domingo, 15 de enero de 2006

Pornografía onomástica (y algo de genealógica)

De perdidos al río, porque es uno de mis secretos mejor guardados: os voy a decir mi nombre completo.
Tranquilos, tranquilos, realmente me llamo Juan Manuel. No tengo un nombre espantoso del que renegar, uno de esos nombres vergonzantes que te obligan a buscar un diminutivo agradable (por ejemplo, no soy un Robustiano reconvertido en Robby).
Mi nombre legal es Juan Manuel, porque es el que consta en el registro civil. Lo que sucede es que mis padres decidieron bautizarme con cuatro nombres.
No es tan tremendo. En aquella época era una costumbre, no necesariamente patrimonio de las familias reales. El nombre completo de Pablo Ruiz Picasso era Pablo Diego José Francisco de Paula Juan Nepomuceno Crispín Crispiniano de la Santísima Trinidad Ruiz Picasso. Con un par. Mi abuela materna, mi abuelita Carmen, era María del Carmen Silveria de la Santísima Trinidad. Era Carmen o Carmencita Leña, aunque de vez en cuando la llamábamos Silveria, pero de cachondeo. Mi madre se llama María del Carmen Isabel Milagrosa, pero para todos es Carmina o Carmina Romero.
Claro, yo soy de 1970 y esa costumbre aún regía. Con mis hermanos sucedió algo parecido.
Mi hermana se llama María Esther Meritxell Ángela: María, por mi abuela paterna, Maruja Lores; Esther, porque le gustaba a mis padres; Meritxell, porque le encantaba a mi madre; y Ángela, pues no sé por qué. Mi madre quería que se llamara Meritxell, que aparte de ser un nombre precioso es la patrona de Andorra, pero el párroco se negó, dado que no era un nombre español. En otras circunstancias, diría que el párroco de marras era un auténtico carca y retrógrado, pero teniendo en cuenta la actual susceptibilidad con todo lo catalán, a lo mejor lo que pasaba es que el hombre se adelantó a su tiempo. En casa siempre la hemos llamado María, aunque entre sus amigos y en documentos oficiales prefiere Esther. Esto daba pie a situaciones totalmente surrealistas:
Riiing, riiing.
-¿Diga?
-¿Está Esther?
-Sí, un momento, ahora se pone. ¡Maríaaa, ponteee!
Mi hermano se llama Enrique Fernando Juan. Enrique, por mi padre, y a su vez por mi abuelo paterno, y diría que por mi bisabuelo. Es el nombre oficial de los Santiago. Si fuéramos una familia de potentados estadounidenses, mi hermano sería Enrique Santiago IV; pero como no lo somos, pues ahí anda, con su Enrique a cuestas. Fernando, por mi tío abuelo Fernando Lores. Y Juan, por mi abuelo materno, Juan Romero. En casa era Enriquito. Entre los amigos, “el Fleco”, por su flequillo.
Mi otro hermano se llama José Pablo Carlos Miguel. Lo de José viene por mi tío Pepito Juliá, que falleció cuando mi madre estaba recién embarazada de mi hermano, o a punto de. Los demás nombres, pues no sabría decir de dónde vienen. Son bonitos. Según mi padre, José es por Stalin; Pablo, por Pablo Neruda; Carlos, por Carlos Marx y Miguel, por Miguel Hernández. No digo que no haya parte de verdad en ello, pero mira que me extrañaría. Siempre lo hemos llamado Pablo o Pablito, pasando del José. Durante un tiempo, sus amigos lo llamaban “el Abejaruco”, por la nariz. Qué mala hostia tienen los amigos.
Independientemente de cómo los llamen por ahí, mis hermanos son María, Enrique y Pablo.
¿Y yo? Como digo, los únicos nombres que reconozco como míos son Juan y Manuel, pero mis padres decidieron que mi nombre de cristiano había de ser un poco más extenso.
¿Preparados?
¿Listos?
Ya.
Mi nombre completo es Juan Manuel Ángel Manrique.
Juan es un homenaje a mi abuelo materno, Juan Romero Pérez. A mi abuelo Juan lo recuerdo vagamente: falleció cuando yo tenía cinco años. Nació el mismo año que Franco, y le sobrevivió un par de días. Pero no era franquista, sino carlista. Un requeté en un pueblo de Córdoba era toda una rareza, pero ahí andaba él, con su boina y su “Por Dios, por la patria y el rey”. Por lo que cuenta mi madre, la casa de mis abuelos debía de ser realmente curiosa, ya que había discusiones políticas continuas: mi abuelo Juan era carlista, y mi abuelita Carmencita, monárquica juanista. No es que les hiciera ni puta gracia Franco, pero Cabra era el único pueblo de la zona que había quedado bajo control franquista y digamos que tuvieron que acoger durante una temporada a un par de militares italianos de los que acababan de arrasar Málaga y poco después recibirían lo suyo en Guadalajara. Como agradecimiento por darles posada, los italianos les regalaron un retrato del Duce Mussolini… de tamaño natural. Mi abuelo era un pésimo negociante. Siempre fue autónomo y tenía una contrata de no recuerdo qué en la estación de ferrocarriles de Cabra, pero no tardaron en cerrarla, como casi todas las estaciones de los alrededores, y en la casa pasaron unos años bastante malos. Mi madre y mis tías pudieron estudiar gracias al empecinamiento de mi abuela, que era bastante liberal para estas cosas: “A mí no me dejaron ser maestra porque era chica y no tenía derecho a estudiar; no quiero que a mis hijas les suceda lo mismo”. En sus últimos años, cuando ya se le iba la cabeza, mi abuela me solía decir: “Porque no había divorcio en mi época; si no, a ver por qué otra razón iba a haber estado casada cuarenta y siete años con tu abuelo”. Pero mi abuela quería a mi abuelo Juan. El hombre era un desastre, la persona menos práctica del mundo (hasta que apareció mi padre), un Peter Pan incapaz de dar la cara, que delegaba toda la intendencia de la casa en mi abuela; pero era un buen hombre. Escribía obras de teatro, al parecer muy en la línea de los sainetes de los hermanos Álvarez Quintero. Mi madre sostiene que tenían un pase, y es una lástima que se hayan perdido. También era capaz de contar chistes atroces, costumbre que supongo que he heredado de él:
-Juanito -yo era Juanito, igual que él y el hermano de mi abuela-, ¿cuántas patas tiene un pato?
-Dos.
-Pues no. Tiene tres: la izquierda, la derecha y su esposa.
Eso, y un juego de manos por el que me aparecían monedas detrás de la oreja, es todo lo que recuerdo de mi abuelo Juan.
Mi segundo nombre es Manuel. Según mi padre, el origen del nombre es el siguiente.
Una vez llegaron a la conclusión de que me iba a llamar Juan (cosa que no estaba tan clara como pudiera parecer: madre quería que me llamara Alonso, como un tío mío y, si resultaba ser niña, Sara), mis padres no se ponían de acuerdo con el segundo nombre. Mi padre elaboró una lista con tres posibles nombres: Juan Miguel, Juan María y Juan Manuel.
Consultó con mi madre.
-El que más me gusta es Juan Miguel; después, Juan María. El que menos me gusta es Juan Manuel.
-Vale, pues entonces se va a llamar Juan Manuel.
A diferencia de su explicación sobre los nombres de mi hermano Pablo, esta sí me la creo. Por qué será.
Mi madre rebaja la bordería de mi padre cuando cuenta la anécdota. Según ella, le expuso cuáles eran sus nombre favoritos en el orden de preferencias que acabo de consignar, pero mi padre hizo caso omiso y me inscribió como Juan Manuel.
El tercero es Ángel. No requiere mayor explicación: es el santo del día en que nací, el 2 de agosto, festividad de Nuestra Señora de los Ángeles. Y San Eusebio, ya que estamos. El día en que vinieron al mundo personalidades tan destacables como Rómulo Gallegos, Joaquín Ruiz-Giménez, Jorge Videla, Peter O’Toole, Francisco Regueiro, Isabel Allende, Massiel, Isabel Pantoja y Kevin Smith (¡también en 1970! ¡Somos del mismo día!), y pasaron a mejor vida (o no) Enrico Caruso, Alexander Graham Bell, Fritz Lang, Pola Negri y Henri Cartier-Bresson.
Tirando de santoral, me libré por un día de llamarme Alfonso (que se celebra el 1º de agosto) o Dalmacio (el 3).
El cuarto es más interesante. Un bisabuelo mío, el padre de mi abuela paterna, se llamaba Manrique Lores. Mi bisabuelo impartía clases de dibujo en una academia de La Coruña, y cabe la duda razonable de que coincidiera con Picasso en algún momento, tal vez como profesor suyo. Nunca he investigado sobre este asunto, pero siento curiosidad por saber si pudo haber alguna conexión entre ambos.
Tanto si hubo relación entre mi bisabuelo y Picasso como si no la hubo (que supongo que no), el caso es que Manrique Lores dibujaba de puta madre, y no pintaba nada mal. El hall de mi casa de Madrid siempre ha estado presidido por un cuadro suyo que representa a una gitana de la zona de La Coruña. Tenía un cuadro gemelo, un gitano, que se ha perdido. Los detalles de la cíngara, desde el tocado hasta las joyas, son deliciosos, están pintados con un trazo preciso y detallista, en la mejor tradición de la escuela retratista española del siglo XIX. Parece sacada de una escena de Divinas palabras de Valle-Inclán.
Otro cuadro muy interesante de mi bisabuelo, que siempre hemos tenido en el comedor, es una marina. El mar embravecido rompe contra las rocas de la playa de Riazor. A diferencia del retrato, de aproximadamente un metro por setenta centímetros, esta estampa es pequeñita, apenas medio metro por treinta, pero el estilo es el mismo: cuidado, riguroso, académicamente perfecto.
Hará unos quince años se los dimos a mi tío Alonso, también pintor, para que los restaurara. E hizo un trabajo impecable.
Manrique se casó con Marcelina Guitián, mi bisabuela. Tuvieron dos hijos: María (mi abuela Maruja) y Fernando. No conozco los detalles del fallecimiento de mi bisabuelo. Sólo sé que Marcelina emigró al enviudar, como buena gallega, y se instaló en Madrid, donde puso una pensión. Su hija Maruja tuvo un desliz con uno de los inquilinos, un estudiante de Medicina llamado Enrique Santiago Araujo, que era hijo de un guardia civil pero apuntaba maneras republicanas. (De hecho, lo detuvieron en Ceuta, donde ejercía como oftalmólogo, el mismo 18 de julio y lo fusilaron un mes después, acusado de asistir a un mítin del PSOE; algunos meses después lo absolvieron e impusieron una multa; pero de poco le sirvió, pues ya lo habían fusilado.) Resultado de su amor impulsivo nació mi padre, Enrique, en la misma pensión, sita en la calle de San Andrés, justo sobre la plaza del Dos de Mayo.
Y estos son los orígenes de mis nombres. Como digo, sólo utilizo los dos primeros, que, dado que no soy creyente, son los que considero válidos, ya que me registraron como Juan Manuel, y eso es lo que soy. Alicia bromeaba con mi nombre y cuando me quería poner firmes me llamaba Juanmanuelangelmanrique, todo junto. Mi amiga Arancha, a quien en un momento de debilidad le conté mi secreto, tuvo una época en que me llamaba Manri, con todo el cachondeo del mundo. Lola me llama Juan Manuel Ángel de Todos los Santos, lo cual me encanta (porque me lo dice ella y es nuestra broma privada). En el colegio me llamaban Santiago, siguiendo la costumbre de los colegios de curas de llamar a la gente por su apellido; de ahí me quedó el Santi con el que me conocen los antiguos compañeros del Calasancio (Javi, Antonio o Emilio). En el colmo del sinsentido, incluso tuve un maestro que me llamaba Romero (mi segundo apellido), pero se lo perdono: Don Manuel, que me dio clases en cuarto de EGB, es uno de los mejores educadores que he tenido en mi vida.
En casa siempre he sido Juan. O Juan Manuel, cuando hacía alguna trastada o la conversación era seria. Mi tío Bosco me llama Juanito (como a su padre y su tío). Laura también me llamaba Juanito, pero sólo en la intimidad. Mi vecina Mercedes me llamaba Juanelo Beeello (con acento cubano suena más dulce). Virginia, la hermana de mi cuñado, me llamaba Juan Manuelito, y juraría que mi sobrina Elena también me lo ha llamado en alguna ocasión. (O eso o Juan Manito.)
Pero en el mundo exterior me hago llamar Juanma. Es el apelativo con el que me siento identificado; mi nombre verdadero, en el sentido que le da Ursula K. Le Guin a la serie de Terramar. Y, excepcionalmente y si hay mucha intimidad, Juanmita (o una variante que me hace mucha gracia, Juanmito, que es como me llamaba Rita). Me encanta que me llamen Juanmita, pero no que lo haga cualquiera. (Tranquilos: todos los que me llamáis Juanmita sois íntimos y me sale una sonrisa de aurícula a ventrículo cada vez que me lo decís.) [Editando: Y, por supuesto, existe una variante albaceteña de mi nombre: Juanmica.]
En cuanto a los motes y apelativos cariñosos que he tenido, conocéis el más extendido: Gigalker, que es el nick que utilizo en foros. Mis hermanos me llamaban “el Chota”, porque siempre me estaba chivando a mi madre de lo que hacían o dejaban de hacer cuando ella no estaba en casa. (Qué repelentes pueden llegar a ser los hermanos pequeños.) Mi hermana me llamaba “el Mudito”; sus amigos, “el Monosilábico”. Los apelativos cariñosos son privados, se siente.
También me llaman cosas peores, por supuesto, pero esa es otra historia.

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29 Comments:

Anonymous RM said...

Joder, qué envidias das:

1) Por poder remontarte a la historia de tus familiares más o menos lejanos.

2) Por la enorme cantidad de nombres y/o personalidades para cada nombre.

Te falta decir que para algunos eres juanmasantiago todo junto, en diferencia inutilizante con juanmabarranquero (también todo junto).

15 de enero de 2006, 10:11  
Blogger Víctor M. Ánchel said...

Je.
Yo nací el 29 de diciembre, pero mi madre rompió aguas el 28. Sí, el día de los inocentes. Una semana antes, en una de esas coñas que cuando se repiten tres veces se tornan demasiado serias, mi padre amenazó a mi madre con ponerme Inocencio, con dos cojones, como me diera por salir el 28. Y me dio, me dio...
Pero aunque sea un ateo militante y convencido, debe haber un dios en lo alto que veló por mí y decidió gastarle una buena putada (dejémosla en inocentada): rompió aguas ya entrada la noche, y no había ni un médico libre, ni una matrona, ni nada más allá de una enfermera en prácticas. Me cuentan que aguantaron, aguantaron, aguantaron... vamos, que me podía haber cargado a mi madre, que menuda inocentada sin gracia habría liado.
Pero yo creo que fui yo, acojonado por lo que me esperaba si salía antes de la medianoche.
El caso es que nazco el 29 y mi padre pregunta, ¿qué le ponemos a éste? (en el 73 no sé si habrían ecografías, pero lo que sí sé es que mis padres no pudieron pagarla. Nadie sabía si iba a salir de allí un niño o una niña). Mi madre, pragmática ella, dice "Manuel, como tú, y santas pascuas". Y mi padre "Namielda le vamos a llamar como yo. Con uno, basta. A mí me gusta Víctor". Y como el cantautor tocayo mío estaba que lo rompía, pues me pusieron el nombre compuesto (hace poco, su mujer cantó, junto a Miguel Ríos, unas canciones de Kurt Weil con mi orquesta y él vino al concierto. Lo conocí en la cafetería y le solté "Pues me llamo como tú por tu culpa". Así, con una poca vergüenza impropia que no me puedo explicar. El caso es que el tipo me miró de arriba a abajo, me preguntó la edad, se la dije, niega con la cabeza y "Vaya. Sí que soy viejo, sí". Si es que soy un bocas, joer).

Pero tengo una historia de nombres mucho mejor que la mía: en el BUP había una chica llamada Magda. De Magdalena, claro está. O eso nos parecía, que estaba claro... Pues no. Un día le chorizamos la cartera para ver la foto del carnet (era la coña del día, supongo). Y ponía donde su nombre: "María Magdalena D.L.A.C.D.L.P. García Pérez" (lo de García Pérez me lo invento, porque no recuerdo sus apellidos). Flipados nos quedamos. ¿D.L.A.C.D.L.P...?
Así que la secuestramos, que no le enchufamos un flexo a la cara porque no lo teníamos a mano, y con la crueldad púber nuestra la obligamos a confesar: la pobre nació el mismo día en que murió su abuela. Y la santa, que ya podía haber diñado otro día, se llamaba "María Magdalena de las Altas Cumbres de los Pirineos".
Y se lo cascaron enterito.

V.

15 de enero de 2006, 10:30  
Blogger Juanma said...

rm: Cierto, lo de cómo distinguir a los Juanmas de Gigamesh se me había olvidado.

Después de mucho pensarlo, hemos optado por llamarnos Juanma Be y Juanma Ese.

Era eso o hacer como en "Jennifer Gobierno": Juanma Gigamesh Revista (yo) y Juanma Gigamesh Editorial (Barranquero).

Había en la oficina una corriente de opinión favorable a que se nos llamara igual, Juanma, para que cuando uno girara la cabeza, pudieran decirnos: "No, tú no: el otro". ;-P

15 de enero de 2006, 11:05  
Blogger Juanma said...

Víctor: Tremenda historia. Oye, pues menos mal que naciste el 29, aunque tu madre y tú debisteis de pasarlo muy mal.

Cómo mola poder conocer a Miguel Ríos y decirle eso a la cara tan tranquilamente. Je. :-))) Como para haberle visto la cara. La cantidad de Penélopes y Lucías más o menos de nuestra edad que hay por las canciones de Serrat...

La historia de María Magdalena D.L.A.C.D.L.P. es impresionante.
XDDDDDDD

15 de enero de 2006, 11:08  
Blogger Víctor M. Ánchel said...

No, si se lo dije a Víctor Manuel... XDD
Lo chulo ya del asunto es que mi parienta se llama Ana... María. Si llegan a ponerle Ana Belén tendríamos cachondeo padre en casa.

V.

15 de enero de 2006, 12:15  
Blogger Juanma said...

Ondia, se me ha ido el santo al cielo: marditos domingos por la mañana. :-P

Pues sí, mira, muy buena pareja, Víctor y Ana. :-)

15 de enero de 2006, 12:16  
Anonymous Kotinussa said...

Lo del nombre debería ser provisional hasta que uno de mayor escogiera ya el definitivo. Porque hay padres que se lucen.

Yo me llamo como mi madre y mi abuela. A mi madre ya el suyo no le gustaba, pero no fue capaz de imponerse cuando mi abuela decidió cómo me iba a llamar yo, sin preguntar ni a mi padre ni a mi madre si estaban conformes. Es que mi abuela tenía lo suyo. Era una sargenta.

15 de enero de 2006, 13:46  
Blogger Zapardiel said...

Bueno, por suerte todos tus nombres son hermosos, mejor Ángel que Nepomuceno Crispín Crispiniano :D

Yo me siento afortunada: en mi casa se barajó la posibilidad de llamarme María de las Rosas (sic) o Luzdivina, pero al final mi padre intercedió por mí ante mi Señora Madre y me quedé con un modesto María Isabel.

Isa o Eli, a decir verdad, aunque una parte de la familia me llame Marisa sin venir a cuento. Y en las kedadas, Nimrodelisa o Zapardiel, los dos nombres de ríos. Si te paras a pensarlo todos los frikis tenemos un jaleo de nombrs impresionante... :D

15 de enero de 2006, 15:04  
Anonymous Pily B. said...

Vaya historia, Juanmita :-P. Lo de tu abuelo me ha impresionado.

... y sobre el amor por el nombre propio. Y lo de los apellidos, mejor lo deja... ¡me voy! XDDD

15 de enero de 2006, 18:11  
Anonymous arturo said...

Mi made esta bautizada como "Maria de la Luz(1) Elena(2) Teresa(3) Manuela(4)"
En su caso, la lógica era que de mayor podría elegir el que le diese la gana. Se quedo con Luz.

15 de enero de 2006, 20:04  
Blogger Juanma said...

Kotinussa: Pues cuánta razón tienes. Ya que el nombre lo tenemos que llevar a cuestas de por vida, lo lógico sería que lo pudiéramos elegir cuando tuviéramos discernimiento.

Isa, digo Zapardiel, digoooo Nimrodelisa ;-P Isabel es un nombre precioso, no permitas que nadie te lo toque. Y sí, los frikis tenemos un no sé qué que qué sé yo, que hay momentos en que uno ya no sabe ni cómo se llama.

Anécdota real. Hispacón de Cádiz, otoño del 2004. Vamos caminando por una calle, después de jartarnos de pescaíto frito, camino de nuestros hoteles, y un grupito se nos adelanta. En él iban Rodolfo Martínez, Marisa, Gijón al completo y creo que Pablo Herranz y Juanmi Aguilera, entre otros. Les pego un grito, para que nos esperen:
-¡Rudy!
Ni caso.
-¡¡Rudyyy!!
Ná, como si nada.
-¡¡¡Frikiiiiis!!!
Y Rudy y unos cuantos más se detienen, dan media vuelta y entonces nos ven.
:-D

Besitos a ambas. :-***

15 de enero de 2006, 23:18  
Blogger Juanma said...

Pily: Supongo que todos tenemos muchas batallitas que contar de nuestros ancestros, vivían de otra manera y les pasaba otro tipo de cosas. Pero sí, a mis abuelos y bisabuelos les pasaron bastantes cosas interesantes.

Arturo: Luz es un nombre muy bonito, aparte de ser la patrona de Cuenca. Pero Elena y Teresa también lo son.

15 de enero de 2006, 23:25  
Blogger Álex Vidal said...

Es que el niño este no acierta con su nombre real, final, su nombre de Terramar:

Joanma, te llamas Joanma :P

Yo me llamo como me llamo (Alejandro para mi madre; Álex para todos los demás) porque a ella se le puso en los mismísimos que no iba a llamarme Antonio como mi padre, mi abuelo paterno, el materno, su hermano, sus dos o tres sobrinos... Y, casualidad, porque el 24 de marzo es san Alejandro.

Ahora, si os queréis reír... Su doctor, cuando empezó con los primeros síntomas, le dijo: "señora, usted lo que tiene es un tumor" y le dio unas pastillas que porque las tiró por el baño, que si no...

15 de enero de 2006, 23:39  
Blogger Juanma said...

Alejandro: Vaya cachondeíto tenemos, ¿eh? ;-P

Tengo un sobrino Alejandro, y el nombre me gusta, pero Álex es mejor. Y sabemos que te repatea que te llamen Alejandro. :-)

La historia del tumor de tu madre que luego resultaste ser tú es buenísima. :-)

15 de enero de 2006, 23:44  
Blogger Álex Vidal said...

Sí, un tumor maligno. Porque no sé si sigue vivo el doctor, si no, le iba a demostrar lo maligno que soy >:/

15 de enero de 2006, 23:56  
Anonymous Anónimo said...

Tío, no te perdono q no hayas puesto la variante Juanmica...... ea ejq no t lo perdono.......
Si tengo yo que contar aquí mi árbol genealógico y las historias d la guerra d mi familia m falta blog por todos lados.... aunq tu conoces algunas verdad? Como algún día tenga que ponerme a buscar ancestros y parentelas me tengo q recorrer España de cabo a rabo y parte de Portugal, varias familias unidas de militares y ferroviarios dan para muchas historias y mucho mas con guerras de por medio y cada uno de un bando. Una de mis bisabuelas tuvo la suerte de poder estudiar una carrera y ser la primera mujer en hacerlo en mi familia, aunque la puta guerra mandó al carajo tantas cosas despues...
Con mi nombre también hubo mucha controversia...de un probable Victoria Eugenia (cual reina de mi casa) pasé a llamarme como tú ya sabes y encima nací un 31 de Mayo, día del Cristo del Amor Hermoso, hubiese sido ya rizar el rizo, lo que molaba es que con la llegada de las autonomías y San Bono mi cumple empezó a ser día festivo y lo de no ir al cole ese día era lo más.....Yo tben tenia cachondeo del bueno en el colegio con mi apellido, imagina.... Cada vez que en el trabajo tengo que dar mi nombre por teléfono se imaginarán que curro en un puti o algo así je je je.....
Por cierto, otro notable (por lo menos para mí) que nacíó el mismo día que tú fue mi hermano je je (y el capullo de mi gerente tben) por eso no se me olvida nunca nenico.

16 de enero de 2006, 0:48  
Anonymous Marieta La Traidora said...

antes era yo q se me olvidó ponerlo.....

16 de enero de 2006, 0:49  
Anonymous Marieta la Traidora said...

P.D. A mi lo q mas me hubiese gustado es llamarme Llanos, como la patrona de mi ciudad, pero a nadie se le ocurrió, ea.

16 de enero de 2006, 0:51  
Blogger Juanma said...

Marieta: Uuups, cierto, no lo había puesto. No se puede escribir a toa leche, jorl. Sorrys inmensas. :-(

Tu nombre es precioso, y punto. Y tu apellido, también. No sé por qué te da corte, nenica. Ea.

Llanos es resultón, pero como tu nombre, ninguno. :-)))

Sí, tu genealogía es amplia y compleja y hay muchas historias que no deberían perderse. Es una penica que no escribas, lo harías muy bien y tienes muchas cosas que contar.

Besicos y a pasar muy buen lunes lunesoso. :-*****

16 de enero de 2006, 8:13  
Anonymous Alicia said...

Me gusta más el "Sandinista de la Pueril Faz". En cuanto a nombres y apellidos, los míos me gustan, una vez que te acostumbras a que casi nadie escriba bien el segundo.

16 de enero de 2006, 11:34  
Blogger Juanma said...

Ali: Tu nombre es de los más bonitos que hay, tan carrolliano él. :-P

Tus apellidos son muy potentes, siempre me han gustado y es que tienen una sonoridad que pa qué.

¡Cierto! En la facultad me llamaban "el SPF" (Sandinista de la Pueril Faz). Qué olvido más lamentable. :-(

Pasa muy buen lunes, cielo. ¿Ya se te ha pronunciado Martínez Campos en Sagunto? ¿O era Mena el que se pronunció para beneficiar a la Fundación Cánovas del Castillo, digo a Cánovas del Castillo?

Besazoooos. :-******

16 de enero de 2006, 13:11  
Blogger ignatius reilly said...

¡Uh!
Pues mi madre se negó a que me pusieran alguno más que el que tengo.
Por cierto, lo tuyo es curioso, porque de todos los cyberdarkianos/sediciosos que conozco eres al único al que jamás de los juanmases llaman por su nick.

Saludetes!

17 de enero de 2006, 1:04  
Anonymous Felicidad said...

Yo obviaré temitas de nombres, que luego todo se sabe. Por una parte estoy harta de que traten de ligar conmigo con la misma frasecita una y otra vez. ¿Eres feliz, Felicidad? Qué gracia, qué salero y qué ingenio tienen algunos.

Pero para anécdotas sobre nombres, una real que hubo en mi familia y siempre cuento.

Mi tía abuela Candelaria. A todas sus nietas les ponen ese nombre taaaaaaaaaaaaaan bonito, taaaaaaaaaaaaan popular (por no decir rural) como Candelaria. La mujer, como cualquier otra persona, muere un día. Acude su familia y todo el pueblo al entierro. El cura empieza con su discurso: "Hemos venido hoy aquí al entierro de Martina".
Se monta el revuelo. ¿Quién coño es Martina? Pues Martina era el verdadero nombre de mi tía Candelaria y nadie en todo el pueblo, ni siquiera su familia.

Más chungo todavía. A mi abuelo le llamamos Antonio, pero en realidad se llama Sotero. super parecido y más que lógico, ¿no os parece?

17 de enero de 2006, 13:31  
Blogger Juanma said...

Ignatius Reilly: Pues muy buena idea por parte de tu madre. Tienes un nombre muy potente, breve y conciso. (No me refiero a Ignatius, por supuesto.)

Felicidad: La historia de la tía abuela Candelaria mola. :-)
Y sí, también los chicos podemos ser un poquito hostiables cuando le entramos a una chica.
Prescindiendo de juegos de palabras, tu nombre es precioso.

17 de enero de 2006, 19:33  
Blogger May said...

te ha faltado Juanmi, Juanmi, o Juanmix

17 de enero de 2006, 23:35  
Blogger Juanma said...

Pos sí, ahora que lo dices.

Besitooos. :-***

18 de enero de 2006, 0:28  
Blogger Juanmi said...

Una vez (creo que también en Cádiz) vi a Rudy de espaldas rodeado de de gente. Grité: "¡Autor!", y fue el único que se giró.

13 de febrero de 2006, 17:55  
Blogger Juanma said...

Anda, pues con Rudy me pasó otra muy buena en Cádiz. Creo que ibas con él.

Nos habíamos quedado rezagados, esperando a Pablo Herranz, que andaba por ahí. Íbamos por una calle de la zona de copas, repleta de niñatos. Empezamos a llamaros.

-¡Rudy! ¡¡Rudyyy!!

Y ni puto caso.

En esto que grito:

-¡¡Frikiii!!

Y Rudy se dio media vuelta inmediatamente. :-D

13 de febrero de 2006, 18:01  
Blogger Juanmi said...

:DDDD
Está claro que a Rudy hay que llamarlo algo raro para que se de por aludido.

16 de febrero de 2006, 13:08  

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