¡Luz, más luz!
Si Goethe hubiera vivido en Barcelona, se habría muerto del cabreo, pidiendo luz, más luz, muchísima más luz, algo de luz.
Para nosotros, que no nos estamos muriendo, ni vamos a dejarle últimas frases famosas a la posteridad, el pedir luz fue ayer una necesidad. Me libré del apagón porque estuve toda la mañana por el centro, y los daños tanto en casa de Cristina como en la calle Arizala fueron mínimos (un tímido descongelamiento en la nevera, y poco más). A Cristina no le fue tan bien: no pudo trabajar en toda la mañana.
Cruzar la Diagonal ayer a mediodía era como correr un encierro de los Sanfermines, y encontrarte Transformers en vez de toros.
Así pues, y aunque el apagón comenzó con el incendio de la central eléctrica de Collblanc, al lado de casa, no nos llevamos la peor parte. Los hay que siguen a oscuras, y van a tardar tiempo no sólo en leer esta entrada, porque están sin conexión, sino en poder llevar una vida mínimamente normal.
No sé si el asunto se resuelve abriendo expedientes informativos o cruzando reproches entre administraciones y partidos políticos, y por supuesto que ayer era un día crítico porque todo se conjuraba para que esto sucediese (mucho calor, muchos aparatos de aire acondicionado funcionando a todo trapo), pero que se lo cuenten a las treinta mil personas que siguen sin luz, día y medio después del apagón. Y lo que van a tardar en restablecer el servicio.
Olé mi pueblo, qué bien preparados estamos para estas situaciones.
(Conviene aclarar que hablamos de una ciudad que se queda incomunicada si caen cuatro copos de nieve.)
Mirándolo por el lado bueno: podría haber ido en ascensor en el momento del apagón.
Para nosotros, que no nos estamos muriendo, ni vamos a dejarle últimas frases famosas a la posteridad, el pedir luz fue ayer una necesidad. Me libré del apagón porque estuve toda la mañana por el centro, y los daños tanto en casa de Cristina como en la calle Arizala fueron mínimos (un tímido descongelamiento en la nevera, y poco más). A Cristina no le fue tan bien: no pudo trabajar en toda la mañana.
Cruzar la Diagonal ayer a mediodía era como correr un encierro de los Sanfermines, y encontrarte Transformers en vez de toros.
Así pues, y aunque el apagón comenzó con el incendio de la central eléctrica de Collblanc, al lado de casa, no nos llevamos la peor parte. Los hay que siguen a oscuras, y van a tardar tiempo no sólo en leer esta entrada, porque están sin conexión, sino en poder llevar una vida mínimamente normal.
No sé si el asunto se resuelve abriendo expedientes informativos o cruzando reproches entre administraciones y partidos políticos, y por supuesto que ayer era un día crítico porque todo se conjuraba para que esto sucediese (mucho calor, muchos aparatos de aire acondicionado funcionando a todo trapo), pero que se lo cuenten a las treinta mil personas que siguen sin luz, día y medio después del apagón. Y lo que van a tardar en restablecer el servicio.
Olé mi pueblo, qué bien preparados estamos para estas situaciones.
(Conviene aclarar que hablamos de una ciudad que se queda incomunicada si caen cuatro copos de nieve.)
Mirándolo por el lado bueno: podría haber ido en ascensor en el momento del apagón.
Etiquetas: apagones, electricidad, sucesos



