viernes, 18 de marzo de 2011

"Jitanjáfora: Desencanto", de Sergio Parra, en ebook

Hace ya sus buenos cuatro añitos, Sergio Parra me pidió un favor muy especial: escribir el prólogo de Jitanjáfora. Acepté, por los motivos que expliqué en esta entrada del blog, y lo cierto es que me alegro mucho de aquella decisión, porque la singladura de la novela fue venturosa, incluyendo candidaturas a los Ignotus y Xatafi-Cyberdark, además de generar un raro consenso crítico en cuanto a su calidad y, cosa que juzgo más importante, una nutrida legión de fans de Conrado Marchale, ese mago heterodoxo, que juntaba lo mejor de Harry Potter y la programación neurolingüística, en una mezcla tan extraña y fuera de toda norma que funcionaba, y muy bien.
Varios años después recibí un email de Sergio con una oferta que no podía rechazar: escribir el prólogo de la continuación, que se titulaba Jitanjáfora: Desencanto. ¿Qué podría contar Sergio en la segunda parte que no hubiera contado en la primera? La curiosidad malsana me pudo. Quedamos una tarde en el Trole, y me pasó un grueso volumen, mucho más grueso que Jitanjáfora. Tal como me lo contó, aquello tenía un aspecto inmejorable. A medida que fui leyéndola, comprendí que, en muchos aspectos, Jitanjáfora: Desencanto era una continuación de la primera novela de Conrado Marchale, pero que en otros se trataba de una apuesta completamente diferente, una novela de las que se suelen denominar 'de madurez', así como un homenaje a cierta temática del cine de acción, una finísima crítica social y, en resumen, una muestra más que depurada de lo que suele hacer Sergio Parra cuando pone en marcha la turmix y se pone a mezclar géneros dispares de modo que funcionen a la perfección; algo así como una versión literaria de la cocina molecular que se degusta en el Club Jitanjáfora. 
¿Qué más se puede añadir? En realidad, algo muy relevante: Jitanjáfora: Desencanto se acaba de poner a la venta en formato de libro electrónico, distribuido en exclusiva por Cyberdark, por el módico precio de 5 euros. En septiembre se pondrá a la venta en formato papel. ¿Es una cagada por parte del editor? Creo que no: Cyberdark se compromete a descontar esos 5 euros en el PVP del producto en papel a quienes ya lo hubieran adquirido en formato ebook. Lo explican aquí. Desde luego, es una solución inteligente por su parte al debate sobre los costes del libro electrónico y el papel en que deja (valga la redundancia) al libro de papel, y sería de desear que cundiese el ejemplo.
Además, Sergio ha abierto un blog con información sobre la novela. Lo podéis leer aquí.
Aquí os dejo el prólogo. De verdad que el libro es muy recomendable.



Hay una imagen de la cuarta temporada de Dexter que nos viene que ni pintada para entender una de las subtramas de Jitanjáfora: Desencanto.
Dexter Morgan podría ser el señor más encantador del mundo: bien parecido aunque un tanto tímido, amante del orden, hijastro y hermanastro de heroicos policías, fiel esposo y ejemplar padre de tres hijos. Sin embargo, el mal habita en su interior: es un asesino en serie que se aprovecha de su trabajo como forense en el Departamento de Policía de Miami para buscar víctimas a las que ajusticiar. Su vida entera es una fachada, pero sabe que esta es casi insostenible y que lo van a descubrir de un momento a otro, de modo que decide camuflarse en una comunidad de vecinos ideal, en un vecindario repleto de gente saludable, wasp de los de barbacoa todos los fines de semana y bandera de los Estados Unidos en el porche de casa. Pero claro, Dexter es lo que es, y no tarda en buscarse problemas.
Es solo un ejemplo, pero podríamos citar muchísimos más, como las apacibles comunidades de Las mujeres perfectas, Eduardo Manostijeras, Mujeres desesperadas, El show de Truman o el no va más al respecto, la provinciana Lumberton de Terciopelo azul. Todas ellas son meras fachadas que, dependiendo de la intencionalidad del director, nos muestran un aspecto más o menos truculento o mendaz del American Way of Life. Como los habitantes de las casitas del barrio alto de la canción de
Malvina Reynolds (adaptada al castellano por Víctor Jara), «se sonríen y se visitan, van juntitos al supermarket y todos tienen un televisor».
Pues bien, este sustrato social, el de la apacible clase media blanca y protestante de Estados Unidos, puede ser, según Sergio Parra, un lugar tan bueno como cualquier otro para dirimir la sempiterna batalla entre el Bien y el Mal, una comunidad en la que pueden habitar criptonazis, niños pijos que miran por encima del hombro a los friquis hispanos con quienes comparten aulas, señoras que uno no sabe muy bien si son brujas malvadas o las típicas vecinas cargantes que te obsequian con una tarta de zanahorias en cuanto te descuidas, o… el matrimonio Smithee.
Los Smithee (esposo, esposa, hijo friqui y hermano inválido) vienen a romper la paz de la apacible comunidad estadounidense porque, en primer lugar, no son como ellos, y, en segundo lugar, son agentes secretos. Pero, a diferencia del señor y la señora Smith o de los Bristow de la serie Alias, no pertenecen a ninguna agencia gubernamental. Conforme avanza la lectura, iremos viendo a qué se dedican en realidad, y cuán importante es su misión. Pero claro, esto es una novela de Sergio Parra, así que nos encontramos con la inevitable subtrama cuya acción se desarrolla en Islandia, con seres mitológicos de muy diversos orígenes (duendes y brujas), artilugios sofisticados a medio camino entre la realidad virtual y la cocina de autor, disquisiciones eruditas que vienen más a cuento de lo que parece, un álter ego del autor (que, de paso, explica y resume toda su obra en apenas unos párrafos) y, por supuesto, una subtrama que lo mismo podría adscribirse al muy en boga género literario de las novelas con ángeles (que, os aviso, amenazan con desplazar a los zombis y los vampiros gracias a cosas como Angelology o la serie de la Materia Oscura) que interpretarse como una linda y sucia historia de iniciación a la magia y el sexo. Esta novela es el reverso ideológico de su predecesora: si Jitanjáfora nos mostraba cómo funciona el Mal desde dentro, en Jitanjáfora: Desencanto vemos actuar al Bien desde dentro. Y lo peor de todo es que no sabemos qué da más miedo ni qué produce más desasosiego. Al fin y al cabo, y por emplear la cita de Jenofonte con que se abre la tercera parte de la novela, «si una cosa se adecua bien a un fin, respecto a ese fin es bella y buena, y fea y mala en caso contrario».
Pues bien, esta conclusión es lo que confiere unidad a ambas novelas y nos permite leerlas como un díptico, un yin y un yang, un lado luminoso y un reverso tenebroso. No resulta difícil equiparar a este decepcionado (¿o habría que decir «desencantado»?) Conrado con el Kvothe de El nombre del viento, o con un Harry Potter en estado terminal. Conrado Marchale se convierte, de este modo, en uno de los personajes mejor perfilados de la literatura fantástica española de los últimos años.


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