido: 10 Discos.
  • PVP Recomendado: 60 €.
Incluye:
Contenido Extra:
  • V: Detrás de las cámaras (24 min).
  • Audiocomentario del escritor y director Kenneth Johnson.
Otros datos de interés:

Porque, a fin de cuentas, el fenómeno V trascendió lo meramente televisivo y se convirtió en un verdadero motor de la cultura de masas y, sin ir más lejos, de la música popular española.



Es una lástima que no haya podido encontrar por Internet un magnífico cartel del PCE o del PCPE, ahora no lo recuerdo, en el que se protestaba contra la visita de Ronald Reagan a España en 1985, con una foto del entonces presidente de los Estados Unidos que ocultaba debajo de su popular rostro una cara y una piel de lagarto. El texto del cartel era "Todos contra el visitante". Como digo, me hubiera encantado poder encontrar ese cartel. Seguiré investigando.

En fin, que el DVD tiene buena pinta, y, en lo relativo a novedades friquis, es uno de los acontecimientos del año, junto con el pack definitivo de Blade Runner.
(Le dedico este post a Antonio, otro miembro aventajado de la "Generación V", y que a buen seguro me va a prestar los DVD.)

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