jueves, 13 de noviembre de 2008

Posibles definiciones de frustración

Pues así a bote pronto se me ocurren unas cuantas (tranquilos, no me ha pasado nada chungo: sólo estoy divagando), pero la más aproximada podría ser ésta.
No tengo ni puñetera idea de música. De componer, me refiero. Pasé del tema cuando me apuntaron a solfeo en EGB, por lo que no voy más allá de saber distinguir las notas en un teclado o un piano, y ser capaz de leer una partitura e interpretarla con un solo dedo. Tuve la inmensa fortuna de que ningún profesor nos obligara a tocar la flauta, porque todavía tendría pendiente la música de 5º de EGB.
Tampoco es que tenga un oído privilegiado. De hecho, tarareo fatal, y cuando me pongo a cantar aumenta el riesgo de chaparrón. Casi nunca he conseguido que mis interlocutores reconozcan una melodía cuando se la canturreo. Ni piso los karaokes, porque no quiero exponerme a que pregunten si sé hacer algo más aparte de imitar el ruido que hacen dos trenes al chocar. Del Guitar Hero, ni hablamos.
Todo esto elimina de raíz soluciones "creativas", como las de Clint Eastwood o Alejandro Amenábar, que componer, componer, lo que se dice componer, no es que compongan, pero son capaces de transmitirle a un músico lo que les ronda por la cabeza, firman como coautores de las partituras resultantes e incluso les dan premios por ellas.
Claro, tampoco es que tenga una imaginación visual deslumbrante. Pero soy capaz de transmitirle a un ilustrador lo que me gustaría crear, de modo que éste lo interprete correctamente y lo convierta en un dibujo que capte mi idea inicial.
Pero lo que más me fastidia es mi ceguera musical.
En parte, porque tuve la oportunidad y la perdí yo solo, faltando a clase de solfeo y desaprovechando el que mi hermano Pablo tuviera un piano, o el haber estado a punto de comprarme una caja de ritmos cuando a José María Faraldo y a mí se nos ocurrió montar un grupo a principios de los noventa. Se iba a llamar Falta de Fluido Eléctrico, hacíamos algo que se podría definir como rap, y en algún lugar deben de conservarse las letras. Prometo colgar alguna en el blog, si llegara a encontrarlas. Las de "Quiero ser funcionario del Estado" y "La Internacional (versión rap)" tenían su qué.
En parte, también, porque me apasiona la música, porque tengo músicos en la familia (a la entrada anterior me remito) y porque a veces me gusta imaginar un Juanma alternativo, en un universo paralelo en el que sí sé tocar algún instrumento y cantar, y tengo un grupo, y no le va del todo mal. (Mis fantasías nunca se convierten en delirio, y mi megalomanía de tercera se limita a tener una página relativamente transitada en MySpace, aparecer en alguna categoría de las votaciones anuales de Rockdelux, salir de bolos cada cuatro o cinco años y, en el súmmum del éxito, tocar en algún festival de verano. Objetivos asequibles para una versión ligeramente modificada del Juanma Santiago del mundo real, vamos.)
Tengo fantasías para todos los gustos. En ellas llego a presidente de la III República española, jugador de la NBA, piloto de Fórmula 1 o actor. O soy una mujer. O tengo algún hermano más o menos de mi edad, o mis primas no nacen enfermas, y así crezco más socializado. O tengo un hermano gemelo. O no consigo superar el linfoma. O aprendo a conducir con veinte años. O viajo por todo el mundo. O vivo en otra época, pasada o futura...
Como digo, procuro mantener este tipo de fantasías a raya, domesticarlas de alguna manera; por ejemplo, reservando las más coherentes para alguno de esos relatos que he escrito o esas novelas que algún día terminaré escribiendo, o, y ésta es una idea que gana enteros a medida que le doy vueltas, poniéndolas sobre papel (o en un documento de texto, más bien), una especie de metaficción a medio camino entre la Historia universal de la infamia de Borges, todo lo que hacen Javier Marías o Enrique Vila-Matas y Valis de Philip K. Dick. No sé si saldría algo publicable, y me temo que el resultado final tendría más de autopsicoanálisis que de literatura, pero me apetece intentarlo.
El problema, y vuelvo a lo de la frustración, es mi absoluta carencia de oído para la música, talento para la composición y capacidad de transmitir las melodías que rondan por mi cabeza, ya sea poniéndolas sobre papel pautado, tocando algún instrumento o, simplemente, tarareándolas.
Dicho en plan teórico es chungo, pero, como digo, es algo impuesto por mi falta de talento para la música y por mi incapacidad de haber aprendido a tocar algún instrumento cuando tuve la ocasión.
Pero la práctica es mucho más chunga.
Imaginaos que se os pega una melodía. Habéis oído una canción en la radio, la tele o el ordenador, y no os la podéis quitar de la cabeza. Como la sintonía adictiva que se inventa Alfred Bester en El hombre demolido para que el protagonista pueda neutralizar el cerco de los policías telépatas: si tienes una sola idea en la cabeza, y ésta es una melodía, ¿qué otra cosa puede captar alguien que esté vigilando tus pensamientos? A todos nos pasa: suena un solo acorde de "Twisted Nerve" de Bernard Hermann (vulgo "la del silbidito" de Kill Bill), y te puedes pasar semanas sin que la hija de su madre salga de tu cabeza.
Imaginad entonces que se os fija en la mente esa canción pegajosa, y no hay manera de que salga de ahí. La escucháis a todas horas.
Ahora imaginad que esa melodía no existe fuera de vuestra cabeza, porque en realidad no es ninguna canción real. Sale de vosotros. La habéis inventado vosotros. Es vuestra. Sois los compositores. No se puede describir con palabras (hoy ando fatal de la sinestesia), pero podría constar de unas cuerdas parecidas a lo que hace Spiritualized con el Canon de Pachelbel en "Ladies and Gentlemen We Are Floating in Space", un solo de guitarra a lo Tom Verlaine en la "Marquee Moon" de Television y una salida potente y prolongada como la de Guns 'n' Roses en "Paradise City". Y, a la vez, ser una canción inequívocamente reconocible como indie rock español de la década de 2000. Y no la podéis extraer de ahí, porque no tenéis ni la menor idea de cómo hacerlo, y resumirlo en un simple silbidito sería como intentar explicarle a un pintor que quieres "un cuadro con colores planos en el que salgan unas tías desnudas pero con las caras así como de máscaras africanas".
Como digo, es la viva imagen de la frustración. Hay otras, mucho más dolorosas, pero ésta me toca un poco las narices.
Siempre me quedará el consuelo de que podría componer la letra. Por lo menos, eso sí está a mi alcance.

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12 Comments:

Blogger Álex Vidal said...

(...)a veces me gusta imaginar un Juanma alternativo.

¿Y gafapasta? :D

13 de noviembre de 2008, 10:35  
Blogger Juanma said...

¡Eso nunca! XDDD

13 de noviembre de 2008, 10:36  
Blogger Cristina said...

(...)a veces me gusta imaginar un Juanma alternativo.

¿Antimagnético?

13 de noviembre de 2008, 11:25  
Blogger Juanma said...

No sé yo si tan alternativo... :-P

13 de noviembre de 2008, 11:28  
Blogger Cristina said...

No sé yo si tan alternativo... :-P

Una versión tuya no tan magnética no estaría mal...sería más aburrido, pero oye, a cambio, la de pasta que nos ahorrábamos en electricistas y electrodomésticos...

13 de noviembre de 2008, 11:30  
Blogger Juanma said...

Pero, como dices, sería mucho más aburrido...

... aunque podría desarrollar otros poderes. Qué sé yo: freír huevos con la mirada, limpiar la casa en modo hipervelocidad... :-P

13 de noviembre de 2008, 11:50  
Blogger manu said...

procuro mantener este tipo de fantasías a raya
La vida es más llevadera gracias a ciertas fantasías.

Joé, un hombre de tus talentos debería mantener la frustración a raya ;)

13 de noviembre de 2008, 12:50  
Blogger Juanma said...

Sí: escribiendo entradas como ésta. :-)

13 de noviembre de 2008, 15:12  
Blogger Arturo said...

Es conocido que Eastwood toca bastante bien el piano pero de arreglos orquestales ni papa. Es por eso que tiene un colaborador. Pero de ahi a decir que no sabe musica va un trecho...
Hablamos de un tipo que se metia trescientos kmts entre pecho y espalda para ver tocar a Charlie Parker, cuando Parker era un semi-desconocido y Eastwood un recluta.

16 de noviembre de 2008, 13:59  
Blogger Juanma said...

Mira, no sabía que Clint Eastwood tocaba bien el piano. Sabía que él no compone en persona. Mea culpa.

La devoción por Charlie Parker se nota en la que sigo considerando una de sus dos o tres mejores películas: Bird. Obligatoria.

17 de noviembre de 2008, 10:34  
Anonymous Anónima de las 9:59 said...

Peor es lo mío:

No tengo oído, pero tengo algo de voz.

Podría cantar como Dios manda si fuese capaz de dar una nota en su sitio. Para cantar algo, con más o menos gracia, lo debo haber oído unas mil trescientas veces.

Ahora imagina a mi señor marido (que tiene oído, pero no voz), intentando tararearme notas para que ponga voz a alguna de sus obras.

Sí, de Berlanga oigan. De berlanga.

17 de noviembre de 2008, 22:56  
Blogger Juanma said...

Bueno, yo estaba pensando más en Monty Python que en Berlanga, pero sí, también es muy chungo. :-/

18 de noviembre de 2008, 9:18  

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