En attendant Woody Allen
No podía ni imaginarme el revuelo que se iba a organizar con la estancia de Woody Allen en Barcelona, con motivo del rodaje de su próxima película. La gente sale a recibirlo adondequiera que va, no se habla de otra cosa que de los ojos de Scarlett Johansson y las canas del genial director neoyorquino y, en resumen, parece que al barcelonés medio el seny se le ha ido al carajo, y ya no le importan la derrota del Barça frente al Real Madrid en las pasadas ligas de fútbol y baloncesto, ni las recientemente arrancadas transferencias en materia de gestión de aeropuertos y trenes de cercanías (que a mí, personalmente, me parecen más una putada que un regalo de Madrid), ni de las broncas internas de Ciutadans per Catalunya y Esquerra Republicana de Catalunya. En resumen, Barcelona, ciudad cosmopolita donde las haya, espejo en el que se miran miles de japoneses amantes de la obra de Gaudí, sólo tiene ojos para las andanzas y paseítos de Woody Allen, Scarlett Johansson y Javier Bardem. Ni siquiera durante el rodaje de El perfume recuerdo tal revuelo: sólo noté que una noche iba paseando por el Gòtic y no pude pasar a la plaza de Sant Felip Neri, una de mis favoritas de la Ciudad Condal, porque estaban rodando una escena. Y aquello fue todo. Pero esto ha desbordado todas las expectativas.
Doy fe de ello, porque el otro día, mientras paseaba por las inmediaciones de la Villa Olímpica, me crucé con un grupo de curiosos y vecinos que estaban esperando la aparición de Woody Allen. Al final se quedaron un poco decepcionados, porque el director estadounidense pasó de largo, en vez de detenerse a departir con ellos y sacarlos de extras en la peli.
Pero basta de cháchara. Mejor que lo veais por vosotros mismos.
Y a lo que iba: que conste que Woody Allen me encanta, que es uno de mis directores favoritos y que le perdono deslices como la tontísima Scoop: sigue siendo el autor de Zelig, Manhattan, Annie Hall, Hannah y sus hermanas, Match Point, La Rosa Púrpura de El Cairo, El dormilón y Todo lo que siempre quiso saber sobre el sexo pero no se atrevía a preguntar.
Pero el espectáculo mediático-paleto que están montando a costa de su presencia en Barcelona me parece innecesario y de mal gusto. Como si no hubiera otros problemas en la ciudad. La vivienda y RENFE, sin ir más lejos.

Doy fe de ello, porque el otro día, mientras paseaba por las inmediaciones de la Villa Olímpica, me crucé con un grupo de curiosos y vecinos que estaban esperando la aparición de Woody Allen. Al final se quedaron un poco decepcionados, porque el director estadounidense pasó de largo, en vez de detenerse a departir con ellos y sacarlos de extras en la peli.
Pero basta de cháchara. Mejor que lo veais por vosotros mismos.
Y a lo que iba: que conste que Woody Allen me encanta, que es uno de mis directores favoritos y que le perdono deslices como la tontísima Scoop: sigue siendo el autor de Zelig, Manhattan, Annie Hall, Hannah y sus hermanas, Match Point, La Rosa Púrpura de El Cairo, El dormilón y Todo lo que siempre quiso saber sobre el sexo pero no se atrevía a preguntar.
Pero el espectáculo mediático-paleto que están montando a costa de su presencia en Barcelona me parece innecesario y de mal gusto. Como si no hubiera otros problemas en la ciudad. La vivienda y RENFE, sin ir más lejos.

Etiquetas: cine, espectáculo, rodajes, Scarlett Johansson, Woody Allen



