Sin ánimo de hacer una crónica exhaustiva de la hispacón, he aquí las primeras impresiones, tal vez un tanto desordenadas e incoherentes.
La hispacón ha tenido algunos aspectos un tanto oscuros que hacen que no regrese con muy buenas vibraciones.
El primero, la baja asistencia, y la ausencia de grupos enteros de aficionados: no hubo nadie de Gijón ni de Santander, y se acercó muy poquita gente de Barcelona, Vitoria, Bilbao y Xatafi (sí hubo más de la TerMa). No sé si es que la fórmula no da más de sí, o que la falta de alternancia geográfica (existe una tendencia a que haya cierto equilibrio entre hispacones en el norte e hispacones en el sur) ha disuadido a los aficionados norteños, o qué, pero el caso es que ha habido pocos asistentes. Oí durante la cena que no estaría mal plantear si se pasa la hispacón a bienal, y, llegados a este punto, tal vez sea una posible solución.
El segundo, el lugar donde se ha celebrado. El pabellón de Marruecos de la Expo (actual Pabellón Hassan II) es un emplazamiento ideal, casi de cuento de las Mil y Una Noches, pero, como local para acoger una hispacón ha resultado ser un auténtico fiasco. El salón central es un ámbito ideal para dar conferencias y efectuar presentaciones, pero, para acceder a la sala de las presentaciones editoriales y el espacio de venta de libros (que terminó siendo el centro social del evento), había que entrar y salir continuamente; más que una sala de conferencias, parecía un lugar de paso. El efecto no era muy bueno.
En cuanto al comedor, situado en la planta superior, era una galería circular, lo cual dificultó enormemente la tarea de seguir la entrega de premios (los micrófonos, para mayor inri, no funcionaban como hubieran debido) e incluso el socializar con los vecinos de las mesas contiguas.
Ubicado en el antiguo recinto de la Expo, que es tanto como decir en medio de un polígono prácticamente desierto, resultaba un auténtico infierno intentar dar con una puerta de acceso (parece que todos los locales de esa zona -excepto Isla Mágica- están escondidos de una manera deliberada). Pero si entrar estaba complicado, salir era chunguísimo: con apenas una línea de autobús que lo comunicara con el centro de Sevilla (muy cercano según el plano; no tanto si tenemos en cuenta la configuración del espacio), el único recurso era encargar un taxi, gestión que podía demorarse sus buenos veinte minutos, en especial a la salida de la cena oficial. Vamos a ver: ¿a nadie se le ocurrió fletar dos autobuses que nos dejaran en la puerta del hotel oficial?
Y esto me lleva al tercer punto: la organización. Si la logística de los medios de transporte para salir de la Cartuja después de la cena fue nefasta, la cena en sí rayó en la tomadura de pelo. Anunciada como una cena andalusí (a lo que Cristina, estudiante ella de Filología Árabe, me solicitó un informe detallado, porque sentía verdadera curiosidad por lo que pudieran servirnos), consistió en berenjenas al horno, albóndigas (casi en remojo, porque muy calientes no es que estuvieran), un trocito de pastel y un cafelito. Todo ello por treinta módicos euros.
Mi problema es el que el concepto que tenía de cocina andalusí era
este, y tal vez por ello no me he tomado muy a bien la estafa del sábado por la noche.
Igualmente indignante fue la ausencia de un bar en el recinto del pabellón Hassan II. O, mejor dicho, el que el viernes hubiera una barra casi improvisada (no había ni café) y la retiraran el sábado. En los informes de progresos se anunciaba que el recinto de la Cartuja contaba con algunos restaurantes, uno de ellos justo enfrente del pabellón Hassan II, y Rafa Marín dio fe de que era el típico restaurante de moda de Sevilla, en el que lo mismo podías coincidir con Manuel Chaves que con folklóricas de fuste y tronío. Pues bien, ese restaurante estaba cerrado durante el fin de semana. Así las cosas, o te ibas a Sevilla-Sevilla, o tenías que probar suerte con una cafetería ubicada a unos doscientos metros... si la pillabas abierta. El lugar estaba bien, porque los ventanales estaban cubiertos con una cascada muy artística y, dentro de la cafetería, el espectáculo de la Cartuja cubierta por las aguas nos recordaba a las hispacones de los viejos buenos tiempos, en las que tanto llovía, y tantos friquis nos congregábamos.
No, la organización no es que se luciera.
Sin embargo, los actos discurrieron sin contratiempos ni retrasos dignos de mención (sólo dos actos se retrasaron más de un cuarto de hora, y ambos por mi única y exclusiva culpa: el primero, el viernes, porque llegué echando el bofe a la Cartuja, después de perderme y acabar en la otra punta de ese Westworld con faralaes; y el segundo, el sábado por la tarde, porque me demoré demasiado con los cafés... Pido disculpas), los asistentes se pudieron acreditar sin novedad y dudo que algún inscrito pueda hacerle el menor tipo de reproche al desarrollo de los actos, el cumplimiento de los horarios y la información recibida acerca de las diferentes actividades que se estaban llevando a cabo. Creo conveniente aclarar que ello fue más mérito de la Junta de la AEFCFT que de la organización, y, de hecho, los marrones más importantes se los comieron
Gabriella,
Víctor,
Alfonso, Raúl y
Paco, que, aprovecho para decirlo, se merecen un monumento sufragado por todos los socios y asistentes, o, como mínimo, una disculpa por parte de Tres Culturas.
En particular, le mando un abrazo asín de grande a Víctor, Gabriella y Alfonso. Me ha dolido que
tuvierais que hacer todo el trabajo sucio de la convención (ese "Dudo que, en ningún congreso de rabinos, los propios rabinos tengan que hacerse las acreditaciones" de Gabriella es un magnífico resumen de lo que allí pasó), que sea la segunda hispacón seguida en la que os toca pringar hasta las cejas, y, por favor, Alfonso, créeme: te merecías ese Ignotus, y eres un verdadero maestro. Así pues: un abrazo enorme para los tres.
Entrando ya en los aspectos positivos, me quedo con la buena conexión que hubo con el público en los actos en que participé.
Fue un gustazo presentar
Madrid, de Daniel Mares (Parnaso), a quien hacía tiempo que no veía. Como dije en el acto, para un aficionado colchonero es todo un traguito presentar una novela protagonizada por dos Ultrasures, pero el libro es muy recomendable: tan caótico como divertido, hace honor a la fama de "artesano descuidado" de Daniel Mares, pero es un auténtico torrente de ideas y provocaciones, una especie de temporada de
24 condensada en doscientas y pico páginas.
También fue un placer presentar (y conocer, sobre todo conocer) a
Juan Ramón Biedma y su novela
El imán y la brújula (Ediciones B). Creo que es uno de los actos en los que me mejor me lo he pasado presentando en las ya no sé cuántas hispacones en las que he intervenido. Tan relajados estábamos que conseguimos cerrar el Pabellón Hassan II: cuando salimos, ya se había largado todo el mundo. Algo más de una hora, para una presentación que en teoría debía durar treinta minutos, y en la que nos dejamos cosas en el tintero. Repasamos la obra previa y venidera de Biedma, hablamos de esta curiosa novela de ambientación histórica sobre un excombatiente de la guerra de Marruecos que llega a Madrid para investigar el paradero de una trilogía de películas pornográficas (y en una de las cuales se produce una muerte real) y terminamos de tertulia con Elia Barceló, hablando de literatura policíaca, de cómo está el mundo editorial y de los próximos libros de Juan Ramón. Un placer, en resumen. Se echó de menos a David G. Panadero, con cuya presencia este acto hubiera sido el despiporre.
El homenaje a Stanislaw Lem fue una de las conferencias que he preparado con más cariño. Intenté alejarme del esquema de la conferencia previa, la que impartí en Barcelona a principios de 2006, y centrarla en la vida del autor polaco; para ello, hice acopio de nuevas citas, leí algunos textos autobiográficos y me noté más suelto que en la conferencia de Barcelona, que, visto lo visto, habrá que considerar como el ensayo para la de Sevilla. Aparte, no es lo mismo hablar para diez personas que para cuarenta y tantas, que se han pegado el madrugón para verte y con las que compartes la pasión por Lem. Muchas gracias a todos los que asististeis.

(Y gracias a Alfonso Merelo, por las fotos.)
La presentación de
Magnífica Víbora de las Formas, de Juan Antonio Fernández Madrigal (Grupo Editorial AJEC), fue otro acto interesante. Juan Antonio tiene las ideas clarísimas, es uno de los autores más originales de la ciencia ficción española actual (como dije en la presentación, no soy capaz de sacarle parecido con ningún otro autor... y eso es algo muy difícil), ha culminado un libro (según un punto de vista, una novela; según otro, antología; en ningún caso
fix-up) muy valiente e importante, y pasamos un rato muy entretenido con la presentación.
En cuanto a la charla con
Rhis Hughes y su
Nueva historia universal de la infamia (Bibliópolis), fue otro de esos actos exigentes, en los que echas el resto y, después de casi hora y media de desbrozar la obra y motivaciones del autor, te quedas con la impresión de que no has hecho sino empezar. Creo que debo advertirle a los asistentes que, pese a lo que pudiera parecer, se trata de un libro tremendamente divertido, tanto si has leído a Borges como si no. Tal vez nos perdimos demasiado en destacar el tropel de influencias del autor galés, y me quedo con la sensación de que ello echará para atrás a algunos potenciales lectores. Nada más lejos de la realidad: Hughes ha perpretrado un libro divertidísimo e irreverente, pero al mismo tiempo tremendamente respetuoso con sus referentes más obvios: Borges, Calvino, Queneau...
De los actos en los que no participé, poco puedo decir. Me supo fatal perderme la conferencia de Gabriella del sábado por la tarde y el programa doble de Fernando Ángel y Elia el viernes por la tarde. Sólo pude asistir a la presentación del eLibris dedicado a Ignacio Romeo (magnífica iniciativa) y a la presentación de novedades de Bibliópolis.
Otro aspecto positivo: la gente. Eché en falta a demasiados compañeros de viaje ya habituales, pero también tuve el placer de reencontrarme con buenos amigos. Me supo fatal no haber podido hablar con ellos todo lo que hubiera querido. Siento no haber tenido un huequito para tomar algo con
Pily y Javi, o haberme limitado a un par de conversaciones rapidísimas con Edu y Karina. Por lo menos, pude compartir mesa y mantel con Alfredo y Raquel, departir con la gente de Zaragoza (Yago y Unai: enhorabuena por la nueva
editorial Hegemón; Roberto: encantado de haberte conocido en persona, y leeré encantadísimo
La marea del despertar) , ver a la gente de Valencia (Nacho IBM: suerte con esa librería), saludar a Agustín Jaureguízar, Ana Porras y más gente de la TerMa a la que no veía desde hace años...
Como he comentado, la logística de la hispacón ha dejado que desear. Teniendo en cuenta que la única manera de salir de la Cartuja por la noche era yendo en taxi, y el proceso de evacuación llevaba un tiempo, resultó especialmente complicado realizar cenas multitudinarias.
Hubo una gran atomización: apenas veías grupos de más de diez personas. Así pues, las reuniones se redujeron a cenitas o copas de última hora en círculos reducidos, lo que permite disfrutar más de la conversación. El viernes, tomando tapitas y cervecitas con
Rafa Marín, Ángel Torres Quesada, Juanmi Aguilera, Elia Barceló, José Joaquín Moreno y Juan Díaz Olmedo, y continuándola después con los mismos sospechosos habituales (excepto Ángel y Juan) en el bar del hotel, donde se nos sumaron Javier Negrete y la delegación de la TerMa.
El sábado pude hablar con Fernando Ángel Moreno, en el desayuno y de camino a la Cartuja. El almuerzo, con Elia Barceló y Juan Díaz Olmedo, que nos hizo de insuperable guía por el barrio de Santa Cruz y una suerte de ruta del Don Juan Tenorio. La conversación sobre baloncesto que tuvimos Alfredo, Raquel, Víctor y César Higuero, impagable. La cena, con
Alfredo Álamo y Raquel. La copita en el hotel, con Elia, Juanmi, Rafa, Fernando Ángel,
Eduardo Vaquerizo y Nati.
Luego está la gente con la que apenas pude hablar más que de refilón, o los que no estuvieron. Me hubiera encantado compartir mesa y mantel con (y cito a los no barceloneses, porque a los de aquí los puedo ver con más frecuencia) Rudy, Felicidad, Javi Cuevas, Germán, Nacho Illarregui, Lessa, Marc Soto, Cotrina, Alberto García-Teresa, Julián, Fidel, Arturo, Manu, Nimrodelisa / Zapardiel, David Mateo / Tobías Grumm, Santi Eximeno, Pablo Herranz, Sergio, Joan Antoni, Víctor Ánchel, Marisa, Panadero, Sherezade, Joaquín Moreno y tantos otros... Gente que, en un momento u otro, han sido parte de la fiesta, por no decir el alma de la misma, y que ahora no asisten a hispacones, bien porque no pueden asistir, bien porque ya no les motiva... Y aquí retomo el discurso pesimista con el que empezaba. ¿Realmente está agotándose la fórmula? Es probable.
Con todo, me quedo con los que para mí han sido los tres momentos culminantes de esta hispacón: el salir a recoger el merecidísimo premio Ignotus de
Bernardo Fernández, BEF, por su novela corta
"Gel azul", que me emocionó tanto que casi se me quiebra la voz (aunque esto fue difícil de apreciar, dados los problemas con el sonido del micrófono); el momento casi porno de alegría que protagonizaron Gabriella y Víctor al recibir el Ignotus a la mejor revista por
Vórtice en Línea; y, sobre todo, la entrega del premio Gabriel a la labor de una vida, que ganó una sorprendidísima Elia Barceló. Su discurso fue tan espontáneo (no sabía que iba a ganar) como tierno (ella es así), con el añadido de que se había despistado en el momento en que la llamaron para subir a recoger el monolito y, por tanto, no sabía qué premio le habían dado.

El listado de ganadores es el siguiente:
MEJOR NOVELAJuglar, de
Rafael Marín (Minotauro)
MEJOR NOVELA CORTA"Gel azul", de
Bernardo Fernández (Ediciones Parnaso)
MEJOR RELATO"Son de piedra", de
Rafael Marín (Artifex, Bibliópolis)
MEJOR ARTICULO"Ciencia ficción ¿Qué es?", de
Alfonso Merelo (librodenotas.com)
MEJOR LIBRO DE ENSAYOEl universo de la ciencia ficción, de
Sergio Gaut vel Hartman (Círculo Latino)
| MEJOR ANTOLOGÍA
Axiomático, de Greg Egan (AJEC)
MEJOR ILUSTRACION
Portada de FACTOR PSI, de Alfonso Seijas (Silente)
MEJOR PRODUCCION AUDIOVISUAL
El laberinto del fauno, de Guillermo del Toro (Cine)
MEJOR TEBEO
“La legión del espacio” - Alfredo Álamo-Fedde (http://www.legiondelespacio.com/)
MEJOR OBRA POETICA
"Poe", de Alfredo Álamo (Vórtice en línea, Parnaso)
MEJOR REVISTA
Vórtice en línea (Ediciones Parnaso: http://vortice.elparnaso.com/html/main_fset.html) |
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MEJOR NOVELA EXTRANJERA
Leyes de mercado, de Richard Morgan (Gigamesh)
MEJOR CUENTO EXTRANJERO
"Aprendiendo a ser yo", de Greg Egan (AXIOMÁTICO, AJEC)
MEJOR SITIO WEB
El sitio de Ciencia Ficción, de Fco. José Suñer Iglesias (www.ciencia-ficcion.com) |
Así que aprovecho para felicitar a todos los ganadores.
Como digo, y ya a modo de resumen, vuelvo de la hispacón contento, por haber vuelto a ver a la peña; triste, por haber echado en falta a tantos amigos; indignado, por el trabajazo extra que han tenido que realizar Víctor, Gabriella y Alfonso; y cansado, por el palizón que me he pegado durante estos días. Otro elemento positivo: es la primera vez que hablo tanto en una hispacón y no vuelvo afónico.
Nos vemos, o no, en Almería.