jueves, 7 de mayo de 2015

Presentación de "El noveno capítulo" de Armando Boix y "Dulces dieciséis" de Eduardo Vaquerizo

Como ya conté hace dos meses, el 7 de marzo participé en la presentación de dos antologías más que necesarias: El noveno capítulo y otros relatos, de Armando Boix, y Dulces dieciséis y otros relatos, de Eduardo Vaquerizo, ambas editadas por Cyberdark, el nuevo sello con el que Luis G. Prado regresa a la edición de autores españoles. Como la librería Gigamesh está a la última de nuevas tecnologías, emitió la presentación en streaming y luego la colgó en su cuenta de YouTube. Aquí está el acto.



Como veis, Luis dejó claro que la política de reeditar relatos de los años noventa tiene poco de revival nostálgico y mucho de apuesta clara de calidad: los cuentos de estas dos recopilaciones se sostienen muy bien por sí mismos después de casi dos décadas. Lo cual demuestra ser cierto cuando relees en orden secuencial los relatos de estas dos recopilaciones. Cierto, hay algún inédito, pero el grueso de la producción data del período 1994-2004, es decir, lo que podríamos denominar la Edad de Oro de la ciencia ficción española en formato breve (o Generación Hispacón, como la llaman Julián Díez y Fernando Ángel Moreno). No fue casual que Vaquerizo y Boix, coetáneos de una de las tres oleadas del boom de los años noventa, en concreto de la que doy en llamar "generación de 1994" (que quedaría completada por Daniel Mares, Joaquín Revuelta, Carlos Fernández Castrosín y Manel Díez Román), coincidieran en los sumarios de los fanzines y publicaciones de la época, así como en el palmarés de uno de los motores del género, el premio Pablo Rido.

Del premio Pablo Rido hablamos en la presentación. Boix lo ganó en una ocasión y fue finalista en otras cuatro. Eduardo Vaquerizo se ganó el sobrenombre de "Subcampeón Eterno" al quedar finalista con cinco relatos y no ganar en ninguna edición. Ambos se forjaron como autores en el certamen de ficción breve que convocaba la TerMa y que, en el gozne del cambio de milenio, marcaba el paso de la ciencia ficción española y solía copar las papeletas de finalistas del premio Ignotus.

Artifex no fue ajeno a este proceso. Buena parte de los relatos que ganaban o eran finalistas del Pablo Rido se publicaron en las diferentes reencarnaciones de Artifex. Luis tenía las cosas más claras, podía ofrecer un proyecto muy atractivo y tenía un ritmo de publicación estable, cosa contra la que no podíamos competir en Gigamesh, con su errática periodicidad. Cierto, en Gigamesh acababa apareciendo algún que otro relato ganador o finalista del Rido, y con el tiempo acabaron haciéndolo en Galaxia, pero el grueso de los relatos finalistas o ganadores del Pablo Rido en los últimos años de la década de 1990 y los primeros años del siglo XXI tenía como lugares naturales de primera publicación las sucesivas etapas de Artifex o la breve pero intensa experiencia de 2001, la revista predecesora de Galaxia, editada por Equipo Sirius y que Luis dirigió con acierto durante seis números.

Por supuesto, sería un error reducir estos relatos al premio Pablo Rido o al combo Artifex / 2001, porque las trayectorias individuales de Vaquerizo y Boix han dado para muchísimo más y había otras buenas publicaciones, pero a grandes rasgos podríamos afirmar que el empeño de Cyberdark por rescatar el material de estos autores y esta época obedece a una reivindicación de estos dos fenómenos, como explicación del boom de la década de 1990; una explicación parcial, pues hubo muchos elementos más, pero necesaria, pues el boom habría sido diferente sin ellos. Con ello viene a cerrarse un círculo.

Además, en el transcurso de la presentación se insistió en otro elemento: las circunstancias permiten volver a editar estos contenidos en papel, por lo que vuelven a estar en catálogo y, en cierto modo, en el mercado, en el canon. Cualquier estudioso del género tiene a su alcance las sucesivas antologías históricas que seleccionaron Domingo Santos, Julián Díez y Fernando Ángel Moreno, desde la de Martínez Roca hasta la de Cátedra, pasando por la de Minotauro y Salto de Página. Ahí está el canon colectivo. Pero nos faltan los cánones individuales. Rodolfo Martínez o Rafael Marín los tienen bastante por la mano, ya que sus recopilaciones de relatos no han dejado de editarse durante estos últimos veinte años. Sin embargo, Armando Boix o Ramón Muñoz tenían más que descatalogadas sus recopilaciones individuales de Mandrágora, o Daniel Mares la de AJEC, y Alejandro Carneiro se la publicó no hace mucho pero en formato de libro electrónico y autoeditado. El caso de Eduardo Vaquerizo es más sangrante: no tenía ninguna. Increíble, pero cierto. Podemos acceder en papel siempre que queramos a los mejores relatos de un puñado de grandes autores del género (Cristina Fernández Cubas o Pilar Pedraza), pero no existe material en catálogo de las tres cuartas partes de los protagonistas del salto de calidad definitivo de la ciencia ficción española. Cyberdark ofrece unas condiciones razonables para poder reeditar ese material, descubrírselo a los nuevos lectores, dárnoslo masticadito a los lectores más talluditos y, en definitiva, volver a poner en el mapa un porcentaje respetable del hipotético canon de la ciencia ficción española en formato breve.

Ambas recopilaciones son necesarias, pues tanto Boix como Vaquerizo son nombres indispensables para entender el género en España. También cabe aclarar que se han cribado bastantes relatos: la producción de ambos fue mucho más prolífica, así que nos hallamos ante sendos "lo mejor de..." o, tal vez, "lo más reeditable de...". Pocas objeciones podemos poner al criterio de selección. En general, creo que se reedita el material más defendible de ambos autores. Incluso hay algún que otro inédito ("El Verdugo debe morir", en la recopilación de Boix), al estilo de los discos de grandes éxitos, en los que siempre se reserva alguna canción nueva como single de lanzamiento.

De las estupendísimas ilustraciones de Alejandro Terán podríamos hablar largo y tendido, porque son una delicia. También hay que insistir en la que considero una muy buena idea: ese par de páginas explicativas en las que los autores contextualizan sus relatos; por supuesto, al final, para no condicionar la lectura. Sirven para descubrir las circunstancias en que se escribieron, o para refrescarlas, si da la casualidad de que servidor andaba rondando por ahí. Más informales los de Vaquerizo, literarios los de Boix, estos comentarios son imprescindibles para darle a las recopilaciones un valor añadido. (Eso sí, echo en falta alguna bibliografía final y un palmarés de los autores; apenas serían dos o tres páginas, aunque la maquetación se ha apurado mucho para que los cuentos quepan en las 224 o las 256 páginas.)
Dicho esto, centrémonos en los contenidos.

Dulces dieciséis y otros relatos nos muestra once de los mejores cuentos de Eduardo Vaquerizo. No entraré en detalles acerca de todos ellos. Su publicación puede ser un buen complemento para enganchar a los lectores acostumbrados a su faceta de novelista, ya que aquí se hallan los embriones de sus dos novelas más famosas.  
"Negras águilas", que cierra el volumen, le supuso un premio Ignotus y fue el origen de Danza de tinieblas (otro premio Ignotus), su secuela Memoria de tinieblas (nuevo Ignotus; vaya, igual hablamos de una de las series más premiadas del género) y su spin-off en forma de antología colectiva, Crónicas de tinieblas. Se trata de una ucronía brillante en lo literario y oscuro en lo temático, que nos muestra una España en la que el Ministerio del Tiempo no hace bien los deberes y consigue que nuestro Imperio nunca tuviera fin y, en resumen, nuestra historia fuera una Pavana cañí con olor a tintorro y motor de hulla.
Si el cuento anterior fue nuestro Keith Roberts, "Habítame y que el tiempo me hiele" fue nuestra Connie Willis. Los relatos de los Salmones, esa policía temporal deudora de la Kivrin de "Servicio de vigilancia" y El libro del Día del Juicio Final que creo que en algún momento tendrán que reivindicar oficialmente los creadores del Ministerio del Tiempo, dieron paso a una novela que, a su vez, reconoce la influencia explícita del Ágora de Alejandro Amenábar: La última noche de Hipatia (otro premio Ignotus).
Pero no todo van a ser ucronías ni paradojas temporales. El abanico temático de Vaquerizo es amplio, y toca bastantes palos, desde la ciencia ficción dura de "Los caminos del sueño" (premio Domingo Santos), homenaje a un Juan Miguel Aguilera con quien no mucho después colaboró como coautor de la novelización de Stranded hasta la temática vampírica de "Seda y plata" (que Vaquerizo considera, con acierto, el cuento que lo puso en la primera división de la literatura fantástica española del fandom, y que marcó el principio de la fértil colaboración con Artifex), pasando por la distopía macarra ("Quercarrán") o los guiños a la novela decimonónica ("No bebía otra cosa que agua", que en su momento se publicó con otro título: "Agua mineral").
Además, tenemos esos cuentos extraños y en cierto modo herméticos que convirtieron a Vaquerizo en uno de los autores "difíciles" de su generación. Él mismo reconoce que no tiene muy claro de qué van "El obrador", por citar el ejemplo más conseguido de esta tendencia, o El lanzador, que en su momento se parodió en una actualización de Bibliópolis del Día de los Inocentes; lo hacían aparecer como Eduardo Adjetivizo.
Dejo para el final los dos primeros relatos de la recopilación, ya que muestran hasta qué punto fueron importantes las tertulias como elemento creador de sinergias. Vaquerizo reconoce que "Dulces dieciséis" habría sido imposible sin las interminables charlas que proporcionaba León Arsenal en la TerMa, esa "tertulia hardcore" en la que se gestó y gestionó buena parte del boom de los años noventa. Le veo similitudes temáticas, estilísticas y llamémoslas ideológicas con "En las fraguas marcianas" de Arsenal y, dado que Luis G. Prado adelantó durante la presentación que no piensa limitarse a las recopilaciones de un solo autor sino que también quiere atreverse con las temáticas, me resisto a creer que una de las primeras no sea una antología de relatos españoles ambientados en Marte, con los dos ya mencionados como platos fuertes. Creo que no divago.
Y llegamos al que tal vez sea el relato más reeditado y reconocido de Vaquerizo, "Una esfera perfecta", que según el autor se lo debe todo al preciosismo de León Arsenal. El tiempo da la razón a Julián Díez por haberlo incluido en la antología de ciencia ficción de Minotauro (aún no había aparecido "Negras águilas", la otra obra realmente importante de Vaquerizo en formato breve). Su lectura no hace sino ganar enteros y nos traslada a un mundo fantástico diferente y casi incognoscible.
En resumen, una recopilación más que interesante que viene a llenar una carencia injustificable (Vaquerizo aún no la tenía) justo en un momento en que el autor está a punto de publicar novela con un sello grande. Volveré al asunto al final de esta entrada.


 Armando Boix ya tuvo una recopilación, Sombras de todo tiempo, editada por Mandrágora, en la que defender ante los lectores buena parte de los relatos que aparecen en El noveno capítulo y otros relatos. Pero, ay, está descatalogada, y Boix se pasó la última década completamente apartado del fandom, y ya se sabe que el fandom es muy olvidadizo. En los últimos años ha retomado la escritura (o, al menos, la publicación), se ha vuelto a implicar en el fandom, esta vez el digital de tendencia historicista y popular (es el alma de la fiesta en el grupo Barsoom de Facebook, y supongo que en la revista homónima) y, en definitiva, lo noté feliz como una perdiz en la presentación de su libro: estaba regresando al fandom, a un fandom que ya prácticamente no conocía pero que le daba la bienvenida. A título personal, me alegré de verlo tan animado, y creo que su entusiasmo se contagió al resto de participantes en la presentación.
Boix cultivó siempre una fantasía y un terror de fuerte contenido literario, con muchas referencias cultas y un tono a lo, digamos, Pérez-Reverte pero en friki, que lo consolidó como uno de esos autores exquisitos y obligatorios, un valor seguro en premios y recopilaciones. Su ciencia ficción, aunque menos publicitada, también dio momentos magníficos, como el muy reeditado "El sueño de la razón" o "El tiempo sin límites", ligados ambos al palmarés del premio Alberto Magno y, por lo tanto, casi novelas cortas. En un escalón algo inferior, "Como gotas de agua" plantea y resuelve con acierto una paradoja en términos de CF clásica.
Aquí se acaba la ciencia ficción. El resto de los relatos son de fantasía y terror. Algunos se siguieron reeditando, otros aparecen aquí por vez primera ("El Verdugo debe morir", un espectacular homenaje a los clásicos de la era del pulp que, en justicia, debería figurar entre los finalistas de los premios Ignotus) y algunos se publicaron incluso como libros sueltos, caso de "El que habla con los espíritus", una de las escasísimas muestras de la fantasía colonial española, en la que el vudú convive con la temática de piratas y (¡no, nada que ver con Jack Sparrow!) un escenario casi inédito no solo en la fantasía española sino en la literatura española en general: la colonización española en África. Apareció en su momento como librito de la colección Artifex Serie Minor, en la que, sin ir más lejos, hizo sus pinitos el hoy muy reconocido Pablo Tuset. La querencia por los ambientes exóticos u orientalizantes se extiende a joyitas como el precioso relato corto "Las razones del nómada" o un vacile filosófico, "El Uno inefable", adscrito a lo que más tarde se dio en llamar fantasía cosmogónica (ya sabéis, el Ted Chiang de "La torre de Babilonia" o "El infierno es la ausencia de Dios", el Richard Garfinkle de Materia celeste o el Juan Miguel Aguilera de La locura de Dios) y que estuvo a puntito pero lo que se dice a puntito de levantarle el llamado "Rido de las Estrellas" (es decir, el Pablo Rido de 1997, objetivamente la edición más brillante del premio más importante de ficción fantástica breve que se ha convocado en España) nada menos que al César Mallorquí de "El decimoquinto movimiento". Palabras mayores, en resumen.
¿Qué nos queda? Cuatro cuentos muy interesantes. "Tú que estás en los infiernos" es otro de esos relatos cuyo título no coincide con el de la publicación original (como veíamos en el caso de Vaquerizo con "No bebía otra cosa que agua" / "Agua mineral"). Aparecido como "Wolfgang Amadeus Mozart, tú que estás en los infiernos", fue uno de los platos fuertes de una de las dos o tres mejores entregas de las antologías Visiones de la AEFCFyT, la de 1996 que seleccionó Joan Manel Ortiz. Boix reconoce la deuda del Amadeus de Milos Forman, pero con el matiz de que intenta redimir a Salieri y satanizar (nunca mejor dicho) a... bueno, no sigo con el spoiler. En todo caso, un relato que apenas se cita y que merece una relectura.
Otro tanto le sucede a "El círculo roto", que apareció en Sociedades secretas, una antología editada por Mundos Imaginarios y de la que Boix cuenta una anécdota jugosísima de la que en su momento no tuve conocimiento. Una vez admitido el relato, Boix se encontró con la desagradable sorpresa de que los autores tenían que pagar por publicar, se negó en redondo aduciendo que él no pagaba por publicar (los tiempos de las autoediciones estaban lejos, y él era perro viejo en la edición, pues por aquella época coeditaba Ad Astra, el mítico fanzine en disquete, y estaba a punto de dirigir la primera etapa de la revista Stalker), el editor Claudio Landete lo apaciguó y la cosa quedó en que Landete puso de su bolsillo el dinero de Boix para que el cuento pudiera aparecer, ya que era, de largo, el mejor de aquella recopilación. En él tenemos otro caso de (venga, sacad el machete) fantasía colonial, aunque esta vez ambientada en la Barcelona recién ocupada por los Borbones. Sociedades secretas, siglo XVIII e Ilustración pugnando con lo irracional y fantástico en otro de esos relatos que justifican este libro, ya que es de los menos reeditados del autor.
"El noveno capítulo" fue el estreno de Boix como autor de primera fila, gracias al empeño de Alfredo Lara y su fenomenal fanzine Opar. El homenaje que le rinde Boix al darle su título al libro y comenzar la recopilación es más que merecido, y además le supuso su primer reconocimiento, en forma de cuento finalista del Pablo Rido. Es uno de esos cuentos que ayudan por sí solos a explicar toda una década y todo un fenómeno (el boom del género fantástico español parido por autores de fandom). En su momento lo puse en el top 4 de relatos españoles de género de los años noventa y, releído hoy, creo que me reafirmo en mi opinión.
Dejo para el final el otro relato pata negra de Boix, y otro de los más reeditados del autor: "El ayudante de Piranesi", que le supuso el premio Pablo Rido y que narra una historia igual de espeluznante que la anterior, con una ambientación que no tiene nada que envidiar a la de las historias más chungas de un Grant Morrison, pongamos por caso. Lo que haría Christopher Nolan con un argumento así, madre mía. Al publicarse en BEM, que era el fanzine que marcaba el paso en la primera mitad de los años noventa, resultó finalista del Ignotus y podemos decir, en puridad, que esto fue lo más cerca que estuvo de ganar un monolito. Resulta curioso y paradójico: el Ignotus, que tanto se le resistió a Boix, quien sin embargo sí ganó el Rido, que tanto se le resistió a Vaquerizo, uno de los grandes triunfadores de los Ignotus.


La presentación continuó con un adelanto de quiénes serían los siguientes autores en aparecer en Cyberdark: Ramón Muñoz y Rafael Marín. El listado de trabajo de Luis G. Prado incluye cerca de una veintena de posibles autores de relatos, más las ya citadas antologías temáticas en las que también está meditando. Parece, pues, que hay sello Cyberdark para rato.


Pero esto no fue todo. El maestro de ceremonias del acto, Ricard Ruiz Garzón, nos desveló que Fantascy va a publicar el mes que viene una novela de Eduardo Vaquerizo, que doy en llamar "la distopía del 15M" o "la distopía de los indignados", porque va justo de eso. Se titula Nos mienten, la ilustración de portada es esta que veis abajo, y ya colgaré más adelante el informe de lectura que hice para Fantascy



Por supuesto, aprovecho para recomendaros estos tres títulos, y los que vengan del sello Cyberdark.

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