martes, 25 de enero de 2011

Eneros en piso compartido

Los meses de enero tenían algo especial en nuestros pisos compartidos. Regresábamos de nuestras vacaciones navideñas, ya se celebrasen estas en Madrid o Vigo, Lisboa o La Sénia, Tremp o L'Hospi, Alemania o México, y los pisos se iban llenando poco a poco. Cada cual traía regalitos típicos de su ciudad (líquidos y comestibles, a ser posible) y, como si necesitáramos una excusa, preparábamos alguna cena mítica, con chorrocientos invitados. Tequila, mazapanes de cacahuate y pollo al mole. Ginjinha y pastéis de Belém. Ron, arepas y chocolates Toronto. Vinos blancos de Ribera de Duero o tintos de La Rioja. 

Y regalitos: no en vano, se celebraban dos cumpleaños, pues tanto Rita como Emmanuel cumplían años el mismo día, en enero, y Ray, dos días antes, y Calitros, cuando se sumó al grupito, unos días después. Inaugurábamos el curso, como si del primer capítulo de una nueva temporada de De Valencia a Madrid sin salir de Barcelona se tratase, nos dábamos la bienvenida y cantábamos el "Cumpleaños feliz" en varios idiomas y con diferentes melodías, incluida la de Los Pitufos Makineros, que teníamos en cedé. 
Sin embargo, solo guardo recuerdos concretos de dos de aquellos cumpleaños conjuntos, lo cual me lleva a pensar que o bien estoy cada vez más olvidadizo, o bien mi departamento de documentación fotográfica es una castaña, o bien no hacíamos tantas celebraciones como yo recordaba, y en realidad tengo aquel pasado glorioso bastante idealizado.
En realidad, solo recuerdo que celebráramos un cumpleaños total con la formación "clásica" del piso (Emmanuel, Rita, Aleix, Ricardo y yo). Fue en la calle Valencia, en enero de 2003. Estábamos desmantelando el piso, pues nos largábamos en febrero, y toda la casa estaba manga por hombro. 
No obstante, Ricardo se tiró el rollo y nos prestó su inmensa habitación, que no era otra cosa que el salón-comedor, pero reconvertido en habitación doble, para que la casera pudiera sacarse quinientos euros más por el alquiler del piso. Nos tenía terminantemente prohibido montar saraos en el salón, pero estábamos en modo "pa' lo que me queda en el convento...". Cenamos, bebimos, reímos, algunos hasta bailaron, lo recogimos todo para no dejar huellas incriminatorias (la casera entraba cuando y como quería) y después acabamos en el Déjàvu, pues al fin y al cabo se podía ir andando, ya que el Clot y Poblenou están a tiro de piedra.
No obstante, los detalles se me van olvidando, los personajes se desdibujan y, a estas alturas, ya no sé quién dejaba o dejaba de estar en aquellas cenas. ¿Quién participó o no en tal o cual cena?  Los contornos se desdibujan.

Es más, ¿llegué a asistir a alguna de esas fiestas y ya no me acuerdo?
Podías llegar a casa a las cuatro de la mañana, encontrarte con veinte ingenieros calados hasta los huesos, el suelo con un dedo de agua, una voz pastosa de "¡Juanma, podemos explicártelo!" y, a continuación, echar a gritos a dos okupas (no necesariamente pareja) que se hubieran colado en tu cama para dormirla.
Pero también podía suceder lo contrario: que estuvieras pero sin estar allí. Pasarte casi toda una fiesta en tu habitación, con una gripe intestinal bastante chunga, tratando de dormir porque no te tenías en pie, salir a socializar solo para que no se dijera, ayudar a preparar una sangría tipo erasmus, picotear alguna cosilla semisólida y que no llevara picante (es decir, no probar bocado), quedarte en casa recogiendo mientras los demás se iban de picos pardos, y recrear la fiesta a partir de las fotos posteriores, como si hubieras participado en ella al ciento por ciento.
Está todo tan borroso... Era yo quien estaba tan borroso... Había demasiadas sombras.
En enero de 2004 no se podía decir que el horno estuviera para bollos. Nos estábamos largando del piso de Avenida de Madrid, Aleix y yo nos habíamos plantado de una manera un tanto torpe (incluso llegamos a buscar piso por nuestra cuenta), y aún no habíamos encontrado el piso de Arizala. Emmanuel acababa de regresar de México, donde había estado varios meses arreglando papeles tras la muerte de su padre. Rita acababa de irse del piso, Adriana se había mudado con nosotros (bueno, con Ricardo) y, además, teníamos una iguana. Así pues, lo celebramos fuera, en El Mussol de Diagonal. Fue, de largo, la cena más comedida que recuerdo de la etapa de piso compartido.

De la celebración de 2005 no he encontrado imágenes, por lo que supongo que Emmanuel estaba en México, o en Roma, o en París, o yo tenía alguna Tertulia Naranja con los cyberdarkianos habituales (Pau, Kaoss, Zita, Karina, Porny, Nolle, Rastor, Pistolpep, Ppx, Agnes, dd, Renéevivien...), o algo parecido. O tal vez nos fuéramos por ahí a celebrarlo, porque la situación estaba algo tensa en el piso de Arizala: Pamela y Luis se acababan de separar, se iban de su habitación, estábamos de cásting para buscar compañero de piso, y lo más seguro es que Rita o Lily nos invitaran a celebrarlo en sus pisos, o que saliéramos a cenar por ahí. 
En 2006 teníamos movida con los caseros, ya que no nos querían pagar el arreglo de la calefacción, y a medio plazo eso supuso que Lluís se largara del piso, pues no tenía por qué estar pagando alquiler para morirse de frío. Esa movida con los caseros supuso también que la vida me cambiara de manera radical, y para mejor, así que bienvenida fuera, a pesar de las largas noches de edredones y estufas eléctricas. En todo caso, yo andaba más pendiente de poner en marcha este blog, escribir entradas como loco (sí, amiguitos, seguro que algunos de vosotros os acordáis de cuando actualizaba todos los días) y prepararme un pedazo de conferencia sobre Stanislaw Lem. Rita ya había regresado a Portugal, y Ray estaba ultimando los preparativos para regresar a México, así que los cumpleaños conjuntos ya eran historia a aquellas alturas. Y, de nuevo, no recuerdo si Emmanuel estaba en México o en Barcelona, aunque, si no lo estaba, lo más razonable es suponer que Andrés, Eli, Lluís y servidor brindamos a su salud, entonamos algún "¡Viva México, cabroneees!" y a continuación nos pusimos a ver juntos alguna peli molona o algún DVD de videoclips. 
Lo que no nos perdimos fue la fiesta de despedida de Ray, en abril, que fue antológica y se celebró en el pisito de Arizala, con caretas del homenajeado en plan Cómo ser John Malkovich.
El cumpleaños de 2007 se me ha borrado por completo de la memoria. Supongo que estaba en Girona con Cristina, o tenía que madrugar porque acababa de comenzar las prácticas del máster de edición en Larousse, o estaba a punto de despedirme del curso de producción editorial, y además tenía clases  del máster por las tardes, y no recuerdo gran cosa de esa época, excepto que durante un curso entero no paré ni un solo segundo, y que gracias a eso hoy soy un feliz autónomo autoexplotado.
Sí recuerdo que no pude asistir al cumpleaños de 2008. Decir que por aquel entonces yo seguía viviendo en Arizala sería un tanto exagerado, aunque contrato en mano fuera cierto, pues apenas paraba por allí excepto para conectarme a Internet, y mis únicos vínculos reales con el piso estribaban en dormir allí  muuuuy de vez en cuando, tener una balda propia en la nevera, hacer las lavadoras, desayunar y merendar con Emmanuel, Wendy o Moni, y, sobre todo, supervisar los cada vez más frecuentes cástings que seguían a la marcha de algún compañero de piso. Si hoy es martes, mi compañera de piso es polaca y tiene veinte pares de zapatos en el pasillo. Si hoy es jueves, es alemana, se va del piso y no obstante tengo que ayudarla a buscar piso porque el casero de su amiga las ha tangado. Y así sucesivamente. 
¿Por qué no pude asistir a aquel cumpleaños? Pues porque teníamos quedada conjunta de Frikitecaris y Cuchitril Literario. No era la primera, pero sí la más concurrida hasta entonces, y en cierto modo fue el punto de partida de una larga y hermosa amistad.
En 2009 estábamos desmantelando el piso de Arizala, pues nos íbamos en febrero, y se montó una fiestecita a la que tampoco asistí: tenía un plazo de entrega urgentísimo, andaba de cabeza con la mudanza y, además, estábamos preparando nuestra boda.
En 2010 y 2011, ni Emmanuel ni Rita estaban en Barcelona, así que nos intercambiamos mensajes de correo electrónico y/o pivados de Facebook. Lo importante es que no perdemos el contacto (y que, gracias a eso, me ahorro las felicitaciones cursis en este blog). 
Como veis, si nos ponemos estrictos, apenas asistí a un par de cumpleaños de Emmanuel y Rita. No obstante, era una fecha señalada (el comienzo del curso, la vuelta a casa después de volver de casa por Navidad), y siempre he estado allí con ellos, si no en cuerpo, al menos en espíritu. No han faltado las felicitaciones, aunque no siempre hayamos podido celebrarlo en persona. Siempre ha habido buena y variada compañía, con compañeros de piso como Emmanuel, Rita, Aleix, Andrés, Eli, Lluís, Ricardo, Adriana, Wendy, Ben, Mónica, Jordi, Stefi o Katrin, y amigos que prácticamente eran compañeros de piso, como Lily, Ray, Ericka, Calitros, Norberto, Aurora, Ricardo, Vicky, Arturo, Bibi, Iván, Shane, Cristina, Sandra, Inés, Claudia, Sofía, Roman, Patrick, Adolfo, Roselia, Orlando, Gerrit, Deborah, Stefi y tantos, tantos otros. 

Ya no suelo hablar del piso compartido, aunque al principio era el motivo central de este blog, o tal vez por eso: dejé de hacerlo justo cuando iba a llegar al punto en que las cosas empezaban a ponerse feas, y no digo que no vaya a terminar de contar esas surrealistas y cada vez más exasperantes escenas de cásting, o la disparatada salida del piso de Arizala y la consiguiente odisea que nos llevó a no conseguir que nos devolvieran la fianza; escribiré acerca de ellas cuando tenga tiempo y ganas y, si no se dan las dos circunstancias a la vez, pues no lo contaré, y aquí paz y luego gloria. No hace mucho tiempo le explicaba a Emmanuel que no había terminado de contar nuestras experiencias de pisos compartidos porque lo más probable era que alguien me partiera la boca si decía según qué cosas. Tal vez exagerase, o acaso haya sido por cobardía, o por no complicarme la vida, o porque llegó un momento en que la cosa dejó de tener gracia y se convirtió en una carga. O por un poco de todo; cuando un compañero de piso se despide de ti con un malcarado "Y que sepas que leo tu blog", después de haberte cantado las cuarenta con cosas de las que ni siquiera estabas al corriente, sabes que tal vez deberías comenzar a cortarte un poco. 
La distancia hace ver las cosas en su justa medida y, mientras escribía esta entrada, he descubierto que apenas guardo recuerdos sólidos y documentados de algo que siempre había considerado el epicentro de la convivencia familiar de la calle Valencia, la avenida de Madrid o la calle Arizala. Sin embargo, sí conservo sensaciones, casi todas ellas positivas (aunque, visto también en perspectiva, las vueltas al hogar después de las vacaciones fueron más accidentadas que tranquilas) y, sobre todo, me acuerdo de una época irrepetible (más que nada, porque no sé si mi hígado podría repetirla, y porque, como decía Franco en aquel memorable chiste, lo probé una vez) que me encantó vivir como viví: comiendo, bebiendo, riendo, celebrando, sacándonos fotos, ejerciendo a todas horas la antropología comparada y, sobre todo, hablando y hablando.

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6 Comments:

Blogger Cristina said...

Parece que hayan pasado kilos y kilos, digooo años y años...

Esa movida con los caseros supuso también que la vida me cambiara de manera radical, y para mejor

:P

25 de enero de 2011, 18:18  
Blogger Juanma said...

Han pasado muuuuchos kilos. Y vasos de Ikea, ni te cuento. :-P

25 de enero de 2011, 18:20  
Blogger Juanma said...

:P

;P

25 de enero de 2011, 18:21  
Blogger Irene said...

¡Me encantó el post! Es un buen homenaje a esos años. Y suerte que no actualizas cada día porque, si a diario los que te seguimos tuviéramos que leer entradas tan extensas, ¡no nos daba para nada más! ;)

25 de enero de 2011, 19:49  
Blogger Juanma said...

¡Muchas gracias, Irene! :-)

26 de enero de 2011, 10:29  
Anonymous alquiler habitacion said...

menudo homenaje, y es que cuando se recuerdan las cosas, los tiempos pasados siempre fueron mejores, que hubo de todo como en todo, pero que bien se vivia antes ....

26 de marzo de 2015, 11:20  

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