lunes, 22 de diciembre de 2014

El mapa del caos, de Félix J. Palma

Parece que, como si fuéramos personajes de un cuento de Félix J. Palma, mis destinos profesionales y los de Félix J. Palma se cruzan con cierta frecuencia. Si hace unos años realicé un informe de lectura de la primera entrega de la Trilogía Victoriana, El mapa del tiempo, para Círculo de Lectores (que podéis leer, de manera parcial, en esta entrada), a comienzos de año hice lo propio con la tercera y definitiva, El mapa del caos, para Fantascy, aunque al final acabó apareciendo bajo el sello Plaza & Janés. Amable y majamaja como es, Emi Lope no me ha puesto inconveniente para colgar ese informe en el blog, así que aprovecho esta entrada para hacer proselitismo de una de las mejores novelas fantásticas españolas del año, uno de esos libros que podéis regalar en Navidades sin temor a equivocaros (siempre que el regalado se haya leído las dos primeras, claro está). Elimino algunos párrafos relativos al destripe de la trama, por aquello de los spoilers (y los sustituyo por un [SPOILEEEEER] así de grande) pero, por lo demás, acá va el informe tal cual. Si veis que se me ha colado algún spoiler del copón, por favor avisadme y edito la entrada sobre la marcha. 
Que os guste.






TÍTULO: El mapa del caos
AUTOR: Félix J. Palma
NUM.PÁGINAS:  356 (el original)
EDITORIAL:
Nº registro libro:

- Resumen:
Estamos en un mundo alternativo, que equivale a finales del siglo xix. La ciencia lo domina todo gracias a la Iglesia del Conocimiento y su lema, “El caos es inexorable”. El universo tal como lo conocemos está a punto de desaparecer, y dos científicos eminentes, H. G. Wells y su profesor Charles Dodgson (nuestro Lewis Carroll) se enfrentan para defender el proyecto que mejores garantías ofrezca de salvar el universo. Gana Wells, sobre todo debido a su labia y su autocontrol (Dodgson es tartamudo e irascible), pero el tiempo demuestra que Dodgson tenía razón. Ambos unen esfuerzos para abrir un agujero de gusano que una este universo con otros que estén “sanos”, de modo que se pueda transitar por ellos para evacuar el universo moribundo. Por accidente tras experimentar con su mascota, Wells deja suelto por el universo un virus, el de la cronotenia, que acelerará el proceso de destrucción de todos los universos. En este momento descubrimos que estamos leyendo un relato de Jane, la mujer del H. G. Wells de nuestro universo, o eso creemos. Ella decide no dejárselo leer, pues entiende que el escritor famoso es su marido.
En el siguiente capítulo vemos al joven detective Cornelius Clayton, subalterno de una brigada de detectives de lo sobrenatural, que pierde un brazo en un aciago encuentro con una licántropa, Valerie de Bompard, de quien está perdidamente enamorado. Más tarde sus caminos se cruzarán, y descubriremos que ella está afectada por el virus de la cronotenia. La acción da un salto. Han pasado unos años, Clayton es un amargado consagrado a su trabajo y acude a una supuesta sesión de espiritismo para comprobar su veracidad. La sesión acaba con la desaparición de la señora Lansbury, la anciana que ha acogido la sesión: una fuerza terrible, el Villano (que es el hombre invisible de la novela homónima de Wells) quiere matarla, y ella acierta a darle a Clayton El mapa del caos, que es el objeto que busca su agresor. Le encarga su custodia, pues de él depende nada menos que el destino del universo.
Vemos también la existencia de una especie de policía temporal, al estilo del Gran Tiempo de Fritz Leiber, que resultan ser científicos del universo descrito en el prólogo, que no era una ficción de Jane Wells sino un universo real. Son viajeros de universo en universo, como los propios Wells, y tratan de recuperar El mapa del caos para salvar su universo, y para ponerlo fuera del alcance del Villano, que lo quiere usar en provecho propio. Cuentan además con unos cíborgs encargados de saltar de universo en universo buscando gente capaz de viajar a través de los universos interrelacionados que componen el metaverso: son los ejecutores. Uno de ellos tiene punto de vista propio, y sus andanzas confluyen con las de los Wells.
Hasta aquí llega la primera parte. En la segunda vemos a los Wells de nuestro universo. Herbert George ha hecho las paces con Gilliam Murray, el villano de El mapa del tiempo, que hizo el montaje de una falsa invasión marciana (narrada en El mapa del cielo) solo para conseguir la mano de su amada, Emma Harlow. Cree que fue Wells quien lo animó a hacerlo, cuando lo cierto es que él sigue despreciándolo por lo que hizo con el falso viaje al año 2000 que se describe en El mapa del tiempo. Tardamos toda la novela en saber que la carta dándole ánimos para conquistar a su amada la escribió [SPOILEEEEER].
Los Wells de nuestro universo interactúan con los del primer universo [SPOILEEEEEER].
La trama se complica con la irrupción del Hombre Invisible, que no es otro que [SPOILEEEER]. A medida que se acerca el fin del universo, los acontecimientos se desatan. Las acciones de los Wells de nuestro universo se cruzan con las de los Wells observadores, pero también con las de los personajes de sus obras, y con las de varios invitados de lujo: Lewis Carroll y Arthur Conan Doyle.
[SPOILEEEEEER.]
En el epílogo descubrimos la identidad del narrador de la trilogía victoriana, que no es otro que [PEDAZO DE SPOILEEEEEEEEEEEER].

- Trama:
Se nos muestran varias tramas superpuestas.
Los Wells, Herbert George (o Bertie) y su esposa Jane, ocupan varias de esas tramas, ya que se entremezclan los Wells de diferentes universos paralelos.
Por un lado tenemos los Wells observadores del universo en el que Bertie es un prominente biólogo al servicio de la Iglesia del Conocimiento. Son el auténtico hilo conductor no solo de la novela, sino también de la trilogía [SPOILEEEEER]. “El caos es inexorable” es un leitmotiv muy poderoso, que seguramente sea muy útil a efectos promocionales del libro.
También está el Wells de, digamos, nuestro universo, y cómo interactúa con Gilliam Murray, en un giro inesperado si se habían leído las dos novelas anteriores: ahora son amigos, mientras que antes eran enemigos irreconciliables. Esto produce momentos divertidos que, además, ayudan a poner en entredicho El mapa del tiempo y El mapa del cielo, lo cual es una de las premisas de El mapa del caos.
La trama del amor más allá de la muerte que protagonizan Murray y Emma le da un componente romántico y desgarrador a la novela, en lo que seguramente sea un guiño a los novelones romanticones decimonónicos.
Tenemos asimismo la trama de la búsqueda de El mapa del caos por parte del agente Clayton, y cómo busca además a Valeria. De hecho, Clayton se merecería un spin-off de la serie, ya que es en sí mismo un homenaje a todos los detectives de lo sobrenatural, muy abundantes en la literatura de finales del siglo xix (a William Hope Hodgson nos remitimos) y precursores a su manera de las actuales Buffy cazavampiros o Anita Blake.
Las subtramas de Arthur Conan Doyle y Lewis Carroll nos ofrecen interacciones con todos los protagonistas de las tramas ya enunciadas, ya que esta es una novela en la que todos los personajes y tramas se cruzan en algún momento (y, además, lo hacen con las novelas de H. G. Wells y con las dos novelas anteriores de la trilogía victoriana). No obstante, son secundarias: los protagonistas siguen siendo los Wells.
Mención aparte merecen los ejecutores y viajeros del tiempo, que le dan a la novela el tono sofisticado de ciencia ficción, además del nexo con las temática de universos paralelos y de catástrofes.

- Género:
Steampunk, en primer lugar. O fantasía victoriana. O ciencia ficción decimonónica. O ciencia ficción de homenaje a los clásicos del género. O retrofuturismo. Todas ellas son diferentes facetas de lo que, a grandes rasgos y de manera puede que simplista, solemos denominar steampunk. En esta novela están contenidos prácticamente todos los referentes literarios y extraliterarios que nos ayudan a entender el Londres del cambio de siglo.


Opinión del lector
   -Valoración literaria (de 1 a 10): 8,5
Félix J. Palma consigue rematar la trilogía victoriana con la mejor novela del conjunto.
Por un lado, ha madurado como novelista. Ya era un autor maduro de relatos, uno de los mejores de su generación, pero aún no había firmado ninguna novela auténticamente redonda. La hormiga que quiso ser astronauta y El amante de vidrio eran muy primerizas (no obstante lo cual se podrían reeditar), y tanto El mapa del tiempo como El mapa del cielo adolecían de altibajos en el ritmo y algunos defectos estructurales.
Esto nos lleva al segundo punto por el que considero El mapa del caos como la mejor novela de la trilogía victoriana (y, de hecho, la mejor novela de Palma). El ritmo y el tiempo interno de la narración están perfectamente medidos y estructurados. Se puede decir que no sobra ni falta nada. Es una novela irreprochable, comedida cuando tiene que serlo, excesiva cuando corresponde¸ y tan seria como divertida. El estilo, muy depurado (y, curiosamente, con demasiados catalanismos para venir de un autor sanluqueño: suponemos que los años que lleva residiendo en Sant Feliu de Guíxols se notan), es menos preciosista que el de sus relatos, pero funciona muy bien, consigue que la lectura sea fácil y gozosa y, en resumen, nos muestra un auténtico narrador muy cuidadoso y capaz de transmitir sensaciones.
El mapa del caos tiene un argumento alambicado y endiablado, pero consigue el extraño milagro de cerrar a la perfección todas las tramas de la trilogía. Podría decirse que Palma no deja ni un solo cabo suelto, lo que hace inexcusable la lectura de las dos novelas anteriores, ya que me atrevería a afirmar que copia y pega fragmentos de estas en los diálogos y descripciones de esta tercera. Las referencias internas se deben leer casi como un hipertexto (lo cual, por cierto, abre interesantes posibilidades lúdicas y creativas para la edición electrónica, casi a la manera de los libros en plan Vive Tu Propia Aventura): El mapa del caos está lleno de remisiones a El mapa del tiempo y El mapa del cielo, ayuda a explicarlas, las completa e incluso les da la coherencia que les faltaba en algunos momentos. Cierto es que el recurso a [SPOILEEEEEER] puede parecer muy arbitrario y sonar a deus ex machina (la explicación de la página 347 del manuscrito, aparte de convertir en fantasía una obra de ciencia ficción, parece bastante facilona), pero resulta innegable que consigue cerrar todas las tramas abiertas; en particular, las relacionadas con las posibles incoherencias del año 2000 de Salomón y Shackleton (véase El mapa del tiempo) o las de la invasión marciana de El mapa del cielo.
La trilogía victoriana es un homenaje literario a H. G. Wells y toda la corriente de la que beben el steampunk y demás retrofuturismos. En El mapa del caos, Palma va más allá que en las dos novelas anteriores, y no solo hace aparecer a Wells como protagonista(s), sino también a Arthur Conan Doyle  y Lewis Carroll, en papeles protagonistas, y al mucho menos conocido pero también interesante E. R. Eddison. Sin embargo, el empeño de Palma va en esta ocasión más allá del homenaje literario, y se convierte en una verdadera disección de la cultura popular decimonónica y, tal vez, en el libro de cabecera del movimiento steampunk. Las referencias, no obstante, no solo son literarias: también hay guiños frikis, muy bien encajados, como la prisión que Crookes le construye al Villano. Podría interpretarse como un homenaje al cómic de superhéroes, más X-Men que La Liga de los Caballeros Extraordinarios. El mapa del caos plasma en resultados tangibles toda esta voluntad de compendio de toda la cultura popular friki del siglo xix y de los homenajes más o menos posmodernos o más o menos historicistas que se le han hecho desde finales del siglo xx hasta estos comienzos de siglo xxi. Es, pues, una novela total, dotada de una fortísima y documentadísima carga teórica, sin que ello redunde en perjuicio de la lectura.

-Valoración comercial (de 1 a 10): 9
[...] Palma ha vendido la serie más allá de nuestras fronteras, ha sido traducido a varios idiomas, entre ellos el inglés, y la publicación está exenta de riesgo comercial. [...]
Por lo demás, la novela es un caramelito a efectos de promoción, ya que se presta a campañas de comunicación vistosas (la firma de ejemplares en la caseta de Gigamesh durante el Sant Jordi en que apareció El mapa del cielo fue prácticamente un cosplay o fiesta de disfraces victorianos), así como a planteamientos más intelectuales, historicistas o literarios. En todo caso, Palma sabrá defenderse a la perfección, ya que es un autor acostumbrado a defenderse en público, comedido y cordial, por lo que su presencia mediática durante la promoción de la novela puede ser muy interesante.
[...]


   -Comentario crítico:
Félix J. Palma ha escrito su mejor novela, más ambiciosa y completa que El mapa del tiempo y El mapa del cielo. Además, al ser menos extensa que las anteriores, la lectura es menos morosa: apenas hay paja ni altibajos (a las otras dos, en particular a la segunda, les sobraban algunas páginas), el ritmo se mantiene, la cantidad de referencias literarias y extraliterarias a la cultura decimonónica es asombrosa y, en fin, consigue escribir una novela de alta calidad literaria y dotada de un ritmo narrativo intenso y desenfadado. En resumen, es una muy buena novela muy bien escrita y muy entretenida. Palma se halla en plenitud de facultades narrativas, y alcanza un nivel de virtuosismo similar al de sus mejores relatos.
No menos importante que esto, consigue cerrar de manera más que coherente todas las tramas abiertas en las dos novelas anteriores, incluso uno de los aspectos más llamativos de ellas: quién era el entrañable narrador impertinente y metomentodo de estas novelas. Resulta llamativo que Palma no solo cierre todas las tramas de la trilogía, sino que además, en un ejercicio pasmoso de capacidad asociativa, consiga relacionar entre sí toda la obra de H. G. Wells y adaptarla al contexto de su trilogía (todo lo que pasa en novelas como La máquina del tiempo, La guerra de los mundos, El hombre invisible y La isla del doctor Moreau repercute en la trama de la trilogía victoriana, pero también se nos muestra por qué y para qué lo escribió Wells) e incluso nos ofrezca, a través del metaverso en el que transcurre la acción, explicaciones más o menos científicas de fenómenos como los fantasmas, las apariciones de ectoplasmas o la existencia del País de las Maravillas de Lewis Carroll. A través de los otros yo de H. G. Wells [SPOILEEEER] se urde un precioso alegato a favor de la imaginación y del hecho literario.
Sin embargo, es en este punto donde reside la objeción más importante a la novela, y que tal vez pueda sentarles peor a los lectores de ciencia ficción con callo. El universo del que proceden los H. G. Wells y Jane observadores no termina de funcionar, parece más la extensión del relato que está escribiendo Jane en los primeros capítulos (aunque luego descubriremos que es un universo real), y no deja de ser la imagen proyectada de la optimista ciencia ficción cientifista de finales del siglo xix; es un efecto buscado por Palma, evidentemente, pero no termina de funcionar ni de resultar creíble más allá del homenaje literario y el pastiche; en esa onda hay relatos más satisfactorios de Juan Miguel Aguilera, por ejemplo. Por otro lado, la explicación y resolución finales de los fenómenos que han sucedido a lo largo de la novela podría interpretarse como una falta absoluta de rigor científico, y hacer que los lectores más puristas la considerasen como fantasía encubierta o algún epíteto similar. El cierre tras la traca final deja cierto sabor agridulce, ya que parece un tanto precipitado [SPOILEEEEER]. No obstante ese pequeño altibajo, la resolución de la trama de Murray y Emma y, sobre todo, el epílogo en el que el narrador desvela su identidad consiguen que El mapa del caos deje un buen sabor de boca al terminar.
Otra objeción, menor, podría venir por los personajes secundarios. Aunque la historia de amor de Murray es entrañable y le da un cierre satisfactorio a la novela, cambia demasiado con respecto a las dos novelas anteriores, como si se tratara de un personaje diferente, lo cual hace que rechine en algunos momentos. Clayton podría tener mayor calado, así como el personaje de Valerie de Bompard. También se echa en falta un mayor desarrollo del personaje de Lewis Carroll en la segunda parte de la novela, que rompe el tono coral para centrarse en Jane y H. G. Wells.


   -Sensación epidérmica:
El mapa del caos es un libro fácil de leer pero difícil de asimilar, ya que contiene demasiadas referencias. Por  un lado tenemos multitud de referencias literarias e históricas; por otro lado, referencias cruzadas entre las novelas de H. G. Wells y las propias novelas de la trilogía victoriana. Hay que saber leer entre líneas y con mucha atención, porque muchos detalles relevantes pueden pasar desapercibidos.
Es difícil no pensar en algunos momentos que se está leyendo un intento de Félix J. Palma de escribir una tesis novelada sobre H. G. Wells, Lewis Carroll y Arthur Conan Doyle. La personalidad de Wells (y, sobre todo, de su mujer Jane) está más desarrollada que en los dos anteriores mapas, el del tiempo y el del cielo. Lo que antes parecía una excusa narrativa (hacer aparecer a Wells en dos tramas relacionadas con sendas novelas suyas, La máquina del tiempo y La guerra de los mundos) ahora es poco menos que una necesidad: las protagonistas no son El hombre invisible ni La isla del doctor Moreau, pese a que desempeñan un papel relevante, sino el propio H. G. Wells y su mujer; mejor dicho, la infinidad de H. G. y Jane Wells posibles. Los Wells son la novela. Los queremos como personajes (en mucha mayor medida que en las dos novelas anteriores, donde aparecían más desdibujados y con menos personalidad) y no podemos entender la novela sin entenderlos a ellos.
Me quedo con la sensación de que las referencias cruzadas a las novelas anteriores de la trilogía victoriana son tan abundantes que El mapa del caos no podría leerse ni entenderse si no se han leído El mapa del tiempo y El mapa del cielo. Es algo que debe tenerse en cuenta al lanzarla, ya que, sin ser estrictamente necesario, sí es conveniente habérselas leído. Por este motivo sería interesante reeditarlas [...] sin demasiada demora. 


   -¿Lo regalarías? (si es que sí, ¿a qué tipo de persona?)
Sí.
A cualquier amante de la literatura popular de la era victoriana; en particular, a los aficionados a H. G. Wells, Lewis Carroll y Arthur Conan Doyle, evidentemente.
A los aficionados al steampunk y demás retrofuturismos: por muchas objeciones que puedan ponerle a que es una aproximación efectuada desde fuera del movimiento steampunk, esta novela está llamada a ser uno de sus libros de cabecera, y tal vez la novela steampunk española más comentada y citada.
Los amantes de la temática de detectives de lo sobrenatural también podrían recibir esta novela con interés, debido al personaje de Clayton.
A los aficionados a la ciencia ficción y la fantasía españolas libres de prejuicios. La reciente concesión del Premio Ignotus a El mapa del cielo abre una vía interesante, el fandom o lector especializado, que siempre le había dado la espalda a Palma: sus cuentos eran muy valorados, pero nunca llegaron a ganar el Ignotus en ninguna de sus cinco candidaturas. Al concederle el Ignotus el año pasado por El mapa del cielo, que además es la novela anterior a El mapa del caos, parecen haber hecho las paces con él. Lo más seguro es que esto se deba a que el fandom se ha renovado, no a que los lectores de fanzines y revistas de hace quince años de repente hayan descubierto que Palma, a quien no valoraron lo suficiente como autor de relatos, es un más que buen novelista. En todo caso, ahora es un buen público objetivo para vender y regalar el libro (y, a poder ser, la trilogía victoriana entera).



- Comparación con otros autores / libros:
Por supuesto, las novelas originales de H. G. Wells que se mencionan a lo largo de la trilogía victoriana: La máquina del tiempo, La guerra de los mundos, El hombre invisible y La isla del doctor Moreau, e incluso La vida futura.
Las novelas de Alicia de Lewis Carroll.
Las novelas y relatos de Sherlock Holmes de Arthur Conan Doyle.
La serpiente Uróboros, de E. R. Eddison (que, como ya hemos dicho, se podría reeditar, dada su condición de clásico que lleva veinte años descatalogado).
El subgénero steampunk y el redescubrimiento de la literatura victoriana en general, sobre todo novelas como La máquina espacial, de Christopher Priest, o relatos como “Todo lo que un hombre puede imaginar” de Juan Miguel Aguilera, que hace con Julio Verne exactamente lo mismo que hace Félix J. Palma con H. G. Wells.  
La explicación sobre el funcionamiento del universo de los Wells observadores, así como la estética decimonónica victoriana de un universo que no es exactamente como el nuestro, recuerda vagamente a la que Philip Pullman ofrece en la trilogía La Materia Oscura.
El desquiciado tramo final, con la confusión y superposición de universos paralelos, podría recordar a Universo de locos, de Fredric Brown.
Las novelas, películas y series televisivas de detectives de lo sobrenatural, desde William Hope Hodgson hasta Buffy, cazavampiros.
No sé si es una impresión mía o algo premeditado, pero los ejecutores, tal como están descritos, se dan un aire al Terminator encarnado por Arnold Schwarzenegger.



- Público al que va dirigido: 
Steampunk y amantes de retrofuturismos varios y de la literatura victoriana. Se trata prácticamente de una tribu urbana, celebra sus propias convenciones pese a que tenga vínculos con el entorno del cómic o de la estética gótica y, en general, es un target muy evidente.
Habituales del sello Fantascy y de los títulos de género fantástico editados por Penguin Random House [...].
Amantes de la literatura popular del siglo xix y de los guiños literarios a autores de esa época.
Estudiosos de las vidas y obras de Wells, Carroll y Doyle.
Lectores de ciencia ficción en general.
Público juvenil en transición a lecturas adultas. Sería un nicho de mercado muy interesante al que enfocar la promoción del libro, ya que lo podría disfrutar de manera muy especial.

- ¿Lo publicarías?
Sí, sin duda. Es una muy buena novela.

[...]
Cuestiones particulares:
- Problemas de traducción/adaptación/edición:
[...]
Aunque no he detectado ninguna, cabe la posibilidad de que exista alguna contradicción o discrepancia entre lo que se cuenta en El mapa del caos y lo narrado en las dos novelas anteriores. No estaría de más efectuar una lectura de El mapa del tiempo y El mapa del cielo para buscarlas y asegurarse de que todos los nombres, grafías y situaciones aparecen unificados en la trilogía victoriana.


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2 Comments:

Anonymous Anónimo said...

Hola Juanma,

antes de nada felicitarte por esta entrada. Es la primera vez que visito tu blog y me ha gustado mucho cómo has analizado el libro y la trilogía en general. A lo que iba, acabo de terminar la tercena novela y aún me queda la incógnita de la identidad del narrador, puesto que en mi copia digital del libro éste acaba en el capítulo 41 (y después vienen los agradecimientos, biografía de Palma, etc.). ¿Sería mucho pedir que me explicaras brevemente de qué va el epílogo? Te dejo mi dirección de correo: irony_addict92@hotmail.com

¡Muchas gracias por el detalle!

10 de enero de 2015, 18:19  
Blogger Juanma said...

Muchas gracias por comentar. Como creo que la mayoría de lectores del blog se compraron su ejemplar cuando salió, no temo cometer un spoiler si te destripo el final de la novela en abierto: el narrador es un escritor que va a tener que dejar de escribir por culpa de la piratería. Ya te digo, es un giro sorprendente que remata de manera inmejorable las dos mil páginas y diez años de trabajo que le ha echado Félix a la trilogía.

11 de enero de 2015, 22:48  

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