martes, 22 de septiembre de 2009

Finalistas del premio Xatafi-Cyberdark 2009 (y 3): Lo guiri, si breve, dos veces bueno

En las dos entradas anteriores hemos realizado un recorrido somero por las obras finalistas del IV premio Xatafi-Cyberdark en sus categorías españolas. El martes pasado descubríamos que la mayoría de los candidatos españoles al premio tienen un nexo común: son obras de terror y están llenitas de insectos. El jueves aproveché la coyuntura para fusilar párrafos enteros del informe de lectura de El mapa del tiempo, de Félix J. Palma, que realicé en su momento para Círculo de Lectores. Hoy toca un resumen de las obras extranjeras que concurren en la presente edición.
Cabe indicar que, a diferencia de lo que ocurría en las categorías españolas, en los libros y relatos extranjeros que han resultado finalistas del Xatafi-Cyberdark predomina la ciencia ficción, aunque hay sitio para todos nuestros géneros. No se puede hablar de un reparto "político" o "equitativo", pero queda demostrado que, a diferencia del fantástico español producido durante 2008, no hay una tendencia estilística o genérica predominante. Aunque, eso sí, la presencia de un tochazo como El Terror, de Dan Simmons (Roca), queda contrarrestada con creces por la elección de varios relatos y recopilaciones que nos hacen intuir que, a lo largo de 2008, los mejores contenidos fantásticos extranjeros fueron obras breves.
De El Terror ya he hablado en este blog, así que no me repetiré más de lo necesario. Tan sólo insistiré en que se trata de una formidable mezcla de novela histórica, de aventuras, de exploraciones árticas y de terror, realizada por un Dan Simmons que entrega su mejor novela en muchísimo tiempo. No consigue estar a la altura de Hyperion, pero tampoco creo que hubiera que pedírselo. Basta con saber que es una de sus mejores novelas, que juega muy bien con las lagunas históricas que la expedición de Franklin y Crozier dejó sin resolver (qué fue de la tripulación, cómo murieron, si alguien se salvó...) y que tiene momentos de terror puro, por obra y gracia de dos personajes antológicos: la Criatura del Hielo que acecha a la tripulación en la lejanía (y, conforme avanza la novela, muy de cerca) y, sobre todo, Cornelius Hickey, el ayudante de calafatero, que funciona muy bien como encarnación del Mal en términos absolutos y entra por derecho propio en el "panteón de personajes de novela de terror que dan auténtico miedo". Por estos méritos, además de su impecable factura literaria y de su escrupulosidad con los detalles históricos y antropológicos, El Terror es uno de los títulos a tener en cuenta del año pasado.
Parece que la novela de Dan Simmons no es la única que apareció en 2008 que se dedica a especular con las lagunas históricas y cuya acción se desarrolla más allá del Círculo Polar Ártico. El Sindicato de Policía Yiddish (Mondadori) es tal vez la mejor novela de Michael Chabon (¿es mejor que Las asombrosas aventuras de Kavalier y Klay? Puede, puede) y, a semejanza de El Terror, juega descaradamente a la mezcla de géneros. Si bien Simmons se decantaba por la historia, las aventuras, la mitología inuit y el terror, Chabon lleva a cabo un aliño más que interesante de novela policíaca, ucronía, política, religión y novela costumbrista ambientada en la América Profunda. So pena de joderos la novela con el espóiler del siglo, no puedo desvelar las implicaciones del asesinato de Mendele Shpilman, un yonqui aficionado al ajedrez y muy bien relacionado pese a su condición autoimpuesta de paria en una sociedad ya de por sí llena de parias, pero éstas son, pese a tratarse de una sorpresa relativa, la conclusión desopilante y necesaria de una novela frenética y brillante, con momentos delirantes y un retrato de personajes feísta sin caer en el exceso, durísimo sin incurrir en lo explícito, y tierno sin llegar a lo sensiblero. Chabon nos presenta a un policía en la mejor tradición de Chandler y Hammett, Meyer Landsman, cuya relación de amor-odio con su jefa y ex mujer, Bina, es cómica y patética a partes iguales.
Sumémosle el componente ucrónico, bien urdido y sin apenas incoherencias. Tras una Segunda Guerra Mundial en la que la URSS también fue derrotada y los Aliados lanzaron una bomba atómica sobre Berlín, el Estado de Israel se va al garete nada más ser instaurado y los judíos huyen, en una nueva diáspora, a una zona de Alaska cuya concesión está a punto de expirar en el momento en que arranca la novela. La sociedad que nos relata Chabon es un hervidero, en el que los grupos radicales se hermanan con las mafias locales e intentan obtener prebendas con las que sacar ventaja de una situación que no pinta nada bien. Meyer Landsman intenta llevar a cabo una investigación en la que se encuentra con personajes a cual más esperpéntico, como si nos halláramos ante un cruce espurio entre El violinista en el tejado y Fargo. Se podría decir que éste es justo el tipo de ciencia ficción que nos mola a los jurados del premio Xatafi-Cyberdark, en el límite entre el género y lo que no lo es, amante de la mezcla de géneros, literariamente irreprochable y perfecto desde el punto de vista de las ideas, pero me temo que esta novela es algo más que eso: también ganó los premios Sidewise (es decir, el que premia a la mejor ucronía del año) y el Hugo (cada vez más alejado de la ciencia ficción "de toda la vida"). ¿Puede esto ser un indicador de que se va a llevar también el Xatafi-Cyberdark, el Ignotus o ambos? Puede que sí, puede que no: en la novela, nada es lo que parece, de modo que tampoco debemos dar nada por sentado en lo relativo a su "premiabilidad".
Ya que he sacado a colación el término "ciencia ficción de toda la vida", he aquí el único finalista que podría recibir esa etiqueta: Spin, de Robert Charles Wilson (Roca), el segundo premio Hugo que entra en esta papeleta. Debo decir que Spin es, además de la mejor obra del autor de Mysterium y Darwinia, una de las mejores obras del subgénero de la ciencia ficción dura, y una de las poquísimas que me gusta sin paliativos. Por una vez, un escenario majestuoso y casi inabarcable como el que describe Robert Charles Wilson tiene su correlato en un estilo literario claro y sin fisuras, y en una historia de amor y amistad a tres bandas (los hermanos Jason y Diane Lawton, y Tyler Dupree) que produce momentos intensos y hermosos. La dualidad entre Jason (científico consagrado en cuerpo y alma a la tarea de desentrañar un misterio casi inabordable) y Diane (que busca refugio en una secta entre milenarista y New Age) contrasta con la falsa objetividad de Tyler, que narra la historia sin alharacas y tal vez con cierto distanciamiento. No obstante hacerse algo larga en ocasiones (y eso que hay segunda parte, Axis, aún no traducida), la novela es todo lo comedida que puede ser una obra que trata del fin del mundo tal como lo conocemos, y que se desarrolla en una escala temporal que se había manejado muy pocas veces: dada la peculiaridad de la jaula en la que los Hipotéticos encierran la Tierra, en el exterior transcurre el año 4.000.000.000. Como corresponde a toda novela hard, lo siguiente que tenemos que averiguar es por qué estamos en esa situación, quién nos ha metido en ella y cómo nos las arreglamos para salir de allí. Pero, a diferencia de la mayoría de las novelas hard, vemos con todo lujo de detalles cómo repercute esta situación en la gente de verdad, y cómo se abren paso la ciencia y la ignorancia (perdón, quise decir la superstición, digo la religión). Es decir, nos hallamos ante una novela hard que se centra en lo pequeño (los seres humanos) y utiliza lo enorme (el Spin), como un mero pretexto argumental, por lo que termina resultando interesante tanto a los lectores de ciencia ficción hard como a quienes prefieren un género más humano y humanista. Puede parecer una obviedad y una pejiguería, pero no lo es en absoluto. De momento, Spin se ha ganado el corazoncito y el voto de los jurados del Xatafi-Cyberdark por encima de otras buenas obras de ciencia ficción publicadas a lo largo de 2008 y que a buen seguro tendrán su oportunidad de oro de entrar en la papeleta de los Ignotus: La estrella de Pandora, de Peter F. Hamilton, Vellum, de Hal Duncan, El algebrista, de Iain M. Banks, El desfiladero de la absolución, de Alastair Reynolds, o Las brigadas fantasma, de John Scalzi.
Dicho esto, pasemos a las obras breves. La cosecha de 2008 ha sido interesante en lo relativo a las novelas, pero la inclusión de dos recopilaciones de relatos entre los cinco finalistas en la categoría de mejor obra extranjera viene a refrendar el buen momento de la ficción breve. Hasta ahora, tan sólo en la segunda edición del premio se habían colado dos recopilaciones entre las obras finalistas.
En principio, la que parece contar con más posibilidades es Fiebre de guerra, de J. G. Ballard (Berenice), aunque sea por el hecho de que coloca dos relatos finalistas y, además, la autobiografía de Ballard, Milagros de vida (Mondadori), aparece como candidata en el apartado de mejor iniciativa editorial. No sé hasta qué punto influirá en nuestras decisiones el hecho del reciente fallecimiento de Ballard y, por tanto, el afán de "premiarlo" con un reconocimiento público en forma de premio o premios, o bien si, por el contrario, pecaremos de "ballarditis" y, dado que Ballard es finalista en tres categorías, termine quedándose sin premio, como ocurre cuando un actor es nominado a los Óscar en dos categorías. El caso es que, casuísticas y cábalas aparte, Fiebre de guerra es un verdadero monumento, una de esas obras necesarias que no termina de entenderse por qué continuaban inéditas en castellano. En ese sentido, la candidatura de Fiebre de guerra puede leerse en una triple clave: por un lado, el reconocimiento a una de las mejores recopilaciones de relatos aparecidas en castellano en muchísimos años; por otro lado, otro espaldarazo a la política editorial de Berenice (que el año pasado ya había sido finalista con El cura, de Thomas M. Disch, otro autor que falleció en cuanto Berenice le editó su obra); y, en tercer lugar, como un soberano soplamocos a Minotauro, dado que se trata de la única recopilación de Ballard que no ha aparecido bajo su sello editorial, y el único Ballard inédito que publicó en 2008, Bienvenidos a Metro-Centre, ha sido precisamente el único Ballard que no ha entrado en el listado de finalistas de esta edición. (Lo cual nos lleva a hablar de Milagros de vida, un título cuya editorial "natural" también era Minotauro. ¿Alguien entiende cómo es posible que Planeta haya dejado escapar dos Ballard en un mismo año?)
Pero divago. Fiebre de guerra es, con mucho, el libro más estimulante que apareció en 2008, y se publicó en un momento en que Ballard era más necesario que nunca, justo con una exposición retrospectiva en marcha, la celebrada por el CCCB en el otoño pasado, y pocos meses antes del fallecimiento del autor. Era el otoño de Ballard, sin duda, y, para abrir boca, la recopilación se abría con un relato brutal, "Fiebre de guerra", justo finalista en esta edición, que ofrece una interesante y dolorosa visión de una guerra cualquiera en el Líbano en clave "orgánica" (y si leéis el relato sabréis a qué me refiero). No es el único relato de Ballard comprometido con la actualidad y las guerras (algo que se puede ver en otro gran cuento, "La historia secreta de la Tercera Guerra Mundial"), ni el único en el que Ballard muestra de manera abierta su preocupación por el futuro de las clases medias europeas, la gran preocupación de sus veinte últimos años como escritor (léase el también asombroso "El parque temático más grande del mundo"), pero sí es el mejor de los relatos aquí incluidos que juega con esta línea estilística y temática. También hay otra línea temática y estilística en Fiebre de guerra, mucho más lúdica, que juega con los límites de la ficción y que produce tres relatos sobresalientes: "Respuestas a un cuestionario" (que arma una historia a partir de, como indica el título, unas respuestas a un cuestionario cada vez más comprometido), "Notas para un colapso mental" (brillante ejemplo de exhaustividad, o cómo convertir en un relato de once páginas las notas a pie de página que produce... una sola frase) y, por encima de todos, "El índice", que no dudo en considerar uno de los relatos más arriesgados de la carrera de Ballard, y un puñetero monumento al más difícil todavía que se ha colado con toda justicia en el listado de finalistas de esta edición. Ballard va más lejos que en los dos relatos anteriores y construye una historia compleja y absorbente, plasmada en, como el título indica, un índice alfabético, a través del que reconstruimos la vida y milagros de un individuo único.

Como decimos, Ballard también aparece en la categoría de iniciativa editorial, con una autobiografía, Milagros de vida (Mondadori), que tal vez carezca de la fuerza de El imperio del sol y La bondad de las mujeres, pero que es más directa, más autobiográfica (los dos títulos anteriores jugaban con la metaficción y estaban escritos en forma de novelas) y acaba en el momento en que le diagnostican la enfermedad que finalmente ha terminado con su vida. No tiene ningún desperdicio el capítulo que Ballard dedica a glosar su vida de padre de familia, recién enviudado y de fiesta en fiesta, prácticamente educado por sus hijos menores de edad. Haruki Murakami ya arrasó hace dos ediciones con Kafka en la orilla, y en esta edición está dispuesto a hacer lo propio con Sauce ciego, mujer dormida (Tusquets). Cabe decir que resulta más irregular que sus novelas (After Dark no entró en el listado de finalistas de este año, más que nada porque su componente fantástico era anecdótico), y, en todo caso, que me parece más inconexa que las otras dos recopilaciones de relatos de Murakami que he leído, The Elephant Vanishes y After the Quake, pero es un Murakami, y eso es garantía segura de calidad. La premisa de "La tragedia de la mina de carbón de Nueva York" es terrorífica, con ciertos ecos de Ambrose Bierce, y lleva en sus entrañas toda la dureza de las novelas de Murakami. La historia de "La chica del cumpleaños" parece más de Paul Auster que de Haruki Murakami, pero constituye uno de los puntos culminantes de la recopilación. El amor por la anécdota bien contada se trasluce en historias llenas de encanto y animalidad, como por ejemplo "Somorgujo" y "Los gatos antropófagos". El submundo del jazz también tiene un lugar destacado, por ejemplo en "Viajero por azar". No obstante, los dos mejores relatos de la recopilación, "Hanalei Bay" (o qué puede hacer una madre de familia cuando su hijo ha fallecido a miles de kilómetros de distancia y tiene que recoger los objetos personales del muerto) y "La piedra con forma de riñón que se desplaza cada día" (interesante y emotivo acertijo en torno a una afirmación casual) apenas tienen elementos fantásticos, de modo que resultaba difícil elegir qué relato fantástico podría resultar finalista. Al final, "El mono de Shinagawa" (magnífica historia sobre la importancia de no dejarte robar el nombre) perdió la partida frente a "El hombre de hielo" (preciosa metáfora no exenta de sentido del humor), pero tanto monta monta tanto: ambos son muy buenos relatos.
Parece que el premio Xatafi-Cyberdark tiene cierta obsesión con lo japonés. Aparte de Murakami, ya hemos tenido una finalista de aquel país, Banana Yoshimoto, y en esta edición le ha correspondido a Yasutaka Tsutsui, cuya recopilación Hombres salmonela en el planeta Porno (Atalanta) se quedó fuera de la candidatura a libro extranjero, pero, a cambio, colocó el relato homónimo en la categoría de cuento extranjero. Sin ser el mejor relato de la recopilación, sí es el más llamativo. Esta oda a la ida de olla y al libertinaje se desarrolla en un planeta en el que la fauna es un tanto peculiar, posee ciertas connotaciones sexuales y trae de cabeza a los miembros de una expedición, que se ven arrastrados a una tragedia que, bien mirada, tiene bastante gracia. Dado que resulta imposible leer este libro sin saber quién es el autor, al final del mismo aparece una entrevista con Tsutsui. Después de leerla, entendemos mejor las claves de la obra de este Fredric Brown o Robert Sheckley a la japonesa, que dejó de publicar tras un triste caso de censura (una asociación de ayuda a niños epilépticos montó una verdadera caza de brujas contra un relato suyo, sin que la prensa que lo hundió le diera la menor oportunidad de defenderse en público) y se refugió en Internet, donde ha publicado toda su obra de veinte años para acá. Sí, amigos: el premio Xatafi-Cyberdark no sólo os ofrece lo mejor de la literatura fantástica del año anterior, sino que además os puede servir para descubrir autores que de otro modo no habríais conocido.
Hasta aquí llega la nómina de autores y obras seleccionadas. Quedaría hablar de las recopilaciones de relatos extranjeros que no han resultado finalistas, y resulta obligatorio mencionar Lo mejor de Connie Willis 1 (Nova CF), de Connie Willis. Intuyo que la obra no ha entrado en el apartado de libro extranjero ni en el de iniciativa editorial por el hecho de estar partida en dos y haber aparecido nada más que la primera parte. Si Ediciones B se hubiera arriesgado más y hubiese publicado el tocho de novecientas páginas que es en su edición original, estoy seguro de que habría entrado en alguna de las dos categorías. En cuanto a los relatos, me temo que si ninguno de los maravillosos cuentos que contiene esta recopilación han llegado a la final se debe a que había demasiados, y a los jurados nos ha resultado imposible decidirnos por uno solo de ellos. En todo caso, cito dos: "Carta de los Cleary", una historia aparentemente cotidiana que encierra más, mucho más de lo que parece (y tengo que quedarme ahí, o de lo contrario os reviento la sorpresa) y "Los vientos de Marble Arch", una delicia de novela corta que nos muestra a la Connie Willis más vodevilesca, shakespeariana y "londinense". De los mejores relatos de una de las maestras de la ficción fantástica breve.

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