lunes, 3 de enero de 2011

Parecidos razonables navideños

Hala, 2011 ha venido, nadie sabe cómo ha sido, y ya estamos de vuelta al trabajo. Por primera vez desde que soy autónomo, y sin que sirva de precedente, he podido disfrutar de cuatro días de auténticas vacaciones, aunque debo reconocer que he estado conectándome a los foros de Círculo de Lectores de los que soy moderador. Y, por primera vez en muchos años, he conseguido terminar las vacaciones navideñas sin engordar varios kilos; no digo que me haya mantenido en mi peso habitual, pero bueno, la cosa no ha sido ni mucho menos dramática.
Haciendo balance, las breves Navidades madrileñas han sido más llevaderas que las anteriores, con una Nochebuena muy divertida, más frío del que habría sido deseable (sobre todo a la hora de dormir), una corrección urgentísima de la muerte pero fácil de una novela más que interesante que me obligó a madrugar casi todos los días de mi estancia en Madrid (ese gran clásico navideño) y, en resumen, poquito tiempo para salir y socializar, como viene siendo la costumbre de nuestras estancias en Madrid. ¿Podemos quejarnos? Pues sí, porque ha habido motivos. ¿Deberíamos? Pues no, porque ha habido menos que otros años. 
En cuanto a las Navidades barcelonesas, pues nada que ver: desconexión absoluta, autismo voluntario, buenos alimentos, sesiones intensivas para recuperar el sueño perdido, maratón de Misfits y Boardwalk Empire (nuestras dos series de 2010, con permiso de The Pacific y Modern Family) y fin de fiesta con visionado palomitero de El Señor de los Anillos. Lo que se dice unas vacaciones de verdad, que ya tocaban.
Como es imposible resumir diez días en una sola fotografía, lo haré en varias, aunque guiadas por un hilo conductor: un pequeño homenaje a los "parecidos razonables" de la revista Fotogramas.
Comencemos con este bodegón compuesto por sendas cañas de Águila, bocata de calamares y tapita de aceitunas con berberechos gigantes, consumido a toda mecha en el Brillante de Manuel Becerra después de una agradable sobremesa vallekana en casa de mi hermano.
 

Continuamos con una pequeña gamberrada que perpetramos a instancias de mis sobrinos durante la Nochebuena. Se trataba de hacer un remake de una vieja foto familiar que, así a ojo, debe de datar de 1992, año arriba, año abajo.

Así pues, los modelos de la foto del siglo pasado nos dispusimos exactamente de la misma guisa, a ver qué salía...

No, no salió bien, yo estaba mirando a otro lado. Probemos de nuevo, aunque cambiando de lugar a los participantes y reordenándolos por tamaño relativo.
 Mucho mejor así. ¡Esto sí que es un parecido razonable! ¡Las mismas caras de capulletes, dos décadas después!
Aunque, para parecidos razonables, debo reconocer que este milhojas de Chamberí me desconcierta, no tanto por esa inclinación angular con que lo cortamos...
 ... como por el indisumulable parecido que su geometría guarda con el cuadro más famoso de Caspar David Friedrich. Quién lo iba a decir: el genial pintor alemán no tenía unos cascotes de hielo en mente cuando pintó El naufragio del Esperanza, sino un milhojas mal cortado.
Esto no lo cuenta ni Wikileaks, pero es lo que hay.
Y nada más por hoy. Os dejo con esta actualización para explorar a fondo el regalo que los Reyes Majos nos han traído por adelantado en Girona. Estoy dudando entre el Ristretto y el Indriya...
 Ah, sí, que feliz año y todo eso.

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2 Comments:

Blogger Cristina said...

¡Para mí un nespresso Cosi!

:)

¡Feliz 2011, padawan!

3 de enero de 2011, 21:19  
Blogger Juanma said...

¡Maaaarchando! :-P

3 de enero de 2011, 21:43  

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