martes, 24 de enero de 2006

AZAR Y ORDEN (Segunda parte)

Y aquí está la segunda parte de la conferencia. En vez de entrar en análisis profundos, me pareció más útil contar argumentos y leer fragmentos significativos de las obras más destacables. De hecho, esto es una guía de lectura para iniciar a los lectores profanos en la lectura de Stanislaw Lem. Aquí está la criatura:


CRONOLOGÍA DE LA OBRA DE LEM

En cuanto a su obra, Lem habla de tres etapas.

ETAPA FORMATIVA

Lem abomina de casi todos sus primeros escritos (“En el primer período de mi carrera escribí cosas puramente secundarias”). Metido en la escritura por puro azar, para ayudar económicamente a sus padres, publica relatos de misterio y poemas en un semanario católico de Cracovia. También publica Hombres de Marte (1946) en una revista juvenil. Los astronautas (1951) retrata la colonización de un Venus utópico desde unas premisas muy ingenuas. El progreso social y el tecnológico lo dominan todo. Prefiere olvidar otra novela de ciencia ficción, La nebulosa de Magallanes (1955). Sin embargo, se muestra más indulgente con una novela realista, El hospital de la transfiguración (1948), en la que relata la lucha del personal de una clínica de enfermos mentales de la Polonia ocupada para que las fuerzas de ocupación nazis no los asesinaran. Ninguna de estas obras está traducida al castellano, por lo que sólo podemos conocerlas a partir de referencias.

ETAPA INTERMEDIA

Abarca la segunda mitad de los años cincuenta y toda la década de los sesenta. Lem lo presenta como un período en el que escribe ficciones sin preocuparse por la existencia de ningún tipo de continuidad entre los mundos imaginarios que describe y nuestro mundo real.
Según Lem:

En el segundo período alcancé los confines de un campo que en conjunto ya estaba casi totalmente explorado.
(“Azar y orden”, en Gigamesh núm. 2, pág. 45)

Podemos agrupar las obras pertenecientes a este período en los siguientes bloques temáticos:

1. Novelas sobre el extrañamiento alienígena

Con esto me refiero a las novelas que abordan los límites del conocimiento humano y el carácter incognoscible de mentalidades alienígenas.

Edén (1959)
Una nave efectúa un aterrizaje forzoso en un planeta, al que los tripulantes denominan Edén. Los miembros de la tripulación son un ingeniero, un físico, un químico, un cibernético, un médico y el coordinador. Todos ellos fracasan en su intento de entender la civilización que se encuentran en Edén. Es una novela primeriza, cuyo mayor valor es servir de precedente a Solaris.

Solaris (1961)
Sin duda, la obra maestra de Lem, la mejor novela no anglosajona de ciencia ficción y uno de los libros más valientes y extremos jamás publicados, sin distinción de género literario. Explora hasta el límite el conocimiento humano y la posibilidad de comunicarse con entes extraterrestres.
Kris Kelvin es un psicólogo especializado en estudiar el planeta Solaris, un inmenso océano de una sustancia coloidal que orbita en torno a una estrella doble. Solaris está considerado como un océano viviente: produce figuras vegetales, humanas o herramientas, a las que se ha bautizado con nombres sonoros y sugerentes: “mimoides”, “fungoides”, “simetríadas” o “asimetríadas”. Estas figuras parecen provenir directamente del subconsciente humano, motivo por el que los estudiosos de la disciplina científica llamada solarística discrepan. Una corriente defiende la posibilidad de que Solaris sea un ser inteligente que trata de comunicarse con nosotros, aunque prefiere un retiro ascético (teoría yogui) y otra asegura que Solaris no tiene el menor interés en trabar contacto con la humanidad (teoría autista).
Sobre el planeta Solaris orbita la estación espacial donde se desarrolla la trama. Cuando llega Kelvin, ninguno de los tres miembros de la tripulación está donde debiera: Gibarian acaba de fallecer, Snaut lo acoge con escepticismo, como si se tratase de un ser irreal y Sartorius permanece encerrado en sus dependencias.
Kelvin no tarda en recibir “visitas”. Una mañana despierta y se encuentra con Harey, su antigua novia, que se había suicidado diez años antes. No se trata de un sueño: es ella en realidad, pero sabe detalles de la vida de Kelvin posterior a su suicidio. Se deshace de ella lanzándola al espacio en una nave auxiliar. Pero ella reaparcece al día siguiente. Es real y piensa por sí misma. Kelvin cree que es una emisión del planeta Solaris; ella, por su parte, sufre al ser consciente de que es una imitación de la Harey real. Esto convierte Solaris en una conmovedora historia de amor en un tiempo de “milagros crueles”, a la vez que la novela mejor escrita del autor.

Yo no entendía. Desde que había entrado en la niebla no veía el sol; sólo un resplandor rojizo. Continué volando, con la esperanza de desembocar al fin en uno de esos embudos, y eso fue lo que ocurrió, al cabo de media hora. Me encontré pues en otro “pozo”, un cilindro casi perfecto, de varios centenares de metros de diámetro. La pared del cilindro era un gigantesco torbellino de niebla que se elevaba en espiral. Me esforcé por permanecer en el centro del “pozo”, donde el viento era menos violento. Advertí entonces un cambio en la superficie del mar. Las olas habían desaparecido casi del todo y la capa superior de ese fluido –lo que compone el océano- era ahora transparente, con estelas confusas aquí y allá, que se disipaban; al poco tiempo volvió a hacerse la luz. Alcanza ba a ver claramente hasta una profundidad de varios metros. Veía una especie de ciénaga, de légamo amarillo, que proyectaba filamentos verticales. Cuando esos filamentos afloraban a la superficie tenían un resplandor vidrioso y empezaban luego a desprender espuma, y por último esa espuma se coagulaba; se hubiera dicho un almíbar espeso. Aquellos filamentos viscosos se mezclaban, se entrelazaban; protuberancias turgentes cruzaban por encima del océano y adquirían poco a poco distintas formas. Noté de pronto que mi aparato se desviaba hacia el muro de niebla; tuve entonces que maniobrar a contraviento, y cuando pude mirar de nuevo hacia abajo, vi algo que me recordó un jardí. Sí, un jardín. Árboles, setos, senderos; pero no era un verdadero jardín; todo estaba hecho de esa misma sustancia, que ahora se había solidificado del todo y parecía yeso amarillo. Bajo el jardín brillaba el océano. Descendí todo lo que pude. Quería mirar de cerca ese jardín.
(Solaris, pág. 89)

El Invencible (1964)
Con esta novela, Lem intenta ir un paso más allá de Solaris, aunque sin tanto éxito. Es una novela brillante, uno de sus mejores trabajos, pero tal vez demasiado lastrada por el hecho de haber sido publicada a continuación de Solaris. La nave Invencible llega a un planeta para encontrar los restos de una expedición anterior, la de la nave Cóndor. Ven cosas que no son capaces de entender: una ciudad imposible y unas formas de vida alienígenas completamente incognoscible con las que resulta imposible intentar comunicarse; ni siquiera se podría asegurar que sean seres vivos, ya que su química no se sustenta en el carbono. Lem explora hasta el límite la idea de imposibilidad de establecer contacto con seres alienígenas.

La voz de su amo (1968)
Para entender esta novela, tenemos que explicar el concepto de ciencia ficción “dura” o hard. Utilizamos este término para referirnos a las obras de ciencia ficción que explotan todas las posibilidades e implicaciones de una teoría científica conocida o por conocer. La voz de su amo se nos presenta, pues, como una novela sobre científicos escrita por un científico. El elemento hard de la novela es la aparición de un mensaje extraterrestre y las dificultades que entraña su interpretación.

Fiasco (1986)
Lem cierra varias líneas temáticas en esta novela, uno de sus trabajos más logrados. Pese a que cronológicamente habría que encuadrarla en la última etapa, la incluyo aquí por motivos temáticos. Para lo que nos interesa en este apartado, Fiasco supone la asunción por parte de Lem de que es imposible establecer cualquier intento de comunicación con seres extraterrestres. No es casualidad que sea su última novela de ciencia ficción: Lem ya no puede ir más allá con las herramientas de que dispone el género.

2. Novelas sobre el extrañamiento humano

Del mismo modo que había dejado clara la imposibilidad de comprender a los alienígenas, Lem intenta demostrar que también carecemos de parámetros para enjuiciar a los seres humanos. Para ello se vale de un recurso común: presentar a personas arrancadas de su entorno habitual, bien por haber regresado de un largo viaje espacial, bien por haber despertado de una hibernación centenaria. La premisa de Lem es que, arrancados de nuestro entorno cultural, somos incapaces de reconocer incluso a nuestros semejantes.

Retorno de las estrellas (1961)
Hal Bregg, superviviente de la expedición de la nave Prometeo, regresa a la Tierra más de un siglo después de su partida, aunque por efecto del desfase temporal sólo ha envejecido diez años. Sin embargo, no reconoce el planeta al que ha regresado. El concepto de betrización y las relaciones humanas nos producen un desasosiego mayor que si nos halláramos ante una sociedad extraterrestre. La humanidad ha sido condicionada para no ejercer la violencia, lo que crea una paradoja típica del subgénero distópico: para los habitantes del mundo retratado, la situación es una verdadera utopía en la que reina la felicidad, mientras que a los ojos del visitante nos hallamos ante una situación terrorífica. Bregg es incapaz de relacionarse con otros seres humanos. Sólo es capaz de entenderse con los robots. La sexualidad tal como la entienden los humanos de la época a la que ha llegado es aberrante para Bregg; de hecho, algunos momentos de su “noviazgo” con Eri parecen extraídos de la huida de Humbert Humbert con la nínfula Lolita en la inmortal novela de Vladimir Nabokov.

Memorias encontradas en una bañera (1961)
Novela kafkiana (tiene ecos de El castillo), a la vez que sátira hilarante de la sociedad capitalista. Una epidemia ha acabado con el papel. La civilización tal como la conocemos está llegando a su fin. Milenios después se descubre un manuscrito que se había depositado en las dependencias de la sede subterránea del Pentágono, en las montañas Rocosas. Lem ridiculiza las sociedad occidental, y en concreto la estadounidense, así como las herramientas de análisis lingüístico, en un diálogo tan surrealista como el siguiente:

-Usted ha dicho que todo era cifrado. Supongo que era una metáfora.
-No.
-¿O sea, que cada texto…?
-Así es.
-¿Y un texto literario?
-También. Acérquese, por favor.
Nos dirigimos hacia una puertecita. Prandtl la abrió, enseñándome no una habitación, como esperaba ver tras ella, sino un aplaca de color oscuro con un pequeño teclado, ajustado al marco de la puerta, con una rendija bordeada de níquel en el centro; asomaba a ella, como una lengua de serpiente, la punta de una cinta de papel.
-Dígame un párrafo de una obra literaria –me pidió Prandtl.
-¿Puede ser de… Shakespeare?
-Lo que usted quiera.
-¿Afirma usted que sus dramas son una colección de telegramas cifrados?
-Depende de lo que usted entienda por telegrama. ¿Y si hiciéramos sencillamente una prueba? Diga algo.
(…)
-¡Ya lo tengo! –dije de pronto, levantando los ojos-. “Ni cien palabras mi oído ha bebido de tu boca, pero conozco tu voz. ¿Eres Romeo? ¡Habla!”
-Muy bien.
El capitán pulsó rápidamente las teclas, grabando el párrafo. De la rendija emergió balanceándose una serpiente de papel. Prandtl la cogió con cuidado y me la entregó. La sostuve entre los dedos, esperando; la cinta surgía de la rendija, centímetro tras centímetro. Tensándola ligeramente, sentí la vibración interior del mecanismo que la empujaba. De repente dejé de notar el temblor tenue, transmitido por la cinta. La máquina no imprimía más palabras. Me puse a leer el texto impreso.
“Ca na lla Mat hews Ca na lla bra zos y piernas le ma cha ca ría con goce celestial Mat hews hijo de cer da Mat hews Math.”
-¡¿Pero, qué es esto?! –exclamé, indignado. El capitán meneó la cabeza.
-Supongo que Shakespeare, mientras escribía esta escena, estaba animado por sentimientos poco amistosos hacia el individuo llamado Mathews, y los puso en cifrado en el texto del drama.
-¡Vaya, hombre! ¡Jamás me hará creer esa historia! En otras palabras, ¿metió adrede en este maravilloso diálogo lírico unas palabrotas de bajos fondos dirigidas a un tal Mathews?
-¿Y quién le dice que lo ha hecho adrede? Un cifrado es un cifrado, sin que se tenga que tomar en cuenta las intenciones del autor.
-¿Me permite? –pregunté. Me acerqué a la placa y yo mismo tecleé el texto ya descifrado. La cinta empezó a salir retorciéndose en espirales. Vislumbré una sonrisita singular en los labios de Prandtl, quien, sin embargo, no hizo comentario alguno.
“Si me diera olé olé si me olé diera eh eh eh si diera ay si ay diera ay me diera”, decían las bien impresas letras de la cinta.
-¿Y esto a qué viene? ¿Qué significa?
-Es el estrato subyacente. ¿No lo había previsto? Hemos penetrado en una capa más profunda todavía de un inglés del siglo XVII. Eso es todo.
-¡No puede ser! –exclamé-. ¡Así que este maravilloso poema no es más que una funda en cuyo interior pululan unas cerdas, olés y ayes! ¡¿Y si usted pone en su máquina los más nobles monumentos de la literatura, las más elevadas obras del genio humano, poemas inmortales, sagas, obtendrá balbuceos inarticulados?!
-Es que SON balbulceos –contestó friamente el capitán.
(Memorias encontradas en una bañera, págs. 77-79)

Congreso de futurología (1971)
En puridad, pertenece al ciclo de Ijon Tichy, pero la incluimos en este apartado. Tichy asiste a un congreso de futurología en la república bananera de Costarricania. Se produce un bombardeo de sustancias psicotrópicas, que da pie a una serie de alucinaciones. A través de las percepciones alteradas de Tichy vemos lugares oscuros de nuestro mundo desde una perspectiva distanciada.

3. Novelas de misterio irresoluble

Lem vuelve a su leitmotiv: somos incapaces de resolver ciertos enigmas utilizando enfoques tradicionales.

La investigación (1959)
Varios cadáveres desaparecen o aparecen en diferentes posturas en unos tanatorios de Inglaterra. No parece haber móvil, motivo ni crimen, con lo que las convenciones de la novela de procedimiento policíaco no parecen aplicables. Los inspectores Farquart y Gregory, asistidos por el doctor Sciss y el superintendente Sheppard, no parecen dar con ninguna explicación válida. Hay estadísticas que asocian la zona en que aparecen los cadáveres manipulados con la incidencia de ciertos tipos de cáncer, pero no parece una pista fiable ni indicativa. Se llegan a sugerir hipótesis sobrenaturales, como que los cadáveres hayan resucitado brevemente. Una a una, caen otras teorías más razonables, como que se trate de casos de necrofilia, la presencia de un psicópata en la zona o que los responsables sean forenses de los tanatorios. Se llega a afirmar lo siguiente:

Hay en esta serie una perfección matemática que podría sugerir que nuestro problema no existe.
(La investigación, pág. 59)

Después de La investigación, resulta harto difícil escribir novela de misterio. Es un callejón salida, por cuanto que viene a negar radicalmente la validez de las novelas de prcedimiento policíaco.

La fiebre del heno (1976)
Lem retoma el esquema de la novela anterior, aunque con resultados más mediocres. Un astronauta recibe la misión de investigar tres muertes que se han producido en un balneario italiano. Tampoco parece haber crimen, ni móvil ni motivo. En teoría, son suicidios.

4. Cuentos de robots

Homenaje explícito a Italo Calvino y su serie protagonizada por Qfwfq (Las cosmicómicas y Tiempo cero), las aventuras de los robots Trurl y Clapaucio son deliciosas, y han inspirado a autores como Douglas Adams (Guía del autoestopista galáctico), a la vez que proponen un paradigma de los relatos de temática robótica muy apartado del de los relatos al uso: Lem intenta hacer sátira social. Trurl y Clapaucio son humanos, muy humanos. La serie cuenta además con exquisitas ilustraciones del propio Lem; pero sólo en su edición en Bruguera, no en la recién aparecida en Alianza. Se agrupan en dos volúmenes, Fábulas de robots (1964) y Ciberíada (1966).

5. Relatos del piloto Pirx

Aparecen en Relatos del piloto Pirx y Más relatos del piloto Pirx (1968). Narradas en un tono más serio que las aventuras de Ijon Tichy, las historias del piloto Pirx contienen algunos de los relatos más perfectos e implacables de Lem. Se trata de obras de madurez, con momentos culminantes como “Terminus”, “Albatros” o “El proceso”. Posteriormente, Pirx reaparece en Fiasco, la última novela de ciencia ficción de Lem, en la que el autor recapitula sobre prácticamente todos sus temas recurrentes. Con respecto a esta última, Lem juega sucio con el lector, en una última pirueta conducente a demostrar la inutilidad de las reglas del método científico e incluso las reglas de la narración clásica. Sabemos que Pirx es uno de los protagonistas de la primera parte de la novela, pero llegado el final nos quedamos con la duda: ¿es realmente el protagonista de la novela?

6. Ijon Tichy o la sátira

Aquí tenemos otra de las obras cumbre de Lem: los Diarios de las estrellas. Las andanzas del piloto Ijon Tichy y su amigo el profesor Tarantoga nos remiten directamente a la sátira social de Voltaire y Jonathan Swift. De este modo, Ijon Tichy se convierte en un Samuel Gulliver del espacio, que ha influido en obras posteriores como los cómics de Goomer, de Ricardo y Nacho, Érase una vez en el futuro, de Carlos Giménez o la serie Futurama, uno de cuyos capítulos es un homenaje explícito (por decirlo fino) al “Viaje undécimo”. Tichy se infiltra en un planeta de robots. Tiene que disfrazarse de robot, aunque debe andarse con cuidado, pues los “viscosones” (epíteto despectivo para referirse a los seres humanos de carne y hueso) están mal vistos por los robots. El final es obvio, para cualquiera que haya visto el episodio de Futurama o haya leído El hombre que fue Jueves, de G.K. Chesterton.
No es el único ejemplo de humor desbordante que ofrece esta obra. El principio del “Viaje octavo” es hilarante:

Era delegado de la Tierra en la Organización de Planetas Unidos o, más estrictamente, candidato, aunque eso tampoco es exacto, ya que no era mi candidatura, sino la de toda la Humanidad, la que tenía que ser examinada por la Asamblea Planetaria.
En mi vida había tenido tanto miedo. La lengua, reseca, me golpeaba los dientes como un trozo de madera y, mientras caminaba por la alfombra roja, extendida desde el astrobús, no sabía si era ella la que cedía tan blandamente bajo mi peso o mis rodillas. Preveía la necesidad de pronunciar un discurso, pero mi garganta, endurecida por la emoción, no hubiera dejado pasar una sola palabra. Al ver, pues, una máquina grande y reluciente con una barra cromada y pequeñas rendijas para las monedas, eché sin tardar una, poniendo bajo el grifo un cubilete de termo que tuve el acierto de traerme. Fue el primer incidente diplomático interplanetario de la Humanidad en la arena galáctica, ya que el supuesto aparato automático de refrescos resultó ser el vicepresidente de la delegación tarracana vestido de gala. Por fortuna, los tarracanos eran precisamente quienes recomendaron nuestra candidatura a la Asamblea; lo lamentable fue que yo ignoraba este hecho en aquel momento. El insigne diplomático escupió sobre mis zapatos, lo que interpreté, erróneamente, como un mal presagio; digo erróneamente, puesto que era solamente la secreción perfumada de las glándulas de saludo.
(Diarios de las estrellas, págs. 38-39)

Por no hablar del “Viaje séptimo”, uno de los mejores relatos humorísticos de ciencia ficción de todos los tiempos, al nivel de Robert Sheckley o Fredric Brown.
Las narraciones de que consta el ciclo de Ijon Tichy son Diarios de las estrellas (1971, divididas en dos tomos en las ediciones de Bruguera, pero en uno solo en las de Edhasa y Alianza), Congreso de futurología (1971) y Regreso a Entia (1982), una novela bastante menor dentro de la trayectoria del autor.

TERCERA ETAPA

Lem la denomina “etapa de acercamiento al realismo en la ciencia ficción”. Según el autor: “Dejé los terrenos ya explotados y me adentré en un terreno nuevo”. Lem continúa con su exploración de los límites del conocimiento humano y termina llegando a la conclusión de que los métodos de análisis tradicionales, que ha llevado hasta sus últimas consecuencias en obras como Solaris o La investigación, carecen de validez. Por ello, Lem se plantea una vía nueva: los ensayos sobre libros inexistentes. Esta etapa empieza con la década de los setenta y dura hasta la actualidad. Las obras más destacables son:

Vacío perfecto (1971)
Homenaje a Jorge Luis Borges y relatos como “Pierre Menard, autor del Quijote”, Vacío perfecto es una recopilación de reseñas de libros inexistentes, uno de los cuales es el propio Vacío perfecto. Lem arremete contra todas sus influencias literarias y vitales, en un intento de conjurarlas. La burla alcanza a James Joyce, Daniel Defoe y el propio Lem. El (falso) libro titulado De Imposibilitate Vitae es en realidad una extrapolación realizada a partir de la vida de su padre y su azaroso paso por la Europa sumida en la Primera Guerra Mundial: Lem está hablando de sí mismo. Posteriormente escribiría una novela autobiográfica, El castillo (1975), que también permanece inédita en castellano.

Un valor imaginario (1973)
Lem va un paso más allá. Si Vacío perfecto era una colección de reseñas de libros inexistentes, Un valor imaginario contiene prólogos de libros que todavía no han sido escritos. El epígrafe titulado Golem XIV apareció posteriormente como libro de manera independiente.

Provocación (1984)
Es el último libro de Lem aparecido en España. Contiene sendos ensayos sobre dos libros inexistentes: El genocidio, de Horst Aspernicus, y Un minuto humano, de J. Johnson y S. Johnson.
El genocidio es en realidad un ensayo de más de cien páginas en el que Lem analiza de una manera implacable las raíces y motivaciones del Holocausto judío, que él mismo estuvo a punto de sufrir. Recurre al subterfugio de presentar este ensayo como la reseña de una obra monumental en dos volúmenes (La solución final como forma de redención y Muerte en cuerpo extraño). Mi amigo Julián Díez sostiene que Lem tuvo miedo de escribir El genocidio y se conformó con realizar esta reseña que, insisto, es implacable e imprescindible. En sus páginas podemos leer reflexiones como las siguientes:

Lo que los alemanes hacían en la Europa occidental a escala local, en secreto, de modo esporádico y lentamente, lo emprendían en el Este a escala creciente, con brusquedad, de forma más evidente y cada vez con menos reparos, empezando por las fronteras del General Gouverment, esto es, las tierras polacas anexionadas por los alemanes durante el tercer reparto de Polonia. Cuanto más al este, más claramente el genocidio pasaba a ser una normativa de aplicación inmediata: a menudo mataban a los judíos en sus casas, sin aislarlos en guetos ni trasladarlos a los campos de exterminio. El autor opina que esa disparidad demuestra la hipocresía de los genocidas, que se sentían incómodos para hacer en el Oeste lo que hacían en el Este, donde ya ni se preocupaban de guardar las apariencias.
En su origen, el programa de “la solución final de la cuestión judía” escondía distintas variantes que representaban diferentes grados de crueldad, aunque todas con idéntico final. Aspernicus sostiene, y con razón, que era factible la variante no sanguinaria, militar y económicamente más provechosa para el Tercer Reich: separación de sexos y aislamiento en guetos o campos. Si los alemanes, al escoger su conducta, no tomaron en consideración los factores éticos, deberían haber considerado al menos el factor de beneficio propio que sin duda implicaba esta variante, puesto que dejaría libres una gran parte de los trenes (los cuales trasladaban a los judíos de los guetos a los campos de exterminio) para necesidades militares, reduciendo el número de tropas dedicadas al exterminio (porque la vigilancia de los guetos exigiría menos fuerzas) y aliviando también la industria destinada a la producción de crematorios, trituradoras de huesos humanos, gas
Zyklon y otros utensilios genocidas. Los judíos segregados se hubieran extinguido en cuarenta años, como mucho, teniendo en cuenta el ritmo al que desaparecía la gente de los guetos a causa del hambre, las enfermedades y el agotamiento causado por los trabajos forzados. El ritmo de este genocidio indirecto era conocido por la plana mayor del Endlösung a principios del año 1942, y cuando se optó por la decisión definitiva, la plana mayor podía contar aún con una victoria alemana. No había, pues, ningún factor a favor de la solución sanguinaria, aparte de la propia voluntad de matar.
(Provocación, págs. 28-30)

El bien nunca se sirve del mal en sus razonamientos, pero el mal siempre usa parte del bien para convencer. Por eso, en los proyectos de las grandes utopías no faltan datos concretos, por eso en la de Fourier se puede encontrar descripciones detalladas sobre la organización de los falansterios, pero en los escritos del nazismo radical no hay ninguna mención a la organización de los campos de exterminio, las cámaras de gas, los crematorios, los hornos, las trituradoras de huesos, el gas Zyklon o el fenol. En principio, el crimen no era imprescindible, constantan los que quieren tranquilizar, hoy en día, a los alemanes y al mundo con esos libros que explican cómo Hitler no sabía, no veía, no quería, no tenía tiempo de ocuparse de, se le olvidó, fue malentendido, se le escapó, descuidó, que por su cabeza pasaba todo lo que se quiera, cualquier cosa salvo el asesinato.
(Provocación, págs. 55-56)

Pero hasta la ficción se le queda corta a Lem. En vista de que no puede ir más allá con los mecanismos tradicionales de análisis de la realidad (primera y segunda etapas) ni con la metaliteratura (tercera etapa), en 1975 publica una novela autobiográfica, El castillo, inédita en castellano. Al mismo tiempo, se vuelca con el ensayo, que ya había acometido en trabajos como Diálogos (1957) y Summa Technologiae (1964). Produce Biología y valores (1968), Ciencia ficción y futurología (1970) y Microworlds (1984), entre otras. También están inéditas en castellano, excepto los dos ensayos de Microworlds aparecidos respectivamente en los números 2 y 7 de la revista Gigamesh: “Azar y orden” y “Philip K. Dick: Un visionario entre charlatanes”.

LEM AUDIOVISUAL

Quisiera finalizar esta conferencia con un breve apartado dedicado a su relación con el cine, la television e incluso el teatro: en el número 2 de revista Nueva Dimensión pudimos leer una obra teatral suya, “¿Existe verdaderamente Mr. Smith?”. Stanislaw Lem, como ya he dicho, es un autor difícil de analizar, dada su enorme complejidad. Por este motivo, cabría suponer que la adaptación de sus obras al cine es escasa. Nada más lejos de la realidad. Abundan las obras de Lem llevadas al cine. Las más célebres son las dos versiones de Solaris: la de Andrei Tarkovski (1971) y la de Steven Soderbergh (2002), ambas muy estimables y fieles al espíritu de la obra de Lem, si bien se permiten ciertas licencias cinematográficas que las alejan de su modelo. Otras adaptaciones de Lem al cine o televisión son Der Schweigende Stern (1959), producción alemana que adapta Los astronautas; Professor Zazul (1962), un telefilm polaco; Przekladaniec (1968), otro telefilm polaco, dirigido por Andrzej Wajda; IKARIA-XB1 (1968), película checa basada en La nube de Magallanes; Test pilota Pirx (1979), coproducción rusopolaca, en cuyo guión participó Lem; Szpital przemienienia (1979), adaptación de El hospital de la transfiguración, en cuyo guión también participó Lem; Un si joli village (1978), una adaptación francesa de La investigación; Är ni dä, Mr. Johns? (1984), un telefilm sueco; Victim of the Brain (1988), una película holandesa; y Marianengraben (1994), alemana. Resulta llamativa lo variado de la procedencia de estas adaptaciones, lo cual viene a demostrar que Stanislaw Lem es un autor universal.

9 Comments:

Anonymous Pily B. said...

¡GRACIAS! ;-)

24 de enero de 2006, 15:35  
Blogger Juanma said...

Las que tú tienes, guapaaa. :-)))

24 de enero de 2006, 15:44  
Anonymous yolanda said...

A veces consigues impresionarme... Me ha encantado! :-*

24 de enero de 2006, 22:32  
Anonymous alicia said...

Muy interesante, de verdad, sobre todo para una perfecta profana como yo. Animada por la primera parte de tu charla (y ahora por la segunda) ayer por la noche empecé Solaris. Ya sabes que no soy yo de novelas que empiezan con señores viajando en naves siderales, pero bueno...también sabes que me taladro cualquier libro y que me fío de tu criterio. El Diccionario del Diablo...en dos palabras: IM PRESIONANTE
Besos

25 de enero de 2006, 9:56  
Blogger Juanma said...

Yoli: ¿Sólo a veces? Jo, tendré que esforzarme más. XDDDDDD
Pos me alegra un montón que te haya gustado.
B7777s, guapa. :-***

25 de enero de 2006, 11:17  
Blogger Juanma said...

Ali: Sabía que el Diccionario del Diablo te iba a encantar. Tiene definiciones acojonantes (las de habeas corpus me hacen mucha gracia y la de amistad es tremenda). Tu libro favorito y no sabías, jeje. ;-P

Solaris creo que te va a gustar. No es cuestión de que seas de novelas espaciales o no, sino de que sepas apreciar lo que escribe un señor con un cerebro privilegiado escribiendo al cien por cien de su capacidad. Es un libro impresionante, de los poquitos de ciencia ficción que te podría recomendar así a bote pronto. Luego igual no te gusta, que puede suceder, pero merece la pena que lo conozcas. Tú me convertiste en el adicto a Eduardo Mendoza e Italo Calvino que soy; ahora me toca hacerte adicta a Stanislaw Lem y Ambrose Bierce, hala. ;-P

Y me hace mucha ilu que te guste. Ahora lo que falta es que dé alguna charla en Madrid y puedas ir a verme.

Un besito muy grande. :-***

25 de enero de 2006, 11:28  
Anonymous Kaoss said...

Me ha encantado tu confencia, auqnue sea leida y no escuchada en directo.

25 de enero de 2006, 23:29  
Blogger Blackonion said...

Ya me estoy terminando el primer volumen de las aventuras de Ijon Tichy y me estoy riendo mucho, aunque a ratos Lem obligue a "forzar la máquina" y sea imposible de leer si no estás despierto y en forma (he tenido que dejar de leerlo cuando volvia de trabajar, porque no daba para más.

Me he imprimido la conferencia para leermela mañana.

26 de enero de 2006, 0:49  
Blogger Jack Daniels said...

esta bien, reconozco que vine aqui buscando "pornografia emocional", aunque en el buscador solo puse una de las palabras...Y ya que estoy aqui, ¿sabias que soy el Detective Jack Daniels y regento la famosa Agencia Nochesperdidas?...

17 de febrero de 2006, 13:44  

Publicar un comentario

Links to this post:

Crear un enlace

<< Home