domingo, 22 de enero de 2006

AZAR Y ORDEN (Primera parte)


Por petición popular, cuelgo el texto de la conferencia sobre Stanislaw Lem. Aclaro que no es un texto terminado, se trata de una aproximación para incitar a la lectura, sólo tenía una hora para entrar en materia y me pilló el toro. Me parece muy perfeccionable y sólo puedo considerarla un guión de trabajo para desarrollar el asunto más adelante.
Pero bueno, aquí está el texto. Que no sus pase ná. Besitos.


AZAR, ORDEN, MÉTODO Y CAOS EN LA OBRA DE STANISLAW LEM

Juan Manuel Santiago
Conferencia
Jueves, 19 de enero de 2006
Biblioteca Pública Guinardó – Mercè Rodoreda
Barcelona

“Si a finales de siglo no han propuesto a Stanislaw Lem para el premio Nobel, sin duda se deberá a que alguien le haya dicho a los miembros del jurado que escribe ciencia ficción”
, comentó cierto crítico del Philadelphia Enquirer en 1983. El tiempo le ha dado la razón: estamos en el 2006 y el nombre de Stanislaw Lem sigue sin sonar en ninguna de las múltiples quinielas que preceden el veredicto de la Academia Sueca.
En realidad, el hecho de que Stanislaw Lem gane o deje de ganar el premio Nobel carece de relevancia para lo que nos interesa en esta conferencia. Tampoco se lo concedieron a otros grandes autores del siglo XX, como Franz Kafka, Jorge Luis Borges o Italo Calvino, todos ellos citados entre las ilustres influencias de la obra de Lem.
Lo que sí considero relevante en la afirmación del crítico del Philadelphia Enquirer es que lleva implícito el hecho de que la ciencia ficción, al igual que las demás literaturas de género (fantasía, terror, policíaco, histórico, romántico o erótico), suelen ser consideradas “literatura menor” y, por tanto, intrínsecamente mala. Cierto es que la inmensa mayoría de la ciencia ficción (ya sea en literatura, cine o cómic) suele ser de ínfima calidad. Es conocida la anécdota que dio lugar a la denominada “Ley de Sturgeon”. En el transcurso de una conferencia, un crítico le reprochó al escritor Theodore Sturgeon lo deplorables que son las obras del género, y para reforzar su argumento procedió a leer fragmentos de obras que, de puro ridículas, causaron la hilaridad del público. El crítico terminó su exposición con la siguiente sentencia: “El noventa por cien de esta ciencia ficción es una basura”, a lo que Sturgeon replicó: “Por supuesto. El noventa por cien de todo es basura”.
Al igual que cualquier otro género literario, la ciencia ficción es asumida por la crítica y los medios académicos como literatura de segunda. Los géneros nacen en un momento concreto y responden a una serie de necesidades de los lectores: son literatura popular que consumen las clases medias y bajas, ansiosas de desconectar de sus mundos, bien trascenciéndolos (y ahí tenemos el origen de la famosa coletilla habitual en los autores, críticos o editores que temen reconocer abiertamente que están cultivando un género literario: nos hallamos ante una sutil metáfora de la condición humana… Bien, es que TODO en literatura es una metáfora) o bien olvidándose de ellos (y aquí encontramos el género como escapismo), mientras que la burguesía acomodada se decantaba por un realismo que reflejaba mejor sus gustos y necesidades, el mantenimiento de un mundo ordenado y metódico.
No obstante, la ciencia ficción, como cualquier otro género, ha evolucionado con el tiempo. Igual que su prima hermana la novela negra, ha pasado de ser una literatura de consumo masivo en publicaciones editadas en pulpa de papel (el llamado pulp) a producir una serie de obras estimables y en muchos casos canónicas, fundamentales para entender la literatura del siglo XX. El género se debate entre sus luchas internas: la prevalencia o no del fondo sobre la forma; la búsqueda de reconocimiento por parte de la crítica, lectores “serios” y mundo académico; y la consideración de “intrusos” que se dispensa a los autores que vienen “de fuera” y se adentran en el género, muchas veces obviando sus reglas estilísticas internas por puro desconocimiento, pero también olvidándose de ellas para proporcionar un soplo de aire fresco.
Stanislaw Lem es un ejemplo perfecto de autor que ha conseguido hacer innecesario este debate. Por eso me decanté por analizar su obra cuando el Consorcio de Bibliotecas de Barcelona me propuso esta conferencia. Lem es uno de mis autores favoritos, por encima de cualquier consideración de género literario o ámbito literario; pero la conveniencia y el “sentido del deber” o el “afán proselitista” que le profeso al género tal vez hubiesen hecho más recomendable que me adentrara en las obras de autores como Philip K. Dick, James G. Ballard, Ray Bradbury o Ursula K. Le Guin, que me gustan tanto como Lem pero son “de los nuestros”, formados y fogueados en publicaciones y editoriales especializadas, aportaciones indiscutibles de la ciencia ficción a la buena literatura del siglo XX y cuyas figuras están empezando a recibir el reconocimiento que merecen. También podría haberme decantado por glosar las obras de autores igualmente grandes que no han trascendido las fronteras del género, por motivos que aún no alcanzo a entender: Thomas M. Disch, Robert Silverberg, Theodore Sturgeon o James Tiptree, Jr. Todos ellos son autores de primera división, merecen que se hable largo y tendido sobre su obra y tienen suficiente fondo en las bibliotecas del Consorcio como para que la labor de este conferenciante sea realmente útil y los asistentes sepan de su existencia, acudan a la sección de préstamo de su biblioteca más cercano y las lean y disfruten.
Pero escogí a Stanislaw Lem. Me parece el autor más completo e interesante del género, por los siguientes motivos:

CARACTERÍSTICAS DE LA OBRA DE LEM


1. COMPLEJIDAD

En primer lugar, por su inmensa complejidad. Siempre he dicho que hay tres escritores de ciencia ficción sobre los que me consideraba absolutamente incapaz de escribir un ensayo en condiciones: James Tiptree, Jr., Gene Wolfe y Stanislaw Lem. ¿Por qué? Ya lo he dicho: son demasiado complejos. Sus obras contienen demasiadas referencias que se me escapan, saltan de un ámbito literario o científico desconocido para mí a otro igualmente desconocido. Cierto es que la lectura de sus obras no resulta especialmente complicada. De hecho, la obra de Lem es en su mayor parte muy agradable de leer. Pero ello no implica que sea fácil de escribir o analizar. Cuando me propusieron participar en este ciclo y me sugirieron el nombre de Stanislaw Lem como posible autor sobre el que disertar, no tuve dudas. Deseaba entenderlo un poco mejor y, sobre todo, hacérselo entender a los oyentes. Lo consideré un reto, una debilidad a conjurar.
Lem es lo que se suele denominar un autor total. Estoy totalmente de acuerdo con la afirmación de David Torres en el prólogo de Provocación:

Con Lem, siempre tengo la sensación de que se me escapa algo. No en vano, en Alemania es considerado ante todo un filósofo, y en Rusia, un científico. Como nadie, ni siquiera él, es profeta en su tierra, en Polonia lo conocen ante todo como escritor de libros para niños.

(Provocación, págs. 9-10)

Una de las influencias más visibles de Lem es Jorge Luis Borges; al respecto, David Torres añade:

Ursula K. Le Guin lo comparó con Borges. Tal vez habría que matizar: un Borges que hubiese sido ginecólogo, publicado trabajos sobre genética y teoría de la probabilidad, leído a Einstein, Heisenberg y Wiener, y sobrevivido al Holocausto.


(Provocación, pág. 11)

Como se ha dicho, Lem es científico (médico) por formación y escritor por vocación, pero no se lo puede encasillar en ningún género concreto. Su obra más visible, y la que nos interesa en esta conferencia, es la de ciencia ficción, pero también es un científico eminente.
Sus primeros escritos fueron colaboraciones en revistas científicas, allá por 1947. En Summa Technologicae (1964) demuestra ser un lector aventajado de Norbert Wiener y sus teorías sobre la cibernética y retrata un mundo futuro en el que la realidad virtual (o “fantasmática”, como la denomina) está a la orden del día. En 1991 publicó una ensayo en el que, con toda la inmodestia del mundo, se colgaba la medalla de haberse adelantado treinta años a la realidad.
Sin estas lecturas científicas, Lem no habría podido escribir sus novelas más célebres, como reconoce en el ensayo “Azar y orden”:

En esos años [cincuenta] yo esteaba muy bien informado sobre los últimos desarrollos de las diversas ciencias, pues el círculo de Cracovia funcionaba como una especie de agencia de clearing para la literatura científica procedente de los Estados Unidos y, en cierta medida, de Canadá, para todas las universidades polacas. De los paquetes de libros recibidos yo tomaba todos los trabajos que me resultaban interesantes, incluido El uso humano de los seres humanos, de Wiener. De noche lo leía todo vorazmente, para poder pasar los libros cuanto antes a la gente a la que estaban destinados. Basado en estas lecturas, escribí esas novelas mías que aún puedo reconocer sin vergüenza: Edén (1959), Solaris (1961), El Invencible (1964), etc. Ellas incorporan problemas congnitivos en ficciones que no simplifican excesivamente el mundo, como mis primeras novelas de ciencia ficción.

(“Azar y orden”, en revista Gigamesh núm. 2, pág. 44)


2. INVALIDEZ DE LAS HERRAMIENTAS DE ANÁLISIS CONOCIDAS

Es uno de los puntos cruciales en la obra de Stanislaw Lem. El mundo es un ente complejo y no se puede analizar mediante ninguna clase de enfoque especializado. Hace falta un estudio multidisciplinar. Las herramientas de análisis de que disponemos los seres humanos son insuficientes para percibir y analizar la realidad que nos rodea. Si somos incapaces de comprender y explicar nuestro mundo, ¿qué no sucederá cuando tratemos de entender otros mundos? Esto es una constante en la obra de Lem, que ha dedicado muchas de sus mejores obras a poner en evidencia los límites del método científico. De cualquier método. La investigación policial de la novela homónima es imposible: nos faltan parámetros para dar con la respuesta y resolver una serie de desapariciones de cadáveres. Los extraterrestres de Solaris o El Invencible son incomprensibles: son auténticos alienígenas que se rigen por lógicas mentales e incluso químicas distintas de las nuestras. Ni siquiera somos capaces de entender la mentalidad de los seres humanos, como le sucede a Hal Breg en Retorno de las estrellas.
Por este motivo, incluso la ciencia se le queda pequeña a Lem. Ávido de conocimientos, el mundo evoluciona a una velocidad más lenta que la de su mente, por lo que vemos a nuestro autor embarcándose en una disciplina muy borgiana: los prólogos de libros que aún no han sido escritos. Un valor imaginario es una de las obras más significativas al respecto, igual que Vacío perfecto y Provocación, recopilaciones de reseñas de libros inexistentes.
El inconformismo de Lem con la cultura occidental es patente, en tanto que no le permite sistematizar el mundo como quisiera. Los seres humanos, debido a la estructura de nuestro cerebro, no somos capaces de entender el Universo. Si David Torres vive inmerso en un estado de duda permanente cuando lee a Stanislaw Lem (“Siempre tengo la sensación de que se me escapa algo”), el propio Lem vive en un estado de duda similar: siempre se le escapa algún elemento que le impide analizar la realidad que lo rodea.
De ahí su preocupación por la cibernética, por la que como veíamos se ha preocupado en ensayos como Summa Technologicae o Golem XIV (incluido en Un valor imaginario).
De ahí proviene también su querencia por autores satíricos como Voltaire o Jonathan Swift, en cuya estela se sitúa uno de sus trabajos más valiosos, los Diarios de las estrellas. Para Lem, igual que para Swift, la mejor manera de trascender un mundo incomprensible es ridiculizándolo, deformándolo, satirizándolo. La carga de profundidad que lanzó Swift en sus Viajes de Gulliver (un libro que, por lo demás, es recomendable leer en su versión íntegra para desterrar la idea que se tiene del mismo) halla su correlato en los viajes de Ijon Tichy, protagonista de los Diarios de las estrellas.
Pero Lem va más allá. Habida cuenta de sus conocimientos teóricos sobre cibernética y de su querencia por la sátira, Lem llega a la conclusión de que no se puede enjuiciar ni intentar comprender la Humanidad desde dentro. Es necesario distanciarse de ella, pensar de otra manera. Por este motivo, los alienígenas de Lem nos resultan incomprensibles; ellos tampoco intentan comprendernos. Si el método científico y la sátira, supuestos espejos infalibles de la condición humana, nos resultan insuficientes, ¿por qué no probar a vernos “desde fuera”? Sobre esta premisa, Lem escribe los relatos que integran Fábulas de robots y Ciberíada. Al contrario que los robots de Isaac Asimov, que presentaban conflictos entre la programación de la máquina (las famosas leyes de la robótica) y las órdenes que recibían de los seres humanos, Lem los dota de libre albedrío. Se comportan como seres humanos, de modo que sus defectos y virtudes se conviertan en los nuestros. De este modo, la metáfora hace más clara la comprensión del ser humano. Trurl y Clapaucio son más humanos que el más humano de los humanos. Y mucho más divertidos.

3. VISIÓN CRÍTICA EXTREMA CON LA CIENCIA FICCIÓN

Ante tal visión multidisciplinar del mundo, no es de extrañar el escepticismo con que Lem juzga la ciencia ficción. Es extraordinariamente crítico con el género, aunque en modo alguno reniega del mismo:

Trato de no limitar el significado del nombre de esta categoría literaria sino más bien de expandirlo.

(“Azar y orden”, en Gigamesh núm. 2, pág. 45)

Durante los años setenta, Stanislaw Lem publica una serie de ensayos en la revista Science Fiction Studies, donde colabora con Franz Rottensteiner, Darko Suvin o Peter Fitting. Los ensayos aparecidos en esta revista se recopilaron en un libro titulado Microworlds y nos muestran a un Lem tremendamente duro con el género, pero al mismo tiempo ecuánime. En su opinión, la ciencia ficción sigue siendo un género infantil. Sus ataques no tienen una intención descalificatoria, sino que tratan de construir una ciencia ficción mejor y más interesante, que pueda codearse en igualdad de condiciones con la gran literatura. En “La ciencia ficción: Un caso perdido (con expcepciones)” (1973) desdeña los estudios sobre el género escritos por autores “de dentro” (en particular, carga las tintas contra Damon Knight y James Blish) y sólo salva de la quema la obra de Philip K. Dick, a quien dos años después dedica un ensayo: “Philip K. Dick: Un visionario entre charlatanes” (Gigamesh núm. 7). El malestar de los miembros de la SFWA (Asociación de Escritores de Ciencia Ficción de América) llega a tal extremo que en 1976 se revoca su condición de miembro de honor de la asociación, amparándose en que al tener obra publicada en los Estados Unidos debía considerársele autor “americano” y por tanto pagar la cuota ordinaria. Lem se negó. Por otro lado, sufrió la paranoia del único autor a quien salvaba de la quema. Philip K. Dick, en una de sus habituales crisis con la realidad, denunció al FBI la existencia de una conspiración marxista encabezada por miembros del Partido Comunista, entre los que se encontraba Lem, para controlar las revistas especializadas en crítica literaria de género fantástico.
No es, pues, de extrañar que Stanislaw Lem no se muestre complaciente con la ciencia ficción estadounidense. De hecho, Lem no se muestra complaciente con nada. En su ensayo Provocación arremete contra el nazismo y el Holocausto, que él estuvo a punto de padecer y del que se libró por una pura cuestión de suerte. El azar, que guía la vida y obra de Lem, y al que me referiré a continuación.


BREVE BIOGRAFÍA DE STANISLAW LEM

Una vez realizada esta caracterización de la obra de Stanislaw Lem, pasemos a analizar sus dos grandes preocupaciones temáticas. Como ya se ha dicho, los dos grandes temas de la obra de Lem son los siguientes:
1. La lucha entre al azar cósmico y el orden.
2. La invalidez de los métodos de análisis basados en la percepción humana.
No podemos entender ninguno de estos dos aspectos sin antes conocer la vida del autor, y en qué medida está determinada por el azar.
Stanislaw Lem nació en Lvov en 1921. Por aquel entonces, Lvov pertenecía a Polonia, aunque después de la Segunda Guerra Mundial pasó a ser parte de Ucrania. En ese momento, la familia de Lem se trasladó a Cracovia.
Con respecto a su padre, Lem explica la siguiente anécdota:

En la Primera Guerra Mundial, cuando cayó la fortaleza de Przemysl, en 1915, mi padre, Samuel Lem, médico del ejército austrohúngaro, fue hecho prisionero por los rusos y pudo regresar a Lemberg (ahora Lvov), su ciudad natal, al cabo de cinco años, en medio del caos de la Revolución Rusa. Por las anécdotas que nos contó, sé que por lo menos en una ocasión el ejército rojo estuvo a punto de fusilarlo, dada su condición de oficial (y, por tanto, enemigo de clase). Se salvó porque cuando lo llevaban al lugar de la ejecución fue visto y reconocido desde la acera de una pequeña ciudad de Ucrania por un barbero judío de Lemberg que solía afeitar al comandante militar de esa ciudad, y por esa razón tenía libre acceso a él. El barbero intercedió por mi padre (que desde luego aún no era mi padre) y lo dejaron en libertad para regresar a Lemberg y a su prometida.

(“Azar y orden”, en Gigamesh núm. 2, pág. 39)

Así pues, el doctor Lem pudo casarse, engendrar a Stanislaw y llegar a ser un acaudalado laringólogo en Lvov. A Stanislaw no le faltó de nada, disfrutó de una institutriz francesa e incontables lecturas, además de una inteligencia prodigiosa: con su CI de 180, tal vez fuera el niño más inteligente de Polonia.
Pero la llegada de la guerra vino a recordarle de nuevo los conceptos de azar y orden. De familia judía, colaboró con la Resistencia y se libró por pura suerte de ser conducido a un campo de concentración:

Aprendí mediante duras experiencias que la diferencia entre la vida y la muerte dependía de aparentes nimiedades y decisiones mínimas: si uno elegía tal o cual calle para ir a trabajar; si uno visitaba a un amigo a la una o veinte minutos más tarde; si uno encontraba una puerta abierta o cerrada.

(“Azar y orden”, en Gigamesh núm. 2, pág. 42)

Al terminar la guerra, Lem se traslada a Cracovia, ya que Lvov había pasado a pertenecer a la Unión Soviética, concluye los estudios de Medicina, aunque no se saca el título, y ejerce como ginecólogo, al tiempo que empieza a publicar diversos escritos en revistas científicas. También comienza a escribir ciencia ficción, de corte marcadamente utópico y optimista, a la manera que imponía el nuevo régimen. Su formación como lector de ciencia ficción es autodidacta. Nunca ha hablado inglés, aunque lo lee a la perfección, y hasta la apertura de 1956 no tuvo acceso a los clásicos anglosajones. Su biblioteca consistía en tratados científicos, casi todos en francés o alemán, y literatura polaca.
Desarrolla una amplia carrera literaria, que en 1977 lo lleva a ser nombrado ciudadano honorario de Cracovia, ciudad en la que reside con su esposa Barbara (con quien había contraído matrimonio en 1953) y su único hijo.
Esa misma dicotomía entre azar y orden llevó a Lem a refugiarse en Austria desde 1983 hasta 1988, año en que regresó a Polonia, para convertirse en el inconformista oficial de la cultura polaca, el eterno quejica. En una entrevista de 1996 declaró que no iba a volver a escribir ciencia ficción.


(Continuará)

11 Comments:

Anonymous Pily B. said...

La leche. ¿Para cuándo la continuación? Estoy im-presionada y en-ganchadísima.

Besillos y ENHORABUENA.

23 de enero de 2006, 0:49  
Anonymous Panadero said...

Juanma,
se me escapan algunos conceptos.
¿No era para Delibes el Nobel? O si acaso para Paul Auster, ¿no?
¿En qué quedamos?

Abrazote.

23 de enero de 2006, 2:12  
Blogger Javier Esteban Gayo said...

Ahora sí que me doy de cabezazos por habérmelo perdido... Habrá que prepararte alguna para cuando vuelvas por Madrid, ¿no? ;p

23 de enero de 2006, 9:18  
Blogger Víctor M. Ánchel said...

Buenísimo. Más.

V.

23 de enero de 2006, 9:49  
Blogger Juanma said...

Pily: Me alegro de que te guste.
:-)

Panadero: Sólo reconoceré que Delibes y Auster se merecen el Nobel a las cuatro de la madrugada, en la barra de un bar.
;-P

Javier: Bueeenooo, vaaaleee, tendré que ir de gira mundial y repetir la conferencia en Madrid. Puedo montarla en plan performance en el paseo del estanque del Retiro, y así nos sacamos pa invitaros a un par de rondas de lo que queráis. :-)

Víctor: Pues espera que retoque algunas cositas que me quedaron muy apresuradas y subo la segunda parte esta noche o mañana.

23 de enero de 2006, 10:56  
Anonymous Anónimo said...

Ni Delibes ni Auster se merecen el Nobel. Vienen de paises que la gente puede localizar en un mapa y hay gente en Europa que los ha leido. Se les coló Garcia Marquez. Han cometido un error con Pinter que pensaban que estaba cascado el abuelo y mira tu la caña.Pero no el nobel es para escritores de kazhagistan, siempre y cuando no escriban en kahagistani sino en un dialecto sino-copto que no puedan leer más de ochos personas.:p

23 de enero de 2006, 11:07  
Anonymous arturo said...

Úps . Ese fui yo.

23 de enero de 2006, 11:08  
Blogger Nimraithkar said...

muy buena, muy buena. Que pena que me la perdí porque Lem es uno de los autores que mas me gusta. Pero es que vaya horario Juanma!

Y respecto al comentario de arturo: yo si puedo localizar kazhagistan en un mapa (otra cosa es que me cueste mucho mucho trabajo escribir el nombre) jeje

23 de enero de 2006, 16:22  
Blogger Víctor M. Ánchel said...

A mí me hace gracia que menciones tu declarado afán proselitista... para acto seguido soltar en adanada una lista de compras compuesta por Philip K. Dick, James G. Ballard, Ray Bradbury, Ursula K. Le Guin, Thomas M. Disch, Robert Silverberg, Theodore Sturgeon y James Tiptree, Jr.
Y todos en medio párrafo, vamos. Que menos mal que les acababas de avisar :P.
Tú irías a hablar de tu libro (a.k.a. Stalisnav Lem... XD), pero no te largaste sin soltar cargas de profundidad repletas de material bactereológico con elevado peligro de contagio.

V.

23 de enero de 2006, 18:07  
Blogger Juanma said...

Nimraithkar: Ya, pero es que las conferencias suelen ser a esas horas. Luego nos quejamos cuando sólo van diez personas. :-(

24 de enero de 2006, 9:53  
Blogger Juanma said...

Víctor: Bueno, el proselitismo esto es lo que tiene. :-)))

Que no me iba yo a ir de allí sin dejar claro qué autores merece la pena. En un momento dado les dije que la finalidad manifiesta de la conferencia era que salieran del salón de actos a la sala de préstamo, y de hecho un asistente me pidió los datos de Provocación para comprárselo en Giga. :-)

24 de enero de 2006, 9:54  

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