martes, 15 de febrero de 2011

"En ocasiones me bajo pelis. ¿Por qué?", de Cristina Macía

Una de las muchas cosas buenas de tener amigos como Cristina Macía es que a veces te ahorran el trabajazo de intentar poner por escrito cosas que, por evidentes, debería asumir la mayor parte de la ciudadanía. Reproduzco, con permiso expreso y por escrito, una nota que colgó ayer en Facebook y que viene a resumir de manera ejemplar todo el embrollo de la Ley Sinde, la dimisión de Álex de la Iglesia, la piratería, las descargas legales, las descargas ilegales, los Anonymous que pitaban a Sinde el domingo por la noche, los tuiteos cínicos de González Pons, la cara de mala hostia de Leire Pajín, las puede-que-no-tan-chorradas de Alejandro Sanz, el papel que está jugando José María Lassalle en el cambio de actitud del PP con respecto a la Ley Sinde, los tironcillos de orejas que Wikileaks ha desvelado que Obama dio a ZP acerca del tema y, en resumen, todo el circo mediático que se ha montado en torno a una ley que muestra una certeza (nos van a recortar unos cuantos derechos por la puta cara) y muchas dudas (todo esto, al precio de que tal vez ni siquiera acabe con la piratería y las descargas ilegales). Más allá de la demagogia subyacen las palabras de Álex de la Iglesia: Internet no es el problema, sino la solución, aunque matizadas: puede ser la solución o, mejor dicho, una de las soluciones. 

En todo caso, el modelo de negocio del sector cultural está cambiando y, lejos de tomar nota de errores pasados (en el sector editorial tenemos los precedentes de las industrias discográfica y cinematográfica, con los resultados que todo el mundo conoce), parece que la industria, el gobierno, la oposición y las asociaciones gremiales se empeñan en sancionarlos por ley, añadiendo una presunción de culpabilidad que, qué queréis que os diga, toca bastante las pelotas y obliga, necesariamente, a pensar: "Ya que me tratan como a un culpable, voy a serlo". Luego, claro, llegan propuestas sensatas como Spotify y resulta que la vida no es ni blanca ni negra. Hace dos años que no me bajo ni una sola canción del eMule; de hecho, no lo tengo ni activado. ¿Por qué? Porque tengo una alternativa legal. ¿Tan difícil es poner en marcha algún Spotify de películas o libros? Pues no: vamos a poner el libro electrónico al mismo precio que el libro físico, para fomentar la sensación de que alguien está apropiándose de unos márgenes de beneficio exagerados, cuando cualquiera que viva o haya vivido del sector editorial sabe que los beneficios del editor y el autor son, en el mejor de los casos, mínimos.

Como usuario, el giro que están tomando los acontecimientos me parece preocupante, pero como parte interesada, estoy  directamente acojonado y no sé en qué voy a estar trabajando dentro de cinco años. Vivo del sector editorial, que es muy importante en un país como España, exportador, cuarta potencia mundial y que emplea a decenas de miles de personas, muchas de las cuales se van / nos vamos a ir a la puta calle como se dé un mal paso, como por ejemplo no racionalizar los precios de venta al público del libro electrónico, o seguir cargándole un tipo de IVA de electrodoméstico, en vez del correspondiente a un objeto cultural; es un 14 por 100 de diferencia, que se dice pronto.

Pero me voy por los cerros de Úbeda. Lo que yo quería era presentar el estupendo ensayo de Cristina que podéis leer a continuación. Si lo queréis difundir, cojonudo. Como dice ella, quien necesita leerlo es Sinde, y no le va a llegar. De todos modos, contribuyo a difundirlo, ya que me parece una reflexión muy acertada, valiosa, instructiva y divertida. Todo en uno. Ay, si al cine español se le pudieran aplicar al menos dos de estos cuatro calificativos...


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Me llamo Cristina Macía, tengo 45 años, me manejo con bastante soltura en temas informáticos y soy consumidora habitual de productos culturales como libros, series de televisión y películas de cine. Un poco de música también; no mucha, no es lo mío. Tengo unos ingresos razonables que me dan para lujos pequeñitos, y casi la mitad de ellos proceden de los pagos por derechos de autor de mis libros y traducciones. Soy atea, así que no creo en pecados ni en su castigo, y voto al PSOE principalmente porque recuerdo muy bien los ocho años de PP.

Ahora, sabiendo lo que sabes de mí, igual puedes responder a esto: ¿Qué crees que prefiere una persona de mis características en cada una de las siguientes situaciones, suponiendo que en todos los casos las tres opciones fueran alternativas existentes?

1) A la hora de ver una película de hace treinta años, prefiero...

a.- Ir a Rapidshare, bajarme los dieciseis pedacitos esperando diez minutos entre cada descarga, juntarlos con un programa sólo para descubrir que el pedacito 11 falta y el 12 está repetido, volver a bajarlo esta vez de Megaupload, juntar los pedacitos con un programa que he tenido que bajar ad hoc, encontrarme con que la versión de la película que he bajado está en turco con los subtítulos en chino, empezar a descargar dieciséis pedacitos diferentes (sin saber si son diferentes de verdad o estoy bajando los turcos otra vez), descargar aparte los subtítulos traducidos al castellano, sincronizarlos con Subtitles Workshop... Unas cuantas horas de trabajo, vamos, sin resultados garantizados.

b.- Adquirir la película en uno de los abundantes catálogos que las distribuidoras ponen a disposición de los consumidores de cine. Ah, no, espera. Las pelis antiguas rara vez se encuentran ahí. Bueno, pues escribir un mail a la distribuidora. Esperar tres días su respuesta. Me responden que no está a la venta. Mandarles otro mail para saber si planean ponerla a la venta. Esperar otra vez. Esta vez no responden. Quedarme con la duda y con las ganas.

c.- Comprar la película online a un precio razonable (¿seis euros estaría bien? Hablamos de una peli antigua y de un producto no físico, sin gastos de soporte para el vendedor) y descargarla a mi ordenador, con buena definición y con subtítulos correctos. Con mi conexión, cuatro minutos.


2) ¡Acaba de salir Danza de dragones, el libro más esperado desde... bueno, desde hace una burrada de tiempo! Como me muero por leerlo, lo que hago es...

a.- Esperar a que algún friki yanqui escanée el libro para bajarme un PDF horroroso pasado por un OCR que convierte las ies en jotas, perdiendo todo el formato y saltándose alguna que otra página, porque total tengo nueve años, la calidad me importa un bledo y voy a disfrutar igual.

b.- Desenfundar la Visa e ir a Amazon para bajarme el libro en formato digital pagando un dólar menos de lo que pagaría por la edición en papel en tapa dura. Luego convertir el puñetero formato Kindle en otro legible por mi ebook, probablemente trastocando el formato y perdiendo las cursivas, que se han convertido de repente en negritas.

c.- Descargarme el libro a un precio razonable (pongamos que en papel costaba treinta euros; ¿quince sería razonable?) y en un formato que me permita leerlo en mi ebook o en cualquiera, por si dentro de un año me compro otro; meterle notas, hacer copias de seguridad y prestárselo a un amiguete si me da la gana, que para algo es mi libro y lo he pagado.


3) Quiero un juego nuevo para la WII. Este Mario es un crack, ¡quién lo pillara de fontanero!

a.- Me voy a la tienda y pago casi cincuenta euros por él. Luego llego a casa y lo pongo en una urna, prohibiendo a mi hija que lo toque bajo pena de amputación (de la mano), porque no se puede hacer copia de seguridad, y como el puñetero disco se lesione (cosa que pasa a menudo si mi hija está de por medio) toca pagar otros cincuenta euros.

b.- Llevo la WII a una tienda cutrepiratosa y me la “tunean” por cuarenta euros, aunque así voy a perder la garantía del fabricante y ya no podré utilizarla para conectarme con otras consolas. Ahora ya puedo bajarme los juegos de Internet y grabarlos en DVDs normales, aunque por alguna extraña razón ocho de cada diez veces los discos fallan, a no ser que utilice unos de marca Notefijes de doble capa y media que sólo se venden en una tienda de chinos a media hora en autobús de mi casa. Además, los juegos que me bajo están en italiano, vayausteasaberporqué.

c.- Tengo la nueva WII modelo “MisUsuariosNoSonDelincuentes”. Me conecto directamente a Nintendo a través de la propia consola y utilizo los juegos antiguos por cuatro perras, y los nuevos a mitad del precio de lo que me habrían costado en El Corto Inglés (a Nintendo ya le va bien, porque se ahorra distribución, intermediarios, soportes...). No hay riesgo de que el juego se estropee, porque en realidad no lo tengo almacenado en mi WII, sino en el servidor remoto de Nintendo.


4) ¡Empieza la tercera temporada de Misfits!

a.- Busco el torrent. Rayos, las series británicas siempre son más difíciles. Lo encuentro al final. Bajo el episodio. Rayos, no tiene sonido. Bajo otro torrent, este es el PROPER. Rayos, le faltan cinco minutos del final y la logoforma de la cadena ocupa media pantalla. Bajo otro torrent, el REAL PROPER. Menos mal, este va bien. Bajo los subtítulos. Rayos, están sincronizados para la versión PROPER, no la REAL PROPER. Nada que no se resuelva con media hora de trabajo de sincronización.

b.- Llamo al servicio de atención al cliente de todas las emisoras, a ver si alguna tiene planeado emitirla. En la Primera no saben de qué hablo, igual que en las otras nacionales. En Intereconomía sí lo saben y se descojonan de mí. En MTV me dicen que van a emitir la primera temporada, así que depende de cómo les vaya igual emiten la tercera (probablemente antes que la segunda, o intercalando episodios), que les llame el año que viene a ver.

c.- Me he suscrito directamente a la serie, pagando a la emisora 2’50 euros por episodio. Esta temporada tendrá siete episodios, así que me costará poco menos de lo que me habría costado comprar el pack cuando saliera a la venta. Podría haber pagado sólo el primer episodo por aquello de “probar antes de comprar”, pero Misfits está garantizada. Los subtítulos son opcionales y se pagan aparte, cincuenta céntimos más por episodio. Tras la emisión de cada uno en Inglaterra, la cadena me manda un link y procedo a descargármelo. Tardo un minuto, dos si la red va muy saturada.


5) Nueva peli de Clint Eastwood, y soy de las que creen que Eastwood sólo tiene que salir en pantalla para que la peli gane muchos puntos.

a.- La bajo de la Mula. Mierda, era una porno con el título cambiado. Me la vuelvo a bajar. Mierda, hay poca gente compartiendo, esto no tira. Empiezo de nuevo. Hala, otra porno. Al final tengo el ordenador lleno de virus, tres pelis porno y la que buscaba, sólo que está grabada en un cine con un teléfono móvil con cámara. El que sostenía la cámara padece parkinson, obviamente.

b.- Espero a que la pongan en el cine, y como los doblajes hacen que me imagine a Eastwood con la cara de Constantino Romero, busco uno en versión original. Encuentro el más cercano a la ciudad donde vivo: Esta a unos quinientos kilómetros. Precio de la entrada: 8 euros. Precio del avión: 200 euros. Precio de la noche de hotel: 75 euros (soy de gustos sencillos, pero no arrastrados). Suma lo que me cobre la canguro por vigilar a mi retoño esa noche. Ver a Clint Eastwood no tiene precio, pero esto se le parece mucho.

c.- Voy a la web de la productora, donde ofrecen la peli en alta definición, debidamente subtitulada y en streaming por seis euros. Conecto el ordenata a la tele, apago las luces, me sirvo una cervecita... Qué pena haber dejado de fumar, hasta eso podría encender un cigarrito si quisiera.


Moraleja(s):

No todos los consumidores de cine, música, televisión, libros, etc., somos delincuentes. Muchos de nosotros no tenemos doce años, así que tenemos tarjeta de crédito y no nos importaría nada pagar un precio razonable por aquello que queremos. Pero vosotros seguid construyendo un mundo en el que lo natural sea piratear el producto y ni siquiera plantearse la opción de pagarlo (más que nada porque no existe, o existe en unas condiciones infames).

Cada persona que se baja tu libro/película/disco NO es un cliente que has perdido. Puede que sea un cliente que nunca ibas a tener. Puede que sea un cliente entusiasta para tu próximo libro/película/disco. Neil Gaiman sabe algo de esto (http://www.youtube.com/watch?v=VlwPETn3PxM)

Cuando me compro tu DVD original, antes de que empiece la peli me llamas pirata y criminal durante cinco minutos, y cuando lo descargo por el morro nadie me insulta a la cara. Pregunta tonta, ¿qué clase de imbécil masoquista crees que soy?

(Perdón por los dedazos y las incoherencias que pueda haber; texto escrito a vuelapluma, con mucho cabreo y mala leche, y muchas ganas de que Álex de la Iglesia hubiera sido mucho menos cortés durante la gala de los Goya; un buen corte de mangas a la Sinde, eso es lo que tenía que haber hecho).

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5 Comments:

Blogger Gaizko said...

El tema es que lo saben perfectamente, saben que la ley no resuelve nada, no es una ley para controlar la piratería, es una ley para censurar, censurar qué cine debemos ver, qué literatura debemos leer, qué música debemos escuchar y qué opiniones debemos conocer.

15 de febrero de 2011, 10:39  
Blogger Kotinussa said...

Lo suscribo de pe a pa. Yo compro bastante música clásica, los juegos de ordenador siempre originales, y compraría también películas, series y libros electrónicos a un precio razonable.

15 de febrero de 2011, 11:03  
Blogger Hari said...

Sí, pero en realidad faltan opciones en ese formulario de preguntas figuradas. Al menos una. Las tres opciones propuestas en cada caso en ese artículo suponen a) cutre copia salchichera que no rula, b) opción de pagar de estrangis y fracasar, o de buscar algo descatalogado y no encontrarlo, o lo fetén y pagar una salvajada, y c) actuar como el que va a una máquina dispensadora online que ofrece productos "pata negra" a mitad de precio con respecto a los de las tienda. Es decir, ese formulario está tarado o mutilado adrede (la única opción aparentemente eficaz es la c), que es la intención [orientación del artículo] de Cristina Macía, cuando en realidad esto no es así). Ahora mismo la gente tiene la opción de bajarse el producto en perfecto estado y gratis en la mayoría de los casos (pelis, series, cómics, juegos y supongo que libros y música). Sin entrar en si esto es moralmente aceptable, si el procomún es el futuro, si copiar es robar, si compartir archivos es recta virtud o vicio condenable, si los derechos de autor son en realidad un invento comercial y más nuevo de lo que creemos, etc., la pura verdad es que la supuestamente eficaz opción c) no puede competir contra coger lo mismo gratis, que es lo que preferirá (ya lo hace) todo el mundo, no solo los chavalines, como postula Macía.

15 de febrero de 2011, 12:22  
Blogger Hari said...

Parecerá coña, pero es el mismo problema que tienen desde hace siglos quienes hacen explotación de productos forestales (ahora mismo pienso en castañas, se nota).
La pregunta es (sigue siendo, vamos): ¿cómo competir con posibilidades de éxito contra lo que se ofrece de forma gratuita? Porque, claro, yo también vivo de esto.
Preveo un futuro como el de las explotaciones de castañas (higos, moras, aceitunas, melones... Es curioso, pero en verano hay un "mantero" de melones cada varios kilómetros en todas las carreteras al sur del Bidasoa). El ciudadano paga su conexión. Pues pagará más. Los gobiernos ceden derechos a las compañías de ADSL y cable. Estas pagan un fijo (por módulos, imagino, según tráfico) a las productoras, editoriales, etc. Y las productoras, editoriales, etc. pagarán a sus autores, guionistas, colaboradores y trabajadores, ya sea por porcentajes de ganancias o por cuotas fijas, contratos, o lo que tercie. Pero ventas, lo que se dice ventas... mientras sigan existiendo productos culturales gratuitos, va a haber pocas. Quizá no nos guste, por lo menos a mí no me gusta, pero la otra opción viable me temo que sería prohibir las descargas (no ya con la Ley Sinde sino con algo mucho más drástico, e internacional) y así mantener el comercio clásico, por ventas, ya sea mediante "espotifais" o en tiendas convencionales (online o físicas). Y esta opción significa una privación de libertades notable.

15 de febrero de 2011, 12:32  
Anonymous Carneiro said...

Tal como ha dicho Hari, el artículo de Cristina no es una situación real.
Hoy en día, buscando un poco, no te bajas pelis mal encuadradas, series en chino o ebooks tartamudos. Te lo bajas todo con una calidad alta y suficiente para el 90% del público. Y cada vez más rápido.
Otra cosa es que busques clásicos del cine checoslovaco experimental, que entonces sí que aparecen los problemas que cita el artículo.
Pero la opción C es imposible si no te cortan la posibilidad de la gratuidad. Y si te la cortan, el precio ya no sería barato. Como pasa en las plataformas de juegos del estilo de Stream, que te cobran los juegos nuevos en versión digital como si fueran en DVD, porque saben que estos juegos con DRM si no los activas en internet no se actualizan por mucho que te los bajes gratis de la mula. Y necesitan actualizarse porque el juego original viene muy capado.
Si los juegos han encontrado su manera de salvarse de la piratería (y ahorrar encima gastos en cajas y DVD´s), habrá formas de hacerlo con otros contenidos, otra cosa es el nulo respeto a los derechos y libertades de esas formas. Pero temo mucho por los derechos si se mete la economía por medio.

15 de febrero de 2011, 20:56  

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