miércoles, 2 de noviembre de 2016

"Lástima que fuera una puta" en WhiteStar



En la entrada anterior comenté que este mes de noviembre iba a hacer doblete narrativo. Pues bien, aquí está la información sobre el otro cuento que me publican; el tercero en dos años, después de quince años de parón, estoy que no me lo creo.
El relato en cuestión se titula "Lástima que fuera una puta" y aparecerá en la antología colectiva WhiteStar, que la omnipresente y necesaria Cristina Jurado ha seleccionado, y que la no menos omnipresente y necesaria Cristina Macía editará en breve en Palabaristas. De momento os enlazo la página de la antología en Facebook. Cuando aparezca el libro, prometo reseñarlo y ya entro en detalles y ofrezco enlaces al producto.
WhiteStar nació del estado de bajona generalizado que nos dio a muchos frikis cuando falleció David Bowie. Cristina Jurado, fan de Bowie y del género, tuvo la brillante idea de mezclar ambas cosas, y añadirle el componente reivindicativo: la escritora Pat Cadigan está luchando contra un cáncer de útero, quien más quien menos todos sabemos de primera o segunda mano lo que es el cáncer y, en resumen, es algo que nos motiva. Por todo eso, los beneficios que genere WhiteStar se destinarán íntegramente a la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC). En tiempo récord se cerró el plantel de colaboradores y se asignaron los trabajos, para no solaparnos: cada autor escribiría un relato de género fantástico, o una canción, o un poema (hay canciones y poemas, esta no es solo una antología narrativa) relacionados con canciones, ciclos, personajes o interpretaciones de David Bowie.
He estado a punto de hacer doblete (tenía una idea con "Fame" que creo que, de todos modos, voy a desarrollar en forma de cuento porque me hace gracia, y también me apetecía hacer algo con el Lodger, que es mi disco fetiche de Bowie), pero, como de costumbre, casi no entrego en fecha, de modo que me he atenido al plan original: escribir algo sobre "'Tis a Pity She Was a Whore" y "Sue (Or In a Season of Crime)", las dos canciones que componen el sencillo que Bowie editó en 2014, y que, con sustanciales mejoras en la producción y la instrumentación, incluye en su último disco, Blackstar, publicado apenas unos días antes de su fallecimiento.


La premisa era que el cuento se inspirase en esas canciones, no que las contase; entre otras cosas, porque para eso están las canciones originales. Por lo tanto, en "Lástima que fuera una puta" hablo de esas canciones, pero no hablo de ellas. Ya lo entenderéis cuando lo leáis, porque os hago el spoiler del siglo si cuento más. Digamos que he puesto toda la carne en el asador, me he vaciado por completo y, si bien no sé si es mi mejor cuento, puedo asegurar que es una de las ficciones en las que más me he implicado. Creo que se nota. La idea es que el cuento os siente como una chute de quimioterapia mientras escuchas un disco de David Bowie y algo se tuerce. Entre otras cosas, porque he pasado por esa experiencia, y más o menos soy capaz de transmitirlo. Más o menos.
Cómo no, también he creado una lista de reproducción de Spotify con las canciones que menciono en el relato. Que no se diga.
Acabo con dos extras: la introducción de WhiteStar (publicada con permiso de Cristina Jurado) y el sumario. 

WhiteStar:
Introducción
"Supongo que, si eliminamos toda la teatralidad, el vestuario y las capas externas de lo que hago, soy un escritor… yo escribo."
(David Bowie)


El 10 de enero de 2016 David Robert Jones, más conocido como David Bowie, fallecía en Nueva York víctima del cáncer. Tenía 69 años. Dos días antes había celebrado su cumpleaños, un hecho que hizo coincidir con la publicación del que sería su último trabajo musical, Blackstar, un álbum al que daba título el símbolo de una estrella negra. Era su álbum número veinticinco y el primero en el que no aparecía en la portada (a excepción de su segundo disco con Tin Machine, Bowie siempre se mostraba de alguna manera en las carátulas de sus trabajos). En noviembre y diciembre del año anterior, el público había podido disfrutar de dos singles, “Blackstar” y “Lazarus”, que aparecieron con sendos videoclips muy elaborados y repletos de una rica simbología.
Ahora sabemos que Bowie se estaba despidiendo.
En las horas posteriores al fallecimiento del cantante las redes sociales se encargaron de amplificar su vida y obra a través de mensajes, recordatorios, vídeos, entrevistas antiguas, fan art… El ciberespacio resultó ser un escenario ideal para recordar la figura de un artista integral que se definía así mismo como narrador de historias que, las más de las veces, cantaba, pero que también pintó e interpretó. Lector ávido y confeso, utilizaba técnicas como el cut up para elaborar las letras de sus canciones. 
¿Cómo no se nos iba a ocurrir organizar una antología de historias basadas en su exuberante universo? Él, que representó al alien visitante de la Tierra varias veces durante su vida, que encarnó a varios monstruos porque fue vampiro, Hombre Elefante y rey de los goblins, que se lanzó a las estrellas para iniciar y terminar su carrera, ha logrado crear tantos alias, tantas historias y tantas tramas tan íntimamente relacionadas con la fantasía y la ciencia ficción, que explorarlas era casi una obligación para quienes lo admiraban, por alguna razón o por muchas.
La antología que tienes entre tus manos no está compuesta por relatos convencionales porque Bowie tampoco fue un tipo convencional. Siguiendo su estela, los autores y autoras que se sumaron a la llamada que realicé, allá por enero del 2016, han tenido total libertad para imaginar mundos más allá de este que nos contempla. La premisa era sencilla: cada autor debía escoger una canción o un personaje del panteón del cantante británico en el que basar su creación. Vas a encontrar poemas, relatos de corte clásico y otros que alternan varios puntos de vista, artefactos que aúnan la imagen y el texto, y hasta singularidades, todos ellos en orden cronológico según la fecha de salida de la canción, película u obra de teatro en la que se inspiran. Vas a medirte con Ziggy, Jerome Newton, Aladdin Sane, Lazarus, Tesla y con el Comandante Tom, buscarás en el laberinto a Jareth, soportarás la inmortalidad con John Blaylock, acamparás en Marte, verás caer muros, contemplarás un desfile de seres mutantes y navegarás por las estrellas -¡Oh, sí, lo harás!- en las naves imaginarias creadas por escritores y escritoras de España, Uruguay, Argentina, Colombia y México. 
Quiero agradecer a Cristina Macía por poner a nuestra disposición su casa, que es la editorial Palabaristas, y por traducir de manera magnífica el cuento que el autor británico-israelí Lavie Tidhar escribió especialmente para este proyecto. No tengo palabras con las que expresar mi gratitud hacia Lavie que ha demostrado que, además de una extraordinario escritor, es una persona con un gran corazón. Thank you, Lavie! Ana Díaz Eiriz, fiel diseñadora, ha conseguido crear una portada espectacular que captura la esencia del Bowie camaleónico que todos admiramos. Quiero agradecer también a mi compañera María Leticia Lara Palomino por su trabajo incansable en las labores de edición, y a Israel Alonso por ayudarnos cuando nos faltaban ojos e ir más allá. Sin ellos, este libro nunca hubiera sido posible.
Rafael Cervera no lo dudó cuando le propuse escribir un prólogo que estuviera a la altura de nuestra empresa. Su profundo conocimiento sobre la obra y la figura de Bowie es el ingrediente que faltaba para que este libro cumpliera su cometido y fuese un hermoso tributo a su legado.
Si Blackstar es el testamento musical de David Bowie, WhiteStar quiere ser una celebración de su trayectoria como artista. De ahí el nombre, una imagen en positivo del título de su último álbum. Por ello, todos los beneficios que se obtengan con la venta de este libro irán a parar a la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC): ninguno de los que estamos involucrados entenderíamos nuestra participación de otra manera que no fuera solidaria ya que, desafortunadamente, todos hemos sentido en nuestras familias, grupo de amigos y conocidos, o incluso en nuestras propias carnes, el ensañamiento de esta enfermedad. 
Por eso, este libro está dedicado a Pat Cadigan, una de las autoras más importantes de ciencia ficción en la actualidad y alguien que conoce muy de cerca la lucha contra esta dolencia. La forma valiente y llena de sentido del humor con la que afronta su lucha difícil y dolorosa nos enseña que el verdadero super-poder está en mantener una actitud positiva ante las circunstancias más adversas. ¡Y ella tiene super-poderes, damos fe!
Transformemos, pues, como ella el dolor y los sentimientos negativos en algo positivo y constructivo: imaginemos historias. 
Estoy segura de que a David le hubiera gustado así.

Cristina Jurado
Dubai, septiembre de 2016

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Prólogo – Rafael Cervera
“It’s only forever” – Sofía Rhei
“Whitestar” – Israel Alonso
“Space Oddity” – Carmen Moreno
“Massenvernichtungsarchetypen. Una comedia bélica de serie B” - Luis Gámez
“Moonage daydream” –Alejandra Decurgez
“Llegué a Marte un miércoles” – Loli Molina Muñoz
“El hombre de las estrellas” – María Zaragoza
“La araña de Marte” – Ángel Luis Sucasas
“Fragmentos del Mesías Leproso” – Pablo Martínez Burkett
“Tocado por el rayo” – Juan González Mesa
“Wild is the wind” – Elisa Puerto Aubel
“La última elegía” – Ramiro Sanchiz
“La última tentación del hombre que cayó a la Tierra” – Armando Saldaña Salinas
“La gran herida” – Colectivo Juan de Madre
“Héroes” – Lavie Tidhar, trad. Cristina Macía
“Inchworm” – Cristina Jurado
“Mr. Merrick” – Eduardo Vaquerizo
Ese segundo de calma” - Concha Perea
“Putting out fire” – Guillermo Echeverría
“El hambre” – Víctor Selles
“Y eso era el amor moderno” – Iván Canet
“Merry Christmas, Mr. Bowie!” – Jorge Lacuadra
“Principiantes absolutos” – Laura Ponce
“La Olvidadera (Tu mundo se viene abajo)” - Aída Albiar García
“Playlist” – Néstor Darío Figuéiras
“I’m deranged” – Teresa P. Mira de Echeverría
“Y el caos me llama” – Francisco Jota-Pérez
“Heathen 2001” – Luis Cermeño
“En un abrir y cerrar de ojos” – Grendel Bellarouse
“Black hole/White hole” – Diana Gutiérrez
"Lazarus" - Laura López Alfranca
“Lástima que fuera una puta” – Juan Manuel Santiago

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Si queréis oírlas todas del tirón, aquí hay una lista de reproducción de YouTube en la que suenan en orden de aparición (que no es otro que el cronológico).


Lo dicho: es una antología que va a merecer la pena de todas, todas. Y, por si fuera poco, ¡habrá fiesta de presentación! El viernes 4 de noviembre, a partir de las 20:30 en Glups!, el espacio para ocio y bebercio que Norma Cómics tiene en el Passeig de Sant Joan, al lado de la librería.
Allí nos vemos. Disfrutad de la música y los relatos.




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martes, 15 de febrero de 2011

"En ocasiones me bajo pelis. ¿Por qué?", de Cristina Macía

Una de las muchas cosas buenas de tener amigos como Cristina Macía es que a veces te ahorran el trabajazo de intentar poner por escrito cosas que, por evidentes, debería asumir la mayor parte de la ciudadanía. Reproduzco, con permiso expreso y por escrito, una nota que colgó ayer en Facebook y que viene a resumir de manera ejemplar todo el embrollo de la Ley Sinde, la dimisión de Álex de la Iglesia, la piratería, las descargas legales, las descargas ilegales, los Anonymous que pitaban a Sinde el domingo por la noche, los tuiteos cínicos de González Pons, la cara de mala hostia de Leire Pajín, las puede-que-no-tan-chorradas de Alejandro Sanz, el papel que está jugando José María Lassalle en el cambio de actitud del PP con respecto a la Ley Sinde, los tironcillos de orejas que Wikileaks ha desvelado que Obama dio a ZP acerca del tema y, en resumen, todo el circo mediático que se ha montado en torno a una ley que muestra una certeza (nos van a recortar unos cuantos derechos por la puta cara) y muchas dudas (todo esto, al precio de que tal vez ni siquiera acabe con la piratería y las descargas ilegales). Más allá de la demagogia subyacen las palabras de Álex de la Iglesia: Internet no es el problema, sino la solución, aunque matizadas: puede ser la solución o, mejor dicho, una de las soluciones. 

En todo caso, el modelo de negocio del sector cultural está cambiando y, lejos de tomar nota de errores pasados (en el sector editorial tenemos los precedentes de las industrias discográfica y cinematográfica, con los resultados que todo el mundo conoce), parece que la industria, el gobierno, la oposición y las asociaciones gremiales se empeñan en sancionarlos por ley, añadiendo una presunción de culpabilidad que, qué queréis que os diga, toca bastante las pelotas y obliga, necesariamente, a pensar: "Ya que me tratan como a un culpable, voy a serlo". Luego, claro, llegan propuestas sensatas como Spotify y resulta que la vida no es ni blanca ni negra. Hace dos años que no me bajo ni una sola canción del eMule; de hecho, no lo tengo ni activado. ¿Por qué? Porque tengo una alternativa legal. ¿Tan difícil es poner en marcha algún Spotify de películas o libros? Pues no: vamos a poner el libro electrónico al mismo precio que el libro físico, para fomentar la sensación de que alguien está apropiándose de unos márgenes de beneficio exagerados, cuando cualquiera que viva o haya vivido del sector editorial sabe que los beneficios del editor y el autor son, en el mejor de los casos, mínimos.

Como usuario, el giro que están tomando los acontecimientos me parece preocupante, pero como parte interesada, estoy  directamente acojonado y no sé en qué voy a estar trabajando dentro de cinco años. Vivo del sector editorial, que es muy importante en un país como España, exportador, cuarta potencia mundial y que emplea a decenas de miles de personas, muchas de las cuales se van / nos vamos a ir a la puta calle como se dé un mal paso, como por ejemplo no racionalizar los precios de venta al público del libro electrónico, o seguir cargándole un tipo de IVA de electrodoméstico, en vez del correspondiente a un objeto cultural; es un 14 por 100 de diferencia, que se dice pronto.

Pero me voy por los cerros de Úbeda. Lo que yo quería era presentar el estupendo ensayo de Cristina que podéis leer a continuación. Si lo queréis difundir, cojonudo. Como dice ella, quien necesita leerlo es Sinde, y no le va a llegar. De todos modos, contribuyo a difundirlo, ya que me parece una reflexión muy acertada, valiosa, instructiva y divertida. Todo en uno. Ay, si al cine español se le pudieran aplicar al menos dos de estos cuatro calificativos...


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Me llamo Cristina Macía, tengo 45 años, me manejo con bastante soltura en temas informáticos y soy consumidora habitual de productos culturales como libros, series de televisión y películas de cine. Un poco de música también; no mucha, no es lo mío. Tengo unos ingresos razonables que me dan para lujos pequeñitos, y casi la mitad de ellos proceden de los pagos por derechos de autor de mis libros y traducciones. Soy atea, así que no creo en pecados ni en su castigo, y voto al PSOE principalmente porque recuerdo muy bien los ocho años de PP.

Ahora, sabiendo lo que sabes de mí, igual puedes responder a esto: ¿Qué crees que prefiere una persona de mis características en cada una de las siguientes situaciones, suponiendo que en todos los casos las tres opciones fueran alternativas existentes?

1) A la hora de ver una película de hace treinta años, prefiero...

a.- Ir a Rapidshare, bajarme los dieciseis pedacitos esperando diez minutos entre cada descarga, juntarlos con un programa sólo para descubrir que el pedacito 11 falta y el 12 está repetido, volver a bajarlo esta vez de Megaupload, juntar los pedacitos con un programa que he tenido que bajar ad hoc, encontrarme con que la versión de la película que he bajado está en turco con los subtítulos en chino, empezar a descargar dieciséis pedacitos diferentes (sin saber si son diferentes de verdad o estoy bajando los turcos otra vez), descargar aparte los subtítulos traducidos al castellano, sincronizarlos con Subtitles Workshop... Unas cuantas horas de trabajo, vamos, sin resultados garantizados.

b.- Adquirir la película en uno de los abundantes catálogos que las distribuidoras ponen a disposición de los consumidores de cine. Ah, no, espera. Las pelis antiguas rara vez se encuentran ahí. Bueno, pues escribir un mail a la distribuidora. Esperar tres días su respuesta. Me responden que no está a la venta. Mandarles otro mail para saber si planean ponerla a la venta. Esperar otra vez. Esta vez no responden. Quedarme con la duda y con las ganas.

c.- Comprar la película online a un precio razonable (¿seis euros estaría bien? Hablamos de una peli antigua y de un producto no físico, sin gastos de soporte para el vendedor) y descargarla a mi ordenador, con buena definición y con subtítulos correctos. Con mi conexión, cuatro minutos.


2) ¡Acaba de salir Danza de dragones, el libro más esperado desde... bueno, desde hace una burrada de tiempo! Como me muero por leerlo, lo que hago es...

a.- Esperar a que algún friki yanqui escanée el libro para bajarme un PDF horroroso pasado por un OCR que convierte las ies en jotas, perdiendo todo el formato y saltándose alguna que otra página, porque total tengo nueve años, la calidad me importa un bledo y voy a disfrutar igual.

b.- Desenfundar la Visa e ir a Amazon para bajarme el libro en formato digital pagando un dólar menos de lo que pagaría por la edición en papel en tapa dura. Luego convertir el puñetero formato Kindle en otro legible por mi ebook, probablemente trastocando el formato y perdiendo las cursivas, que se han convertido de repente en negritas.

c.- Descargarme el libro a un precio razonable (pongamos que en papel costaba treinta euros; ¿quince sería razonable?) y en un formato que me permita leerlo en mi ebook o en cualquiera, por si dentro de un año me compro otro; meterle notas, hacer copias de seguridad y prestárselo a un amiguete si me da la gana, que para algo es mi libro y lo he pagado.


3) Quiero un juego nuevo para la WII. Este Mario es un crack, ¡quién lo pillara de fontanero!

a.- Me voy a la tienda y pago casi cincuenta euros por él. Luego llego a casa y lo pongo en una urna, prohibiendo a mi hija que lo toque bajo pena de amputación (de la mano), porque no se puede hacer copia de seguridad, y como el puñetero disco se lesione (cosa que pasa a menudo si mi hija está de por medio) toca pagar otros cincuenta euros.

b.- Llevo la WII a una tienda cutrepiratosa y me la “tunean” por cuarenta euros, aunque así voy a perder la garantía del fabricante y ya no podré utilizarla para conectarme con otras consolas. Ahora ya puedo bajarme los juegos de Internet y grabarlos en DVDs normales, aunque por alguna extraña razón ocho de cada diez veces los discos fallan, a no ser que utilice unos de marca Notefijes de doble capa y media que sólo se venden en una tienda de chinos a media hora en autobús de mi casa. Además, los juegos que me bajo están en italiano, vayausteasaberporqué.

c.- Tengo la nueva WII modelo “MisUsuariosNoSonDelincuentes”. Me conecto directamente a Nintendo a través de la propia consola y utilizo los juegos antiguos por cuatro perras, y los nuevos a mitad del precio de lo que me habrían costado en El Corto Inglés (a Nintendo ya le va bien, porque se ahorra distribución, intermediarios, soportes...). No hay riesgo de que el juego se estropee, porque en realidad no lo tengo almacenado en mi WII, sino en el servidor remoto de Nintendo.


4) ¡Empieza la tercera temporada de Misfits!

a.- Busco el torrent. Rayos, las series británicas siempre son más difíciles. Lo encuentro al final. Bajo el episodio. Rayos, no tiene sonido. Bajo otro torrent, este es el PROPER. Rayos, le faltan cinco minutos del final y la logoforma de la cadena ocupa media pantalla. Bajo otro torrent, el REAL PROPER. Menos mal, este va bien. Bajo los subtítulos. Rayos, están sincronizados para la versión PROPER, no la REAL PROPER. Nada que no se resuelva con media hora de trabajo de sincronización.

b.- Llamo al servicio de atención al cliente de todas las emisoras, a ver si alguna tiene planeado emitirla. En la Primera no saben de qué hablo, igual que en las otras nacionales. En Intereconomía sí lo saben y se descojonan de mí. En MTV me dicen que van a emitir la primera temporada, así que depende de cómo les vaya igual emiten la tercera (probablemente antes que la segunda, o intercalando episodios), que les llame el año que viene a ver.

c.- Me he suscrito directamente a la serie, pagando a la emisora 2’50 euros por episodio. Esta temporada tendrá siete episodios, así que me costará poco menos de lo que me habría costado comprar el pack cuando saliera a la venta. Podría haber pagado sólo el primer episodo por aquello de “probar antes de comprar”, pero Misfits está garantizada. Los subtítulos son opcionales y se pagan aparte, cincuenta céntimos más por episodio. Tras la emisión de cada uno en Inglaterra, la cadena me manda un link y procedo a descargármelo. Tardo un minuto, dos si la red va muy saturada.


5) Nueva peli de Clint Eastwood, y soy de las que creen que Eastwood sólo tiene que salir en pantalla para que la peli gane muchos puntos.

a.- La bajo de la Mula. Mierda, era una porno con el título cambiado. Me la vuelvo a bajar. Mierda, hay poca gente compartiendo, esto no tira. Empiezo de nuevo. Hala, otra porno. Al final tengo el ordenador lleno de virus, tres pelis porno y la que buscaba, sólo que está grabada en un cine con un teléfono móvil con cámara. El que sostenía la cámara padece parkinson, obviamente.

b.- Espero a que la pongan en el cine, y como los doblajes hacen que me imagine a Eastwood con la cara de Constantino Romero, busco uno en versión original. Encuentro el más cercano a la ciudad donde vivo: Esta a unos quinientos kilómetros. Precio de la entrada: 8 euros. Precio del avión: 200 euros. Precio de la noche de hotel: 75 euros (soy de gustos sencillos, pero no arrastrados). Suma lo que me cobre la canguro por vigilar a mi retoño esa noche. Ver a Clint Eastwood no tiene precio, pero esto se le parece mucho.

c.- Voy a la web de la productora, donde ofrecen la peli en alta definición, debidamente subtitulada y en streaming por seis euros. Conecto el ordenata a la tele, apago las luces, me sirvo una cervecita... Qué pena haber dejado de fumar, hasta eso podría encender un cigarrito si quisiera.


Moraleja(s):

No todos los consumidores de cine, música, televisión, libros, etc., somos delincuentes. Muchos de nosotros no tenemos doce años, así que tenemos tarjeta de crédito y no nos importaría nada pagar un precio razonable por aquello que queremos. Pero vosotros seguid construyendo un mundo en el que lo natural sea piratear el producto y ni siquiera plantearse la opción de pagarlo (más que nada porque no existe, o existe en unas condiciones infames).

Cada persona que se baja tu libro/película/disco NO es un cliente que has perdido. Puede que sea un cliente que nunca ibas a tener. Puede que sea un cliente entusiasta para tu próximo libro/película/disco. Neil Gaiman sabe algo de esto (http://www.youtube.com/watch?v=VlwPETn3PxM)

Cuando me compro tu DVD original, antes de que empiece la peli me llamas pirata y criminal durante cinco minutos, y cuando lo descargo por el morro nadie me insulta a la cara. Pregunta tonta, ¿qué clase de imbécil masoquista crees que soy?

(Perdón por los dedazos y las incoherencias que pueda haber; texto escrito a vuelapluma, con mucho cabreo y mala leche, y muchas ganas de que Álex de la Iglesia hubiera sido mucho menos cortés durante la gala de los Goya; un buen corte de mangas a la Sinde, eso es lo que tenía que haber hecho).

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