martes, 10 de enero de 2006

Aquí, aquí, aquí no hay quien curre, aquí no

Como ya sabéis, vivo en una especie de remake desquiciado de Una casa de locos, en una sucursal de la ONU por la que ha pasado gente de todos los lugares imaginables. Ello ha creado la paradoja de que el único factor de estabilidad que ha tenido mi vida durante los casi cuatro años que llevo en Barcelona es mi trabajo. Vine aquí porque Alejo me ofreció el trabajo de mi vida, aquel por el que millones (bueno, decenas) de frikis matarían o invocarían al Gran Cthulhu (incluso al de peluche). Pese a los conflictos, lógicos e inevitables en un negocio que emplea a más de una docena de curritos, el ambiente es cordial. Los tres centros de trabajo están prácticamente equidistantes de la casa de Alejo. A unos doscientos metros en dirección al Arco del Triunfo está la librería Gigamesh; a medio camino se encuentra CCG, la tiendecita de juegos de cartas. En el sentido contrario, a unos cien metros, tenemos el despachito en el que trabajamos: Ediciones Gigamesh. Estamos en un edificio de oficinas. El portero anterior, Nicolás, un murciano que parecía salido de una película de Almodóvar, se jubiló hace un par de años y en su lugar entró a trabajar César, con quien hay muy buen rollo y, además, es madrileño; de La Guindalera, nada menos. Es decir, hemos sido vecinos durante muchos años, y nosotros sin saberlo.
Para llegar a la oficina es recomendable tomar el ascensor: son cuatro pisos. Normalmente suele haber cola para esperar los dos ascensores.
Algunos vecinos nos hablan, otros no; a algunos los saludamos, a otros no. Como en cualquier inmueble.
El recibidor es el lugar de trabajo de Cenélia, que hace las veces de directora editorial: coordina tareas, tiempos de trabajo, presupuestos y nos sirve de enlace con la imprenta, distribuidoras, la librería y Alejo. Antes de su llegada, en enero del año pasado, el recibidor era una cochiquera en la que reinaban el caos y la entropía, el azar y la necesidad. Ahora parece un lugar de trabajo y todo. Con Cenélia llegaron la pintura, las obras y la limpieza. Por utilizar un símil, antes trabajábamos en un pisito de solteros. Ahora lo hacemos en una oficina, que además parece una oficina.
A mano izquierda, junto a la puerta que da a la habitación donde trabajamos los demás, hay una puertecita que comunica con la sala de reuniones. En ella tenemos una gran mesa que ocupa casi toda la superficie útil de la estancia. Nos sirve para recibir visitas, comer (cuando no estamos en nuestro japo favorito, el Machiroku), puntear la contabilidad, empaquetar los libros y revistas e incluso para dormir, llegado el caso (que ha llegado, en alguna ocasión). Tenemos una nevera, un microondas y una cafetera que nos permiten comer en el despacho, cortesía de la anterior empresa en la que trabajó Álex. Un armarito contiene las pastillas de café, los cubiertos de plástico, los productos de limpieza y algunos archivadores. Con todo, el orgullo de la sala de juntas es la pared que separa la oficina del pasillo exterior, forrada de libros, los libros que Alejo considera más oportunos para la editorial: las antologías de relatos y libros de ensayo (que investigo continuamente en busca de material para la revista), los ejemplares de libros y revistas de la editorial que utilizaremos para servicios de prensa, los ejemplares que componen la «nevera» (es decir, los que nos envían las agencias para ver si los compramos o no) y todo el fondo editorial de Gigamesh, que nos sirve para corregir errores e incorporarlos a sucesivas reediciones. La pared que nos separa de la oficina de al lado está cubierta con montajes de las portadas de nuestros libros. La cuarta pared es de cristal traslúcido y en ella hay una puerta desde la que se accede a la habitación en la que trabajamos Álex, Enric, Juanma y yo. Como ya he dicho, hay otra puerta desde el recibidor.
Nuestra habitación de trabajo es una inmensa cristalera en la que entra la luz de la mañana (en determinadas épocas del año, de manera harto molesta) y una inmensa mesa que la surca de pared a pared, unos ocho metros. En ella están alineados nuestros ordenadores. De izquierda a derecha: Álex, yo, Juanma y Enric.
Álex se encarga de maquetar los libros de la colección, coordinar labores de edición (derechos, traducción y corrección) y resolver los marrones informáticos de todo el negocio. Hasta la llegada de Cenélia también se encargaba de pelearse con las distribuidoras y cuadrar los stocks de libros. Sin ellos dos, Ediciones Gigamesh sería una empresa literalmente imposible.
Mi ordenador es el de Alejo: me dejé el mío en Madrid. Me dedico a confeccionar la revista Gigamesh, ayudar en la edición de libros cuando hay mucho trabajo acumulado, comprar libros para la editorial y hacer de departamento de prensa.
Juanma Barranquero se acaba de incorporar al organigrama de la empresa. Echará una mano con la corrección, la maquetación y los asuntos informáticos.
Enric es el contable de todo Gigamesh, lo que incluye la librería, CCG y la editorial. Calcula nuestras nóminas y lo queremos mucho por ello. Pocas veces me he reído más con un compañero de trabajo; además, somos casi vecinos. Es otro de los puntales del negocio.
Alejo se suele pasar por las tardes, a hipervelocidad, y según la cantidad de tareas que tengamos pendientes (firmar cheques, dar el visto bueno a las portadas y más material de libros y revista, ordenar compra de material, corregir la revista…) puede estar diez minutos o cinco horas.
Y esa es nuestra oficina. Un lugar de trabajo agradable en el que se gesta una parte significativa del vicio y la subcultura que atocinan al frikerío castellanoparlante y en el que siempre habrá diez minutos para compartir con vosotros un café de pastilla, a poder ser del negro, que es el que tiene extra de cafeína.
Pero no estamos solos en el edificio. Nuestros vecinos también tienen sus idiosincrasias particulares. Y algunos de ellos parecen salidos de una película muy, muy friki.
Del despacho del fondo sabemos poco, excepto que está al lado del lavabo de chicas y que en algún folleto han debido de poner mal la dirección, porque todos los días suele llamar a nuestra puerta algún mensajero preguntando por ellos. Parece un estudio relacionado con algo creativo, o así.
El despacho que hay entre el nuestro y el ascensor está ocupado por una agencia de modelos. A veces, alguna aspirante a modelo se equivoca y nos llama. Y durante los diez segundos que dura el equívoco somos felices. Ahí se acaba todo el glamour de la agencia, porque sus ocupantes son tirando a bordes. No saludan en el ascensor y siempre preguntan a qué piso vamos. Dan ganas de decirles: «Pero joder, tía, mira un poco a algún sitio que no sea el espejo, soy yo, llevas casi cuatro años viéndome el careto y sabes dónde trabajo, no me vengas con que a qué piso voy». Pero debemos de ser invisibles; o no damos el tipo, qué sé yo. Y, aunque seamos invisibles, no somos sordos: una de ellas mete unos estornudos que atraviesan las paredes y nos dejan tiritando de miedo.
El despacho contiguo al nuestro es más interesante. Hasta hace un par de años estaba ocupado por una línea telefónica de cartomancia. Podría añadirle un elemento extra de interés si apunto que un conocido escritor cuya presencia es habitual en los sumarios de las revistas del género (y cuyo nombre, faltaría más, no pienso desvelar) trabajó en esa línea durante una temporada: no tenía ni idea de echar las cartas, pero suplía sus carencias con mucha psicología y muchísima capacidad de improvisación. El gabinete astral cerró sus puertas y en su lugar vino a instalarse, según reza el rótulo:

Fulanito de Tal y Cual
ABOGADO
Detective privado
Diplomado en Criminología
Asesor de inversiones.


Sólo le faltó añadir «También leemos la mano, servimos banquetes nupciales a domicilio, reparamos calzado al instante y le bailamos la muñeira con zapatos de claqué». Con muy buen criterio, Julián Díez lo bautizó como «El Hombre Completo», mote que aún le aplicamos.
Parece sacado de una película casposa de Santiago Segura. Gordo, de andares torpes aunque no muy mayor (tendrá unos cuarenta y cinco años), papada que invalida el cuello y camisa a rayas, el Hombre Completo siempre va acompañado por su secretaria, esposa, amante o lo que sea, o todo a la vez. Son el punto y la i. Ella es rubia (probablemente, de bote), algo más alta que él, una boca enorme y sugerente, ojos indistinguibles de un surco negro que, más que una manita de rímel, parece la tinta con que le hubiera rociado un calamar con ínfulas de maquillador. A veces los acompaña un niño, tal vez fruto de los momentos de amor que se profesan entre caso y caso.
La troupe del Hombre Completo se cierra con un anciano macilento, desmañado, sucio y apestoso que nos echa a perder el lavabo de chicos y se planta en la puerta del despacho durante horas. Siempre me recordó a José, el mendigo leproso de Viridiana, y hay algo en su mirada que infunde mal rollo. No se le ve el blanco de los ojos. Y puede estar horas esperando al Hombre Completo. Acaso sea su confidente y le proporcione valiosas pistas, allá en los bajos fondos, adonde las teterías de diseño y tiendas de complementos para gafapastas aún no han convertido el Barrio Chino de toda la vida en Raval. O acaso sea simplemente un guarro que no tiene donde caerse muerto y recibe porque sí una hogaza de pan y un tazón de caldo del Hombre Completo, que por algún extraño albur (o falta de espacio) se olvidó de agregarle a la placa identificativa del negocio un «Filántropo por horas» que hubiera aclarado todo o parte del misterio. En todo caso, espero que no sea un cliente que acudió a él buscando asesoramiento sobre inversiones millonarias y a quien alimenta y viste por pura mala conciencia; sería muy mala publicidad para su negocio.
Pero el Hombre Completo nos deja. Lo han desahuciado: llevaba dos años sin pagar el alquiler. Tiene su lado irónico que un abanderado de la ley y el orden, un abogado y asesor fiscal, no cumpla con sus obligaciones para con la comunidad. Viviendo al día, acosado por las deudas, con un negocio permanentemente al borde de una orden judicial que terminaría de romper el frágil equilibrio en que se desarrolla su vida personal y laboral, el Hombre Completo emprende el vuelo, con sus andares torpes y cansinos, en busca de nuevos locales en los que instalar el chiringuito sin poner un solo duro, llenando el descansillo de vaya usted a saber qué clase de confidentes o clientes. A ver quién viene en su lugar. Podría ser un negocio respetable y anodino, una empresa sin tacha que no diera ni un solo problema. Pues vaya coñazo. Ya os contaré.
Al fondo del pasillo hay una puerta más. Es un negocio de viajes de aventura. Sus dueños, dos hermanos ingleses de color (diría que afroamericanos, pero es que son ingleses): él, un auténtico armario de dos por dos; ella, menudita y muy atractiva. La tercera patita del negocio, un francés parco en palabras, que siempre intenta liarnos: que por qué compramos a medias el dosificador de jabón para el lavabo de chicos, que por qué no nos apuntamos a uno de los viajes en los que está especializado el negocio… A veces hay alguna chica catalana y modernita con la que se completaba el personal de la agencia, pero no suelen durar mucho tiempo: cada dos o tres meses nos llega una nueva. A lo mejor las mandan en los paquetes de multiaventura que promocionan a un nuevo destino (una selva inexplorada o el interior de una masía sin cobertura para el móvil) y nunca más se supo; lo cual también sería mala publicidad para la empresa y no conviene divulgarlo, de ahí que no den explicaciones.
Hasta que apareció ella. Llamó a la puerta de la oficina. Escuché a Cenélia hablar en voz queda:
-No, no fumamos.
Sonó al «Ya somos socios» con que se despacha al comercial de Círculo de Lectores o el «Somos satánicos y además nos encanta sacrificar rubios con camisa blanca» con el que ahuyentas a los mormones que vienen a casa a joderte el episodio de Pasión de gavilanes.
Pero, como estaba pegando la oreja y seguí la conversación, tercié:
-Yo tengo un mechero.
Y salí al recibidor. Y la vi.
Bajita, rubita, guapa, bastante guapa, puede que muy guapa (no, tampoco es eso; dejémoslo en bastante guapa), con una sonrisa entre tímida y zalamera.
Me pidió fuego.
A mí.
Me estaba pidiendo fuego a mí.
No fumo.
Nunca he fumado.
No tengo la menor intención de fumar. Nunca.
Pero, como iba diciendo, tengo un mechero. Del Atleti. Creo recordar que me lo regaló Miriam, que es del Atleti. Y abonada, nada menos. Si no me lo regaló ella, entonces debió de ser Paula, que también es india y abonada y me regaló un cedé con el himno del centenario del Atleti, Motivos de un sentimiento, interpretado por Joaquín Sabina y mi primo Josele Santiago, entre otros. También tengo un mechero de diseño, monísimo, que me regaló Rita. Es de Bic. Rita trabajaba en Bic y, aparte de bolígrafos, de vez en cuando nos regalaba mecheros. De diseño. Monísimos. De frutitas y tal.
De modo que le dije que esperara y entré en la oficina a buscar un mechero. Busqué en la mochila, que en aquel momento se me antojó inmensa. Tardé más de lo normal, pero encontré el mechero del Atleti. Podía haber sacado el de Bic, el monísimo y de diseño, de frutitas, pero saqué el del Atleti. Dejé que su mano se cerrase sobre la mía mientras conseguía que se encendiera, al tercer intento.
-Muchas gracias –dijo, y se quedó en el pasillo, echándose el pitillito, mientras yo cerraba la puerta y me exponía a las burlas y el cachondeíto de mis compis de oficina, los «¿Estaba buena?» y los «Pero haberla dejado entrar, Juanma, que pareces nuevo».
Me corto mucho en estas circunstancias. No sé ligar. Además, y al igual que un policía no debe beber estando de servicio, es que ni lo intento en horas de trabajo, salvo el día de Sant Jordi, cuando montamos la parada de venta de libros en la Rambla, que tal vez estoy un punto más simpático de lo que habitual en mí, y todo para vender algún libro más. Que no suelo vender.
Otro día vuelven a llamar a la puerta de la oficina. Como la vez anterior, es tarde, cerca de la hora de irnos.
Esta vez abro yo.
Es ella de nuevo.
-¿Me das fuego?
-S… s… sí… Espera.
Y me vuelvo a perder dentro de la oficina. Enric me mira descojonado. Álex está con los auriculares puestos y no se entera de la jugada hasta que Enric le pasa una nota vía TurboNote.
Y las manos de ella vuelven a cerrarse sobre mi mano, mientras ambos echamos humo: ella, literalmente; yo, también, pero lo disimulo bastante bien.
-Venga, adeu.
-Hasta luegooo.
Y vuelve el cachondeo. «La próxima vez dile que entre a tomar el café.» Les digo que (ya les) vale, que la próxima vez.
Estoy en el lavabo, lavándome las manos y oigo el inconfundible ding dong del timbre de la oficina. Cuando llego, está ella de nuevo. Esta vez ya ni me pregunta. Nos sonreímos. Enric ha estado dándole conversación mientras yo llegaba. Repetimos la operación. Pero la cosa no acaba ahí:
-¿Quieres uno? –me pregunta ella, acercándome la cajetilla.
Y entonces se produce uno de esos momentos con los que siempre he soñado:
-No, gracias: no fumo.
-…
-Pero como tengo amigos fumadores siempre llevo un mechero encima.
Eso ha sido una explicación innecesaria. Sobraba. Ella estaba descolocada. No tendría que haber añadido esa chorrada. He jodido todo el efecto.
Si estuviéramos en Blade Runner, el test Voight-Kampf llegaría a su fin en este preciso instante, el medidor retinal desconectado súbitamente.
Y me retirarían.
Se cierra la puerta. En cualquier sentido.
-Pero en serio, Juanma, la próxima vez os tomáis un café juntos.
Ese ha sido Álex.
-Si, claro, no te jode: pero si no permites que se fume en la oficina.
-Pues os lo tomáis en el pasillo.
Estoy maquetando el Giga número 42. Ding dong. Abre Cenélia. Se oye una breve conversación. Cenélia me llama. Me imagino para qué es.
Pero no, esta vez es otra. Es más altita, morena y tiene un leve acento suramericano. Me sonríe, con la cajetilla en la mano, desenfundando un cigarrillo.
El mundo se me cae encima. ¿Dónde está la rubia? Ay, la leche, mira que si ha dejado de fumar... Maldición, esos putos integristas antitabaco han conseguido que deje de fumar; algún cretino le habrá regalado Es fácil dejar de fumar, si sabes cómo y por su culpa mi equilibrio emocional se va a ir al cuerno. O, peor aún, se ha largado del curro. A lo mejor se ha pirado porque no podía soportar compartir bloque de oficinas conmigo y mis negativas a entender que cuando me pedía fuego en realidad no me estaba pidiendo fuego. Se ha ido y no me ha dado tiempo a invitarla a un café, ni a regalarle cualquier chorradita. Un mecherito, por ejemplo. No, un mecherito no. Nunca le hubiera regalado un mecherito. Y una polla un mecherito: entonces hubiera dejado de venir a la oficina a pedirme fuego; por no mencionar que, dado el contexto, hubiera parecido una indirecta para que no volviera a la oficina. Se hubiera cabreado. O, peor aún, hubiera usado el mechero. Y ya no hubiera vuelto más por la oficina.
-Eeeh… Sí, espera.
Y ocurre lo mismo de siempre. Tiene las manos más frías que la rubita, pero me las aprieta con más determinación y su mirada es más directa.
Y recuerdo lo que le dije en cierta ocasión a Laura, cuando estábamos empezando:
-Si yo fuera un pervertido sexual, me gustaría vivir en un videoclip de Aerosmith.
Y esto es lo más parecido a vivir en un videoclip de Aerosmith. O un anuncio de Axe. O una película de Ozores.
Pero la rubia no se ha ido. Un día la veo entrar a la oficina, agarrando el casco de motorista con una mano y el teléfono móvil con la otra. Está menos rubia, más bajita y menos guapa: será porque no me está pidiendo fuego.
Otro día la vuelvo a ver, saliendo del ascensor. Va con un chico alto. Ambos llevan sendos cascos de moto. Oh, oh. Maldición. ES lo que parece. Mi gozo en un pozo. Lo único que quería de mí era que le diera fuego. Joder, ella sólo quería fumar y le daba igual que mi mechero fuera mío. No me pedía fuego a mí; me pedía fuego, y ya está.
Y vuelve un par de veces, y su compañera morena alguna vez más, y siempre cumplimos el ritual de encender el cigarrillo con el mechero del Atleti, que cada vez funciona peor. (El mechero, no el Atleti, me refiero. Creo que se me ha entendido, pero por si acaso.)
Y voy madurando el plan: la próxima vez les diré algo. Las invitaré a un cafelito y nos presentaremos. Y la rubita se llamará Montse, o Laia, o Mireia, o Núria, para variar, y la morenita, pues qué sé yo. Esperanza, por ejemplo. O Graciella, que le hace juego con los ojos.
Y la próxima vez no llega, porque un buen día Cenélia dice:
-¿Sabes que tus vecinas se van?
-¿Jarl? –respondo, en un alarde de inteligencia.
-Sí. El negocio crece y se van a otra oficina.
Y espero en vano a que llamen a pedirme fuego. Y tampoco voy a cruzar el pasillo para decirles algo del tipo:
-¡Hola! Que me he enterado de que os vais. Vaya, ¿y ahora quién me pedirá fuego? Era un chiste, jeje. Que he pensado que como a vosotras os va a servir más que a mí, pues os regalo mi mecherito del Atleti. Para que os acordéis de mí. Por cierto, me llamo Juanma. (Muaks, muaks a la rubia; muiiiks, muiiiks a la morena.)
Y no lo hago, porque para qué. Y estas cosas sólo funcionan si la morenita es Ariadna Gil y el chico es Pere Ponce.
Me voy a Madrid, a pasar las Navidades. Y cuando regreso ya se han ido. Y no se han despedido. Podrían haberse acercado a despedirse, a decir «Ha sido un placer trabajar junto a vosotros. Hasta luego, y gracias por el fuego». Pero ni eso. Y al final no las he invitado a tomar café de pastilla de nuestra maravillosa cafetera. Y ni siquiera sé cómo se llaman, ni si se habrán comprado un mechero. Cabe la posibilidad de que, incapaces de conseguir fuego debido a mi falta, hayan dejado de fumar.
Pero estoy satisfecho conmigo mismo: aunque no me haya comido un colín (para variar), he conseguido que algo relacionado con el Atleti sirva para algo.

56 Comments:

Blogger Javier Esteban Gayo said...

Yo trabajo rodeado de chicas despampanantes. Es más: el 70% de las plantilla de mi sección son mujeres despampanantes.

Te cambio el curro ;p

10 de enero de 2006, 14:11  
Blogger Juanma said...

Guardo gratísimos recuerdos de cuando empecé a currar en Alcalá de Henares, catalogando casetes en el depósito de la Biblioteca Nacional: cuando empecé allí, yo era el único chico, por doce chicas, algunas preciosas, todas encantadoras. Me mimaban y me querían, pero sobre todo me dejaban en paz mientras se dedicaban a matarse entre ellas.
:-)

10 de enero de 2006, 14:26  
Blogger Javier Esteban Gayo said...

Es que las alcalaínas son así de maravillosas, sí lo sabré yo, que crecí con un par de ellas en casa :D

(o sea, que no ha colao, no? :p)

10 de enero de 2006, 15:16  
Anonymous Pily B. said...

Vaya Juanma, qué historia. La próxima vez... ¡haz caso a tus compis y espabila, que ya sabes que con el no ya vas, y por lo menos no se te quedará ese cuerpo, hombre!

Ey, y aupa Atleti. ;-) (Aunque yo tengo el corazón partío desde que se fue mi Kiko :-( )

10 de enero de 2006, 15:32  
Blogger Juanma said...

¡Ahí está, una persona inteligente y del Atleti! :-)

Siempre nos quedará el equipo del doblete. Y Molina, Geli, Solozábal, Santi, Toni, Vizcaíno, Simeone, Caminero, Pantic, Kiko, Penev...

¡Ah! Y el cedé que me regalaron también tenía un trocito de la bandera del centenario. ;-P

Besillos, guapa. :-**

10 de enero de 2006, 15:40  
Anonymous menyique said...

Ya tienes el enlace... ahora haz lo que quieras... o debas :-P

10 de enero de 2006, 16:06  
Blogger Juanma said...

Mamóooon. XDDDDD

(Meñique me había pasado un enlace con la página web del negocio de marras y una foto en la que se ve a la rubita.)

:-D

10 de enero de 2006, 16:07  
Blogger Alfredo Álamo said...

Pero con un mechero del Atleti, ¿qué esperabas? pues eso... como mucho un empate en casa XD

10 de enero de 2006, 17:07  
Blogger Juanma said...

Ejque el de frutitas y tal no tenía glamour. :-P

Y tú tas escocido porque el domingo ni siquiera fuisteis capaces de ganar a once tipos que estaban que se cagaban por la pata abajo, literalmente. }:-D

10 de enero de 2006, 17:16  
Blogger Alfredo Álamo said...

Hombre, a mi el júrgol, como que me da igual, pero espero que no se esté usted refiriendo a que soy aficionado del Valencia CF que me sale la vena Levantinista y ya tenemos un altercado XD

10 de enero de 2006, 19:13  
Blogger Javier Esteban Gayo said...

Deberíais hacer como yo: no tengo ni idea ni de fútbol ni de mujeres, y aquí estoy, flotando feliz en la sabia vacuidad de la ignorancia taoísta, olvidado de los tibios asuntos mortales... mi conciencia se dispersa... floto hacia la luz... la luz... oigo voces que me llaman... eh?...¡¿Caroline?! ¿Quién coño es Caroline?

10 de enero de 2006, 19:15  
Blogger Álex Vidal said...

Pero con un mechero del Atleti, ¿qué esperabas? pues eso... como mucho un empate en casa XD

Sí, pero ya podía haber sido por penalti :p''

Espero que la próxima vez puedas decirle a quien sea que haga un café, ya sea en el despacho o, si fuma >:), en el pasillo. Si no, Meñique ya ideará alguna "triquiñuela" :D

10 de enero de 2006, 20:38  
Anonymous Kotinussa said...

Buenoooo, menos mal. Cuando lei el post anterior me quedé bastante preocupada, porque de tus listas de favoritos había muchísimas cosas que ni siquiera me sonaban. Así que pensé que a lo peor éramos habitantes de diferentes galaxias. Pero cuando me enterado de que llevas en la mochila un mechero del Atleti he pensado que la cosa no era tan grave. Yo no soy aficionada al fútbol, pero si hay algún equipo que me caiga simpático es ese, así que si yo llevara encima un mechero de algún equipo, sería del Atleti.

10 de enero de 2006, 21:14  
Anonymous Marieta la Traidora said...

Tú bien sabes del pseudocafé de 40 céntimos que llevo trasegando hace ya cuatro años.... pagaría por una de esas pastillicas de café tuyas... la puñetera máquina está en el pasillo mas helado de toda la empresa, en invierno nos congelamos mientras sale el vasito etc etc..... los tres ángeles de Charlie congelados, sí porque en mi empresa las chicas de las oficinas somos minoría, el resto de mis chicos encorbatados (snif) se mezclan con mis chicos de almacén (me encanta como les sienta esos pantalones multibolsillos...)
Y con esto y un bizcocho (mejor un miguelito de estas tierras) te dejo con mi queridísima Sweet Jane como banda sonora...buenas noches...

11 de enero de 2006, 2:11  
Anonymous Marieta la Traidora said...

Ah, y mejor no hablamos tú y yo de fútbol queridico mío...je je...yo siempre tiro pa lo blanco (aupa Alba).

11 de enero de 2006, 2:13  
Anonymous Marieta la Cansina said...

y recuerda q Santi es de mi barrio y Geli se hizo grande aquí :P

11 de enero de 2006, 2:16  
Anonymous Anónimo said...

...y Molina ídem de ídem....

11 de enero de 2006, 2:17  
Anonymous marieta otra vez said...

era yo

11 de enero de 2006, 2:18  
Blogger Juanma said...

Marieta la traidora: Vamos, que el Alba parece el filial del Atleti, talmente. XDDDDDD

Besitos, preciosa. :-****

11 de enero de 2006, 6:36  
Blogger Juanma said...

Marieta la traidora: Nunca se me había ocurrido pensar en ti como Ángel de Charlie, pero a partir de ahora veré a Cameron Díaz con otros ojos. :-D

No, ahora en serio: sabes que cuando vengas para acá siempre habrá un café de pastilla recién hecho, esperándote, y buena conversación y croissanes rellenos de cocholate.

(modo galguzo ON) Eso del miguelito suena muuuy interesante. :-) Otra asignatura pendiente que añadir al atascaburras. (/modo galguzo OFF)

11 de enero de 2006, 6:42  
Blogger Juanma said...

Alfredo: ¿Eres del Levante? Eso es lo mismo que ser del Atleti... ¡Hermanoooo! :-)))

11 de enero de 2006, 8:09  
Blogger Juanma said...

Kotinussa: No te preocupes si a veces no se me entiende, a veces los frikis hablamos de cosas muy raras y creo que no nos entendemos ni nosotros mismos.

Me hace mucha ilu que simpatices con el Atleti como concepto (otra cosa es cómo están jugando este año, que en fin). :-)

Besitos. :-**

11 de enero de 2006, 8:12  
Anonymous Anónimo said...

Pues yo soy una chica despampanente que trabaja rodeada de hombres maduros y los tengo a todos MUY contentos.
Por cierto, Juanmita, que a mí me gusta más el New York. Besoso.

11 de enero de 2006, 10:02  
Blogger Álex Vidal said...

Mmm... ¿Has comentado ya en tu bitácora cómo declaraste en la oficina que eras indio? :)

11 de enero de 2006, 10:07  
Blogger Juanma said...

Álex: No, pero esa historia tengo que contarla. :-)

Anónima: New York es otro peaso disco y me mola mucho, pero para mi gusto anda un puntito por debajo de Berlin y Transformer. (¿Escuchaste "The Kids"?) Pero vamos, que es su mejor disco de madurez y serenidad. The Raven lo escuché en tu casa y me pareció muy interesante, una recuperación con respecto a sus trabajos inmediatamente anteriores.

Besitos. :-***

11 de enero de 2006, 10:13  
Blogger Juanma said...

Anónima: Y sí, claro que despampanante. Y muchas cosas más, todas ellas positivas.
;-)
:-**

11 de enero de 2006, 10:16  
Anonymous Anónimo said...

Pues sí, escuché The kids, aunque ya la había escuchado antes. Pero no pude acabarla porque mi hijo entró en abierta competición con el disco a ver quien chillaba más y mejor, y claro ante semejante espiral de violencia acústica tuve que quitarlo y meter a mi hijo en la bañera (tranquilo, la cabeza no, aunque lo hubiera deseado).
Tengo que dejarte, voy a ver si proclamo la Primer República, pero volveré. Los maestros ociosos como yo, sólo tenemos tres horas de clase los miércoles.
Sé que en este momento me odias, verdad?
Besos

11 de enero de 2006, 10:24  
Blogger Juanma said...

Con todo el cariño del mundo, pero sí, digamos que un poquito sí que te odio. :-)

Jo, qué bonito: poder proclamar dos repúblicas y matar a Franco todos los años. :-))))

Ya me imaginaba que tu vástago iba a sumarse al coro de niños llorosos. ;-P

Besitos. :-****

11 de enero de 2006, 10:57  
Blogger Juanma said...

¡Hola, Rox! ¿Qué tal el viaje? ;-)

Besitos. :-**

11 de enero de 2006, 13:30  
Blogger Rox said...

jajaja muy bueno

11 de enero de 2006, 13:30  
Anonymous Anónimo said...

Heme aquí de nuevo. Game over por hoy. Sí es una suerte matar a Franco todos los años y todavía es más bonito si consideras que, desde que empieza septiembre, la meta que ilumina mi horizonte laboral es esa. Y es una meta poderosa, lo suficiente como para arrastrarme de vuelta después de dos meses de vacaciones (joder, como siga así qué pronto vas a dejar de quereme).
Por cierto, aunque no es este el capítulo, añadiré que te has dejado en el tintero unas cuantas enfermedades y taras. ¿O es que no recuerdas tu predilección obligada por el jabón de glicerina, eh? Y ya me voy, de verdad, porque sospecho que lejos de facilitar las cosas, cada vez las lío más.
Besos

11 de enero de 2006, 13:38  
Blogger Juanma said...

Anónima: ¡Oh, sí, mis alergias y picores! Qué gran tema para una sesión de anatomía emocional. :-)

Otras taras, igual no, que soy muy pudoroso. ;-P

Besitooooos. :-****

11 de enero de 2006, 13:51  
Anonymous Alicia said...

Quero dejar de ser anónima. Así que reivindico mi bonito nombre de Alicia

11 de enero de 2006, 14:23  
Blogger Juanma said...

Pos es una gran idea, porque tienes un nombre precioso y muy carrolliano y porque además ya eres de la familia.
:-)))

Aquí Alicia, aquí Javier, Pily, Meñique, Alfredo, Álex, Kotinussa, Marieta y Rox.

Besitos, guapa. :-***

11 de enero de 2006, 16:08  
Anonymous Yolanda said...

Pos yo todavía m'estoy riendo desde este mediodía! Que bueno, xato, te has superado!

Joer, Juanma, sabrás que Woody Allen va a rodar en Barcelona en el 2007, no? Pos ala, no te cortes y empieza a mandarle guiones que lo tuyo no tiene desperdicio, xDDDD

B7777

11 de enero de 2006, 20:20  
Blogger Juanma said...

¡Holas, Yol!

Pos me alegro de que te haya gustado. Además, tú conoces de primera mano algunas de las situaciones que cuento, por lo que supongo que lo habrás disfrutado doblemente. :-)

Síiii, estoy que lo flipo con lo de que Woody Allen va a venir a rodar a Barcelona. Él ya se basta y se sobra como guionista, pero qué sé yo, que si tú me apoyas, nos presentamos juntos a algún cásting para extras, ¿vale?

B77777s, cielo. :-****

11 de enero de 2006, 20:41  
Blogger Blackonion said...

El que no se queria abrir un blog....

Juanma, has sido elegido ;)

Pasate por aqui, anda.

http://blackonion.blogspot.com/2006_01_01_blackonion_archive.html#113701685357506531

11 de enero de 2006, 23:09  
Blogger Álex Vidal said...

Apuntadme al cásting!!!

11 de enero de 2006, 23:32  
Blogger Juanma said...

Blackonion: ¿Pero qué voy a responder, si coincidimos casi en todo? :-O Bueeenooo, vale, acepto el reto.

Álex: ¡Bien! Otro más pal cásting. :-)

12 de enero de 2006, 13:17  
Anonymous Felicidad said...

Me ha encantado la historieta, de verdad. Me he reído mucho.

Sólo comentarte unos detallitos. Las mujeres somos mu malas, partiendo de la base de que si además son monas saben que pueden "abusar de tu mechero" y luego perderlo de vista sin importarles tres pimientos.

Por otro lado, una tipa que trabaja 4 años contigo en el mismo edificio y sigue preguntándote a qué piso va o, realmente tiene memoria de pez, o espera que le digas algo; vamos, algún temita de conversación. Pero bueno, tampoco me hagas mucho caso, si eres de los que se cortan hasta para decir "qué buen día hace hoy". Mal, porque que yo recuerde, tienes una sonrisa encantadora que deberías aprender a utilizar.

Pero bueno, yo sólo era por comentar algo ;-P

13 de enero de 2006, 11:04  
Blogger Juanma said...

XDDD «Abusar de tu mechero y luego perderlo de vista». Qué gonita metáfora. XDDD

Jo, Felicidad, qué cosas más bonitas dices de mi sonrisa. Ya me has alegrao el día. :-)

Ná, lo de las vecinas de enfrente no requiere mayor explicación: son autistas y están encantadas de conocerse. Aparte de que, como dices, me corto hasta para mantener conversacions triviales de ascensor.

Me alegra mucho leerte por aquí, y que el textito te haya gustado.

Besitos, guapetona. :-****

13 de enero de 2006, 11:29  
Anonymous Felicidad said...

Y yo me alegro de alegrarte el día, jijiji...

Lo cierto es que desde que me dijeron que tenías blog me paso amenudo por aquí. Ya que es la única forma de saber algo de ti ;-P

A ver si la próxima vez que me pase por Barna nos vemos "señor ocupado en mil cosas".

Besotes

13 de enero de 2006, 12:14  
Blogger Juanma said...

Pos claro que sí, estaría muy bien. :-)

¿Cuándo vuelves?

Besitos. :-****

13 de enero de 2006, 15:26  
Anonymous Felicidad said...

Mmm... Ni zorra, hablando en plata.

En principio reanudo mis viajes en febrero, dentro de ná como aquel que dice. Ya te iré informando, supongo que a través de Juanma (Barranquero, obviamente)

Besotes

13 de enero de 2006, 16:56  
Anonymous yolanda said...

Hombre, y se punta Àlex! Con la de tiempo que hace que estáis deseando escribir algo a medias!

Ala, pues, se me vayan poniendo con lo del guión que luego habrá que traducirlo. Y el día del cásting me dejáis hablar a mi, que para entonces mi nivel de inglés va a ser la ostia, y yo le vendo la moto al pequeñajo como sea! :-*

14 de enero de 2006, 0:16  
Blogger Juanma said...

Felicidad: Si quieres desaparecer de Valencia durante las Fallas, haz como Alfredo y Raquel, que van a pasar esos días en Barcelona. Así montamos una kedadita, ¿no?

Besitos. :-***

14 de enero de 2006, 11:26  
Blogger Juanma said...

Yolanda: ¡Ahí está mi niña! ¡Ese es el espíritu! :-)))

Pos la próxima vez que nos veamos los tres hacemos tormenta de ideas. Como tenemos pendiente un Machiroku la semana que viene, pues aprovechamos.

Y vale, te dejamos a Woody Allen. Nosotros nos encargamos de Scarlett Johanson. XDDDD

14 de enero de 2006, 11:29  
Blogger Juanma said...

¡Ah! Y B77777s i bon cap de setmana.
:-***

14 de enero de 2006, 11:30  
Blogger Álex Vidal said...

¡¡¡Scarlett es míaaaa!!! ¡¡¡Yo la vi primero!!! (al menos, en el calendario del Fotogramas.

Felicidad, ¿eres de Valencia city? Te comento: yo soy de Cerdanyola, aunque vivo en Sentmenat; uséase, pasé de una población de 70.000 habitantes (con planes de crecer a 100.000 con el proyecto de un megabarrio que doblará la extensión urbana) a uno de apenas 6.000. Barcelona tiene unos 3 millones. Y te juro que arrancarle un «buenos días» a cualquier vecino de nuestro edificio de oficinas es más difícil que hacer que Losantos se afilie al PCE. (Sí, sé que Losantos fue una vez comunista; por eso, alguna vez, alguien saluda :) No sé si es lo habitual en las grandes ciudades, o es que nos ha tocado un edificio de gente más estirada que el tanga de Jennifer López. Espero que en Valencia no sea así :)

¿He oído Machiroku?

¿Hacemos algún día una maratón Woody Allen en mi casa (ya que Nuria no me va a dejar una El Señor de los Pardillos?

14 de enero de 2006, 21:19  
Anonymous Felicidad said...

Bueno, por partes, que eso de no tener internet en casa es un asco y sólo puedo entrar cuando me escaqueo de tanto en tanto de la faena del curro.

Juanma, carinyet, problemilla en fallas. Tengo el rol en vivo de Crónicas de Excalibur justamente en esas fechas, así que chun. Si, yo soy de los/las que llegadas esas fechas entrañables me piro lejos de Valencia como sea. Es un infierno y nunca mejor dicho.

Alex, sip, soy de Valencia capital. Hay de todo en la viña del señor. Mis vecinos de oficina son mu majos todos. Al principio un poco cortados y tal... aunque bueno, tal vez sea que yo soy muy persistente y creo que si tratas con amabilidad y una sonrisa a la gente, a la larga ellos hacen los mismo. Algo que, por el contrario, no me pasa con algunos vecinos de mi finca. Aunque lo entiendo. Eso de tener que pasarse todo el día con un rabo de escoba metido por el culo no debe de ser muy agradable. Vaya. Debería ser más comprensiva con ellos.

Besotes

17 de enero de 2006, 12:09  
Blogger Víctor M. Ánchel said...

Magnífica historia, tan interesante como bien contada. Aunque a mí, sea porque soy un tímido redomado, las sonrisas que me arranca son más de amargura que otra cosa.
De tipo tímido a tipo tímido, enhorabuena.

V.

17 de enero de 2006, 18:18  
Blogger Juanma said...

Felicidad: Bueno, pero que la próxima vez que vengas a Barna tenemos que vernos. :-) Anímate a asistir a la próxima hispacón, que tiene pinta de que va a ser en Córdoba.

Besitos. :-***

17 de enero de 2006, 19:36  
Blogger Juanma said...

Stonecraft: Muchas gracias (con un poco de corte. :-D )

17 de enero de 2006, 19:37  
Blogger Juanma said...

Stonecraft: Anda, pero si has hecho tu listado de cinco cosas cinco. :-) Mola. :-)

17 de enero de 2006, 19:39  
Blogger Víctor M. Ánchel said...

Sí que lo he hecho, sí: has creado un monstruo XD. Ya hemos caído Julián, Juaki, Fonzo Merelo y yo, y la cosa va en aumento...

17 de enero de 2006, 19:54  
Blogger Juanma said...

¿También ha picado Alfonso? Maaadre mía. Sabía lo tuyo, lo de Julián y lo de Juaki (¡hola!). Parece que sí, que he creado un monstruo muy friki y, espero, muy divertido. :-)

Voy corriendo a ver el blog de Alfonso.

Abrazotes.

17 de enero de 2006, 20:00  

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