sábado, 31 de diciembre de 2005

La ONU en casa

Ya sabéis (y, si no, os lo digo ahora) que vivo en un piso compartido. Toda una experiencia, que recomiendo vivir en un momento u otro de la existencia. En los últimos tres años de mi vida han desfilado compañeros de todas las nacionalidades y pelajes. Desde el principio nos mantenemos como elementos fijos, y contra viento y marea, Emmanuel (mexicano, de El Salto, Jalisco, la tierra del mariachi, el tequila y las mujeres hermosas) y yo (un madrileño del Atleti que vive a doscientos metros del Camp Nou). Además, por la casa hemos tenido compañeros catalanes (Aleix, Lluis, Jordi, Andrés y Eli), gallegos (Ricardo), portugueses (Rita), mexicanos (Adriana), colombianos (José Antonio), chilenos (Luis y Pamela), irlandeses (ni me preguntéis el nombre porque no llegué a saberlo: sólo los vi dos veces, aunque todos los escuchamos alguna que otra vez regresar a casa borrachos perdidos), ingleses (Ben y los Conejos: Abigail y su chico, que no recuerdo cómo se llamaba) e incluso una iguana y una tortuga. Además, hemos tenido invitados, refugiados políticos, transeúntes, rollitos de una noche o un rato, borrachos obligados a quedarse en casa porque no podían ni plantearse salir a la calle y, en resumen, personas que se quedaron a pernoctar de las más diversas procedencias: Catalunya, Valencia, Madrid, Vallekas, Galicia, Castilla-León, Castilla-La Mancha, Andalucía, Aragón, Portugal, Brasil, Venezuela, Argentina, Suiza, Francia, México, Estados Unidos, Holanda, Suiza, Perú... (Y aquí no daré nombres, por no desvelar pistas incriminatorias: ¡Discreción!)
También está la gente que ha subido a casa en algún momento, en cualquiera de los tres pisitos en los que hemos vivido: el de la calle Valencia, el de la Avenida de Madrid y el de la calle Arizala. Resultaría completamente imposible a estas alturas, después de tres años, citar a todos y cada uno de los invitados a nuestras fiestas, cenas o simples cafelitos en cualquiera de nuestras tres casas. Pero, para que os hagais una idea, voy a intentar ser lo más aproximado posible. (Obviamente, no cuento a nuestros caseros ni a las simpáticas agentes inmobiliarias que nos han facilitado o intentado dificultar la vivienda, porque, si vamos a eso, habría que incluir también a la portera, el presidente de esta nuestra comunidad, el transportista de Ikea y hasta el técnico de Gas Natural.) (Tampoco voy a contar a los que subieron a ver alguna habitación y no se la quedaron, porque también hay de todo, incluso un chino-gerundense.) Pista, que voy:
Catalanes. Ciento y la madre.
Por parte de Aleix: sus padres, Romà, Vanesa, Marc Ortiz, Ana, Carlets, Clara, sus siete amigas de La Sénia...
Por parte de Jordi: él mismo y un par de compis de curro y facultad.
Por parte de Andrés y Eli: incontables amigos en la fiesta de cumpleaños de Eli; por lo menos veinte.
Por parte de Rita: Toni, Marc, David y dos o tres más.
Por parte de Ricardo: sus dos amigos de Mataró.
Por parte de Adriana: el novio de Ute.
Por parte de Lluis: sus dos hermanas.
Por parte de Emmanuel: bastantes compañeros de doctorado, cerca de una docena, Noemí, Carme y Noemi.
Por mi parte: Yolanda, Álex, Núria, Marta, Humberto, Iolanda, José, Pau, Zita y Marina. (Pues sí que son pocos, ahora que lo pienso.)
Gallegos. Por parte de Ricardo: su madre, su hermana y un par de amigos.
Valencianos. Por parte de Aleix: David.
Castellano-leoneses. Montse e Iván.
Castellano-manchegos. Faraldo.
Andaluces. Luis.
Aragoneses. La amiga de Montse. Dos o tres amigos de Andrés y Eli.
Madrileños. Isa, David, Manolo, Miriam, Fernando Ángel, Javi, Ángel, Iván y Susana. Estos son todos míos.
Portugueses. Rita, Cristina, Sandrita, Inés, Sofía, Duarte, Mario, Ana, Claudia, otra Claudia y Paulo. ¿Sólo estos? No, no puede ser, tiene que haber habido más. O eso, o nuestros portugueses han cundido como si fueran docenas.
Franceses. Ha habido un par de francesas, pero no recuerdo sus nombres. Excusez-moi.
Belgas. Geraldine y tres amigos suyos.
Alemanes. Gerrit. Dos amigos de Gerrit. Ute.
Holandeses. Enric. Un par de amigos de Andrés y Eli.
Ingleses. Alguno ha habido. Aparte, Ben y los Conejos.
Irlandeses. Nuestros dos simpáticos compis de piso de la calle Valencia.
Polacos. Joanna.
Italianos. Alguno hubo, pero ahora no recuerdo.
Suizos. Un par de amigos de Ricardo. Creo recordar. ¿O eran belgas? Bueno, y la amiga de Rita que vivía en Suiza; pero era peruana.
Chinos. Hao.
Australianos. Greg.
Estadounidenses. Jason y alguno más.
Argentinos. Orlando y su chica. Agustina. Un amigo de Adriana.
Chilenos. Luis y Pamela. Ani. Juan.
Peruanos. Ricardo y su chica. Ceci. La amiga de Rita.
Bolivianos. Carlos y otro cuyo nombre no quiero recordar (y, además, no recuerdo: Janderjarrrl, o algo así).
Colombianos. Patrick, Bibi, José Antonio, Carlos, Liliana y alguno más.
Cubanos. Un par de amigos de Ricardo.
Guatemaltecos. Shane.
Brasileños. Marcelo, Aline, Deborah y Adriana.
Venezolanos. Lily (a quien deberíamos contar como miembro de la casa, digo yo), Mariela, Nancy, Maricela, Mario, Adolfo, Roselia, Ronald, Carlitos, Juan, Jose, su chica, Nando, Lourdes y un par más.
Mexicanos. ¡Uf! Emmanuel, Wendy, Amalia, Chava, Delia, Ofelia, su compañero de El Salto, Aldana, sus tres amigos y primos, Tomás, José, Ray, Ericka, Norberto, Aurora, Ricardo Flores, Vicky, Arturo, cinco o seis primos más de Ray (menos Jordi, que figura en la nómina de catalanes), Adrian, Rodri, Bere, Rossy, Reyna, Paola, Carlitros, Israel, Rodri, Bere, Karina y unos cuantos más.
De filiación y nacionalidad dudosas: Iguana y Tortuga. Dejémoslo en que eran reptiles. ¿Habéis visto alguna vez una tortuga intentando montar una iguana? Es fascinante. (Este era el detalle pornográfico de la anotación de hoy.)
Y mucha más gente, a la que no reconocería ni bajo tortura, o que han estado por casa sin que los haya visto, bien porque yo no estuviera en casa en aquel momento, bien porque fuera o estuviera tan ciego que no los hubiera visto ni aunque los tuviera delante. Acabo de ver algunas fotos de nuestros saraos y hay gente a la que no reconozco. Igual hay alguna foto mía o de nuestra casa en un blog de cualquier parte del mundo, y yo sin enterarme.
Sí, sí, podéis molestaros en echar cuentas, como he hecho yo: me salen, censados, ubicados y con la certeza de que se han pasado por casa, más de doscientas personas, de veinticuatro nacionalidades distintas. (Veinticinco, si contamos a los catalanes.)
Para que luego me vengan a enseñar lo que es la globalización. Que se pasen por una de nuestras fiestas, no te jode...
Feliz año y todo eso. Y cuidadín con las uvas, que son muy traicioneras.

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2 Comments:

Anonymous Kotinussa said...

¿Qué te puedo decir? Evidentemente tú disfrutas compartiendo tu casa con gente. Yo, sin embargo, prefiero vivir sola y buscar a la gente cuando me apetece, y no tenerla al lado siempre, tengas ganas o no.

Por otra parte, tiene que ser muy difícil dar con alguien compatible, y hasta llegar a eso uno debe verse obligado a soportar a una serie de personas a quien preferirías no haber conocido ¿no?

Porque el que una persona te caiga bien (incluso que te parezca estupenda) no implica que sea agradable vivir con ella. Hasta que no se convive no se sabe verdaderamente de qué va esa persona.

31 de diciembre de 2005, 22:59  
Blogger Juanma said...

Kotinussa: Como todo en esta vida, son momentos; ahora vivo en comuna, más tarde me plantearé vivir solo o en pareja, dependiendo de lo que vaya sucediendo conforme pasa el tiempo y la vida vaya dando vueltas. La convivencia, ya sea con otra persona, con uno mismo o con la ONU al completo, siempre es difícil, pero se consigue aprender cosas muy interesantes acerca de los demás y, sobre todo, de uno mismo.

Cuantísima razón tienes con lo de que hasta que no vives con alguien no sabes realmente cómo es. La de sorpresas que se lleva uno. Pero también te puedes llevar sorpresas agradables. :-)

1 de enero de 2006, 21:00  

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