viernes, 19 de febrero de 2010

Alonso Santiago

Anoche falleció Alonso Santiago, de lo que eufemísticamente se suele denominar "una larga y penosa enfermedad". Últimamente vivía en el Puerto de Santa María, donde hace unos días se inauguró una exposición retrospectiva sobre su obra pictórica (Sala CAI, hasta el 20 de marzo, por si vivís cerca y os apetece verla).
La vocación artística de Alonso venía de familia: su padre, don Alfonso Santiago, también fue pintor. En los últimos tiempos compaginaba su labor pictórica con la literaria: había obtenido algunos premios de relatos y publicado en recopilaciones de poemas. Y, además, tocaba muy bien la guitarra española. Era, pues, un todoterreno.
De su evolución como pintor poco puedo contar: dejo esa tarea a los críticos de arte. Sólo asistí a una exposición de sus obras, en la madrileña galería Loring, a mediados de los años ochenta. Por aquel entonces hacía poco tiempo que había decidido dejar su puesto de trabajo como restaurador en el Museo del Ejército y dedicarse a tiempo completo a su gran pasión, la pintura. Su obra es extensa y, como digo, no sé lo suficiente de ella como para analizarla y categorizarla.
Pero Alonso no se dedicó sólo a pintar cuadros. También desarrolló una fértil carrera como ilustrador. Resultan memorables sus trabajos en libros de temáticas tan dispares como la elaboración de gazpacho, la Lisboa de Fernando Pessoa o las diversas suertes del toreo. No obstante, su obra de arte definitiva en la materia, entiendo, es Teleny, de Oscar Wilde, en la edición de Valdemar. Aparte de las ilustraciones de cubierta e interiores, destacan las letras capitulares, un prodigio de erotismo, trazo firme y, si se quiere, humor.

Etiquetas: , , , ,